domingo, 29 de diciembre de 2013

Mike Oldfield - Crises (1983)



Indiscutiblemente, Mike Oldfield ha pasado a la historia de la música popular por dos momentos muy concretos. El primero no admite ninguna duda y es su disco “Tubular Bells”. El segundo, criterios de calidad aparte, no puede ser otro que “Moonlight Shadow”. La canción soñada por cualquier artista, el “hit” que suena una y otra vez en las radios y que incluso hoy, 30 años más tarde de su publicación, cualquier persona reconoce sin problemas, sea o no aficionada a la música.

Nos atreveríamos a afirmar, sin ningún apoyo científico, que ningún aficionado a la música de Oldfield citaría “Crises” entre sus cinco discos favoritos del músico con todo lo que esto tiene de paradójico dado el éxito de su canción estrella pero lo cierto es que, sin llegar al nivel de ninguno de sus predecesores (“Crises” hace el número ocho cronológicamente hablando) nos parece hoy en día un disco muy interesante, y no precisamente por el omnipresente single que contenía.

Oldfield estaba siguiendo una evolución paulatina desde las largas suites instrumentales de sus primeros grandes discos hasta las canciones pop. Este camino, que culminaría unos años más tarde con “Earth Moving” pasó por distintas etapas, desde un primer intento con la fórmula de suite larga + temas cortos combinando instrumentales y canciones en “Platinum”, continuando por breves piezas fraccionadas en “QE2” hasta dar con la versión mejorada de la idea de “Platinum” en el soberbio “Five Miles Out”. Se asienta entonces la concepción del disco como una cara instrumental en forma de pieza extensa como las de los viejos tiempos y otra con canciones pop-rock que sirvan de enganche para un público algo refractario ya a los usos y costumbres del rock progresivo de la década anterior. “Crises” iba a ser la versión más depurada de esa forma de organizar un disco pero también un arriesgado giro sonoro por parte de su autor: ganaban en presencia los sintetizadores, en especial el archiconocido “Fairlight”, uno de los reyes de los años 80, especialmente entre los músicos con mayores inquietudes sonoras y junto a eso, se experimenta con un endurecimiento de la propuesta musical acercándose en muchos momentos al rock duro en una amalgama entre heavy metal, electrónica y canciones pop muy curiosa, original en su momento y que, quizá, no ha resistido el paso del tiempo igual de bien que otros discos de su autor.

El disco se grabó entre turbulencias personales y discrepancias dentro del tandem Oldfield-Branson acerca del enfoque de su carrera, problemas con royalties etc. pero esto no impidió que el lanzamiento de “Crises” fuera muy ambicioso ya que coincidía con el décimo aniversario de “Tubular Bells” que iba a conmemorarse con dos conciertos en el Wembley Arena (que al final se quedaron en uno). En cierto modo, este aniversario tuvo también alguna repercusión en el contenido musical del nuevo disco.

Oldfield quiso repetir la estrategia que ya siguió en “Platinum”, no sólo en cuanto a la estructura del disco sino en un sentido más profundo: buscando formar un grupo de músicos de estudio distinto al habitual que le aportase una visión nueva a la hora de interpretar. Así, para el nuevo disco reclutó al vocalista de Family, Roger Chapman, para cantar en uno de los temas y a Jon Anderson para otro (Oldfield conoció a Chapman en 1969 cuando se presentó a una audición de Family en la que buscaban bajista siendo rechazado. A pesar de ello, hubo cierta conexión entre ambos por lo que pensó inmediatamente en él para el tema final del disco). También se enroló en el proyecto el sensacional batería Simon Philips que se ganó los galones de co-productor del disco además de marcar con un estilo personal varias de las composiciones del trabajo. El bajista Phil Spalding completa las novedades de un disco cuyos créditos incluyen también nombres ya habituales de la discografía de Oldfield como la cantante Maggie Reilly, Rick Fenn (guitarra) y Pierre Moerlen (vibráfonos).

El multi-instrumentista se iba a tomar muy en serio la grabación siendo extremadamente concienzudo en su trabajo en alguna de las piezas. En el libreto que acompaña la edición más lujosa del disco publicada a lo largo de este pasado año, Oldfield pone como ejemplo el proceso de creación de “Moonlight Shadow”. Cuenta cómo desde el principio pareció una idea magnífica y cómo le llevó más de tres meses darla por terminada. Todo apuntaba a que sería un gran tema pero no tenía claro si sería un instrumental o una canción. Probó con varias letras que no funcionaron hasta que Oldfield, que tenía una cita con Maggie Reilly en el estudio para grabar la canción al día siguiente, se sentó a escribir el texto con la ayuda de un diccionario de rimas. La letra final termina por recoger varias de las circunstancias de la grabación: era una noche de luna y el lugar del estudio que ocupaba Oldfield estaba en la sombra. Las 4AM fue la hora en la que se dio por terminada la canción quedó para ser grabada. Tampoco éste fue un proceso sencillo: en las primeras tomas, Maggie cantaba el tema como una canción rock convencional y no funcionaba bien. Oldfield quería que sonase casi como una canción de cuna, como si estuviera siendo susurrada al oído del oyente. Tras horas de trabajo y un tratamiento meticuloso de algunos fragmentos en los que casi se grababa sílaba a sílaba, la canción fue terminada.

Maggie Reilly en una captura del videoclip de "Moonlight Shadow"

“Crises” – Un sonido de sintetizador mezclado con toques de campanas abre un tema en el que enseguida escuchamos un guiño al comienzo de “Tubular Bells” con una secuencia de notas realmente similar a la de aquel momento aunque, en esta ocasión, es completamente electrónica. Tras un breve desarrollo de esa idea, vamos adentrándonos en la composición de la mano del clásico sonido de Oldfield con la guitarra eléctrica, rotundamente subrayado por el bajo y una batería muy agresiva. Como para resaltar esa dureza en el sonido escuchamos un motor acelerando, mezclado con sirenas de policía y ruidos de cristales rotos. La guitarra adopta entonces formas cercanas al rock duro e inicia una serie de potentes riffs e ideas que se van enlazando en un fragmento rápido y potente que se extiende durante varios minutos acompañado de golpes de cuerdas y metales convenientemente sampleados. Tras un pequeño interludio en tono de blues, escuchamos al propio Oldfield cantando una breve linea: “crisis, crisis, you can’t get away. I need you by my side cause there is a crisis” una y otra vez. Sin solución de continuidad llegamos a un tramo brillante marcado por la excepcional percusión de Simon Philips que acompaña a la perfección a las guitarras de Mike, quien canta otro pequeño texto relacionado con la ensoñadora portada del disco: “the watcher and the tower, waiting hour by hour”. Mediada la extensa pieza entramos en un tramo puramente electrónico, casi ambiental, de gran belleza en el que Oldfield aprovecha para introducir una bonita sección de guitarra eléctrica que anticipa en cierto modo algunos momentos de su “Amarok” que llegaría años después. Los teclados electrónicos vuelven a adueñarse de la pieza en una recreación del tema inicial a partir de la cual volvemos a escuchar otra intervención magistral de Philips con la batería y con diversas percusiones (también aquí se escucha otro breve motivo que sería recuperado en esa obra maestra que sería “Amarok”). Poco a poco la melodía va ganando en complejidad hasta terminar por convertirse en un espectacular final. “Crises” es un extenso instrumental que quizá no tenga la fuerza de otros como “Taurus II” o cualquiera de las caras de los cuatro primeros discos de su autor pero no deja de tener su interés, especialmente por cómo anticipa ideas que serán desarrolladas en el futuro. No sólo en el citado “Amarok” sino también, y especialmente en su última parte, en la suite “The Wind Chimes” del disco “Islands”.

“Moonlight Shadow” – Cuando una canción es tan popular como esta y ha pasado a la memoria colectiva de la gente, no es necesario decir mucho más. Es rara la lista de las mejores canciones de la década de los ochenta que no incluya entre ellas “Moonlight Shadow” y lo cierto es que existen motivos sobrados para ello. Se trata de una canción sencilla (un continuo ritmo de guitarra rasgueada, una voz angelical y una batería marcando el paso), directa, en la que la propia estrofa es tan pegadiza como un estribillo y que carece de sofisticaciones innecesarias. Además de eso, es una gran melodía y tiene una corta duración. Era inevitable que se convirtiera en un hit y eso fue lo que ocurrión.

“High Places” – La intervención del vocalista de Yes, Jon Anderson, en el disco llega en este extraño tema que es uno de nuestros favoritos de Oldfield en el formato “canción”. Se trata de un tema poco convencional, sin relación alguna con cualquier canción anterior de Oldfield o del propio Anderson pero que funciona muy bien. Si hubiera que buscar alguna similitud, quizá la encontraríamos en las canciones de Jon a dúo con el griego Vangelis en los discos que lanzaron en los años anteriores. Se trata de la única pieza en la que interviene Moerlen en el disco.



