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domingo, 4 de octubre de 2015

Philip Glass - Symphony No.10 (2015)



Dentro del extenso volumen que ocupa desde hace un tiempo la obra musical de Philip Glass seguimos encontrando encargos de perfil bajo como piezas para cine (no bandas sonoras completas sino pequeñas obras), sintonías corporativas etc. Dentro de ese tipo de trabajos, de un carácter más o menos “alimenticio” por cuanto no nacen de la necesidad del músico de crear una obra concreta sino como respuesa a un encargo, en 2008 se estrenó en Zaragoza una composición titulada “Los Paisajes del Río” como parte de la ceremonia de clausura de la Expo que se celebró en la capital aragonesa con el agua como tema central.

No es extraño en Glass que determinadas obras, digamos, menores, terminen recicladas en otras de mayores pretensiones aunque tampoco es una conducta habitual. Como tantas otras, “Los Paisajes del Río” parecía una composición destinada al olvido, máxime cuando su creación obedecía a un objetivo tan concreto como la citada clausura pero había algo en ella que hacía rebelarse a su autor: era una pieza demasiado interesante como para que nunca más se supiera de ella. Además, aunque eso es algo que aún puede cambiar, “Los Paisajes del Río” es la última composición que Glass ha escrito para la Philip Glass Ensemble lo que le da un cierto valor añadido desde el punto de vista histórico.

De este modo, en 2011 el músico puso manos a la obra y comenzó a escribir una adaptación orquestal de aquella composición cuyo primer resultado fue la composición titulada “Black and White Scherzo”, estrenada en la vigésima edición del Festival de Música Contemporánea de Cabrillo (California). Es entonces cuando entra en escena Dennis Russell Davies, quien acababa de hacerse cargo de la dirección de la Joven Orquesta de Francia. Davies había estado de una u otra forma detrás de la creación de ocho de las nueve sinfonías de Glass y todo parecía dispuesto para que también participase en la décima. Como se indica en los comentarios del disco, Davies tenía la orqueste y Glass la obra. Era inevitable que de ahí saliera la décima sinfonía del compositor norteamericano que vería la luz en el verano del 2012.

Completa el disco otra obra orquestal encargada por las Orquestas Sinfónicas de Baltimore y Toronto conjuntamente para conmemorar el segundo centenario de la Guerra de 1812 entre Estados Unidos y Gran Bretaña por las colonias canadienses que controlaban estos últimos. Dada la coincidencia de fechas con la invasión napoleónica de Rusia a la que Tchaikovski dedicó su popular “Overtura 1812”, Glass se planteó la obra como un homenaje al compositor ruso.

La grabación recoge las interpretaciones de la Bruckner Orchester Linz dirigida, cómo no, por Dennis Russell Davies.

Dennis Russell Davies y Philip Glass.


SYMPHONY No.10

“Movement I” - Comienza la sinfonía con una importante presencia de las percusiones (no en vano hay hasta seis ejecutantes en la grabación). La melodía central es muy representativa del Glass moderno, cercana, por ejemplo, a la de el “Concerto Fantasy for 2 Tympanists and Orchestra”. También existen similitudes rítmicas con la primera y la cuarta sinfonías, ambas basadas en discos de David Bowie y Brian Eno como ya comentamos aquí.

“Movement II” - El que, por duración, podría considerarse el movimiento central de la sinfonía, comienza con una cadenciosa melodía a cargo de los violines que remite directamente a los tiempos de “Koyaanisqatsi”. Comienza a aparecer una melodía extremadamente sencilla de apenas tres notas que se repite una y otra vez sin apenas variaciones mientras que en segundo plano empieza a tomar forma una sólida construcción de cuerdas y metales heredera directa del clásico “Façades” del disco “Glassworks”. Estamos, por tanto, ante una regresión que nos sitúa frente al Glass de los primeros años ochenta vestido con un nuevo traje orquestal que le sienta muy bien.

“Movement III” - Los metales sustituyen a los violines del movimiento anterior a la hora de marcar un pulso continuo y replican el esquema y las melodías de aquel. Asistimos, en realidad, a una repetición de los motivos de la segunda parte de la obra con los instrumentos asumiendo nuevos roles que multiplican la intensidad y la fuerza de la música. Es este un movimiento soberbio lleno de energía que no puede dejar impasible a nadie.

“Movement IV” - Aunque comienza de un modo más reposado, con los xilófonos y metalófonos dibujando breves melodías, la orquesta en pleno no tarda en aparecer para enfrentarse a una serie de melodías que están demasiado cercanas para nuestro gusto a otras pertenecientes a la parte más popular del repertorio de su autor (“The Hours”, “The Truman Show”...).

“Movement V” - El movimiento final comienza con un contundente y largo redoble de tambores sobre el que se despliegan los habituales arpegios de su autor a cargo de los violines mienstras se prepara para hacer su entrada una variación del poderoso tema de los movimientos segundo y tercero. De ahí hasta el final, Glass despliega multitud de recursos para resaltar las bondades de una partitura que, por una vez, se nos antoja algo escasa de inspiración, quizá por lo que tiene de mirada al pasado.

CONCERT OVERTURE

Continuando con la linea que nos mostraba la décima sinfonía, la obertura otorga un papel principal a las percusiones y muestra una cierta mirada al pasado. La aparición de instrumentos como la celesta, las flautas o, en menor medida, el arpa, en cambio, aporta una frescura a la pieza que le viene muy bien para obtener un sonido algo distinto, renovado con respecto al de la obra anterior. El homenaje a Tchaikovski, muy bien podría estar representado por la citada celesta, elemento imprescindible en ballets como “El Cascanueces” del compositor ruso.


Después de escuchar la exuberante novena sinfonía, la sensación que nos deja la siguiente de la serie es de una cierta decepción a pesar de la brillantez de los movimientos segundo y tercero. Hay una gran austeridad temática que hace pesados algunos momentos de la obra pero, si intentamos abstraernos del influjo de la novena, no podemos considerar a su sucesora como una obra fallida ni mucho menos. Intuimos que las inquietudes del músico norteamericano en este momento están más próximas a la música de cámara lo que significaría que la música sinfónica e incluso las óperas van a quedar relegadas a un segundo plano en los próximos tiempos. Teniendo en cuenta la productividad del compositor, no tardaremos mucho en tener una confirmación o un desmentido de esta opinión.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Philip Glass - Spuren Der Verirrten: The Lost (2014)



Es muy complicado seguir la pista a un compositor tan prolífico como Philip Glass y, a pesar de que es el músico que más aparece por el blog, necesitaría dedicación exclusiva a su obra para estar al día de su inmensa producción que se refleja en una discografía ingente. Mientras tratábamos de elaborar un enfoque para esta entrada, dedicada a una de sus últimas publicaciones en su sello Orange Mountain, acaba de aparecer otro disco doble y se anuncia el inminente lanzamiento de otro más. En la medida de lo posible, intentaremos dar cobertura a la mayor parte de las publicaciones de quien, para muchos aficionados, es el compositor más importante de las últimas décadas.



En esta ocasión volvemos a la ópera con una de las últimas estrenadas por el autor: “Spuren der Verirrten: The Lost” basada en la obra del austriaco Peter Handke. Y Austria tiene mucha importancia en todo el lanzamiento. Para empezar, la ópera surge como un encargo para la inauguración del nuevo Teatro de la Ópera de Linz. El director de la orquesta titular, la Bruckner Orchester Linz es Dennis Russell Davies; una de las personas más estrechamente ligadas a Glass en los últimos años, quien ha estrenado una gran cantidad de obras del músico. Anton Bruckner, el compositor cuya memoria honra la formación también está presente en una ópera en la que su autor arrincona cada vez más sus raíces minimalistas abriéndose a una música mucho más expresiva sin renunciar a su estilo. Por último, y quizá como guiño hacia el público austriaco, Glass incorpora a la orquesta algunos elementos autóctonos como un característico cuerno alpino y algún que otro instrumento de cuerda de la familia de las cítaras.



El estreno tuvo lugar a mediados de 2013 lo que resaltaba un hecho curioso y es que la obra teatral de Handke en la que se basa la ópera fue escrita en 2006 y apenas se representó dos veces en ese tiempo. Una vida muy corta en los escenarios que no inhibió en ningún momento el deseo de Glass de adaptarla por medio del libretto que Rainer Mennicken escribió a tal efecto.

