miércoles, 11 de febrero de 2026

Lito Vitale Cuarteto - La Senda Infinita (1989)



El caso de Lito Vitale es bastante extraño visto desde la rara perspectiva que nos dan los 10.000 kilómetros de distancia con su Argentina natal. Hablar de Vitale para un melómano español es hacerlo de una figura que brilló como pocas en los años ochenta y la primera mitad de los noventa. Un artista que se convirtió en uno de los tres o cuatro nombres más importantes de lo que se dio en llamar “nuevas músicas” y que era un habitual en las programaciones de conciertos de las mejores salas nacionales. Si tuviéramos que hablar de un programa de radio tan legendario como fue Diálogos 3, dirigido y presentado por Ramón Trecet, inevitablemente Lito Vitale tendría que aparecer mencionado como uno de los artistas (quizá junto con Wim Mertens, Nighnoise o Loreena McKennitt) que mejor representaron el tipo de música y de estéticas que definieron ese añorado espacio musical.


Sin embargo, Vitale desapareció casi por completo poco después. Sus discos dejaron de ocupar los estantes de las tiendas, su nombre no se veía en los carteles y poco a poco su figura fue cayendo en el olvido. Insistimos en que esto es solo desde la perspectiva española porque Vitale ha seguido siendo una figura muy importante en Argentina, con discos muy relevantes, tanto en solitario como acompañado de Juan Carlos Baglietto y, sobre todo, con una gran presencia en los medios de comunicación, siendo el conductor de diferentes programas de televisión y radio y convirtiéndose en alguien muy cotidiano para el público de ese país.


Hace mucho tiempo ya que no hablamos por aquí de Lito Vitale y nos hemos dado cuenta de que nos quedaba por reseñar aún uno de los cinco discos grabados con su formación más recordada: el Lito Vitale Cuarteto. Haciendo un poco de historia rápida, y prescindiendo de sus grabaciones con M.I.A. de las que hablamos en su día, en la primera mitad de los ochenta publicó varios trabajos en solitario o en formato de dúo y trío aunque en estos últimos casos, a diferencia de los discos como solista, se trataba principalmente de versiones de temas de otros. Fue en 1987 cuando se consolidó un cuarteto más o menos estable (el de batería fue el único puesto que cambió con frecuencia) con el que Vitale publicó sus trabajos más populares. Al disco homónimo (“Lito Vitale Cuarteto” -1987-) le seguiría “Ese Amigo del Alma” (1988), el trabajo que les catapultó a la fama fuera de Argentina que y que aún hoy es su título más recordado. Un año después apareció “La Senda Infinita” que es el trabajo que comentaremos hoy. El cuarteto estaba integrado entonces por Lito Vitale (voces, percusión, piano y teclados), Marcelo Torres (bajo), Manuel Miranda (vientos) y el batería Christian Judurcha en su última grabación con el grupo.


“Noticiero Nacional” - El comienzo del disco es abrumador con la entrada casi al unísono de todos los miembros del cuarteto, especialmente los teclados, el bajo y la batería en unas primeras notas contundentes que enseguida desembocan en una veloz pieza liderada por la melodía de Vitale a los sintetizadores doblada por los vientos de Miranda. Es un tema extraordinario a la altura de lo mejor del cuarteto que, de repente, se frena entrando en un remanso de paz en el que resplandece el bajo de Marcelo Torres convenientemente acompañado por teclados y vientos que, poco a poco, retoman el tema principal, no sin antes brindarnos una serie de variaciones fantásticas. Todo lo que fue el Lito Vitale Cuarteto se puede resumir en los siete minutos que dura esta maravilla.




“El Valor del Silencio” - El siguiente corte cambia por completo de estilo centrándose en los teclados, algo edulcorados, de Vitale, quien se acompaña en la melodía principal de las flautas de Miranda. Es una balada lenta, romántica en su comienzo pero con toques de solemnidad de cuando en cuando. En la segunda mitad del tema, con la entrada del saxofón, la cosa se pone ligeramente tópica y es que Vitale, un talento indiscutible en cuanto a composición e interpretación, no tiene su faceta más destacada en la elección de los sonidos de los sintetizadores que hoy nos suenan excesivamente ochenteros.


