jueves, 30 de julio de 2026

Pierre Moerlen's Gong - Time is the Key (1979)



Si hubo algo destacado en la revolución que surgió en el rock de los años setenta fue la ruptura de las barreras entre estilos que permitió a muchas bandas incorporar elementos de jazz, de música clásica y de diversos géneros al sonido clásico del propio rock. Esto también se reflejó en los instrumentos que pasaron de la clásica formación de bajo-guitarra(s)-batería a configuraciones en las que tenían cabida desde la flauta (Jethro Tull, Focus o Camel) hasta el violín (Curved Air o UK), pasando por el fagot o el oboe de Univers Zero. Dentro de esa efervescencia creativa siempre nos llamó la atención el trabajo del vibrafonista Pierre Moerlen a quien conocimos por sus colaboraciones con Mike Oldfield y más tarde por su trabajo con su propia banda: Pierre Moerlen's Gong, de quienes ya comentamos un par de discos en el pasado.


Hoy es el turno de “Time is the Key” (1979), segundo disco de la banda bajo la denominación que acabamos de mencionar aunque sería el cuarto desde que Moerlen tomó las riendas tras la salida de Daevid Allen de los Gong originales. La banda, de hecho, acababa de sufrir una remodelación quedando reducida a cuatro miembros en lo que sería su configuración más escueta hasta ese momento. Seguían en ella Pierre Moerlen (percusión y teclados) y Hansford Rowe (guitarras y bajo) y se incorporaban Bon Lozaga (guitarras) y Peter Lemer (teclados) para reemplazar a Benoit Moerlen, François Causse y Ross Record. También participa, aunque sea en calidad de invitado, el ex-miembro de la banda Allan Holdsworth (guitarras) acompañado del violinista Darryl Way (de los citados más arriba Curved Air), del bajista Joe Kirby y del guitarrista Nico Ramsden.  (quien participó también en las mismas fechas en el disco de Mike Oldfield, “Platinum”). En realidad no sólo fue Ramsden sino que el propio Moerlen junto con Hansford Rowe y Peter Lemer también intervinieron en la grabación del trabajo del bueno de Mike. No hay cronología exacta de ambas grabaciones por lo que no sabemos si Moerlen se llevó a toda su banda (entonces aún en formación) a las sesiones con Oldfield o se conocieron allí. Dado que Lemer ya había tocado con Oldfield y Moerlen en la gira de “Exposed” del primero de ellos, es posible que ahí surgiera su relación con Pierre.


“Ard Na Greine” - El primer corte del disco es una fiesta de percusiones con Moerlen tocando el vibráfono, las marimbas y demás instrumentos en una larga introducción que combina elementos de jazz con toques minimalistas. En la segunda mitad de la pieza aparece el bajo de Kirby y también el violín de Darryl Way en su única participación en el disco.


“Earthrise” - Sin solución de continuidad enlazamos con un corte más animado y rockero en el que aparece la batería y los teclados, siempre discretos, aportando contexto a las percusiones más que reclamando protagonismo.


“Supermarket” - En realidad toda esta parte funciona como una suite única dividida en varios movimientos. Este es el más rockero de ellos con la guitarra y el bajo eléctricos aportando ritmo a una buena melodía de Moerlen al vibráfono.


“Faerie Steps” - El cuarto movimiento mantiene el espíritu jazz-rock pero aquí es donde escuchamos al Moerlen más hipnótico que fue capaz de adueñarse de muchas partes de un disco tan monumental como era “Incantations” de Oldfield. Una pieza fantástica que siempre ha sido una de nuestras preferidas, no solo del disco sino de la banda de Moerlen.




“An American in England” - Hansford Rowe firma la única composición que no es de Pierre en el trabajo. El título tiene todo el sentido puesto que es el único miembro norteamericano de la banda. Como suele pasar, Rowe barre para casa y presenta una composición llena de juegos entre los diferentes bajos con apoyo puntual de guitarras y percusión. Una pieza muy diferente del resto, más progresiva, quizá, en una onda cercana a King Crimson salvando las distancias pero que nos gusta mucho.




“The Organ Grinder” - No podemos evitar ver este tema como una especie de respuesta al “Guilty” de Mike Oldfield con ese ritmo cercano a la música “disco” y esos teclados luminosos en pasajes concretos. Lozaga a la guitarra no es Oldfield pero se defiende bien a lo largo de todas sus intervenciones.




“Sugar Street” - La siguiente pieza da un salto a una suerte de jazz-funk con un ritmo muy marcado y una guitarra protagonista junto con el Polymoog de Lemer. No deja de ser otro tema acorde con los estilos que sonaban en aquellos años lo que convierte su escucha en un ejercicio de nostalgia de unos tiempos que no han terminado de envejecer bien.


“The Bender” - Como ocurría con los cortes iniciales, estamos ente otra suite con varias piezas unidas. En esta recogemos los patrones rítmicos del tema anterior y los vamos llevando hacia lo que podría ser el acompañamiento musical de una serie policiaca de los años setenta, con un interesante tema final de sintetizador a cargo del propio Moerlen.


“Arabesque Intro & Arabesque” - Enlazamos entonces con un tema de inspiración árabe, como ya hacía sospechar el título. Probablemente de lo mejor del disco ya desde el magnífico tema de batería y bajo que acompaña a la melodía central hasta su desarrollo posterior. Es también aquí donde aparece por primera vez en el disco Alan Holdsworth y ya lo hará para quedarse hasta el final.




“Esnuria Two” - La cosa evoluciona hasta lo que bien podría ser una jam-session en la que cada músico tiene su momento de gloria, destacando aquí especialmente el solo de Lemer al Yamaha CS80, sintetizador legendario donde los haya y nada fácil de “domar” a juicio de los que lo han podido disfrutar. Aunque la cosa se alarga algo más de lo necesario, es una tema que funciona muy bien y que nos deja en la pieza final que da título al álbum.


“Time is the Key” - La verdad es que solemos esperar mucho de una composición que el propio autor ha decidido que sirva para nombrar todo un álbum y en esta ocasión esa expectativa juega en nuestra contra ya que no nos parece nada especialmente destacado sino una ráfaga que podría habar ocupado cualquier otro lugar en el mismo y no nos habría llamado la atención.


Seguramente es injusto pero cuando escuchamos a Moerlen lo hacemos siempre con el filtro de Mike Oldfield en nuestra cabeza ya que fue a través de sus discos como conocimos al percusionista francés. Eso hace que de forma inconsciente la comparación entre ambos esté siempre en nuestra cabeza. Desde ese punto de vista, la obra de Moerlen con su banda tiene un serio handicap a nuestros oídos ya que somos demasiado fans de Oldfield como para que pueda resistir la comparativa. Sin embargo, si somos objetivos, nos parece claro que la personalidad musical de Moerlen es suficientemente fuerte como para dejar su impronta muy marcada en sus colaoraciones hasta el punto de que discos como “Incantations” no habrían sonado ni siquiera parecidos a como lo hacen sin su participación. “Time is the Key”, sin llegar al nivel de nuestro disco favorito de Moerlen, “Downwind”, es un disco notable que merecería un análisis más centrado en el propio disco y del que nosotros no somos capaces. Sirva esta entrada para animar al posible oyente a juzgar por sí mismo el disco y la obra de Moerlen haciendo abstracción de cualquier otra consideración.

viernes, 24 de julio de 2026

Aphex Twin - Richard D. James Album (1996)



Pocos artistas hemos conocido que nos generen un nivel de desconcierto similar al que nos provoca Richard D. James, más conocido como Aphex Twin, aunque en el disco que comentamos hoy se empeñe en recordarnos su nombre real. En una entrada anterior ya hablamos de cómo uno de sus discos dejaba descolocado a un crítico de música clásica pero es que el que comentamos hoy suscitó reacciones similares entre los entendidos aunque siempre con la impresión general de que estábamos ante el que podría ser el mejor disco de su autor hasta el momento. Una de las reseñas que apareció en su día indicaba que con este disco “parecía que Richard D. James se reía con nosotros en lugar de hacerlo de nosotros como en sus trabajos anteriores. Para contextualizar, hoy vamos a hablar de “Richard D. James Album”, disco que apareció en 1996 y que iba a ser su cuarto CD de larga duración. Se trata de la entrada por parte del artista en el “Drill'n'bass”, un sub-género caracterizado por ritmos imposibles llenos de acelerones, frenazos y cambios constantes que lo convertían en una gran paradoja porque era música de baile que no se podía bailar. Para ello toda la composición y gran parte de los tratamientos sonoros se hizo directamente en un ordenador a base de samples y manipulaciones de los mismos. Todo lo que suena en el disco está hecho por el propio Richard.


“4” - Comenzamos con un ritmo velocísimo que por momentos se comprime en ráfagas imposibles. Lo interesante sucede por debajo. Ahí aparecen capas de sonido, cuerdas sampleadas (creadas a partir de un solo violín, si nos creemos a su autor) y sonidos electrónicos muy sencillos en apariencia pero con un trabajo de producción muy complejo. La melodía lucha por parecer organizada en medio del caos rítmico que la rodea y llega a conseguirlo la mayor parte de las veces.




“Cornish Acid” - La cosa sigue, como insinúa el título, con sonidos ácidos que saltan a lo loco acompañados de la parte rítmica. En contraste, una melodía de fondo que se desarrolla lentamente, a medio camino entre los sonidos enigmáticos de “Doctor Who” y el ambient más clásico. El corte es muy breve y cuando termina tenemos la sensación de que se nos acabó el crédito en mitad de la partida de la máquina más atractiva de las recreativas del barrio.


“Peek 824545201” - Lo siguiente es más experimental si cabe con un Aphex Twin entregado a los ritmos más desconcertantes que, en alguna ocasión se organizan y tejen una breve melodía inteligible. Cuesta entrar pero una vez que lo haces es fascinante.


“Fingerbib” - Llegamos a una de las composiciones más sorprendentes del álbum que combina un tono y una melodía casi infantiles con un uso reconocible de los sintetizadores en lo que podría ser lo más parecido a una canción convencional en todo el disco. Pese a ello seguimos teniendo acelerones, frenazos y desarrollos rítmicos inesperados lo que nos nos impide disfrutar de un tema inesperadamente naíf.


“Carn Marth” - De todas formas no tardamos mucho en sumergirnos de nuevo en el caos más lo que podamos imaginar con uno de nuestros cortes favoritos del disco que reúne todo lo que uno esperaría de un trabajo de Aphex Twin. Teniendo en cuenta que “drill” en inglés significa “taladradora”, entendemos que este tipo de música haya recibido el calificativo de “drill'n'bass”.


“To Cure a Weaking Child” - Otra pieza fantástica es la que viene a continuación en la que el músico opta por samples vocales infantiles para hacer la melodía central, acompañados de una melodía repetitiva que suena de fondo a modo de canción de cuna mientras adereza todo el conjunto con ritmos delirantes. Lo curioso es que, por alguna de esas extrañas conexiones (o desconexiones) que se dan en nuestros cerebros en mucho momentos, hay algo aquí que nos recuerda a Vangelis.




“Goon Gumpas” - Continuando con ese aire entre inocente e infantil, tenemos aquí una excelente melodía muy divertida en forma de marcha, que nos permite un momento de relax antes de meternos en el último tramo.


“Yellow Calx” - Regresamos a la fórmula que combina ambientes y temas lentos con ritmos que quizá deberían llevar una advertencia para personas propensas a los ataques epilépticos ya que son el equivalente musical a las tormentas visuales tan comunes en algunos “animes”. Con todo, la parte electrónica más melódica es excelente.


“Girl/Boy Song” (NLS Mix) – El single más conocido del disco fue publicado también de forma independiente más adelante. Si nos quedamos con la parte no rítmica es una preciosa pieza de cuerdas que podría acompañar las imágenes de una película de época incorporando, incluso, algo de épica. Lo que ocurre es que el despliegue de ritmos que entran y salen continuamente mezclando tiempos y compases como si no hubiera un mañana hacen imposible concentrarse solo en lo melódico. En todo caso es una pieza excelente que nos gusta cada vez más.




“Logan Rock Witch” - El cierre del disco es una extravagancia que utiliza los instrumentos más curiosos para la parte de la percusión, como el arpa de boca, el cencerro, cajas de todo tipo, campanas, etc. para mezclarlos con un solemne órgano de iglesia y un silbato de émbolo entre otros recursos, digamos, inusuales.


Algunas ediciones del disco incluían el EP “Girl/Boy” con sus diferentes caras B pero no es el que tenemos por lo que la versión que comentamos es la “corta”. Somos conscientes de que la música de Aphex Twin no es para todo el mundo y tampoco tenemos claro qué nicho de melómanos es el más adecuado para hacerles esta recomendación. Hemos escuchado discos de intérpretes clásicas que han incluido en sus repertorios piezas de Richard D. James (pensamos en las hermanas Labeque) por lo que está claro que no estamos ante un tipo gracioso sin más. También tenemos claro que su trabajo con las texturas sonoras y los samples están al nivel de los más grandes de la electrónica contemporánea y es evidente que, si es una de las grandes figuras de un género como la IDM (por pretencioso que suene eso de “Intelligent Dance Music” es por algo.

domingo, 12 de julio de 2026

Sufjan Stevens & Angelo de Augustine - A Beginner's Mind (2021)



El caso de Sufjan Stevens no es nada común en el mundo de la música. Se trata de un cantautor con un estilo muy personal que dese el principio de su carrera tenía claro qué era lo que quería hacer y cómo lo iba a lograr. Creció en una pequeña comunidad cristiana de Michigan y siempre tuvo presente ese sentimiento de familia y de pertenencia a un grupo. Completada su formación musical, fundó junto con su padrastro un sello para publicar sus propias canciones sin tener que depender de terceras personas y la cosa fue bien, hasta el punto que Asthmatic Kitty (su discográfica) viene publicando discos con regularidad desde hace 25 años y no solo de Sufjan sino de muchos otros artistas de la comunidad de Holland.


Fue gracias a la gestión del sello que Sufjan Stevens conoció a Angelo de Augustine a través de unas maquetas que le hizo llegar un conocido común. Decidió ficharle para su discográfica (Angelo estaba teniendo problemas con la suya) y fruto de esa relación surgieron los tres primeros discos de Angelo. Durante ese proceso, Stevens se ofreció a ayudarle en las tareas de producción e incluso llegaron a componer alguna canción juntos. Esa relación de amistad se consolidó y llevó a la creación del disco que comentamos hoy: viendo la química que había entre ambos, decidieron irse un tiempo juntos a una cabaña de los Catskills, una reserva natural en el estado de Nueva York llena de montañas y bosques muy utilizada por la gente para este tipo de retiros. De aquel mes de asueto surgieron un buen número de canciones con las que el dúo grabó “A Beginner's Mind”. Cada uno de los temas está inspirado en una de las películas que ambos veían juntos antes de dormirse y para la composición utilizaron diferentes técnicas que van desde las “estrategias oblícuas”, creadas por Brian Eno y de las que creemos haber hablado en algún momento, hasta conceptos “zen” como el shoshin que da título al disco (la traducción del término vendría a ser la de “mente de principiante”).


“Reach Out” - Casi todas las canciones del disco están escritas a dúo, especialmente las de la primera mitad del mismo comenzando con este tema inspirado en “El Cielo sobre Berlín” de Wim Wenders. Es una pieza estilo folk que recuerda los primeros discos se Sufjan, particularmente a “Carrie and Lowell” y también con una marcada influencia de Simon & Garfunkel. Esta impresión se ve reforzada por la perfecta combinación que logran las voces de ambos artistas lo que se convierte desde el primer momento en uno de los puntos fuertes de la grabación.




“Lady Macbeth in Chains” - Continuamos con la pieza creada a partir del visionado de “Eva al Desnudo”. En esta ocasión pasamos de un comienzo más oscuro que desemboca en un puente y un estribillo verdaderamente mágicos en los que el dúo se aproxima a los sonidos sureños de los Estados Unidos con un punto de misterio muy logrado que contrasta con lo desenfadado del tema central. Magnífica también la coda instrumental electrónica tan del gusto de Stevens.


“Back to Oz” - Por algún motivo, en 1985 alguien decidió que era una buena idea crear una secuela de “El Mago de Oz” titulada “Regreso a Oz”. Esa es la película escogida como punto de partida para la siguiente canción en la que disfrutamos de los ambientes electrónicos oníricos de Stevens como fondo para una canción muy animada en la que destacan los juegos vocales ente ambos artistas y el solo de guitarra casi psicodélico de la parte central.




“The Pillar of Souls” - Dentro de una selección de películas realmente ecléctica le llega el turno a “Hellraiser III”, secuela del clásico de terror que no pasó de ser la típica serie B ochentera (aunque se grabó en 1992). El tema Stevens y de Augustine es una balada lenta, pesada, llena de voces fantasmales y arreglos típicos del género (campanillas, glockenspiel, pianos repetitivos...). No hemos visto la película pero creemos que la canción debe ser muy superior a la misma dentro de sus respectivas categorías.


“You Give Death a Bad Name” - El título y la letra son referencias nada disimuladas a la canción de Bon Jovi de (casi) el mismo título pero la inspiración cinematográfica es muy anterior: nada menos que el clásico del cine de zombies “La noche de los muertos vivientes”. Donde Bon Jovi cantaban “Shot through the heart and you're to blame, You give love a bad name”, Stevens y de Augustine cantan: “Shot to the skull or a strike to the brain as you withdraw, you give death a bad name”. Por lo demás, la canción es un tema lento con excelentes armonías vocales pero que nos parece inferior a otros del disco.


“Beginner's Mind” - La primera canción escrita por Angelo en solitario se basa en “Le llaman Bodhi” de la directora Kathryn Bigelow. Es una pieza preciosa, protagonizada por el piano y la voz a los que se añaden arreglos electrónicos y de guitarra muy sutiles. De los momentos más inspirados de todo el trabajo.


“Olympus” - “Furia de titanes” (suponemos que en la versión clásica de 1981) es la cinta que hace de punto de partida para esta canción lenta de arreglos minimalistas en lo instrumental (apenas unas guitarras y alguna percusión) pero de una brillantez en las voces que justifica todo lo demás. Lejos de la épica de la película, el tema es un prodigio de delicadeza y buen gusto.


“Murder and Crime” - Vuelven los toques más folclóricos para ilustrar este acercamiento al mundo postapocalíptico de “Mad Max”. La parte melódica está al nivel de los mejores temas de Stevens en este registro, lo cual es mucho decir. Combinando esa inocencia de la canción infantil con un fraseado impecable y unas notas que fluyen con una naturalidad sorprendente, el dúo de Stevens y De Augustine nos ofrece aquí una de las mejores canciones del disco a la que lo único que le podemos reprochar es un final demasiado abrupto.


“(This is) The Thing” - Es Sufjan Stevens el que toma ahora las riendas en su primera canción en solitario del disco. Inspirada en “La cosa”, el tema tiene un tono similar a las canciones de aquella obra maestra que ya comentamos aquí llamada “Planetarium” con un enfoque menos electrónico pero con unos arreglos excelentes de principio a fin.


“It's Your Own Body and Mind” - Repite Stevens con un tema que parte del film “Nora Darling” para ofrecernos una canción más convencional al principio con una guitarra rítmica como fondo para la voz distorsionada del cantante pero que desemboca en un precioso estribillo a partir del cual el ritmo se incrementa acompañándonos en un final no especialmente sorprendente pero muy correcto.


“Lost in the World” - Segunda canción escrita por de Augustine y una de las más ajenas a la línea general del disco. Surge del visionado de la película “La última ola” y, quizá por ese enfoque diferente, es una de las que más nos sorprende lo que ha hecho que la valoremos cada vez más.


“Fictional California” - Volvemos al trabajo en dúo con este tema que tiene un curioso tono a hoguera en la playa al caer la noche, a melodía sencilla de esas que todos los amigos cantan juntos. Inspirada en otra es esas secuelas de difícil justificación (una típica peli de animadoras americanas: “A por todas 2”) pero que acaban siendo populares por alguna razón.


“Cimmerian Shade” - En el interior del disco aparece una dedicatoria a Jonathan Demme y se acompaña de un retrato de Jodie Foster lo que nos hace pensar en que esta canción, inspirada en “El silencio de los corderos” tiene una importancia especial para el dúo. Pese a ello, no está ente nuestras favoritas salvo un pequeño interludio instrumental a la mitad del tema que es de lo mejor del disco.


“Lacrimae” - Como cierre tenemos la última canción de Angelo de Augustine, surgida a partir de un raro cortometraje de 1962 dirigido por Nikos Nikolaidis: “Lacrimae rerum”. Con un tratamiento sencillo de guitarra y voces, es una bonita canción que nos deja un excelente sabor de boca.



Los trabajos más intimistas de Sufjan Stevens como el mencionado “Carrie and Lowell” o “Illinois” nos devolvieron en su día a una época en la que las cosas eran más sencillas demostrando que pueden seguir siéndolo si no nos empeñamos en complicarlas. Esa es también la virtud de “A Begginer's Mind”. Es un disco que no requiere de una gran cantidad de recursos técnicos ni de una sofisticación extrema pero que, pese a ello, sigue teniendo esa rara capacidad de emocionar que siempre ha demostrado Stevens, ya sea con una guitarra, un piano o con capas y capas de sintetizadores y efectos. Los seguidores del bueno de Sufjan ya saben a qué nos referimos. Además, en este trabajo tenemos la posibilidad de conocer a un Angelo de Augustine cuya forma de componer e interpretar encaja a la perfección con la de Stevens formando un todo casi indistinguible. En suma, estamos ante un disco especial que puede llegar a públicos muy diferentes, precisamente por no estar claramente adscrito a ninguna corriente concreta.