Mostrando entradas con la etiqueta Marc Verdonck. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marc Verdonck. Mostrar todas las entradas

domingo, 31 de agosto de 2025

Wim Mertens - Kere Weerom (Part II - Kere Weerom) (1999)



Muy de cuando en cuando nos acercamos a darle una escucha a los complejos “ciclos” de Wim Mertens. Hemos dado en llamar así a cuatro extensas colecciones musicales que el músico belga publicó entre 1990 y 2001 y que tenían dos características principales: su gran tamaño (entre los cuatro  forman dos trilogías y dos tetralogías que abarcan la friolera de 37 discos), y la poca accesibilidad de la mayoría de la música que allí se podía escuchar. En ellos encontramos desde discos para piano solo a otros para grupo pero también, y esto suele coincidir con los trabajos más áridos y desafiantes para el oyente, discos para instrumentos solistas como el fagot, el arpa, el clarinete o el trombón bajo. Las composiciones también son diversas. Algunas más accesibles, podrían funcionar perfectamente como parte de cualquiera de sus discos convencionales pero otras tienen un claro carácter experimental. Muchas veces se trata de “deconstrucciones” de melodías ya escuchadas en otros trabajos del belga que aquí suenan desnudas, reducidas a la mínima expresión y ramificándose en infinitas variaciones.


Hoy vamos a volver al tercero de los ciclos, titulado “Kere Weerom”, más en concreto a su segunda parte que lleva el mismo nombre. Hace un tiempo tratamos ya la primera sección del ciclo (“Poema”), una de las más accesibles de toda la colección y escrita para piano. La de hoy abarca tres discos completos y fue compuesta para diferentes combinaciones de un “ensemble” formado por Eric Robberecht (violín), Lieven Vandewalle (violonchelo), Eric Mertens (flautas), Dirk Descheemarker (clarinetes), Marc Verdonck (saxos), Luk Verdonck (fagot), Etienne Siebens (contrabajo), Peter Verbraken (guitarra), Hanna Grociak (arpa), Geert Helsen (percusión) y el propio Wim Mertens (piano).


Antes de empezar el comentario del disco tenemos que hablar de “Sin Embargo”, un disco que Mertens había publicado en 1998, un año antes de la trilogía “Kere Weerom”. Fue este un trabajo raro ya que, a día de hoy, sigue siendo el único de la discografía del músico dedicado exclusivamente a la guitarra clásica. Por sus características, sería uno de esos discos que podemos considerar como hermanos pequeños de los “ciclos” ya que se trata de una obra no especialmente accesible y centrada en un solo instrumento como ocurría, por ejemplo, con su “Instrumental Songs” (1984). La cuestión es que la mayoría del material contenido en esta parte de “Kere Weerom” está basado en melodías de “Sin Embargo” que aquí aparecen desarrolladas de mil formas diferentes.


El primero de los tres discos es el más convencional en cuanto a estructura con diez piezas de una duración de alrededor de los tres minutos con alguna excepción más larga. La primera de ellas, “'T is tijd”, explora la melodía central de “Sin Embargo” pero en esta ocasión con arreglos para maderas y apoyo puntual de cuerdas y percusión. Ese mismo trabajo sigue siendo sometido a revisión en los siguientes cortes, a veces en versiones para clarinetes y flautas (“O weerzien!”), clarinete solo (“Dat schelden”), violín (“Wederom verdwenen”), cuerdas y fagot (“Zij zingt en wenkt”), arpa y flauta (“Overal, altijd”), solo cuerdas (“Waar wij niet zijn”). En todo caso, no hablamos de versiones o transcripciones para otros instrumentos de las mismas piezas sino en una exploración de cada melodía que es retorcida y estirada hasta la saciedad introduciendo nuevas variaciones cada vez. Más extensa es “Van hot naar haar” (más de 12 minutos), para arpa y contrabajo primero y para cuerdas después que se centra en el tema de “La Femme de Nulle Part”, música que Mertens escribió para una antigua película de cine mudo y que también había revisado en “Sin Embargo”. El mismo tema es recreado de nuevo en versión de guitarra, cuerdas y vientos en “Een eigen dagindeling” antes de cerrar con “Amper beschut” a cargo de toda la familia de clarinetes.


