domingo, 22 de febrero de 2026

Rosalía - Lux (2025)



Hay fenómenos musicales a los que resulta imposible sustraerse por mucho que, aparentemente, no terminen de casar con los gustos de uno. Si hay algo de lo que podemos presumir en este blog es de tener una curiosidad muy activa a la hora de escuchar todo tipo de música sin reparar demasiado en géneros y estilos. Es por ello que, pese a que no aparezcan por aquí en la mayoría de las ocasiones, sí que solemos prestar atención a muchos discos “mainstream” que se salen de la línea de lo que solemos reseñar. Rosalía se convirtió en un fenómeno mundial hace unos años con la publicación de “El Mal Querer” y, ya entonces entró en nuestro radar. Aquel fue un disco que escuchamos y disfrutamos mucho y que entró a formar parte de la lista de candidatos a aparecer en el blog, algo que sucederá en algún momento. Sin embargo, su siguiente trabajo, “Motomami”, se alejaba mucho de las estéticas que nos suelen gustar y no llegó a interesarnos demasiado pese a lo cual, hemos seguido mirando de reojo la trayectoria de Rosalía ya que nos parecía un talento indiscutible al que merecía la pena prestar atención.


No nos equivocamos. Cuando escuchamos los primeros adelantos de su último trabajo, “Lux”, tuvimos que reconocer que la artista lo había vuelto a hacer alcanzando un nivel de calidad y perfección desconcertante y alejado de lo que se estila hoy en día en las músicas más populares. Antes de nada, tenemos que reconocer que desconocemos casi todo de los géneros más representativos de la música urbana de hoy en día. El rap y el hip-hop no nos llegaron a interesar lo suficiente en su momento. El reguetón se encuentra en las antípodas de todo lo que nos gusta y no hemos escuchado demasiado trap porque lo que hemos oído no nos ha atraído en absoluto. Es por ello que tampoco vamos a hacer una crítica exhaustiva de un disco como este porque nos faltarían muchas herramientas para dar contexto a todo lo que aquí suena.


Antes de empezar, queremos recordar que Rosalía es una artista completísima con una importante formación musical que escribe casi todas las letras y compone prácticamente toda la música en sus discos. Recalcamos esto para que no parezca que la amplia lista de colaboradores y de participantes en “Lux” implica que a Rosalía “le han hecho el disco” como hemos llegado a leer por parte de algunos detractores. Dicho lo cual, el elenco que participa en el trabajo de una u otra forma es impresionante. Entre los intérpretes encontramos nombres como los de Bjork, Carminho, Estrella Morente, la Escolanía de Montserrat, la London Symphony Orchestra, Silvia Pérez Cruz o Yves Tumor y en lo relativo a la composición y producción, los de Caroline Shaw, Charlotte Gainsbourg, el Guincho, el integrante de Daft Punk, Guy-Manuel de Homem-Christo, Nigel Goldrich o Pharrel Williams. El disco, como pasaba con “El Mal Querer”, es un trabajo conceptual organizado en varias partes diferenciadas, en este caso en cuatro movimientos. El tema central es la relación de la artista con Dios visto a través de la vida de varias mujeres santas, no necesariamente católicas.


El primer movimiento se divide en cinco canciones. “Sexo, violencia y llantas” tiene un comienzo entre clasicista y aflamencado con un bonito piano que preludia la primera intervención de Rosalía acompañada del violonchelo. Aparecen entonces algunos arreglos electrónicos junto con el coro y las cuerdas. Una pieza extraordinaria que da el tono de lo que va a seguir en la próxima hora. “Reliquia”, inspirada en Santa Rosa de Lima, se abre con una cuerdas juguetonas del estilo de lo que hemos podido escuchar en algunas obras de Johann Johannsson pero lo mejor viene después con la artista cantando una buena melodía rodeada de una producción extraordinaria que mezcla con un equilibrio perfecto las cuerdas con la electrónica terminando con un bellísimo interludio de piano y una espectacular coda de samples vocales. “Divinize” cambia el tono mezclando piano con ritmos electrónicos muy envolventes que se combinan con partes acústicas, arreglos corales... una pieza fantástica. Continúa la suite con “Porcelana”, inspirada en la vida de Ryonen Genso. El comienzo nos muestra la voz de Rosalía confrontando a la sección de cuerda antes de entrar un segmento que tiene mucho que ver con las músicas urbanas como el trap, especialmente por el uso de los samples y el “autotune” pero todo dentro de un contexto que mezcla arreglos clásicos con electrónica y algún fragmento que no deja de ser un reguetón disimulado con cuerdas y timbales para acabar con un coro celestial entre palmas flamencas. Inclasificable como casi todo lo que suena en el disco. Cierra el primer movimiento “Mio Cristo Piange Diamanti” con Rosalía cantando en italiano una canción inspirada en Clara de Asís. Es una buena muestra de las capacidades vocales de la artista que se acompaña solo de un piano durante toda la primera mitad de la canción. En la segunda mitad aparecen las cuerdas en un final espectacular y muy operístico que gana en intensidad poco a poco terminando en todo lo alto.




El segundo movimiento comienza con el que fue el adelanto del disco: “Berghain”, homenaje a  Hildegard Von Bingen y todo un espectáculo de cuerdas veloces en una especie de fiesta barroca en el que tienen su sitio los coros, la propia voz de Rosalía (de nuevo con registros más propios de una cantante de ópera que de una diva pop) y las percusiones. Es aquí donde se produce la intervención de Björk como artista invitada en su inconfundible estilo. Cambio total de estilo en “La Perla”, un vals en que Rosalía ajusta cuentas con alguna relación pasada (probablemente Raw Alejandro). En otra interpretación, la canción estaría dedicada a la patrona de los divorciados, Santa Fabiola de Roma. En la canción participan los mejicanos Yahritza y su Esencia, especialmente en el comienzo de guitarras. Más adelante entra toda la orquesta en la que es una de las canciones más divertidas del trabajo.  “Mundo Nuevo” cambia por completo de estilo, con un comienzo en el que escuchamos fondos electrónicos antes de la entrada de Rosalía cantando un tema flamenco arropada por las cuerdas que enlaza, a modo de coda con “De madrugá”, una canción que continúa con el tono flamenco y que la artista llevaba un tiempo cantando en directo aunque no había aparecido en ningún disco anterior.




El tercer movimiento comienza con “Dios es un stalker”, una canción con trazas de salsa, especialmente en el uso del “tumbao” que se funde con “La yugular”, inspirada en Rabia Al-Adawiya, en la que volvemos a los ritmos de vals en ciertos momentos, mezclado con interludios corales hasta cerrar con un espectacular recitado entre timbales, cuerdas y voces al que Rosalía incorpora un audio de Patti Smith. “Focu'ranni”, exclusivo de las versiones físicas del disco y dedicado a Santa Rosalía de Palermo es una magnífica pieza en la que destacan los tratamientos de los samples vocales y de percusión. Uno de nuestros temas favoritos del disco. “Sauvignon Blanc”, aparentemente inspirado en Santa Teresa de Jesús, fue otro de los singles del disco aunque no está entre nuestras canciones preferidas del trabajo. Es una balada lenta con acompañamiento de piano y cuerdas, muy bien producida pero que no nos termina de enganchar. “Jeanne”, inspirada en Juana de Arco tampoco aparecía en las ediciones digitales del disco y es una pena porque queda muy bien como cierre del movimiento y tiene algunos de los mejores arreglos de cuerdas que le dan un toque oscuro muy interesante.




El último movimiento del trabajo da comienzo con “Novia robot”, una parodia de los robots sexuales para uso masculino, cada vez más de moda. Otra canción exclusiva de las ediciones en vinilo y CD que tampoco aporta demasiado al conjunto más allá de una producción espectacular. En “La rumba del perdón” tenemos las colaboraciones de Estrella Morente y Silvia Pérez Cruz en una preciosa pieza flamenca que nos remite a los orígenes musicales de la artista catalana. “Memorias” cambia de estilo hacia el fado con la participación de Carminho y dos magníficas interpretaciones prácticamente a capella por parte de ambas artistas con un precioso final. Cerrando el trabajo llega “Magnolias”, inspirada en Anandamayi May y en la que destaca el gran arreglo de clarinete  con el que se abre además del intenso final de orquesta y coro infantil que pone un broche de oro a un trabajo superlativo.




