martes, 16 de junio de 2026

Shani Diluka - Pulse (2023)



Han sido ya varias las ocasiones en las que hemos hablado aquí de las cada vez más frecuentes conexiones entre la música académica y otros géneros más populares. En ese orden de cosas, es muy habitual encontrar grabaciones de intérpretes de música clásica que se atreven a acercarse a los estilos más populares. Es el caso de la pianista monegasca Shani Diluka quien publicó en 2023 un disco en el que mostraba una amplia panorámica de música contemporánea centrada en el minimalismo pero con una visión muy inclusiva que se salía de los cuatro nombres comunes del género rescatando a algunos de los pioneros menos conocidos pero no por ello menos importantes como Moondog y atrayendo hacia el potente centro gravitatorio de la música más repetitiva, melodías populares, piezas de jazz e incluso a modernos éxitos de las pistas de baile.


Diluka fue una niña prodigio que salió a la luz gracias a un programa escolar impulsado en su día por la princesa Grace en el Principado de Mónaco que incluía una importante base de formación musical desde las etapas más tempranas de la escuela. Pronto ingresó en la Academia Príncipe Rainiero III y de ahí no tardó en saltar al Conservatorio Nacional Superior de Música y Danza de París donde estudió con los mejores especialistas de piano. Publica con Warner Classics con quienes tiene un contrato exclusivo y ha publicado ya un gran número de discos. Entre ellos encontramos grabaciones más o menos convencionales dentro del repertorio clásico como monografías dedicadas a Mendelssohn, Grieg, Mozart, Beethoven, Schubert o Bach pero también una serie de discos “temáticos” con enfoques más abiertos como es el caso del dedicado a Marcel Proust (en la figura de los músicos franceses de su época), a Jack Kerouak (centrado en músicos norteamericanos) o a su peculiar exploración del espacio a través de Beethoven y de las ragas de los maestros indios. En esa línea de trabajos más conceptuales se encuentra el disco del que hablamos hoy: “Pulse”, un homenaje al minimalismo en el que, curiosamente, no aparece Steve Reich pese a lo que podríamos pensar al ver el título del disco.


“Railroad (Travel Song)” - La primera pieza de la colección es una composición de 1981 de Meredith Monk, una de nuestras artistas favoritas en el terreno de la música de vanguardia. Ya comentamos esta obra cuando reseñamos el disco “Piano Songs” (2014) de Meredith en la que por entonces era la única  grabación de la misma.


“Etude No.2” - Si hay un artista inevitable en cualquier recopilación de música minimalista para piano, ese es, sin duda, Philip Glass. De hecho, en esta grabación de Shani Diluka aparece ampliamente representado como tendremos ocasión de ver. Aquí lo hace con el segundo de sus estudios de piano, una serie de piezas que revitalizó el repertorio para ese instrumento del compositor norteamericano y que se han convertido en sus obras más grabadas en los últimos tiempos.


“Be My Love” - Saltamos del minimalismo más académico a un estándar de jazz escrito por Nicholas Brodszky y Sammy Cahn para Mario Lanza en los años cincuenta. Aquí Shani se basa en la exquisita versión del tema escrita por Keith Jarrett. Aparentemente no tiene mucho que ver con el tópico repetitivo del minimalismo pero la estructura circular de esta versión en la que el tema central se repite varias veces sobre sí mismo nos hace pensar que tiene un encaje muy acertado dentro del trabajo.


“Mad Rush” - Volvemos a Glass, ahora con una de sus piezas más populares en sus distintas versiones y configuraciones instrumentales. La versión de Diluka es algo más rápida de lo habitual lo que contrasta con el aire ceremonial que ha tenido la obra en muchas ocasiones pero también le da una viveza que le viene muy bien en el contexto del disco.