“La Senda Infinita” - En cambio, cuando le da por la épica suele acertar de pleno. Eso sucede en el inicio del corte que da título al álbum, potente y robusto antes de desembocar en una melodía en la que las flautas y las quenas dan un toque andino muy particular que es también parte de la marca personal de Lito: esa fusión entre la tradición y el jazz tan reconocible en todos los trabajos del cuarteto.




“Extrañando Todo” - Vitale camina muchas veces en el filo de esa delgada línea que separa lo delicado de lo cursi y en este disco transita muchas veces por el segundo de esos dos lados. Este sería un buen ejemplo. Es un tema de jazz lento con una melodía acertada pero con un tratamiento que le acerca, quizá demasiado, al “smooth jazz” o a ese “muzak” que sacaba de quicio a Recoba en el cuento de Mario Benedetti.


“El Discreto Encanto de Ser Porteño” - Otra cosa es la siguiente pieza que nos ofrece muchos de los mejores momentos del álbum combinando ritmos y sonidos tradicionales argentinos (seguramente una milonga, aunque aquí nuestro desconocimiento de las formas del folclore de ese país nos podría hacer patinar) con un virtuosismo instrumental exacerbado a cargo de los cuatro músicos que suenan aquí como una maquinaria perfecta regalándonos una joya de esas que podemos escuchar una y otra vez sin cansarnos.




“La Vida Entera Juntos” - Desgraciadamente no podemos recrearnos demasiado en la composición anterior puesto que aquí volvemos a las baladas excesivamente edulcoradas. Es una gran melodía, eso no está en discusión, pero tanto los instrumentos escogidos como los arreglos (en especial saxo y teclados pero también la batería electrónica) nos impiden disfrutar de ella como se merece.


“Los Instantes Recordados” - Otro tanto se podría decir de la siguiente pieza. Una especie de improvisación de Vitale a los teclados que, sin duda, sonaría maravillosamente mejor empleando un piano que los sonidos sintéticos que Lito escoge aquí para reemplazarlo. En comparación, los fondos electrónicos a modo de orquesta suenan mucho mejor. Una magnífica composición de la que nos cuesta disfrutar por este tipo de detalles.


“Una Intensa Calma” - En una línea parecida transcurre el tema que cierra el trabajo aunque aquí con la participación de todo el cuarteto y la importante presencia de la voz del propio Vitale tarareando la melodía central. En otros momentos del disco ya la habíamos podido escuchar pero no con un papel tan central como aquí.


En “La Senda Infinita” encontramos concentradas las principales virtudes y los mayores defectos de la trayectoria de Lito Vitale como músico. Entre las primeras, su gran talento para la melodía y para el encaje de esta en ritmos de todo tipo, su capacidad de mezclar jazz con músicas tradicionales y el gran manejo del formato de cuarteto con esa configuración tan particular en la que los vientos tienen un papel importantísimo y el talento de un bajista como Marcelo Torres tiene espacio para desarrollarse sin quedar subordinado al propio Vitale. En el otro lado encontramos la cara más naif del músico con melodías edulcoradas pero, sobre todo, con arreglos y sonidos que no han encajado bien el paso del tiempo. Ejerciendo como abogados del diablo podemos argumentar que en los ochenta hubo una serie de sonidos y timbres que utilizaba todo el mundo y que, en su día, funcionaban pero que no envejecieron bien y no siempre es fácil sustraerse a según qué modas. En todo caso, Vitale corrigió esto en los siguientes discos del cuarteto (no tanto en los que publicó en solitario) culminando en la que, para nosotros, es su obra maestra: “La Excusa”. Quedémonos en todo caso con lo positivo, que no es poco, y disfrutemos de todas las obras maestras que nos ofreció el Lito Vitale Cuarteto no sin antes indicar que, por buenos que pudieran ser en disco, su directo era aún mejor haciendo de cada concierto una experiencia inolvidable. De las decenas de conciertos de todo tipo a los que hemos asistido en nuestra vida nos costaría mencionar tres directos que nos hayan gustado más que el del Lito Vitale Cuarteto.

sábado, 31 de enero de 2026

Channel Light Vessel - Automatic (1994)