El segundo disco es más complicado de escuchar en muchos momentos, especialmente por la abundancia de piezas para percusión que se hacen verdaderamente pesadas como ocurre con “Zoet licht”, que abre el CD. Tras ella entramos en una sucesión de temas de prácticamente la misma duración (todos sobre los dos minutos y veinte segundos) que son diferentes combinaciones de cuerdas y vientos con algunos momentos interesantes que coinciden la mayoría de las veces con la revisión de melodías antiguas del músico pero siempre bajo el punto de vista que domina todos los “ciclos” de Mertens: la experimentación. Son piezas en las que los cambios de ritmo son inesperados (también podríamos haberlos calificado como desesperantes) y donde las melodías desaparecen tan pronto como las reconocemos. Tras esa serie de composiciones volvemos a las percusiones en “Hat oude deuntje”, esta vez con apoyo de piano y violín en un rol similar púramente rítmico. Llega después una serie de composiciones a pares de la misma duración. “De dwarreling”, a base de cuerdas tiene su imagen especular en “Onderlinge onmin” con arreglos ligeramente diferentes. Lo mismo ocurre con “Tenslotte” que suma el arpa a la ecuación y se ve replicada en “Wat ik zeg”, extraña versión con una combinación tan inesperada como es la del arpa  con el contrabajo a los que se unen después el clarinete y las cuerdas. Llega después una locura de tema sin mucho sentido “Voor me niets” clonado en “Waarheen?” con anadido de percusión. Más larga es “De krater”, otra vez con protagonismo del contrabajo en colaboración con los clarinetes. Tras la concluye el disco con otros dos cortes emparejados que, con sus juegos de cuerdas parecen sacados de una película de terror.


El tercer y último CD puede muy bien ser el más exasperante de todos ya que incluye hasta quince cortes consecutivos que vienen a ser una variación de la misma pieza de algo menos de dos minutos aunque antes de llegar allí tenemos que pasar por nuevas demostraciones de percusión (“Tijd winnen”), piezas para grupo o extrañas sucesiones de florituras para saxo o clarinete con diferentes títulos y arreglos. También tenemos complejas miniaturas llenas de un virtuosismo instrumental inversamente proporcional a su accesibilidad pero siempre basadas en lo mismo: la exploración hasta el límite de un tema o melodía presentado anteriormente. A veces la cosa cobra sentido como en “Met natte schoenen” pero la idea no cambia. Con “Later het vervoig” entramos en el largo tramo de quince temas seguidos que son prácticamente iguales y que nos conduce hasta el final, de nuevo a base de percusión, con “Je hebt van die uren!”.


No engañamos a nadie si afirmamos que los “ciclos” de Mertens no son para cualquier oyente. Ni siquiera para una gran mayoría de seguidores del músico por lo que más que recomendarlos como hacemos habitualmente tenemos que advertir a los más osados de lo arduo de la tarea que tienen por delante. Nosotros, por nuestra parte, volveremos sobre ellos más adelante, siempre en pequeñas dosis porque no es cuestión de abusar de este tipo de material. Desgraciadamente no hemos sido capaces de encontrar ningún fragmento de "Kere Weerom" para compartir aquí ni en páginas como youtube ni en las que el propio músico enlaza en su web como Spotify o Deezer por lo que no podemos dejaros alguna muestra como nos gusta hacer. Tampoco será fácil para el hipotético lector interesado encontrar el trabajo por separado, ya que está descatalogado hace años. No así la caja "Qua" que contiene los 37 discos que integran los cuatro "ciclos" de Mertens y aún se puede encontrar buscando un poco. Mucho ánimo a quien se atreva con la experiencia.

miércoles, 4 de junio de 2014

Eric Mertens - Spleen (1994)



