domingo, 12 de julio de 2026

Sufjan Stevens & Angelo de Augustine - A Beginner's Mind (2021)



El caso de Sufjan Stevens no es nada común en el mundo de la música. Se trata de un cantautor con un estilo muy personal que dese el principio de su carrera tenía claro qué era lo que quería hacer y cómo lo iba a lograr. Creció en una pequeña comunidad cristiana de Michigan y siempre tuvo presente ese sentimiento de familia y de pertenencia a un grupo. Completada su formación musical, fundó junto con su padrastro un sello para publicar sus propias canciones sin tener que depender de terceras personas y la cosa fue bien, hasta el punto que Asthmatic Kitty (su discográfica) viene publicando discos con regularidad desde hace 25 años y no solo de Sufjan sino de muchos otros artistas de la comunidad de Holland.


Fue gracias a la gestión del sello que Sufjan Stevens conoció a Angelo de Augustine a través de unas maquetas que le hizo llegar un conocido común. Decidió ficharle para su discográfica (Angelo estaba teniendo problemas con la suya) y fruto de esa relación surgieron los tres primeros discos de Angelo. Durante ese proceso, Stevens se ofreció a ayudarle en las tareas de producción e incluso llegaron a componer alguna canción juntos. Esa relación de amistad se consolidó y llevó a la creación del disco que comentamos hoy: viendo la química que había entre ambos, decidieron irse un tiempo juntos a una cabaña de los Catskills, una reserva natural en el estado de Nueva York llena de montañas y bosques muy utilizada por la gente para este tipo de retiros. De aquel mes de asueto surgieron un buen número de canciones con las que el dúo grabó “A Beginner's Mind”. Cada uno de los temas está inspirado en una de las películas que ambos veían juntos antes de dormirse y para la composición utilizaron diferentes técnicas que van desde las “estrategias oblícuas”, creadas por Brian Eno y de las que creemos haber hablado en algún momento, hasta conceptos “zen” como el shoshin que da título al disco (la traducción del término vendría a ser la de “mente de principiante”).


“Reach Out” - Casi todas las canciones del disco están escritas a dúo, especialmente las de la primera mitad del mismo comenzando con este tema inspirado en “El Cielo sobre Berlín” de Wim Wenders. Es una pieza estilo folk que recuerda los primeros discos se Sufjan, particularmente a “Carrie and Lowell” y también con una marcada influencia de Simon & Garfunkel. Esta impresión se ve reforzada por la perfecta combinación que logran las voces de ambos artistas lo que se convierte desde el primer momento en uno de los puntos fuertes de la grabación.




“Lady Macbeth in Chains” - Continuamos con la pieza creada a partir del visionado de “Eva al Desnudo”. En esta ocasión pasamos de un comienzo más oscuro que desemboca en un puente y un estribillo verdaderamente mágicos en los que el dúo se aproxima a los sonidos sureños de los Estados Unidos con un punto de misterio muy logrado que contrasta con lo desenfadado del tema central. Magnífica también la coda instrumental electrónica tan del gusto de Stevens.


“Back to Oz” - Por algún motivo, en 1985 alguien decidió que era una buena idea crear una secuela de “El Mago de Oz” titulada “Regreso a Oz”. Esa es la película escogida como punto de partida para la siguiente canción en la que disfrutamos de los ambientes electrónicos oníricos de Stevens como fondo para una canción muy animada en la que destacan los juegos vocales ente ambos artistas y el solo de guitarra casi psicodélico de la parte central.




“The Pillar of Souls” - Dentro de una selección de películas realmente ecléctica le llega el turno a “Hellraiser III”, secuela del clásico de terror que no pasó de ser la típica serie B ochentera (aunque se grabó en 1992). El tema Stevens y de Augustine es una balada lenta, pesada, llena de voces fantasmales y arreglos típicos del género (campanillas, glockenspiel, pianos repetitivos...). No hemos visto la película pero creemos que la canción debe ser muy superior a la misma dentro de sus respectivas categorías.


“You Give Death a Bad Name” - El título y la letra son referencias nada disimuladas a la canción de Bon Jovi de (casi) el mismo título pero la inspiración cinematográfica es muy anterior: nada menos que el clásico del cine de zombies “La noche de los muertos vivientes”. Donde Bon Jovi cantaban “Shot through the heart and you're to blame, You give love a bad name”, Stevens y de Augustine cantan: “Shot to the skull or a strike to the brain as you withdraw, you give death a bad name”. Por lo demás, la canción es un tema lento con excelentes armonías vocales pero que nos parece inferior a otros del disco.


“Beginner's Mind” - La primera canción escrita por Angelo en solitario se basa en “Le llaman Bodhi” de la directora Kathryn Bigelow. Es una pieza preciosa, protagonizada por el piano y la voz a los que se añaden arreglos electrónicos y de guitarra muy sutiles. De los momentos más inspirados de todo el trabajo.


“Olympus” - “Furia de titanes” (suponemos que en la versión clásica de 1981) es la cinta que hace de punto de partida para esta canción lenta de arreglos minimalistas en lo instrumental (apenas unas guitarras y alguna percusión) pero de una brillantez en las voces que justifica todo lo demás. Lejos de la épica de la película, el tema es un prodigio de delicadeza y buen gusto.


“Murder and Crime” - Vuelven los toques más folclóricos para ilustrar este acercamiento al mundo postapocalíptico de “Mad Max”. La parte melódica está al nivel de los mejores temas de Stevens en este registro, lo cual es mucho decir. Combinando esa inocencia de la canción infantil con un fraseado impecable y unas notas que fluyen con una naturalidad sorprendente, el dúo de Stevens y De Augustine nos ofrece aquí una de las mejores canciones del disco a la que lo único que le podemos reprochar es un final demasiado abrupto.


“(This is) The Thing” - Es Sufjan Stevens el que toma ahora las riendas en su primera canción en solitario del disco. Inspirada en “La cosa”, el tema tiene un tono similar a las canciones de aquella obra maestra que ya comentamos aquí llamada “Planetarium” con un enfoque menos electrónico pero con unos arreglos excelentes de principio a fin.


“It's Your Own Body and Mind” - Repite Stevens con un tema que parte del film “Nora Darling” para ofrecernos una canción más convencional al principio con una guitarra rítmica como fondo para la voz distorsionada del cantante pero que desemboca en un precioso estribillo a partir del cual el ritmo se incrementa acompañándonos en un final no especialmente sorprendente pero muy correcto.


“Lost in the World” - Segunda canción escrita por de Augustine y una de las más ajenas a la línea general del disco. Surge del visionado de la película “La última ola” y, quizá por ese enfoque diferente, es una de las que más nos sorprende lo que ha hecho que la valoremos cada vez más.


“Fictional California” - Volvemos al trabajo en dúo con este tema que tiene un curioso tono a hoguera en la playa al caer la noche, a melodía sencilla de esas que todos los amigos cantan juntos. Inspirada en otra es esas secuelas de difícil justificación (una típica peli de animadoras americanas: “A por todas 2”) pero que acaban siendo populares por alguna razón.


“Cimmerian Shade” - En el interior del disco aparece una dedicatoria a Jonathan Demme y se acompaña de un retrato de Jodie Foster lo que nos hace pensar en que esta canción, inspirada en “El silencio de los corderos” tiene una importancia especial para el dúo. Pese a ello, no está ente nuestras favoritas salvo un pequeño interludio instrumental a la mitad del tema que es de lo mejor del disco.


“Lacrimae” - Como cierre tenemos la última canción de Angelo de Augustine, surgida a partir de un raro cortometraje de 1962 dirigido por Nikos Nikolaidis: “Lacrimae rerum”. Con un tratamiento sencillo de guitarra y voces, es una bonita canción que nos deja un excelente sabor de boca.



Los trabajos más intimistas de Sufjan Stevens como el mencionado “Carrie and Lowell” o “Illinois” nos devolvieron en su día a una época en la que las cosas eran más sencillas demostrando que pueden seguir siéndolo si no nos empeñamos en complicarlas. Esa es también la virtud de “A Begginer's Mind”. Es un disco que no requiere de una gran cantidad de recursos técnicos ni de una sofisticación extrema pero que, pese a ello, sigue teniendo esa rara capacidad de emocionar que siempre ha demostrado Stevens, ya sea con una guitarra, un piano o con capas y capas de sintetizadores y efectos. Los seguidores del bueno de Sufjan ya saben a qué nos referimos. Además, en este trabajo tenemos la posibilidad de conocer a un Angelo de Augustine cuya forma de componer e interpretar encaja a la perfección con la de Stevens formando un todo casi indistinguible. En suma, estamos ante un disco especial que puede llegar a públicos muy diferentes, precisamente por no estar claramente adscrito a ninguna corriente concreta.


martes, 30 de junio de 2026

Ólafur Arnalds - Found Songs (2009)



La discografía de Olafur Arnalds es complicada de seguir porque no se ajusta al esquema convencional de la mayoría de los artistas. Lo normal es grabar una serie de piezas para ser publicadas en disco (ocasionalmente también en formato single o EP), de cuando en cuando grabar algún disco en directo y, en el caso de los artistas más populares, editar cada cierto tiempo un disco recopilatorio. En realidad, Olafur hace todo eso, quizá con la excepción de las recopilaciones de grandes éxitos, pero también tiene otra serie de lanzamientos a los que llama “colecciones” que son piezas prácticamente improvisadas y grabadas en un corto espacio de tiempo. La primera de ellas apareció en 2009, cuando Arnalds estaba empezando y apenas había publicado un par de trabajos aunque había adquirido cierta notoriedad como telonero de Sigur Ros. Llevaba el título de “Found Songs” y obedecía a la siguiente idea: cada día, a lo largo de una semana, Olafur compondría, interpretaría y grabaría una pieza que sería compartida inmediatamente a través de twitter y de su propia página web. El artista invitaba a los fans a colaborar con fotos, diseños y cualquier otra idea al “artwork” asociado a cada pieza con lo que se generaba una curiosa interacción entre músico y seguidores. Las siete piezas fueron compiladas y publicadas posteriormente en formato físico conformando el disco que comentamos hoy aquí.


“Erla's Waltz” - El título nos da una pista clara sobre el contenido ya que, efectivamente, se trata de un vals para piano lento, triste y melancólico en su inicio pero que evoluciona hacia algo más brillante poco después. Es la clásica pieza que si nos dicen que es Yann Tiersen lo aceptamos sin pensárnoslo  demasiado.




“Raein” - El tema correspondiente al segundo día incorpora ya algunos efectos electrónicos y sonidos de cuerdas (el violonchelo de Donna Hermannsdóttir y el violín de Margrét Soffia Einarsdóttir) que le dan un apoyo más que notable al piano que, en todo caso, sigue siendo el instrumento principal. Como toda la música de Arnalds, es muy sencilla formalmente pero también posee un grado de inspiración muy alto.


“Romance” - El tema más corto de una colección de piezas que ya son breves de por sí, es otra deliciosa pieza de piano muy tranquila y con una melodía notable que abunda en la línea entre clasicista y minimalista de todo el trabajo.


“Allt varð hljótt” - Cambiamos aquí el piano por los sintetizadores y los sonidos etéreos que a veces parecen campanas perdidas entre la niebla y que sirven de base para el tema principal de violín: un motivo muy sencillo que se repite varias veces acompañado por el violonchelo con notas muy largas que se mantienen flotando en el tiempo. El tipo de composición que hemos escuchado tantas veces en discos del propio Olafur pero también de su compatriota Johann Johannsson o de Max Richter.


“Lost Song” - Regresamos al piano en un tema que tiene algo de infantil y juguetón. Casi como si se tratase de un estudio muy básico ya que se repite una y otra vez. La variación en este caso viene dada por el acompañamiento de las cuerdas, algo más dinámico aunque termina por convertirse también en una suerte de repetición. La cosa mejora cuando entran en la segunda mitad los efectos electrónicos y una percusión muy sutil que rompe la monotonía general.




“Faun” - La pieza correspondiente al sexto día de la serie vuelve a ser un vals muy pausado con una gran melodía de violín, doblada al final por el violonchelo en la que es una de las mejores composiciones de la serie.


“Ljósið” - Y para cerrar, Olafur se despide con otra pieza de corte infantil en la que un bonito motivo de piano se repite una y otra vez y le da la excusa perfecta a las cuerdas para perderse entre juegos melódicos en los que un instrumento toma el relevo del otro continuamente.




No vamos a negar que normalmente le pedimos a la música un poco de tensión y no solo buenas melodías y arreglos como es el caso de lo que sucede en este disco pero lo cierto es que vivimos tiempos complicados en muchos sentidos y hay muchas ocasiones en las que trabajos como los de Olafur Arnalds se agradecen. Y es así porque su música es sencilla, no requiere de grandes esfuerzos y, muchas veces, ni siquiera de una atención constante. Dicho todo esto, no querríamos que el comentario anterior se tomase como un desprecio a su música sino todo lo contrario. Nos encanta Olafur y lo consideramos como uno de los representantes más destacados de esa especie de neoclasicismo que vivimos en los últimos años y que combina instrumentos convencionales de la música de cámara, especialmente las cuerdas con piano y electrónica brindándonos atmósferas y ambientes de gran belleza. En el caso de este “Found Songs” y de otros trabajos similares del músico islandés, su corta duración (apenas unos veinte minutos) impide que lleguen a aburrir a aquellos oyentes poco familiarizados con estos estilos por lo que es una buena forma de iniciarse en ellos a pequeñas dosis.

lunes, 22 de junio de 2026

Miguel Gil - Nadhie (2025)



Regresamos hoy a la música del sello Fortín Artesonoro y lo hacemos con un viejo conocido a cuya faceta como compositor en solitario nos acercamos hoy por primera vez. Fue hace unos cinco años cuando hablamos de Enessima, el proyecto de Jorge Cabadas y Miguel Gil publicado en el mismo sello. Ahora es el momento de centrarnos en lo último publicado por el segundo de los artistas citados: “Nadhie” (2025), Gil realiza aquí un complejo trabajo en el que se contraponen elementos aparentemente contrarios. En sus propias palabras, “Nadhie surge como un río que fluyera del mar a la montaña, dulcificando sus aguas para remansarse, puras, en cuevas naturales. En Nadhie, composición e improvisación, acústico y electrónico, real y virtual, temperada y superjusta o tonal y atonal no son términos opuestos, sino perfiles del mismo sujeto”.


El currículum de Miguel Gil es impresionante obteniendo, entre otras cosas, una graduación summa cum laude en el Berklee College of Music, quizá la institución docente más prestigiosa en la música contemporánea. Está especializado en composición y es un especialista en música carnática, la música “clásica” del sur de la India. Durante toda su carrera ha sido profesor en diferentes instituciones lo que él ve, no sólo como una forma de subsistencia sino también como un modo de estar en contacto con músicos y perspectivas nuevas todo el tiempo, lo que le sirve a la vez de aprendizaje en un ciclo que se retroalimenta continuamente. Además de eso, ha escrito música para cine y teatro además de grabar un buen número de discos en solitario y el colaboración con otros artistas. Incluso, ahora que estamos en pleno mundial de fútbol, participó en labores de producción en el himno de la edición de Sudáfrica 2010 pera la cadena Cuatro. En su carrera ha tocado varios palos, desde la composición pura y la experimentación a la interpretación integral de todos sus trabajos pasando por etapas más centradas en el jazz contemporáneo.


En “Nadhie”, Gil utiliza metapiano (un instrumento virtual que emula el sonido de un piano mediante modelado espectral, en lugar de utilizar librerías de samples), saxo soprano y benjolin (un sintetizador muy particular diseñado por Rob Hordijk bajo los principios de la “teoría del caos” por lo que las texturas, patrones y secuencias generados son impredecibles de modo que el intérprete no controla el sonido sino que, de alguna forma, lo guía).


Certezas cambiantes” - Comenzamos con una sucesión de notas de piano sostenidas en el tiempo que poco a poco parecen organizarse para dar forma a algo y es entonces cuando aparece el saxo y nos introduce en un segmento en el que se mezclan el jazz y la música experimental en un raro cruce entre Coltrane y Cage, dos nombres que empiezan, casualmente, por la misma inicial con que lo hacen las dos palabras que forman el título del tema. Muy curioso (que también empieza por “c”).


Placeres pospuestos” - El siguiente tema no solo repite el hecho de utilizar palabras que empiezan por la misma letra en el título sino que profundiza aún más en la combinación de saxo jazzístico y piano vanguardista además de sumar, con mucha mayor presencia que en el corte inicial, otros elementos como percusiones, sonidos electrónicos y desarrollos caóticos que nos recuerdan la sorpresa tímbrica continua que es toda obra interpretada en un piano preparado, por ejemplo. Eso es lo fascinante de estas dos primeras composiciones: que nada en ellas es previsible.


Un poquito de por favor” - Continuamos con una evolución casi natural de lo que estábamos oyendo antes, con mayor protagonismo de los sonidos electrónicos, tanto originales como surgidos del tratamiento de otros por diversos medios. Intuimos que aquí entra en acción el benjolin, especialmente en el tramo final, lleno de ruiditos analógicos que tienen toda la pinta de proceder de ese sintetizador. Para los amantes de ese tipo de sonoridades (y nosotros lo somos) es una delicia.


Tres interpretaciones de un gesto” - Las tres últimas piezas del disco son bastante más breves que las iniciales pero exploran los mismo terrenos. Esta primera combina piano y electrónica desarrollando una atmósfera muy inquietante, opresiva por momentos, solo rota por las intervenciones, casi humorísticas, del “slide whistle”.


Oírse a uno mismo” - Si atendemos al título, tenemos que ver esta pieza como un experimento introspectivo centrado en el saxo y en la manipulación de su sonido con efectos y distorsiones de todo tipo, alrededor del cual el piano se mueve en su mundo particular, ajeno al ejercicio de manipulación que Miguel Gil realiza con el saxofón.


Del mar a la montaña, un río de gratitud” - Cierra el trabajo otra pieza muy experimental llena de sonidos sintéticos, casi drones al principio, que sirven de base para el dúo de piano y saxo que nos ha acompañado durante todo el disco. El cierre nos recuerda a los inicios de la electrónica con esos asombrosos instrumentos (ni siquiera eran aún sintetizadores) que emitían sonidos de ciencia ficción. Quizá si tuviéramos que quedarnos con una sola composición del trabajo lo haríamos con esta.



Seguimos luchando hoy en día con los prejuicios que alejan determinadas músicas del gran público. Es evidente que es una batalla perdida porque no hay forma de que los géneros más vanguardistas lleguen a oídos mayoritarios y tampoco es fácil que, en los casos en los que lo hagan, lleguen a calar porque, querámoslo o no es música que requiere de un esfuerzo y una atención que no casan bien, casi por definición, con los públicos más amplios y, probablemente esté bien que sea así. En todo caso, este tipo de propuestas siempre tendrán un hueco en este blog para picar la curiosidad de los ocasionales lectores que decidan darles una oportunidad. El disco está disponible para su escucha y descarga gratuita en la web de Fortín Artesonoro como su referencia número 21.