miércoles, 30 de septiembre de 2026

Charlotte Gainsbourg - 5:55 (2006)



Nos fascina el paralelismo entre las vidas de Liza Minelli y Charlotte Gainsbourg y como ambas carreras llegaron en un momento determinado a sendos discos que también tienen un montón de cosas en común. Podemos empezar la comparación hablando de sus padres. Los de Liza Minelli eran el director de cine Vincent Minelli y la actriz Judy Garland mientras que Charlotte era hija de la estrella de la canción francesa Serge Gainsbourg y de la icónica actriz Jane Birkin. En diferentes épocas y países, superestrellas absolutas los cuatro. Ambas artistas comenzaron como actrices muy jóvenes y las dos alcanzaron en ese terreno un estatus de leyendas, Liza ganando el Oscar con “Cabaret” y Charlotte de la mano de Lars Von Trier. Las dos, además, heredaron mucho del estilo de sus madres en su forma de actuar. Tanto Minelli como Gainsbourg crecieron en familias muy marcadas por las adicciones de sus padres: Judy Garland a los barbitúricos, las anfetaminas y el alcohol (de niña, la propia Liza ayudaba a medicarse a su madre) y Serge Gainsbourg al alcohol y al tabaco. En ambos casos con consecuencias trágicas: Judy murió víctima de sobredosis y el matrimonio de Birkin y Gainsbourg se rompió por las adicciones de éste quien fallecería pocos años después de un ataque al corazón (ya había sufrido uno cuando Charlotte tenía dos años pero eso no cambió sus hábitos).


Tanto Liza Minelli como Charlotte Gainsbourg compatibilizaron en diferentes momentos de sus carreras las facetas de actrices y de cantantes y las dos dejaron esta segunda en suspenso durante un largo periodo antes de volver a lo grande y llegamos así a lo que nos interesa. En 1989, Liza Minelli publicó su disco de regreso, “Results”, de la mano del dúo de pop electrónico Pet Shop Boys quienes compusieron y grabaron con ella prácticamente todo el disco (las piezas que no eran de ellos, sí que fueron arregladas y adaptadas por la pareja). De todas formas, ya hablamos de ese disco en su día así que nos centramos ahora en el que nos ocupa hoy. Charlotte Gainsbourg había grabado un LP de niña que había estado rodeado de polémica. Su padre, Serge, siempre había sacado partido de los temas más escabrosos y, de hecho, su mayor éxito fue la controvertida canción (por lo explícito de lo que en ella sonaba) “Je t'aime... moi non plus” escrita para Brigitte Bardot con quien tenía una especie de relación en aquel tiempo. Decimos lo de la “especie de relación” porque Brigitte estaba casada y, de hecho, su versión del tema no fue publicada hasta casi veinte años después por expresa petición de la actriz a Serge para proteger su matrimonio con el millonario alemán Gunter Sachs. No sirvió de mucho porque ambos se divorciaron poco después pero para entonces, Gainsbourg ya había publicado la canción con Jane Birkin sustituyendo a Brigitte. En 1984, Serge grabó una nueva canción controvertida: “Lemon Incest”. Y lo era porque lo hizo con su hija Charlotte, quien entonces tenía 12 años. Serge jugó con el juego de palabras entre “Le zeste du citron” (la rayadura de limón) y “L'incest de citron” (el incesto de limón) en una canción llena de dobles sentidos y que, para colmo, contaba con un videoclip bastante perturbador en el que padre e hija se encontraban semidesnudos en una cama. El single formó parte de un disco de Serge pero también aparecería en el que sería el debut de Charlotte un año después: “Charlotte for Ever”. La polémica fue aún mayor ya que el disco fue acompañado de una película con el mismo título dirigida por el propio Serge y protagonizada por un escritor alcohólico llamado también Serge e interpretado por él mismo. El lector ya habrá adivinado que en el film se explota la relación del escritor con su hija adolescente quien, para sorpresa de nadie, se llamaba Charlotte y estaba interpretada por su propia hija. La película fue destrozada por la crítica y fue vista como una basura cuyo único objetivo era buscar la provocación porque sí.