“Foreign Affair” – Habitualmente menospreciada cuando se habla de “Crises”, esta canción en la que volvemos a escuchar la voz etérea de Maggie Reilly también está entre nuestras favoritas de su autor. De nuevo asistimos a una pieza interpretada en su práctica totalidad con sintetizadores (salvo por la batería de Philips, claro) a los que Oldfield saca una sonoridad verdaderamente acertada. La canción, en realidad, es una repetición continua de un único motivo musical pero tiene algo que nos ha enganchado desde la primera vez que la escuchamos.



“Taurus III” – El punto más exótico en el disco lo pone este breve instrumental aflamencado en el que Oldfield se exhibe con varios tipos de guitarras e incluso un banjo pero del que la parte que más nos gusta es, una vez más, la intervención de Simon Philips. Aunque habitualmente está considerado como uno de los puntos fuertes del disco, creemos que no pasa de anecdótico.

“Shadow on the Wall” – Cerrando el disco está la pieza más combativa del mismo, inspirada en los conflictos sociales que tenían lugar en aquellas fechas en los astilleros de Gdansk, Polonia con el sindicato Solidaridad de Lech Walesa como protagonista. Oldfield utiliza el tema para componer un tema de rock duro que se beneficia mucho de la teatral forma de cantar de Roger Chapman pero que nunca terminó de convencernos.

Si dejamos al margen el “boom” asociado al single “Moonlight Shadow”, creemos que “Crises” es un disco de transición en el que Oldfield rompe en cierto modo con el estilo y el sonido de trabajos anteriores y comienza a dar un mayor protagonismo a la electrónica en detrimento de la extensa paleta de instrumentos que interpretaba en trabajos anteriores. A pesar de ello, hay un buen puñado de ideas interesantes que iban a ser exploradas en el futuro. Era inevitable, además, que el éxito del single principal del disco tuviera consecuencias y esto supuso que, durante un tiempo, todos los discos del músico tuvieran como carta de presentación un “single” tremendamente comercial, al menos, hasta la salida de Oldfield de Virgin con la única excepción de “Amarok”. Desconocemos si en el caso de Mike, esto se debe a la presión de Richard Branson para componer canciones más comerciales porque lo cierto es que buena parte de los supervivientes de los años gloriosos del rock progresivo habían experimentado una transformación similar en su música. Sin alejarnos mucho del disco, el propio Jon Anderson con Yes estaba a punto de lanzar su “Owner of a Lonely Heart”, éxito pop muy alejado de la grandilocuencia de “Close to the Edge” o “Tales from Topographic Oceans”. También en 1983 aparecía “Mama” de Genesis por poner sólo dos ejemplos de leyendas del rock progresivos reconvertidos a números uno del pop.

A lo largo de 2013 asistimos a la reedición en distintos formatos de “Crises” y de su predecesor “Five Miles Out” por lo que el lector interesado no tendrá problema en encontrar una versión a su gusto del disco que hoy hemos comentado en cualquier tienda. Dejamos los enlaces a las tres versiones disponibles en CD:

amazon.es (edición simple)

amazon.es (deluxe edition con 2 discos)

amazon.es (box-set con 3 discos, DVD y libro)

Nos despedimos con "Moonlight Shadow" interpretada en directo en San Sebastián en la gira "Discovery" de 1984:

 

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Neil Campbell / Carlo Bowry / Gordon Ross - Philip Glass: Metamorphosis / Steve Reich: Acoustic Counterpoint (2013)



Hay sellos discográficos cuya sola presencia en la contraportada de un disco te da una idea muy clara de su contenido, tanto en cuanto al estilo de la música en él contenida como en lo que se refiere al nivel de calidad de la misma. Si uno lee “ECM” sabe perfectamente qué va a encontrar en la grabación y algo parecido sucede con Windham Hill, 4AD, Warp y tantos otros ejemplos de música de calidad. Con poco más de 10 años de vida, Burning Shed se ha convertido ya en uno de esos sellos. Lo que comenzó como una pequeña aventura de un sello menor que publicaba CD-R bajo demanda, fue creciendo de modo que hoy en día ya tienen una nómina de artistas no demasiado conocidos en su mayoría pero que han sabido contribuir a crear una imagen del sello que ya es referencia en el pop y rock más vanguardista, elegante y arriesgado. Se recogen en los discos del sello tendencias cercanas también al rock progresivo, al ambient y al jazz con lo que la panorámica que nos muestra es una de las más ricas del mercado discográfico actual.

Neil Campbell es un guitarrista escocés no demasiado conocido pero que tiene en su haber una extensísima discografía en la caben todo tipo de proyectos ya sean en solitario o como miembro de distintas bandas. Intentar referirnos a todas las bandas con las que ha colaborado y a los discos que ha publicado sería una tarea vana ya que éstos formarían un listado con decenas de referencias.

Carlo Bowry, por su parte, es otro guitarrista de trayectoria más humilde en cuanto a los grupos y discos en los que ha participado pero de similar calidad técnica. Miembro de los Wizzards of Twiddly, grupo de tendencias progresivas cercano al llamado “sonido Canterbury” (han colaborado con Viv Stanshal o Kevin Ayers, por citar dos puntales de dicho estilo).

Que dos guitarristas de esta talla se junten para publicar un disco juntos no debería tener nada de especial pero hubo algo que nos sorprendió desde que recibimos el “newsletter” de Burning Shed hace unos meses: el repertorio. La música que había reunido a Campbell y Bowry no era la habitual en sus trabajos anteriores sino dos obras minimalistas de dos de los compositores más representativos de esa corriente, viejos conocidos de los lectores del blog: Philip Glass y Steve Reich.

Campbell y Bowry en acción

La primera de las dos piezas es “Metamorphosis”, una composición en cinco movimientos que Glass escribió a mediados de los años ochenta para piano basada en la famosa novela de Franz Kafka. En su momento, fue el primer ciclo importante de piezas para piano del compositor norteamericano y es probable que, hoy en día, sea su obra más grabada por parte de otros artistas. Además, “Metamorphosis” ha conocido adaptaciones a otros intrumentos, ya sea de la obra completa o de alguno de sus cinco movimientos. Las más numerosas han sido las adaptaciones al arpa pero también hemos escuchado alguna versión orquestal de la obra e incluso para violonchelo. Neil Campbell realiza una trascripción para dos guitarras, la eléctrica que interpreta Carlo Bowry y la clásica de la que se encarga él mismo, siguiendo básicamente una regla: la guitarra clásica interpreta la parte encargada a la mano izquierda del pianista y la eléctrica la de la mano derecha aunque no hablamos, naturalmente, de una regla estricta. La versatilidad de la guitarra eléctrica es aprovechada en varios momentos para introducir otro tipo de arreglos en los que ésta suena de forma parecida a un chelo, con notas más sostenidas y que encajan de un modo fantástico en la composición. No es Glass un compositor en cuyo repertorio encontremos demasiados ejemplos de música para guitarra (quizá el más notable se encuentre en la ópera “The Fall of the House of Usher”)  aunque sí que hemos escuchado alguna que otra adaptación notable para ese instrumento (pensamos en la versión de David Leisner del cuarto “knee play” de la ópera “Einstein on the Beach, por ejemplo). La interpretación de Campbell y Bowry de las “Metamorphosis” glassianas es fascinante por momentos y nos descubre nuevos matices en una partitura que, de tanto escucharla, teníamos ya por perfectamente conocida.



Capítulo aparte merece la segunda obra del disco. Contrariamente a Glass, Reich sí que tiene un cierto número de obras para guitarra en su repertorio lo que hace que, si bien la elección de una concreta para incluirla en el disco sea algo más sencillo que en el caso de Glass, la comparación con otras versiones sea inevitable y tenga mucho de desafío, especialmente si hablamos de una obra cuya primera grabación a cargo, nada menos que de Pat Metheny, estableció unos niveles de calidad que la convirtieron inmediatamente en un estándar. Hablamos aquí tiempo atrás de “Electric Counterpoint” por lo que nos ahorraremos la descripción de la pieza. No es del todo habitual que el productor de un disco aparezca en la portada junto con el de los intérpretes del mismo y eso es algo que sucede aquí. Gordon Ross, uno de los principales impulsores de Creative Universe es un productor de Liverpool no demasiado conocido por el gran público pero que ha hecho ya algunos trabajos interesantes con bandas de pop y rock, aunque también organiza eventos tales como bailes al clásico estilo vienés para la alta sociedad británica. Ross era un enamorado del disco de Reich y Metheny y su interés en la música del compositor le llevó a producir algunas grabaciones de la misma y a encargar la composición del una obra al propio Reich para la celebración de la Capitalidad Europea de la Cultura de la ciudad de Liverpool en 2008. Unos años después, Ross propuso a Neil Campbell la grabación de una nueva versión de “Electric Counterpoint” para guitarra acústica (lo que justifica el nuevo título de “Acoustic Counterpoint” que la obra lleva en el disco que hoy comentamos). Neil recogió el metafórico guante y ambos se pusieron manos a la obra con la grabación de la pieza para guitarra clásica y baja. El resultado lo podemos escuchar en el disco que hoy comentamos y, ciertamente, está a la altura de las expectativas convirtiéndose en una alternativa muy válida a la versión del mismísimo Pat Metheny. En palabras de uno de los artistas más representativos del sello, el vocalista de No-Man Tim Bowness, “resiste cualquier comparación con la interpretación original de Pat Metheny lo cual constituye un logro muy significativo en sí mismo”.