“Dream” - Pasamos ahora al que podría ser el verdadero fundador del minimalismo sin pretenderlo: John Cage. Es una pieza para ballet escrita en 1948 y se cuenta entre las obras más accesibles de Cage, autor que para nosotros, como bien saben los lectores antiguos del blog, es mucho menos duro de lo que el tópico nos ha llegado a hacer creer. Esta composición, sin ir más lejos, es un ejemplo perfecto de ello.


“Veridis Quo” - La primera gran sorpresa de “Pulse” llega de la mano de esta versión de un tema del dúo de música de baile francés, Daft Punk. Es una composición que se encontraba en su “Discovery” (2001) y se construye alrededor de una melodía sencillísima que se repite constantemente. Tiene algo de “ostinato” barroco pero no deja de ser una pieza esencialmente minimalista, algo que aquí, despojada de toda la producción habitual del dúo, se pone de manifiesto muy claramente.




“Etude No.5” - Vuelve aquí Shani Diluka a Philip Glass quien, en cierto modo, hace las veces de hilo conductor de todo el trabajo. La pieza escogida procede de nuevo de su primer libro de estudios y no será la última vez que aparezca en el disco, del que se despedirá con sorpresa incluida.


“Casino” - Seguimos con el compositor australiano Luke Howard y su pieza para piano extraída del disco “The Sand that Ate the Sea” (2019). Es un precioso tema lento en una línea similar a la de Yann Tiersen, por poner un ejemplo habitual en el blog. Muy melódico e inspirado que para nosotros, que desconocíamos la obra de Luke, es uno de los grandes descubrimientos del disco.


“China Gates” - Hasta en cuatro ocasiones ha aparecido en el blog esta composición del norteamericano John Adams, algo que no es de extrañar, tanto por su propia calidad, como por lo escaso del repertorio para piano de Adams, que obliga a los artistas que quieren acercarse a su música a escoger entre muy pocas piezas. La versión de Diluka es fascinante e hipnótica pero es que toda la pieza lo es.


“The Philosopher's Hand” - Y si Adams tenía que aparecer en una recopilación centrada en el minimalismo, con más motivo debía hacerlo Terry Riley aunque ambos compartan un repertorio realmente escueto para el instrumento sobre el que gira este trabajo de Shani Diluka. También esta pieza apareció con anterioridad en el blog en su día.


“Etude No.9” - Regresamos a Glass y sus estudios con el que seguramente sea nuestro favorito que suena aquí en una versión extremadamente rápida y breve, lo que subraya esa idea de hilo conductor que apuntábamos más arriba.


“Danny Boy” - Tras Keith Jarrett, aparece ahora otro de los grandes pianistas de jazz de la historia, Bill Evans, y su versión de la que es una de las melodías más icónicas de la nación Irlandesa. Exquisito el arreglo de Evans como también lo es la interpretación de Diluka.


“Metamorphosis One” - No podemos decir nada que no hayamos dicho antes sobre esta pieza de Philip Glass que prácticamente inauguraba su repertorio escrito expresamente para piano a mediados de los años 80. Un clásico que nunca aburre.


“Bird's Lament” - Si hay un músico al que le debemos una entrada (o varias) en el blog es a Moondog. Su historia personal es absolutamente fascinante y de un interés inversamente proporcional a su popularidad. ¿Es posible ser uno de los músicos más influyentes del S.XX viviendo en la calle?. Algún día veremos que sí. Esta composición es una maravilla y está dedicada al pianista de jazz Charlie Parker, poco después de su muerte, lo que explica su estilo, no tan habitual en la música de Moondog.




“Shenandoah” - Otra canción tradicional que ha calado en el imaginario popular, en esta ocasión, de Norteamérica para cuya grabación Shani Diluka recurre de nuevo a un arreglo de un músico de jazz: Keith Jarrett, quien hace así doblete en el disco. El resultado está más cerca del piano folk de un George Winston, por poner un ejemplo, que del minimalismo o del propio jazz pero no desentona en la colección.


“Opening” - Última (o penúltima, ya lo aclararemos) aparición de Philip Glass con otro de sus clásicos, en esta ocasión, la pieza que abría su disco “Glassworks” (1982). Aún hoy suele estar en sus programas de concierto cuando el compositor gira en formato de solo piano.