La ópera consta de tres actos y se presenta aquí en formado de doble CD conteniendo el primero de los discos el acto primero y el segundo los dos restantes. Tenemos que confesar que las óperas, en especial las más recientes, no son nuestra parte favorita dentro de la producción de Philip Glass y que tendríamos dificultades para identificar si un pasaje determinado de una de ellas pertenece a “Appomatox”, “Orphee”, “Galileo Galilei” o “Waiting for the Barbarians”. Sin embargo, esto no es óbice para que disfrutemos de su trilogía clásica o de algunas obras más cercanas en el tiempo como “Les Enfants Terribles”. Quizá sea un problema nuestro y no llegamos a “entrar” en estas nuevas óperas como lo hacíamos en las anteriores pero lo cierto es que no llegamos a apreciar este apartado de la obra del compositor norteamericano como lo hacemos con sus sinfonías o su música de cámara. Es posible que la falta del elemento escénico al que va ligada la música, algo inevitable cuando hablamos de discos para escuchar en el salón de casa, tenga algo que ver pero no lo echamos en falta cuando escuchamos “Satyagraha” por poner un ejemplo.

Con todo, “Spuren Der Verirrten” nos parece un trabajo notable. No entraremos en profundidades más aptas para melómanos más formados como la influencia de Bruckner en algunos momentos aunque hacemos notar que así lo han señalado algunos críticos. Como novedad frente a otras óperas recientes del músico, encontramos un mayor número de pasajes casi recitados junto a otros en los que la pura acción se escapa de los parámetros musicales. Todos los aditamentos habituales de la música de Glass siguen presentes y seguimos encontrando momentos de gran inspiración musical como la cuarta escena del primer acto, sublime tanto en lo que toca a la orquesta como a la voz principal, sola o en diálogo con el coro. El mayor “pero” que le encontramos es la ya citada homogeneidad frente a otras óperas del autor aunque el estándar de calidad que siempre acompaña a Glass sigue estando alto.

Uno de los momentos de la representación de la obra.

No seremos nosotros quienes desanimemos a un lector a la hora de hacerse o no con una obra de Philip Glass y, como siempre, dejamos algunos enlaces en los que adquirir esta obra, siempre haciendo notar que quizá sea más apta para iniciados (casi diría para conocedores expertos) en la obra del músico que para neófitos aunque nunca se sabe...

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barnesandnoble.com

Nos despedimos con el clip de presentación de la ópera en Euronews:

 

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Philip Glass - Symphony No.4 "Heroes" (2014)



Continuando con la tarea de revisión de lo más destacado del catálogo de Philip Glass que se está realizando desde el sello Orange Mountain, era previsible que tras la nueva grabación de la “Sinfonía No.1 (Low)” no tardase mucho la de su hermana, la “Sinfonía No.4 (Heroes).

Glass es un músico muy dado a organizar parte de su obra en “trilogías”, unas veces como resultado final (la trilogía operística de “retratos” que incluye “Einstein on the Beach”, “Akhnaten” y “Satyagraha”), otras como punto de inspiración (como las obras de Cocteau “La Belle et la Bete”, “Orphee” y “Les Enfants Terribles”) y otras como colaboración creativa con otros artistas (la trilogía “-qatsi” junto a Godfrey Reggio. Cuando comenzó a plantearse su inmersión en la música sinfónica escogió como inspiración otra célebre trilogía: la berlinesa de David Bowie conformada por sus discos “Low”, “Heroes” y “Lodger” de la cual salieron, a día de hoy, la sinfonía nº1 y la nº4 (ignoramos si habrá algún día una “Lodger Symphony” como estaba planeado).

Como ocurría con la “Low Symphony” que comentamos aquí recientemente, Glass adaptó una serie de temas del disco “Heroes” para que sirviesen de base de su sinfonía más ambiciosa hasta aquel momento y, al igual que en aquella ocasión, tomó como base la reedición del sello Rykodisc que incluía algún tema que no formaba parte del disco original aunque pertenecía a las mismas sesiones. Por ello uno de los cortes no se corresponde en apariencia con ninguno de “Heroes” como apareció en 1977. Existían dos grabaciones anteriores de la obra: una a cargo de Dennis Russell Davies con la American Composers Orchestra publicada en Point Music y otra posterior con Marin Alsop al frente de la Bournemouth Symphony Orchestra para el sello Naxos. La razón de que se decidiera regrabar la obra por parte del propio Davis con la orquesta de la que es director residente (la Sinfonieorchester Basel) es la misma que propició la reciente edición de la “Sinfonía No.1”. Las primeras grabaciones se hicieron en estudio y estas nuevas proceden de registros en directo de la nueva interpretación, sin retoques de ningún tipo.

Dennis Russell Davies y Philip Glass


“Movement I – Heroes” – La canción escogida como fuente de inspiración para el primer movimiento de la sinfonía es la que daba título al disco de Bowie y una de las más populares de toda la discografía del artista. El gran mérito de Glass a la hora de enfrentarse a ella es que prescinde de toda referencia tópica a las partes más reconocibles del tema. De hecho, cuesta mucho reconocer la pieza original en el movimiento de la sinfonía. En él, las cuerdas son las integrantes de la estructura principal quedando las flautas reservadas para la melodía central. El movimiento tiene un gran dinamismo y Glass maneja las distintas partes de la orquesta con acierto.

“Movement II – Abdulmajid” – Este es un tema electrónico que no aparecía en “Heroes” pero sí en la reedición antes mencionada de 1991. Se trata de una pieza tremendamente vanguardista para la época, incluso dentro del contexto de un disco tan avanzado como fue “Heroes”. Quizá por ser tan raro, Glass respeta mucho más la melodía central del mismo así como su estructura aunque su sello personal está muy presente. Desde el comienzo, escuchamos una música muy oscura, deslizándose a ras de suelo, que va elevándose poco a poco apoyada en las percusiones y los violines de intensidad creciente. Un cambio rítmico muy notable comandado por los metales nos introduce en una brillantísima segunda parte en la que disfrutamos de los momentos de mayor inspiración, probablemente, de toda la sinfonía.

“Movement III – Sense of Doubt” – Una de las grandes piezas instrumentales del disco de Bowie tiene una magnífica contrapartida en la versión de Glass. Lo que en “Heroes” era una pieza oscura basada en una profunda serie de notas sintéticas, adquiere tonalidades aún más tétricas desde el primer momento del tema. Los vientos ejecutan la ominosa fanfarria inicial varias veces mientras, tímidamente, asoman percusiones y cuerdas aportando un leve destello antes de entrar en una sección fascinante comandada por las flautas con una melodía de la cosecha particular de Glass que nos maravilla de principio a fin.

“Movement IV - Sons of the Silent Age” – En esta ocasión el compositor norteamericano toma apenas un motivo inicial del original para desarrollar a partir de él una melodía de corte romántico a cargo de las maderas que va evolucionando de un modo preciosista arropada por las cuerdas, éstas sí, claramente dentro del estilo repetitivo del autor. Tras este segmento inicial asistimos a la clásica combinación de las diversas capas orquestales al modo de obras como “Akhnaten” o “Koyaanisqatsi” que han convertido la música de Glass en un especie de marca comercial absolutamente reconocible. Tras un interludio anunciado por los metales, entramos en la segunda parte del tema que viene a ser una suerte de repetición de la primera cambiando los instrumentos escogidos para ejecutar las partes principales.

“Movement V – Neuköln” – Otro de los instrumentales del disco original disfruta de su oportunidad dentro de la sinfonía. Glass toma de nuevo un tema casi literal como base de la pieza pero prescinde por completo de los incendiarios fraseados de saxo que caracterizaban el tema de Bowie. Domada así en cierto modo la pieza, se convierte en un interludio amable sobre el que sigue planeando un cierto tono amenazante y ominoso.

“Movement VI – V2 Schneider” – Quizá la pieza más compleja de la serie es la que cierra el disco porque refleja influencias múltiples: la de Kraftwerk en Bowie y Eno quienes dedicaron el tema al miembro de la banda alemana Florian Schneider y la de Bowie / Eno en el propio Glass. Si este era el tema más cercano al “krautrock” de “Heroes”, se convierte también en el movimiento más trepidante de la sinfonía a través de unos violines electrizantes que arrastran tras de sí al grueso de las cuerdas y a una percusión casi metronómica, digna de los propios y homenajeados miembros de Kraftwerk. Tras varios minutos de músicas con el sello de Glass profundamente incrustado en ellas, llega el homenaje al tema central de Bowie con la orquesta en todo su esplendor en un rendido tributo del compositor norteamericano a la figura del autor de “Scary Monsters”.