Tenemos que reconocer que no teníamos claro que “Lux” (o, más bien, Rosalía) encajase del todo dentro de las músicas que solemos traer al blog pero lo cierto es que ese pensamiento solo responde a nuestros prejuicios y no tiene demasiado de racional. De hecho, lo que nos extraña realmente es que un disco de estas características haya sido número uno en países como Alemania, Austria, Bélgica, Suiza o Portugal así como en varias listas de los Estados Unidos además de alcanzar puestos muy altos en Francia o Reino Unido. Y nos extraña, no por su calidad, sino porque tiene poco que ver con los tipos de música que suelen copar este tipo de rankings hoy en día. La única duda que podemos tener se refiere a si el paso del tiempo tratará tan bien a “Lux” como creemos que debería o si se terminará viendo como un fenómeno puntual pero, en el fondo, esa duda no deja de ser otro prejuicio más por nuestra parte.

miércoles, 11 de febrero de 2026

Lito Vitale Cuarteto - La Senda Infinita (1989)



El caso de Lito Vitale es bastante extraño visto desde la rara perspectiva que nos dan los 10.000 kilómetros de distancia con su Argentina natal. Hablar de Vitale para un melómano español es hacerlo de una figura que brilló como pocas en los años ochenta y la primera mitad de los noventa. Un artista que se convirtió en uno de los tres o cuatro nombres más importantes de lo que se dio en llamar “nuevas músicas” y que era un habitual en las programaciones de conciertos de las mejores salas nacionales. Si tuviéramos que hablar de un programa de radio tan legendario como fue Diálogos 3, dirigido y presentado por Ramón Trecet, inevitablemente Lito Vitale tendría que aparecer mencionado como uno de los artistas (quizá junto con Wim Mertens, Nighnoise o Loreena McKennitt) que mejor representaron el tipo de música y de estéticas que definieron ese añorado espacio musical.


Sin embargo, Vitale desapareció casi por completo poco después. Sus discos dejaron de ocupar los estantes de las tiendas, su nombre no se veía en los carteles y poco a poco su figura fue cayendo en el olvido. Insistimos en que esto es solo desde la perspectiva española porque Vitale ha seguido siendo una figura muy importante en Argentina, con discos muy relevantes, tanto en solitario como acompañado de Juan Carlos Baglietto y, sobre todo, con una gran presencia en los medios de comunicación, siendo el conductor de diferentes programas de televisión y radio y convirtiéndose en alguien muy cotidiano para el público de ese país.


Hace mucho tiempo ya que no hablamos por aquí de Lito Vitale y nos hemos dado cuenta de que nos quedaba por reseñar aún uno de los cinco discos grabados con su formación más recordada: el Lito Vitale Cuarteto. Haciendo un poco de historia rápida, y prescindiendo de sus grabaciones con M.I.A. de las que hablamos en su día, en la primera mitad de los ochenta publicó varios trabajos en solitario o en formato de dúo y trío aunque en estos últimos casos, a diferencia de los discos como solista, se trataba principalmente de versiones de temas de otros. Fue en 1987 cuando se consolidó un cuarteto más o menos estable (el de batería fue el único puesto que cambió con frecuencia) con el que Vitale publicó sus trabajos más populares. Al disco homónimo (“Lito Vitale Cuarteto” -1987-) le seguiría “Ese Amigo del Alma” (1988), el trabajo que les catapultó a la fama fuera de Argentina que y que aún hoy es su título más recordado. Un año después apareció “La Senda Infinita” que es el trabajo que comentaremos hoy. El cuarteto estaba integrado entonces por Lito Vitale (voces, percusión, piano y teclados), Marcelo Torres (bajo), Manuel Miranda (vientos) y el batería Christian Judurcha en su última grabación con el grupo.


“Noticiero Nacional” - El comienzo del disco es abrumador con la entrada casi al unísono de todos los miembros del cuarteto, especialmente los teclados, el bajo y la batería en unas primeras notas contundentes que enseguida desembocan en una veloz pieza liderada por la melodía de Vitale a los sintetizadores doblada por los vientos de Miranda. Es un tema extraordinario a la altura de lo mejor del cuarteto que, de repente, se frena entrando en un remanso de paz en el que resplandece el bajo de Marcelo Torres convenientemente acompañado por teclados y vientos que, poco a poco, retoman el tema principal, no sin antes brindarnos una serie de variaciones fantásticas. Todo lo que fue el Lito Vitale Cuarteto se puede resumir en los siete minutos que dura esta maravilla.




“El Valor del Silencio” - El siguiente corte cambia por completo de estilo centrándose en los teclados, algo edulcorados, de Vitale, quien se acompaña en la melodía principal de las flautas de Miranda. Es una balada lenta, romántica en su comienzo pero con toques de solemnidad de cuando en cuando. En la segunda mitad del tema, con la entrada del saxofón, la cosa se pone ligeramente tópica y es que Vitale, un talento indiscutible en cuanto a composición e interpretación, no tiene su faceta más destacada en la elección de los sonidos de los sintetizadores que hoy nos suenan excesivamente ochenteros.


“La Senda Infinita” - En cambio, cuando le da por la épica suele acertar de pleno. Eso sucede en el inicio del corte que da título al álbum, potente y robusto antes de desembocar en una melodía en la que las flautas y las quenas dan un toque andino muy particular que es también parte de la marca personal de Lito: esa fusión entre la tradición y el jazz tan reconocible en todos los trabajos del cuarteto.




“Extrañando Todo” - Vitale camina muchas veces en el filo de esa delgada línea que separa lo delicado de lo cursi y en este disco transita muchas veces por el segundo de esos dos lados. Este sería un buen ejemplo. Es un tema de jazz lento con una melodía acertada pero con un tratamiento que le acerca, quizá demasiado, al “smooth jazz” o a ese “muzak” que sacaba de quicio a Recoba en el cuento de Mario Benedetti.


“El Discreto Encanto de Ser Porteño” - Otra cosa es la siguiente pieza que nos ofrece muchos de los mejores momentos del álbum combinando ritmos y sonidos tradicionales argentinos (seguramente una milonga, aunque aquí nuestro desconocimiento de las formas del folclore de ese país nos podría hacer patinar) con un virtuosismo instrumental exacerbado a cargo de los cuatro músicos que suenan aquí como una maquinaria perfecta regalándonos una joya de esas que podemos escuchar una y otra vez sin cansarnos.




“La Vida Entera Juntos” - Desgraciadamente no podemos recrearnos demasiado en la composición anterior puesto que aquí volvemos a las baladas excesivamente edulcoradas. Es una gran melodía, eso no está en discusión, pero tanto los instrumentos escogidos como los arreglos (en especial saxo y teclados pero también la batería electrónica) nos impiden disfrutar de ella como se merece.


“Los Instantes Recordados” - Otro tanto se podría decir de la siguiente pieza. Una especie de improvisación de Vitale a los teclados que, sin duda, sonaría maravillosamente mejor empleando un piano que los sonidos sintéticos que Lito escoge aquí para reemplazarlo. En comparación, los fondos electrónicos a modo de orquesta suenan mucho mejor. Una magnífica composición de la que nos cuesta disfrutar por este tipo de detalles.


“Una Intensa Calma” - En una línea parecida transcurre el tema que cierra el trabajo aunque aquí con la participación de todo el cuarteto y la importante presencia de la voz del propio Vitale tarareando la melodía central. En otros momentos del disco ya la habíamos podido escuchar pero no con un papel tan central como aquí.


En “La Senda Infinita” encontramos concentradas las principales virtudes y los mayores defectos de la trayectoria de Lito Vitale como músico. Entre las primeras, su gran talento para la melodía y para el encaje de esta en ritmos de todo tipo, su capacidad de mezclar jazz con músicas tradicionales y el gran manejo del formato de cuarteto con esa configuración tan particular en la que los vientos tienen un papel importantísimo y el talento de un bajista como Marcelo Torres tiene espacio para desarrollarse sin quedar subordinado al propio Vitale. En el otro lado encontramos la cara más naif del músico con melodías edulcoradas pero, sobre todo, con arreglos y sonidos que no han encajado bien el paso del tiempo. Ejerciendo como abogados del diablo podemos argumentar que en los ochenta hubo una serie de sonidos y timbres que utilizaba todo el mundo y que, en su día, funcionaban pero que no envejecieron bien y no siempre es fácil sustraerse a según qué modas. En todo caso, Vitale corrigió esto en los siguientes discos del cuarteto (no tanto en los que publicó en solitario) culminando en la que, para nosotros, es su obra maestra: “La Excusa”. Quedémonos en todo caso con lo positivo, que no es poco, y disfrutemos de todas las obras maestras que nos ofreció el Lito Vitale Cuarteto no sin antes indicar que, por buenos que pudieran ser en disco, su directo era aún mejor haciendo de cada concierto una experiencia inolvidable. De las decenas de conciertos de todo tipo a los que hemos asistido en nuestra vida nos costaría mencionar tres directos que nos hayan gustado más que el del Lito Vitale Cuarteto.

sábado, 31 de enero de 2026

Channel Light Vessel - Automatic (1994)



A lo largo de 1993, Roger Eno se encontraba en un gran momento creativo. Acababa de lanzar el que quizá sea su disco más popular, “The Familiar”, firmado a dúo con la intérprete de oboe y compositora Kate St.John y se encontraba inmerso en una importante gira de presentación de ese trabajo. En los conciertos, aparte de la música de “The Familiar”, se tocaban piezas escritas por los integrantes de la banda en sus carreras en solitario y, como bises, todo el grupo solía tocar una serie de piezas casi improvisadas que terminaban por ser las más aplaudidas de los conciertos. Esto sucedió especialmente en la parte japonesa de la gira en la que la reacción del público a las jam sessions del final de los shows fue extremadamente positiva. Eso hizo que Roger y compañía se planteasen trabajar más en esa línea y así fue como nació Channel Light Vessel, un supergrupo integrado por el propio Roger Eno (piano, acordeón, banjo, trompeta y sintetizadores), Kate St.John (oboe, saxofón y voces), el ex-integrante de Be Bop Deluxe, Bill Nelson (bajo, guitarra, teclados y percusiones), Laraaji (cítara y percusiones) y Mayume Tachibana (violonchelo). El resultado fue un sonido diferente, nuevo, para una banda absolutamente original e inconfundible.


La trayectoria de Channel Light Vessel fue breve, como suele suceder con este tipo de agrupaciones que surgen como reunión de estrellas individuales, pero nos dejó dos trabajos maravillosos. Hoy queremos hablar del primero de ellos: “Automatic” (1994).


“Testify” - Abre el disco una canción que podríamos llamar “pop” con una configuración elegantísima. Sonidos agradables, arreglos sobrios pero brillantes, una estrofa cantada por Bill Nelson con coros de Kate St.John, pianos soñadores, guitarras precisas... en suma, un tema extraordinario y muy distinto a lo que habían hecho antes sus intérpretes.




“Train Travelling North” - Entramos ahora en los instrumentales con una preciosidad en la que todo está perfectamente coordinado. Se abre con unas percusiones exóticas que dan paso al oboe que se encarga de la melodía central rodeado de sintetizadores y con el fantástico apoyo del violonchelo que da la réplica perfecta al tema principal. En la segunda mitad, el piano y las marimbas nos invitan a desatar la imaginación llevándonos por paisajes de cuento hasta la aparición de la guitarra eléctrica que nos acompaña hasta el final.


“Slow Afternoon” - El siguiente tema es más ambiental, con aires orientales en los arreglos y la percusión y una melodía de saxo que se acerca algo más al estilo de Roger Eno en discos anteriores. Se suman flautas, piano, el oboe y los teclados para ofrecernos un lento instrumental de escucha muy agradable en la línea de lo que se hacía en aquellos años en los sellos más importantes de la “new age” como Narada o Windham Hill.


“Ballyboots” - Toda esa paz y tranquilidad se rompen con los ritmos electrónicos con los que empieza el corte, salpicados de pianos tensos y efectos que crean una atmósfera desasosegante, con toques de jazz y una gran sensación de riesgo en una composición muy experimental que resulta fascinante.




“A Place We Pray For” - Con la siguiente parada volvemos las texturas electrónicas lentas y de corte ambiental. También al formato canción con la combinación de las voces de Nelson y St.John, y ese toque etéreo que le da esta última a todo lo que hace. Estilísticamente es una balada que puede parecerse a algunas canciones en esa línea del Peter Gabriel más reciente. 


“Bubbling Blue” - Volvemos a cambiar de estilo por completo con esta pieza de espíritu acústico en lo que se refiere a las percusiones y las guitarras aunque el motivo central esté interpretado con guitarra eléctrica. Es un tema cadencioso que podríamos calificar como de pop instrumental que sirve de transición hacia la segunda mitad del trabajo.


“Duende” - Comienza esta con un muy breve tema aflamencado lleno de energía que nos deja con la sensación que podría haber dado mucho más de sí con un desarrollo algo mayor. Una de esas aproximaciones al flamenco que, a veces, realizan los artistas anglosajones con resultados desiguales pero que aquí funciona aceptablemente bien.


“Flaming Creatures” - Lo siguiente es un regreso al ambient más puro con texturas electrónicas de evolución lenta que sirven de soporte para una melodía de violonchelo, saxo y oboe que ejecutan un lúgubre lamento entre sonidos y efectos acuosos llenos de misterio y salpicados de samples vocales. En la parte final del tema parece que todo va a cambiar con la entrada de un moderno ritmo programado pero no llega a desarrollarse del todo quedando como una especie de coda.


“Bill's Last Waltz” - Quizá el corte más cercano al estilo entre neoclásico y minimalista de Roger Eno, con un ritmo de vals lento de piano a partir del cual aparece la melodía ejecutada por las maderas y, más tarde, por la guitarra eléctrica con esas notas largas y sostenidas tan del estilo de Robert Fripp. En la parte final es el violonchelo el que aparece para dar su toque particular a una gran pieza.




“Thunderous Accordions” - Última canción del disco. Como la anterior, tiene algo que nos recuerda a Peter Gabriel, quizá por la trabajada configuración instrumental y la sofisticación de los arreglos, combinado todo ello con un tiempo medio, una percusión muy marcada y cierto tratamiento de los vientos. En cualquier caso es un muy buen tema.


“Fish Owl Moon” - Sin solución de continuidad entra este nuevo instrumental en el que volvemos a escuchar alguna influencia flamenca aunque mucho más ténue. No termina de desarrollarse por completo ninguna melodía clara por lo que existe la tentación de volver a encuadrarlo como ambient pero no es exactamente eso ya que el dinamismo de todos los instrumentos se contradice con los principales tópicos del género.


“Little Luminaries” - El cierre, ahora sí, es un tema que atribuiríamos sin pensarlo dos veces a Roger Eno ya que tiene todos los elementos de su música y bien podría pasar por un anticipo de “Lost in Translation”, el que sería su siguiente trabajo publicado, ahora ya en solitario.


En un momento de la película “Blade Runner”, Eldon Tyrell le dice a Roy Batty su famosa frase: “La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo, y tú has brillado con muchísima, muchísima intensidad, Roy”. Algo así podemos afirmar de Channel Light Vessel. Una formación muy prometedora pero que apenas nos dejó dos discos en su corta existencia. Seguramente, “Automatic” es el mejor de los dos y creemos que merece una escucha por parte de todos aquellos que lo desconozcan.