En La Voz de los Vientos creemos que este disco es uno de los grandes lanzamientos de este 2013 que ya termina y, aunque no aparecerá en ninguna lista de “lo mejor de...” no podemos dejar de recomendarlo. Por sus especiales características, estamos seguros de que gustará a nuestros lectores habituales. Si os decidís por haceros con él, está disponible en los siguientes enlaces:

amazon.es

burningshed.com

Nos despedimos con el segundo movimiento de "Acoustic Counterpoint" a cargo de Neil Campbell en directo:

domingo, 22 de diciembre de 2013

Laurie Anderson - Homeland (2010)



Cualquier intento de describir a Laurie Anderson en una sola palabra se queda corto ya que sus actividades artísticas abarcan prácticamente todos los campos incluso contribuyendo a crear otros nuevos. Ignoramos su coeficiente intelectual pero hay motivos para sospechar que debe ser bastante elevado (creemos recordar haber leído en algún sitio que era de 149). Desde el principio destacó en todo lo que se propuso obteniendo las mejores calificaciones y graduándose en Historia del Arte con “magna cum laude” en el Barnard College. No hablamos de algo anecdótico. Se trata de una institución exclusivamente femenina que presume se ser más selectiva en su categoría a la hora de admitir nuevas alumnas.

Allí Laurie se dedicó a la escultura e hizo sus primeras “performances”, dibujó comics, ilustró libros infantiles y trabajó como crítico de arte en revistas como Artforum, que sigue publicándose hoy, más de 50 años después de su primer número. A finales de los sesenta y comienzos de los setenta se centró en la música aunque siempre integrada en otras formas de expresión (teatro, instalaciones, recitales de poesía etc). Se integró con facilidad en las vanguardias neoyorquinas tomando contacto con algunos de los exponentes más relevantes de todos los campos, desde John Giorno hasta Frank Zappa, pasando por Philip Glass, John Cage, William Burroughs o Timothy Leary.

Evidentemente, la faceta que más nos interesa aquí de Laurie es la musical, que es aquella por la que ha obtenido mayor fama a pesar de una mostrar una cierta desgana a la hora de grabar material que ha hecho que en los más de 35 años que han pasado desde el primer registro discográfico en el que apareció su nombre (la recopilación “New Music for Electronic and Recorded Media”) sólo haya publicado siete discos de estudio. En este terreno, la de Laurie Anderson es una voz única. No existe ningún artista similar y sus espectáculos mezclan el arte conceptual y elementos sacados de las más modernas instalaciones de los museos más vanguardistas hasta convertirse en verdaderas experiencias interactivas desde años en los que el término no se utilizaba con la asiduidad de hoy en día. Su música es ecléctica a más no poder, utilizando la electrónica más vanguardista mezclada con instrumentos tan dispares como las gaitas, por poner un ejemplo. Además, se trata de una innovadora en el campo de los instrumentos habiendo llegado a fabricar aparatos fascinantes como su popular violín en el que las cuerdas del arco son sustituidas por cinta magnetofónica.

En esta primera entrada que le dedicamos, vamos a comenzar por el final hablando de su último disco, no porque “Homeland” sea su mejor trabajo sino porque nos parece un disco completamente actual y con alguna canción que describe con una claridad meridiana el mundo de hoy en día. Es, además, un disco conceptual sobre los Estados Unidos que la propia artista describe en el libreto del CD:

“el disco ha sido escrito en la carretera. Buscaba la espontaneidad y la diversión de los espectáculos en directo ya que me encuentro muy sola haciendo discos en un estudio delante de los archivos del “Pro Tools”. Así, “Homeland” comenzó construyendo una serie de historias y canciones sobre América que evolucionaban continuamente, sin ninguna presión por concluirlas. Se trataba, sencillamente de salir de gira y tocar. He trabajado con músicos tan diferentes como cantantes de Tuva, músicos de jazz, artistas experimentales y orquestas sinfónicas y he llevado el espectáculo por sórdidos clubes de jazz y antiguos teatros griegos, se ha interpretado en español, italiano o francés de modo que el disco ha tenido muchas vidas antes de ser plasmado en CD. Lo complicado ha sido poner todas estas experiencias juntas y conseguir que la grabación refleje el espíritu del proceso de creación. Si he sido capaz de terminar el disco, ha sido gracias a mi marido, Lou Reed, que ha sido quien ha llevado el peso de la última etapa del proyecto”.

Y es que, como de todos es sabido, Laurie era la esposa del recientemente fallecido Lou Reed desde 2008 aunque eran pareja desde mucho tiempo atrás. Ambos se implicaron en la carrera del otro pero manteniendo sus respectivos estilos en sus trabajos a pesar de la marcada personalidad musical de cada uno de ellos.

En la grabación de “Homeland” intervienen: Laurie Anderson (voz, teclados, percusión, violín, efectos de radio), Peter Scherer (teclados), Rob Burger (teclados, orchestron, acordeón, marxophone), Eyvind Kang (viola), Lou Reed (percusión, guitarra), Shahzad Ismaily (percusión), Kieran Hebden (teclados), Omar Hakim (bateria), Skuli Sverrisson (bajo, guitarra), Ben Witman (percusión, batería), John Zorn (saxo), Lolabelle (piano), Joey Baron (batería) y Mario McNulty (percusión) además de distintos vocalistas o los integrantes del coro de Tuva, Chirgilchin.

Cartel de uno de los conciertos de la Gira


“Transitory Life” – Con sonidos étnicos y electrónicos nos recibe el primer tema del disco. Escuchamos la inconfundible voz de Laurie entonces con un texto lleno de frases como puñaladas: “es un gran momento para los banqueros” es la primera frase sólo para añadir algo después que “un ratón tarda un buen rato en darse cuenta de que ha caído en una trampa pero una vez que lo hace, ya nunca deja de temblar”. Certera como siempre en un texto perfectamente integrado en un ambiente lleno de rasgos orientales muy acertados y que conforman una gran canción para abrir el trabajo.

“My Right Eye” – Suena ahora la voz de la artista distorsionada por esos efectos electrónicos que la acompañan desde el ya lejano “Big Science” su primer disco de estudio. La canción reúne los patrones clásicos de la artista, pudiendo ser calificada de “spoken music” ya que Laurie recita más que canta un texto en el que juega con el adagio clásico “rocks and stones may broke my bones, but words will never hurt me” pero centrandose sólo en la primera parte: rocas y piedras y huesos rotos. La esperanza enterrada, por tanto.



“Thinking of You” – Uno de los pocos momentos en los que Laurie se permite algo de optimismo aunque siempre con un toque amargo, recogido en la estrofa final: “estaba pensando en ti, pensando en ti y pensando en ti una vez más cuando de repente dejé de pensar en ti para siempre. En lo musical escuchamos una melodía minimalista de violín y viola combinada con algunos rasgos étnicos y un acordeón de fondo en uno d elos temas más melódicos del disco.

“Strange Perfumes” – Una de nuestras canciones favoritas del disco, dirigida por la voz electrónica de Laurie transformada en un extraño coro robótico que destaca por encima de ritmos electrónicos que nuca acaban de despegar y sonidos antiguos que recuerdan al psalterio y que proceden del exótico marxófono.

“Only an Expert” – Llegamos a un estallido tecno de música bailable que encaja a la perfección con un texto brutal en el que Laurie explica en unos cuantos versos uno de los problemas principales de la América actual y, por extensión, del mundo. ¿Las claves de la crisis en una simple canción? Probablemente no llegue a tanto pero sí que pinta un retrato muy clarificador de la situación. No podemos resistirnos a transcribir la letra completa de toda la canción incluyendo algunos párrafos no incluidos en el disco pero que que si formaban parte del tema en su interpretación en directo:

“Hoy, sólo un experto puede hacer frente a un problema
porque identificar el problema es la mitad de la solución
y sólo un experto puede encargarse de ello.
Sólo un experto puede afrontar un problema

Así que, si no hay un experto encargándose del problema
tenemos realmente dos problemas
si sólo un experto puede encargase del problema,
sólo un experto puede encargarse del problema.

En América nos gustan las soluciones
nos gusta tener soluciones a los problemas
por eso hay compañías que ofrecen soluciones
compañías con nombres como “la solución para las mascotas”,
“la solución para el cabello”, “la solución para tus deudas”, “la solución mundial”, “la solución para el sushi”
Compañías con expertos preparados para resolver tus problemas
porque sólo un experto puede ver que hay un problema
y sólo un experto puede encargarse de ello.
Sólo un experto puede afrontar un problema

Digamos que te invitan al programa de Oprah
y no tienes ningún problema
pero quieres ir, así que necesitas algo que contar
y te inventas un problema.
Pero si no eres un experto
probablemente no inventes una historia verosimil
y probablemente te pillarán
y quedarás en evidencia
y tendrás que avergonzarte y pedir disculpas
y suplicar el perdón público
porque sólo un experto puede ver que hay un problema
y sólo un experto puede encargarse de ello.
Sólo un experto puede afrontar un problema.