No parece muy probable que Philip Glass complete algún día la serie de sinfonías basadas en la llamada trilogía berlinesa de David Bowie con una obra basada en “Lodger” cuando ha completado ya seis más desde ésta “Sinfonía No.4” sin referencia alguna a ese disco. Lo que si ha cambiado mucho es el panorama que se presenta ante sus seguidores a la hora de poder seguir su música sin perderse ninguna obra importante y es que Orange Mountain sigue publicando novedades cada poco tiempo que son combinadas con grabaciones como ésta en las que se pretende ofrecer versiones “definitivas” de obras anteriormente disponibles en el mercado. Desde el blog seguiremos prestándoles el espacio que merecen aunque, dado el ritmo de publicación del sello, muchas de ellas van quedándose fuera. Aquellos interesados en adquirir esta 4ª sinfonía de Glass, lo pueden hacer en los siguientes enlaces:

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Os dejamos con un interesante análisis del disco (en alemán) en el que se pueden disfrutar varios fragmentos de la obra:

miércoles, 16 de julio de 2014

Philip Glass - Symphony No.1 "Low" (2014)



“Baby, I’m been breaking glass in your room again”. Así comienza una de las canciones que integran el mítico disco de David Bowie titulado “Low” del que ya hablamos aquí tiempo atrás. Unos años más tarde, Philip Glass podría haber hecho suya la frase cambiando su apellido por el del autor del disco en un divertido juego de palabras ya que, efectivamente, el compositor norteamericano se permitió el lujo de “romper” metafóricamente a Bowie (a su música, lógicamente) transformando un icono del pop rock de los años setenta como era “Low” en una sinfonía, bautizada inicialmente como “Low Symphony” a secas y que hoy, tras haber sido engrosado el ciclo sinfónico de Glass con otras nueve obras, es más conocida como la primera sinfonía de su autor.

La sinfonía tiene tal mezcla de ideas en ella que se convierte en un símbolo perfecto de una forma de hacer música que bien podría abarcar las últimas décadas del siglo pasado. Para empezar, el disco original nace de la colaboración artística de dos personajes de gran categoría como son David Bowie y Brian Eno quienes en el momento de componer el disco estaban influidos por otro grupo icónico de la época como era Krafwerk pero también por el minimalismo americano del propio Glass y, especialmente, de Steve Reich. No es, por tanto, extraño, que el compositor se fijase en parte del material del disco cuando Dennis Russell Davies le encargó en 1992 la composición de una sinfonía para, como solía decir medio en broma, medio en serio, “evitar que se convirtiese en uno de esos compositores de ópera que nunca se deciden a escribir sinfonías”. Hay que añadir aquí que Glass tardó en empezar pero una vez que lo hizo, ha construido un ciclo sinfónico realmente robusto que se ha saltado, incluso, la histórica maldición de la novena sinfonía. Cuando el compositor habla de la idea de utilizar como inspiración el disco de Bowie y Eno (aunque sólo Bowie lo firma, Glass les menciona a ambos situándolos en un mismo nivel) lo hace como algo natural. Al igual que muchos otros músicos “clásicos” basaron algunas de sus obras más conocidas en material ajeno (procedente del folclore en la mayoría de las ocasiones), él creyó adecuado partir de una obra rock para escribir su sinfonía porque, ¿qué es el rock sino el folk, la música popular de nuestro tiempo? Explica el músico que en “Low” encontró un ejemplo del uso de técnicas compositivas clásicas y de vanguardia con las que él mismo trabajaba en muchos momentos, integradas en un tipo de música alejado, en principio, del academicismo más estricto con lo que se convertía en una obra en la frontera que separaba mundos muy diferentes, convirtiéndose así en el punto de partida perfecto para una sinfonía contemporánea.

Lo cierto es que “Low” constaba de once canciones de las que Glass utiliza sólo dos que serían la base del primer y tercer movimiento de la sinfonía mientras que el segundo estaría inspirado en una canción grabada en las mismas sesiones que el disco pero que no formó parte del mismo originalmente. Sí lo hizo de alguna reedición posterior que, con toda  probabilidad, fue la que tomó como base el compositor norteamericano para su obra aunque nunca se consideró una canción del disco y en las ediciones más recientes de “Low” no aparece.

Dennis Russel Davies grabó la “Low Symphony” con la Brooklyn Philharmonic Orchestra en diferentes sesiones con cada sección de la orquesta interpretando su parte por separado y mezclando el resultado final en el estudio en lo que fue una de las primeras referencias de Point Music, sello independiente que Glass estaba lanzando en aquel entonces. La grabación que hoy comentamos es muy diferente a aquella. Davies dirige ahora la Orquesta Sinfónica de Basilea y junto a ella interpreta en vivo la obra completa con lo que eso supone en cuanto a vigor y coherencia musical. Sirve, además, para rescatar una obra que, si no estaba descatalogada como parte del viejo catálogo de Point Music, le debe faltar poco. Con ello, y teniendo en cuenta que Glass, a través de Orange Mountain Music se ha hecho con los derechos de las grabaciones de sus obras para Nonesuch, es de esperar que las sinfonías que van de la segunda a la quinta no tarden en ser publicadas de nuevo en el sello del músico (de la sexta en adelante ya aparecieron en el mismo).

Glass y Bowie en una foto promocional de la época de la primera grabación de la sinfonía.


“Movement I – Subterraneans” – Originalmente, “Subterraneans” era un tema cuasi-instrumental de corte electrónico que cerraba el disco “Low”. Una pieza experimental en la que el papel de Brian Eno era innegable y cuyo uso de cintas magnetofónicas y manipulaciones electrónicas bebía directamente de la vanguardia clásica. Sólo en la parte final, tras un sólo de saxo, escuchamos una breve letra. Glass comienza la adaptación con la orquesta interpretando una lenta melodía mientras las flautas repiten incesantemente una serie de breves arpegios. El movimiento se desarrolla muy lentamente mientras se van incorporando diferentes secciones y músicos a la interpretación. Tras varios minutos en los que el compositor se limita a jugar con un número muy limitado de elementos hasta llegar al ecuador del movimiento cuando la pieza se revitaliza mediante la aparición de las percusiones y de un ritmo mucho más vivo. Los vientos esbozan una serie de melodías extraídas de la pieza original que, sin llegar a cristalizar en un tema central de esos que no puedes quitarte de la cabeza, funcionan muy bien en este contexto.

“Movement II – Some Are” – La pieza que inspira el movimiento central de la sinfonía, ni siquiera aparecía en el disco, como ya hemos dicho. Se trata de una intrigante canción en la que Bowie interpreta una melodía deliciosa acompañado, casi al unísono, por un piano y una serie de efectos electrónicos. Un tema que se desarrolla con una gran lentitud, casi parsimoniosa y que contrasta brutalmente con el tratamiento que Glass le da en el segundo movimiento de su sinfonía. Lo que en manos de Bowie era una pieza llena de quietud, en manos de Glass se transforma en un movimiento vibrante en el que hasta la melodía principal, idéntica en cuanto a las notas empleadas, cambia de forma radical convirtiéndose en un auténtico torbellino, apoyado por la orquesta en pleno, con un papel principal reservado para las percusiones. El estilo propio del Glass orquestal aparece aquí aportando su forma de entender la música de modo que la simbiosis es total: Glass se aprovecha de la gran melodía de Bowie y Eno y la transforma en algo aún mejor haciéndola suya en buena parte. Tras el inicio en donde el tributo al tema original es evidente, asistimos a una sección central igualmente brillante pero 100% glassiana con fragmentos deudores de “Glassworks” o “Koyaanisqatsi”. En el tramo final, volvemos a escuchar la melodía del comienzo del movimiento cerrándose así la parte más destacada de la sinfonía en nuestra opinión.

“Movement III – Warszawa” – Para cerrar la sinfonía, Glass escoge el que, probablemente, sea el tema más estremecedor de todo el disco. Otra pieza sintética en la que destaca la triste melodía central de flauta y los inquietantes cantos finales. Curiosamente es la única pieza de “Low” cuya autoría está compartida entre Bowie y Eno aunque, repetimos, la sombra del ex-miembro de Roxy Music es alargada. Glass opta por un tratamiento conservador que parece un sencilla transcripción de la pieza original perdiendo por ello gran parte de la intensidad y la fuerza que poseía aquella. Poco a poco, sin embargo, Glass va llevando la obra a su terreno con ligeras variaciones en el tema central que termina por sonar familiar a los seguidores del compositor hasta el punto de casi olvidar su origen. Con todo, y tomando como referencia la pieza que inspira el movimiento, éste tercer y último de la sinfonía sale perdiendo claramente con su contrapartida en el disco de Bowie y Eno.

Fragmento del segundo movimiento de la sinfonía: "Some Are" en la versión de 1993


Es muy difícil analizar un trabajo como este sin caer en la comparación constante con la obra original y, a pesar de la dificultad de luchar contra el recuerdo de un disco que, sin duda, es una de las grandes obras de arte del rock, Glass sale airoso en muchos momentos (no es casual que Bowie incluyese la versión sinfónica de "Some Are" en algún recopilatorio propio) aunque en otros, cosa que creemos inevitable, no consigue librarse del tremendo peso del disco del músico británico. Pese a todo, recomendamos el disco tanto a los seguidores de uno como a los de otro artista e incluimos en la terna a Eno, ya que el propio Glass lo hace así. El disco, que ha aparecido recientemente y toma el relevo de la grabación original de la sinfonía de 1993, puede adquirirse en los siguientes enlaces:

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domingo, 27 de abril de 2014

Philip Glass - Symphony No.5 "Requiem, Bardo, Nirmankaya" (2000)



Tenemos la impresión de que la quinta sinfonía de Philip Glass pasó bastante desapercibida en su momento y tampoco hoy se cuenta entre las obras más populares de su autor, ni siquiera dentro de la serie de diez sinfonías que a día de hoy han sido estrenadas. Esto es algo chocante si tenemos en cuenta que, al menos en apariencia, desde su misma concepción es la más ambiciosa de todo el ciclo.

En alguna ocasión hablamos de los actos y celebraciones que a lo largo de todo el planeta tuvieron lugar para celebrar el cambio de milenio a finales de 1999. El Festival de música de Saltzburgo fue una de las instituciones interesadas en conmemorar el evento con un acontecimiento único que surgió de la iniciativa de una serie de mecenas austriacos en colaboración con otros japoneses y neoyorquinos. De esa iniciativa surgió la fundación “Música para la Paz”, uno de cuyos primeros encargos fue la composición de una sinfonía a nuestro admirado Philip Glass quien respondió con una obra monumental (el calificativo, tantas veces usado de un modo exagerado, nos parece el más exacto para esta obra): la que sería su quinta sinfonía. Glass escogió valerse de todos los recursos que una orquesta sinfónica ponía a su disposición, reforzando la sección de viento y acompañándola por un poderoso coro y cinco voces solistas. El compositor, además, buscó una especie de sincretismo musical tomando textos de los libros sagrados de algunas de las confesiones que más creyentes congregan en el mundo lo cual encajaba, tanto con el concepto general del festival como con las sus creencias particulares. Glass ha dado muestras de su cercanía al budismo como filosofía de vida, pero en su obra encontramos composiciones basadas en textos religiosos de muy diferentes procedencias.

Como todo parecía concebido a lo grande, la propia obra no podía quedarse atrás con lo que asistimos a una sinfonía dividida en doce movimientos y cuya duración superaba la hora y media. La expectación era grande porque no había demasiados precedentes de un Glass combinando orquesta y coros de esta forma (quizá su obra “Itaipu” era la que más se acercaba a éste espíritu).

Comenta el compositor en las notas del disco que “el plan tras la sinfonía era representar al más amplio espectro de creencias posible. Trabajando en equipo con James Parks, del Centro de Estudios de las Religiones de Nueva York y el profesor Kusumita P. Pedersen, del St.Francis College, seleccionamos una serie de textos que comenzaban con el momento de la creación, pasaban por la vida terrena, el paraíso y la rendición final de cuentas. Enfocamos el cambio de milenio como un puente entre el pasado (representado por la parte de la obra que llamamos “requiem” y que engloba los primeros nueve movimientos), el presente (el “bardo” o la transición entre la vida terrenal y el más allá) y la culminación con el “nirmankaya” (resurrección e iluminación). Los textos originales están escritos en griego, hebreo, sánscrito, árabe, chino, japonés y algunos idiomas indígenas pero decidimos que en la sinfonía se cantasen en un único lenguaje, el inglés, para destacar lo que todas esas tradiciones tienen en común”.

Intervienen en la grabación de Nonesuch, la Vienna Radio Symphony Orchestra dirigida por Dennis Russell Davies. Se unen a la misma el Morgan State University Choir con Nathan Carter a la cabeza y el Hungarian Radio Children’s Choir dirigido por Gabriella Thesz. Los solistas son: Ana María Martínez (soprano), Denyce Graves (mezzo-soprano), Michael Schade (tenor), Eric Owens (barítono) y Albert Dohmen (bajo-barítono).

Dennis Russell Davies y Philip Glass


“I. Before the Creation” – La obra comienza con un gran despliegue de energía por parte de la orquesta en una especie de obertura breve previa a la intervención del coro. El texto procede del Rig-Veda, texto sagrado de la India escrito en sánscrito y narra el estado de las cosas previo a la creación. “No había existencia ni no-existencia” dice el primer verso mientras se despliega la música del compositor norteamericano del modo habitual, con gran incidencia de las percusiones que dotan de un ritmo muy personal a la obra en estos instantes. La primera intervención corre por cuenta del coro femenino. Hay una segunda por parte de otra sección masculina y, finalmente, se unen ambos. Glass combina momentos de ritmo intenso con otros más reposados de entre los que destacamos la parte final, introducida por una escueta melodía de flauta que da paso a la segunda etapa: la creación.

“II. Creation of the Cosmos” – Asistimos aquí a una mezcla de textos de prodedencia variada: hay fragmentos del Corán, del Génesis, del poema épico hawaiiano llamado “Kumulipo” y de la historia de la creación de los Zuñí, tribu norteamericana perteneciente a los Indios Pueblo. La música toma otras formas apareciendo los solos y los duetos vocales aunque el coro sigue teniendo un protagonismo fundamental. Las flautas marcan una importante transición a mitad del movimiento presentando a la soprano frente a la orquesta en una narración típicamente “glassiana”. El bajo ofrece pronto la réplica completando un pasaje que forma parte de esta sinfonía como podía haberlo hecho de cualquiera de las óperas de su autor.

“III. Creation of the Sentient Beings” – La aparición de la vida es ilustrada con textos del Nihongi japonés, de nuevo el Kumulipo, de la historia de la creación de los Bulu cameruneses y del mito Boshongo de los Bantú. La narración del compositor sigue la misma tónica que las partes anteriores con la orquesta en un plano secundario respecto a los coros para quienes reserva alguna melodía memorable siempre dentro de los parámetros melódicos del autor: repeticiones constantes con variaciones mínimas, arpegios sucesivos y una cierta linealidad sólo rota en determinados momentos como el final del movimiento con las cuerdas interrumpiendo bruscamente la acción.

“IV. Creation of Human Beings” – Para ilustrar la aparición del hombre, Glass y sus colaboradores seleccionan textos del Popol Vuh maya y del Corán. Quizá sea este el movimiento que más nos recuerde a óperas del autor como “Akhnaten” o “Satyagraha” en el aspecto musical. De nuevo, los cantantes tienen un papel fundamental en la narración por encima del que juega el coro lo que sigue acercando más esta obra al Glass operístico que al sinfonista, en nuestra opinión.

“V. Love and Joy” – Hay en la sinfonía un componente erótico que se centra en esta movimiento en el que escuchamos versos del poeta persa Rumi, del Cantar de los Cantares o del poeta indio Vidyapati. La música se impregna de ese espíritu con dulces pasajes a cargo de la mezzo-soprano y un intenso final en el que aparece el arpa, las flautas y la orquesta en pleno en un gozoso ejercicio de exhuberancia musical que concluye con un breve recitado a cargo del bajo.

“VI. Evil and Ignorance” – Uno de nuestros momentos favoritos en la obra es el comienzo del sexto movimiento, con un sensacional cambio en la instrumentación en el que las percusiones (celesta, glockenspiel, xilófono) cobran un protagonismo importante acompañadas de otros instrumentos que tampoco habían tenido gran relevancia en la obra hasta el momento: piano, arpa, clarinete, tuba... hasta las cuerdas aparecen pellizcadas contribuyendo a crear un ambiente completamente diferente del que dominaba la obra hasta ahora. Los textos proceden del Popol Vuh, el Maha-Vagga budista y del Bhagavad Gita hindú.



“VII. Suffering” – El segundo disco comienza con el fragmento más oscuro de la obra. Las cuerdas son prácticamente el único acompañamiento del bajo en el comienzo hasta que se incorpora la orquesta y coros en pleno. Escuchamos entonces la que podríamos considerar melodía central de la obra (al menos es la que más recordamos cuando pensamos en esta sinfonía). En ella todo aficionado a Glass reconocerá al músico del que se enamoró puesto que se muestra aquí en plenitud de facultades firmando un movimiento memorable. Los textos proceden del Libro de los Salmos, el Bhagavad Gita, el Libro de Job y el Libro de Oseas.

“VIII. Compassion” – Volvemos a las instrumentaciones peculiares con el comienzo del octavo movimiento en el que escuchamos arpas tejiendo tenues melodías a las que las flautas añaden un aire de misterio muy acorde con los textos del filósofo chino Mencio que se mezclan con los del Bodhicaryavatara budista y los del Evangelio de Mateo. El movimiento es uno de los más extensos de la obra y nos conduce al último de la primera parte de la obra a la que el propio Glass se refiere como “Requiem”.

“IX. Death” – No es casual que en el movimiento dedicado a la muerte, Glass utilice tres textos de procedencia japonesa: uno extraído de la obra Motomezuka, clásico del teatro musical Noh del S.XIV, otro obra del poeta del S.IX, Ono no Komachi y un tercero procedente de un haiku del poeta del S.XVII Matsuo Basho. La parte final, la más emotiva de todas, procede en cambio del Bodhicaryavatara y nos regala unos versos demoledores: “mis enemigos se convertirán en nada / mis amigos se convertirán en nada / yo mismo seré nada / y, del mismo modo, todo se volverá nada / como en un sueño / todo lo que he disfrutado / se convertirá en un recuerdo / todo lo sucedido no volverá a ocurrir / abandonándolo todo, he de partir solo”.



“X. Judgement and Apocalypse” – El juicio y el apocalisis se nos muestran desde el punto de vista del Corán, el Libro de los Muertos tibetano y el Vishnu Purana hindú. Lógicamente, la música experimenta una transformación. Es ahora más dura, más severa, como corresponde al momento de la narración. No es el movimiento más significativo de la obra pero cumple su función de transición hacia la parte final.

“XI. Paradise” – Aunque volvemos a escuchar textos cantados, una parte significativa de la intervención de la soprano consiste en notas puras, sin letra que pueda apartar la atención del oyente de la melodía que bien podría simbolizar la gloria de Dios o su equivalente en cualquiera de los credos representados en la obra. Los textos proceden del poeta Rumi, de las Canciones de Kabir de Tagore y de la Primera Carta de San Pablo a los Corintios.

“XII. Dedication of Merit” – La sinfonía, como la vida misma que se ocupa de narrar, se cierra volviendo al comienzo y recordando la obertura del primer movimiento. También, como en aquel, el texto es de una sola procedencia escrita en sánscrito pero en lugar del Rig Veda hindú, Glass vuelve a distintos fragmentos del Bodhicaryavatara budista para cerrar la que es su sinfonía más ambiciosa.

Por sus particulares características, se nos hace difícil ver esta sinfonía como una más de las diez firmadas por su autor ya que, en muchos momentos suena más cercana a sus óperas que a cualquier otra de sus obras. Su repercusión no ha sido tampoco demasiado notable. Es comprensible que no se encuentre entre las más interpretadas de Glass por lo complicado de reunir una orquesta y dos coros de las dimensiones que requiere y tampoco ha sido grabada en más de una ocasión hasta ahora. En todo caso, no parece ser tan popular como las primeras cuatro sinfonías del ciclo. Nosotros, sin embargo, hemos decidido recomendarla porque nos parece una obra inmensa en la que el oyente puede escuchar varios registros diferentes de Glass en una única composición. El disco tiene una presentación impecable en la que cada movimiento se corresponde con un díptico de cartón separado del libreto central y de la propia caja de plástico lo que hace del seguimiento de la sinfonía un placer aún mayor. La obra se puede adquirir en los siguientes enlaces:

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cduniverse.com

domingo, 13 de octubre de 2013

Philip Glass - Cello Concerto No.2 "Naqoyqatsi" (2013)



Hubo un tiempo en que las bandas sonoras parecían el terreno ideal para que la música de Philip Glass llegase a un público más amplio y lo cierto es que en aquellos años, muchas de sus mejores obras, de sus más elaborados trabajos, tuvieron como destino el acompañar a las imágenes de los más variopintos directores sobre las pantallas.

Esa apertura hacia el mundo del cine le granjeó no pocas críticas por parte de colegas y columnistas que consideraban que un autor pretendidamente clásico e intelectual, no se podía rebajar a ese tipo de trabajos y poniendo como ejemplo a otros músicos “incorruptibles” como Steve Reich o John Adams. Poca importancia tuvo el hecho de que la mayoría de las películas “ilustradas” con la música de Glass tuvieran algo especial, algo artístico que no terminaba de encajar con el calificativo de “comercial” o el hecho de que otros maestros a los que nadie discute hoy, en su momento hicieron lo mismo e, incluso, trasladaron su domicilio a Hollywood, caso de Stravinsky, Klemperer o Rubinstein.

Si hay una serie de obras, tomando en conjunto película y música, que destacan sobremanera de esta parte del repertorio de Glass, estas son, sin duda, las que conforman la conocida como “Trilogía –qatsi”. Surgidas de la mano del realizador Godfrey Reggio, las tres cintas eran una sorprendente serie de documentales visuales, sin diálogo alguno, sin actores, sin narrador, en las que sólo las imágenes y la música nos guiaban por un universo apasionante. Tendremos tiempo en un futuro para hablar de estas tres bandas sonoras y de la recién aparecida “Visitors” con los mismos autores en cuanto a música e imágenes pero ahora nos centraremos en otro disco publicado hace apenas unos meses con el “Cello Concerto No.2” de Glass.

¿Qué relación tiene esa obra con la trilogía –qatsi? Nos damos cuenta en cuanto leemos el subtítulo del concierto: “Naqoyqatsi”. Así era como se llamaba la tercera y última película de la serie que contaba con una espectacular partitura con magníficas partes de violonchelo interpretadas en la grabación por Yo-Yo Ma. Hemos hablado mucho en el blog del giro clasicista experimentado por la música de Glass en los últimos años y eso incluye la reescritura de algunas de sus antiguas obras para adaptarlas a formatos más académicos. En esa línea de actuación, hemos podido escuchar revisiones de parte de la música de “Powaqqatsi” transformada en el último movimiento de la 7ª Sinfonía o el tema principal de “El Show de Truman” adaptado como el 2º movimiento del Concierto “Tirol” para piano y orquesta. Como ya habréis supuesto a estas alturas, el Concierto para Cello Nº2 es una trascripción de algunos de los momentos más destacados de la banda sonora de “Naqoyqatsi” que adoptan ahora la forma de un concierto clásico. La película se diferenciaba de las dos anteriores de la trilogía en la utilización de multitud de imágenes digitales generadas por ordenador y llenas de animaciones. Precisamente por ello, Glass decidió componer una partitura enteramente orquestal, sin instrumentos electrónicos, que sirviera de contraste con unas imágenes altamente tecnificadas. Las piezas comenzaron a encajar cuando el músico fue nombrado “director creativo” de la Orquesta Sinfónica de Cincinnati para la temporada 2011-12. En aquel momento, Glass se planteó la posibilidad de darle una “segunda vida más allá de la película” a la banda sonora y con el apoyo de la orquesta, comenzó la reescritura.

La grabación que hoy comentamos tiene como protagonista a la misma Orquesta Sinfónica de Cincinnati bajo la batuta de Dennis Russell Davies, habitual en todo lo que tenga que ver con Glass. El solista es Matt Haimovitz, niño prodigio de violonchelo que con sólo 13 años ya debutó como solista con la Filarmónica de Israel, dirigido por Zubin Metha.

Matt Haimovitz


“Naqoyqatsi” – El comienzo de la banda sonora de “Naqoyqatsi” era una especie de revisión del de “Koyaanisqatsi” de casi veinte años antes, especialmente por la aportación de un profundo coro que en la versión de este concierto no está presente. La orquesta hace la entrada pero no tarda mucho en aparecer el auténtico protagonista: el cello. Esta primera intervención es maravillosa y confirma que Glass tiene una especial habilidad a la hora de escribir para este instrumento. La orquesta en pleno aparece inmediatamente después con metales y las campanas dotando de vigor al movimiento.

“Massman” – El segundo movimiento nos trae a ese Glass que maneja la orquesta como una gran masa compacta y la hace desplazarse con un efecto de oleaje muy característico del que ya hemos hablado en muchas ocasiones aquí. El solista en este pasaje actúa como comparsa remarcando algunas melodías determinadas aunque tenga su espacio en la parte central para expresarse junco con un juego percusivo algo tópico ya en el Glass orquestal.

“New World” – Llegamos así a uno de los momentos de mayor emotividad con una preciosa melodía a cargo del violonchelo. Algunos críticos han visto una progresiva “barroquización” en la música de Glass en el sentido histórico del término y creemos que no andan desencaminados. Sin ánimo de establecer ninguna comparación entre autores, sí que entrevemos alguna relación entre esta pieza y otras, también para cello solo de maestros como J.S.Bach.

“Intensive Time” – Con una tremenda contundencia se abre el siguiente movimiento de la obra en la que la orquesta da un golpe sobre la mesa impulsada por un ritmo de espíritu casi rockero. Ya en la banda sonora original, este fragmento nos parecía uno de los más destacados y dentro del concierto seguimos teniendo esa percepción. Un movimiento dinámico y lleno de energía.

