miércoles, 23 de marzo de 2022

David Lanz - Nightfall (1985)



Regresamos hoy a los años dorados de la música “new age” norteamericana para hablar de un clásico del género. Uno de los discos más importantes a cargo de uno de los artistas más representativos y grabado en uno de los sellos más grandes del estilo. Hablamos, en orden inverso, de Narada, de David Lanz y de su segundo disco: “Nightfall”. No a aparecido demasiado por aquí el sello Narada y nos sorprende porque en su momento llegó a juntar una nómina de artistas impresionante en la que figuraban muchas de las figuras de la música denominada “New Age” como David Arkenstone, Friedemann, Peter Buffett o el propio Lanz. Incluso el gran Hans Zimmer publicó su banda sonora para la serie “Millenium” en la división Cinema de Narada cuando aún no era la superestrella que es hoy.


Sin duda, David Lanz fue uno de los músicos más importantes de aquella etapa  y también uno de los más versátiles ya que combinaba trabajos para piano solo con otros acompañado de sintetizadores y guitarras eléctrica e, incluso, piezas orquestales. Su estilo, muy melódico, hacía de su música algo muy fácil de asimilar pero, al contrario de lo que ocurrió con muchos de sus contemporáneos, la mayor parte de su obra ha aguantado muy bien el paso del tiempo. Su primer disco, “Heartsounds” fue un gran éxito, siempre para los parámetros de su género y su época y eso animó mucho a Lanz, quien en 1985 publicó hasta tres discos: dos en colaboración con otros artistas (con Paul Speer uno y con Michael Jones el otro) y otro más en solitario que es el que nos ocupa hoy. Comenta el autor que la composición de “Nightfall” coincidió con los meses en los que empezaba su relación con la que poco después sería su esposa y eso influyó en el toque romántico del álbum. Alicia (la futura señora Lanz) fue, de hecho, la que puso el título a muchas de las piezas del disco, grabado exclusivamente al piano.


David Lanz en una imagen de la época del disco.


“Leaves on the Seine” - Abre el disco una pieza lenta que comienza como si fuera una canción de cuna, con una melodía lenta y pegadiza que se repite un par de veces con ligeras variaciones hasta llegar al interludio, más animado con un precioso uso de la nota pedal. La segunda parte de la pieza calca el esquema de la primera para completar una de las mejores composiciones de Lanz.




“Nighfall” - El tema que da título al trabajo tiene un ligero aire impresionista, probablemente buscado por el músico en todo el disco. No en vano, varios de los títulos tienen referencias francesas. Por lo demás, es el clásico tema de piano tan habitual en la “new age” de los ochenta, una época en la gente como George Winston, Michael Jones o el propio Lanz gozaron de una gran popularidad con este tipo de propuestas.


“Faces of the Forest” - Quizá estemos ante nuestra composición favorita del disco y también una de las mejores de su autor. Es un tema de largo desarrollo (prácticamente son 10 minutos de duración). El comienzo es rápido con una melodía que va creciendo lentamente sobre un prolongado ostinato. Este esquema se va a repetir varias veces en la pieza separado por interludios en los que Lanz cambia de ritmo para ofrecernos una motivo precioso que en cada repetición añade nuevos elementos que lo dotan de mayor complejidad. Una composición, en suma, poco convencional y que no se queda en el típico tema amable de tres minutos y medio de duración y consumo rápido.




“Courage of the Wind” - El siguiente corte es decididamente romántico y, además, en su melodía encontramos breves retazos que nos hacen verla como el germen de “Christofori's Dream”, quizá la composición más conocida de Lanz que vería la luz años más tarde en el disco homónimo. No es la mejor pieza del disco pero siempre la hemos visto con simpatía al considerarla una especie de boceto de la obra maestra del músico.


“Water from the Moon” - Otro claro ejemplo de música para piano en la onda “new age”. Similar, por ejemplo, a lo que Suzanne Ciani haría en esta época, cuando se alejó de la electrónica más vanguardista y se acercó al público más mayoritario con sus discos en Private Music.


“Song for Monet” - Para el cierre regresamos a los largos desarrollos con un tema que va creciendo poco a poco a partir de un comienzo muy sencillo. Vuelve Lanz al esquema de tema y variaciones que tan bien le funciona para ofrecernos un corte agradable, reflexivo en algún momento aunque sin demasiadas complejidades, como era la música de los grandes sellos americanos del género en aquellos años.




Hay una cosa curiosa con David Lanz que él mismo se encargaba de destacar cada vez que tenía la ocasión y es que, aunque había artistas que vendían más discos que él, sus libros de partituras no tenían rival en los de otros músicos. Por así decirlo, es un compositor al que no solo gustaba escuchar sino también emular interpretando sus piezas y eso habla, en su caso, de un creador sencillo pero que supo llegar a la gente hasta el punto de querer ejecutar ellos mismos su música, cosa que es tan habitual, ni siquiera dentro de un estilo como el suyo, alejado del virtuosismo y la floritura. Dejamos aquí nuestra recomendación de hoy para introducirse en la música de Lanz, que volveremos a tener en el blog más adelante.

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