En esos programas, aquellos que intentan solucionar tus problemas
se centran en la cuestión de cómo tomar el control de la situación
¿cómo me hago con el control?
Pero no hay que olvidar que esa es una cuestión para el espectador medio
el espectador que se deja ir
el espectador que ve programas sobre gente con problemas
el espectador que pertenece al 60% de la población americana
un espectador que vive al día, que paga sus deudas para evitar quedarse en la calle.
En otras palabras: un tipo con problemas.
Entonces, el experto dice: vayamos a la raíz del problema.
Tomemos las riendas del problema
Porque si tomas el control del problema, puedes solucionar el problema.
Lo malo es que no suele funcionar porque la situación está completamente fuera de control
porque sólo un experto puede ver que hay un problema
y sólo un experto puede encargarse de ello.
Sólo un experto puede afrontar un problema.

Pero ¿quiénes son estos expertos?
Normalmente son ellos los que se califican como tales pero también son cargos electos
o gente entrenada en técnicas de venta, también autodidactas
que se centran en aquello que puede ser visto como un problema.
Sucede que, a veces, esas cosas no son problemas en absoluto
pero el experto es alguien que estudia esos problemas
y trata de resolverlos.
El experto es alguien asegurado contra las malas prácticas
Porque a menudo la solución se convierte en el problema
porque sólo un experto puede ver que hay un problema
y sólo un experto puede encargarse de ello.
Sólo un experto puede afrontar un problema.

A veces un experto te presta dinero.
A veces, incluso, mucho dinero.
Y, a veces, cuando las hipotecas subprime se vienen abajo
y hay bancos que quiebran y negocios que cierran
y la crisis se extiende por el mundo,
algunos expertos dicen:
sólo porque los mercados quiebren
no significa necesariamente que sea algo malo.
Y otros expertos dicen: solo porque hayan echado a tus amigos del trabajo
y tu familia esté en bancarrota y no lo vimos venir
no significa que no tengamos razón ahora.
Y sólo porque te hayas quedado sin trabajo y sin casa
y porque hayas perdido todos tus ahorros, no quiere decir que no debas pagar el rescate
de los intermediarios, los bancos y los especuladores.
Porque sólo un experto puede diseñar un rescate
y sólo un experto podía esperar un rescate
porque sólo un experto puede ver que hay un problema
y sólo un experto puede encargarse de ello.
Sólo un experto puede afrontar un problema.

A veces un experto busca armas
y, a veces, mira en todas partes en busca de esas armas
y, a veces, cuando no las ha encontrado
otro experto dice: el hecho de que no las encontremos
no quiere decir que esas armas no existan.
Así, otros expertos encuentras cosas como productos de limpieza,
o piezas de nevera, o pequeños imanes y dicen:
para ti, esto pueden ser objetos comunes
pero, en nuestra opinión, pueden ser armas
o pueden usarse para construir armas
o para transportar armas
o para almacenar armas.
Sólo un experto puede ver que pueden convertirse en armas
y sólo un experto puede ver que pueden ser un problema
porque sólo un experto puede ver que hay un problema
y sólo un experto puede encargarse de ello.
Sólo un experto puede afrontar un problema.

A veces hace mucho mucho mucho calor
y parece julio aunque estemos en enero
y no nieva, y hay olas que inundan las ciudades
y huracanes en sitios en los que no los había
y todos pensamos que hay un problema.
Pero algunos expertos dicen que no lo hay
y otros aseguran que no lo hay
o explican por qué eso no es un problema.
Entonces, simplemente, no existe el problema.
Pero cuando un experto dice que eso sí es un problema
y hace una peli y gana un Oscar con el problema
es cuando el resto de expertos están de acuerdo en que, quizá, haya un problema
porque sólo un experto puede ver que hay un problema
y sólo un experto puede encargarse de ello.
Sólo un experto puede afrontar un problema.

Incluso un país puede invadir otro país
y aplastarlo y arruinarlo y crear el caos y arrastrar a ese país a una guerra civil.
Si los expertos dicen que eso no es un problema
y todos estamos de acuerdo en que los expertos son buenos a la hora de reconocer los problemas,
entonces, invadir ese país no supone un problema.
Y si ese país tortura a su gente
y encierra a ciudadanos sin motivo, sin juicio o los enfrenta a tribunales militares
tampoco es un problema
a menos que un experto diga que puede ser el comienzo de un problema
porque sólo un experto puede ver que hay un problema
y sólo un experto puede encargarse de ello.
Sólo un experto puede afrontar un problema”.




“Falling” – Llegamos a la única canción del disco con un texto ajeno a Laurie y que es obra del escritor, ensayista y crítico del New Yorker, George W.S. Trow. Se trata de un poema breve que la artista recita con la habitual distorsión en la voz un tenue acompañamiento electrónico que nos recuerda algunas cosas de Brian Eno con quien la propia Laurie trabajó en un disco anterior.

“Another Day in America” – Llega el turno en el disco para la intervención de Fenway Bergamot, alter ego de Laurie (bautizado por el propio Lou Reed) que adopta la forma de una voz masculina merced a la distorsión electrónica de su propia voz. La artista la llama la “voz de la autoridad” y utiliza esa caracterización como portada del propio disco. La canción es una larga pieza de “spoken music” en la que Laurie se plantea un sonoro “¿ahora qué?” resumido en la primera estrofa: “finalmente aquí estamos, en el comienzo de una nueva era / el comienzo de un mundo nuevo... y ¿ahora qué? ¿por dónde empezamos? / ¿cómo volvemos al principio?”. Una pieza devastadora y que nos deja con una gran sensación de vacío. Como anécdota, en la parte final escuchamos la característica voz de Anthony, cantante y líder de Anthony and the Johnsons.

“Bodies in Motion” – Otro de los grandes temas del disco que adopta la forma de una lenta canción electrónica y que cuenta con la inestimable y muy particular aportación de John Zorn al saxo en lo que parece la devolución de la colaboración de Laurie en el disco “Femina” de éste un año antes.

 “Dark Time in the Revolution” – Nos plantea ahora Laurie un ¿futuro? distópico controlado por los mercados y las máquinas. Es otra pieza recitada más que cantada con la voz robótica de la artista en la que se plantea una interesante cuestión tomando una obra de Tom Paine, considerado uno de los padres fundadores de los Estados Unidos. En su libro “Sentido Común” se preguntaba: “¿tiene sentido que una isla gobierne un continente?” refiriéndose al dominio británico de Norteamérica y planteando la necesidad de la independencia. Laurie Anderson va mas lejos y se pregunta: “¿tiene sentido que un país gobierne el mundo?”. La conclusión es que la respuesta no tiene importancia. Tampoco lo que piense el oyente. Tampoco lo que haya votado.

“The Lake” – Una de las piezas más enigmáticas del disco y cuyo significado nos es desconocido. Una historia de fantasmas en la que el espíritu de su padre guía al personaje principal en su camino. En lo musical asistimos a un tratamiento muy interesante y cercano a los planteamientos ambientales de un Brian Eno mezclados con un estribillo más convencional y una melodía que nos recuerda alguna otra y que probablemente se trate de algún tipo de himno o canción popular americana.

“The Beginning of Memory” – Laurie nos cuenta ahora una historia mitológica acerca del mundo cuando no existía aún el mundo. No había tierra, ni mar. Sólo aire y pájaros. Muchos pájaros que no tenían dónde posarse. Un día el padre de uno de ellos, una alondra, murió y ésta se encontró con el problema del entierro. ¿dónde enterrar un cadáver cuando no hay tierra en la que hacerlo?. Decidió “enterrarlo” en la parte posterior de su propia cabeza dando lugar así al nacimiento de la memoria. Hasta ese momento, sólo se volaba en círculos.

“Flow” – Cerrando el disco, encontramos el único tema instrumental a cargo de la propia Laurie al violín. Una breve y escueta composición que pone fin con delicadeza a un disco muy interesante con un puñado de letras directas a la conciencia del oyente.

Hemos tardado mucho en hablar aquí de Laurie Anderson siendo, como es, una de nuestras artistas predilectas. Esa tardanza tiene una ventaja incuestionable como es el hecho de que, habiendo publicado ya más de 400 entradas, aún nos quedan discografías imprescindibles por presentar lo que asegura que tengamos todavía mucho material por delante para seguir presentando nombres nuevos con cierta regularidad. Aunque la obra grabada de Laurie no es muy amplia habida cuenta de los años que lleva en esto, cada uno de sus discos da para reflexiones y comentarios amplios. La gran actualidad de este “Homeland”, tres años después de su publicación, nos ha hecho inclinarnos por su último trabajo para presentar aquí a la artista pero habrá hueco para el resto de su obra en un futuro. Mientras tanto, si queréis haceros con el disco, está disponible en los enlaces acostumbrados:

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Nos despedimos con un fragmento del DVD que acompaña al CD en el que Laurie y otros músicos explican el proceso de creación del trabajo:


 

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Sebastien Tellier - Sexuality (2008)



Afirmar que Sebastien Tellier nos conquistó con su participación en el festival de Eurovisión de 2008 representando a Francia sería un poco exagerado pero lo cierto es que su participación en el certamen hizo que superásemos la pereza y durante unos minutos nos sentáramos frente al televisor para ver de qué iba todo aquello. La canción y su puesta en escena nos convencieron definitivamente de que Tellier era un tipo a seguir.

En su primer disco, comentado aquí hace un tiempo, Tellier tuvo la influencia de los miembros de Air, con los que había estado de gira en su momento. Para “Sexuality”, el tercer disco del músico, cuenta con la participación del otro dúo estelar de la música francesa: Daft Punk o, siendo más precisos, con Guy-Manuel de Homem-Christo, el 50% de la afamada banda, quien se encarga de producir un disco en el que Tellier, por su parte, toca todos los instrumentos.

Músico y productor en una de las imágenes del libreto del disco.

Tellier entrega un disco desenfadado, hedonista, lleno de canciones sencillas de un agradable pop electrónico. Sin pretensiones pero muy elegante y eso es algo muy de agradecer en estos tiempos.

“Roche” – Una secuencia simple con un sonido decididamente ochentero, acompañado de percusiones tan tópicas en aquella época como los “samples” de palmas conforman el sencillo envoltorio que arropa la voz de Tellier en una canción pretendidamente sensual. Queremos creer que afrontar el disco con una media sonrisa en tono socarrón ayuda a asimilarlo adecuadamente, teniendo en cuenta que hay más elementos paródicos en él que intenciones verdaderamente erotizantes aunque podríamos estar equivocados en este punto.

“Kilometer” – Continuando con la sonoridad de los ochenta, escuchamos los clásicos “samples” de metales y una caja de ritmos deliciosamente vintage. Algunas notas de bajo por aquí y por allí salpican un tema en el que no faltan los insinuantes suspiros y jadeos que escandalizaron de la mano de Serge Gainsburg décadas atrás. La influencia de Daft Punk se hace evidente en los efectos aplicados sobre la voz de Tellier en buena parte de la canción.

“Look” – La siguiente balada concentra todas las influencias del género de los años cercanos a 1985 y ya desde los primeros compases nos recuerda a algún que otro “hit” de la época. Tellier adopta un rol casi susurrante en la mayor parte de la canción. Por lo demás, se trata de una pieza deliciosamente insustancial que podríamos escuchar durante horas sin apenas darnos cuenta.

“Divine” – Llegamos al tema con el que Tellier representó a Francia en Eurovisión el año del infame “Chiki-Chiki” de Rodolfo Chikilicuatre (quien, por cierto, quedó clasificado tres puestos por encima de Tellier). La canción es un cañonazo pop, muy pegadizo, lleno de “samples” vocales que construyen la base rítmica principal al margen de la consabida caja de ritmos. Se trata de una especie de alocada mezcla entre el “Good Vibrations” de los Beach Boys y una producción a lo Trevor Horn (circa “90125” con Yes). Impagable el video de Tellier y sus barbudas acompañantes en el festival. No nos vemos capaces de hacer muchos comentarios al respecto.

“Pomme” – Ritmos cadenciosos, jadeos y gemidos se combinan en lo que bien podría pasar por la banda sonora de una película de esas que todo el mundo sabe que existen porque una vez vio un trozo haciendo zapping. Demasiado tópico todo en una de las piezas más flojas del disco. Irrelevante.

“Une Heure” – En su disco de debut había cosas que nos recordaban a Pink Floyd y algo de eso persiste en esta canción, especialmente en las guitarras, aunque el resto, con ritmos programados y bajos electrónicos no casa en absoluto con la banda de Waters y compañía. En cualquier caso, es una de las piezas más interesantes de todo el disco,

“Sexual Sportswear” – Si prescindimos de “Divine”, la canción insignia del disco, nuestras preferencias nos harían decantarnos por ésta como nuestra pieza favorita de “Sexuality”. Una especie de homenaje a la música electrónica de los setenta que comienza con una serie de acordes de cuerdas que bien podrían haber firmado los miembros de Tangerine Dream o el compatriota de Sebastien, Jean Michel Jarre. Aparece entonces una secuencia clásica que precede a la caja de ritmos que marca una cadencia que bien pasaría por homenaje al Oxygene de éste último. Combinando los sonidos planeadores de lo que podría ser un “Eminent” con ritmos y secuencias, Tellier demuestra que sería capaz de hacer cosas interesantes en el campo de lo puramente electrónico si se lo propusiera. Sería algo digno de escucharse, sin duda.



“Elle” – Retomamos las baladas suaves y aterciopeladas mientras nos acercamos al final del disco. Una producción con un sabor muy americano con un aire cercano al de muchos cantantes de rhythm and blues pero sin mayor historia.

“Fingers of Steel” – Opta ahora Tellier por unos sintetizadores más robustos para acompañarse en una interesante canción tecno-pop que es otra de las piezas destacadas de “Sexuality”. Es curioso como una ligera inyección de potencia le da mucho más cuerpo y entidad a una canción cuya melodía bien podía haber pasado desapercibida de haber tenido un tratamiento similar al de otras piezas del disco. Se echan en falta más temas en esta línea en el CD, sin duda.

“Manty” – Y si hablamos de pop electrónico en los años ochenta, no podía faltar lo que nos parece un homenaje más en el disco, en este caso a The Art of Noise y su “Moments in Love”. Los “samples” de voz femenina y el cadencioso ritmo que domina toda la canción no pueden tener mejor referencia. Otro instante a recordar de este disco que cuenta con un puñado de canciones magníficas acompañadas de varias manifiestamente mejorables.

“L’Amour et la Violence” – Para cerrar el disco, Tellier se sienta al frente de su piano eléctrico para interpretar una pieza clasicista en su inicio, con toques de jazz. Interviene entonces con la voz encogida, casi temblorosa en un final emocionante en el que volvemos a escuchar los etéreos sintetizadores de inspiración planeadora y una acertada secuencia rítmica herencia de la llamada “Escuela de Berlín” que acaba inundando todo el tema en un final verdaderamente grandioso que nos reconcilia definitivamente con los momentos más flojos del disco.



“Sexuality” cosechó críticas dispares. Unos medios lo consideraron un bajón tremendo en la carrera de su autor, casi un accidente, mientras que otros lo calificaron como su mejor disco hasta la fecha, partiendo siempre de un mismo punto de vista: sus dos discos anteriores eran muy buenos. Cuando sucede algo así con un trabajo, hay que indagar en él porque opiniones tan encontradas tienen que referirse a un disco muy complejo, que no es lo que aparenta en un principio. Después de un tiempo, tenemos claro que no es un disco redondo, refiriéndonos con eso a que tiene cortes mejorables o, directamente, prescindibles. Sin embargo, abundan también las piezas inspiradas que hacen que la nota media del disco sea cercana al notable. En cualquier caso, un artista tan original y variado estilísticamente como Tellier es siempre recomendable para todo aquel oyente que busque algo distinto, con referentes conocidos pero, a su modo, innovador. Como siempre, el lector interesado en adquirir el disco, lo encontrará en los siguientes enlaces:

amazon.es

recordmakers.com

Nos despedimos con la actuación de Tellier en Eurovision'08:

 

domingo, 15 de diciembre de 2013

Jorge Granda - Filmworks (2013)



No es la primera vez que nos encontramos un caso similar al del disco de hoy y tampoco es un tema nuevo en el blog. Nos referimos a los músicos que parecen haber llegado en el momento menos adecuado a un mercado realmente complicado. El autor que hoy tenemos aquí podría haber publicado sus discos en un sello como Windham Hill sin ningún problema de haber nacido 25 o 30 años antes. Los ochenta fueron un campo de cultivo fantástico para las músicas instrumentales que se dio en agrupar bajo la insustancial denominación de “new age” y por todas partes aparecían artistas de diverso talento que publicaban sus discos arropados bajo esa nueva etiqueta. Como ocurre cuando la oferta musical de un determinado género es abundante, pululaban en aquel tiempo artistas de muy limitado valor musical que, a pesar de ello, disfrutaron de una carrera comercial de cierta importancia.

Hoy la situación es la contraria. Si todos los géneros musicales tienen que pelear a muerte para hacerse un hueco en las estanterías de las cada vez más escasas tiendas de discos, más complicado es aún el panorama para los artistas que cultivan estilos minoritarios. Si hablamos de música instrumental, acústica y con un escaso uso de sintetizadores y demás parafernalia electrónica el panorama que se le presenta al músico es francamente desolador a la hora de abrirse hueco. Una alternativa interesante para expresar todo eso que tienen dentro es la que les ofrece el cine en su sentido más amplio que abarca tanto las grandes producciones como cortometrajes más minoritarios o spots televisivos. No es extraño encontrar músicos de un extraordinario talento dedicándose a este tipo de música. Sin duda, algún lector pensará que eso ha ocurrido siempre, incluso en los momentos de mayor éxito comercial de la “new age” y tendremos que darle la razón pero no es menos cierto que en aquellos años no era tan difícil publicar un disco de estas características y sólo hay que repasar nombres de artistas españoles que publicaron música instrumental en los ochenta y los noventa y, a continuación, hacer un ejercicio similar con los últimos años. El desequilibrio entre ambas listas probablemente sea del orden de 10 a 1. Como nos negamos a pensar que el talento ha muerto, sólo podemos concluir que la agonizante situación del mercado musical es la que nos está privando de disfrutar a un buen número de artistas que no consiguen el hueco que merecen en los medios.

Jorge Granda, músico ovetense, tomó contacto con la música desde muy pequeño aprendiendo de su madre, pianista, los conceptos básicos del solfeo aunque no llegó a seguir una enseñanza formal en el conservatorio. En la adolescencia se inclinó por la guitarra y tocó en varios grupos de rock lo que no le hizo descuidar un aprendizaje con músicos de la talla de Chema Vílchez, por poner sólo un ejemplo. Aunque toca varios instrumentos, se identifica principalmente con la guitarra y confiesa que los discos de Pat Metheny para ECM le cambiaron la vida, musicalmente hablando. Granda es, además, un viajero vocacional y, a juzgar por los títulos de muchos de los temas incluidos en sus discos, varios de los lugares y situaciones en los que se ha encontrado a lo largo de esos viajes, le han inspirado temas concretos, como comprobaremos en el disco que hoy comentamos.

Aunque la carrera de Granda acaba de comenzar, como quien dice, hace unos pocos años, ya ha alcanzado algunos hitos muy reseñables. Hace menos de un mes, asistía en calidad de nominado a la gala de los Hollywood Music in Media Awards (los mismos que ya citamos en nuestra entrada anterior cuando hablamos de Jo Blankenburg). La cita, al margen del premio en sí, supone una excelente oportunidad para hacer contactos e introducirse poco a poco en un mundo como el de la música para cine, complicado pero con infinitas posibilidades si se entra con buen pie. La composición nominada abría el anterior disco del artista, “Muzak” y llevaba el muy cinematográfico título de “La Buena Estrella”, algo que esperamos que acompañe la carrera de Granda en el futuro. Simultáneamente a la noticia de la nominación, el músico ultimaba los detalles de la publicación del que ya es su nuevo disco, aparecido en CD hace unos pocos días y que ya estaba disponible en otras plataformas desde hace algunas semanas. El disco lleva por título “Filmworks” y, contrariamente a lo que podríamos pensar por el título, no es una recopilación de trabajos para la pantalla al uso sino, en palabras del propio autor “una banda sonora autoencargada”. Gran parte de la inspiración para el mismo llegó durante una estancia de varios meses en las Highlands escocesas, algo que podemos intuir en algunos de los títulos del disco y que nos cuenta Jorge en los propios créditos del mismo.

Intervienen en el disco, además de Jorge Granda (guitarras acústicas, sintetizadores, bajo, xilofón y piano), Pablo Luis Pravia (batería, percusión), Javier Fernández Domínguez (piano en tres de los temas) y Eduardo Suárez, también conocido como Borealis Northfolk, (guitarra solista en “Costa Concordia”). Como técnico de grabación cuenta con la presencia de Xel Pereda, miembro del legendario grupo de folk asturiano Llan de Cubel.

Imagen de Jorge Granda.


“The Roots” – Una mezcla de guitarras y piano abre el disco de una forma muy dinámica. Con la adición de la percusión y unos pequeños toques electrónicos tenemos completo el cuadro que sirve de presentación. Poco a poco se va construyendo una melodía realmente atractiva que se muestra al completo superado el ecuador del tema. Un fantástico modo de abrir un disco prometedor que, como señalábamos al comienzo, no tiene nada que envidiar a la mayoría de las composiciones que poblaban los discos de nuestro admirado sello Windham Hill en los ochenta.

“Paradise” – Y es precisamente a William Ackerman y a Michael Hedges, fundador y mayor exponente de Windham Hill en sus primeros años a los que nos recuerda más el tratamiento de esta composición. Una preciosa pieza centrada, como todo el disco, en la guitarra y el piano. Sin duda es una de nuestras composiciones favoritas del trabajo y en la que la sensibilidad de Granda se pone de manifiesto de un modo más claro. Algunos detalles como las cuerdas sintéticas que suenan de fondo y que nos recuerdan el sonido del clásico mellotron, nos muestran el cuidado extremo con el que todo está grabado en “Filmworks”.

“Quarter of Dollar” – Granda se atreve ahora con una incursión en los ritmos latinos de un modo que nos hace acordarnos inmediatamente de Carlos Santana. No es Santana uno de nuestros artistas favoritos precisamente pero ello no es óbice para que la pieza de Granda nos parezca muy lograda a pesar de tocar estilos no muy en sintonía con nuestros gustos particulares.

“Bossanova’s Port” – Seguimos con aires latinos pero girando nuestra vista hacia tierras brasileñas con una bossa nova algo acelerada con la que Granda hace su particular homenaje a una música cuya riqueza hace necesaria aún una exploración en profundidad. Brasil ha enamorado a músicos de todo tipo y es una de las influencias principales de Pat Metheny por lo que no sería de extrañar que venga de ahí el interés de Jorge por estos ritmos.

“The City of Plymouth” – Una cadenciosa guitarra abre con sus suaves acordes otra composición que, si bien en el comienzo nos vuelve a remitir a la obra de William Ackerman, enseguida se transforma mediante la aparición de distintas capas de sonidos electrónicos en algo mucho más complejos. Todo ello se complementa con un recurso tan manido como el ruido de oleaje pero que aquí está perfectamente integrado en la pieza (de hecho, el ritmo de las olas forma parte de la pieza del modo más natural). Además, la Plymouth del título es uno de los puertos más importantes del Reino Unido y el mar es, por tanto, un elemento imprescindible. Sabiendo, además, que parte de la inspiración del disco proviene de una estancia del músico en las tierras altas escocesas, no sería aventurado suponer que Plymouth fue el punto de entrada de Granda en las islas para ese viaje.



“Highlands” – Precisamente a las tierras altas está dedicado el siguiente corte del disco que es tambien uno de nuestros favoritos. Con algo tan simple como una guitarra, unos añadidos de percusión en la primera parte y unos sutiles sonidos electrónicos en la segunda, Granda construye una pieza sensacional, serena y de gran delicadeza.

“Crossing the Bosphorous” – Una nueva referencia geográfica en el título nos lleva hasta Estambul aunque en ningún caso Granda utiliza la excusa del lugar para valerse de formas musicales locales sino que todas las composiciones tienen su sello propio. Apreciamos, eso sí, una cierta influencia en cuanto al sonido de otro de los músicos admirados por Granda como es Yann Tiersen.

“The Colour of the Sea” – Por un momento el autor aparca la guitarra centrándose en el piano como medio de expresión principal para regalarnos otra composición realmente inspirada, con un tratamiento minimalista de la melodía muy acorde con estos tiempos en los que abundan los pianistas que se acercan a este estilo para dar salida a sus ideas. erca del final de la pieza, ésta experimenta un giro brusco transformándose en algo parecido a una canción de cuna. Una miniatura realmente bella en la que queremos encontrar alguna influencia lejana de otro músico admirado por el autor y que también publicó en su momento en Windham Hill: Mark Isham.

“Algeciras” – Vuelve Granda a la guitarra en combinación con el piano en la que es otra de nuestras piezas favoritas del disco. Preciosa desde sus inicios, experimenta un cambio con la aparición de los sintetizadores cerca de la mitad del tema que lo convierte en algo sublime. Si alguna de las composiciones con referente geográfico en el título, toma prestado algún elemento del lugar al que hace referencia es esta “Algeciras” con las palmas que suenan en la parte central acompañadas de otras percusiones. En cualquier caso, es otra composición soberbia que nos hace ver con optimismo el futuro de su autor.



“Costa Concordia” – Cuenta Jorge que el tema fue compuesto durante una estancia en Grecia cuando contemplaba el gran crucero delante de él. Seguro que no imaginaba lo famoso que iba a hacerse el barco poco después por motivos nada agradables. La composición está protagonizada de modo casi absoluto por las guitarras y es una de las más rítmicas del disco. Como ocurre en líneas generales en todo el trabajo, la composición es un prodigio de equilibrio. Granda sabe emplear los elementos justos en cada momento sin caer en la tentación de saturarnos añadiendo instrumentos o sonidos efectistas pero que no aportarían nada a la pieza.



“Farewell” – El cierre es una pieza muy sorprendente comparándola con el resto del disco pero no tanto sabiendo que uno de los próximos proyectos del músico asturiano es grabar un álbum en clave ambient, con un mayor peso de la electrónica. De eso se trata en esta despedida: sintetizadores construyendo una ambientación y notas perdidas de piano esbozando una difusa melodía. Un cierre distinto y prometedor para uno de los mejores discos que hemos escuchado en el año que termina.

