miércoles, 22 de septiembre de 2021

Jean Michel Jarre - Welcome to the Other Side: Live in Notre Dame VR (2021)



El confinamiento y el resto de las restricciones adoptadas por los distintos gobiernos para combatir la pandemia provocada por el COVID19 han tenido un fuerte impacto en muchos sectores y el de la música en directo ha sido uno de los más afectados por la práctica imposibilidad de ofrecer conciertos con la que se han encontrado los artistas en el último año y medio. Algunos, sin embargo, han sabido encontrar soluciones imaginativas y entre ellas una de las más prometedoras e interesantes es la propuesta de Jean Michel Jarre.


Ya durante la promoción de “Equinoxe Infinity”, Jarre hizo una pequeña inclusión en el mundo de la realidad virtual con una presentación del disco en uno de esos entornos pero fue en junio de 2020 cuando el músico dio forma a esa idea con un concierto completo ofrecido en un mundo completamente virtual. Mientras Jarre tocaba en su estudio, un avatar hacía lo mismo en un espacio cibernético creado por la empresa pionera en ese campo, VRrOOm. Es primer concierto llevó el título de “Alone Together” y pese a algunos problemas técnicos, fue un ensayo excelente de una nueva forma de asistir a un concierto, ideal para los tiempos que corren.

Avatar de Jarre para el concierto virtual.


Meses después, Jarre redobló la apuesta y decidió repetir experiencia en un entorno tan emblemático como muchos de aquellos en los que tocó en el pasado pero que, por razones evidentes, le estaría vetado si en algún momento se plantease hacer un show en su estilo allí: la Catedral de Notre Dame. Cuenta el músico que la idea se le ocurrió viendo la recreación que del monumento se hacía en el videojuego “Assassin's Creed”. Impresionado por su realismo se puso en contacto con Ubisoft, la compañía desarrolladora del mismo para conseguir llevar su música al interior de una Notre Dame virtual.




Así las cosas, a mediados de diciembre de 2020 se anunció un concierto para la nochevieja en la recreación informática de la catedral parisina. Para el repertorio lo cierto es que Jarre no se comió la cabeza en exceso y tiró del material usado en la gira de “Electronica” de unos años antes con la adición de un par de remixes ajenos de “Oxygene 2” y “Oxygene 4” que subrayaban el carácter festivo y discotequero del espectáculo, mucho menos interesante en ese sentido que el “Alone Together” del mes de junio en el que se presentaron un par de temas nuevos junto con el también inédito “Azimuth”, creado para un show anterior.




Casi por sorpresa porque el concierto ya había sido publicado en formato digital para descarga y varios meses después de celebrado el show, se anunció la aparición del mismo en formato físico con su correspondiente CD, su BluRay e incluso una ligeramente anacrónica dadas las características del evento versión en vinilo. Si el tracklist original ya era poco atractivo, del lanzamiento también se excluía “The Gathering”, tema inédito que hizo las veces de música de introducción previa al concierto en su retransmisión por internet. El show comenzaba con “The Opening”, la pieza que sonaba en el segunda tramo de la gira de “Electronica” y que luego formó parte de “Equinoxe Infinity”, para continuar con el remix de “Oxygene 2” creado por Kosinski y que nos parece de lo más interesante de todo el material de este lanzamiento. Seguía la cosa con “The Architect”, el tema compuesto con Jeff Mills para “Electronica” y “Oxygene 19” antes de entrar en un tramo decididamente discotequero con sendas remezclas bailables de “Oxygene 8” y “Zero Gravity” que desembocan en la frenética “Exit”, esta vez sin el discurso de Edward Snowden. Un ligero descanso con “Equinoxe 4” nos aboca al tramo final en el que escuchamos “Stardust”, “Herbalizer” y otro remix de un clásico, mucho menos afortunado en nuestra opinión, como es la mezcla que John Fleming hizo en 2015 de “Oxygene 4” bajo el título de “Astral Projection remix”. Cerraba el show la excelente “The Time Machine”.




“Welcome to the Other Side” es un lanzamiento extraño, sobre todo si tenemos en cuenta que Jarre no publicaba un disco en directo con vocación de superventas desde el lejanísimo “Hong Kong” de 1994 habiendo tenido oportunidades mucho más atractivas para hacerlo, tanto por repertorio como por lo emblemático de alguno de los conciertos ofrecidos en este periodo. En estos más de 25 años han aparecido algunos conciertos en vídeo (en distintos soportes), dos o tres de los cuales venían acompañados del correspondiente compact disc pero ninguno de ellos con la proyección de éste. Quizá sea el deseo de mantener conectados a su música a los aficionados que pudieran haberse visto sorprendido por el aún reciente “Amazonia” o la necesidad de tener un documento en directo de la etapa más prolífica del músico francés que en los últimos seis años tiene sometidos a sus seguidores a un desacostumbrado bombardeo de material nuevo sin precedentes en su carrera. En todo caso, creemos que este es un disco solo para completistas que no aportará gran cosa a quien no sea seguidor habitual de Jarre, y que sirve para amenizar estos meses a la espera de nuevos proyectos con más sustancia.




sábado, 11 de septiembre de 2021

Paul Sutin - Seraphim (1989)




El primer contacto que tuvimos con la música de Paul Sutin fue a través de un recopilatorio. Estamos en 1991, en pleno auge de la música “new age” en todo el mundo y el sello Private Music, aprovechando el interés creciente en la ecología, publicaba un disco titulado “Polar Shift” parte de cuyos beneficios irían destinados a diferentes ONG's. En el trabajo, dedicado a la Antártida, se combinaban algunas piezas compuestas para la ocasión por algunos de los artistas más renombrados del momento como Yanni o Constance Demby con composiciones “clásicas” de otros músicos más consagrados como Vangelis, Suzanne Ciani o Enya.


En ese disco aparecía una composición que en su momento nos llamó la atención. Se trataba de “Polar Flight” y aparecía firmada por el guitarrista de Yes, Steve Howe, Constance Demby y un tal Paul Sutin. Por su estilo y sonoridad, el tema tenía mucho en común con la obra de Demby y no tenía nada en especial que nos hiciera adivinar cuál sería la aportación de los otros dos artistas pero sí que nos puso sobre la pista del dúo, de cuya existencia no sabíamos nada anteriormente y que ya habían publicado algunos trabajos juntos.


Paul Sutin es un músico británico afincado en Suiza que empezó su carrera como ingeniero de sonido y productor a principios de los ochenta y que enseguida se hizo un nombre en ese campo llegando a trabajar con artistas como Phil Collins o Jermaine Jackson. Además de su carrera como productor, Sutin tenía inquietudes también como creador y así comenzó a grabar sus propias piezas que se distribuían en forma de cassette a través de tiendas relacionadas con el movimiento “new age”. Fue por esta vía por la que Sutin llegó a contactar con Steve Howe. El guitarrista de Yes era vegetariano desde hacía más de una década y, junto con su compañero en la banda Alan White, decidieron comprar una tienda de alimentación saludable allá por 1988. El dueño, casualmente, estaba empezando en el negocio discográfico y era, como habréis adivinado, el editor de aquellos primeros trabajos de Sutin. A sugerencia del incipiente empresario, Howe y Sutin se conocieron y se decidió que el guitarrista participase en alguno de los cortes del próximo trabajo de Paul: “Seraphim”. Aunque la primera edición aparecía firmada por Sutin en solitario con Steve Howe acreditado como invitado, el tirón del guitarrista hizo que en las siguientes tiradas, “Seraphim” apareciera ya en su portada como un disco a dúo.


Realmente “Seraphim” era un disco terminado cuando Howe grabó su participación en él por lo que su aportación creativa no fue más allá de alguna melodía más o menos improvisada. En el disco Steve Howe toca guitarras acústicas y eléctricas, bajo y el koto japonés. También participa el teclista Carlo Bettini y Barry Schulman que toca flauta y saxo en el corte que cierra el album. Sutin, por su parte, es el autor de todas las piezas salvo una (aunque en varias acredita a algunos de los participantes) y toca piano y sintetizadores.


Portada de una edición del disco en la que Steve Howe aparece incluso antes que Sutin.



“A Venetian Passage” - Abrimos con una pieza lenta y sutil introducida por un piano eléctrico. Acordes realmente inspirados que se repiten y a los que se incorporan la guitarra acústica primero y los sintetizadores después. Una pieza “new age” con todo lo bueno y también con lo menos bueno del género. Destacamos algunas aportaciones de Howe con la guitarra eléctrica y el koto que le da un toque exótico muy curioso a la segunda parte de la composición. En conjunto es un tema agradable al que le falta un poco de garra pero que se deja oír.




“A Light Romance” - Si el primer corte se movía en la delgada línea que separa a los artistas más potables de la “new age” de los más intrascendentes, este segundo cae de lleno en el segundo grupo. Hay un lastre muy grande en cuanto al sonido. Las cuerdas sintetizadas de principios de los noventa sonaban demasiado plastificadas entonces y hoy resultan casi ridículas al oído. Esto sucede especialmente si no hay alrededor un trabajo de producción que decore un poco ese sonido y lo haga más rico. Aquí no hay nada de eso y el problema con los timbres utilizados hace que nos sea imposible prestar atención a la música en ningún momento.


“Passione Magica” - Afortunadamente en esta pieza Sutin se olvida un poco de los artificiales sonidos sintéticos de la anterior y los deja en un segundo plano ganando presencia las guitarras. El problema es que estas tampoco son particularmente inspiradas quedando reducida la composición a un sencillo tema ambiental sin más recorrido. La segunda mitad de la composición, con mayor aportación de los sintetizadores es, directamente, olvidable.


“The Substance of Stars” - Nuevo repaso a los peores tópicos del sonido “new age” que se salva porque el trabajo compositivo es mucho más interesante que en los cortes precedentes. Si esta pieza hubiera estado más trabajada en cuanto al sonido, en lugar de utilizar un clásico preset de teclado lleno de eco, habría mejorado mucho.


“Seraphim” - El tema central del disco es, junto al primero, el más destacado del trabajo. Mantiene muchos de los defectos generales del resto pero más contenidos y se beneficia de una estructura más cuidada y una mayor inspiración melódica. Sin ser una maravilla, tiene cosas muy rescatables a la guitarra con algún guiño a sus trabajos con Yes por parte de Howe al final del tema.




“The New Moon” - Breve tema con aires orientales cuyo mayor valor es, precisamente, su corta duración que impide que nos cansemos de ese sonido tan encasillado a pesar, incluso, de la aparición de los trinos de los pájaros, uno de los pocos tópicos que le faltaban al CD (las olas del mar sonaron en el corte anterior).


“Sequential Fantasy” - Otro tema interesante que recuerda en esta ocasión al estilo de Kitaro con un teclado tipo piano presentando una melodía saltarina que se complementa con otros sonidos más prolongados con los que construye el tema principal. De lo mejor del disco.


“San Marco's Journey” - Si varios de los cortes anteriores hubieran contado, como este, con una flauta o un saxo reales habrían mejorado notablemente nuestra impresión. Con algo tan sencillo como eso, los sintetizadores, que aquí hacen de apoyo, ya no suenan tan vacíos y la composición gana muchos enteros. Es una combinación realmente agradable que en manos de artistas como Ray Lynch nos regaló discos magníficos y que aquí ayuda a salvar, in extremis, un trabajo con pocas cosas que recordar.





La asociación entre Steve Howe y Paul Sutin dio lugar a un disco más y a la colaboración del teclista en algún trabajo posterior de Howe aunque la carrera de Sutin no llegó mucho más allá. “Seraphim” es un ejemplo más de la incursión de muchas viejas glorias del rock progresivo en el terreno de la “new age”, algo que siempre nos llamó la atención y de lo que abundan los ejemplos, mediocres en la mayoría de los casos. No todos los discos de los que hablamos aquí nos gustan muchísimo. Ha habido varios cuya crítica no ha sido precisamente benévola y este es uno de esos que no nos atrevemos a recomendar a nadie. No porque sea un trabajo horroroso sino porque no encontramos en él nada de verdadero interés salvo, quizá, para el seguidor más completista de la carrera de Steve Howe. Es un disco más dentro de un estilo musical que dio demasiados trabajos excesivamente similares en los que un artista era indistinguible del siguiente. Como tal, éste no es ni mejor ni peor que la mayoría de ellos pero quizá, y pese a todo, llame la atención de algún lector que no sabía de su existencia porque... también nosotros podríamos estar equivocados ¿verdad?

martes, 31 de agosto de 2021

Terry Riley - Autodreamographical Tales (2010)



En un momento dado, Terry Riley decidió comenzar a llevar un diario bastante peculiar y es que, en lugar de anotar en él sus experiencias y pensamientos diarios, el músico comenzó a registrar sus sueños. Su primera actividad al despertarse por la mañana era escribir todo aquello que recordase de lo soñado en la noche anterior. Curiosamente se fue dando cuenta de que, con el tiempo y cuantos más sueños iba registrando, recordaba más y más detalles y con más nitidez cada día. Cuando en 1996 la emisora New American Radio le encargó una obra, Riley pensó que sería buena idea utilizar su diario como base de la pieza.




En principio la música minimalista de la que Terry Riley es uno de los mayores iconos debería ser muy rígida en cuanto a su interpretación y por ello es algo contraintuitivo el hecho de que el compositor norteamericano incluya la improvisación como parte fundamental de su expresión creativa. Sin embargo, los seguidores de Riley sabrán que gran parte de sus conciertos no son sino largas improvisaciones llenas de elementos jazzísticos y muy alejadas del supuesto encorsetamiento minimalista. Además de la pieza titulada “Autodreamographical Tales”, en el disco escuchamos otra de larga duración y similares características: “The Hook Lecture” extraída de una conferencia que el músico ofreció en 2006 en Sídney acompañado de su piano. La grabación se publicó en el prestigioso sello de John Zorn: Tzadic.


“Autodreamographical Tales” - Musicalmente la obra es mucho más compleja de lo que podría parecer. En ella escuchamos fragmentos electrónicos de tinte minimalista que recuerdan ligeramente al seminal “A Rainbow in Curved Air” pero también momentos folk, arranques jazzísticos, canciones litúrgicas y, por supuesto, la narración del propio Riley quien se encarga de todos los instrumentos que básicamente son sintetizadores, órganos y grabaciones magnetofónicas. Hay espacio también para raros valses electrónicos culminados por codas de piano, retazos de áfrica pasados por el tamiz del jazz electrónico más marciano que rompen en un blues cantado por el mismo artista o largos recitados con fondo de música hindú. El cierre lo pone de nuevo Riley cantando otro blues de hechuras clásicas acompañado del piano.


“The Hook Lecture” - Esta extensa pieza (casi cincuenta minutos de duración) alterna recitados con piezas instrumentales. Así, tras una primera narración del músico, éste se sienta a su piano y comienza a improvisar en un tono inequívocamente jazzístico una balada, “The Royal”, que incorpora en determinados momentos fragmentos repetitivos que nos recuerdan que estamos oyendo a una de las luminarias del minimalismo. En un momento determinado se intercala algún breve pasaje narrado que no altera en exceso el resultado final. Declaradamente minimalista es el inicio de “A Dervesh in the Nursery” que, sin embargo, a los pocos compases recorre el camino inverso de la pieza precedente pasándose al jazz con descaro. Una salmodía que podría ser hebrea ocupa el centro de la composición que de cara al final vuelve a los esquemas repetitivos. Nuevo recitado y vuelta al jazz con “The Ecstasy” y regreso a la repetición y al canto tradicional en “Turning”. Un último recitado nos deja en el tramo final con “Ebony Horns”, una de las composiciones más enérgicas del disco con un espíritu rockero notable que la coloca entre nuestras favoritas. Cierra el trabajo una versión “rileyficada” del “We Will Met Again” de Bill Evans.



De todos los precursores del minimalismo, Riley es probablemente quien tiene una carrera más heterogénea y quien ha investigado en estilos más diferentes. Por ello, su obra es mucho más inclasificable y no siempre es fácil saber a qué se va a enfrentar el oyente cuando se acerca a un disco nuevo. “Autodreamographical Tales” es uno de sus trabajos más eclécticos y que más pueden descolocar a quien se aventure en su escucha pero no deja de ser un disco fascinante a caballo entre diferentes géneros.