martes, 30 de junio de 2026

Ólafur Arnalds - Found Songs (2009)



La discografía de Olafur Arnalds es complicada de seguir porque no se ajusta al esquema convencional de la mayoría de los artistas. Lo normal es grabar una serie de piezas para ser publicadas en disco (ocasionalmente también en formato single o EP), de cuando en cuando grabar algún disco en directo y, en el caso de los artistas más populares, editar cada cierto tiempo un disco recopilatorio. En realidad, Olafur hace todo eso, quizá con la excepción de las recopilaciones de grandes éxitos, pero también tiene otra serie de lanzamientos a los que llama “colecciones” que son piezas prácticamente improvisadas y grabadas en un corto espacio de tiempo. La primera de ellas apareció en 2009, cuando Arnalds estaba empezando y apenas había publicado un par de trabajos aunque había adquirido cierta notoriedad como telonero de Sigur Ros. Llevaba el título de “Found Songs” y obedecía a la siguiente idea: cada día, a lo largo de una semana, Olafur compondría, interpretaría y grabaría una pieza que sería compartida inmediatamente a través de twitter y de su propia página web. El artista invitaba a los fans a colaborar con fotos, diseños y cualquier otra idea al “artwork” asociado a cada pieza con lo que se generaba una curiosa interacción entre músico y seguidores. Las siete piezas fueron compiladas y publicadas posteriormente en formato físico conformando el disco que comentamos hoy aquí.


“Erla's Waltz” - El título nos da una pista clara sobre el contenido ya que, efectivamente, se trata de un vals para piano lento, triste y melancólico en su inicio pero que evoluciona hacia algo más brillante poco después. Es la clásica pieza que si nos dicen que es Yann Tiersen lo aceptamos sin pensárnoslo  demasiado.




“Raein” - El tema correspondiente al segundo día incorpora ya algunos efectos electrónicos y sonidos de cuerdas (el violonchelo de Donna Hermannsdóttir y el violín de Margrét Soffia Einarsdóttir) que le dan un apoyo más que notable al piano que, en todo caso, sigue siendo el instrumento principal. Como toda la música de Arnalds, es muy sencilla formalmente pero también posee un grado de inspiración muy alto.


“Romance” - El tema más corto de una colección de piezas que ya son breves de por sí, es otra deliciosa pieza de piano muy tranquila y con una melodía notable que abunda en la línea entre clasicista y minimalista de todo el trabajo.


“Allt varð hljótt” - Cambiamos aquí el piano por los sintetizadores y los sonidos etéreos que a veces parecen campanas perdidas entre la niebla y que sirven de base para el tema principal de violín: un motivo muy sencillo que se repite varias veces acompañado por el violonchelo con notas muy largas que se mantienen flotando en el tiempo. El tipo de composición que hemos escuchado tantas veces en discos del propio Olafur pero también de su compatriota Johann Johannsson o de Max Richter.


“Lost Song” - Regresamos al piano en un tema que tiene algo de infantil y juguetón. Casi como si se tratase de un estudio muy básico ya que se repite una y otra vez. La variación en este caso viene dada por el acompañamiento de las cuerdas, algo más dinámico aunque termina por convertirse también en una suerte de repetición. La cosa mejora cuando entran en la segunda mitad los efectos electrónicos y una percusión muy sutil que rompe la monotonía general.




“Faun” - La pieza correspondiente al sexto día de la serie vuelve a ser un vals muy pausado con una gran melodía de violín, doblada al final por el violonchelo en la que es una de las mejores composiciones de la serie.


“Ljósið” - Y para cerrar, Olafur se despide con otra pieza de corte infantil en la que un bonito motivo de piano se repite una y otra vez y le da la excusa perfecta a las cuerdas para perderse entre juegos melódicos en los que un instrumento toma el relevo del otro continuamente.




No vamos a negar que normalmente le pedimos a la música un poco de tensión y no solo buenas melodías y arreglos como es el caso de lo que sucede en este disco pero lo cierto es que vivimos tiempos complicados en muchos sentidos y hay muchas ocasiones en las que trabajos como los de Olafur Arnalds se agradecen. Y es así porque su música es sencilla, no requiere de grandes esfuerzos y, muchas veces, ni siquiera de una atención constante. Dicho todo esto, no querríamos que el comentario anterior se tomase como un desprecio a su música sino todo lo contrario. Nos encanta Olafur y lo consideramos como uno de los representantes más destacados de esa especie de neoclasicismo que vivimos en los últimos años y que combina instrumentos convencionales de la música de cámara, especialmente las cuerdas con piano y electrónica brindándonos atmósferas y ambientes de gran belleza. En el caso de este “Found Songs” y de otros trabajos similares del músico islandés, su corta duración (apenas unos veinte minutos) impide que lleguen a aburrir a aquellos oyentes poco familiarizados con estos estilos por lo que es una buena forma de iniciarse en ellos a pequeñas dosis.

lunes, 22 de junio de 2026

Miguel Gil - Nadhie (2025)



Regresamos hoy a la música del sello Fortín Artesonoro y lo hacemos con un viejo conocido a cuya faceta como compositor en solitario nos acercamos hoy por primera vez. Fue hace unos cinco años cuando hablamos de Enessima, el proyecto de Jorge Cabadas y Miguel Gil publicado en el mismo sello. Ahora es el momento de centrarnos en lo último publicado por el segundo de los artistas citados: “Nadhie” (2025), Gil realiza aquí un complejo trabajo en el que se contraponen elementos aparentemente contrarios. En sus propias palabras, “Nadhie surge como un río que fluyera del mar a la montaña, dulcificando sus aguas para remansarse, puras, en cuevas naturales. En Nadhie, composición e improvisación, acústico y electrónico, real y virtual, temperada y superjusta o tonal y atonal no son términos opuestos, sino perfiles del mismo sujeto”.


El currículum de Miguel Gil es impresionante obteniendo, entre otras cosas, una graduación summa cum laude en el Berklee College of Music, quizá la institución docente más prestigiosa en la música contemporánea. Está especializado en composición y es un especialista en música carnática, la música “clásica” del sur de la India. Durante toda su carrera ha sido profesor en diferentes instituciones lo que él ve, no sólo como una forma de subsistencia sino también como un modo de estar en contacto con músicos y perspectivas nuevas todo el tiempo, lo que le sirve a la vez de aprendizaje en un ciclo que se retroalimenta continuamente. Además de eso, ha escrito música para cine y teatro además de grabar un buen número de discos en solitario y el colaboración con otros artistas. Incluso, ahora que estamos en pleno mundial de fútbol, participó en labores de producción en el himno de la edición de Sudáfrica 2010 pera la cadena Cuatro. En su carrera ha tocado varios palos, desde la composición pura y la experimentación a la interpretación integral de todos sus trabajos pasando por etapas más centradas en el jazz contemporáneo.


En “Nadhie”, Gil utiliza metapiano (un instrumento virtual que emula el sonido de un piano mediante modelado espectral, en lugar de utilizar librerías de samples), saxo soprano y benjolin (un sintetizador muy particular diseñado por Rob Hordijk bajo los principios de la “teoría del caos” por lo que las texturas, patrones y secuencias generados son impredecibles de modo que el intérprete no controla el sonido sino que, de alguna forma, lo guía).


Certezas cambiantes” - Comenzamos con una sucesión de notas de piano sostenidas en el tiempo que poco a poco parecen organizarse para dar forma a algo y es entonces cuando aparece el saxo y nos introduce en un segmento en el que se mezclan el jazz y la música experimental en un raro cruce entre Coltrane y Cage, dos nombres que empiezan, casualmente, por la misma inicial con que lo hacen las dos palabras que forman el título del tema. Muy curioso (que también empieza por “c”).


Placeres pospuestos” - El siguiente tema no solo repite el hecho de utilizar palabras que empiezan por la misma letra en el título sino que profundiza aún más en la combinación de saxo jazzístico y piano vanguardista además de sumar, con mucha mayor presencia que en el corte inicial, otros elementos como percusiones, sonidos electrónicos y desarrollos caóticos que nos recuerdan la sorpresa tímbrica continua que es toda obra interpretada en un piano preparado, por ejemplo. Eso es lo fascinante de estas dos primeras composiciones: que nada en ellas es previsible.


Un poquito de por favor” - Continuamos con una evolución casi natural de lo que estábamos oyendo antes, con mayor protagonismo de los sonidos electrónicos, tanto originales como surgidos del tratamiento de otros por diversos medios. Intuimos que aquí entra en acción el benjolin, especialmente en el tramo final, lleno de ruiditos analógicos que tienen toda la pinta de proceder de ese sintetizador. Para los amantes de ese tipo de sonoridades (y nosotros lo somos) es una delicia.