Hablamos en su momento de lo complicado que es vivir a la sombra de un familiar que se dedica a tu mismo campo artístico y es una figura dentro de él. El caso del músico que hoy nos acompaña es un ejemplo claro de lo que suele suceder en estas ocasiones. Las primeras noticias que tuvimos de Eric Mertens procedían de los créditos de algunos de los mejores discos de su afamado hermano: Wim. En ellos, Eric aparecía como intérprete de flautas principalmente aunque también ejecutaba otros instrumentos de viento. En este campo (el de la interpretación) el artista tomaba el relevo de un virtuoso como era Marc Grauwels, habitual ejecutante de las partes de flauta en los primeros discos de Wim y lo cierto es que estaba a la altura del desafío.

Poco después de la publicación de “Shot and Echo”, disco de Wim Mertens que ya comentamos aquí, apareció el primer trabajo en solitario formado por Eric bajo el título de “Spleen”. Es este un disco magnífico, con algún punto en común con la obra de su hermano (algo, suponemos, inevitable) pero en el que escuchamos una voz propia, un estilo personal muy particular que resiste sin problemas la comparación con otros grandes trabajos del más popular de los hermanos. La formación que interpreta el disco está integrada en su totalidad por instrumentistas que colaboraban habitualmente con Wim. La lista es la siguiente: Eric Mertens (teclados y flautas), Dirk Descheemaeker (saxo y clarinetes), Mark Verdonck (saxos), Hugo Mathijssen (tuba), Anne Mertens (voz), Lieven Vandewalle (trompa) y Eddy Verdonck (trombón).

Dirk Descheemaeker, habitual colaborador de los hermanos Mertens.


“Iso Grifo” – Eric no se guarda nada y desde el principio del disco nos ataca con lo mejor que tiene. El arranque con un piano eléctrico marcando un ritmo apasionante y la aparición de los vientos como un elemento más de la sección rítmica es fantástico y cuando entra el clarinete y más tarde la flauta ejecutando una serie de melodías llenas de atractivo a medio camino entre el rock y el jazz no podemos sino rendirnos ante el talento de su autor.



“Titles” – Las maderas nos invitan a un juego de relevos, apariciones y desapariciones realmente desconcertante. Lo que escuchamos nos recuerda a un Yann Tiersen antes de Yann Tiersen, a Jean Philippe Goude antes de Jean Philippe Goude. Una música a la que se le debería haber prestado mayor atención en su momento y que años más tarde, en manos de otros artistas similares como podrían ser los mencionados, hizo fortuna. Soberbia pieza digna de mejor suerte.



“No Titles” – Escuchamos un saxo lejano ensayando fraseos claramente jazzísticos que se ve secundado sin mucha demora por el clarinete mientras suena una velocísima melodía de órgano de fondo que nos despide sin tiempo para paladear la pieza en su medida adecuada.

“Without Wincing” – El violonchelo se incorpora a la fiesta de ritmo que recorre todo el disco en otra irresistible pieza de aire neoclásico que evoluciona de manera magistral hacia una suerte de música cajún con guiños jazzisticos mezclada con elementos vanguardistas. Un experimento notable en el que tenemos que destacar el poderoso solo de piccolo de la parte final en el que como un moderno flautista de Hamelin, Eric nos invita a seguirle en un desfile interminable.

“Te On Sasje” – También la música contemporánea en su versión más próxima al minimalismo tiene cabida aquí, especialmente en lo que se refiere a los arreglos de la pieza aunque la melodía principal tiene una vitalidad narrativa casi cinematográfica y algún rasgo en el que creemos reconocer alguna influencia del británico Gavin Bryars mezclada con la de su compatriota Michael Nyman. Escuchamos en los últimos instantes una de las pocas intervenciones de Anne Mertens cantando una breve melodía de aire inquetante.

“Little Giant” – De nuevo un ritmo vivo nos invita desde los teclados a incorporarnos a una celebración en la que todo lo demás parece accesorio. Teclados, tuba y demás metales aparecen entregados al movimiento y breves melodías surgen y desaparecen por doquier sin un esquema preestablecido al que agarrarnos como oyentes. Otra pieza muy atractiva para la colección.