Lo cierto es que Charlotte siempre defendió a su padre y le profesaba una gran admiración. Por ese motivo nunca se planteó grabar otro disco sin él. Consideraba que su padre era un genio y que ella no estaba a esa altura así que decidió centrarse en su carrera como actriz. Aquí es donde entran en escena los miembros de AIR. Nicolas Godin y Jean-Banoit Dunckel eran admiradores absolutos de Serge Gainsbourg y creían que su estilo musical, con una electrónica suave, sedosa y melancólica, encajaba como un guante con la forma de cantar de Charlotte, susurrante y sensual, así que se pusieron en contacto con ella para exponerle su idea. La artista seguía reticente ante esa posibilidad pero el esfuerzo del dúo francés terminó por convencerla. Le aclararon que la música estaría adaptada a sus capacidades vocales, sin exigirle ningún esfuerzo extraordinario, le ofrecieron letras en inglés escritas por Jarvis Cocker (Pulp) o Neil Hannon (The Divine Comedy) para que no tuviera que enfrentarse al resto de escribir y confrontar sus textos con los de su padre, que para ella eran insuperables y procuraron un ambiente de grabación absolutamente acogedor, redondeado por la producción de Nigel Godrich. En 2006 aparecería por fin el segundo disco de Charlotte Gainsburg con el título de “5:55”. Toda la música era obra de AIR, quienes también se encargaron de la interpretación (Dunckel de los teclados y Godin de las guitarras, percusiones y sintetizadores) con la colaboración del propio Neil Hannon (guitarra), Jeremy Stacey y Tony Allen (baterías) con las cuerdas de The Millenia Ensemble.


“5:55” - Suena un tema de piano repetitivo acompañado enseguida por la batería y las sinuosas cuerdas sintéticas del clásico sonido de AIR. No se nos ocurre mejor entorno para la voz de Charlotte, delicada y vulnerable, que este tipo de canciones que tanto se han prodigado en la discografía de Godin y Dunckel.




“AF607105” - En el segundo tema es la percusión la que nos recibe instantes antes de que escuchemos la voz de Charlotte arropada por piano y sintetizadores en una de esas clásicas baladas de AIR que tan bien les funcionaron en el pasado. Las melodías, en especial la del estribillo, son preciosas y muy inspiradas lo que nos permite apreciar el interés que el dúo se tomó en que el disco de Charlotte estuviera a la altura. Aquí lo logra hasta el punto de convertir la canción en la narración de un accidente aereo más glamurosa de la historia.


“The Operation” - Mucho más animado es el ritmo con el que comienza la siguiente canción en la que batería y bajo nos transportan a uno de esos mundos sintéticos con toque retro que la banda explotó en el pasado en canciones como “Sexy Boy”. Las guitarras y el bajo repitiendo patrones minimalistas durante toda la pieza son la propulsión que sostiene uno de los mejores momentos del álbum.




“Tel que tu es” - Todas las canciones anteriores habían tenido letra de Jarvis Cocker. Esta es la primera en que tanto letras como música son obra de AIR. Charlotte canta en francés (hasta ahora lo había hecho en inglés) una preciosa balada con tono setentero y una atmósfera onírica amplificada por las cuerdas, los sonidos de glockenspiel y las melodías circulares de piano.


“The Songs That We Sing” - El single de adelanto del disco fue esta robusta canción cuya letra firman Neil Hannon y Jarvis Cocker al alimón. Es una pieza enérgica que combina una cierta inocencia en el estribillo con una firme determinación en lo instrumental reflejada en los ostinatos de las cuerdas y la fuerza de batería, bajo y guitarras. Quizá no es la canción que mejor representa lo que es el disco pero es una gran canción.




“Beauty Mark” - La balada más emocionante del disco, con una Charlotte cuyo susurro es casi inaudible en algunos momentos. Lo mejor son los juegos de voces de la parte central y la lánguida nostalgia que desprende en todo el final con la continua repetición del estribillo. Pocas veces se cantó con más estilo a un lunar.


“Little Monsters” - Lo que sigue comienza de un modo más raro con extraños sonidos de aves y otros animales antes de llegar a la voz y al resto de instrumentos que nos acompañan en un tema lento que tarda en desplegar sus encantos. Eso sí, cuando lo hace, justifica la espera mostrándonos una preciosa canción pop de esas que tan bien le salen al dúo francés.


“Jamais” - Suena un decidido tiempo medio con una batería marcada y un bajo que ha decidido que es el momento de lucirse. Lo demás es el típico sonido de AIR con cuerdas, piano y guitarras creando atmosferas como sólo ellos saben.


“Night-Time Intermission” - Continuamos con una canción de aire cinematográfico, con ese ambiente de las películas de policías de los años setenta, salpicada de voces femeninas aquí y allá y con una espectacular sección de cuerda dando la réplica al piano. Muy rara en este contexto pero es una de nuestras canciones favoritas del disco.