A lo largo de 1993, Roger Eno se encontraba en un gran momento creativo. Acababa de lanzar el que quizá sea su disco más popular, “The Familiar”, firmado a dúo con la intérprete de oboe y compositora Kate St.John y se encontraba inmerso en una importante gira de presentación de ese trabajo. En los conciertos, aparte de la música de “The Familiar”, se tocaban piezas escritas por los integrantes de la banda en sus carreras en solitario y, como bises, todo el grupo solía tocar una serie de piezas casi improvisadas que terminaban por ser las más aplaudidas de los conciertos. Esto sucedió especialmente en la parte japonesa de la gira en la que la reacción del público a las jam sessions del final de los shows fue extremadamente positiva. Eso hizo que Roger y compañía se planteasen trabajar más en esa línea y así fue como nació Channel Light Vessel, un supergrupo integrado por el propio Roger Eno (piano, acordeón, banjo, trompeta y sintetizadores), Kate St.John (oboe, saxofón y voces), el ex-integrante de Be Bop Deluxe, Bill Nelson (bajo, guitarra, teclados y percusiones), Laraaji (cítara y percusiones) y Mayume Tachibana (violonchelo). El resultado fue un sonido diferente, nuevo, para una banda absolutamente original e inconfundible.


La trayectoria de Channel Light Vessel fue breve, como suele suceder con este tipo de agrupaciones que surgen como reunión de estrellas individuales, pero nos dejó dos trabajos maravillosos. Hoy queremos hablar del primero de ellos: “Automatic” (1994).


“Testify” - Abre el disco una canción que podríamos llamar “pop” con una configuración elegantísima. Sonidos agradables, arreglos sobrios pero brillantes, una estrofa cantada por Bill Nelson con coros de Kate St.John, pianos soñadores, guitarras precisas... en suma, un tema extraordinario y muy distinto a lo que habían hecho antes sus intérpretes.




“Train Travelling North” - Entramos ahora en los instrumentales con una preciosidad en la que todo está perfectamente coordinado. Se abre con unas percusiones exóticas que dan paso al oboe que se encarga de la melodía central rodeado de sintetizadores y con el fantástico apoyo del violonchelo que da la réplica perfecta al tema principal. En la segunda mitad, el piano y las marimbas nos invitan a desatar la imaginación llevándonos por paisajes de cuento hasta la aparición de la guitarra eléctrica que nos acompaña hasta el final.


“Slow Afternoon” - El siguiente tema es más ambiental, con aires orientales en los arreglos y la percusión y una melodía de saxo que se acerca algo más al estilo de Roger Eno en discos anteriores. Se suman flautas, piano, el oboe y los teclados para ofrecernos un lento instrumental de escucha muy agradable en la línea de lo que se hacía en aquellos años en los sellos más importantes de la “new age” como Narada o Windham Hill.


“Ballyboots” - Toda esa paz y tranquilidad se rompen con los ritmos electrónicos con los que empieza el corte, salpicados de pianos tensos y efectos que crean una atmósfera desasosegante, con toques de jazz y una gran sensación de riesgo en una composición muy experimental que resulta fascinante.




“A Place We Pray For” - Con la siguiente parada volvemos las texturas electrónicas lentas y de corte ambiental. También al formato canción con la combinación de las voces de Nelson y St.John, y ese toque etéreo que le da esta última a todo lo que hace. Estilísticamente es una balada que puede parecerse a algunas canciones en esa línea del Peter Gabriel más reciente. 


“Bubbling Blue” - Volvemos a cambiar de estilo por completo con esta pieza de espíritu acústico en lo que se refiere a las percusiones y las guitarras aunque el motivo central esté interpretado con guitarra eléctrica. Es un tema cadencioso que podríamos calificar como de pop instrumental que sirve de transición hacia la segunda mitad del trabajo.


“Duende” - Comienza esta con un muy breve tema aflamencado lleno de energía que nos deja con la sensación que podría haber dado mucho más de sí con un desarrollo algo mayor. Una de esas aproximaciones al flamenco que, a veces, realizan los artistas anglosajones con resultados desiguales pero que aquí funciona aceptablemente bien.


“Flaming Creatures” - Lo siguiente es un regreso al ambient más puro con texturas electrónicas de evolución lenta que sirven de soporte para una melodía de violonchelo, saxo y oboe que ejecutan un lúgubre lamento entre sonidos y efectos acuosos llenos de misterio y salpicados de samples vocales. En la parte final del tema parece que todo va a cambiar con la entrada de un moderno ritmo programado pero no llega a desarrollarse del todo quedando como una especie de coda.