“Todesstreifen” – Asistimos ahora a un cambio de ambiente total cando Eric nos sumerge en una atmósfera extraña llena de sonidos etéreos, percusiones extrañas que parecen proceder de los propios instrumentos de viento y melodías que se esbozan pero nunca llegan a desarrollarse del todo. Un pasaje onírico en el que nos parece estar envueltos de una neblina que impregna todo de un sutil halo de irrealidad.

“Wetter” – Escondida tras un comienzo de teclados repitiendo una serie de acordes en la mejor tradición minimalista encontramos una de las grandes melodías del disco que se disuelve poco a poco en un segundo plano empujada suavemente por el clarinete primero y por el resto de la sección de viento después, que se apropia del tema y lo repite con pequeñas variaciones.

“Machine Code” – Las ideas no parecen escasear en la cabeza de Eric Mertens cuando el disco ya ha superado su ecuador y nos ofrece una pieza magistral que parte una vez más de una sólida construcción a partir de los teclados para materializarse a través de saxo y clarinete y tomar forma definitiva en la flauta del propio Eric.

“Spleen” – Tras un buen puñado de piezas en las que los vientos eran protagonistas, escuchamos ahora una maravillosa composición para teclado que, de haber sido interpretada con un piano convencional y no por uno eléctrico, muchos relacionaríamos inmediatamente con la obra de su hermano. Hay algunos arreglos electrónicos y de cello que acompañan en momentos puntuales al teclista pero que no interfieren en demasía con la melodía central. Un excelente ejemplo de las capacidades como compositor de Eric en una de las piezas más inspiradas del trabajo.

“Schitter” – El jazz vuelve a asomarse por el disco (siempre dentro de una definición muy laxa del género) en la recta final del mismo. Es esta una composición a la medida de Dirk Descheemaeker y su particular forma de frasear. No es lo más destacado del trabajo pero se deja escuchar.

“Sirens” – Tardó mucho en llegar pero por fin encontramos un tema en el disco que podemos identificar claramente con el estilo de Wim Mertens y es que Eric utiliza buena parte de los elementos más representativos de la música de su hermano, especialmente en sus primeros discos: melodías circulares, veloces ritmos y una voz principal ejecutando la melodía central por encima de todo el conjunto. Hay mucho de clásicos como “Gentlemen of Leisure” o “Salernes” en esta composición que podemos ver como un homenaje entre hermanos.

“Triangles” – Como despedida, Eric escoge un tema breve con ciertos toques de rock progresivo o quizá, y teniendo en cuenta la procedencia del músico, de rock en oposición en la línea de Univers Zero.

Eric Mertens sólo ha grabado un disco más con su nombre, publicado varios años después de éste y que a buen seguro tendrá su espacio en el blog más adelante. La repercusión de ambos trabajos ha sido, hasta donde sabemos, muy escasa y habla en favor de esa afirmación lo difícil que es hoy en día encontrar este “Spleen” en cualquier tienda. La carrera musical de Eric ha seguido por los mismos cauces por los que comenzó y su presencia en algunos de los discos más recientes de su hermano así lo atestigua.

Las escasas tiendas online que ofrecen este “Spleen” lo hacen a precios disparatados y en otras (lo decimos por experiencia propia) los plazos de entrega superan los 3 y 4 meses. Por ello no vamos a dejar aquí enlaces de ningún tipo para su compra, recomendando, eso sí, que si tenéis la extraña suerte de encontrar un ejemplar del disco a tiro, no dejéis pasar la oportunidad de haceros con él. No os defraudará.

domingo, 21 de julio de 2013

Wim Mertens - Integer Valor (Integrale) (1999)



A lo largo de la década de los noventa, Wim Mertens optó por introducir progresivamente más intérpretes de cuerda en su grupo lo que supuso una cierta dulcificación de su música. El primer ejemplo de este cambio fue “Jardin Clos”; un buen disco pero que quedaría como un mero anticipo de lo que vendría después dada la excepcional calidad del siguiente trabajo de estas características del belga favorito de este blog.