“Everything I Cannot See” - Todo ello para llegar a otra maravilla, especialmente en un estribillo en  en que Charlotte nos avasalla con una determinación que hasta ahora había mantenido oculta. Aquí, tanto ella como el dúo Dunckel/Godin nos deleitan con un tema espectacular de esos que podemos escuchar una y otra vez sin cansarnos.


“Morning Song” - La despedida se torna íntima con toques de vibráfono, guitarras acústicas y piano ayudando a Charlotte a cerrar el trabajo con una balada llena de personalidad aunque más previsible de lo que cabía esperar.



Mencionabamos antes a los Pet Shop Boys como parte de la comparación entre Liza Minelli y Charlotte Gainsbourg y vuelven a aparecer aquí a título de anécdota ya que, curiosamente, en 1999 habían grabado una versión propia, nada menos que de “Je t'aime... moi non plus” lo que, en cierto modo, cierra el círculo que hemos dibujado en esta entrada. El regreso de Charlotte a la música con “5:55” no fue todo lo efímero que podría pensarse sino que, desde ese momento, compaginó la faceta actoral con la de cantante y ha publicado varios trabajos más, algunos en tan buena compañía como el que seguía a éste, producido por Beck. En nuestro caso, lo cierto es que, pese a que el disco lo firma Charlotte, casi lo consideramos uno más de la discografía de AIR quienes, a la postre, fueron los autores y los instigadores de la grabación. Además, en casi todos sus trabajos tienen vocalistas invitados así que éste mantiene el mismo espíritu y estilo de sus discos anteriores por lo que hablamos de un trabajo que todo seguidor de AIR debería tener en su colección.

domingo, 20 de septiembre de 2026

Pedro Linde - Archipiélago (2026)



La primera reseña de una obra de Pedro Linde que hicimos en el blog estaba condicionada, tal vez en demasía, por la presencia de Jim Morrison cuya voz era el punto de partida creativo de todas las piezas de aquel disco. Hoy vamos a hacerle justicia a su autor hablando de su último trabajo, “Archipiélago”, que no es sino, y en sus propias palabras, “una colección de 6 piezas creadas a partir de grabaciones dispersas, concebidas de manera esporádica, sin ningún propósito de coherencia preestablecido”.


Linde se encarga de toda la instrumentación, fundamentalmente electrónica, y del tratamiento de todas las fuentes de sonido que no se limitan a instrumentos convencionales. El disco, pese a estar formado por piezas independientes temáticamente, acaba teniendo una coherencia interna en la que cada una de las seis “islas” tiene relación con algún lugar geográfico (a veces también temporal). Musicalmente son completamente distintas pero hay una especie de sutil hilo conductor que termina por dar sentido al título de “Archipiélago”.


“Anhelo” - Empieza el trabajo con una pieza de piano digital de corte minimalista y ambiental que nos recuerda mucho en cuanto a sonido, a la reciente colaboración de Brian Eno y Tom Rogerson en “The Finding Shore”. Al piano se suma un efecto electrónico repetitivo, como un soplo entrecortado, que le da una extraña profundidad. En la parte final aparecen efectos de viento en segundo plano ayudando a crear una sensación de movimiento que nos acompaña en todo el desarrollo.




“Percutángana Tangana” - Un título muy extraño para definir una pieza que tiene varios componentes: sonidos de percusión que se suceden todo el tiempo, samples vocales que se suman al ritmo y una interesantísima línea de bajo que evoluciona por detrás durante toda la pieza creando un fondo que llega a ser opresivo por momentos. Muy interesante  tanto desde el punto de vista del trabajo de producción como por la propia estructura de la pieza.


“Festina Lente” - El contraste del la expresión latina del título, algo así como el dicho español “vísteme despacio que tengo prisa” se refleja perfectamente entre los ritmos rápidos de las cuerdas y las percusiones y los cortes ocasionales de cánticos tibetanos que aparecen a lo largo de toda la pieza. Sin tener mucho que ver musicalmente, hay cosas que nos recuerdan al Mike Oldfield de la época de “Platinum” o a propuestas similares pero siempre con una mirada muy particular.