“Giorgio by Moroder” - Segunda pieza de Daft Punk, ahora con la participación del homenajeado productor italiano Giorgio Moroder. Apareció en el disco “Random Access Memories” (2013) de dúo. Con esta adaptación, Diluka evidencia cómo detrás de músicas que no parecen tener mucho en común, pueden aparecer más coincidencias de las que podrían esperarse aunque su versión se nos antoja demasiado breve.


“Shimmers” - Quizá las prisas obedezcan al deseo de mostrarnos su obra y es que Shani Diluka nos regala aquí un tema propio que cumple con todos los requisitos estilísticos del disco. No es la primera vez que vemos cómo hay intérpretes que deciden incluir piezas de su autoría en este tipo de trabajos lo que nos permite comprobar también esa otra faceta de su talento. En el caso de Shani, nos deja con las ganas de escuchar más obras suyas.


“Barn Dance” - Segunda parada en la música de Moondog con esta veloz y alegre danza que nos ha fascinado desde la primera vez que la escuchamos hace ya varios años. Excelente.


“Melody: Sun on You” - Hubo un momento, a finales de los años 90, en el que la música de Craig Armstrong nos fascinaba. Su mezcla de instrumentos clásicos con sintetizadores y su apertura a la colaboración con otros artistas a los que admiramos como Massive Attack o Pet Shop Boys hicieron que sus discos sonasen con frecuencia en nuestra casa pero después le perdimos la pista aunque sabemos de su intensa actividad como músico de cine. En cierto modo fue un precedente de Max Richter que no ha llegado a donde lo ha hecho éste. Aquí aparece con una pieza de su disco “Sun On You” (2018) en la que juega con los arpegios y las repeticiones de un modo muy personal para ofrecernos uno de los temas más interesantes del disco con el que podríamos decir que éste llega a su fin.


“The Holy Presence of Joan of Arc” - Pero faltan aún dos piezas que, por sus características especiales, podríamos calificar de “bonus tracks” o de codas del trabajo. La primera es un extracto de una pieza de Julius Eastman, única del disco en la que, además de un espectacular piano rítmico, participa una orquesta. Por lo demás, tiene todos los requisitos para estar aquí además de habernos servido de recordatorio de que, algún día, tendremos que hablar de Eastman por aquí.


“Etude No.5” - La segunda aparición de esta composición en el disco tiene el añadido de un texto adaptado de la canción de Patty Smith, “Paths that Cross”, que se une aquí a la música de Glass en un experimento que el músico ya había hecho en su día con textos de Allen Ginsberg, por poner un ejemplo.


No es una sorpresa que aparezcan por aquí este tipo de grabaciones en las que podemos encontrar, desde piezas que ya conocemos de algunos de nuestros compositores favoritos hasta muchas otras de las que no habíamos oído hablar lo que siempre nos ha parecido una magnífica ocasión para conocer nuevos autores e intérpretes. Sólo por eso, este “Pulse” de Shani Diluka nos parece un disco magnífico. Si además añadimos a eso una interpretación elegantísima y un gran gusto a la hora de seleccionar los temas incluidos, nuestra valoración del disco tiene que ser, por fuerza, muy positiva. El trabajo fue publicado hace pocos años por Warner Classics como todos los de la pianista por lo que no debería ser muy difícil de conseguir. Os dejamos con un vídeo promocional en el que Shani nos habla de "Pulse".




viernes, 29 de mayo de 2026

José Gallardo Arbeláez - Pájaros en Cáncer (2025)



La primera vez que hablamos de José Gallardo Arbeláez en el blog fue con ocasión de la publicación del disco recopilatorio “En Alas del Sonido” del sello Luscinia Discos. En aquel momento comentamos una de las composiciones de su proyecto Música Inmobiliaria pero ha llegado el momento de hacer lo propio con un disco completo, esta vez publicado bajo su propio nombre en el sello heredero de Luscinia: Fortín Artesonoro.