Tres interpretaciones de un gesto” - Las tres últimas piezas del disco son bastante más breves que las iniciales pero exploran los mismo terrenos. Esta primera combina piano y electrónica desarrollando una atmósfera muy inquietante, opresiva por momentos, solo rota por las intervenciones, casi humorísticas, del “slide whistle”.


Oírse a uno mismo” - Si atendemos al título, tenemos que ver esta pieza como un experimento introspectivo centrado en el saxo y en la manipulación de su sonido con efectos y distorsiones de todo tipo, alrededor del cual el piano se mueve en su mundo particular, ajeno al ejercicio de manipulación que Miguel Gil realiza con el saxofón.


Del mar a la montaña, un río de gratitud” - Cierra el trabajo otra pieza muy experimental llena de sonidos sintéticos, casi drones al principio, que sirven de base para el dúo de piano y saxo que nos ha acompañado durante todo el disco. El cierre nos recuerda a los inicios de la electrónica con esos asombrosos instrumentos (ni siquiera eran aún sintetizadores) que emitían sonidos de ciencia ficción. Quizá si tuviéramos que quedarnos con una sola composición del trabajo lo haríamos con esta.



Seguimos luchando hoy en día con los prejuicios que alejan determinadas músicas del gran público. Es evidente que es una batalla perdida porque no hay forma de que los géneros más vanguardistas lleguen a oídos mayoritarios y tampoco es fácil que, en los casos en los que lo hagan, lleguen a calar porque, querámoslo o no es música que requiere de un esfuerzo y una atención que no casan bien, casi por definición, con los públicos más amplios y, probablemente esté bien que sea así. En todo caso, este tipo de propuestas siempre tendrán un hueco en este blog para picar la curiosidad de los ocasionales lectores que decidan darles una oportunidad. El disco está disponible para su escucha y descarga gratuita en la web de Fortín Artesonoro como su referencia número 21.

martes, 16 de junio de 2026

Shani Diluka - Pulse (2023)



Han sido ya varias las ocasiones en las que hemos hablado aquí de las cada vez más frecuentes conexiones entre la música académica y otros géneros más populares. En ese orden de cosas, es muy habitual encontrar grabaciones de intérpretes de música clásica que se atreven a acercarse a los estilos más populares. Es el caso de la pianista monegasca Shani Diluka quien publicó en 2023 un disco en el que mostraba una amplia panorámica de música contemporánea centrada en el minimalismo pero con una visión muy inclusiva que se salía de los cuatro nombres comunes del género rescatando a algunos de los pioneros menos conocidos pero no por ello menos importantes como Moondog y atrayendo hacia el potente centro gravitatorio de la música más repetitiva, melodías populares, piezas de jazz e incluso a modernos éxitos de las pistas de baile.


Diluka fue una niña prodigio que salió a la luz gracias a un programa escolar impulsado en su día por la princesa Grace en el Principado de Mónaco que incluía una importante base de formación musical desde las etapas más tempranas de la escuela. Pronto ingresó en la Academia Príncipe Rainiero III y de ahí no tardó en saltar al Conservatorio Nacional Superior de Música y Danza de París donde estudió con los mejores especialistas de piano. Publica con Warner Classics con quienes tiene un contrato exclusivo y ha publicado ya un gran número de discos. Entre ellos encontramos grabaciones más o menos convencionales dentro del repertorio clásico como monografías dedicadas a Mendelssohn, Grieg, Mozart, Beethoven, Schubert o Bach pero también una serie de discos “temáticos” con enfoques más abiertos como es el caso del dedicado a Marcel Proust (en la figura de los músicos franceses de su época), a Jack Kerouak (centrado en músicos norteamericanos) o a su peculiar exploración del espacio a través de Beethoven y de las ragas de los maestros indios. En esa línea de trabajos más conceptuales se encuentra el disco del que hablamos hoy: “Pulse”, un homenaje al minimalismo en el que, curiosamente, no aparece Steve Reich pese a lo que podríamos pensar al ver el título del disco.


“Railroad (Travel Song)” - La primera pieza de la colección es una composición de 1981 de Meredith Monk, una de nuestras artistas favoritas en el terreno de la música de vanguardia. Ya comentamos esta obra cuando reseñamos el disco “Piano Songs” (2014) de Meredith en la que por entonces era la única  grabación de la misma.


“Etude No.2” - Si hay un artista inevitable en cualquier recopilación de música minimalista para piano, ese es, sin duda, Philip Glass. De hecho, en esta grabación de Shani Diluka aparece ampliamente representado como tendremos ocasión de ver. Aquí lo hace con el segundo de sus estudios de piano, una serie de piezas que revitalizó el repertorio para ese instrumento del compositor norteamericano y que se han convertido en sus obras más grabadas en los últimos tiempos.


“Be My Love” - Saltamos del minimalismo más académico a un estándar de jazz escrito por Nicholas Brodszky y Sammy Cahn para Mario Lanza en los años cincuenta. Aquí Shani se basa en la exquisita versión del tema escrita por Keith Jarrett. Aparentemente no tiene mucho que ver con el tópico repetitivo del minimalismo pero la estructura circular de esta versión en la que el tema central se repite varias veces sobre sí mismo nos hace pensar que tiene un encaje muy acertado dentro del trabajo.


“Mad Rush” - Volvemos a Glass, ahora con una de sus piezas más populares en sus distintas versiones y configuraciones instrumentales. La versión de Diluka es algo más rápida de lo habitual lo que contrasta con el aire ceremonial que ha tenido la obra en muchas ocasiones pero también le da una viveza que le viene muy bien en el contexto del disco.


“Dream” - Pasamos ahora al que podría ser el verdadero fundador del minimalismo sin pretenderlo: John Cage. Es una pieza para ballet escrita en 1948 y se cuenta entre las obras más accesibles de Cage, autor que para nosotros, como bien saben los lectores antiguos del blog, es mucho menos duro de lo que el tópico nos ha llegado a hacer creer. Esta composición, sin ir más lejos, es un ejemplo perfecto de ello.


“Veridis Quo” - La primera gran sorpresa de “Pulse” llega de la mano de esta versión de un tema del dúo de música de baile francés, Daft Punk. Es una composición que se encontraba en su “Discovery” (2001) y se construye alrededor de una melodía sencillísima que se repite constantemente. Tiene algo de “ostinato” barroco pero no deja de ser una pieza esencialmente minimalista, algo que aquí, despojada de toda la producción habitual del dúo, se pone de manifiesto muy claramente.




“Etude No.5” - Vuelve aquí Shani Diluka a Philip Glass quien, en cierto modo, hace las veces de hilo conductor de todo el trabajo. La pieza escogida procede de nuevo de su primer libro de estudios y no será la última vez que aparezca en el disco, del que se despedirá con sorpresa incluida.


“Casino” - Seguimos con el compositor australiano Luke Howard y su pieza para piano extraída del disco “The Sand that Ate the Sea” (2019). Es un precioso tema lento en una línea similar a la de Yann Tiersen, por poner un ejemplo habitual en el blog. Muy melódico e inspirado que para nosotros, que desconocíamos la obra de Luke, es uno de los grandes descubrimientos del disco.


“China Gates” - Hasta en cuatro ocasiones ha aparecido en el blog esta composición del norteamericano John Adams, algo que no es de extrañar, tanto por su propia calidad, como por lo escaso del repertorio para piano de Adams, que obliga a los artistas que quieren acercarse a su música a escoger entre muy pocas piezas. La versión de Diluka es fascinante e hipnótica pero es que toda la pieza lo es.


“The Philosopher's Hand” - Y si Adams tenía que aparecer en una recopilación centrada en el minimalismo, con más motivo debía hacerlo Terry Riley aunque ambos compartan un repertorio realmente escueto para el instrumento sobre el que gira este trabajo de Shani Diluka. También esta pieza apareció con anterioridad en el blog en su día.


“Etude No.9” - Regresamos a Glass y sus estudios con el que seguramente sea nuestro favorito que suena aquí en una versión extremadamente rápida y breve, lo que subraya esa idea de hilo conductor que apuntábamos más arriba.


“Danny Boy” - Tras Keith Jarrett, aparece ahora otro de los grandes pianistas de jazz de la historia, Bill Evans, y su versión de la que es una de las melodías más icónicas de la nación Irlandesa. Exquisito el arreglo de Evans como también lo es la interpretación de Diluka.


“Metamorphosis One” - No podemos decir nada que no hayamos dicho antes sobre esta pieza de Philip Glass que prácticamente inauguraba su repertorio escrito expresamente para piano a mediados de los años 80. Un clásico que nunca aburre.


“Bird's Lament” - Si hay un músico al que le debemos una entrada (o varias) en el blog es a Moondog. Su historia personal es absolutamente fascinante y de un interés inversamente proporcional a su popularidad. ¿Es posible ser uno de los músicos más influyentes del S.XX viviendo en la calle?. Algún día veremos que sí. Esta composición es una maravilla y está dedicada al pianista de jazz Charlie Parker, poco después de su muerte, lo que explica su estilo, no tan habitual en la música de Moondog.




“Shenandoah” - Otra canción tradicional que ha calado en el imaginario popular, en esta ocasión, de Norteamérica para cuya grabación Shani Diluka recurre de nuevo a un arreglo de un músico de jazz: Keith Jarrett, quien hace así doblete en el disco. El resultado está más cerca del piano folk de un George Winston, por poner un ejemplo, que del minimalismo o del propio jazz pero no desentona en la colección.


“Opening” - Última (o penúltima, ya lo aclararemos) aparición de Philip Glass con otro de sus clásicos, en esta ocasión, la pieza que abría su disco “Glassworks” (1982). Aún hoy suele estar en sus programas de concierto cuando el compositor gira en formato de solo piano.


“Giorgio by Moroder” - Segunda pieza de Daft Punk, ahora con la participación del homenajeado productor italiano Giorgio Moroder. Apareció en el disco “Random Access Memories” (2013) de dúo. Con esta adaptación, Diluka evidencia cómo detrás de músicas que no parecen tener mucho en común, pueden aparecer más coincidencias de las que podrían esperarse aunque su versión se nos antoja demasiado breve.


“Shimmers” - Quizá las prisas obedezcan al deseo de mostrarnos su obra y es que Shani Diluka nos regala aquí un tema propio que cumple con todos los requisitos estilísticos del disco. No es la primera vez que vemos cómo hay intérpretes que deciden incluir piezas de su autoría en este tipo de trabajos lo que nos permite comprobar también esa otra faceta de su talento. En el caso de Shani, nos deja con las ganas de escuchar más obras suyas.


“Barn Dance” - Segunda parada en la música de Moondog con esta veloz y alegre danza que nos ha fascinado desde la primera vez que la escuchamos hace ya varios años. Excelente.


“Melody: Sun on You” - Hubo un momento, a finales de los años 90, en el que la música de Craig Armstrong nos fascinaba. Su mezcla de instrumentos clásicos con sintetizadores y su apertura a la colaboración con otros artistas a los que admiramos como Massive Attack o Pet Shop Boys hicieron que sus discos sonasen con frecuencia en nuestra casa pero después le perdimos la pista aunque sabemos de su intensa actividad como músico de cine. En cierto modo fue un precedente de Max Richter que no ha llegado a donde lo ha hecho éste. Aquí aparece con una pieza de su disco “Sun On You” (2018) en la que juega con los arpegios y las repeticiones de un modo muy personal para ofrecernos uno de los temas más interesantes del disco con el que podríamos decir que éste llega a su fin.


“The Holy Presence of Joan of Arc” - Pero faltan aún dos piezas que, por sus características especiales, podríamos calificar de “bonus tracks” o de codas del trabajo. La primera es un extracto de una pieza de Julius Eastman, única del disco en la que, además de un espectacular piano rítmico, participa una orquesta. Por lo demás, tiene todos los requisitos para estar aquí además de habernos servido de recordatorio de que, algún día, tendremos que hablar de Eastman por aquí.


“Etude No.5” - La segunda aparición de esta composición en el disco tiene el añadido de un texto adaptado de la canción de Patty Smith, “Paths that Cross”, que se une aquí a la música de Glass en un experimento que el músico ya había hecho en su día con textos de Allen Ginsberg, por poner un ejemplo.


No es una sorpresa que aparezcan por aquí este tipo de grabaciones en las que podemos encontrar, desde piezas que ya conocemos de algunos de nuestros compositores favoritos hasta muchas otras de las que no habíamos oído hablar lo que siempre nos ha parecido una magnífica ocasión para conocer nuevos autores e intérpretes. Sólo por eso, este “Pulse” de Shani Diluka nos parece un disco magnífico. Si además añadimos a eso una interpretación elegantísima y un gran gusto a la hora de seleccionar los temas incluidos, nuestra valoración del disco tiene que ser, por fuerza, muy positiva. El trabajo fue publicado hace pocos años por Warner Classics como todos los de la pianista por lo que no debería ser muy difícil de conseguir. Os dejamos con un vídeo promocional en el que Shani nos habla de "Pulse".