“Kome No Uta” - Temáticamente Linde viaja a Japón con el uso de una melodía tradicional (la canción del arroz) y lo hace con una percusión que parece sacada de una cajita de música. A ello se une un fondo electrónico a base de densas capas de sonido muy ambiental que contrasta, tanto con el ritmo como con las grabaciones de niños cantando fragmentos del tema tradicional. Una de las piezas más experimentales del disco y también una de nuestras preferidas.


“Vestalias” - Hace ahora el compositor un ejercicio de imaginación al mostrarnos lo que podrían haber sido los cantos de las vestales (guardianas del fuego sagrado) en la antigua Roma. Todo lo que suena son voces sampleadas y organizadas después en cantos angelicales a veces y fantasmagóricos en otros momentos. La atmósfera y muchos sonidos nos hacen pensar en el Jean Michel Jarre de los primeros minutos de “Ethnicolor” o en el Cristo Tapia de Veer de la banda sonora de “Utopia”. En todo caso, es otra pieza extraordinaria.




“Bluessy” - Cierra la colección una composición que es muchas cosas: es un homenaje al cine clásico pero también un pequeño discurso político (representado por fragmentos de discursos de Kennedy y Martin Luther King que dialogan entre ellos de forma ficticia). En lo musical, hay un ritmo de blues pero también fondos electrónicos muy vanguardistas que nos encantan y que hacen que queramos más aunque, por desgracia, el viaje termina aquí.


Podéis escuchar y descargar “Archipiélago” en la página habitual de Fortín Artesonoro donde también se encuentran otros discos que hemos comentado aquí tiempo atrás. También está todo el disco acompañado de varios videoclips a cual más interesante en en canal del propio autor. Somos conscientes de los tiempos que corren pero nos sigue pareciendo muy triste que músicas como estas no encuentren mayor difusión y no estén disponibles en formato físico aunque quizá sea cosa nuestra porque tenemos una edad en la que aquello que no se publica en CD o vinilo nos parece algo incompleto. Probablemente sea un problema de nuestra forma de pensar y la distribución digital sea el gran formato del futuro. Tendremos que acostumbrarnos. La parte buena es que cualquier persona en cualquier lugar del mundo puede acceder cuando quiera a esta música, cosa que en otro tiempo habría sido mucho más difícil. Os recomendamos que le deis una escucha con una advertencia: es una música adictiva.

domingo, 13 de septiembre de 2026

Propaganda - A Secret Wish (1985)



Seguramente una de las cosas que hace que una pareja llegue a funcionar en el tiempo es la sinceridad. El tipo de sinceridad que hace que una esposa le pueda decir a su marido que en el mundo de la música sólo llegaría a ser un artista de segunda fila mientras que si se dedicaba a la producción podría ser el mejor. La frase podría no tener mucho mérito porque, al fin y al cabo ¿cuántas personas triunfan a lo grande en el pop? La audacia de la misma viene dada porque el marido en cuestión ya había tenido un éxito mundial apenas unos meses antes con una canción que se iba a convertir en el icono de toda una década y en el mascarón de proa de una cadena de televisión que iba a cambiar por completo las reglas del juego.


El caso es que Jill Sinclair tenía razón y, pese a que su marido Trevor Horn ya había triunfado con su grupo The Buggles y la canción “Video Killed the Radio Star” cuyo videoclip abríó la emisión de la cadena MTV, su carrera como productor le llevó a ser uno de los más populares, si no el número uno, de la década de los ochenta. Él era la persona detrás de la producción de “The Look of Love”, de ABC, “Instinction”, de Spandau Ballet, “Owner of a Lonely Heart” de Yes, “Relax”, de Frankie Goes to Hollywood, “Slave to the Rhythm” de Grace Jones, “Crazy” de Seal o “Left to My Own Devices” de Pet Shop Boys y eso limitandonos a los años ochenta y sin contar las producciones con su propia banda The Art of Noise. La mayoría de esas grabaciones aparecerían en el sello ZZT fundado por el propio Horn junto con su esposa y otro miembro de The Art of Noise en 1983. En poco tiempo, la discográfica logró redefinir el sonido del pop electrónico de toda una época.


Uno de los grandes fichajes de Horn para su sello iba a ser el de la banda alemana Propaganda. Una formación de pop electrónico procedente de Düsseldorf tenía parte del camino andado ya que la ciudad alemana fue el lugar de nacimiento de una de las ramas más importantes del Krautrock en la década anterior con Kraftwerk, Can, Neu!, Cluster o La Düsseldorf. También de allí, y ya en los ochenta, eran los pioneros de la música industrial Die Krupps. La gran diferencia entre todos ellos y Propaganda fue que éstos contaron desde un principio con un contrato discográfico en el Reino Unido y con un sello especializado como era ZZT que, aunque también acababa de empezar, contaba con gente muy hábil para situar sus lanzamientos en el sitio adecuado para triunfar. Propaganda fue fundada por un miembro de Die Krupps, el teclista Ralf Dörper quien reclutó a la cantante Susanne Freytag y a Andreas Thein, ambos también teclistas. Más tarde se uniría una segunda vocalista, Claudia Brücken y un teclista más que también se encargaría de la percusión: Michael Mertens. Horn les escuchó, probablemente por indicación de John Peel, quien era admirador de Dörper y enseguida fueron contratados y grabaron su primer single con la producción de Trevor: “Dr.Mabuse”.


Aquí es donde la cosa se tuerce un poco y es que, pese a todo su interés, Horn no produjo el album completo sino que el resto del mismo correría por cuenta de Steve Lipson, supervisado, eso sí, por el propio Trevor. Por el camino, Thein abandonó el grupo por discrepancias con Mertens. Michael Mertens tenía formación clásica y, de hecho, era el percusionista de la Orquesta Sinfónica de Düsseldorf y su aportación en cuanto a los arreglos y las texturas de los sintetizadores de la banda fue crucial para definir el sonido final. Thein, en todo caso, fue acreditado por su contribución en “Dr.Mabuse” y figura en los agradecimientos del disco junto con un curioso listado de músicos invitados de los que no se aclara la participación concreta (solo se menciona que aportaron ciertas voces e instrumentos). En la ilustre lista aparecen nombres como los de David Sylvian (Japan), Steve Howe (Yes), Stewart Copeland (the Police) o Glenn Gregory (Heaven 17) además del del propio Trevor Horn. El motivo de que Horn no se encargase personalmente de producir el disco tenía que ver con el éxito masivo inesperado de otra banda del sello: Frankie Goes to Hollywood. Cuando “Relax” se convirtió en un “hit” mundial, Horn se centró en ellos retrasando todos los lanzamientos que había planeados en ZZT. Eso hizo que entre “Dr. Mabuse” y el segundo single de Propaganda transcurriera más de un año y aún cuatro meses más hasta que apareció el disco completo. Ni siquiera ahí acabó todo ya que “A Secret Wish” tuvo dos versiones diferentes. La original, en LP de vinilo, apenas superaba los cuarenta minutos. La edición en CD, que apareció tres meses después, sustituía dos de los temas del LP por otro que sólo había sido cara b del single “P:Machinery”. El mismo tema también aparece ahora en la versión single en lugar de la más larga del LP. Además, incluía una mezcla adicional más larga de “Dr.Mabuse”, se añadieron voces en un tema originalmente instrumental y un par de canciones aparecían en una versión más extensa. La versión final en CD fue obra de Lipson que la consideraba la edición definitiva del trabajo. No todo el mundo debió de pensar lo mismo ya que cuando el disco se reeditó por el décimo aniversario, se recuperaron gran parte de las versiones del vinilo original aunque se conservó la parte vocal en una de ellas que había recuperado Lipson. Esa es la edición que vamos a comentar nosotros.


“Dream Within a Dream” - Abre el disco una línea de famoso texto de Edgar Alan Poe que ya inspiró en su día a The Alan Parsons Project para continuar con una larga introducción instrumental de esas que hacen presagiar algo grande ya que cuentan con una línea de bajo muy insistente rodeada de un in potente crescendo sintético. El tipo de recitado y la forma de construir el tema nos remiten de forma casi inevitable a los trabajos de The Art of Noise así que entendemos que la producción de Lipson tuvo muy en cuenta la forma de trabajar de su jefe. En todo caso es una fantástica forma de comenzar un trabajo que luego va a ir por derroteros muy diferentes.


“The Murder of Love” - El ritmo ahora es mucho más marcado, casi de marcha, sensación que queda confirmada con la entrada de la secuencia rítmica central. Ahí aparecen capas de sintetizadores y teclados brillantes que dan paso a la personalísima voz de Claudia Brücken ayudada en las segundas voces por el cantante de Heaven 17, Glenn Gregory. Es un tema pop muy pegadizo pero que no alcanzaría aún los niveles de excelencia de algunas de las canciones que vendrán después.