“Bill's Last Waltz” - Quizá el corte más cercano al estilo entre neoclásico y minimalista de Roger Eno, con un ritmo de vals lento de piano a partir del cual aparece la melodía ejecutada por las maderas y, más tarde, por la guitarra eléctrica con esas notas largas y sostenidas tan del estilo de Robert Fripp. En la parte final es el violonchelo el que aparece para dar su toque particular a una gran pieza.




“Thunderous Accordions” - Última canción del disco. Como la anterior, tiene algo que nos recuerda a Peter Gabriel, quizá por la trabajada configuración instrumental y la sofisticación de los arreglos, combinado todo ello con un tiempo medio, una percusión muy marcada y cierto tratamiento de los vientos. En cualquier caso es un muy buen tema.


“Fish Owl Moon” - Sin solución de continuidad entra este nuevo instrumental en el que volvemos a escuchar alguna influencia flamenca aunque mucho más ténue. No termina de desarrollarse por completo ninguna melodía clara por lo que existe la tentación de volver a encuadrarlo como ambient pero no es exactamente eso ya que el dinamismo de todos los instrumentos se contradice con los principales tópicos del género.


“Little Luminaries” - El cierre, ahora sí, es un tema que atribuiríamos sin pensarlo dos veces a Roger Eno ya que tiene todos los elementos de su música y bien podría pasar por un anticipo de “Lost in Translation”, el que sería su siguiente trabajo publicado, ahora ya en solitario.


En un momento de la película “Blade Runner”, Eldon Tyrell le dice a Roy Batty su famosa frase: “La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo, y tú has brillado con muchísima, muchísima intensidad, Roy”. Algo así podemos afirmar de Channel Light Vessel. Una formación muy prometedora pero que apenas nos dejó dos discos en su corta existencia. Seguramente, “Automatic” es el mejor de los dos y creemos que merece una escucha por parte de todos aquellos que lo desconozcan.

jueves, 22 de enero de 2026

Meredith Monk - Cellular Songs (2025)



Cuando hace ya unos años reseñamos el que entonces era el último trabajo de Meredith Monk, “On Behalf of Nature” (2016), no teníamos ni idea de que se trataba de la primera entrega de una trilogía. Supimos eso el año pasado al hacernos con la que es la segunda parte de la misma, compuesta en 2018 y publicada ahora con el título de “Cellular Songs”. Hagamos un poco de historia. En el anterior trabajo, la artista ponía música a las ideas reflejadas en el libro del poeta “beat” Gary Snyder, “Writers and the War Against Nature”. Así, la artista se convertía en portavoz de la naturaleza en una colección de canciones centradas en la ecología y en el cambio climático. De forma similar, Meredith se inspira ahora en el oncólogo y divulgador científico Siddhartha Mukherjee y su libro “The Emperor of All Maladies: a Biography of Cancer”. La artista propone una suerte de paralelismo entre la perfecta organización de la célula, en la que todos sus elementos colaboran para su correcto funcionamiento y la que debería tener una sociedad en la que todos sus integrantes cooperen entre sí. Para lograrlo, Meredith Monk se acompaña de los miembros de su Vocal Ensemble, es decir, de Ellen Fischer, Katie Geissinger, Joanna Lynn-Jacobs y Allison Sniffin que cantan junto a ella acompañadas en determinados momentos por John Hollenbeck (vibráfono y percusiones). Allison Sniffin, además de cantar, toca el piano y el violín.


“Click Song #3 Prologue” - El tema se abre con una serie de percusiones desordenadas en apariencia pero que van tomando forma poco a poco. Escuchamos tanto instrumentos reales (crotales, por ejemplo) como percusión realizada con diferentes partes del cuerpo.


“Cell Trio I” - Enlazando con el primer tema entramos en esta composición en tres partes en la que los seguidores de Meredith Monk reconocerán inmediatamente su inconfundible estilo. Es un trío vocal ejecutado por la propia Meredith junto a Katie Geissinger y Allison Sniffin. El primer movimiento es dinámico con contrastes continuos entre las diferentes voces y un ritmo constante.




“Cell Trio II” - La segunda parte es más misteriosa, como si se tratase de un antiguo canto religioso. Voces sostenidas en el tiempo con una melodía lenta y de gran belleza que explota las excepcionales cualidades vocales de las tres intérpertes en una letanía emocionante e intemporal.


“Cell Trio III” - El último movimiento sube el ritmo con pulsaciones vocales constantes en clave minimalista en las que diferentes líneas vocales van creciendo de forma paralela utilizando no solo la voz propiamente dicha sino también la respiración como un elemento más.


“Dyads” - En el siguiente corte son las otras dos integrantes del grupo vocal de Meredith Monk las que llevan, valga el mal chiste, la voz cantante. Puntualmente se suma el vibráfono de Hollenbeck pero solo en la parte final y para repetir la secuencia de notas ejecutada previamente por las intérpretes.


“Happy Woman” - La única “canción” más o menos convencional del disco es este corte que incorpora violín, piano y vibráfono a la ejecución del conjunto vocal. Realmente se trata de una serie de frases repetidas una y otra vez, incluyendo la del título, con breves interludios en el estilo característico de la artista. El conjunto funciona como una suerte de mantra que nos conduciría al cierre de la primera sección del disco.


“Click Song #3” - Terminaría esta parte con la misma formación que interpretaba el prólogo ejecuntando una composición de percusión corporal salpicada de voces aquí y allá.


“Branching” - Seguimos con una canción de aire tribal en la que las voces más graves ejecutan una melodía muy breve que parecería formar parte de un ritual y a cada repetición son respondidas por las más agudas en una suerte de diálogo místico que más adelante se transforma en una pieza conjunta durante unos compases para dejarnos con una sucesión de intervenciones individuales. Quizá la pieza más compleja e interesante del disco.




“Lullaby for Lise” - El siguiente tema sigue fielmente la línea de otros trabajos anteriores de Meredith Monk, especialmente de las piezas que formaron parte de su seminal trabajo “Do You Be”, quizá nuestro disco favorito de la artista. Voz y piano combinándose en una magnífica composición en el estilo que sembró las semillas que luego florecieron en artistas como Wim Mertens.


“Generation Dance” - En ese mismo estilo podemos encuadrar esta pieza en la que el piano vuelve a ser protagonista, en esta ocasión, junto con un dúo de voces. Minimalismo en su versión más accesible sin perder por ello nada de profundidad.


“Breathstream” - En esta ocasión, el título es absolutamente descriptivo de lo que sucede en la pieza. Sonidos vocales, principalmente susurros y algún silbido, creando una corriente musical que nos lleva al tramo final del disco.


“Dive” - Única pieza instrumental de la obra. Se trata de una composición para piano y vibráfono de estilo impresionista, con un tono grave y pesaroso. Interesantísima y muy inspirada.


“Melt” - En la misma línea meditativa escuchamos este trío de voces con la adición del vibráfono. La tensión está presente en toda la composición que amenaza a cada momento con romper hacia algún lugar aún más inquietante pero que mantiene una misma línea hasta el final.


“Passing” - Pese a ser artistas con estilos muy diferentes, hay aquí algo del “O Superman” de Laurie Anderson, con eses pulso vocal constante alrededor del cual se van sumando elementos (en este caso, exclusivamente voces) que a veces son puro ritmo y otras se transforman en zumbidos. Apasionante, en todo caso, y en el estilo que ha hecho de Monk uno de los referentes en la música contemporánea.




“Nyems” - Cerrando el trabajo tenemos otra pieza para voces que evoca, al principio, una especie de algarabía infantil, como de dibujos animados, pero que no tarda en ir tomando forma y cambiando entre diferentes patrones, todos ellos alegres y versátiles.


Con algunas excepciones, la obra de Monk se ha centrado en la música vocal, especialmente en la exploración de las fronteras de la misma aprovechando el excepcional rango de su propia voz. En ese campo creemos que no tiene comparación posible con otros artistas y que su música es realmente única, pese a que se la ha adscrito a las corrientes minimalistas con frecuencia. Mientras esperamos el cierre de la trilogía abierta con "On Behalf of Nature" y continuada con este "Cellular Songs", su música seguirá apareciendo por aquí puesto que cuenta con un gran número de obras que aún no hemos comentado y que merecen mayor atención aunque, hasta ahora, nos hemos venido centrando en sus trabajos más recientes.