A lo largo del último año hemos reseñado decenas de discos en el blog pero pocas nos han hecho tanta ilusión como esta de hoy y la del disco de Neonymus semanas atrás por lo que tiene de emocionante escuchar artistas distintos, nuevos en cierto modo (Granda ya ha publicado un puñado de discos) y con mucho por decir aún. Podría sonar algo aventurado si decimos tras escuchar un disco de la calidad de “Filmworks” que lo mejor está por venir pero estamos convencidos de que es así y de que Jorge no tardará en mostrarnos más frutos de un trabajo bien realizado. Mientras tanto, el disco ya se puede adquirir en las principales tiendas online que solemos recomendar aquí:

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No queremos despedirnos sin agradecer profundamente a Jorge su colaboración y amabilidad a la hora de respondernos a algunas cuestiones que le planteamos sobre el disco en los últimos días y sin desearle, simplemente, que tenga la suerte acorde con su talento. Con eso bastaría para edificar una carrera llena de éxitos en la música de cine, que es el camino que ha escogido pera el futuro. Podéis verle explicando éstas y otras cuestiones en el siguiente video:




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2 de enero de 2014:

Actualizamos la entrada con un regalo de reyes anticipado que nos hace el propio Jorge en forma de revisión de "El Color del Mar", uno de los temas del disco. Disfrutadla:

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Jo Blankenburg - The Feather Dance (2008)



Han pasado ya unos años desde que escuchamos por primera vez música de Jo Blankenburg. En aquel momento, no había publicado aún ningún disco en formato físico y, si nuestras informaciones no son erróneas, no ha editado muchos desde entonces. A día de hoy sólo uno de sus trabajos está disponible en un soporte real como es el CD y el disco que es objeto de la entrada existe únicamente como descarga digital aunque hay imágenes en la red que parecen indicar que, en algún momento, disfrutó de una tirada convencional como disco compacto.

Blankenburg es un músico alemán que vive en Los Ángeles y que desarrolló la mayor parte de su carrera en Nueva Zelanda, lo que aporta a su trayectoria una pátina ciertamente interesante. Más curioso es aún el modo en que se gana la vida. Es músico, evidentemente, y vive de su obra. Es posible, de hecho, que muchos de vosotros hayáis escuchado su música sin saberlo porque compone para el cine pero, y aquí viene lo curioso, no hace bandas sonoras para películas sino para los “trailers” de éstas. Así, en los anuncios de películas como la última de la saga de Harry Potter, X-Men First Class, How to Train Your Dragon, Hitchcock, Lincoln, Los Juegos del Hambre, 300 e incluso alguna de las partes de la saga Crepúsculo, se escuchaba música de Blankenburg. En nuestra ignorancia, suponíamos que cuando un estudio paga un dinero importante a un gran compositor para hacer la banda sonora de una película, eso incluiría los anuncios para la misma pero está claro que no, aunque, bien pensado, la cosa tiene sentido puesto que los “trailers” son un cortometraje en sí y el tratamiento de las imágenes es completamente diferente del de la película completa. Todo tiene otro ritmo y, de ahí quizá, la necesidad de contar con un músico propio para ese menester. Aunque Blankenburg ha hecho alguna que otra banda sonora completa, su labor principal hasta ahora ha sido la de músico para estas pequeñas obras audiovisuales obteniendo alguna que otra nominación a los Hollywood Music in Media Awards, galardones de prestigio dentro del mundillo cinematográfico musical y que, por esas casualidades que tiene la vida, también tienen mucho que ver con la que será la próxima entrada del blog.

Jo Blankenburg y su batuta

“The Feather Dance” es un disco de piezas de piano ajenas a la pantalla en su práctica totalidad que apareció en 2008. En ellas, el músico nos muestra todas sus capacidades partiendo de influencias conocidas para los seguidores del blog como Michael Nyman o Yann Tiersen, es decir, un minimalismo con toques románticos, accesible y melódico que le permite expresar un universo musical realmente interesante.

“The Feather Dance” – Comienza el disco con una pieza compuesta para la banda sonora de un film titulado “Stages”, una preciosidad llena de talento y sensibilidad que navega por los mismos mares que otros autores como Ludovico Einaudi sin nada que envidiarles. El tema contiene varios giros melódicos a cual más inspirado y se convierte en una introducción inmejorable para un disco que merecería ser mucho más conocido.



“Lied Von Lieben” – Continúa el disco con un giro introspectivo en una composición melancólica en su comienzo que cambia súbitamente hacia un cierto dramatismo con una gran influencia de Yann Tiersen muy bien adaptada a los propios planteamientos de Blankenburg que sabe rendir homenaje a aquellos músicos que le inspiran sin caer en la mera copia.

“Innocence” – Continúa el disco por parecidos derroteros que en el corte anterior, acaso con un tratamiento algo más clasicista en una melodía en la que nos parece reconocer, incluso, alguna influencia española escondida. La segunda mitad de la pieza es de una delicadeza sublime llena de elegancia y sobriedad, que deja entrever algún retazo impresionista.

“Iumentum” – Si hay un instrumento con el que es prácticamente imposible sorprender a nadie hoy en día, ese es el piano. Por eso es muy de agradecer que haya músicos que renuncien a alardes falsamente vanguardistas y se dediquen a hacer piezas sencillas, musicales, con alma. El lector del blog sabe que no nos arredramos ante los experimentos más arriesgados pero hay momentos en los que el talento puro, sin más adorno, es más que suficiente para agradarnos. Ésta pieza es un ejemplo de lo que decimos.

“Die Leichtigkeit Des Seins” – Continuando con las influencias de músicos que han aparecido por el blog en el pasado, la siguiente composición del disco nos hace pensar en piezas con alguna similitud de Roger Eno, uno de nuestros artistas favoritos cuando se pone íntimo.

“Maytreya” – El nombre del próximo Buda según esa religión inspira una composición que no tiene ningún elemento orientalista, como podríamos haber supuesto. Por el contrario, es un tema bastante convencional para lo que veníamos escuchando y que encajaría perfectamente en cualquier recopilatorio de música new-age de los años ochenta. No podemos evitar acordarnos de Suzanne Ciani al escucharlo tanto por las similitudes melódicas como por la propia construcción de la pieza. No está entre nuestros favoritos del disco pero es muy representativo de su estilo.

“Pitta Sarita” – Siguiendo con los temas con referencias espirituales en el título (en éste caso un término relacionado con el yoga), va discurriendo el disco de forma placentera y sin sobresaltos. Lo interesante de la pieza es su variedad ya que en sólo unos minutos reúne una gran cantidad de motivos e ideas que, en manos de otros artistas, darían para un disco completo.

“No Bliss Without Grief” – De nuevo nos encaminamos a pasajes reposados y meditativos. Si continuamos con el juego de relacionar cada composición con un artista, tenemos que asociar esta a George Winston en cualquier tema de su inmortal “Autumn”.

“Tripudio” – Aunque el título alude a una danza en italiano, de carácter alegre además, la composición es más bien tranquila aunque sí que es cierto que es el tema del disco en el que apreciamos una mayor influencia de Einaudi por lo que quizá la referencia italiana de la pieza tiene esa intención de homenaje por encima de cualquier otra.

“Blue Tears” – A punto de terminar el disco encontramos uno de los mejores temas del mismo y probablemente aquel en el que podemos apreciar más claramente la propia personalidad musical de Blankenburg aunque no falta alguna cita a J.S.Bach convenientemente maquillada en ciertas líneas melódicas de la mano izquierda del intérprete. Nos gustaría escuchar más música del autor en un estilo similar.





“Planet Earth Forever” – Se cierra el disco como comenzaba, con una composición originada en una banda sonora. Se trata del que probablemente fuera el primer tema de su autor que gozó de cierto reconocimiento al acompañar las imágenes del videoclip “Planet Earth” de temática ecológica y con algunas similitudes con películas como “Koyaanisqatsi”, “Baraka” o “Microcosmos” en cuanto a que simplemente se trata de imágenes y música. El arreglo del disco es, como el resto de la música que hemos comentado, para piano sólo aunque el original contaba con partes orquestales.


Es una pena que este disco no pueda ser disfrutado como merece en un formato físico (somos muy insistentes con el tema pero se debe a que, al menos en ese aspecto, somos de la vieja escuela). En la página web oficial del compositor se pueden disfrutar amplios extractos de “The Feather Dance” así como de otros discos dedicados a la música de Blankenburg para distintos “trailers” cinematográficos, muy diferente a la del trabajo del que hoy hemos hablado, orquestal, épica y enérgica pero igualmente interesante. Habrá notado el lector que hemos insistido mucho en comparar varias de las piezas del disco con el estilo particular de otros autores. En ningún caso estamos hablando de una mera imitación y se trata sólo de una referencia para que sea más sencillo identificar el tipo de música que realiza Blankenburg. Los habituales del blog ya saben que es algo que hacemos a menudo como una forma de facilitar el reconocimiento de un estilo cuando hablamos de algo tan inaprensible y difícil de describir como es la música.

Como ya hemos dicho, el disco no parece estar disponible salvo en formato digital, aunque en algunas webs hablan del CD "físico". Os dejamos los enlaces por si hay suerte:

cdbaby.com

cduniverse.com

Nos despedimos con el vídeo "Planet Earth Forever" para el que se compuso la última pieza del disco, aquí sonando en su versión original:


domingo, 8 de diciembre de 2013

Nightnoise - At the End of the Evening (1988)



Tiempo atrás dedicamos una serie de entradas a Nightnoise quedándonos sólo un disco de su primera etapa por reseñar por lo que creemos que ha llegado el momento de reparar esa omisión hablando hoy del que fue el segundo disco de la banda (o el tercero si consideramos como el primero el que grabaron Mícheál Ó Domhnaill y Billy Oskay a duo en 1984).

Recapitulemos un poco para los menos familiarizados con la banda. El guitarrista Mícheál Ó Domhnaill era uno de los grandes músicos del panorama celta irlandés y miembro de una formación fundamental como fue la Bothy Band. Tras la separación de ésta, grabó algunas cosas en colaboración con otros músicos, en especial con el violinista Kevin Burke, también miembro de la Bothy en su momento. Ambos deciden trasladarse a los Estados Unidos en busca de un mercado mayor y las circunstancias ponen a Mícheál en contacto con otro violinista llamado Billy Oskay, ajeno por completo a la música celta. Juntos graban un primer disco para el sello Windham Hill y deciden ampliar la colaboración fundando Nightnoise y ampliando el grupo a cuarteto con la adición de Tríona, pianista, cantante y hermana de Mícheál y del flautista, también irlandés, Brian Dunning. Constituídos ya en cuarteto grabaron “Something of Time”, un disco fascinante que tuvo su revisión aquí en su momento.

No transcurrió mucho tiempo entre la publicación de “Something of Time” y este “At the End of the Evening” que empezó a grabarse a finales de 1987. Un rápido vistazo a los créditos del disco nos da sobrados motivos para suponer que el recién reunido cuarteto utilizó fundamentalmente material de sus dos miembros fundadores en el primero de los dos trabajos, siendo las incorporaciones de Brian Dunning y Tríona Ní Dhomhnaill un apoyo básicamente instrumental y, en un pequeño porcentaje, creativo (firman sólo una pieza cada uno). Publicado el disco, el grupo empieza a funcionar como tal aportando todos sus miembros sus propias piezas de modo que en “At the Ende of the Evening” es Tríona la que firma un mayor número de composiciones (cinco) aunque el resultado es muy equilibrado. Mícheal firma tres temas más y uno a medias con Billy Oskay quien aporta otras dos piezas propias, las mismas que Brian Dunning. Billy Oskay interpreta violín, viola y teclados, Mícheál Ó Domhnaill guitarras, teclados y tin-whistles, Brian Dunning flautas y Tríona Ní Dhomhnaill interpreta teclados, tin-whistles y acordeón además de cantar en uno de los temas.

Imagen de la banda sacada de la página-homenaje a Mícheál Ó Domhnaill

“Windell” – Piano y guitarra construyen la base a partir de la que se incorporan, de la forma más natural concebible, el resto de instrumentos. La melodía comienza a ser presentada por el violín de Oskay pero enseguida acude para reforzarla la flauta de Brian Dunning. Es la única pieza del disco firmada a dúo por Mícheál Ó Dhomhnaill y Billy Oskay y se nota en el inconfundible estilo que teñía los temas de ambos en los discos precedentes. En suma, hablamos de una composición deliciosa en la que no podemos dejar de destacar la preciosa coda de flauta que aparece en los instantes finales.

“Of a Summer Morn” – Una clásica introducción de órgano tan habitual en las composiciones de Mícheál abre una pieza excelente. Los tin-whistles suenan a lo lejos, como tras una espesa bruma y comienza entonces una melodía de sintetizador que apoya a la guitarra del propio Mícheál. Escuchamos entonces la viola de Oskay esbozando unas notas apagadas a las que se une la flauta que nos acompañará en el placentero discurrir de la pieza hasta su conclusión.

“Hugh” – Es el turno de Tríona Ní Domhnaill y su piano con una composición preciosa y muy inspirada que sirvió de cortinilla para algún programa televisivo cuyo título no recordamos ahora. En la primera mitad de la pieza apenas escuchamos el acompañamiento de la guitarra pero, mediada la misma, aparecen el resto de miembros de Nightnoise para firmar uno de los mejores momentos del disco con un leve aire tradicional muy característico.

“Jaunting” – Para terminar con las “presentaciones” faltaba una composición de Brian Dunning así que ya sabemos de quién es el turno en este momento. Tras una introducción breve llegamos a la melodía principal, ciertamente inspirada y de un cierto aire clasicista. Quizá sea Brian el miembro del grupo con una mayor tendencia hacia la música “culta”, no sólo en cuanto a las melodías sino también en la forma de estructurar las composiciones y las intervenciones de cada uno de los instrumentos en las mismas. Éste es un buen ejemplo de eso que afirmamos.

“The Courtyard” – Volvemos a Billy Oskay en el que es uno de los temas más impresionistas del disco. Muy pausado, casi diríamos otoñal, reflejo fiel de la personalidad del violinista que nunca quiso destacar demasiado y, quizá por ello, cuando dejó el grupo se apartó también en buena medida de la composición y la interpretación dedicándose a la producción para otros en su estudio.

“Bring Me Back a Song” – Llegamos a uno de los grandes momentos del disco con una magnífica composición de Mícheál en dos partes, una inicial de órgano a modo de introducción y tras la que llega la guitarra marcando un ritmo casi marcial sobre el que se despliega una melodía maravillosa a cargo de la flauta de Brian Dunning acompañada poco después por el acordeón de Tríona. La segunda parte, más lenta, incorpora una melodía de procedencia presumiblemente tradicional que ya aparecía en un disco en solitario de la hermana de Mícheál bajo el título de “Here’s to All True Lovers”.



“Snow on High Ground” – Precisamente Tríona firma las dos siguientes composiciones del disco. Ésta primera, interpretada casi exclusivamente por ella al piano, sintetizadores y voces es una pieza misteriosa y evocadora que sirve como perfecta transición hacia el que, en nuestra opinión, es el momento culminante del disco.

“At the Races” – Probablemente la pieza de Nightnoise con elementos más claros para convertirse en un “hit”. Tenemos una melodía pegadiza y repetitiva de piano que, ayudada por el ritmo imprimido por la guitarra sirve como base para una serie de intervenciones de Brian Dunning a la flauta y Billy Oskay al violín, realmente inspiradas en un duelo interpretativo fuera de lo común. Imprescindible.



“Forgotten Carnival” – La segunda pieza firmada por Dunning comienza como un inocente vals al acordeón que adopta la forma de una canción infantil a nuestros oídos y quizá no andemos muy desencaminados si atendemos al título de la pieza. La segunda parte de la misma abandona esa forma y se asemeja más al final del tema anterior con la flauta (de pan, en este caso) alternándose con el violín mientras piano y guitarra marcan el ritmo, sólo para volver al vals del comienzo en los instantes finales.

“The Cuillin Hills” – Ese mismo aire de vals como perdido en el recuerdo de una época pasada es el que domina en una de las piezas con mayor sabor tradicional de todo el disco firmada por Tríona. Deliciosa como todo lo que apareció bajo el nombre de Nightnoise.

“Her Kansas Sun” – Última pieza de Oskay en el disco conservando las esencias del sonido de la banda de los dos primeros trabajos y que, como empezabamos a comprobar en este disco, estaba dejando su sitio a un estilo más complejo y rico poco a poco.

“End of the Evening” – Aún quedaba una pequeña sorpresa por escuchar en este disco y llegaba en sus últimos minutos: los dos primeros discos de Nightnoise habían sido instrumentales y la voz aparecía en contadas ocasiones pero nunca con letra y en forma de canción. Tríona rompía esa tendencia aquí recordando los tiempos de la Bothy Band o sus trabajos en solitario para cantar una suave balada con su voz que, sin ser la más dotada y melodiosa del universo celta, ni mucho menos, cumple con su cometido siempre que se la necesita.

“The Swan” – Cerrando el disco tenemos la última pieza de Mícheál Ó Dhomhnaill en la que guitarra y órgano se presentan en una combinación perfecta para allanar el camino a las flautas en un tema melancólico que contiene toda la esencia del sonido de Nightnoise.

En muchos sentidos, “At the End of the Evening” es el disco más completo de Nightnoise; perfectamente equilibrado, cuenta con un par de piezas inolvidables y de una energía especial que hacen que muchos se inclinen por éste trabajo a la hora de escoger el mejor de la banda. Aunque en nuestras preferencias siempre tendrá un lugar especial “Something of Time”, según el día podemos llegar a apreciar este trabajo tanto o más que aquel. Estamos hablando de uno de esos discos que podemos recomendar sin temor a decepcionar al lector que se decida a dar el paso y hacerse con él. La mayoría de los discos de los ochenta de Windham Hill están descatalogados hoy (salvo las continuas reediciones de los discos “estacionales” de George Winston y alguna que otra referencia más). Por ello, no es fácil encontrar este disco a buen precio. Os proponemos un par de opciones.




Nightnoise fue un grupo especial. Nunca fueron estrellas, ni siquiera dentro del sello Windham Hill y tampoco tuvieron una repercusión especial en cuanto a ventas. De hecho, tenemos la impresión de que, al margen de su Irlanda natal, quizá fue España el país en el que obtuvieron un éxito mayor. Hace más de 15 años ya desde la publicación de su último disco pero en la memoria de los buenos aficionados siempre habrá un lugar para el cuarteto. Los que les hemos disfrutado, sabemos que eran muy grandes. Por suerte, sus discos están ahí y todos podéis incorporaros aún al grupo de sus seguidores. No hay otro grupo igual.
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