“Jewel” - La cosa se pone aquí más caótica con ritmos desenfrenados y texturas sintéticas que tratan de poner orden en las turbulencias surgidas de la mente de Mertens. Este es el tema que en la versión original era instrumental, casi una introducción de “Duel” ya que es una especie de reverso oscuro de la canción que viene después. Esta primera aproximación es industrial, casi punk, con la voz de una Susanne Freytag desatada y mucha incidencia en los ruidos y en los sonidos más agresivos.


“Duel” - Lo que viene después es la misma canción pero dada la vuelta por completo. La voz de Claudia Brücken es dulce, pop, los sintetizadores brillan y los ritmos son limpios con unos arreglos espectaculares que convirtieron a este tema en una de las canciones más populares del grupo y en el segundo single del disco. Puros años ochenta resumidos en poco más de cuatro minutos.




“Frozen Faces” - Cambio de registro con un comienzo lleno de ruiditos y efectos electrónicos marcianos mezclados con voces de fondo y un ritmo constante. Lejos del clásico tema pop comercial pero lleno de interés y con una producción magnífica. Muy experimental y no demasiado lejos de otras cosas que hemos comentado en el blog antes como los discos de Anne Clark. En todo caso, el enfoque de Horn y de sus producciones siempre termina siendo asequible y aparecen esos sonidos del Fairlight CMI tan manidos en la época como las flautas andinas y ciertas percusiones que no terminan de sonar bien cuarenta años después.


“P-Machinery” - Llegamos ahora a la canción que nos engachó al grupo en su día, cuando como adolescentes empezabamos a construir una identidad musical a través de las radiofórmulas más convencionales. Se trata de una canción espectacular, con todos los ingredientes del mejor “synth-pop” de los ochenta y algunos de los riffs de teclado más reconocibles de una época en la que el sintetizador fue el rey. Una maravilla que podemos seguir escuchando tantos años después y sorprendernos como en el primer momento.



“Sorry for Laughing” - El único tema ajeno a Propaganda del disco era esta versión de una canción del grupo escocés Josef K, una banda de new wave que solo grabó un disco pero que se han revelado como muy influyentes años después al ser citados como inspiración por grupos como Franz Ferdinand. La versión de Propaganda sabe traer el tema a su terreno pudiendo pasar perfectamente por una canción propia.


“Dr. Mabuse” - Llegamos a la pieza que lo empezó todo. Con una producción de Trevor Horn que podríamos considerar como un precedente de lo que luego sería el sonido estandarizado y repetido hasta el hartazgo por los también germanos Modern Talking, la fórmula, sin embargo, aquí suena aún fresca pese a los excesos típicos de Horn en cuanto al uso de samples orquestales contundentes. También se dejan oír recursos habituales de The Art of Noise aunque con un uso más moderado del sampling.




“The Chase” - Volvemos aquí al pop electrónico más puro con una producción algo menos recargada que en tema anterior y unos sintetizadores nítidos llenos de brillo. Destacan los tratamientos de las voces y la forma de interpretar de Claudia Brücken combinando dos registros muy diferentes en la misma canción. Una de esas joyas que pasan desapercibidas entre los singles pero que tiempo después nos llaman más la atención que otras canciones más populares.


“Strenght to Dream” - Cierra el disco un tema casi instrumental que nos remite al inicio del mismo ya que termina con los últimos versos del poema de Poe con el que empezaba. Es un ambicioso corte electrónico/sinfónico lleno de texturas y de arreglos que denotan la formación clásica de Mertens y que pone el punto y final de la forma más elegante a un disco fundamental.


La historia de Propaganda no fue mucho más allá, por desgracia. “A Secret Wish” fue seguido meses después por un disco de remezclas y la banda protagonizó una gira de alrededor de treinta conciertos por Europa pero las cosas no fueron fáciles. La complejidad de su música hizo que se utilizasen muchas partes pregrabadas, Ralf Dörper no tenía interés en las actuaciones en directo porque se consideraba músico de estudio y no participó en toda la gira y se contrató a músicos como Kevin Armstrong (guitarrista de Bowie en aquel momento) o a Derek Forbes (batería) y Brian McGee (bajo), ambos de Simple Minds. Estos dos últimos permanecieron como miembros junto con Mertens en el segundo disco de Propaganda en el que no quedaba ya nadie más del grupo original. En todo caso, con “A Secret Wish”, la banda alemana nos dejó uno de los mejores discos de la historia del pop electrónico y también un trabajo icónico de la década de los ochenta que debería estar en cualquier discoteca que se precie.