Fue en 1998 cuando apareció en las tiendas “Integer Valor” un nuevo disco de Mertens de los que entrarían en la categoría de “discos para ensemble” y que, cronológicamente se situaría por detrás de “Lisa”, un EP de música para piano escrita para una película belga y de “Sin Embargo”, un errático disco de guitarra que cogió a todos los seguidores del músico con el paso cambiado. En este contexto, había cierta expectación por escuchar el siguiente paso del artista. Un simple vistazo a la formación empleada para la grabación hacía pensar en una continuidad con la línea abierta en “Jardín Clos” ya que aparecía un extenso grupo de cuerdas (Xavier Claeys, Maurits Goossens, Stefaan Claeys y Claire Delplanque a los violines, Kris Van Severen y Paul Bervoets a las violas, los cellos de Lieven Vandewalle y Koen Lievens y los contrabajos de Michel Vangheluwe y Etienne Siebens). Acompañando a esta mini orquesta tenemos a los habituales acompañantes de Mertens: Dirk Descheemaeker (clarinete y saxo soprano), Marc Verdonck (saxo alto), Ward Hoornaert (trompeta), Herman Lemahieu (trompa), Eddy Verdonck (trombón) y Hugo Matthijssen (tuba). Como último complemento tenemos la voz cristalina de Els Van Laethem, el arpa de Brigitte Hertogs, la guitarra de Peter Verbraecken y la percusión de Bart Quartier. Wim Mertens se reserva para si el puesto de pianista en la banda.

Portada de la primera edición, de un solo disco, de "Integer Valor"


Desde el primer momento quedó claro que “Integer Valor” era un trabajo maravilloso. Probablemente la obra maestra de su autor por mucho que cueste desplazar de esa categoría en el imaginario privado de cada seguidor los primeros títulos que escuchó en su momento y que siempre parecen imposibles de superar. Las nueve composiciones que contenía el disco conformaban una colección en la que se juntaba lo mejor del músico belga: melodías arrebatadoras, una sensibilidad extrema, ritmos enérgicos y una voz propia y reconocible. Sin embargo, lo mejor estaba aún por llegar. Cuando no nos habíamos repuesto del impacto del disco apareció en las tiendas sin avisar una caja de tres discos titulada: “Integer Valor (Integrale)” conteniendo una versión extendida de la obra reorganizada en tres partes diferenciadas, cada una de ellas con su propio título independiente. Si ya el disco original era magnífico, su edición expandida era aún mejor. Cierto es que las mejores piezas ya estaban en el disco publicado inicialmente pero la calidad de alguna de las excluidas de esa primera selección merecía el rescate y justificaba con creces la aparición de la integral de la obra.



TO FILL IN THE BLANK

“To Obey” – Comienza la obra con un tema lento, solemne, a cargo de los vientos con apoyo puntual del arpa (que tendrá mayor protagonismo en la coda) y una percusión que refuerza el aire majestuoso de la pieza. Como obertura, el tema funciona a la perfección y nos pone en el estado de ánimo adecuado para lo que vendrá después, que no es poco.

“Leverage” – De nuevo los vientos son protagonistas en una pieza con reminiscencias de discos como nuestro admirado y ya comentado aquí “Motives for Writing”. Ritmos obstinados en el comienzo y una evolución hacia estructuras más experimentales conforme avanza la pieza. Escuchamos aquí al Mertens que no suele tener cabida en los discos “normales” y que suele reservarse para los grandes ciclos aunque la extensión de la caja permite en esta ocasión que haya suficiente espacio para este tipo de músicas aquí.

“Positively Imperative” – Llegamos ahora a uno de los momentos más interesantes, de esos en los que Mertens hace magia con la sección de viento que se convierte, a la vez, en una máquina perfecta de ritmo y en una arrebatadora productora de melodías. Un tema fantástico que no es sino el preludio de lo que viene a continuación.

“Yes, I Never Did” – Si afirmamos que esta es, no sólo la mejor pieza del disco, sino una de las mejores de Mertens en toda su carrera, muchos pensareis que exageramos pero tenemos el convencimiento de que es así desde la primera escucha, ya cuando formaba parte del “Integer Valor” inicial de sólo ocho cortes. Trompeta y saxo soprano construyen una impresionante introducción que, a la llegada de las cuerdas, se transforma en una maravilla que no puede dejar a nadie indiferente. ¿El mejor Mertens? Si no lo es, está muy cerca. La segunda parte de la pieza cambia por completo de registro con un desarrollo lento que nos permite recuperarnos y asimilar la experiencia de los primeros minutos.



“Neither Do I Too” – Son ahora las maderas las encargadas de recrear una melodía fantástica con muchos puntos en común con otras de su primera época escritas para piano. En un fantástico diálogo, las cuerdas van dibujando melodías por debajo hasta la incorporación del saxo a la conversación.

“Collateral Damage” – Toma los mandos ahora Mertens al piano como en los tiempos de “4 Mains” y piezas similares con las cuerdas prestas a dar la réplica. La banda al completo va incorporándose a una pieza intensa y de largo desarrollo en la que la pequeña orquesta de cuerda montada por el músico alcanza un papel mucho más importante del que había ejercido hasta ahora y funcionando como cualquier otro de los instrumentos de la paleta de Mertens, asumiendo funciones rítmicas cuando toca y melódicas el resto del tiempo. La pieza está construida como un continuo crescendo que alcanza su climax al final con la incorporación de las percusiones.

“Sidemen” – Segunda de las piezas que aparecieron en el disco original. De nuevo es el piano el que hace los honores en una introducción llena de ritmo a la que se incorporan el resto de instrumentos, empezando por la trompeta y siguiendo por el resto de vientos y las cuerdas hasta llegar a la voz de Els Van Laethem. Toda la composición es una fiesta plena de optimismo y vitalidad que nos revela un Mertens eufórico e inspirado en un momento excepcional. Los últimos minutos del corte nos sorprenden con una extraña serie de sonidos electrónicos y percusiones muy inquietantes y ajenas al desarrollo de la pieza pero tras escuchar lo que el belga nos ha regalado antes, no es cuestión de poner “peros”.

“To Obey (reprise) – Como indica el título, cerrando el primero de los discos tenemos una nueva versión del tema que lo abría minutos atrás. Se trata de una recreación más pausada en la que las cuerdas ocupan un segundo plano y el piano interpreta lánguidamente la melodía principal.



WRITTEN CONVERSATION

“Tout est visible” – El segundo de los discos que componen la obra está integrado por aquellos temas cuyo título es en francés y es también el que más cortes contiene de los que formaron parte del lanzamiento inicial. El primero de ellos es éste. Si hay una característica que diferencia notablemente a Mertens del resto de músicos de ascendencia minimalista y que le señala como una influencia diferenciada sobre otros artistas (Tiersen, Goude, Einaudi...) es su extremada capacidad para construir melodías inolvidables. El talento melódico del compositor belga se pone de manifiesto como nunca en esta pieza y, en general, en todas las incluidas en este disco. Imposible resistirse a una maravilla de este calibre que no merece la pena intentar describir con palabras.



“Au-dela du fleuve” – Practicamente todo lo dicho del tema anterior sirve, palabra por palabra para éste. Talento puro al servicio de la música, un momento de inspiración máximo y un gusto excepcional para plasmarlo todo con elegancia. El tema formó parte también de los ocho que conformaron la primera versión del trabajo con lo que es fácil hacerse una idea de los motivos del entusiasmo que nos causó en su momento. Aparte del idioma de los títulos, empezamos a encontrar diferencias formales entre este disco y el anterior: los temas de “Written Conversation” se ajustan más a un esquema de piano más cuerdas y tienden más a la melodía que al ritmo pero esta regla no es inamovible como veremos más adelante.

