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domingo, 12 de junio de 2016

David Bowie - Let's Dance (1983)



En un músico de la categoría de David Bowie, sorprende comprobar la sequía creativa que sufrió a lo largo de casi toda la década de los ochenta. Cierto es que en esos años estuvo muy centrado en su carrera como actor interpretando algunos de sus papeles más recordados en películas como “Feliz Navidad, Mr.Lawrence”, “Principiantes”, “Dentro del Laberinto” o “La Última Tentación de Cristo” pero extraña que el cantante “desperdiciase” tanto tiempo desde el punto de vista musical.

Hay una excepción a todo esto y no es una excepción menor ya que hablamos de uno de los discos más vendidos de su autor y que contó, además, con varios “singles” que siguen estando hoy entre sus canciones más conocidas. Habían pasado tres años desde “Scary Monsters” y Bowie quería dar un giro en su carrera. La primera consecuencia fue inesperada. Después de trabajar con él durante muchos años y de preparar juntos el nuevo disco, al menos en sus primeras fases, el productor Toni Visconti dejó de recibir noticias de Bowie. Cuando llamó a “Coco” Schwab, la asistente personal del músico para ver qué pasaba, ésta le confirmó que el artista llevaba dos semanas trabajando en la grabación del disco con otro productor y que las cosas iban muy bien. Visconti y Bowie no volvieron a trabajar juntos hasta muchos años después de aquello.

El músico acababa de firmar por EMI tras terminar una larga relación con el sello RCA y eso le obligaba en cierta forma a entregar un primer disco que se vendiera bien lo que obligaba a incluir en él canciones “comerciales”. Ese hecho tuvo mucho que ver en la elección de Nile Rodgers como productor. El miembro de Chic había grabado varios discos clásicos de la música “disco” en los últimos años de los setenta y a partir de ahí comenzó a colaborar con otros artistas como Diana Ross, Robert Wyatt o Duran Duran. Hubo un momento en que todo lo que tocaba se convertía en oro y Bowie, una de cuyas mejores cualidades ha sido siempre la de reconocer fácilmente el talento ajeno, no dejó pasar la oportunidad de colaborar con él. Visconti no fue el único colaborador habitual de Bowie que desaparecería de los créditos en este disco. El guitarrista Carlos Alomar tampoco aparece ya que se le llamó apenas unos días antes de comenzar la grabación y ya tenía compromisos adquiridos. La guitarra la interpretaría en su lugar Stevie Ray Vaughan a quien acompañarían en la grabación del disco: Carmine Rojas (bajo), Omar Hakim y Tony Thompson (baterías) y Rob Sabino (teclados). Además, participa en la grabación una sección de metales muy interesante cuyos arreglos corrieron por cuenta de Nile Rodgers, guitarrista también en el disco. Bowie, por una vez, se limita a cantar y no toca ningún instrumento.

Bowie junto a Nile Rodgers durante la grabación del disco.


“Modern Love” - El disco comienza fuerte y sin concesiones. Nos recibe con todo un “hit” lleno de  atractivo. La batería marca un ritmo enérgico y el piano la acompaña dibujando el esqueleto de una canción memorable. A partir de ahí, los vientos y los coros acompañan a la perfección a un Bowie sobrio que firma un éxito que triunfó en las listas de medio mundo igual que lo hizo unos años después la versión que del mismo hizo Tina Turner.

“China Girl” - El que fue segundo “single” del disco era una versión de un tema que Bowie compuso junto a Iggy Pop para el disco de éste “The Idiot” (1977). Lo cierto es que la interpretación de David nos parece muy superior, volviendo a mostrar todas sus cualidades vocales, ocultas en el primer tema del trabajo bajo una ejecución “estándar”. Los arreglos son también extraordinarios, especialmente en cuanto al bajo, omnipresente en toda la pieza con una línea inolvidable. También los teclados están muy cuidados e incluso escuchamos un buen solo de guitarra en la parte final que nos devuelve al Bowie más rockero dentro de un tema como éste, eminentemente “pop”.




“Let's Dance” - El “single” de presentación del disco fue una exquisita mezcla de “funk” y rock. La más clara muestra del sentido que tenía la contratación de Nile Rodgers como co-productor del disco. Comienza con unos coros que recuerdan a los años inocentes del rock'n'roll que desembocan en un infeccioso ritmo funky subrayado por las guitarras de Rodgers, la sección de viento y una batería sincopada impecable. El final es magnífico y la parte que contiene el solo de guitarra la habría firmado el mismísimo Prince.




“Without You” - Cerrando la “cara a” del LP tenemos una canción algo más tranquila que las tres anteriores y quizá algo más floja aunque manteniendo un nivel alto. Escuchamos aquí al Bowie más vulnerable cantando en falsete la mayor parte del tiempo. Las guitarras, alejadas esta vez del “funk” recuerdan a producciones anteriores del músico con Brian Eno.

“Ricochet” - La canción más extraña del disco es la escogida para abrir la “cara b”. El esquema es poco convencional ya que no se ajusta a la secuencia clásica de estrofa-puente-estribillo. De hecho, casi se podría decir que carece de este último ya que toda ella se organiza a partir de una larga estrofa con apenas variaciones. Con todo, es un muy buen tema con cierto grado de experimentación en lo tocante a los arreglos los tratamientos electrónicos de la voz de Bowie y los coros. Hay también mucha influencia de otros artistas de la escena neoyorquina de aquellos años como los Talking Heads de la etapa con Brian Eno.

“Criminal World” - Una de las grandes joyas olvidadas en la discografía de Bowie es esta versión del éxito de Metro, la banda formada por Duncan Browne, Peter Godwin y Sean Lyons y que apareció en su disco homónimo de 1977. A partir de un suave ritmo cercano al reggae se desarrolla un bonito tema que desemboca en un estribillo memorable. Bowie hace suya la tema y la defiende con maestría consiguiendo, al igual que con “China Girl”, mejorar notablemente el original, considerablemente más lento y, nos atreveríamos a decir, descafeinado.

“Cat People (Putting Out Fire)” - Se incluye aquí una canción que Bowie escribió para la película del mismo título que se estrenó en 1982. De hecho, el cantante sólo hizo la letra ya que la música aparece firmada por el afamado productor Giorgio Moroder. La versión del disco nos agrada más que la que sonó en la película. Una vez más, Bowie le da un lavado de cara completo a un tema que en manos de Moroder sonaba artificial y sin fuerza y aquí lo hace transformado en una canción robusta y mucho más consistente.

“Shake It” - Cierra el trabajo otro tema rebosante de ritmo “funk” en el que se hace evidente el papel de Nile Rodgers. Casi podríamos considerarlo una anécdota dentro del alto nivel de un disco en el que lo más flojo mejora buena parte de los discos más destacados de la mayoría de artistas de aquel momento.

El disco se convirtió en un superventas (no ganó el Grammy al mejor disco del año porque en 1984 competía con “Thriller” de Michael Jackson) y convirtió de repente a Bowie en una estrella del “pop” más comercial, algo que, además de sorprenderle, le desconcertó mucho. No terminaba de entender el cambio generacional que había experimentado el núcleo de sus seguidores y se preguntaba cuántos de los que iban ahora a sus conciertos tendrían en su casa algún disco de, por ejemplo, The Velvet Underground.

Es cierto que “Let's Dance” era un disco muy distinto a lo que Bowie había hecho antes. Baste recordar que llegaba después de la “trilogía Berlinesa” y de “Scary Monsters” pero hay que reconocer que el giro hacia una música más “comercial” le salió mejor que la gran mayoría de compañeros de generación cuyo tránsito por los años ochenta fue, en general, desafortunado. Podríamos decir que Bowie tenía una especial habilidad para caer de pie en casi cualquier circunstancia pero no queremos olvidarnos de lo que pasó después y es que sus siguientes trabajos fueron, en general, muy flojos, hasta el punto de que el músico tomó la decisión de “abandonar” su carrera en solitario y formar una banda como Tin Machine para relanzarse.

En todo caso, “Let's Dance” es un disco recomendable al 100% y una inyección de optimismo y buenas vibraciones que siempre esta bien retomar de cuando en cuando.

Nos despedimos con un anuncio de Pepsi de 1985 con "Modern Love" como tema central y Tina Turner de estrella invitada:


 

domingo, 22 de diciembre de 2013

Laurie Anderson - Homeland (2010)



Cualquier intento de describir a Laurie Anderson en una sola palabra se queda corto ya que sus actividades artísticas abarcan prácticamente todos los campos incluso contribuyendo a crear otros nuevos. Ignoramos su coeficiente intelectual pero hay motivos para sospechar que debe ser bastante elevado (creemos recordar haber leído en algún sitio que era de 149). Desde el principio destacó en todo lo que se propuso obteniendo las mejores calificaciones y graduándose en Historia del Arte con “magna cum laude” en el Barnard College. No hablamos de algo anecdótico. Se trata de una institución exclusivamente femenina que presume se ser más selectiva en su categoría a la hora de admitir nuevas alumnas.

Allí Laurie se dedicó a la escultura e hizo sus primeras “performances”, dibujó comics, ilustró libros infantiles y trabajó como crítico de arte en revistas como Artforum, que sigue publicándose hoy, más de 50 años después de su primer número. A finales de los sesenta y comienzos de los setenta se centró en la música aunque siempre integrada en otras formas de expresión (teatro, instalaciones, recitales de poesía etc). Se integró con facilidad en las vanguardias neoyorquinas tomando contacto con algunos de los exponentes más relevantes de todos los campos, desde John Giorno hasta Frank Zappa, pasando por Philip Glass, John Cage, William Burroughs o Timothy Leary.

Evidentemente, la faceta que más nos interesa aquí de Laurie es la musical, que es aquella por la que ha obtenido mayor fama a pesar de una mostrar una cierta desgana a la hora de grabar material que ha hecho que en los más de 35 años que han pasado desde el primer registro discográfico en el que apareció su nombre (la recopilación “New Music for Electronic and Recorded Media”) sólo haya publicado siete discos de estudio. En este terreno, la de Laurie Anderson es una voz única. No existe ningún artista similar y sus espectáculos mezclan el arte conceptual y elementos sacados de las más modernas instalaciones de los museos más vanguardistas hasta convertirse en verdaderas experiencias interactivas desde años en los que el término no se utilizaba con la asiduidad de hoy en día. Su música es ecléctica a más no poder, utilizando la electrónica más vanguardista mezclada con instrumentos tan dispares como las gaitas, por poner un ejemplo. Además, se trata de una innovadora en el campo de los instrumentos habiendo llegado a fabricar aparatos fascinantes como su popular violín en el que las cuerdas del arco son sustituidas por cinta magnetofónica.

En esta primera entrada que le dedicamos, vamos a comenzar por el final hablando de su último disco, no porque “Homeland” sea su mejor trabajo sino porque nos parece un disco completamente actual y con alguna canción que describe con una claridad meridiana el mundo de hoy en día. Es, además, un disco conceptual sobre los Estados Unidos que la propia artista describe en el libreto del CD:

“el disco ha sido escrito en la carretera. Buscaba la espontaneidad y la diversión de los espectáculos en directo ya que me encuentro muy sola haciendo discos en un estudio delante de los archivos del “Pro Tools”. Así, “Homeland” comenzó construyendo una serie de historias y canciones sobre América que evolucionaban continuamente, sin ninguna presión por concluirlas. Se trataba, sencillamente de salir de gira y tocar. He trabajado con músicos tan diferentes como cantantes de Tuva, músicos de jazz, artistas experimentales y orquestas sinfónicas y he llevado el espectáculo por sórdidos clubes de jazz y antiguos teatros griegos, se ha interpretado en español, italiano o francés de modo que el disco ha tenido muchas vidas antes de ser plasmado en CD. Lo complicado ha sido poner todas estas experiencias juntas y conseguir que la grabación refleje el espíritu del proceso de creación. Si he sido capaz de terminar el disco, ha sido gracias a mi marido, Lou Reed, que ha sido quien ha llevado el peso de la última etapa del proyecto”.

Y es que, como de todos es sabido, Laurie era la esposa del recientemente fallecido Lou Reed desde 2008 aunque eran pareja desde mucho tiempo atrás. Ambos se implicaron en la carrera del otro pero manteniendo sus respectivos estilos en sus trabajos a pesar de la marcada personalidad musical de cada uno de ellos.

En la grabación de “Homeland” intervienen: Laurie Anderson (voz, teclados, percusión, violín, efectos de radio), Peter Scherer (teclados), Rob Burger (teclados, orchestron, acordeón, marxophone), Eyvind Kang (viola), Lou Reed (percusión, guitarra), Shahzad Ismaily (percusión), Kieran Hebden (teclados), Omar Hakim (bateria), Skuli Sverrisson (bajo, guitarra), Ben Witman (percusión, batería), John Zorn (saxo), Lolabelle (piano), Joey Baron (batería) y Mario McNulty (percusión) además de distintos vocalistas o los integrantes del coro de Tuva, Chirgilchin.

Cartel de uno de los conciertos de la Gira


“Transitory Life” – Con sonidos étnicos y electrónicos nos recibe el primer tema del disco. Escuchamos la inconfundible voz de Laurie entonces con un texto lleno de frases como puñaladas: “es un gran momento para los banqueros” es la primera frase sólo para añadir algo después que “un ratón tarda un buen rato en darse cuenta de que ha caído en una trampa pero una vez que lo hace, ya nunca deja de temblar”. Certera como siempre en un texto perfectamente integrado en un ambiente lleno de rasgos orientales muy acertados y que conforman una gran canción para abrir el trabajo.

“My Right Eye” – Suena ahora la voz de la artista distorsionada por esos efectos electrónicos que la acompañan desde el ya lejano “Big Science” su primer disco de estudio. La canción reúne los patrones clásicos de la artista, pudiendo ser calificada de “spoken music” ya que Laurie recita más que canta un texto en el que juega con el adagio clásico “rocks and stones may broke my bones, but words will never hurt me” pero centrandose sólo en la primera parte: rocas y piedras y huesos rotos. La esperanza enterrada, por tanto.



“Thinking of You” – Uno de los pocos momentos en los que Laurie se permite algo de optimismo aunque siempre con un toque amargo, recogido en la estrofa final: “estaba pensando en ti, pensando en ti y pensando en ti una vez más cuando de repente dejé de pensar en ti para siempre. En lo musical escuchamos una melodía minimalista de violín y viola combinada con algunos rasgos étnicos y un acordeón de fondo en uno d elos temas más melódicos del disco.

“Strange Perfumes” – Una de nuestras canciones favoritas del disco, dirigida por la voz electrónica de Laurie transformada en un extraño coro robótico que destaca por encima de ritmos electrónicos que nuca acaban de despegar y sonidos antiguos que recuerdan al psalterio y que proceden del exótico marxófono.

“Only an Expert” – Llegamos a un estallido tecno de música bailable que encaja a la perfección con un texto brutal en el que Laurie explica en unos cuantos versos uno de los problemas principales de la América actual y, por extensión, del mundo. ¿Las claves de la crisis en una simple canción? Probablemente no llegue a tanto pero sí que pinta un retrato muy clarificador de la situación. No podemos resistirnos a transcribir la letra completa de toda la canción incluyendo algunos párrafos no incluidos en el disco pero que que si formaban parte del tema en su interpretación en directo:

“Hoy, sólo un experto puede hacer frente a un problema
porque identificar el problema es la mitad de la solución
y sólo un experto puede encargarse de ello.
Sólo un experto puede afrontar un problema

Así que, si no hay un experto encargándose del problema
tenemos realmente dos problemas
si sólo un experto puede encargase del problema,
sólo un experto puede encargarse del problema.

En América nos gustan las soluciones
nos gusta tener soluciones a los problemas
por eso hay compañías que ofrecen soluciones
compañías con nombres como “la solución para las mascotas”,
“la solución para el cabello”, “la solución para tus deudas”, “la solución mundial”, “la solución para el sushi”
Compañías con expertos preparados para resolver tus problemas
porque sólo un experto puede ver que hay un problema
y sólo un experto puede encargarse de ello.
Sólo un experto puede afrontar un problema

Digamos que te invitan al programa de Oprah
y no tienes ningún problema
pero quieres ir, así que necesitas algo que contar
y te inventas un problema.
Pero si no eres un experto
probablemente no inventes una historia verosimil
y probablemente te pillarán
y quedarás en evidencia
y tendrás que avergonzarte y pedir disculpas
y suplicar el perdón público
porque sólo un experto puede ver que hay un problema
y sólo un experto puede encargarse de ello.
Sólo un experto puede afrontar un problema.

En esos programas, aquellos que intentan solucionar tus problemas
se centran en la cuestión de cómo tomar el control de la situación
¿cómo me hago con el control?
Pero no hay que olvidar que esa es una cuestión para el espectador medio
el espectador que se deja ir
el espectador que ve programas sobre gente con problemas
el espectador que pertenece al 60% de la población americana
un espectador que vive al día, que paga sus deudas para evitar quedarse en la calle.
En otras palabras: un tipo con problemas.
Entonces, el experto dice: vayamos a la raíz del problema.
Tomemos las riendas del problema
Porque si tomas el control del problema, puedes solucionar el problema.
Lo malo es que no suele funcionar porque la situación está completamente fuera de control
porque sólo un experto puede ver que hay un problema
y sólo un experto puede encargarse de ello.
Sólo un experto puede afrontar un problema.

Pero ¿quiénes son estos expertos?
Normalmente son ellos los que se califican como tales pero también son cargos electos
o gente entrenada en técnicas de venta, también autodidactas
que se centran en aquello que puede ser visto como un problema.
Sucede que, a veces, esas cosas no son problemas en absoluto
pero el experto es alguien que estudia esos problemas
y trata de resolverlos.
El experto es alguien asegurado contra las malas prácticas
Porque a menudo la solución se convierte en el problema
porque sólo un experto puede ver que hay un problema
y sólo un experto puede encargarse de ello.
Sólo un experto puede afrontar un problema.

A veces un experto te presta dinero.
A veces, incluso, mucho dinero.
Y, a veces, cuando las hipotecas subprime se vienen abajo
y hay bancos que quiebran y negocios que cierran
y la crisis se extiende por el mundo,
algunos expertos dicen:
sólo porque los mercados quiebren
no significa necesariamente que sea algo malo.
Y otros expertos dicen: solo porque hayan echado a tus amigos del trabajo
y tu familia esté en bancarrota y no lo vimos venir
no significa que no tengamos razón ahora.
Y sólo porque te hayas quedado sin trabajo y sin casa
y porque hayas perdido todos tus ahorros, no quiere decir que no debas pagar el rescate
de los intermediarios, los bancos y los especuladores.
Porque sólo un experto puede diseñar un rescate
y sólo un experto podía esperar un rescate
porque sólo un experto puede ver que hay un problema
y sólo un experto puede encargarse de ello.
Sólo un experto puede afrontar un problema.

A veces un experto busca armas
y, a veces, mira en todas partes en busca de esas armas
y, a veces, cuando no las ha encontrado
otro experto dice: el hecho de que no las encontremos
no quiere decir que esas armas no existan.
Así, otros expertos encuentras cosas como productos de limpieza,
o piezas de nevera, o pequeños imanes y dicen:
para ti, esto pueden ser objetos comunes
pero, en nuestra opinión, pueden ser armas
o pueden usarse para construir armas
o para transportar armas
o para almacenar armas.
Sólo un experto puede ver que pueden convertirse en armas
y sólo un experto puede ver que pueden ser un problema
porque sólo un experto puede ver que hay un problema
y sólo un experto puede encargarse de ello.
Sólo un experto puede afrontar un problema.

A veces hace mucho mucho mucho calor
y parece julio aunque estemos en enero
y no nieva, y hay olas que inundan las ciudades
y huracanes en sitios en los que no los había
y todos pensamos que hay un problema.
Pero algunos expertos dicen que no lo hay
y otros aseguran que no lo hay
o explican por qué eso no es un problema.
Entonces, simplemente, no existe el problema.
Pero cuando un experto dice que eso sí es un problema
y hace una peli y gana un Oscar con el problema
es cuando el resto de expertos están de acuerdo en que, quizá, haya un problema
porque sólo un experto puede ver que hay un problema
y sólo un experto puede encargarse de ello.
Sólo un experto puede afrontar un problema.

Incluso un país puede invadir otro país
y aplastarlo y arruinarlo y crear el caos y arrastrar a ese país a una guerra civil.
Si los expertos dicen que eso no es un problema
y todos estamos de acuerdo en que los expertos son buenos a la hora de reconocer los problemas,
entonces, invadir ese país no supone un problema.
Y si ese país tortura a su gente
y encierra a ciudadanos sin motivo, sin juicio o los enfrenta a tribunales militares
tampoco es un problema
a menos que un experto diga que puede ser el comienzo de un problema
porque sólo un experto puede ver que hay un problema
y sólo un experto puede encargarse de ello.
Sólo un experto puede afrontar un problema”.




“Falling” – Llegamos a la única canción del disco con un texto ajeno a Laurie y que es obra del escritor, ensayista y crítico del New Yorker, George W.S. Trow. Se trata de un poema breve que la artista recita con la habitual distorsión en la voz un tenue acompañamiento electrónico que nos recuerda algunas cosas de Brian Eno con quien la propia Laurie trabajó en un disco anterior.

“Another Day in America” – Llega el turno en el disco para la intervención de Fenway Bergamot, alter ego de Laurie (bautizado por el propio Lou Reed) que adopta la forma de una voz masculina merced a la distorsión electrónica de su propia voz. La artista la llama la “voz de la autoridad” y utiliza esa caracterización como portada del propio disco. La canción es una larga pieza de “spoken music” en la que Laurie se plantea un sonoro “¿ahora qué?” resumido en la primera estrofa: “finalmente aquí estamos, en el comienzo de una nueva era / el comienzo de un mundo nuevo... y ¿ahora qué? ¿por dónde empezamos? / ¿cómo volvemos al principio?”. Una pieza devastadora y que nos deja con una gran sensación de vacío. Como anécdota, en la parte final escuchamos la característica voz de Anthony, cantante y líder de Anthony and the Johnsons.

“Bodies in Motion” – Otro de los grandes temas del disco que adopta la forma de una lenta canción electrónica y que cuenta con la inestimable y muy particular aportación de John Zorn al saxo en lo que parece la devolución de la colaboración de Laurie en el disco “Femina” de éste un año antes.

 “Dark Time in the Revolution” – Nos plantea ahora Laurie un ¿futuro? distópico controlado por los mercados y las máquinas. Es otra pieza recitada más que cantada con la voz robótica de la artista en la que se plantea una interesante cuestión tomando una obra de Tom Paine, considerado uno de los padres fundadores de los Estados Unidos. En su libro “Sentido Común” se preguntaba: “¿tiene sentido que una isla gobierne un continente?” refiriéndose al dominio británico de Norteamérica y planteando la necesidad de la independencia. Laurie Anderson va mas lejos y se pregunta: “¿tiene sentido que un país gobierne el mundo?”. La conclusión es que la respuesta no tiene importancia. Tampoco lo que piense el oyente. Tampoco lo que haya votado.

“The Lake” – Una de las piezas más enigmáticas del disco y cuyo significado nos es desconocido. Una historia de fantasmas en la que el espíritu de su padre guía al personaje principal en su camino. En lo musical asistimos a un tratamiento muy interesante y cercano a los planteamientos ambientales de un Brian Eno mezclados con un estribillo más convencional y una melodía que nos recuerda alguna otra y que probablemente se trate de algún tipo de himno o canción popular americana.

“The Beginning of Memory” – Laurie nos cuenta ahora una historia mitológica acerca del mundo cuando no existía aún el mundo. No había tierra, ni mar. Sólo aire y pájaros. Muchos pájaros que no tenían dónde posarse. Un día el padre de uno de ellos, una alondra, murió y ésta se encontró con el problema del entierro. ¿dónde enterrar un cadáver cuando no hay tierra en la que hacerlo?. Decidió “enterrarlo” en la parte posterior de su propia cabeza dando lugar así al nacimiento de la memoria. Hasta ese momento, sólo se volaba en círculos.

“Flow” – Cerrando el disco, encontramos el único tema instrumental a cargo de la propia Laurie al violín. Una breve y escueta composición que pone fin con delicadeza a un disco muy interesante con un puñado de letras directas a la conciencia del oyente.

Hemos tardado mucho en hablar aquí de Laurie Anderson siendo, como es, una de nuestras artistas predilectas. Esa tardanza tiene una ventaja incuestionable como es el hecho de que, habiendo publicado ya más de 400 entradas, aún nos quedan discografías imprescindibles por presentar lo que asegura que tengamos todavía mucho material por delante para seguir presentando nombres nuevos con cierta regularidad. Aunque la obra grabada de Laurie no es muy amplia habida cuenta de los años que lleva en esto, cada uno de sus discos da para reflexiones y comentarios amplios. La gran actualidad de este “Homeland”, tres años después de su publicación, nos ha hecho inclinarnos por su último trabajo para presentar aquí a la artista pero habrá hueco para el resto de su obra en un futuro. Mientras tanto, si queréis haceros con el disco, está disponible en los enlaces acostumbrados:

amazon.es

fnac.es


Nos despedimos con un fragmento del DVD que acompaña al CD en el que Laurie y otros músicos explican el proceso de creación del trabajo:


 

sábado, 24 de marzo de 2012

Miles Davis - Tutu (1986)



La categoría musical de Miles Davis va paralela a su inquietud por todo tipo de estilos. Siendo como fue un coloso en el mundo del jazz por el que transitaba en la categoría de mito viviente, su curiosidad le llevó a explorar todo tipo de caminos y músicas convirtiendose, además, en una figura combativa en el terreno social, cosa que se reflejó en varios discos ya en los años ochenta. Su último disco para Columbia, “You’re Under Arrest” incluyó versiones de canciones pop de artistas como Cincy Lauper (“Time After Time”) o Michael Jackson (“Human Nature”) lo que no fue del todo bien visto aunque Miles demostró no tener ningún tipo de complejos. Solía afirmar que gran parte de los clásicos del jazz de todos los tiempos partieron de canciones populares en mayor o menor medida y que esre repertorio era perfectamente susceptible de ser renovado con nuevos estandars de cada época. Al margen de eso, el disco era un alegato político contra el racismo y la discriminación aún existente en los Estados Unidos.

Pero los tiempos cambian muy rápidamente y Columbia tenía un nuevo trompetista fetiche en la figura de Wynton Marsalis así que Davis no era ya el número uno para su discográfica. Mucho se escribió sobre la rivalidad de ambos en aquel entonces. La conocida costumbre de Marsalis de opinar acerca de lo que es o no es jazz, repartiendo una especie de certificado de autenticidad según su criterio tocó a alguno de los discos de Davis, quien se lo tomaba con deportividad aunque después de su salida de Columbia llegó a decir: “no tengo ningún problema con Wynton, sencillamente no creo que toque todo lo bien que la gente cree que toca”. Ese enfrentamiento entre los dos trompetistas tuvo su escenificación más clara en un concierto de homenaje a Davis en el que apareció por sorpresa Marsalis para hacer una intervención especial. Cuenta la leyenda que ambos se abrazaron en el escenario, momento en el cual Marsalis le susurró al oído a Davis algo así como “estoy aquí porque me lo han impuesto”. Miles no dudó en liberar a Wynton de su obligación y lo echó de la escena.

“You’re Under Arrest” fue el último disco de Miles Davis para Columbia antes de firmar por Warner Bros. El abogado de Davis se puso en contacto con Tommy LiPuma, antigua cabeza pensante del sello Verve e importante directivo de Warner y le preguntó “¿estarías interesado en Miles?” LiPuma, procupado por las historias que había oído sobre el trompetista en cuanto a sus comportamientos personales contestó: “Sí y no”. Tras una entrevista personal, Tommy despejó todas sus dudas y en breve Miles y él se convirtieron en grandes amigos. Nadie puso, pues, ningún problema y Davis firmó por Warner.

Se daba la circunstancia de que la superestrella de la compañía en aquel momento (con permiso de Madonna) y Miles Davis se tenían una gran admiración mutua por lo que surgió la idea de que ambos colaborasen mano a mano en el primer disco de Davis para su nuevo sello. Hablamos, claro está, de Prince, quien llegó a escribir un tema completo titulado "Can I Play With U?" aunque finalmente quedó descartado (a pesar de lo cual, Prince lo usó para su proyecto Madhouse) y la colaboración entre los dos genios no llegó a cristalizar. Parece ser que Prince no consideraba el tema suficientemente bueno para alguien de la talla de Miles Davis, aunque el trompetista no pensaba lo mismo. A pesar de todo, la relación entre ambos músicos era excelente. Davis tocó varias veces con Prince mientras éste grababa su clásico “Sign ‘O’ the Times” del que hablamos tiempo atrás por aquí y en los agradecimientos del disco aparece un tal Miles D. Para los interesados, existen grabaciones pirata de algún concierto de Prince con Davis como músico invitado pero nos estamos alejando del tema de hoy.

Frustrado el proyecto con Prince, Davis, a sugerencia de LiPuma, recurrió a un viejo conocido: el excepcional bajista Marcus Miller. Con una larga carrera como músico de estudio para los artistas más diversos, en especial para Luther Vandross y David Sanborn, Miller es con toda probabilidad uno de los 3 o 4 mejores bajistas de la actualidad pero lo que no es tan conocido es que también se desenvuelve a la perfección con el clarinete, el piano o la guitarra y que es un destacado compositor y productor con varios premios Grammy en todas estas facetas. Los lectores del blog, probablemente habrán escuchado el bajo de Marcus en el disco “Zoolook” de Jean Michel Jarre que también tuvo su espacio por aquí anteriormente. Marcus Miller fue el encargado de componer la mayoría de los temas del nuevo disco de Davis además de tocar todos los instrumentos del disco con la excepción de la trompeta (faltaría más) y alguna aportación puntual de otros músicos en determinados temas. Para ponernos en situación acerca de la responsabilidad del trabajo, habría que señalar que Miles Davis ya había cumplido los 60 años mientras que Miller apenas tenía 27. Escribe el bajista en las notas de la edición “deluxe” del disco “Tratandose de Miles Davis, hacer un disco con más de lo mismo sería algo horrible: una verdadera tragedia”. Marcus presentó una serie de demos basadas en sintetizadores, samples y baterías electónicas en las que él tocaba todos los instrumentos. Cuando llegó a las sesiones de grabación preguntó que dónde estaba la banda que iba a tocar el disco. LiPuma le contestó: “no vamos a usar ninguna banda. Vamos a tocar exactamente lo que has grabado en tus cintas”. “Pero todo lo he tocado yo”, replicó Miller. “Hagamos entonces que te traigan todos los instrumentos que necesites” fue la frase final de Tommy LiPuma.

“Tutu” – Dedicado, como el disco, a Desmond Tutu, el tema que abre el disco lo hace con una declaración de intenciones nada ambigua, un golpe de sample orquestal, percusiones programadas y sonidos sintéticos por doquier (¿Fairlight?). Sobre esa base, Miles Davis y su trompeta dialogan con el bajo de Miller en un tema muy rítmico que sienta las bases de lo que será el resto del disco.

“Tomaas” – Único tema del disco en cuya composición interviene Miles Davis. Omar Hakim toca la popular “Lynn Drum”, utilizada hasta la saciedad en aquellos años y cuyo sonido, hoy en día, nos parece realmente kitch. Por lo demás, es un tema de aire levemente funk muy del gusto de la época en la que fue compuesto.

“Portia” – Para mucha gente es el último gran tema interpretado por Davis en su carrera y, ciertamente, es de los pocos de estos años que pasó al repertorio del músico y permaneció ahí hasta su fallecimiento. Podemos comprobar en esta composición como en ninguna otra en el disco, la categoría como músico de Miller, quien no sólo da un pequeño clinic de cómo tocar el bajo sino que además, se defiende con gran competencia en el clarinete y el saxo, protagonista éste último en muchos pasajes de la pieza mano a mano con la trompeta de Davis.



“Splatch” – Los apuntes funkys que habíamos escuchado en alguno de los temas anteriores se despojan ya de toda careta y aparecen en todo su esplendor. Junto a este estallido de ritmo, tenemos ráfagas rockeras de guitarra eléctrica sampleada de un modo similar al que utilizaban estrellas del rap y el hip-hop en la época.

“Backyard Ritual” – Compuesto por el teclista George Duke, fue uno de los primeros temas que se tomaron en consideración para incluirlo en el disco cuando éste era aún un proyecto sin moldear. El propio Duke toca casi todos los intrumentos en una composición en la que los ritmos programados, quizá demasiado protagonistas, desdibujan la aportación de Davis, salvo en el sólo final, cuando el resto de instrumentos desaparecen casi por completo.

“Perfect Way” – A pesar de que él mismo había intervenido en la grabación original del tema unos meses atrás, la inclusión de esta versión del grupo Scritti Politti no terminaba de convencer a Marcus Miller, y menos aún cuando Davis decidió que fuera el tema de presentación del disco. Sin embargo, el tema, aun cuando no encaja demasiado con la estética del resto del disco, funciona realmente bien.

“Don’t Lose Your Mind” – El penúltimo tema del disco se adentra en las procelosas aguas de reggae para que comprobemos cómo la trompeta de Davis puede desenvolverse con total naturalidad (también) en ese territorio, tan ajeno a primera vista del habitual en la trayectoria del músico. Como ocurre en la pieza anterior, Miller se atreve con el clarinete en una pieza que cuenta con Michal Urbaniak y su violín eléctrico como invitado de excepción.

“Full Nelson” – Si el disco empieza con el homenaje al Arzobispo Sudafricano Desmond Tutu, el cierre está dedicado a Nelson Mandela, con un guiño en el título a un viejo tema del propio Davis titulado “Half Nelson”. El tema es puro funk y aunque lo oyésemos doscientas veces, no nos podríamos quitar la sensación de que en cualquier momento aparecerá Prince para resarcirnos de su ausencia en el proyecto cantando, al menos, en el último corte del disco. Según parece, Miller compuso el tema con la idea de que apareciera justo antes de "Can I Play With You?" por lo que la relación con Prince no es casual en absoluto, más aún si tenemos en cuenta que Nelson no sólo es el nombre de Mandela sino parte del nombre del artista de Minneapolis, cuyo nombre completo es Prince Rogers Nelson.



“Tutú” es un disco que no deja de ser un reflejo de su época y eso tiene una doble faceta. Por un lado, es importante que una leyenda como Miles Davis, que podría haberse pasado las últimas dos décadas de su vida viviendo de las rentas de sus discos más legendarios, no renuncie a su búsqueda de nuevos estilos y se atreva con músicas muy diferentes a todo lo que había hecho antes. Por otra parte, el disco es extremadamente “ochentero” lo cual, visto en su momento, no es malo en absoluto pero más de 25 años después no parece haber envejecido del todo bien, al menos en alguno de sus cortes. Hace pocos meses, Marcus Miller regrabó todo el disco pero aún no le hemos dado una escucha al trabajo. Será interesante comprobar cómo le sienta la actualización a esta obra que hoy es considerada por buena parte de la crítica como el último gran disco de Miles Davis.

Junto con Davis y Miller, intervienen en el disco Paulinho da Costa (percusión), Adam Holzman (sintetizadores), Steve Reid (percusión), George Duke (teclados), Omar Hakim (batería y percusiones), Bernard Wright (sintetizadores) y Michal Urbaniak (violín eléctrico).


Imagen de la reciente edición "deluxe" de Tutu con un segundo disco en directo

Las reacciones tras el lanzamiento del disco oscilaron entre el elogio y la más feroz de las críticas. Incluso las más positivas opiniones no tenían claro si el disco era o no un buen disco. Una de las críticas decía: “Tutú no romperá las listas de éxitos, probablemente, pero continúa en la tradición de Davis de superar y deconstruir categorías y estilos para llegar a… a donde sea que quiera llegar”. Poco tiempo después de la reacción inicial, muchos de los más críticos cambiaron su opinión y algunos definieron el disco como un “slow burner”, un disco que gana con las escuchas y que no entra fácilmente en una primera audición. Un año después de su lanzamiento, muchos hablaban de “Tutu” como el esperadísimo resurgimiento de Miles Davis. Cuenta Marcus Miller que poco después de la publicación del disco fue a casa de Miles a hacerle una visita para ver cómo estaba encajando las reacciones. Cuando le vio frente a él, Davis le dijo: “gracias hijo, me has traído de vuelta”.

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Para los curiosos, os dejamos una versión en directo de Prince y Miles Davis tocando el inédito "Can I Play With U?" El sonido no es el idoneo pero sirve para hacerse una idea de lo que pudo haber sido: