viernes, 29 de mayo de 2026

José Gallardo Arbeláez - Pájaros en Cáncer (2025)



La primera vez que hablamos de José Gallardo Arbeláez en el blog fue con ocasión de la publicación del disco recopilatorio “En Alas del Sonido” del sello Luscinia Discos. En aquel momento comentamos una de las composiciones de su proyecto Música Inmobiliaria pero ha llegado el momento de hacer lo propio con un disco completo, esta vez publicado bajo su propio nombre en el sello heredero de Luscinia: Fortín Artesonoro.


José es un músico colombiano de larga trayectoria que combina una formación clásica con el gusto por los sonidos más experimentales, incluyendo fuentes electrónicas, grabaciones de campo, etc. Muchas veces mezclándolos con instrumentos convencionales. El disco que hoy comentamos lleva el título de “Pájaros en Cáncer” y contiene 9 composiciones muy distintas entre sí que nos dan una buena muestra de su extensa paleta sonora.


“Silbar y retroalimentar” - Comienza el disco con un profundo “drone” electrónico sobre el que se van superponiendo diferentes efectos y sonidos sintéticos incluyendo lo que parecen voces procesadas, quizá procedentes de alguna emisión radiofónica distorsionada por el trabajo de Gallardo. Más adelante escuchamos lo que parece una guitarra eléctrica muy saturada que contribuye a añadir misterio a un ambiente de por sí oscuro. Pura vanguardia y experimentación en una composición que, pese a todo, no carece de melodías y de un desarrollo coherente que hace que pueda disfrutarse a muchos niveles.


“Pájaros en Marte” - En la segunda pieza escuchamos una maravillosa combinación de voces manipuladas al estilo de los Pink Floyd de “On the Run” o del Jean Michel Jarre de “Ethnicolor” en el inicio. Luego nos sumergimos en pura experimentación electrónica al estilo de la vieja escuela con lo que parecen sintetizadores analógicos o, incluso, sencillos osciladores de los que José Gallardo saca tonalidades fantasmagóricas. Nos encanta el lento tema central que parece surgir de la nada en medio de un infierno sonoro muy trabajado. Una delicia para los amantes de los sonidos electrónicos más arriesgados.


“Pájaros en Enero” - Mucho más experimental, si cabe, es el siguiente corte. Una muestra de música electroacústica en la línea de lo que hacían en el GRM los discípulos de Pierre Schaeffer trabajando sobre grabaciones de campo con manipulación de cintas. Aquí la melodía podríamos decir que la aporta el gélido viento sintético que aparece de fondo durante todo el tema mientras escuchamos todo tipo de efectos por encima. Música para perderse en ella buscando una salida.


“Armónicos y pájaros” - Volvemos a la electrónica clásica de los años en los que los sintetizadores eran novedad y la fascinación nacía de la combinación de diferentes timbres y sonidos desconocidos hasta entonces. Una época en la que los instrumentos iban marcando la evolución de la propia música hasta el punto de crear todo un género en el que la herramienta llegó a dar nombre a la propia creación y es que la música electrónica es, probablemente el primer estilo que se define por los instrumentos utilizados.


“Organell” - Abundando en la misma idea tenemos esta magnífica composición que combina un ritmo creado a partir de un breve “loop” y una lenta línea de bajo. Cuando aparece el tema central nuestra memoria viaja a los años iniciales en que la electrónica empezaba a darse a conocer. A las melodías y atmósferas de Doctor Who. A Delia Derbyshire y al BBC Radiophonic Workshop. Un viaje arriesgado por lo importante del legado a visitar pero en el que Gallardo de muestras de un saber hacer indiscutible.


“Oración” - Hay algo de ceremonial en esta composición (quizá de ahí su título) y viene marcado por el cadencioso tañido de la campana que se cuela entre ondas sinusoidales, filtros y modulaciones de toda clase, voces fantasmales y extraños ritmos que surgen de la repetición de patrones. Nos sigue remitiendo los años de la primera electrónica pero también con referencias al ambient actual más oscuro, del estilo de Bass Communion. De repente, en medio de todo esto, aparece una guitarra acústica que con un par de notas y diversos bucles sonoros a partir de ellas nos lleva de la mano hacia un final extrañamente hipnótico. Es la pieza más larga del trabajo (algo más de 10 minutos) y una de nuestras favoritas.


“Meditación modulada” - No se queda muy lejos de la anterior en nuestras preferencias esta composición construida a partir de muy pocos elementos: una serie de tres notas que dan el tono al inicio y se repiten durante varios minutos, oscuros sonidos sintéticos y más adelante un ostinato electrónico que nos traslada, casi físicamente, a un lugar muy inquietante.


“Si7te” - En contraste con casi todo lo anterior tenemos este tema en el que la electrónica, pese a seguir presente, pasa a un segundo plano frente a la guitarra acústica que acapara toda la atención desde el principio. Es el corte más breve del trabajo y sirve para acompañarnos hasta la conclusión.


“Drones y guitarras” - Regresamos aquí a los conceptos del tema que abría el disco: drones, efectos sonoros, osciladores, vibración y experimentación, mucha experimentación que nos lleva a un cierre extraordinario a base de guitarras con notas que se repiten, se combinan y quedan suspendidas en el aire como una red que se despliega a cámara lenta. Por algún motivo nos recuerda a ese vídeo que rueda uno de los protagonistas de la película “American Beauty” en la que solo vemos una bolsa de plástico movida por el viento.



El disco se encuentra disponible para escucha y descarga en varios formatos en la página web de Fortín Artesonoro  y nos parece un ejemplo perfecto de cómo hoy en día se sigue haciendo música electrónica al estilo de los pioneros y sin dejarse deslumbrar por la brillantez que nos ofrece la tecnología actual que, en muchos casos, simplifica el trabajo y también el esfuerzo que requiere el obtener un sonido concreto, una tonalidad imperfecta, un efecto exacto. Creemos que todo apasionado de estos sonidos seminales encontrará en “Pájaros en Cáncer”, un trabajo con el que disfrutar una y otra vez.

lunes, 18 de mayo de 2026

Alejandro Rojas-Marcos - Sobre tres melodías de Louis Moreau Gottschalk (2025)



La improvisación en la música es algo que ha perdido buena parte del peso que tuvo en otras épocas hasta el punto de que, hoy en día, es una rareza que solemos relacionar con músicas como el jazz y que suele quedar relegada a algunos momentos concretos de las actuaciones en vivo de los artistas. Por eso nos sorprendió, de entrada, ver cómo un músico se define a sí mismo como compositor, intérprete e improvisador siendo esta última faceta tan importante que le lleva a ofrecer conciertos enteros basados en la improvisación, tanto en solitario como en compañía de otros músicos en diferentes formaciones. 


Hablamos hoy de Alejandro Rojas-Marcos, pianista sevillano afincado en Jerez y admirador de John Cage. Intérprete de repertorio clásico, profesor de piano en el Conservatorio de Jerez y colaborador ocasional de artistas como El Niño de Jerez, el bailaor Israel Galván, o el compositor electrónico y también improvisador, Wade Matthews. Rojas-Marcos es un defensor de la improvisación y de la experimentación sonora y, además del piano, ha encontrado en el clavicordio un medio de expresión perfecto para su música. No deja de ser curioso que sea este instrumento barroco el elegido por el músico ya que aquella era una época en la que la improvisación estaba muy presente y formaba parte de muchas obras. También es sabido que muchos de los grandes compositores barrocos como Buxtehude o el propio J. S. Bach eran grandes improvisadores.


El trabajo del que hablamos hoy tiene una particularidad ya que no parte de cero sino de tres melodías del compositor norteamericano del S.XIX, Louis Moreau Gottschalk a partir de las cuales, Rojas-Marcos elabora una compleja obra en la que incorpora diversos sonidos e instrumentos (no necesariamente musicales) en la tradición del citado Cage. Gottschalk, además de compositor, fue un virtuoso pianista lo que le llevó a frecuentes giras por Europa, el Caribe y Sudamérica en las que se empapó de los ritmos más populares de todas aquellas zonas. De ahí que gran parte de su obra para piano sean piezas de ese tipo como jotas, danzas cubanas, criollas etc. sin descuidar otros tópicos del repertorio pianístico romántico como polkas, mazurcas o valses. En su obra, Rojas-Marcos opta principalmente por el clavicordio para su exploración lo que le da a toda la obra un aire intemporal muy sorprendente pero no esperemos una interpretación convencional. Hablamos antes de su admiración por Cage y eso se nota especialmente en su relación con el clavicordio. Al igual que Cage concibió el “piano preparado” para ampliar sus opciones sonoras, Rojas-Marcos hace lo propio utilizando otros elementos para interactuar con su instrumento expandiendo su paleta tímbrica. La obra que hoy comentamos se compuso en 2017 para el espectáculo de danza “La Farsa Monea” (con los antes citados Israel Galván y el Niño de Elche además de Pedro G. Romero). Fue presentado en la exposición Documenta 14, acontecimiento quinquenal que tuvo lugar en esta ocasión en Atenas.


“Sobre tres melodías de Louis Moreau Gottschalk” - La obra transcurre en un solo movimiento pese a tener tres partes muy diferenciadas. La primera de ellas se basa en “La Gitanella (Caprice Caractéristique), Op.35, RO 103” del músico norteamericano, concretamente en la melodía de la segunda parte de la obra. Gottschalk le dedicó la composición a Julian Fontana, pianista y compositor polaco, muy amigo de Chopin (de hecho fue su albacea). Rojas-Marcos nos presenta la melodía al clavicordio en una interpretación convencional antes de comenzar la exploración sonora con lo que intuimos que son rasgueos directos en las cuerdas del instrumento sin utilizar el teclado. Asistimos entonces a una verdadera aventura a través del sonido y la tímbrica que incluye tratamientos percusivos, notas que quedan flotando en el aire hasta extinguirse y la aparición de diferentes elementos como unas varillas metálicas con las que Alejandro golpea y frota las cuerdas del clavicordio obteniendo sonidos insospechados y llenos de misterio y fascinación. Desaparece por completo la melodía original que se nos revela como una excusa, una forma de dar el pie a la verdadera creación del artista. No es música para todos los oídos pero como siempre decimos, a veces un pequeño esfuerzo nos abre la puerta a un mundo nuevo que no sabíamos que estaba ahí. La segunda composición de Gottschalk que aparece en la obra es su “Minuit à Séville, Op.30”, capricho compuesto por el músico alrededor de 1852 durante su estancia en España. Esta vez, Rojas-Marcos toma todo el tramo inicial de la composición y de repente se queda con una serie de siete notas que repite incesantemente con pequeñas variaciones en un tratamiento que podríamos denominar como minimalista. Tras esa parte, asistimos a una secuencia de arpegios repetidos que poco a poco nos introduce de nuevo en la exploración de diferentes temas que aparecen en la pieza de Gottschalk. Es un tramo de gran belleza y sensibilidad en el que no se renuncia a la experimentación y a la búsqueda de los límites físicos del sonido, más allá de los originalmente pensados para el instrumento. La tercera adaptación parte de la “Chanson du Gitano, RO 35”, una habanera publicada póstumamente en “The Little Book of Louis Moreau Gottschalk” alrededor de un siglo después de la muerte del pianista. Aquí Rojas-Marcos opta por interpretar la pieza al clavicordio prácticamente en su totalidad y de forma fiel a la partitura original. Solo después de eso entramos en un segmento final muy rítmico que hace las veces de coda de la obra de Alejandro. De nuevo, efectos percusivos directamente sobre las cuerdas del instrumento para una conclusión llena de energía con la que termina el viaje.



Inicialmente la obra estaba disponible en el soundcloud de Alejandro Rojas-Marcos pero desde mediados del año pasado forma parte del catálogo del sello digital Fortín Arte Sonoro del que ya hemos comentado algún otro lanzamiento en el pasado y del que pronto tendremos alguna muestra más.

Os dejamos a continuación las tres piezas de Gottschalk para que podáis apreciar el trabajo de Alejandro sobre ellas:












domingo, 10 de mayo de 2026

Pink Floyd - Obscured By Clouds (1972)



Muchas veces hemos hablado de cómo afrontan los artistas la situación posterior al gran éxito pero hoy vamos con el momento contrario: qué estaban haciendo antes de convertirse en algo mucho más grande de lo que eran. Realmente tampoco esto es exacto en este caso porque en disco del que hablamos hoy no es, en realidad, el anterior al que para muchos es la obra maestra de Pink Floyd sino que se compuso de forma simultánea a este o, para ser más precisos, en los meses en los que la banda ya estaba tocando en directo “The Dark Side of the Moon” aunque no habían entrado al estudio para grabarlo.


“Obscured by Clouds” nace como un encargo de una banda sonora para la película “La Vallée”, dirigida por Barbet Schroeder (el mismo autor de “More”, cuya banda sonora también había sido obra de Pink Floyd tres años antes). El grupo estaba ultimando la composición de “The Dark Side of the Moon” (como dijimos antes, incluso lo habían llevado a los escenarios) pero les pareció un ejercicio interesante el de parar durante unas semanas para escribir un puñado de temas diferentes y desconectar un poco del trabajo en un álbum que, a la postre, resultaría una obra complejísima en términos de producción. “Obscured By Clouds” sería, bajo este punto de vista, una especie de recreo, una pausa para cambiar de planteamiento e, incluso, de aliviar la presión por lo que tenían entre manos. Incluso desde el punto de vista musical se permitieron probar cosas diferentes, tanto en términos de estilo como de instrumentación. Roger Waters toca el bajo, la guitarra acústica y canta. David Gilmour se encarga de las guitarras, el sintetizador VCS3 y también canta mientras que Nick Mason toca la batería y las percusiones y Richard Wright el piano, el órgano Farfisa, el Hammond y también el VCS3 además de cantar en un par de temas escritos por él mismo.


“Obscured by Clouds” - Comienza todo con un instrumental escrito por Gilmour y Waters. La introducción electrónica es ya diferente de todo lo que había hecho Pink Floyd antes, con un profundo sonido de sintetizador acompañado de percusión, también electrónica, y por encima de todo ello, una melodía de guitarra eléctrica de un Gilmour en un estado de forma excepcional. Un comienzo épico y muy prometedor.


“When You're In” - Segundo instrumental, firmado esta vez por toda la banda, y con un sonido mucho más rockero. El sonido es más reconocible, especialmente la guitarra y la batería pero también destacan los teclados de Wright, en especial el Hammond.


“Burning Bridges” - La primera canción como tal del disco está compuesta por Richard Wright, lo que ya es una pequeña rareza. Es un tiempo medio con protagonismo de los teclados y una melodía lánguida sobre la que cantan el propio Wright y David Gilmour. Sin llegar a los niveles de excelencia de los discos que vendrían posteriormente, es una canción que encajaría bastante bien en cualquiera de ellos. Las guitarras de Gilmour, parsimoniosas, ayudan a crear esa extraña sensación de melancolía tan “floydiana” que escucharemos en “The Dark Side of the Moon”.


“The Gold is in the...” - Seguimos con una canción de Gilmour muy rockera y con un sonido más americano de lo habitual. De no ser por la voz del guitarrista costaría bastante identificar este tema con Pink Floyd ya que se aleja bastante de lo que solían hacer y se acerca a un sonido más “mainstream” en aquellos años.


“Wot's... Uh the Deal?” - Tercera canción seguida y segunda de David Gilmour aunque en esta ocasión en una onda completamente diferente, con guitarras acústicas y una cadencia que mezcla un tono folk a lo Simon & Garfunkel y un aire “beatle” muy curiosos. La parte final de piano redunda en esta sensación y nos aleja de nuevo del sonido clásico de la banda.




“Mudmen” - Volvemos por un momento a los temas instrumentales con una composición de Richard Wright y Gilmour. El piano es el que marca la pauta acompañado sin estridencias por la batería en la que es una de las mejores melodías del disco reforzada poco después por el Hammond.  Quizá muestro momento favorito del disco, especialmente cuando entra Gilmour y nos regala un solo de guitarra espectacular que deja paso después a un dúo entre las seis cuerdas y los efectos electrónicos del VCS3. Una maravilla.




“Childhood's End” - Última canción firmada por Gilmour en solitario en la que escuchamos un anticipo de lo que será el sonido de la banda en los años siguientes. La percusión adelanta en cierta forma la de oiremos pocos meses después en “Time”. Una de las canciones más típicamente floydianas del disco con toques de blues en las guitarras, ritmos sincopados y un Gilmour cantando en su estilo más clásico.


“Free Four” - Llegamos a la única pieza que firma Waters como compositor único y también a una de las más raras del disco, que podría pasar por una de las marcianadas que solía escribir el malogrado Syd Barrett con esa mezcla entre psicodelia y canción infantil. El ritmo de las palmas y los sintetizadores que aparecen para subrayar los diferentes compases suenan sorprendentes aunque hay algún interludio que nos recuerda claramente el sonido de la banda, acercándose incluso al hard rock en instantes puntuales.


“Stay” - Richard Wright compone y canta una balada lenta en la también su piano tiene un gran protagonismo. Destacan las guitarras de Gilmour, juguetonas y con mucho procesamiento electrónico en algunos momentos. Es una de esas canciones que si no han llegado a un público mucho mayor es porque se encuentra en un disco que no es de los más populares de la banda.




“Absolutely Courtains” - Cierra el trabajo un instrumental escrito por los cuatro miembros de la banda y que tiene elementos de mucho de lo que vendría después. El comienzo, con mucho órgano y sintetizador podría ser un preludio de la suite “Shine on You Crazy Diamond” para descolocarnos después con la inclusión de cantos tribales de la tribu mapuga de Papua Nueva Guinea, que es donde tiene lugar la acción de la película.


Para muchos aficionados, “Obscured by Clouds” es un disco infravalorado y hay cierta corriente reciente que aboga por recuperarlo y otorgarle una mayor consideración, no tan alta como la de los discos que le sucedieron pero, desde luego, más de la que ha tenido históricamente. Lo cierto es que se trata, como decíamos al comienzo, de una especie de transición, un disco “menor” escrito mientras se estaba cociendo una obra mucho más grande pero si conseguimos alejarlo de la sombra de la luna, si se nos permite la gracieta, nos encontramos con un trabajo muy interesante que merece una revisión. También es posible que el formato de canciones cortas pudiera parecer un retroceso en una banda que nos acababa de entregar una suite monumental con el “Echoes” del disco “Meddle” pero en el contexto de este trabajo (no olvidemos que es una banda sonora) no habría funcionado ese tipo de composición larga.