“Tout est illumine” – Pasamos ahora a un delicadísimo tema para piano con un leve apoyo orquestal. Melancolía a raudales en otra pieza fantástica que en el contexto del disco corre el riesgo de pasar desapercibida dada la calidad de la música que la rodea.

“Tout ça, c’est fini” – Rompiendo con la tónica del segundo CD de la obra, el siguiente tema es una nueva explosión de ritmo y vitalidad que, en cualquier otro trabajo de Mertens, sería una de las mejores piezas de largo.

“La fin de la visite” – Nueva pieza procedente de la selección inicial del disco y, una vez más, una composición fantástica. El piano de Mertens desatado en labores rítmicas y los vientos tomando las riendas de la melódía. Con ese proceso tan característico de adición de instrumentos o secciones enteras, se incorporan las cuerdas hasta conformar una pieza magnífica que puede competir en intensidad y energía con las más poderosas creaciones de la Michael Nyman Band.

“Comme en dormant” – Último de los cortes del CD que formaron parte de la versión de un solo disco. La estructura es similar a la de los dos primeros temas de “Written Conversation”, es decir, piano, cuerdas y un énfasis especial en la melodía. Sin llegar a los niveles de excelencia de aquellos, seguimos estando en presencia de una pieza preciosa.

“Au fond, la mer” – Mertens revisa aquí una melodía aparecida en el anterior disco “Jardin Clos” con ligeros retoques. Reconociendo su buena factura y su elegancia, no se cuenta entre nuestras favoritas del disco y encontramos en ella los primeros síntomas de un cambio en la música del belga que se iba a intensificar en los años posteriores y que, a nuestro juicio, le resta fuerza: un protagonismo excesivo de la sección de cuerda, con un tratamiento algo dulzón que se pondría de manifiesto en trabajos como la banda sonora de “Father Damien”, aparecida unos meses más tarde.

“Si loin du centre” – Una serie de secuencias ascendentes y descendentes a cargo del piano secundadas por el clarinete y arropadas por las cuerdas conforman otra interesante pieza en la que la percusión también juega un papel importante. Quizá no tenga el encanto de otras composiciones del disco pero nos sigue pareciendo una composición a tener en cuenta.

“Hors-nature” – Llegamos al final del segundo disco con una composición que parecía destinada a pasar desapercibida por lo anodino de inicio pero que poco después se transforma de un modo radical con la aparición de una de esas melodías inolvidables que, de vez en cuando, se saca el belga de la manga. Con todo, la versión del disco no le hace justicia y creemos que el propio Mertens pensaba igual ya que la remodeló con ocasión del lanzamiento de un recopilatorio posterior e, incluso, grabó un disco años más tarde que no es sino una serie de variaciones sobre esta composición.



FULL OF COBBLES

“The Way Down” – El tercer disco de la colección es, quizá, el más experimental de todos aunque sin llegar a los extremos de los ciclos para los que el belga se reserva su música más inaccesible. El primer corte se abre con una percusión de aire marcial (en la linea del “Mars” de Holst, para entendernos) y se acompaña de un piano rítmico lo que, tras la entrada de la sección de cuerda, nos presenta un panorama muy cercano estilísticamente al de la Michael Nyman Band y, ciertamente, la pieza encajaría en alguna de las bandas sonoras del británico.

“A Feet Maniac” – Se trata de una de esas composiciones amables de Mertens ante las que no puedes evitar esbozar una sonrisa. Optimismo con un punto de inocencia son las sensaciones que transmite el compositor en una composición intrascendente pero con encantro.

“And Bring You Back” – Un sonido de órgano (que, curiosamente, no aparece en los créditos) se combina con los pizzicati de la pequeña orquesta y la guitarra de Peter Verbraecken en otra pieza de tono naïf que formó parte del “Integer Valor” original, siendo, quizá, la más prescindible de las piezas de aquel trabajo.

“In 3 or 4 Days” – En contraste con la anterior, la siguiente composición era ya una de las destacadas de aquel disco. Interpretada en sus primeros minutos por sintetizadores (simulando un clavicembalo para la melodía principal pero también con sonidos puramente electrónicos), es con la incorporación de la orquesta cuando la pieza se nos muestra en toda su magnificencia. Vuelve a sonar la guitarra pero ahora en su versión eléctrica, lo que siempre es una rareza en Mertens, al igual que el lanzamiento de “singles” de sus discos. En el caso de “Integer Valor” fue precisamente ésta la composición escogida como tal, acompañada de otras tres piezas, inéditas entonces, pero que después formarían parte de la versión integral que hoy comentamos.



“Song 6” – Quizá la gran sorpresa del disco fuera esta composición. Un tema maravilloso para vibráfono y saxo (con algunos sintetizadores de fondo). Hasta donde sabemos, ha pasado desapercibida incluso entre los seguidores del músico belga y no nos consta que haya sido incorporada a sus conciertos. Sin embargo, creemos que se trata de una de las mejores piezas que han salido de la pluma del compositor en todos estos años y merecería ser recuperada.

“For Quietness” – A punto de cerrar esta monumental obra nos encontramos con una “pequeña” (entrecomillamos porque su duración supera el cuarto de hora) extravagancia de nuestro músico. Una extensísima pieza con aire de improvisada en la que los teclados van soltando melodías sueltas sobre un fondo de violines (a veces en pizzicato y otras a la manera convencional). Una pieza innecesaria que llega a cansar y que bien podría haber sido descartada o, al menos, reducida en cuanto a su duración.

“The Way Up” – Como cierre, volvemos a la versión más rítmica de Mertens en un tema que es una réplica al que abría este tercer disco pero sin los tambores de guerra que dominaban aquel, que ahora no aparecen hasta la parte final.


Somos conscientes de que en esta entrada la pasión de fan nos ha hecho perder por completo la objetividad pero es que el entusiasmo que sentimos quince años atrás cuando escuchamos por primera vez esta obra sigue presente en cada nueva audición que le dedicamos. Tengamos en cuenta también que cuando apareció “Integer Valor”, Mertens llevaba ya 18 años de trayectoria y lo razonable, llegados a ese punto, suele ser esperar un bajón en cuanto a calidad o, en el mejor de los casos, un cierto estancamiento. Cierto es que no siempre es así y que muchos artistas mantienen un buen nivel por periodos prolongadísimos pero suelen ser casos excepcionales. Para aquellos que quieran hacerse con esta obra, dejamos los siguientes enlaces:


Nos despedimos con una versión en directo en Madrid de "Comme en Dormant":

miércoles, 11 de mayo de 2011

Wim Mertens - Zee Versus Zed (2010)


Mertens se está conviertiendo ya en un clásico del blog y seguirá apareciendo con bastante frecuencia por aquí. Nos centramos en esta ocasión en su penúltimo trabajo, publicado el año pasado. A nuestro juicio, Mertens entró en un cierto bache creativo a partir de "Integer Valor" de 1998, con notables excepciones, principalmente en trabajos incluídos dentro de sus monumentales ciclos con material básicamente experimental. Nos referimos a "Poema" enmarcado en el ciclo "Kere Weerom" y "Human Guesswork" del ciclo "Aren Lezen".

Esta etapa con trabajos más bien flojos dada la entidad del artista alcanza su punto más bajo con el reciente "L'Heure du Loup" y su antecesor "Receptacle". Quizá por ello, nos sorprendió más que gratamente el lanzamiento de "Zee Versus Zed". Sin alcanzar aún el esplendor de sus obras más notables para grupo, creemos que este disco alcanza un nivel brillante y recupera al Mertens más inspirado.

La formación del Wim Mertens Ensemble la componen algunos de los músicos habituales del belga, que en los años anteriores no siempre habían tomado parte en las grabaciones de éste.

Para comprar el trabajo:

play.com

Una muestra de lo que encontrareis en él: