sábado, 31 de enero de 2026

Channel Light Vessel - Automatic (1994)



A lo largo de 1993, Roger Eno se encontraba en un gran momento creativo. Acababa de lanzar el que quizá sea su disco más popular, “The Familiar”, firmado a dúo con la intérprete de oboe y compositora Kate St.John y se encontraba inmerso en una importante gira de presentación de ese trabajo. En los conciertos, aparte de la música de “The Familiar”, se tocaban piezas escritas por los integrantes de la banda en sus carreras en solitario y, como bises, todo el grupo solía tocar una serie de piezas casi improvisadas que terminaban por ser las más aplaudidas de los conciertos. Esto sucedió especialmente en la parte japonesa de la gira en la que la reacción del público a las jam sessions del final de los shows fue extremadamente positiva. Eso hizo que Roger y compañía se planteasen trabajar más en esa línea y así fue como nació Channel Light Vessel, un supergrupo integrado por el propio Roger Eno (piano, acordeón, banjo, trompeta y sintetizadores), Kate St.John (oboe, saxofón y voces), el ex-integrante de Be Bop Deluxe, Bill Nelson (bajo, guitarra, teclados y percusiones), Laraaji (cítara y percusiones) y Mayume Tachibana (violonchelo). El resultado fue un sonido diferente, nuevo, para una banda absolutamente original e inconfundible.


La trayectoria de Channel Light Vessel fue breve, como suele suceder con este tipo de agrupaciones que surgen como reunión de estrellas individuales, pero nos dejó dos trabajos maravillosos. Hoy queremos hablar del primero de ellos: “Automatic” (1994).


“Testify” - Abre el disco una canción que podríamos llamar “pop” con una configuración elegantísima. Sonidos agradables, arreglos sobrios pero brillantes, una estrofa cantada por Bill Nelson con coros de Kate St.John, pianos soñadores, guitarras precisas... en suma, un tema extraordinario y muy distinto a lo que habían hecho antes sus intérpretes.




“Train Travelling North” - Entramos ahora en los instrumentales con una preciosidad en la que todo está perfectamente coordinado. Se abre con unas percusiones exóticas que dan paso al oboe que se encarga de la melodía central rodeado de sintetizadores y con el fantástico apoyo del violonchelo que da la réplica perfecta al tema principal. En la segunda mitad, el piano y las marimbas nos invitan a desatar la imaginación llevándonos por paisajes de cuento hasta la aparición de la guitarra eléctrica que nos acompaña hasta el final.


“Slow Afternoon” - El siguiente tema es más ambiental, con aires orientales en los arreglos y la percusión y una melodía de saxo que se acerca algo más al estilo de Roger Eno en discos anteriores. Se suman flautas, piano, el oboe y los teclados para ofrecernos un lento instrumental de escucha muy agradable en la línea de lo que se hacía en aquellos años en los sellos más importantes de la “new age” como Narada o Windham Hill.


“Ballyboots” - Toda esa paz y tranquilidad se rompen con los ritmos electrónicos con los que empieza el corte, salpicados de pianos tensos y efectos que crean una atmósfera desasosegante, con toques de jazz y una gran sensación de riesgo en una composición muy experimental que resulta fascinante.




“A Place We Pray For” - Con la siguiente parada volvemos las texturas electrónicas lentas y de corte ambiental. También al formato canción con la combinación de las voces de Nelson y St.John, y ese toque etéreo que le da esta última a todo lo que hace. Estilísticamente es una balada que puede parecerse a algunas canciones en esa línea del Peter Gabriel más reciente. 


“Bubbling Blue” - Volvemos a cambiar de estilo por completo con esta pieza de espíritu acústico en lo que se refiere a las percusiones y las guitarras aunque el motivo central esté interpretado con guitarra eléctrica. Es un tema cadencioso que podríamos calificar como de pop instrumental que sirve de transición hacia la segunda mitad del trabajo.


“Duende” - Comienza esta con un muy breve tema aflamencado lleno de energía que nos deja con la sensación que podría haber dado mucho más de sí con un desarrollo algo mayor. Una de esas aproximaciones al flamenco que, a veces, realizan los artistas anglosajones con resultados desiguales pero que aquí funciona aceptablemente bien.


“Flaming Creatures” - Lo siguiente es un regreso al ambient más puro con texturas electrónicas de evolución lenta que sirven de soporte para una melodía de violonchelo, saxo y oboe que ejecutan un lúgubre lamento entre sonidos y efectos acuosos llenos de misterio y salpicados de samples vocales. En la parte final del tema parece que todo va a cambiar con la entrada de un moderno ritmo programado pero no llega a desarrollarse del todo quedando como una especie de coda.


“Bill's Last Waltz” - Quizá el corte más cercano al estilo entre neoclásico y minimalista de Roger Eno, con un ritmo de vals lento de piano a partir del cual aparece la melodía ejecutada por las maderas y, más tarde, por la guitarra eléctrica con esas notas largas y sostenidas tan del estilo de Robert Fripp. En la parte final es el violonchelo el que aparece para dar su toque particular a una gran pieza.




“Thunderous Accordions” - Última canción del disco. Como la anterior, tiene algo que nos recuerda a Peter Gabriel, quizá por la trabajada configuración instrumental y la sofisticación de los arreglos, combinado todo ello con un tiempo medio, una percusión muy marcada y cierto tratamiento de los vientos. En cualquier caso es un muy buen tema.


“Fish Owl Moon” - Sin solución de continuidad entra este nuevo instrumental en el que volvemos a escuchar alguna influencia flamenca aunque mucho más ténue. No termina de desarrollarse por completo ninguna melodía clara por lo que existe la tentación de volver a encuadrarlo como ambient pero no es exactamente eso ya que el dinamismo de todos los instrumentos se contradice con los principales tópicos del género.


“Little Luminaries” - El cierre, ahora sí, es un tema que atribuiríamos sin pensarlo dos veces a Roger Eno ya que tiene todos los elementos de su música y bien podría pasar por un anticipo de “Lost in Translation”, el que sería su siguiente trabajo publicado, ahora ya en solitario.


En un momento de la película “Blade Runner”, Eldon Tyrell le dice a Roy Batty su famosa frase: “La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo, y tú has brillado con muchísima, muchísima intensidad, Roy”. Algo así podemos afirmar de Channel Light Vessel. Una formación muy prometedora pero que apenas nos dejó dos discos en su corta existencia. Seguramente, “Automatic” es el mejor de los dos y creemos que merece una escucha por parte de todos aquellos que lo desconozcan.

jueves, 22 de enero de 2026

Meredith Monk - Cellular Songs (2025)



Cuando hace ya unos años reseñamos el que entonces era el último trabajo de Meredith Monk, “On Behalf of Nature” (2016), no teníamos ni idea de que se trataba de la primera entrega de una trilogía. Supimos eso el año pasado al hacernos con la que es la segunda parte de la misma, compuesta en 2018 y publicada ahora con el título de “Cellular Songs”. Hagamos un poco de historia. En el anterior trabajo, la artista ponía música a las ideas reflejadas en el libro del poeta “beat” Gary Snyder, “Writers and the War Against Nature”. Así, la artista se convertía en portavoz de la naturaleza en una colección de canciones centradas en la ecología y en el cambio climático. De forma similar, Meredith se inspira ahora en el oncólogo y divulgador científico Siddhartha Mukherjee y su libro “The Emperor of All Maladies: a Biography of Cancer”. La artista propone una suerte de paralelismo entre la perfecta organización de la célula, en la que todos sus elementos colaboran para su correcto funcionamiento y la que debería tener una sociedad en la que todos sus integrantes cooperen entre sí. Para lograrlo, Meredith Monk se acompaña de los miembros de su Vocal Ensemble, es decir, de Ellen Fischer, Katie Geissinger, Joanna Lynn-Jacobs y Allison Sniffin que cantan junto a ella acompañadas en determinados momentos por John Hollenbeck (vibráfono y percusiones). Allison Sniffin, además de cantar, toca el piano y el violín.


“Click Song #3 Prologue” - El tema se abre con una serie de percusiones desordenadas en apariencia pero que van tomando forma poco a poco. Escuchamos tanto instrumentos reales (crotales, por ejemplo) como percusión realizada con diferentes partes del cuerpo.


“Cell Trio I” - Enlazando con el primer tema entramos en esta composición en tres partes en la que los seguidores de Meredith Monk reconocerán inmediatamente su inconfundible estilo. Es un trío vocal ejecutado por la propia Meredith junto a Katie Geissinger y Allison Sniffin. El primer movimiento es dinámico con contrastes continuos entre las diferentes voces y un ritmo constante.




“Cell Trio II” - La segunda parte es más misteriosa, como si se tratase de un antiguo canto religioso. Voces sostenidas en el tiempo con una melodía lenta y de gran belleza que explota las excepcionales cualidades vocales de las tres intérpertes en una letanía emocionante e intemporal.


“Cell Trio III” - El último movimiento sube el ritmo con pulsaciones vocales constantes en clave minimalista en las que diferentes líneas vocales van creciendo de forma paralela utilizando no solo la voz propiamente dicha sino también la respiración como un elemento más.


“Dyads” - En el siguiente corte son las otras dos integrantes del grupo vocal de Meredith Monk las que llevan, valga el mal chiste, la voz cantante. Puntualmente se suma el vibráfono de Hollenbeck pero solo en la parte final y para repetir la secuencia de notas ejecutada previamente por las intérpretes.


“Happy Woman” - La única “canción” más o menos convencional del disco es este corte que incorpora violín, piano y vibráfono a la ejecución del conjunto vocal. Realmente se trata de una serie de frases repetidas una y otra vez, incluyendo la del título, con breves interludios en el estilo característico de la artista. El conjunto funciona como una suerte de mantra que nos conduciría al cierre de la primera sección del disco.


“Click Song #3” - Terminaría esta parte con la misma formación que interpretaba el prólogo ejecuntando una composición de percusión corporal salpicada de voces aquí y allá.


“Branching” - Seguimos con una canción de aire tribal en la que las voces más graves ejecutan una melodía muy breve que parecería formar parte de un ritual y a cada repetición son respondidas por las más agudas en una suerte de diálogo místico que más adelante se transforma en una pieza conjunta durante unos compases para dejarnos con una sucesión de intervenciones individuales. Quizá la pieza más compleja e interesante del disco.




“Lullaby for Lise” - El siguiente tema sigue fielmente la línea de otros trabajos anteriores de Meredith Monk, especialmente de las piezas que formaron parte de su seminal trabajo “Do You Be”, quizá nuestro disco favorito de la artista. Voz y piano combinándose en una magnífica composición en el estilo que sembró las semillas que luego florecieron en artistas como Wim Mertens.


“Generation Dance” - En ese mismo estilo podemos encuadrar esta pieza en la que el piano vuelve a ser protagonista, en esta ocasión, junto con un dúo de voces. Minimalismo en su versión más accesible sin perder por ello nada de profundidad.


“Breathstream” - En esta ocasión, el título es absolutamente descriptivo de lo que sucede en la pieza. Sonidos vocales, principalmente susurros y algún silbido, creando una corriente musical que nos lleva al tramo final del disco.


“Dive” - Única pieza instrumental de la obra. Se trata de una composición para piano y vibráfono de estilo impresionista, con un tono grave y pesaroso. Interesantísima y muy inspirada.


“Melt” - En la misma línea meditativa escuchamos este trío de voces con la adición del vibráfono. La tensión está presente en toda la composición que amenaza a cada momento con romper hacia algún lugar aún más inquietante pero que mantiene una misma línea hasta el final.


“Passing” - Pese a ser artistas con estilos muy diferentes, hay aquí algo del “O Superman” de Laurie Anderson, con eses pulso vocal constante alrededor del cual se van sumando elementos (en este caso, exclusivamente voces) que a veces son puro ritmo y otras se transforman en zumbidos. Apasionante, en todo caso, y en el estilo que ha hecho de Monk uno de los referentes en la música contemporánea.




“Nyems” - Cerrando el trabajo tenemos otra pieza para voces que evoca, al principio, una especie de algarabía infantil, como de dibujos animados, pero que no tarda en ir tomando forma y cambiando entre diferentes patrones, todos ellos alegres y versátiles.


Con algunas excepciones, la obra de Monk se ha centrado en la música vocal, especialmente en la exploración de las fronteras de la misma aprovechando el excepcional rango de su propia voz. En ese campo creemos que no tiene comparación posible con otros artistas y que su música es realmente única, pese a que se la ha adscrito a las corrientes minimalistas con frecuencia. Mientras esperamos el cierre de la trilogía abierta con "On Behalf of Nature" y continuada con este "Cellular Songs", su música seguirá apareciendo por aquí puesto que cuenta con un gran número de obras que aún no hemos comentado y que merecen mayor atención aunque, hasta ahora, nos hemos venido centrando en sus trabajos más recientes.

 

martes, 13 de enero de 2026

Pep Llopis - Las Noches y los Días (1992)



Los años ochenta y noventa fueron el gran momento de las llamadas “nuevas músicas” en España y gracias a él, florecieron muchos músicos de enorme talento que no eran del todo conocidos por el gran público pese a tener trayectorias muy importantes en otros campos. Algunos de esos nombres llegaron a publicar un gran número de discos y lo siguen haciendo en tiempos recientes. Otros consiguieron una exposición importante en unos años concretos pero luego desaparecieron de la escena aunque han seguido trabajando con un perfil más bajo y alejado del mercado puramente discográfico.


Nosotros conocimos la música del valenciano Pep Llopis a raíz de la inclusión de un par de composiciones suyas en sendos volúmenes de la serie recopilatoria “Música Sin Fronteras”. Se trataba de colecciones de música en formato de disco doble publicadas por el sello Grabaciones Accidentales que llegaron a alcanzar cinco entregas y tuvieron cierta popularidad en los primeros noventa. En ellas había un buen equilibrio entre piezas de músicos españoles e internacionales por lo que sirvieron para dar a conocer a nombres nacionales como los de La Orquesta de las Nubes, Adolfo Rivero, Luis Delgado, Jesús Auñón, etc. La realidad es que Pep llevaba ya muchos años componiendo para teatro, danza o cine pero los pocos discos que publicó antes de eso no tuvieron demasiada repercusión con una excepción que comentaremos al final. Hoy vamos a hablar del trabajo del que salieron los dos temas suyos que terminaron en diferentes entregas de “Música Sin Fronteras” y que fue su disco más popular hasta entonces, seguramente impulsado también por el hecho de que fue el primero en aparecer en formato CD. Se trata de “Las Noches y los Días”, publicado en 1992 y que nos ofrecía una combinación de música nueva con composiciones procedentes de obras anteriores, especialmente para ballet y teatro. Pep Llopis toca sintetizadores y samplers y le acompañan en la grabación: Carlos de la Torre (teclados), Perico Sambeat (flautas, saxo soprano), Luis Llario (contrabajo), Vicente Cortina (percusiones), Gustavo Nardi (violonchelo) y Tomás Garrido (violonchelo).


“Las Noches y los Días” - Originalmente compuesta para la producción del Teatro de los Sueños,  “Tarzán”, dirigida por Rafael Rodríguez, se construye a partir de un fondo electrónico sobre el que va creciendo lentamente un ritmo a base de cuerdas sintéticas y percusiones de cierto aire flamenco desde donde nace la melodía central, veloz y con un punto caótico que desemboca en un tramo final  algo más organizado que termina en un potente clímax en el que se abre paso la flauta para dibujar los últimos motivos melódicos.


“Jardins Aquatics” - Continuamos con un tema cuyo inicio es puramente minimalista al estilo del Steve Reich más rítmico, con marimbas y cuerdas construyendo una secuencia desenfrenada y repetitiva. Según avanza el tema aparecen algunas melodías muy logradas a cargo del saxo y a flauta que nos dejan un gran sabor de boca. El tema había aparecido ya en el anterior disco de Llopis: "Poiemusia".


“Frescos” - Lo siguiente es una pieza de piano en su inicio cuyo melodía tiene ciertas similitudes con alguna parte de la banda sonora de “El Piano” que, eso sí, apareció varios meses después del disco de Llopis. Es, en todo caso, una buena muestra de ese minimalismo melódico que empezó a hacerse en Europa años después de la llegada de la primera oleada del movimiento. La segunda mitad del tema incorpora cuerdas, percusión y saxo dándole al conjunto un toque más jazzístico y mediterráneo.


“Vestidos” - Uno de nuestros temas favoritos del disco. De esas piezas que, de vez en cuando reproduces de forma aislada porque te apetece, sin necesidad de escuchar el trabajo completo. Con protagonismo del violonchelo desde la introducción, está marcado por una secuencia electrónica de bajo muy insistente que permite ir desplegándose a las cuerdas, la flauta y los sintetizadores hasta crear una de las grandes piezas de las “nuevas músicas” en España, sin nada que envidiar a clásicos del género como “On the Future of the Aviation” de Jerry Goodman.




“Prefiero decírtelo de esta manera” - El siguiente corte procede del ballet “En otro tiempo”. Es una composición profunda y dramática, a base de diferentes capas de cuerdas que evolucionan sin prisa alrededor de un motivo central. En la segunda mitad aparece un incisivo tema de piano que culmina con un potente arreglo de cuerdas.


“Jane” - Uno de los temas con los que conocimos a Pep Llopis. Igual que el que abría el disco, está extraído de “Tarzán” y es uno de los más melódicos de todo el trabajo, con un tema central muy inspirado en el que Pep demuestra todo su talento. Una verdadera joya de principio a fin.




“Tema Melodic” - Del montaje “La comedia de las equivocaciones” se extrae esta pieza casi ambiental en la que destaca la línea de bajo sintético y su conjunción con el saxo de la segunda mitad. Todo muy en consonancia con las corrientes de aquellos años. En algunos momentos nos recuerda al disco de Vangelis, “The City”.


“La Nau” - Regresamos a las esencias minimalistas con este veloz tema de cuerdas que nos trae enseguida a la cabeza el “Gentlemen of Leisure” de Wim Mertens por su similar concepción del ritmo y el uso de la flauta aunque, en realidad, son dos composiciones muy diferentes.


“Tres Mujeres” - Otra pieza procedente de un montaje teatral, en esta ocasión, de “homenaje a K”. Es una composición para piano y cuerdas sintetizadas que comienza de forma muy sencilla pero que va añadiendo elementos como las flautas o unos curiosos pizzicati lo que enriquece notablemente el conjunto.


“En Otro Tiempo” - Segundo corte extraído de la partitura para el ballet homónimo. En este caso escrito para cuerdas, sintetizadores y percusión. Es una composición esencialmente rítmica centrada en una melodía corta y repetitiva pero muy eficaz que, además, va ganando en intensidad conforme avanza la pieza.


“The Milky Way (L'espai)” - Del espectáculo “De la Tierra a la Luna” escuchamos aquí esta preciosidad que también fue una de las piezas que formaron parte en su día de los recopilatorios “Música sin Fronteras”. Contiene una de las melodías más inspiradas del disco, un tema ensoñador y mágico que solo nos deja la opción de dejarnos llevar por los sintetizadores y esos sonidos tan característicos de la época digital que hoy nos suenan un poco artificiales pero que en esta composición siguen funcionando bien.




“Vueltas (divertimento en la)” - Cierra el trabajo un extracto del ballet “Vueltas al aire”. Una pieza alegre y llena de ritmo a base de elementos percusivos en una línea similar a algunas piezas de la banda sonora de “Powaqqatsi”, de Philip Glass. Soberbio final para el que está considerado como uno de los grandes discos de las nuevas músicas en España.


Antes de “Las Noches y los Días”, Pep Llopis había grabado “Poiemusia, la nau dels argonautes” (1987), un disco de música y poesía de corte minimalista que, de repente, muchos años después de su publicación, llamó la atención de melómanos de todo el mundo alcanzando las pocas copias disponibles del vinilo original unos precios desorbitados en webs de coleccionismo americanas. El propio Llopis se mostraba sorprendido por el fenómeno cuando declaraba en 2017 que “Desde hace dos años no sé qué le pasa a todo el mundo que no hacen más que llamarme discográficas interesadas en reeditarlo. Cuando se publicó La Nau dels Argonautes, en general la gente se quedó enganchada con la música, pero no con la intervención de las voces. Todo el mundo me pedía que lo reeditara sin los textos. Y ahora, sin embargo, ocurre lo contrario. Han tenido que pasar treinta años para que la gente entendiese ese disco”. Pese ello, no hemos sido capaces de encontrar una copia de la reedición de ese trabajo y “Las Noches y los Días” sigue siendo el único disco de Llopis que hemos conseguido escuchar a día de hoy. Esperamos poder corregir esto en algún momento y volver a traer su música por aquí.