José es un músico colombiano de larga trayectoria que combina una formación clásica con el gusto por los sonidos más experimentales, incluyendo fuentes electrónicas, grabaciones de campo, etc. Muchas veces mezclándolos con instrumentos convencionales. El disco que hoy comentamos lleva el título de “Pájaros en Cáncer” y contiene 9 composiciones muy distintas entre sí que nos dan una buena muestra de su extensa paleta sonora.


“Silbar y retroalimentar” - Comienza el disco con un profundo “drone” electrónico sobre el que se van superponiendo diferentes efectos y sonidos sintéticos incluyendo lo que parecen voces procesadas, quizá procedentes de alguna emisión radiofónica distorsionada por el trabajo de Gallardo. Más adelante escuchamos lo que parece una guitarra eléctrica muy saturada que contribuye a añadir misterio a un ambiente de por sí oscuro. Pura vanguardia y experimentación en una composición que, pese a todo, no carece de melodías y de un desarrollo coherente que hace que pueda disfrutarse a muchos niveles.


“Pájaros en Marte” - En la segunda pieza escuchamos una maravillosa combinación de voces manipuladas al estilo de los Pink Floyd de “On the Run” o del Jean Michel Jarre de “Ethnicolor” en el inicio. Luego nos sumergimos en pura experimentación electrónica al estilo de la vieja escuela con lo que parecen sintetizadores analógicos o, incluso, sencillos osciladores de los que José Gallardo saca tonalidades fantasmagóricas. Nos encanta el lento tema central que parece surgir de la nada en medio de un infierno sonoro muy trabajado. Una delicia para los amantes de los sonidos electrónicos más arriesgados.


“Pájaros en Enero” - Mucho más experimental, si cabe, es el siguiente corte. Una muestra de música electroacústica en la línea de lo que hacían en el GRM los discípulos de Pierre Schaeffer trabajando sobre grabaciones de campo con manipulación de cintas. Aquí la melodía podríamos decir que la aporta el gélido viento sintético que aparece de fondo durante todo el tema mientras escuchamos todo tipo de efectos por encima. Música para perderse en ella buscando una salida.


“Armónicos y pájaros” - Volvemos a la electrónica clásica de los años en los que los sintetizadores eran novedad y la fascinación nacía de la combinación de diferentes timbres y sonidos desconocidos hasta entonces. Una época en la que los instrumentos iban marcando la evolución de la propia música hasta el punto de crear todo un género en el que la herramienta llegó a dar nombre a la propia creación y es que la música electrónica es, probablemente el primer estilo que se define por los instrumentos utilizados.


“Organell” - Abundando en la misma idea tenemos esta magnífica composición que combina un ritmo creado a partir de un breve “loop” y una lenta línea de bajo. Cuando aparece el tema central nuestra memoria viaja a los años iniciales en que la electrónica empezaba a darse a conocer. A las melodías y atmósferas de Doctor Who. A Delia Derbyshire y al BBC Radiophonic Workshop. Un viaje arriesgado por lo importante del legado a visitar pero en el que Gallardo de muestras de un saber hacer indiscutible.


“Oración” - Hay algo de ceremonial en esta composición (quizá de ahí su título) y viene marcado por el cadencioso tañido de la campana que se cuela entre ondas sinusoidales, filtros y modulaciones de toda clase, voces fantasmales y extraños ritmos que surgen de la repetición de patrones. Nos sigue remitiendo los años de la primera electrónica pero también con referencias al ambient actual más oscuro, del estilo de Bass Communion. De repente, en medio de todo esto, aparece una guitarra acústica que con un par de notas y diversos bucles sonoros a partir de ellas nos lleva de la mano hacia un final extrañamente hipnótico. Es la pieza más larga del trabajo (algo más de 10 minutos) y una de nuestras favoritas.


“Meditación modulada” - No se queda muy lejos de la anterior en nuestras preferencias esta composición construida a partir de muy pocos elementos: una serie de tres notas que dan el tono al inicio y se repiten durante varios minutos, oscuros sonidos sintéticos y más adelante un ostinato electrónico que nos traslada, casi físicamente, a un lugar muy inquietante.


“Si7te” - En contraste con casi todo lo anterior tenemos este tema en el que la electrónica, pese a seguir presente, pasa a un segundo plano frente a la guitarra acústica que acapara toda la atención desde el principio. Es el corte más breve del trabajo y sirve para acompañarnos hasta la conclusión.


“Drones y guitarras” - Regresamos aquí a los conceptos del tema que abría el disco: drones, efectos sonoros, osciladores, vibración y experimentación, mucha experimentación que nos lleva a un cierre extraordinario a base de guitarras con notas que se repiten, se combinan y quedan suspendidas en el aire como una red que se despliega a cámara lenta. Por algún motivo nos recuerda a ese vídeo que rueda uno de los protagonistas de la película “American Beauty” en la que solo vemos una bolsa de plástico movida por el viento.



El disco se encuentra disponible para escucha y descarga en varios formatos en la página web de Fortín Artesonoro  y nos parece un ejemplo perfecto de cómo hoy en día se sigue haciendo música electrónica al estilo de los pioneros y sin dejarse deslumbrar por la brillantez que nos ofrece la tecnología actual que, en muchos casos, simplifica el trabajo y también el esfuerzo que requiere el obtener un sonido concreto, una tonalidad imperfecta, un efecto exacto. Creemos que todo apasionado de estos sonidos seminales encontrará en “Pájaros en Cáncer”, un trabajo con el que disfrutar una y otra vez.

lunes, 18 de mayo de 2026

Alejandro Rojas-Marcos - Sobre tres melodías de Louis Moreau Gottschalk (2025)



La improvisación en la música es algo que ha perdido buena parte del peso que tuvo en otras épocas hasta el punto de que, hoy en día, es una rareza que solemos relacionar con músicas como el jazz y que suele quedar relegada a algunos momentos concretos de las actuaciones en vivo de los artistas. Por eso nos sorprendió, de entrada, ver cómo un músico se define a sí mismo como compositor, intérprete e improvisador siendo esta última faceta tan importante que le lleva a ofrecer conciertos enteros basados en la improvisación, tanto en solitario como en compañía de otros músicos en diferentes formaciones. 


Hablamos hoy de Alejandro Rojas-Marcos, pianista sevillano afincado en Jerez y admirador de John Cage. Intérprete de repertorio clásico, profesor de piano en el Conservatorio de Jerez y colaborador ocasional de artistas como El Niño de Jerez, el bailaor Israel Galván, o el compositor electrónico y también improvisador, Wade Matthews. Rojas-Marcos es un defensor de la improvisación y de la experimentación sonora y, además del piano, ha encontrado en el clavicordio un medio de expresión perfecto para su música. No deja de ser curioso que sea este instrumento barroco el elegido por el músico ya que aquella era una época en la que la improvisación estaba muy presente y formaba parte de muchas obras. También es sabido que muchos de los grandes compositores barrocos como Buxtehude o el propio J. S. Bach eran grandes improvisadores.


El trabajo del que hablamos hoy tiene una particularidad ya que no parte de cero sino de tres melodías del compositor norteamericano del S.XIX, Louis Moreau Gottschalk a partir de las cuales, Rojas-Marcos elabora una compleja obra en la que incorpora diversos sonidos e instrumentos (no necesariamente musicales) en la tradición del citado Cage. Gottschalk, además de compositor, fue un virtuoso pianista lo que le llevó a frecuentes giras por Europa, el Caribe y Sudamérica en las que se empapó de los ritmos más populares de todas aquellas zonas. De ahí que gran parte de su obra para piano sean piezas de ese tipo como jotas, danzas cubanas, criollas etc. sin descuidar otros tópicos del repertorio pianístico romántico como polkas, mazurcas o valses. En su obra, Rojas-Marcos opta principalmente por el clavicordio para su exploración lo que le da a toda la obra un aire intemporal muy sorprendente pero no esperemos una interpretación convencional. Hablamos antes de su admiración por Cage y eso se nota especialmente en su relación con el clavicordio. Al igual que Cage concibió el “piano preparado” para ampliar sus opciones sonoras, Rojas-Marcos hace lo propio utilizando otros elementos para interactuar con su instrumento expandiendo su paleta tímbrica. La obra que hoy comentamos se compuso en 2017 para el espectáculo de danza “La Farsa Monea” (con los antes citados Israel Galván y el Niño de Elche además de Pedro G. Romero). Fue presentado en la exposición Documenta 14, acontecimiento quinquenal que tuvo lugar en esta ocasión en Atenas.


“Sobre tres melodías de Louis Moreau Gottschalk” - La obra transcurre en un solo movimiento pese a tener tres partes muy diferenciadas. La primera de ellas se basa en “La Gitanella (Caprice Caractéristique), Op.35, RO 103” del músico norteamericano, concretamente en la melodía de la segunda parte de la obra. Gottschalk le dedicó la composición a Julian Fontana, pianista y compositor polaco, muy amigo de Chopin (de hecho fue su albacea). Rojas-Marcos nos presenta la melodía al clavicordio en una interpretación convencional antes de comenzar la exploración sonora con lo que intuimos que son rasgueos directos en las cuerdas del instrumento sin utilizar el teclado. Asistimos entonces a una verdadera aventura a través del sonido y la tímbrica que incluye tratamientos percusivos, notas que quedan flotando en el aire hasta extinguirse y la aparición de diferentes elementos como unas varillas metálicas con las que Alejandro golpea y frota las cuerdas del clavicordio obteniendo sonidos insospechados y llenos de misterio y fascinación. Desaparece por completo la melodía original que se nos revela como una excusa, una forma de dar el pie a la verdadera creación del artista. No es música para todos los oídos pero como siempre decimos, a veces un pequeño esfuerzo nos abre la puerta a un mundo nuevo que no sabíamos que estaba ahí. La segunda composición de Gottschalk que aparece en la obra es su “Minuit à Séville, Op.30”, capricho compuesto por el músico alrededor de 1852 durante su estancia en España. Esta vez, Rojas-Marcos toma todo el tramo inicial de la composición y de repente se queda con una serie de siete notas que repite incesantemente con pequeñas variaciones en un tratamiento que podríamos denominar como minimalista. Tras esa parte, asistimos a una secuencia de arpegios repetidos que poco a poco nos introduce de nuevo en la exploración de diferentes temas que aparecen en la pieza de Gottschalk. Es un tramo de gran belleza y sensibilidad en el que no se renuncia a la experimentación y a la búsqueda de los límites físicos del sonido, más allá de los originalmente pensados para el instrumento. La tercera adaptación parte de la “Chanson du Gitano, RO 35”, una habanera publicada póstumamente en “The Little Book of Louis Moreau Gottschalk” alrededor de un siglo después de la muerte del pianista. Aquí Rojas-Marcos opta por interpretar la pieza al clavicordio prácticamente en su totalidad y de forma fiel a la partitura original. Solo después de eso entramos en un segmento final muy rítmico que hace las veces de coda de la obra de Alejandro. De nuevo, efectos percusivos directamente sobre las cuerdas del instrumento para una conclusión llena de energía con la que termina el viaje.



Inicialmente la obra estaba disponible en el soundcloud de Alejandro Rojas-Marcos pero desde mediados del año pasado forma parte del catálogo del sello digital Fortín Arte Sonoro del que ya hemos comentado algún otro lanzamiento en el pasado y del que pronto tendremos alguna muestra más.

Os dejamos a continuación las tres piezas de Gottschalk para que podáis apreciar el trabajo de Alejandro sobre ellas: