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domingo, 8 de octubre de 2017
David Bowie - Heathen (2002)
A finales del año 2000, David Bowie entró en el estudio para grabar un nuevo disco apenas un año después del anterior “Hours”. Eso suponía el intervalo más reducido entre dos álbumes del artista en muchos años aunque había truco puesto que la mayoría de los temas del nuevo trabajo iban a ser nuevas versiones de canciones de los primeros años de la carrera del músico, singles olvidados, “caras b”, temas de relleno para viejos recopilatorios o descartes de otros trabajos. También habría canciones nuevas, claro está. Bowie llegó a juntarse con los músicos para grabar y el disco terminó de mezclarse en los Looking Glass Studios (propiedad de Philip Glass).
La principal novedad consistió en el regreso de Tony Visconti tras más de una década sin colaborar con Bowie después de haber sido uno de sus más importantes productores en los setenta aunque, en principio, se encargaría aquí sólo de los arreglos de cuerda. No sería el único retorno. También el guitarrista Earl Slick volvería a tocar con el músico después de mucho tiempo. Junto a ellos, varios miembros de la banda habitual de Bowie en aquel momento: Gail Ann Dorsey, Sterling Campbell o Mike Garson con la adición de algunos músicos invitados como Lisa Germano o Gerry Leonard.
Hasta aquí todo iba más o menos bien. La clásica historia de la grabación de cualquier disco de rock pero lo cierto es que había mucho detrás. Bowie se dio cuenta de que no le pertenecían ninguna de las grabaciones que realizó en sus primeros años (muchas ni siquiera firmadas con su nombre artístico y algunas como vocalista de diversas bandas). Ese fue el motivo de querer regrabar parte de ese material y recuperar así los derechos del mismo. Con el disco terminado y entregado, el músico se encontró a una discográfica (EMI) sin rumbo, metida en el desastre que culminó dejándola en propiedad de Citibank. En ese ambiente nadie se decidía a lanzar “Toy”, que era el nombre escogido por Bowie para el disco. Tras un periodo de espera, el disco quedó archivado en un cajó. El artista nunca volvería a publicar nada con ellos.
Pasó más de un año antes de que el músico se plantease volver a grabar, esta vez ya para el sello ISO/Columbia, y lo iba a hacer recuperando parte de los temas escritos para “Toy”, escribiendo unos cuantos nuevos y añadiendo a la mezcla algunas versiones de otros artistas. Del proyecto no publicado iba a permanecer Tony Visconti (ahora ya como productor), y las recientes incorporaciones de Lisa Germano y Gerry Leonard. Gail Ann Dorsey y Sterling Campbell también continuaban en el proyecto mientras que nombres como el de Earl Slick o Mike Garson desaparecían y se sumaban a la lujosa banda de músicos: Matt Chamberlain, David Torn, Mark Plati y Carlos Alomar además de varias estrellas invitadas que intervendrían en temas puntuales. Entre ellas, Pete Townshend, Tony Levin, Jordan Rudess o Dave Grohl. El título del nuevo álbum: “Heathen”.
“Sunday” - El disco se abre con una sucesión de ruidos electrónicos sobre un fondo de sintetizador. Bowie canta con profundidad y un cierto tono dramático “nada ha cambado, todo está cambiando”. Un coro con cierto regusto gregoriano le da la réplica brevemente mientras aparecen los primeros ritmos programados que nos acompañan hasta el final del tema en el que se incorporan con gran brillantez la batería y el bajo para terminar con una canción muy interesante.
“Cactus” - La segunda canción del disco es una versión de The Pixies. Es un tema que recuerda al Bowie de la época de Tin Machine y el cantante toca todos los instrumentos menos el bajo. El resultado es una canción potente y mucho menos monolítica que la original, lastrada por una sección bajo-batería abrumadora. Como curiosidad, en el tema original hay un momento en que los miembros de la banda recitan las letras que componen el nombre de la misma. Aquí escuchamos “D-A-V-I-D” deletreado por el propio artista.
“Slip Away” - Tony Levin es el invitado especial en esta canción que comienza como una típica balada melódica, al estilo de los grandes “crooners”. El tema cobra cariz de himno cuando llegamos el brillantísimo estribillo hasta convertirse en una de las grandes canciones del disco. Es uno de los temas que sobrevivieron de “Toy” donde aparecía con el título de “Uncle Floyd”. Su rescate para “Heathen” fue un grandísimo acierto que impidió que un tema maravilloso quedase en el olvido.
“Slow Burn” - El primer “single” del disco tenía a Pete Townshend (guitarrista de The Who) como invitado especial y en sus primeros momentos recordaba al clásico “Heroes” para convertirse después en una canción brillante por la que Bowie fue nominado al Grammy de aquel año. La linea de bajo de Tony Visconti es memorable y tiene un carácter hipnótico hasta el punto que rivaliza con la guitarra de Townshend a la hora de buscar lo más destacado del tema desde el punto de vista instrumental. Destaca también el propio Bowie al saxo, instrumento que toca en varios discos y cada vez con más soltura.
“Afraid” - El siguiente corte es un veloz tema lleno de energía que nos remite el Bowie de los comienzos. Los arreglos de cuerda suenan un poco fuera de lugar y no terminan de funcionar. De hecho, los momentos en que pasan a un segundo plano son los mejores de una canción que tiene un potencial que no terminamos de ver realizado aquí. “Afraid” era otro de los temas grabados en su momento para “Toy”.
“I've Been Waiting for You” - La segunda versión del disco es este tema de Neil Young del que también los Pixies hicieron su propia interpretación. El artista invitado aquí es Dave Grohl, el antiguo batería de Nirvana que en esta ocasión toca la guitarra. Hacía tiempo que Bowie quería grabar esta canción que fue interpretada en varias ocasiones por Tin Machine en directo aunque con Reeves Gabrels como vocalista y Bowie en los coros. La fuerza de esta versión tiene mucho más que ver con esas interpretaciones que con la original de Young, más comedida.
“I Would Be Your Slave” - El siguiente tema es muy curioso porque parte de una base rítmica que podría ser country y que se envuelve de cuerdas sedosas y otra gran linea de bajo a cargo de Tony Visconti. Con esa base instrumental, Bowie canta una melodía que parece ir a destiempo pero que, sin embargo, termina encajando bien. Una canción extraña que, pese a todo, funciona.
“I Took a Trip on a Gemini Spaceship” - La última versión del disco es esta canción escrita por Norman Odam en 1968, un pionero en cantar temas espaciales. Odam adoptó el pseudónimo de Legendary Stardust Cowboy y se dice que influyó al propio Bowie para la creación de su personaje Ziggy Stardust. La versión que aquí escuchamos tiene la energía y el ritmo de temas anteriores del músico como los que podíamos escuchar en “Black Tie White Noise.
“5:15 the Angels Have Gone” - Cambiamos por completo de tono pasando a un tema lento con toques de “reggae” en su primera parte, especialmente en los arreglos de bajo. Luego cambia con la entrada de una ráfaga rockera con toques ambient resaltados por el coro femenino. Una de las canciones más raras del disco por la inusual combinación de estilos.
“Everyone Says Hi” - Otro de los singles del disco fue esta canción amable y de fácil escucha que no tiene mucho más recorrido. Pop de buena factura, con guiños al primer rock'n'roll y sus coros inocentes pero que nos sabe a poco viniendo de quien viene.
“A Better Future” - Mucho más interesante es el comienzo del siguiente tema que comparte con el anterior el toque optimista en las melodías e incluso un punto de despreocupación que contrasta con los textos, mucho más sombríos.
“Heathen (the Rays)” - En contraste con las dos canciones anteriores, llega a cerrar el disco el tema que le presta el título al mismo. Es una canción oscura, marcada por un ritmo mecánico (recuerda en algún momento a OMD), en la que se superponen distintas capas de sonido, sintetizadores y cuerdas principalmente para construir una atmósfera muy poderosa. Una de las mejores canciones del disco, en nuestra opinión.
El tono del disco es más bien oscuro y pesimista lo que muchos atribuyeron a su grabación bajo el influjo de los atentados del 11-S obviando que gran parte del disco estaba compuesta antes de aquello. Las imágenes que aparecen en el libreto del disco son muy reveladoras al respecto: cuadros renacentistas destrozados (imágenes religiosas todas ellas) y una estantería en la que reposan tres libros que nos recuerdan a los famosos “maestros de la sospecha” de los que hablaba Paul Ricoeur y que hicieron tambalearse las creencias que había en sus respectivos campos de conocimiento en su época. Ricoeur citaba a Nietzsche, Marx y Freud aunque aquí Bowie sustituye a Marx por Einstein. En la foro podemos ver “La Gaya Ciencia”, el libro en el que Nietzsche anunciaba la muerte de Dios, “La Interpretación de los Sueños” de Freud y la “Teoría General de la Relatividad” de Albert Einstein. Si a eso unimos que el título del disco, “Heathen”, significa “pagano” nos damos cuenta de que la temática tiene poco que ver con el 11-S aunque pueda compartir el tono desesperanzado. El trabajo está lejos de los mejores de su autor pero muchas veces la altura de un artista no se mide por sus mejores obras sino por las más “normales” y un Bowie regular sigue estando a un nivel que otros no alcanzaron ni siquiera en sus mejores momentos.
Así sonaba "Sunday" en directo:
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domingo, 18 de octubre de 2015
Jean Michel Jarre - Electronica Vol.I - The Time Machine (2015)
“Me gustaría trabajar con Stewart Copeland (batería de The Police)” declaró Jarre a mediados de los años 80. “Me encanta el trabajo de Jeff Mills. Quizá hagamos algo juntos relacionado con la película Metrópolis de Fritz Lang” decía el músico en una entrevista años después. En 1997, Jarre afirma “Me gustaría trabajar con Vangelis algún día. Ambos tenemos raíces latinas aunque él tiene un enfoque más sinfónico”. La lista de artistas con los que Jarre ha mostrado su interés por colaborar en algún momento es muy larga y, si dispusiéramos de una máquina del tiempo para revisar todas ellas, podemos añadir nombres como los de Underworld, les Rythmes Digitales, The Chemical Brothers, Enya y un larguísimo etcétera.
Aquellos que llevamos siguiendo un tiempo la carrera del músico francés no le dábamos a ese tipo de declaraciones mayor credibilidad que a sus reiterados anuncios de conciertos y giras en cualquier lugar del mundo que su interlocutor de turno tuviera a bien sugerirle. Quizá sea un deseo de agradar o un indisimulado afán por colmar las expectativas de sus seguidores pero es un hecho que un porcentaje muy amplio de los proyectos que Jarre anuncia de una u otra forma, no llegan nunca a cristalizar en algo real. Por ese mismo motivo, las reiteradas insinuaciones de un posible trabajo en colaboración con otros artistas no recibían demasiado crédito entre la comunidad de seguidores del Francés por mucha confianza que se depositara en él.
Sin embargo, el río empieza a sonar con más fuerza durante la extensa gira del músico de los años 2009 y 2011 en la que la locomotora de Jarre recorrió toda Europa para ofrecer más de cien conciertos. Como es lógico, a lo largo de la misma, el músico ofreció un buen número de entrevistas en las que hablaba de sus planes de futuro. Ya en 2009 se menciona una colaboración con Moby. En 2010, al coincidir en Oslo, Jarre y los integrantes de Royksopp comentan entre elogios mutuos la posibilidad de hacer algo juntos. Tras terminar uno de los conciertos de la gira, Jarre se reúne durante varios minutos en el camerino con el DJ holandés Armin Van Buuren. Ese mismo año, Jarre habla en un periódico lionés de un posible disco junto con Vitalic, Sebastien Tellier, Air, Moby (de nuevo), Daft Punk o The Chemical Brothers. Algo más desapercibidas pasan unas declaraciones de David Lynch en las que afirma, ya en 2011, que ha hecho algo con Jean Michel Jarre: que el músico francés le envió una composición en la que trabajó completando un tema musical del que no había vuelto a saber nada desde entonces. El lanzamiento del recopilatorio “Essentials & Rarities” en ese mismo año ayudó a que la información sobre ese supuesto disco de colaboraciones quedara en un segundo plano.
Con la finalización de la gira surgen pequeños proyectos en los que aparecen nuevas pistas. En 2012 Jarre patrocina una instalación sonora en su Lyon natal bajo el título de “Gone”. En ella participan los miembros de Acid Washed que remezclan una pieza clásica del repertorio de Jarre. En aquel momento estos indican que tienen planes para una colaboración con Jarre en un nuevo trabajo en la que intervendrían, además, otros artistas de su mismo sello. Entre ellos tenemos nombres como los de John Carpenter, Kavinsky o Sebastien Tellier. Más o menos por aquellas fechas, el propio Tellier habla de una colaboración en marcha con Jean Michel Jarre ¿Y si...? pero no. No merece la pena hacerse ilusiones. ¿o sí?.
Continúan apareciendo indicios. En 2013 Jarre realiza una selección de músicas de un sello francés que aparece bajo el título de “InFine JMJ”. Entre los artistas seleccionados hay uno que aparece en dos ocasiones: Rone, a quien Jarre elogia en aquel momento. Nuevas entrevistas con el artista dejan caer nuevos nombres como el de Christophe, vieja gloria de la canción francesa junto a quien Jarre dio alguno de sus primeros pasos dentro de la industria. El músico hablaba de un trabajo muy especial junto a él. Más o menos por la misma época el nombre de Sebastien Tellier vuelve a relacionarse con el de Jarre para un proyecto común. De hecho, el cantante está grabando parte de su nuevo disco en el estudio de Jean Michel. El propio Jarre habla ya sin rodeos de que tiene pensado publicar dos discos, uno de colaboraciones y un segundo en solitario a la vieja usanza.
A partir de aquí, los rumores se desatan y ya no es el propio Jean Michel quien los alimenta sino otros artistas. DJ Loco afirma haber escuchado algo que Jarre ha hecho junto con Richie Hawtin y que “suena increíble”. Hans Zimmer publica en Facebook una foto junto al músico francés que retira horas después. El cineasta John Carpenter habla en una entrevista de un tema que ha grabado junto a Jarre y que saldrá en un próximo disco en el que también participan Trent Reznor y David Lynch. Ambos nombres se repiten en un artículo aparecido en Polonia que añade a la lista los nombres de Gary Numan y Vince Clarke. Los nombres empiezan a formar un elenco realmente impresionante que dispara ya la imaginación de los seguidores de Jarre que vuela ya libre en estado de total ingravidez.
En el mundo como el actual en el que internet transmite de modo automático la información a cualquier parte del globo, la aparición de fotos de Jarre con cualquier otro artista desata todo tipo de especulaciones. Comienza así a desplegarse un importante álbum de imágenes del músico francés con otros colegas, desde la inglesa Little Boots hasta Tangerine Dream pasando por Bob Sinclair o Carmen Rizzo. Algunos empiezan a desempolvar otras instantáneas de Jarre con otros colegas aparecidas en los últimos años: Brian Eno, Herbie Hancock, Nile Rodgers, Fatboy Slim... Imposible que estén todos en un solo disco. Mientras tanto, comienzan a confirmarse algunos nombres de forma más o menos oficial. Los primeros: Tangerine Dream, Massive Attack, Armin Van Buuren, Hans Zimmer y Pete Townshend. Poco después el miembro de Yello, Boris Blank, afirma que también ellos participan en el disco y aporta otros nombres a la lista: Portishead, Air y Laurie Anderson. La revista DJ Mag deja caer un par de artistas más: Gesaffelstein y the Chemical Brothers. Otros nombres como los de John Talabot, Justice, Rone o el siempre presente Tellier se dan por seguros en diversas webs. Aparentemente el disco de colaboraciones aparecerá a finales de 2014. En los círculos de seguidores de Jarre las “quinielas” con nombres de colaboradores circulan con rapidez. Cualquier mención del músico a otro artista en su cuenta de Twitter o en Facebook desata la locura y rápidamente nombres como los de Fuck Buttons o Bernard Szajner se incorporan al listado de “posibles colaboradores”.
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| Juguemos al "¿quién es quién?" ¿Alguien se atreve a localizar a los colaboradores del disco? |
¿Alguien duda a estas alturas de que habrá disco? Para acabar con cualquier sospecha aparecen en la página web de la SACEM (la sociedad de autores francesa) veinticinco títulos de nuevas composiciones a nombre de Jean Michel Jarre. Poco después se les unen otros once. Nada de esto pasa desapercibido para los fans del músico que, así las cosas, están vigilantes y atentos a cualquier movimiento alrededor de este. Más o menos por estas fechas, Jarre deja aparcado aquel proyectado disco en solitario y se habla ya de que el disco de colaboraciones será doble.
¿Cómo hemos llegado a este punto? Cerremos los ojos un momento y volvamos a 2007. Jean Michel Jarre acaba de publicar su disco más controvertido, “Teo & Tea”, que, de modo casi unánime, es considerado el punto más bajo de su carrera. El momento en que el espejo se rompe y le devuelve a Jarre una imagen que no le gusta nada. La aparición poco después de una “regrabación” del clásico “Oxygene” no mitiga el mal sabor de boca de los fans e incluso le acarrea algunos problemas legales con su antigua discográfica. Este declive no es un hecho casual. Jarre es un artista de un talento inmenso. Tanto que, durante un buen tramo de su carrera, le bastó con él para grabar un buen número de discos inolvidables sin necesidad de dedicarles todo el esfuerzo que estos requerían, esfuerzo que muchas veces se repartía entre las grabaciones y la organización de esos colosales espectáculos en directo que le han dado una fama pareja a la reportada por los propios discos.
De cara a los aficionados, y pese a la buena acogida de las giras de los últimos años, la imagen de Jarre comenzaba a parecerse peligrosamente a la de un músico con más pasado que presente y dispuesto a vivir de las rentas (algo muy legítimo, por otra parte). Sin embargo Jarre es un tipo orgulloso, alguien capaz de hacer de la recuperación de su prestigio una cuestión de honor, casi una deuda de sangre por la herencia recibida y el peso del apellido Jarre en la música. Así, una vez concluidos los conciertos se puso a trabajar en el estudio como quizá no lo hacía desde mucho tiempo atrás. Así, comenzó a componer nueva música, arreglándola, deshaciendola y volviendo a empezar cuando algo no era de su agrado. Si iba a regresar al primer plano lo iba a hacer a lo grande y eso implicaba un nivel de esfuerzo superlativo. También un punto de humildad. Humildad necesaria para ponerse en contacto con otros artistas que le aportasen puntos de vista nuevos, más frescos en el caso de los más jóvenes; con otra perspectiva en el de sus colegas de generación.
Jarre en estos años mantiene una importante actividad al margen de la estrictamente creativa. Cada vez se significa más en la lucha por los derechos de los músicos y por la obtención de una remuneración justa por su trabajo en la era de internet. Ayuda a esto el hecho de vivir por primera vez en mucho tiempo sin estar sometido a la presión de un contrato discográfico una vez extinguida su relación con EMI en 2010. De este modo se explican los ocho años transcurridos desde el infausto “Teo & Tea”. Cada aparición de Jarre en una nueva gala, en un acto de cualquier tipo es interpretada por los fans como la confirmación de un dulce retiro y sus declaraciones sobre nuevos proyectos son recibidas con una media sonrisa de incredulidad. De modo paralelo y casi en secreto, Jarre se embarca en una serie de contactos con muchos de los músicos citados en la primera parte de este texto. Expone sus ideas sobre el nuevo trabajo y las comparte con ellos. Les manda los bocetos de los temas (creados con el estilo de cada colaborador en mente) y viaja a los estudios de cada uno de ellos para trabajar cara a cara, sin intermediarios. El contacto es personal desde el primer momento. Los asuntos legales entre los representantes y abogados de cada uno vienen después. No son importantes. Son años en los que Jarre pasa más tiempo en las cintas transportadoras de los aeropuertos de medio mundo que en el sofá de su casa.
A partir del mes de marzo de este 2015, las noticias se suceden y todo hace indicar que la aparición de un nuevo disco de Jean Michel Jarre es inminente. Aparece en Facebook una foto anunciando “un nuevo disco en el horizonte” sobre lo que parece un fragmento del cartel de la película “Interstellar”. ¿Una pista? Algo así. Muy poco después aparece un primer extracto con música nueva en los créditos de un cortometraje que forma parte de una especie de secuela del film. El tema lleva el título de “Glory” y está realizado en colaboración con M83. Desde este momento se suceden los lanzamientos de todo tipo con un ritmo muy irregular. Aparece sin aviso previo el single “Conquistador” de Jarre y Gesaffelstein en una tienda digital, se anuncia la salida a la venta de tres maxis en vinilo entre los que se encuentra el citado “Conquistador” y sendas colaboraciones con Robert del Naja, alias “3D”, de Massive Attack y con Tangerine Dream en lo que sería una de las últimas grabaciones en las que participó el poco antes fallecido Edgar Froese. Semanas más tarde aparece un EP digital con las remezclas de los tres maxis citados y varias nuevas de “Glory”. El resto es historia conocida y podríamos seguir hablando hasta que se ponga el sol de una cronología que se hace interminable por lo que pasamos directamente a la música.
“The Time Machine” - Alexander Ridha es un talentoso DJ alemán que firma sus trabajos como Boys Noize. Aunque tiene varios discos publicados en solitario, su fuerte son las colaboraciones y los remixes para otros artistas. Entre otros, ha remezclado temas de David Lynch, the Chemical Brothers, Daft Punk o Depeche Mode. La pieza comienza con las clásicas voces electrónicas que ya sonaban en clásicos como “Chronologie 1” por poner un ejemplo aunque no tardan en dar paso a un secuencia electrónica que sirve de preludio para una descarga rítmica en la que se deja entrever el trabajo de Boys Noize con los citados Chemical Brothers. Una vuelta a la melodía inicial nos acerca al momento en que suenan unas notas muy familiares para el seguidor de toda la vida de Jarre puesto que son ejecutadas con el inconfundible sonido del “laser harp”. Nuevo guiño, y no será el único a lo largo del disco, al aficionado veterano. La pieza es realmente espectacular y sitúa las expectativas en lo más alto.
“Glory” - M83 empezaron como dúo en 2001 pero actualmente es el nombre bajo el que publica su música Anthony Gonzalez. Aunque su obra no tiene muchos puntos en común con ellos, su trayectoria es similar a la de Daft Punk y le ha llevado a realizar sus últimos trabajos dentro del ámbito de las bandas sonoras. La que fue la primera colaboración en salir a la luz es una canción en la que el estilo de M83 es patente, siendo una de las piezas del disco en la que el peso del artista invitado parece mayor quedando la presencia de Jarre muy diluida. La pieza tiene un esquema muy cercano al de otras que han quedado como himnos deportivos en la memoria de los oyentes y el videoclip que la acompaña incide en esa relación con una buena dosis de humor absurdo. También encontramos ahí algunas referencias a los aspectos visuales de la obra previa de Jarre, particularmente al diseño de la portada de “Equinoxe”.
“Close Your Eyes” - Uno de los grupos franceses con un sonido más personal es el formado por Nicolas Godin y Jean-Benoit Dunckel: Air. Su utilización de sonidos analógicos y la gran cantidad de elementos nostálgicos que contiene su música hacían de ellos los candidatos perfectos para formar parte de un disco como este. Es para esta colaboración para la que Jarre se guardaba una de las piezas más importantes del disco. En ella se hace un repaso por la propia historia de los instrumentos electrónicos de modo que el primer sonido procede de un banco de osciladores, el ritmo central se construye a partir de “loops” de cinta y a lo largo del mismo escuchamos, desde el clásico sonido de cuerdas del “Eminent” hasta los agudos timbres del sintetizador EMS AKS en registros próximos al del “theremin” (recuerdo evidente de “Oxygene”). Junto a todo ello, el inconfundible sonido de las voces o el piano de Air aderezados con los efectos electrónicos marca de la casa a cargo del propio Jarre, especialmente presentes en el interludio entre las dos partes de la composición. Probablemente estemos ante la mejor pieza de todo el primer volumen.
“Automatic (part 1)” - Si hay una figura omnipresente en el pop electrónico de los años ochenta esa es la de Vince Clarke, fundador de Depeche Mode, Yazoo o Erasure. Esa trayectoria hizo que Jarre estimase su presencia como necesaria en un proyecto como éste. Es el único artista que aparece en dos de los cortes del disco, aunque estemos hablando realmente de uno dividido en dos partes. La primera de ellas es la mejor en nuestra opinión: una pieza enteramente secuencial que nos remite a los mejores años de la música electrónica realizada dentro del ámbito de la denominada Escuela de Berlín. Dentro de la obra de Jarre se situaría como digna sucesora de “Arpegiator” o de “Oxygene 12”. Otra de nuestras favoritas dentro del disco.
“Automatic (part 2)” - La segunda parte de la pieza cambia totalmente de registro acercándose más al Jarre creador de singles de éxito, particularmente “Chronologie 4” o, más recientemente, “Aero” tema con el que este fragmento comparte muchas características en todos los sentidos. A pesar de una cierta simplicidad melódica, la cantidad de capas de sonido que se pueden escuchar en determinados momentos denotan un trabajo de producción extremadamente cuidado por parte de Jarre en una de las composiciones del disco en las que más nos cuesta entrever la mano del artista invitado.
“If..!” - Una de las participantes más jóvenes del disco es Victoria Christina Hesketh, alias “Little Boots”. Artista inglesa que hace un pop electrónico muy elegante y pegadizo. Se caracteriza por utilizar instrumentos electrónicos más bien extravagantes, algo que la acerca a Jarre. También por tocar el “laser harp” en sus conciertos lo que, sin duda, llamó la atención del músico francés. Su colaboración fue el segundo tema del disco en tener vídeo clip propio tras “Glory”. No es difícil entender el por qué ya que se trata de una canción pop al uso, extremadamente pegadiza y cercana a cualquiera de las que pueden escucharse en cualquier radio-fórmula hoy en día. De una factura excelente tiene todos los ingredientes para convertirse en una de las piezas más controvertidas del disco por su decidida vocación pop.
“Immortals” - Fuck Buttons son un dúo de Bristol formado en 2004. Proceder de la cuna del “trip-hop” tiene que marcarte de algún modo aunque su estilo es muy personal y no demasiado cercano al de bandas como Massive Attack o Portishead. Emplean instrumentos electrónicos de todo tipo, incluyendo juguetes de Fisher Price o Casiotones. Sus influencias son muy variadas aunque muchos vimos una clara referencia a “Equinoxe” en la portada de “Street Horrrsing”, su disco de debut. Junto a ellos Jarre realiza el corte más épico de todo el disco sin lugar a dudas. Elaborado a partir de una sencilla serie de arpegios que se multiplican entre ecos y “delays”, la composición va ganando en intensidad con cada repetición beneficiandose de una magnífica percusión que recuerda a la de “Globe Trotter”, uno de los temas “menores” más apreciados por los seguidores del músico. Los solemnes fondos de cuerdas que van evolucionando por detrás a lo largo de todo el tema terminan por elevar la pieza hasta niveles extraordinarios recordando por momentos los instantes más grandilocuentes de un Vangelis, por poner solo un ejemplo.
“Suns Have Gone” - De todas las colaboraciones que aparecen en el disco, aquella de la que Jarre lleva más tiempo hablando es la realizada con Moby. Es también la primera de la que se escuchó un fragmento hace años en un breve reportaje que un programa de televisión francés grabó en el estudio de Jean Michel, mostrando algunos segundos de música que luego terminarían siendo parte de esta colaboración. Sonaba algo más en ese vídeo que formará parte con toda seguridad del segundo volumen pero el fragmento es tan breve que podría desembocar igualmente en una composición épica que en música de fondo para hacer la colada. “Suns Have Gone” empieza con un sencillo arpegio que se va desdoblando hasta desembocar en unos preciosos acordes de cuerdas. Hasta aquí, la composición podría recordar en su esquema a “The Oh of Pleasure” de Ray Lynch aunque con una producción muy diferente. Cuando comienza a cantar Moby entramos en una fase completamente diferente a lo largo de la cual descubrimos una composición con todo lo necesario para convertirse en una de las grandes piezas del disco. Como dice Jarre en uno de tantos vídeos que acompañan la promoción de “Electrónica”, Moby tiene un estilo tan marcado que puedes reconocerlo incluso cuando toca una simple nota. Eso se nota en esta canción en la que la aportación del artista norteamericano es tal que cuesta imaginarse cómo sonaría sin él.
“Conquistador” - Otra de las jóvenes promesas de la escena francesa es Gesaffelstein, alter ego de Mike Lévy. En muy poco tiempo, Mike se ha hecho un nombre internacionalmente llegando a producir canciones para Kanye West. Además ha hecho remezclas para varios de los artistas que participan en “Electronica” como Moby, Boys Noize o Vince Clarke. Fue la primera pieza del disco en darse a conocer junto con dos remezclas especiales a cargo del propio Jean Michel Jarre; ambas, en nuestra opinión, superiores a la que finalmente aparece aquí. A pesar de todo, “Conquistador” es una de nuestras composiciones favoritas. Sobre una base muy sencilla que podría recordar el clásico esquema “tubular” de muchas piezas de Mike Oldfield, Jarre y Gesaffelstein despliegan una descarga de energía arrebatadora. Cuando apareció como adelanto del disco nos dimos cuenta de que el proyecto iba muy en serio y de que Jarre no iba a eludir el riesgo en sus colaboraciones. Se agradecen, cómo no, algunas referencias en el apartado de efectos sonoros a piezas fundamentales como “Equinoxe 4” que podemos escuchar en algún momento.
“Travelator (part 2)” - Probablemente el nombre más sorprendente a primera vista del elenco de estrellas que participan en el disco sea el de Pete Townshend. Sin embargo, a poco que se profundice en su trayectoria su presencia cobra sentido ya que con The Who fue uno de los primeros artistas del ámbito del rock en introducir sintetizadores en su música. No fueron, además, unos aparatos cualquiera sino el EMS VCS3, el ARP 2500 y el ARP 2600: tres de los modelos que marcaron de un modo más profundo el sonido de los primeros discos de Jean Michel Jarre. Con toda seguridad es una de las dos o tres colaboraciones que no van a dejar indiferente a nadie por la marcada personalidad de Townshend. Pese a lo alejado del planteamiento estético del tema del estilo habitual de Jarre (tendríamos que remitirnos a algunos singles casi prehistóricos para encontrar algo similar), la química entre el líder de The Who y el músico francés es perfecta (se puede apreciar en los vídeos promocionales cómo Pete disfruta de lo lindo en las sesiones de grabación) y eso hizo que esta pieza vaya a tener vida propia al margen del disco como un EP que aparecerá presumiblemente en diciembre con las tres partes de que consta el tema. Aclaramos así de paso el “part 2” que acompaña al título.
“Zero Gravity” - Y si el nombre de Townshend era inesperado, el de Tangerine Dream es uno de los pocos imprescindibles en los que cualquier fan habría pensado a la hora de formular un deseo sobre sus colaboraciones favoritas para el disco. La legendaria formación alemana grabó su colaboración con Jarre poco tiempo antes del fallecimiento de su líder, Edgar Froese, lo que le da aún más valor a la pieza como una de las últimas en las que participa la que es una de las figuras imprescindibles del género. El disco entero lleva una dedicatoria muy merecida a Edgar. La pieza mantiene un perfecto equilibrio entre el clásico sonido de los Tangerine Dream de los años ochenta, con sus inconfundibles “leads” y secuencias rítmicas y un Jarre que un seguidor no tardará en identificar como el autor de las secuencias y percusiones de piezas como “Arpegiator” o “Night in Shanghai” del disco que recogía los conciertos del músico en China en 1981. Mientras que buena parte de los temas del disco tienen un aire atemporal que no hace fácil situarlos en un momento histórico determinado, “Zero Gravity” tiene un claro acomodo en esa primera mitad de los ochenta.
“Rely on Me” - La colaboración de Tangerine Dream era tan deseada como habitual es ya la presencia de Laurie Anderson en los proyectos más rompedores de Jean Michel Jarre, desde “Zoolook” hasta “Metamorphoses” pasando por su breve intervención en el concierto de las Pirámides. El comienzo, con un repetitivo ritmo de “minipops” (caja de ritmos omnipresente en discos como “Oxygene”) nos acerca a la narración de Laurie: un texto relacionado con la creciente dependencia que tenemos de la tecnología, particularmente de los “smartphones”. La pieza es demasiado corta y no llega al nivel de anteriores colaboraciones entre ambos músicos. Encajaría mejor en un disco como fue “Metamorphoses” que aquí, probablemente.
“Stardust” - Hasta ahora la lista estaba formada por músicos de mayor o menor prestigio pero faltaba un “fan”. Armin Van Buuren, además de un popular DJ y presentador de radio, es un seguidor de la música de Jean Michel Jarre desde muy pequeño. Quizá, de hecho, sea el único de los participantes en el disco que no tiene reparos en declararse fan incondicional de Jarre con lo que la posibilidad de formar parte de “Electronica” debió ser como un sueño hecho realidad para él. El tema no tiene demasiada historia: es la clásica composición “trance” con un estribillo melódico extremadamente sencillo diseñado para no tener que desviar demasiado la atención de la pista de baile mientras se salta sin parar. Hay guiños para el aficionado a Jarre, cómo no, y es que la secuencia principal es un remedo de la solemne “Rendez-Vous II” y en alguna de las pausas que encontramos en el tema podemos escuchar lo que podría ser una referencia a “Souvenir of China”. Con todo, es una pieza que puede gustar mucho al seguidor de Jarre más afín a los recopilatorios de grandes éxitos que a los discos completos.
“Watching You” - De Massive Attack hay poco que se pueda decir a estas alturas. Con apenas cinco discos de estudio y una banda sonora en 25 años, son una de las bandas más influyentes de la escena electrónica y han dejado algunos trabajos que son ya clásicos del género, especialmente “Mezzanine”. Con esta colaboración ocurre lo contrario que con la anterior. En términos estéticos es todo riesgo ya que carece de un esquema convencional, la voz está distorsionada más allá de los límites de lo inteligible y no es sencillo encontrar una melodía fácil de recordar. Precisamente por todo ello, es una de nuestras piezas favoritas de todo el disco. Es una colaboración, además, en la que Jarre puso un empeño particular. Según cuenta, la idea inicial no funcionaba y optó por enviar a Robert Del Naja un tema completamente nuevo. No sabemos cómo era aquel primer ensayo pero lo que finalmente aparece en “Electronica” es un experimento mesmerizante, un alarde de producción a la altura del nombre de los artistas que participan en él. Con unos juegos de percusión increíbles, las clásicas notas de piano de los discos de Massive Attack y referencias a varios temas claves del repertorio de Jarre como “Hey Gagarin”, “Revolutions” o “Chronologie 2”, “Watching You” es otro de los grandes momentos del trabajo.
“A Question of Blood” - Pocos esperarían en un disco de estas características la presencia de un artista cuya faceta principal no es, precisamente, la musical. Sin embargo, el director de cine John Carpenter ha sido el encargado de crear las bandas sonoras de la gran mayoría de sus películas consiguiendo en muchos casos que estas sean inmediatamente reconocidas por parte de los aficionados. Este mismo año se ha publicado “Lost Themes”, el primer disco de estudio de Carpenter al margen de sus bandas sonoras. No podría ser de otro modo con Carpenter de por medio pero la pieza, quizá la más puramente melódica del disco, es capaz de crear un ambiente de verdadera inquietud, ideal para ilustrar cualquier relato romántico de terror. Hay alguna frase que nos recuerda al Jarre de singles como “Hypnose” pero, en general, toda la composición lleva el sello de Carpenter.
“The Train and the River” - Cerrando el disco encontramos una de las intervenciones más controvertidas, no tanto por la calidad del colaborador sino por su dudosa relación con el mundo de la música electrónica. Se trata del pianista chino Lang Lang, superestrella (en el más amplio sentido del término) de la música clásica. La explicación que Jarre le da a su presencia en el disco nos da un pista sobre el auténtico trasfondo del trabajo. ¿Un pianista clásico en un disco dedicado a la música electrónica? Según el músico francés, desde el primer momento sintió que en un disco como este debería haber alguna referencia a un momento clave de su carrera como fueron los conciertos en China de 1981. La mejor forma que se le ocurrió fue contar con un artista de esa nacionalidad. Como quiera que Lang Lang, además de tener un inmenso prestigio en el campo de la música clásica, especialmente entre el gran público, es una persona que no rehuye las colaboraciones y las incursiones en géneros completamente diferentes (ha tocado en discos de Schiller o Mike Oldfield, sin ir más lejos), enseguida se presentó como una posibilidad muy apetecible. La pieza es muy diferente del resto en su concepción. Realmente se trata de un largo pasaje electrónico que combina partes tranquilas con otras más potentes en el que Jarre despliega su capacidad para construir atmósferas sonoras llenas de texturas y sonidos diferentes a los habituales en sus temas más “comerciales”. Sobre ese tapiz sonoro el cometido de Lang Lang es improvisar aquello que se le ocurra con su piano. Como el propio pianista indica, se trata de una experiencia completamente nueva para él que básicamente se ha dedicado a interpretar música de otros durante toda su carrera. Con todo, y pese a lo controvertido del experimento, creemos que el resultado es más que notable y que funciona como un perfecto cierre para la primera parte de un proyecto como “Electronica”. No faltan nuevas referencias de Jarre a su propio pasado como la aparición del sonido del “laser harp” (curiosamente presente en los cortes que abren y cierran el disco) o el uso de acordes completos de “Oxygene 2”
Sobre el papel, Jean Michel Jarre ha querido realizar un repaso de la historia de la música electrónica como género. Un estilo musical que salió de los laboratorios más vanguardistas de las emisoras de radio en la primera mitad del siglo pasado, que se expandió a partir de los años sesenta con la aparición de los primeros sintetizadores comerciales y que terminó por integrarse con todos los estilos populares en los años siguientes hasta convertirse en algo cotidiano dejando por el camino un puñado de nombres que hoy ya son inmortales. Sin embargo, si profundizamos un poco en los estilos y colaboradores de este primer volumen, el panorama descrito no es tan amplio como el que Jarre quiere abarcar sino que parece circunscrito a un territorio bastante más reducido.
Se diría que existe detrás de todo el proyecto una intención no declarada por parte del músico de realizar con “Electronica” el disco-tributo que nadie le ha hecho aún. Creemos adivinar todo un trasfondo reivindicativo que se hace más notorio cuando contemplamos con detenimiento todo el material audiovisual que ido apareciendo de forma paralela al lanzamiento del disco: los “track stories” en los que la mayor parte de los colaboradores hablan de Jean Michel y de su influencia en la historia de la música electrónica o el extenso documental realizado por el canal Arte sobre los dos volúmenes del trabajo abundan en la idea de homenaje a un músico cuyos últimos trabajos no habían hecho mucho en favor de su prestigio. También las nada veladas referencias a momentos concretos de discos anteriores presentes en todos y cada uno de los nuevos temas parecen formar parte de ese mismo objetivo. Desde este punto de vista, “Electronica” tendría mucho de lavado de imagen para mostrarnos a Jarre como un conquistador que es capaz de reunir a su alrededor a un puñado de músicos cuya sola mención impresiona al más pintado.
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| Edición "deluxe" del disco. |
Visto bajo esa óptica, el nuevo trabajo de Jean Michel Jarre lo tendría todo para ser el foco de las más despiadadas críticas por parte de un amplio sector de sus seguidores, disconforme con los últimos años de su trayectoria. Tendríamos que estar de acuerdo con esa opinión de no ser por un pequeño detalle: el disco es magnífico. Simple y llanamente. Quizá sea por el hecho de que es uno de los trabajos de Jarre que esperábamos con mayor escepticismo, por las dudas que nos suscitaba el propio concepto de disco de colaboraciones o por la poca fe que nos quedaba ya en una resurrección del músico al que una vez profesamos una tremenda admiración pero sea como fuere, el fruto de varios años de trabajo, de viajes por todo el mundo, de intercambio de ideas con artistas de generaciones y ámbitos muy diferentes ha tenido el efecto de una transfusión revitalizante sobre la música de un Jean Michel Jarre que nos ha vuelto a regalar un trabajo del que sentirnos orgullosos y del que aún nos queda por conocer una segunda parte proyectada para la primavera del próximo año. A decir de quienes lo han podido escuchar ya, el segundo volumen es todavía mejor que este primero por lo que, de cumplirse esa previsión, la apuesta de Jarre, el doble o nada que planteaba con el que, probablemente, sea su proyecto más ambicioso le habría vuelto a salir bien. Es una curiosa coincidencia que “Electrónica” salga a la venta en la misma fecha en que nació Oscar Wilde, creador de uno de los mitos con el que más se identifica el propio músico: el de Dorian Gray. Esperemos que su retrato continúe a buen recaudo por un tiempo y así Jarre siga mostrándonos su mejor cara durante muchos años. Decía Carl Sagan que, en el fondo, todos somos polvo de estrellas, lo que no es más que una forma de recordarnos la poca importancia que tienen en realidad la mayor parte de las cuestiones de la vida cotidiana así que, qué mejor que disfrutar de aquellas que nos hacen sentir bien y olvidarnos por un momento de otras preocupaciones. ¿cómo? Por ejemplo, introduciendo “Electrónica” en el reproductor de CD y pulsando el “play”.
Nota: En esta reseña se menciona a un gran número de artistas como posibles colaboradores del proyecto además de otros a simple título informativo. Unos, como se ha podido comprobar, ya han aparecido en el primer volumen. Otros lo harán en el segundo y hay varios nombres que no están en el proyecto, bien porque sólo fueron rumores sin mucho fundamento, bien porque en algún momento se decidió que no formarían parte del mismo. También hay varios artistas cuya participación en el segundo volumen está asegurada y no aparecen aquí. Toda la información al respecto puede seguirse dentro de los foros de Fairight Jarre.
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lunes, 27 de febrero de 2012
David Bowie - Scary Monsters (and Super Creeps) (1980)
Tras la trilogía berlinesa, Bowie se encontraba en una situación muy curiosa y que se repite con cierta frecuencia en la carrera de muchos músicos. Consiste en que una estrella, en cualquier estilo musical, decide en un momento determinado, arriesgarse y dar un giro innovador a sus creaciones. El resultado es en muchos casos el mismo. El disco o discos editados en ese periodo creativo son bien recibidos por la crítica pero no obtienen el mismo rédito comercial. Esta historia se repite una y otra vez con artistas de todo pelaje y tenemos ejemplos tan variados como los de U2 y “Zooropa”, Camarón y “La Leyenda del Tiempo”, Miles Davis y “Bitches Brew”, Bob Dylan y “Bringing it All Back Home” o Mike Oldfield con su “Amarok”.
Con David Bowie esto mismo ocurría en la etapa de la citada trilogía. “Low”, “Heroes” y “Lodger” tuvieron una gran aceptación crítica en general pero las ventas no fueron tan bien. Además, con la entrada de 1980, David se divorcia de su pareja de la época, Angela. En esta situación ¿cuál iba a ser el camino a emprender por el artista? Continuar por el nuevo camino de los últimos años o volver a hacer las cosas como las había hecho hasta “Station to Station” parecían las dos opciones más factibles pero existía una tercera vía.
“Scary Monsters” no iba a ser un disco continuista. Para empezar, ya no estaba Brian Eno en el proyecto pero tampoco iba a ser una ruptura total con la etapa berlinesa y alguno de los músicos que participaron en esos discos seguían presentes, especialmente, Robert Fripp. Bowie iba a hacer un disco de pop-rock sin pretensiones en el que todas las canciones eran suyas con la excepción de un cover de Tom Verlaine. La gran diferencia con los trabajos anteriores es que para “Scary Monsters”, Bowie pasó la mayor parte del tiempo componiendo y escribiendo las canciones, entrando al estudio sólo en el momento de la grabación. En los discos anteriores, muchas de las canciones surgieron de improvisaciones instrumentales para las que más tarde se escribieron los textos. A pesar de lo comentado, algunas de las canciones recuperan ideas antiguas de Bowie en una especie de versión 2.0 o de evolución de las mismas. No hablamos de versiones o secuelas stricto sensu pero sí que hay muchos elementos comunes entre ellas. El papel innovador en el campo sonoro que había desempeñado Brian Eno en los discos anteriores iba a correr por cuenta ahora de Chuck Hammer, especialista en guitarras sintetizadas, sintetizadores de guitarra o como queramos llamarlos. Bowie se puso en contacto con él tras escuchar su trabajo junto a Lou Reed en los años anteriores. En cualquier caso, la participación de Hammer se limitó a dos de las canciones del disco. Los acompañantes de David Bowie en el disco fueron los habituales Dennis Davis (percusión), George Murray (bajo) y Carlos Alomar (guitarras) en la que fue la última colaboración del cuarteto, aunque Alomar volvería a trabajar con Bowie años después. Al margen de la banda que toca en todos los temas, hay colaboraciones individuales que iremos desgranando en las breves reseñas de las canciones.
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| Bowie caracterizado para las sesiones de fotos del disco. |
“It’s No Game (part 1)” – Abre el disco una especie de rock marciano con la voz de Michi Hirota recitando textos en japonés y Bowie desgañitándose a voz en grito. Curiosamente la canción no es el desastre que cabía pensar por la descripción inicial. En la parte instrumental, la guitarra de Robert Fripp reina a lo largo de todo el tema de tal forma que incluso deben ordenarla que se calle en varias ocasiones al final de la pieza.
“Up the Hill Backwards” – En una linea completamente distinta a la del tema inicial, Bowie afronta una letra que muchos han querido relacionar con el reciente divorcio por el que acababa de pasar el artista. La canción tiene un aire casi colegial, sólo alterado por la guitarra ácida de Fripp. Destacamos la aportación del pianista habitual de Bruce Springsteen en aquellos años, Roy Bittan y la participación de Tony Visconti acompañando a Bowie en los coros.
“Scary Monsters (and Super Creeps)” – El tema central del disco es una trepidante historia que no deja un solo instante de respiro, con una batería francotiradora a medio camino entre el fusil de repetición y la ametralladora repartiendo ráfagas por doquier. Fripp por su parte nos deja alguno de sus mejores solos del disco.
“Ashes to Ashes” – La mejor canción del disco, a nuestro juicio, recupera un viejo personaje del cancionero de Bowie: el Major Tom de “Space Oddity”, quien aparece ahora como un yonki, en lugar del astronauta hippie de la canción de 1969. Algún fragmento de la letra ha sido leído en clave biográfica queriendo ver en la metamorphosis del Mayor Tom un paralelismo con la trayectoria del propio Bowie hasta la época de la trilogía berlinesa, surgida tras el punto más bajo del artista en relación con sus adicciones. El verso “Major Tom is a junkie, strung out in heaven’s high, hitting an all-time low” encerraría todo el trayecto de Bowie hasta su caída a los infiernos antes de grabar, precisamente, “Low”. En lo musical, destaca tremendamente el sonido de Chuck Hammer a quien hicimos referencia más arriba, junto con los sintetizadores de Andy Clark.
“Fashion” – Otro de nuestros temas favoritos del disco servía para cerrar la cara A del vinilo. Se trata de una canción con elementos de “new wave” pero también de “funk”. Nuevamente Robert Fripp tiene una importancia capital en buena parte de la canción con sus “riffs” incendiarios que rescatan al tema de una cierta linealidad, nunca monótona.
“Teenage Wildlife” – “Fashion” tenía algo que no dejaba de recordar al “Golden Years” del propio autor. En la misma senda, la canción que abre la cara B del disco nos recuerda de modo más claro a “Heroes”, otra de las grandes canciones del Bowie más reciente. Se trata del segundo y último tema del disco con participación de Chuck Hammer aunque ésta no es tan destacada como la de “Ashes to Ashes”. Por el contrario, es el corte en el que la aportación de Roy Bittan es más apreciable.
“Scream Like a Baby” – Si en temas anteriores, era Robert Fripp el instrumentista más destacado, podemos afirmar que en éste es el teclista Andy Clark. Como curiosidad, podemos señalar que la melodía del estribillo es muy similar a la de la canción “We Didn’t Start the Fire” que Billy Joel escribió un tiempo después aunque no nos consta que hubiera ningún tipo de polémica al respecto.
“Kingdom Come” – La única canción ajena del disco es esta versión del vocalista de la banda Television, Tom Verlaine, quien la incluyó en su disco de debut de un año antes. No nos parece la mejor canción del disco ni mucho menos pero se deja escuchar.
“Because You’re Young” – Acercandonos al final del disco encontramos la colaboración del guitarrista de The Who, Pete Townsend en un tema de rock clásico con una importante carga de teclados y sonidos de órgano.
“It’s No Game (part 2)” – Para cerrar el disco, Bowie escoge una versión más calmada del tema que lo abrió 45 minutos antes. No tenemos ya la voz en japonés ni los gritos del cantante, quien escoge un registro más calmado. Muchos críticos lo han interpretado como una forma de decir: “Las cosas siguen estando tan mal como al principio pero me lo tomo mejor” y no andan desencaminados puesto que la letra de la canción, a pesar de enfrentarnos con la misma situación, lo hace de un modo más reposado pero igualmente crítico.
“Scary Monsters (and Super Creeps)” fue el último de los discos grabados por Bowie para la RCA, tras el cual iba a hacer un paréntesis discográfico de varios años, tiempo en el que se dedicaría a su faceta de actor, tanto en teatro como en cine, con alguna excepción puntual como su participación junto con Queen en el popular single “Under Pressure”. A partir de aquí, Bowie dio un nuevo giro (y ya hemos perdido la cuenta de los que ha dado) y su carrera en los ochenta iba a ser más exitosa si cabe a nivel comercial, de lo que lo había sido en las décadas anteriores. Seguramente más adelante encontraremos tiempo para hablar de esos años del artista.
Por ahora, os dejamos con un enlaces para haceros con el disco que hoy hemos comentado por si a alguno de vosotros os interesa adquirirlo. El precio es tan ridículo que no hemos querido buscar más:
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