“Old World” – En contraposición al anterior “New World” tenemos este otro movimiento de similares características en cuanto a su función en el concierto, esto es, enlazar distintos momentos clave a la manera de los llamados “knee plays” en las óperas del propio autor. En este caso asistimos a una pieza íntima, pausada, a cargo del propio cello con un tenue acompañamiento del arpa.

“Point Blank” – A pesar de su intensidad, nos parece este el movimiento más intrascendente de la obra. Indiscutiblemente “glassiano”, adolece del elemento sorpresa y, a pesar de algunas curiosidades en la partitura para el cello que suena a veces de formas no demasiado ortodoxas, no nos aporta demasiado. Correcto sin más.

“The Vivid Unknown” – Glass se deja lo mejor para el final y es que el solo de violonchelo con el que se abre el último movimiento es una delicia llena de sentimiento e interpretada con una gran sensibilidad por Haimovitz. La entrada de las cuerdas poco después, en una progresión con aroma “bachiano” pero también del compositor estadounidense no es sino un pequeño descanso para que el cello vuelva a dirigir el discurso hasta el final de la pieza.

Nuestras sensaciones frente a este concierto son ambiguas. “Naqoyqatsi” nos parecía una banda sonora sensacional, entre lo mejor de su autor en los últimos 15 años por lo que no parecía necesario ningún tipo de revisión (ni siquiera para estructurarla como un concierto ya que el original ya se comportaba así). Entendemos, por otro lado, que Glass quiera rescatar parte de su viejo catálogo dotándolo de una nueva forma que permita que sea interpretado más a menudo por diferentes orquestas y solistas y, desde ese punto de vista, si esto sirve para que “Naqoyqatsi” tenga una segunda vida, el concierto es bienvenido. Abre esto las puertas, además, y siempre en nuestra opinión, para el rescate de otra banda sonora magnífica con mucho protagonismo del propio violonchelo como era la de “The Secret Agent” que encajaría bien en este formato, sin pretender dar ideas a alguien como Glass, claro está.


Este “Concierto Nº2 para Cello y Orquesta” es, además, una obra que consideramos muy adecuada para introducirse en la música de Glass para aquellos que no lo hayan hecho aún. Es plenamente accesible y, a la vez, plenamente representativa de su autor. El compositor norteamericano, por otra parte, sigue publicando novedades con un ritmo realmente frenético. Desde aquí, intentamos tener siempre un ojo puesto en los lanzamientos actuales y por ello, Glass aparece muy a menudo en el blog. Si os animáis a incorporar este disco a vuestra colección, lo podéis encontrar en los enlaces de costumbre:

amazon.com

prestoclassical.co.uk

No hemos encontrado ningún fragmento del concierto disponible para enlazar aquí por lo que os dejamos con "The Vivid Unknown" en la versión que sonaba en la película:

 

martes, 19 de febrero de 2013

Philip Glass - The Perfect American (2013)




Cortesía de Radio Clasica, os dejamos con la retransmisión completa de la última ópera de nuestro admirado Philip Glass. Se trata de la quinta representación de "The Perfect American" estrenada recientemente en el Teatro Real de Madrid. Disfrutadla:

jueves, 20 de diciembre de 2012

Philip Glass - Akhnaten (1987)



Desconocemos hasta qué punto las tres primeras grandes óperas de Philip Glass fueron concebidas como una trilogía desde el principio. Más bien pensamos que las cosas fueron surgiendo así y sólo cuando fueron tomando cuerpo empezó a hablarse de ellas en esos términos. Lo cierto es que ambas tienen algo en común y es que cada una de ellas está dedicada a una persona que cambió el curso de la historia en algún aspecto concreto. “Einstein on the Beach” se centraba en el personaje que cambió para siempre la visión de la física y “Satyagraha” narraba a su manera la vida de Ghandi, revolucionario que entrevió una nueva forma de hacer política. La tercera de las óperas se iba a centrar en el hombre que cambió la visión de la religión en su época, promoviendo, nada menos, que un cambio de Dios: el faraón Amenofis IV,  Akenatón, el Hereje. Durante su reinado, el culto principal de Egipto se dedicó a Atón, una de las maifestaciones de Ra. A la muerte de Akenatón, la devoción del pueblo volvió a ser para Amón. La religión egipcia es realmente misteriosa. Siendo como fue, una de las más poderosas de la antigüedad, nunca se expandió más allá de sus propias fronteras y tampoco consiguió perdurar salvo en forma de pequeños movimientos ocultistas insignificantes hoy en día. Akenatón sacudió el status de un clero tremendamente conservador y revolucionó las ideas durante un breve tiempo (su reinado no llegó a durar 18 años) tras el cual, todos sus logros fueron abolidos para regresar a la situación anterior. Curiosamente, su figura fue vituperada y maltratada por los sacerdotes en los años posteriores a su muerte como nunca antes lo había sido la de ningún otro faraón. Por desgracia, los años de Akenatón, fueron, quizá, los últimos de esplendor de Egipto, cuya grandeza declinó notablemente a partir de entonces.

Ya sabemos que con Philip Glass, la definición de ópera es muy relajada y su parecido con lo que usualmente aceptamos como tal es bastante tangencial. Sin embargo, tras la radicalidad de “Einstein on the Beach”, su estilo se fue aproximando a las formas más tradicionales. De este modo, “Satyagraha” ya contaba con una instrumentación algo más cercana a lo habitual (aunque la orquesta sólo contaba con las secciones de madera y cuerda) y una cierta estructura narrativa que quería parecerse al teatro moderno. Continuando con esa evolución, “Akhnaten” iba a estar escrita para una orquesta convencional aunque aún se iba a permitir ciertas licencias: se prescinde de los violines (supuestamente por problemas de espacio en el teatro en el que se iba a estrenar, que no permitía la presencia de la orquesta al completo) y los textos están cantados en su mayoría en egipcio arcaico (procedentes del Libro de los Muertos así como de distintos textos legales dictados por el faraón), aunque también hay fragmentos en acadio y hebreo. Sólo la canción (¿deberíamos decir “aria”?) principal se interpreta en inglés en la grabación, aunque tenemos también la figura del narrador que sirve como guía a través de la acción.

La ópera fue una comisión de la Ópera de Stuttgart y supuso un gran reto para Glass ya que fue escrita en un periodo de gran actividad, durante el cual, por poner los dos ejemplos que menciona el propio autor en el libreto del la edición discográfica que comentamos hoy, el músico estaba ocupado en la composición de la banda sonora de “Koyaanisqatsi” o de la música para “The Photographer”. Todo esto sin perder de vista que la Philip Glass Ensemble tenía por aquel entonces una actividad creciente en lo que a actuaciones en directo se refiere. A mediados de 1983, Glass, junto con sus inseparables Michael Riesman y Kurt Munkacsi, grabó toda la obra con sintetizadores y la envió al director de la Órquesta apenas 8 meses antes del estreno para que comenzasen los ensayos. Afirma el propio Glass que, a pesar de las diferencias evidentes entre las tres óperas de la trilogía, hay un nexo común y es que buena parte del material musical del que se componen “Satyagraha” y más especialmente “Akhaten”, surge de los “knee plays” o interludios de “Einstein on the Beach”.

Escena de la ópera.
La ópera se divide en tres actos. El primero de ellos narra el primer año del reinado de Akenatón en Tebas:

“Prelude, verse 1, verse 2, verse 3” – Se trata de un “basso ostinato” a cargo de las cuerdas que sirve como perfecta introducción a la ópera. La música va ganando en intensidad y poco a poco se incorporan el resto de instrumentos como los vientos, reforzando la melodía principal hasta llegar a uno de esos turbulentos estallidos tan habituales en el Glass orquestal en el que parece querer introducirnos en un torbellino musical, arrastrados por secuencias circulares de una tremenda fuerza evocadora. En el segmento final de la introducción, el narrador repite en varias ocasiones la frase “¡Abiertas están las puertas del horizonte! ¡liberados son sus rayos!” junto con otros textos que también aparecen en varios textos funerarios en las pirámides. La música de este preludio nos enfrenta al nuevo Glass orquestal que aparece en los ochenta y que se popularizaría con bandas sonoras como la citada “Koyaanisqatsi”. En el disco el “verse 3”, en el que el narrador nos pone en situación contándonos el paso al más allá del espíritu de Amenhotep “ya no pertenece a la tierra, ahora es parte del cielo”, viene separado como un corte independiente.

“Scene 1: Funeral of Akhnaten’s father Amenhotep III” – La ópera propiamente dicha comienza con una espectacular descarga de energía en forma de percusiones casi obsesivas que preceden la entrada del coro, primero formado sólo por voces masculinas y más tarde en pleno en una de las piezas más intensas que Glass haya escrito para voces. Por el propio uso de las percusiones, nada habitual en el repertorio operístico al que estamos acostumbrados, el funeral se ha convertido en una de las partes centrales de la ópera y ha sido interpretada en varias ocasiones de forma independiente e incluso el propio músico la adaptó para ballet como parte de sus “Glasspieces” un tiempo después.


“Scene 2: The Coronation of Akhnaten” – Una prolongada introducción orquestal sirve como presentación a Akenatón que aparece tras sonar una trompeta ritual. Tras una serie de cánticos protocolarios, el narrador procede a enumerar los títulos que recaen sobre el nuevo faraón mientras éste es coronado sobre un ostinato de flautas y cuerdas a modo de sostén musical. Toda la música de este segmento es tremendamente bella, con veloces secuencias a cargo de los vientos y respuestas de la sección de cuerda a modo de réplica, coros poderosos y solemnes metales como corresponde a una ceremonia de coronación. El coro formado por el Sacerdote de Amón y sus ayudantes es la única intervención cantada de esta sección en la que el protagonista de la ópera se limita a asistir en silencio al ritual de su ascensión al trono.

“Scene 3: The Window of Appearances” – La primera intervención como intérprete del personaje de Akenatón se produce en esta momento, con la oración al creador en el balcón del palacio real. A continuación comienza el discurso que cambiaría el panorama religioso de Egipto. Se recupera la melodía principal del comienzo de la escena anterior pero ejecutada con campanas tubulares mientras Akenatón accede al lugar e inicia su intervención: “Oh, creador de todo, único artífice de todo lo que existe, los hombres proceden de tus ojos, el resto de Dioses surgieron de cada sílaba que Él pronunció”. La sorpresa invade al oyente al escuchar al poderoso faraón cantar a través de la voz de contratenor de Paul Eswood cuando habría sido de esperar un poderoso bajo o un tenor pero no olvidemos que es Glass el autor y con él, las normas son mucho más flexibles de lo habitual. En la segunda estrofa se une a Akenatón su madre Tye, en la tercera su esposa Nefertiti y en los versos finales son los tres los que cantan juntos. La proclamación del nuevo orden en el que Atón es el único Dios pone fin al primer acto que concluye con una sección orquestal mientras la barca con los restos del antiguo faraón (y con él, de la vieja religión) parte hacia la tierra de los muertos despidiéndose de nuevo entre campanas.

El segundo acto se centra en los años que van del quinto al decimoquinto del reinado de Akenatón y consta de cuatro escenas:

“Scene 1: The Temple” – Una breve introducción orquestal nos lleva hasta el Sumo Sacerdote de Amón y sus seguidores rezando al Dios principal del antiguo panteón. Mientras tanto, la reina Tye junto con Akenatón y sus seguidores irrumpen en el templo arrasándolo y poniendo con ello fin a la última resistencia. El templo es derribado y, con la caída del techo y la irrupción de los rayos del Sol se simboliza el triunfo de Atón. En lo musical, asistimos a uno de los momentos de mayor dramatismo de la ópera, especialmente en el momento del ataque con orquesta y coro trabajando a pleno rendimiento.

“Scene 2: Akhnaten and Nefertiti” – Toda la escena está concebida como un dueto entre Akenatón y su esposa. Tras una introducción orquestal, y como si de una película clásica se tratase, escuchamos el “tema de amor” que precede a la entrada del trombón y del narrador recitando un poema a Atón. Instantes despúes, escuchamos el mismo poema (ahora en Egipcio) pero esta vez en forma de declaración amorosa entre los dos protagonistas de la escena cobrando así el texto su pleno significado. Como corresponde a la temática de la misma, nos encontramos ante uno de los fragmentos más bellos de la ópera sin lugar a dudas. En la edición discográfica que hoy comentamos, con esta escena concluye el primero de los dos CD que recogen la ópera, aunque el segundo acto continúa aún en el siguiente disco.


“Scene 3: The City – Dance” – Aunque pertenecen a la misma escena, en el disco ambas partes de la misma aparecen separadas en cortes distintos. El primero de ellos, “The City”, se trata de una mera narración a cargo del escriba, de un texto aparecido en una de las estelas que marcaban la frontera de la nueva ciudad fundada por Akenatón: la Ciudad del Horizonte, Aketatón. No hay ningún tipo de acompañamiento musical aquí y el fragmento sirve como introducción a “The Dance”, la fiesta inaugural de la nueva ciudad. Se abre con una breve fanfarria a cargo de los metales que precede a una rápida secuencia musical de cuerdas rápidamente reforzada por la orquesta en pleno incorporándose a la escena músicos con triángulos, panderetas, cajas de madera y demás elementos poco usuales que aparecen rodeados de bailarines en el escenario.

“Scene 4: Hymn” – Todo lo anterior sirve como preludio a la parte central de toda la ópera, el precioso himno cantado por Akenatón en el que proclama la nueva palabra divina. En las representaciones teatrales de la ópera, esta es la única parte cantada que se interpreta en el idioma local del teatro en que tiene en lugar la actuación. En su larga proclama, la orquesta sirve de acompañamiento en un segundo plano, principalmente con las cuerdas aunque, ocasionalmente, los instrumentos de viento subrayan alguno de los pasajes entonados por el contratenor. En los instantes finales, mientras Akenatón se retira de la escena, el coro recita el bíblico salmo 104, cuyo texto se parece mucho al himno a Atón que acaba de cantarse y que está datado en una fecha anterior en unos cuatro siglos al texto hebreo. Por ello, muchos consideran a Akenatón como el fundador de la primera religión monoteísta de la historia.


Llegamos así al tercer acto de la ópera en el que Glass junta pasado y presente, como suele hacer habitualmente mediante un ingenioso giro. La acción transcurre durante el último año del reinado de Akenatón con una parte final en nuestros días. Como su precedente, el tercer acto también se divide en cuatro escenas:

“Scene 1: The Family” – En la escena, tenemos a Akenatón y Nefertiti junto con sus seis hijas durante una tertulia familiar apacible en apariencia, ajenos a lo que sucede en el exterior del palacio donde los antiguos Sacerdotes de Amón encabezan una rebelión que ha congregado un ejército en las afueras del palacio. La música contrasta con la de las escenas anteriores ya que denota una gran tensión en las parte instrumentales frente a la dulzura de la conversación entre Akenatón y su familia.

“Scene 2: The Attack and Fall of the City” – El desastre final se desencadena con la invasión del palacio y el asesinato de toda la familia real. El dramatismo es total y la orquesta y el coro en pleno se encargan de la narración de los instantes postreros del reinado de Akenatón. No concebimos una música que describa mejor una revuelta que la escrita por Glass para esta escena, tan desasosegante en todo momento como caótica y enervante, en el buen sentido de la palabra. Concluye así la epopeya de Akenatón pero no la ópera.

“Scene 3: The Ruins” – Aparece el escriba recitando un texto aparecido en la tumba de Aye, padre de Nefertiti y asesor personal de Akenatón junto con otro procedente de la tumba de Tutankamón. En ambos se proclama la reposición de Amón como Dios principal y se denigra la figura de Akenatón calificandole de hereje “Amón ha expulsado al gran criminal” se llega a decir. Musicalmente, Glass retoma las melodías del preludio de la ópera cerrando así todo el ciclo. Cuando parecía que la ópera llegaba ya a su fin, nos encontramos a un grupo de turistas actuales visitando las ruinas del antiguo imperio egipcio y la figura del narrador aparece encarnada ahora en un guía turístico que lee los textos de un moderno folleto de viajes a los visitantes relatando como “nada queda hoy del esplendor de la gran ciudad”.

“Scene 4: Epilogue” – Cierra la ópera una escena moderna en la que vemos a los fantasmas de Akenatón, Nefertiti y la reina Tye vagando entre las ruinas con un lamento final. En el horizonte se ve la procesión funeraria del acto inicial y podemos contemplar cómo los tres se incorporan a la misma parsimoniosamente. En la parte final del epílogo Glass recupera una melodía perteneciente a “Einstein on the Beach” cerrando de este modo la trilogía con un regreso al origen de la misma.

Portada de una de las reediciones de la grabación de "Akhnaten".
A pesar de haber escrito ya una cantidad de óperas realmente extensa para un compositor contemporáneo, siempre se citan las tres primeras como parte fundamental del repertorio “glassiano”. No seremos nosotros quienes sostengamos una opinión contraria porque también las contamos entre lo más destacado de su autor. Resulta sorprendente que apenas existan grabaciones completas en video de la mayoría de ellas. Sólo “Satyagraha” cuenta con el honor de haber sido editada en formato DVD años atrás y es una pena porque intuimos que una narración como la de “Akhnaten” encajaría a la perfección en ese formato y tendría una buena aceptación. Tampoco somos muy afortunados con las ediciones en CD ya que sólo existe una grabación comercializada de la ópera, aunque reeditada en varias ocasiones. No estamos seguros de que una ópera completa sea la mejor forma de introducirse en la música de Glass para el oyente novato pero creemos que los ya iniciados disfrutarán plenamente de una obra más accesible que óperas anteriores y con momentos de gran lirismo que han sido rescatados en varios recopilatorios dedicados al músico. Os animamos a adquirir la obra en cualquiera de los enlaces siguientes:

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miércoles, 18 de julio de 2012

Philip Glass - Symphony No.9 (2012)



Toda superstición carece de fundamento casi por definición y alrededor del mundo de la música hay un buen puñado de ellas. Una de las más famosas hace referencia a la popular maldición de la novena sinfonía y surge de la época de Beethoven y su fallecimiento sin llegar a completar la décima de la serie. Según la leyenda, ningún compositor posterior al gran Ludwig Van (como diría Alex de Large, protagonista de La Naranja Mecánica) viviría para escribir ninguna otra sinfonía tras la novena. Y es cierto que Schubert o Dvorak, entre otros, se ajustan a la maldición y que otros como Mahler, intentaron “burlarla” dandole otro título a la que sería la número nueve (la “Canción de la Tierra”) para que así la llamada novena sinfonía, escrita posteriormente, fuera en realidad la décima. No le sirvió de nada y murió tras publicar esa última obra.

Con todo, y pese a lo anecdótico de todo el asunto, no es fácil encontrar un comentario sobre la novena sinfonía de Philip Glass que no haga referencia a la maldición. En tono de broma, y siguiendo con el juego (algo macabro, todo sea dicho), el compositor hace su aportación a la leyenda con su propia forma de escabullirse del supuesto destino reservado a los osados: Glass escribe simultaneamente su novena y su décima sinfonía de modo que cuando se estrenó la obra que hoy comentamos, ya estaba concluída la siguiente (añadiremos que también está ya programada la que hará el número once de la serie).

Dejando al margen estos asuntos, la novena sinfonía de Glass es algo serio y se trata, probablemente, de la más monumental de todo su ciclo sinfónico si bien es cierto que la sexta y la octava habían dado ya muestras de una grandiosidad y ambición no del todo habituales en el músico. No deja de ser curioso el hecho de que hasta 1992, cuando ya contaba con la edad de 55 años, Glass no había escrito ninguna sinfonía y algunas de sus piezas orquestales más interesantes no son de mucho tiempo antes (“The Light” se escribió en 1987, “The Canyon” en 1988 e “Itaipu” en 1989, por citar tres de las más importantes).

Volviendo a la novena, la obra es el fruto de una comisión conjunta de la Bruckner Orchester Linz, el Carnegie Hall y la Asociación Filarmónica de Los Ángeles. El estreno mundial se celebró en Linz, Austria, el pasado 1 de enero y la premiere norteamericana en el Carnegie Hall celebrando el 75º cumpleaños del músico el 31 del mismo mes. Como es habitual, Dennis Russell Davies fue el director del estreno y el mayor impulsor del encargo.


Director y compositor durante los ensayos del estreno.
“Movement I” – La obra se abre de un modo típicamente “glassiano” con una profunda melodía de tono sombrío en la que las maderas interpretan la parte central. En cierto modo nos remite a algunos fragmentos de óperas como “Akhnaten”. La entrada de los violines da algo de luz al movimiento algo después sólo como preludio de una sección central a la que las percusiones (brillantes en muchos momentos) anticipan uno de esos momentos en los que la orquesta al completo se mueve como un barco en medio de la tormenta, oscilando de un lado a otro pero conservando siempre un aire majestuoso. Muchos críticos han relacionado éste tratamiento de la percusión de Glass con el que empleaba en su momento Shostakovich y, de hecho, su música tiene varios puntos en común con esta obra. Apenas llegados a la mitad del movimiento hemos asistido ya a una cantidad de cambios de ritmo y giros melódicos desacostumbrada en la obra de Glass, siempre fiel a su propio estilo pero aportando una variedad temática que puede sorprender a más de uno. La parte final del movimiento nos transporta al siguiente con un aire pausado y lento.

“Movement II” – Por algún motivo, tenemos especial debilidad por los segundos movimientos de las obras de formato clásico de Glass. Desde la inusitada belleza del perteneciente a su “Concierto No.1 para Violín y Orquesta” hasta éste que nos ocupa, pasando por el del “Tirol Concerto para Piano y Orquesta”, el músico parece reservarse sus músicas más emotivas e inspiradas para este segmento concreto de las mismas. En esa misma linea, su novena sinfonía nos regala un segundo movimiento profundamente romántico en su comienzo con una melodía central bellísima que sirve como introducción a un frenético desarrollo percusivo camino de una de sus clásicas secciones repetitivas a cargo de los vientos con el apoyo del grueso de la orquesta. Justo en el ecuador del movimiento, en plena orgía de ritmo, se hace el silencio y entramos en una especie de calma tensa con las cuerdas tejiendo un paisaje oscuro sobre el que los metales hacen su aparición. Podemos oir algún tañido de campanas en esta parte mientras escuchamos otra inspirada melodía que poco a poco gana en velocidad pasando, por así decirlo, del paso al trote pero sin llegar nunca a galopar. Glass se reserva para los minutos finales del movimiento otra melodía de esas que te atrapa sin posibilidad de escape y que remite al tema inicial del propio movimiento.

“Movement III” – La última parte de la sinfonía repite el esquema del movimiento inicial comenzando en un tono oscuro que va ganando en intensidad por momentos hasta que las flautas parecen dar permiso a los timbales para lanzar todo el escenario por los aires. Sorprendentemente no ocurre así y lo que parecía abocarnos a una veloz carrera era sólo la presentación de una tranquila sección dominada por los metales y una percusión metronómica. Hacia la mitad del movimiento las cuerdas toman el mando con los clásicos arpegios que nos mecen de un lado al otro continuamente. Como a lo largo de toda la sinfonía, el papel de la percusión es capital, no ya como elemento meramente rítmico sino como recurso expresivo lo que nos confirma que los hallazgos de Glass cuando escribió su fantasía concertante para dos percusionistas y orquesta años atrás, no cayeron en saco roto. Como cierre de su sinfonía, el músico escoge un pasaje reposado sobre un denso fondo de cuerdas sobre el que hacen su intervención final los metales (especialmente las flautas) y las maderas.

Con su novena sinfonía, Glass construye un monumento sonoro de gran magnitud. Evidentemente no es su obra de mayores dimensiones, ni siquiera entre las sinfonías, ya que la quinta con su protagonismo coral y su duración de alrededor de dos horas se sitúa al margen de cualquier comparación. La recepción de esta novena sinfonía por parte de la crítica del mundo de la clásica ha sido mejor de lo esperado por cuanto es habitual que su criterio no sea demasiado benévolo cuando se refieren a la música de Philip Glass, si bien es cierto que esta tendencia va cambiando poco a poco conforme la evidencia de la categoría del repertorio del músico, cada vez más abundante en obras de formato clasico, se revela mayor. Estas reticencias empiezan a ser vencidas también entre los propios colegas compositores del músico de Baltimore quienes van olvidando los viejos prejuicios sobre el minimalismo y empiezan a reconocer los logros del autor de “Einstein on the Beach” al margen del campo de la ópera.

Preguntado respecto a la importancia que tiene ya su repertorio sinfónico tras alcanzar las 10 entregas, comenta Glass con su humildad característica en el libreto que acompaña al CD: “es ya suficientemente grande como para que sea tomado en serio pero como sabemos, muy poca gente se molesta en tomarselo así. Algunos piensan que soy un compositor de bandas sonoras, otros que hago música para ballet… ¡incluso los hay que ni siquiera me consideran un compositor! (risas) pero no puedo hacer nada al respecto…” Con los 75 años ya cumplidos, Glass no reduce ni un ápice su actividad compositiva. En este mismo 2012 ha estrenado otras dos obras: su segundo concierto para cello y una obertura orquestal. En agosto se estrena su décima sinfonía y para enero de 2013 está programado el estreno mundial de “The Perfect American”, su ópera sobre la vida de Walt Disney. Sin fecha de estreno prevista aún, se han anunciado su cuarteto de cuerda nº6 y la sinfonía nº11 además de su habitual trabajo escribiendo música para películas y obras escénicas. Parece, por tanto, que tenemos asegurada una buena ración de nueva música de Philip Glass para mucho tiempo. Esperamos disfrutarla tanto como hemos disfrutado su novena sinfonía. La grabación que hemos comentado se realizó en la premiere mundial de la obra y la podeis adquirir en cualquiera de los siguientes enlaces:

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Nos despedimos con un video promocional del estreno de la obra con entrevista a su director e imágenes de los ensayos: