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lunes, 31 de julio de 2017
Mike Oldfield - The Killing Fields (1984)
Comenta el propio Mike Oldfield en las notas de la reciente reedición del disco que traemos aquí hoy que ni el mismo recuerda con exactitud la cronología de los meses que siguieron a la publicación de “Crises”. El disco que le convertiría en una estrella del pop gracias a “Moonlight Shadow” iba a suponer también una importante presión de cara al futuro por lo que el músico decidió trasladarse a Suiza pera grabar su siguiente trabajo. Por aquellas fechas y gracias a la mediación de Richard Branson, Oldfield iba a recibir también el encargo de hacer la banda sonora de “The Killing Fields”, estremecedora película de Roland Joffé sobre los campos de exterminio instaurados por los Jemeres Rojos en Camboya.
La relación de Joffé con el músico fue muy fluida. Oldfield comenzó a trabajar casi al mismo tiempo que el director. Éste le mandaba los diferentes rollos de película conforme los iba terminando y el compositor iba escribiendo y grabando la música que acompañaría a cada escena. Este trabajo lo hizo con la ayuda del Fairlight CMI, computadora musical que el músico venía utilizando desde “Five Miles Out” que aquí prácticamente iba a monopolizar el sonido de la obra. Con la música terminada, el artista se centró en el que sería su próximo disco de estudio pero hubo de interrumpir todo el trabajo cuando recibió una llamada indicándole que, debido a razones de montaje del film iba a necesitar más música con el pequeño detalle de que querían que esta fuera orquestal. Como ese no era su medio, Oldfield recurrió a su viejo colega David Bedford para realizar las orquestaciones como ya hiciera en el pasado con otras obras suyas como el propio “Tubular Bells”.
Terminado el trabajo, se procedió a grabar las partes orquestales con la Bavarian State Orchestra dirigida por Eberhard Schoener y el coro infantil Tölzer Boys Choir. Sólo dos músicos más aparte del propio Mike Oldfield (que toca guitarras y un buen número de sintetizadores) intervienen en la grabación: los percusionistas Preston Heyman y Morris Pert, viejo colaborador del compositor desde “Platinum”.
Como suele ocurrir con las bandas sonoras para el cine, “The Killing Fields” está compuesta de muchos temas de corta duración (apenas tres cortes superan los tres minutos). “Pran's Theme” abre el disco con una melodía preciosa y llena de intensidad, ejecutada por las cuerdas de la orquesta. Casi sin solución de continuidad enlazamos con “Requiem for a City” en la que se une el coro para multiplicar la fuerza emocional. Es aquí donde podemos reconocer al Oldfield de siempre en determinadas progresiones melódicas. “Evacuation” supone la aparición de la electrónica con mucha personalidad. Primero con un caos de sonidos metálicos de percusión y luego con una repetitiva secuencia a través de la que se filtra la melodía principal que luego será una de las centrales en la obra. Una nueva sección minimalista a base de “samples” entra a continuación antes de regresar al “ostinato” anterior al que se añaden algunos elementos más que refuerzan el angustioso tono general de la pieza hasta su conclusión en la que escuchamos ya la presencia de la batería.
Con “Pran's Theme 2” asistimos a una recreación del tema que abría el disco en una versión algo más elaborada con la aparición de instrumentos de viento como la trompa o la flauta antes de pasar a “Capture”. Aquí escuchamos los típicos sonidos de Fairlight que Oldfield emplearía, por ejemplo, en “The Lake” del disco “Discovery” grabado casi simultáneamente a éste. Hay muchas similitudes entre ambas piezas pese a que el tono aquí es muy diferente. “Execution” enlaza directamente con el final del corte anterior y funciona como si realmente no fueran piezas diferentes. Las percusiones son obsesivas y los sintetizadores nos golpean sin cesar manteniendo una tensión notable que se acrecienta en el largo final en el que sólo escuchamos largas notas sostenidas que recuerdan, en cierto modo al Ligeti que Kubrick seleccionó para su banda sonora de “2001, Space Odyssey”, probablemente una de las referencias de Oldfield a la hora de afrontar la banda sonora. “Bad News” nos deja escuchar por primera vez con claridad las guitarras del músico inglés en una breve pieza que podría ser el comienzo de una de sus canciones pop. Lo que fue la “cara a” del disco se cerraba con otra variación del tema inicial interpretada por violín, glockenspiel y fagot que dan paso a la orquesta instantes después en un momento típicamente “oldfieldiano”. Así termina “Pran's Departure” y pasamos a la “cara b” que se abre con “Worksite” que nos devuelve a los sonidos sintéticos y angustiosos. La única pieza que no firma Oldfield en todo el disco es un breve tema escrito por el propio David Bedford: “The Year Zero” en el que, de nuevo, la influencia de Ligeti es más que notable. Llegamos así a la rítmica “Blood Sucking” trufada de percusiones y efectos sonoros que nos meten de lleno en la selva camboyana. No sería la última vez en su carrera que Oldfield iba a caminar por estos territorios sonoros pero eso será motivo de otra entrada en el futuro. Se repite el motivo de Bedford en “The Year Zero 2” por unos instantes para pasar a dos cortes que aparecen unidos en el “tracklist”: “Pran's Escape” y “The Killing Fields”. El primero, a base de cuerdas en diálogo con los vientos, y el segundo coral “à la Ligeti”. “The Trek” es una de nuestras partes favoritas del disco. Comienza con una solemne fanfarria tras la que se dibuja una de las melodías centrales de la obra. El Oldfield más clasicista de toda la banda sonora consigue que nos preguntemos hasta dónde podría haber llegado de haber seguido por este camino.
De nuevo nos encontramos con dos cortes enlazados en uno: “The Boy's Burial” y “Pran Sees the Red Cross”. Ambos son recreaciones de melodías que hemos escuchado ya (la segunda con claras reminiscencias de la orquestación que el propio Bedford hizo de “Tubular Bells”) y nos dejan frente al tramo final del disco. “Good News”, es una alegre melodía de inspiración oriental interpretada casi exclusivamente con el Fairlight. Cerrando el trabajo tenemos el corte más conocido de la obra. Se trata de una recreación electrónica de “Recuerdos de la Alhambra” de Francisco Tárrega que Oldfield y Morris Pert improvisaron durante las sesiones de grabación decidiéndose su inclusión en el trabajo por la característica sonoridad del Fairlight que le daba un lejano aire oriental a la melodía. Recibió el título de “Étude” y sirvió como único “single” del disco.
Pese a que el resultado final fue prometedor, Oldfield nunca volvió a realizar una banda sonora. Entre los motivos se encuentran los clásicos esgrimidos por muchos músicos cuando tienen su primera experiencia en este campo: la presión por las fechas de entrega, la sensación de que no estás trabajando en una obra propia sino en la de otro y la falta de libertad creativa que eso supone por estar siempre condicionado por la decisión de una persona ajena que puede manipular a su conveniencia tu trabajo.
“The Killing Fields” se publicó poco después de “Discovery” y quizá por ello pasó bastante desapercibido y, aún hoy, es un disco “menor” dentro de la discografía de su autor. Con él se cerraba una etapa de siete años muy prolíficos en la carrera de Mike Oldfield en los que publicó siete discos de estudio (uno de ellos doble) y se embarcó en hasta seis giras en las que ofreció más de 300 conciertos (en algunos casos, dos el mismo día). Tras unos años tan intensos, el músico se tomó un descanso y estuvo unos años sin publicar ningún LP aunque en ese tiempo aparecieron algunos “singles” para mantener al artista en el candelero. Hablaremos en el futuro de esa etapa pero por ahora recomendamos la revisión de este trabajo, muchas veces olvidado.
domingo, 29 de marzo de 2015
Mike Oldfield - The Orchestral Hergest Ridge (1975)
Cuando David Bedford realizó la
transcripción para orquesta de “Tubular Bells” que fue publicada
en 1975, no se limitó a esa obra ya que también se encargó de
adaptar el segundo disco de Mike Oldfield, “Hergest Ridge”. Ambas
obras fueron interpretadas en directo en varias ocasiones en la época
con Steve Hillage o Andy Summers a la guitarra pero sólo la primera
de ellas conoció una versión el disco.
Los motivos pueden ser muchos pero
entre ellos no se encuentra la calidad de la adaptación ya que a
nuestro juicio (y es la opinión común por parte de los aficionados
al músico en la red) lade “Hergest Ridge” era mucho más
acertada e interesante que la anterior. Probablemente en el ánimo de
los directivos de Virgin (eufemismo para decir Richard Branson)
influyó la floja acogida de “The Orchestral Tubular Bells” para
decidir dejar en el cajón las grabaciones de “Hergest Ridge”
interpretado por una orquesta sinfónica. Durante mucho tiempo se
llegó incluso a dudar de la existencia de esa obra pero con el
tiempo, y gracias a internet, aquella música se hizo accesible,
primero en forma de disco pirata y después como descarga “irregular”
en decenas de webs.
En pocas ocasiones hemos comentado aquí
discos “piratas” o, como es el caso, grabaciones radiofónicas
pero la relevancia del autor y, ¿por qué no? la calidad de la
adaptación nos ha animado a hacer una pequeña reseña del “disco”
al que llamaremos así sólo a efectos prácticos.
Las dos obras orquestales fueron
interpretadas en diciembre de 1974 en el Royal Albert Hall londinense
con la Royal Philharmonic Orchestra dirigida por David Bedford siendo
retransmitida por la BBC la velada de estreno de ambas. De esa
emisión salieron varias copias pirata que circulan por ahí pero hay
una segunda retransmisión de 1976 con algo más de calidad
procedente de un concierto en Glasgow con la Scottish National
Orchestra de la que se dice que Virgin adquirió los derechos con
vistas a una posible publicación que nunca se llevó a cabo aunque
es cierto que hay quien afirma disponer de casettes originales de la
época con el disco en lo que sería una tirada muy reducida de cuya
existencia no hemos encontrado ninguna confirmación verosímil. Sí
que hay un CD pirata de 1999 en el que aparece la obra imitando el
“artwork” de la edición oficial de Virgin de “The Orchestral
Tubular Bells” de un modo muy logrado.
![]() |
| David Bedford y Mike Oldfield |
El comienzo de la obra es
extremadamente fiel al original con algún ligero añadido de
percusión. El poderoso bajo que aparecía en los primeros instantes,
es sustituído con acierto por los metales siendo esta la principal
novedad de los primeros momentos del trabajo. Desde el comienzo queda
clara la diferencia entre esta adaptación y la de “Tubular Bells”
que va más allá de la existente entre los discos originales. En su
revisión del “Opus 1”, Bedford parece luchar todo el tiempo para
“domar” una partitura rebelde, muy difícil de sujetar en muchos
momentos y la transcripción acusa este hecho sonando en exceso
dulcificada. Ahora es muy diferente y se aprovecha mucho mejor la
propia estructura de la obra (“Hergest Ridge”, tomada en
conjunto, es mucho más coherente que su predecesora) para dar su
espacio a todas las secciones orquestales con gran naturalidad de
modo que no suenan artificiosas en ningún momento. Especialmente
brillantes nos parecen las secciones en las que brillan las maderas,
que ya destacaban mucho en el álbum original. Los últimos instantes
de la primera mitad de la obra renuncian ligeramente al aire
sinfónico con la inclusión de campanillas que ya se oían en el
disco de 1974 que nos remiten a un ambiente mucho más bucólico y
cercano a una tarde en el campo que a una estricta sala de
conciertos. Es ahí donde escuchamos la segunda intervención de
Hillage a la guitarra en un estilo que parece querer asemejarse al
del propio Oldfield, cosa que consigue a medias.
El segundo gran segmento de “Hergest
Ridge” nos muestra un excelente arreglo de cuerdas que realza la
belleza de un pasaje ya de por sí bello. La elección del
violonchelo para interpretar la línea melódica principal es
brillante y su relevo por parte de la flauta fluye con una
naturalidad apabullante. A continuación llega el turno del violín
que ejecuta una serie de arabescos muy inspirados que no tenían esa
presencia en el disco de Oldfield tras los cuales gana protagonismo
la orquesta. Llegamos así a la que probablemente sea la sección más
brillante de la obra original y que en su sinfónica no rebaja ni un
ápice esta calificación aunque, sin duda, acusa la práctica
imposibilidad de emular las sensaciones que provoca un buen montón
de guitarras y bajos eléctricos sonando al mismo tiempo como ocurría
en la obra genuina. Se reserva un par de buenos solos Steve Hillage
en esta sección que contribuyen a compensar el déficit de energía
con respecto a la pieza original mientras suena un poderoso coro que
subraya el dramatismo de la sección. Desde ahí hasta el final, un
poco brusco en nuestra opinión, todo transcurre con normalidad
cerrándose así un arreglo muy notable por parte de David Bedford que
quizá mereció la misma oportunidad que tuvo el el de “Tubular
Bells” aunque, de haber sido así, ¿dónde habría parado la
serie? ¿tendríamos un “Orchestral Ommadawn”? ¿un “Orchestral
Incantations”? Quién sabe...
A pesar de que nunca fue publicada de
forma oficial, parte de la adaptación orquestal de “Hergest Ridge”
apareció en la banda sonora de la película documental “The Space
Movie” dirigida por Tony Palmer y estrenada en 1980 para conmemorar
el décimo aniversario del alunizaje del “Apollo XI”. Hubo planes
para editar el “soundtrack” en disco pero quedaron en nada. En
él, además de algún fragmento de “The Orchestral Hergest Ridge”,
sonaba su homólogo de “Tubular Bells”, algún extracto de
“Ommadawn” o “Incantations” y el single “Portsmouth”.
Si tenéis la suerte de encontrar
alguno de los CD piratas que existen con la grabación, es posible
que esté acompañada de otra interpretación en directo de un
extracto de “The Orchestral Tubular Bells” tal y como sonó en
las representaciones que de las dos obras se hicieron en la época. A
pesar de no tener carácter oficial, no creemos que ningún fan de
Oldfield quede decepcionado si escucha la obra que hoy hemos
reseñado.
domingo, 1 de septiembre de 2013
David Bedford - The Rime of the Ancient Mariner (1975)
Hay músicos que
en la mente de los aficionados siempre aparecen asociados a otros y, en muchos
casos, relegados a un segundo plano, víctimas de esa asociación automática e
inevitable. Recientemente hablamos de uno de ellos: Alexander Balanescu,
siempre ligado a Michael Nyman pero la lista sería mucho más extensa. En la
mayoría de las ocasiones, esa asociación se convierte en una injusticia porque
oculta los méritos y la calidad de la obra propia del artista “secundario”.
Hoy hablamos de
David Bedford, compositor y teclista británico cuya trayectoria estuvo
ensombrecida, primero, por Kevin Ayers, quien le requirió para orquestar uno de
sus trabajos, antes de incorporarle como teclista a su banda y, más tarde, por
Mike Oldfield convirtiéndose en el complemento perfecto; el filtro que serviría
para dar forma al torrente de ideas que surgían de la mente del inquieto niño
prodigio. Con Oldfield, Bedford inició una colaboración que dio como resultado
los mejores trabajos del autor de Tubular Bells. Lo curioso del tema es que la
historia bien pudo desarrollarse de modo distinto ya que fue Oldfield quien
comenzó tocando el bajo y la guitarra en los primeros discos de Bedford (el
primero de ellos, anterior a “Tubular Bells”). Sea como fuere, la trayectoria
de David con sus discos en solitario es más que interesante y podemos encontrar
en ella varios trabajos notables.
El estilo de
Bedford es muy personal y en él se combina la composición para orquesta, formas clásicas no exentas de toques
vanguardistas, piezas para teclado, obras más cercanas al rock sinfónico, etc.
El músico, cuyas primeras obras grabadas acompañaban a piezas de Ligeti en el
sello Deutsche Grammophon (lo que da una idea de su relevancia), había
publicado ya dos LPs antes del lanzamiento del que hoy nos ocupa con desiguales
resultados. El nuevo proyecto era más ambicioso que los dos anteriores: se
trataba de poner música al poema de Samuel Coleridge, “The Rime of the Ancient
Mariner” incorporando la narración de Robert Powell en determinados pasajes, siguiendo
una moda de la época cuyo ejemplo más significativo quizá fuera la recreación
del “Viaje al Centro de la Tierra” por parte de Rick Wakeman. El poema de
Coleridge es una de sus obras más reconocidas y para muchos, supone la llegada
del romanticismo a la literatura inglesa.
En la grabación,
Bedford toca prácticamente todos los intrumentos: pianos, órganos, flautas,
violines, percusiones... dejando la guitarra, como no podía ser de otro modo, a
Mike Oldfield. El actor Robert Powell se encarga de la narración y varios
alumnos del Queen’s College integraron el coro.
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| Una de las maravillosas ilustraciones de Gustave Dore para la edición del libro. |
El disco se
divide en dos partes por necesidades del guión (léase capacidad del disco de
vinilo). La primera cara la abre una fanfarria de corta duración que no es sino
la adaptación de la danza “La Mourisque” del compositor renacentista holandés
Tielman Susato. A partir de ahí y tras una breve introducción del narrador
entramos en un pasaje a base de piano y distintos instrumentos de teclado absolutamente
vanguardista, atonal y nada sencillo de escuchar. Es evidente que el valor como
músico de Bedford iba mucho más allá de su faceta de simple arreglista para
otros. Nueva intervención del narrador y entramos en una sección en la que el
órgano pone el fondo sobre el que escuchamos distintos instrumentos de
percusión creando un ambiente absolutamente fantasmagórico. No cuesta
imaginarse al viejo barco de la narración desplazándose lentamente por un mar en calma y rodeado de bruma por
todas partes. Un “fortissimo” del órgano muestra el momento central del
argumento, en el que el marinero abate un albatros, signo de mal agüero para
los navegantes de la época y volvemos entonces a la cacofonía pianística del
comienzo sobre la que destacan unas ominosas notas fugaces de órgano y flauta
que nos transportan de la inquietud al pánico. Vuelta a la narración antes de
entrar en una nueva sección de corte minimalista con el órgano jugando con una
monótona sucesión de notas una y otra vez mientras las flautas recuperan la
alegre melodía inicial pero a una velocidad mucho más lenta consiguiendo
convertir una animada tonada en un lúgubre presagio de desgracia. No tarda en
llegar ésta cuando los órganos asumen el protagonismo total repitiendo la frase
que antes ejecutaban las flautas decayendo lánguidamente hacia el final de la
cara del disco.
Comienza la cara
B del disco de forma parecida al final de la anterior pero con un hilo de
optimismo. Siguen sonando los órganos y continúan ahí las notas perdidas de la
danza de Susato. Tampoco hemos perdido de vista al piano que interviene
ocasionalmente, como para recordar que sigue ahí en los momentos previos a la
aparición de la inconfundible guitarra de Oldfield que ejecuta una serie de
notas sueltas, como deslavazadas en una especie de letanía procesional durante
unos minutos que va enriqueciéndose poco a poco en diálogo con el órgano y el
piano en un pasaje que nos recuerda ligeramente al arreglo orquestal realizado
por el propio Bedford de “Tubular Bells”, uno de cuyos fragmentos nos mostraba
también a Oldfield a la guitarra. Concluído este episodio volvemos al
minimalismo con una espiral de órgano que se nos antoja ciertamente deudora de
la obra de Terry Riley. La adición de unas voces distorsionadas, de carácter
fantasmagórico, acrecienta la sensación de pesadilla de trance onírico de todo
el fragmento. Súbitamente llegamos al gran momento del disco, un remanso de paz
en medio del terror en el que Bedford acopla la canción tradicional “The Rio
Grande” a un fondo de piano que nos recuerda por fuerza al “Ave María” de
Gounod construido sobre una melodía de J.S.Bach. El coro angelical que
interpreta la canción se ve reforzado por la guitarra de Oldfield en una
intervención preciosa. La severa ralentización de la canción original propuesta
aquí por Bedford la mejora hasta convertirla en un himno que podría acompañar
cualquier oficio religioso. Desde aquí hasta el final, aún queda tiempo para
disfrutar una bonita secuencia de piano, llena de ritmo, acompañada por un
crescendo de órgano que culmina con lo que es el final de la obra, recuperando
la fanfarria inicial para cerrar así el disco.
“The Rime of the Ancient Mariner” no es un disco fácil y
tampoco tuvo una gran acogida comercial. El tema no era excesivamente popular
y, a pesar de ser los setenta una época de gran experimentación en la que las
propuestas más descabelladas tenían su hueco en un panorama artístico
riquísimo, la música de Bedford se quedó a medio camino entre la
experimentación más radical de su primer disco en solitario y una apuesta más
clara por el rock o incluso el pop que, con seguridad, le habrían dado más
réditos de todo tipo. No obstante, consideramos que el trabajo es una obra
a tener muy en cuenta y que merece la pena hacer el esfuerzo y darle un par de
escuchas de vez en cuando aunque, como hemos indicado en varias ocasiones, no
es un disco de sencilla asimilación. Afortunadamente, el disco no es complicado de encontrar hoy en día. Lo tenéis a vuestra disposición en los siguientes enlaces:
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lunes, 4 de marzo de 2013
Mike Oldfield - Exposed (1980)
Puede sonar raro pero lo cierto es que hasta hace poco tiempo, sólo existía un disco en directo publicado por Mike Oldfield. Ignoramos los motivos pero no será ni por falta de giras (el músico hizo varias, especialmente a comienzos de los ochenta) ni de acogida comercial del posible lanzamiento (“Exposed” agotó pronto la primera edición).
Ya comentamos en alguna ocasión cómo a finales de los años setenta, Oldfield experimentó un importante cambio convirtiéndose en una persona mucho más abierta y expansiva. Quizá por ello, el lanzamiento de “Incantations” se vio secundado por la primera gran gira del músico por varios países europeos. Siempre que hablamos de grandes giras de figuras del rock progresivo nos encontramos una serie de lugares comunes que se repiten en el caso del tour de Oldfield y compañía: éxito absoluto en términos artísticos, llenos casi continuos y descalabro económico como resultado final de todo el invento. Cuesta creer que todos los managers y promotores de conciertos de la época tuvieran problemas con las matemáticas más básicas pero si hemos de fiarnos de las leyendas, todos y cada uno de los grandes del progresivo se dieron algún batacazo económico tras conciertos o giras en los que se agotaban los billetes. La lista es larga y abarca desde Rick Wakeman y su concierto en una pista de hielo con ocasión del lanzamiento de su disco sobre los mitos artúricos en 1975 hasta la deficitaria gira de Pink Floyd centrada en “The Wall”. Raro es el grupo que no cuente con una gira ruinosa en su haber.
Sea como fuere, Oldfield no reparó en gastos para la gira buscando siempre conseguir un sonido lo más cercano al del disco sin recurrir a partes pregrabadas como empezaba a ser habitual en los conciertos de la época. De este modo, se reunió una banda formada por el propio Oldfield (bajo, guitarras), Nico Ramsden (bajo, guitarras), Phil Beer (guitarra y voces), Pierre Moerlen (batería, percusiones), Mike Frye (percusión), Benoit Moerlen (percusión), David Bedford (percusión), Ringo McDonough (bodhran), Pete Lemer (teclados), Tim Cross (teclados), Maddy Prior (voz) además de una sección de cuerda de 18 músicos, un coro de 16 cantantes (habituales colaboradores de David Bedford), cuatro trompetistas y dos flautistas. El repertorio iba a estar centrado en “Incantations” y se completaría con la interpretación íntegra, ¿cómo no? De “Tubular Bells”. De regalo, el single “Guilty” aparecido en las fechas previas al comienzo de la gira que dio inicio en Madrid, continuó en Barcelona y de ahí partió hacia Bélgica, Francia, Holanda y Alemania (si hacemos caso a las notas de la edición en CD del disco del año 2000) aunque también pasaría por Dinamarca y el Reino Unido. Sospechamos que el hecho de que no se mencionen estos dos últimos países puede tener que ver con que no se utilizara ninguno de los conciertos celebrados en ellos para la confección del doble LP.
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| Escena de uno de los conciertos de la gira. |
“Incantations (Parts 1 & 2)” – Por algún motivo, en el disco se decidió “unir” estas dos partes así como las dos siguientes en sendas piezas únicas, en lugar de respetar su separación original. Como suele ser común en los discos en directo, las versiones en ellos incluidas son extractos editados de los conciertos originales, habitualmente de mucha menor duración. Así, nos encontramos las dos primeras partes de “Incantations” reducidas a una longitud apenas superior a los 25 minutos en contraste con los casi 40 del original. Sin embargo, la grabación no se resiente y es que la versión ofrecida por Oldfield y su banda de un disco tan complicado de trasladar al directo, es extremadamente fiel a la vez que incorpora hallazgos notables, especialmente en forma de arreglos de piano al final de una primera parte, por todo lo demás, muy dinámica y con un ritmo mucho más vivo que el disco original. Lo que en los primeros minutos suena como una versión “acelerada”, termina por mostrarse como una revisión muy acertada. La segunda parte de “Incantations” vuelve al ritmo reposado de un disco al que respeta enormemente aunque incorpora alguna novedad brillante como las cuerdas que acompañan a la luminosa progresión de la flauta que aparece en la parte central. Los últimos instantes del corte nos muestran la magnífica voz de Maddy Prior interpretando la preciosa canción con la que concluye el primero de los discos que componían “Incantations” y la primera cara de este doble disco que era “Exposed”.
“Incantations (Parts 3 & 4)” – Si se le puede poner algún “pero” a la versión en directo de “Incantations”, tendríamos que situarlo justo en la que es, a nuestro juicio, la parte más brillante del disco original: la fanfarria que abre la “parte 3”. En su revisión en directo pierde buena parte de la energía que mostraba en el disco y el sonido de piano eléctrico utilizado en la gira no le hace ningún favor. Hecho este comentario, lo cierto es que a partir de ese instante, la cosa gana muchos enteros y los arreglos de la siguiente sección se cuentan entre los más interesantes de todo el disco con una guitarra mucho más dura y momentos que se acercan al rock duro, destacando la intervención de Moerlen a la batería, justo antes de llegar a la sección de cuerda que anticipa su paso al vibráfono, instrumento en el que el malogrado Moerlen era un consumado maestro, para hacer una breve intervención, preludio de lo que llegará después. Oldfield decide aquí hacer un salto eliminando de “Exposed” una de las secciones más largas del disco original con buen criterio ya que podría resultar algo pesada en directo por las continuas repeticiones y su aire minimalista para pasar directamente a la parte final de “Incantations”, la más hipnótica y hechizante (valga la redundancia) de todo el disco y aquella en la que el vibráfono tiene un papel más destacado marcando un ritmo continuo sobre el que bajo, guitarra y demás instrumentos preparan el canto final a cargo del coro.
“Tubular Bells (part 1)” – La gran sorpresa de los conciertos iba a ser la interpretación de “Tubular Bells” por lo de rompedora y original que tenía la nueva versión del clásico. El inicio era todo lo convencional y ajustado a la versión conocida por todos que podía esperarse pero enseguida escuchamos unos primeros arabescos de guitarra que nos ponen sobre aviso de que algo distinto estaba a punto de pasar. Y así era, la aparición de la batería y el bajo acompañándonos durante varios minutos con un ritmo casi funk con gotas de música disco anticipaban esta novedad. Los violines y la flauta se encargarían del segmento melódico que sigue a la introducción, lo que no es anecdótico si tenemos en cuenta que ninguno de esos instrumentos aparecía en el disco de 1973. La siguiente etapa tiene muchos más elementos rockeros que el original y la conjunción de guitarra y batería no tiene mucho que envidiar a los momentos más clásicos del rock progresivo, género al que esta adaptación al directo se acerca más si cabe que cualquiera de las revisiones anteriores o posteriores del disco. Desde aquí hasta los momentos finales, no hay muchas novedades pero llegando al final de esta parte encontramos los momentos más memorables del disco con unos arreglos absolutamente fastuosos y la banda tocando mejor que nunca. A falta de narrador que introduzca los distintos instrumentos, tenemos un guitarra absolutamente funky marcando un ritmo continuo como el que suele acompañar a la presentación de los músicos en un concierto pero sin una voz que haga las veces de maestro de ceremonias. A partir de ahí, tenemos un final apoteósico con los metales y las percusiones acompañando la aparición estelar de las campanas tubulares.
“Tubular Bells (part 2)” – La segunda parte de “Tubular Bells” es recortada de forma dramática de manera que comienza en la conocida parte del “hombre de las cavernas”. Sin embargo, igual que los minutos finales de la parte anterior revelaban la ausencia de narrador, aquí tampoco habría troglodita alguno. La sorpresa es que, para suplirlo, Oldfield recurre al bonito arreglo que Bedford hizo de ese fragmento concreto para la versión orquestal de “Tubular Bells” y que era uno de los momentos más destacados de aquella adaptación. Tras este fragmento, tenemos una larga pieza rock muy diferente de lo que sonaba en el disco del 73 pero que merece mucho la pena. Cerrando este breve fragmento en el que se condensa la cara B de “Tubular Bells” tenemos una encantadora versión de “The Sailor’s Hornpipe” con las tradicionales cucharas irlandesas como percusión y desenfrenados solos de violín en un acertado final. Podeis ver un fragmento del concierto de Londres, distinto del recogido en el doble CD.
“Guilty” – El último corte de “Exposed” es la versión en directo de “Guilty”, el single discotequero que apareció poco antes del inicio de la gira y que se revela perfecto para que los músicos puedan explayarse a sus anchas. Una vez más, Pierre Moerlen da una auténtica lección al vibráfono y el propio Oldfield se guarda un buen sólo de guitarra cerca del final, que llega enlazando la rítmica pieza con la melodía del final de la cara B de “Tubular Bells” a ritmo disco poniendo un simpático broche final al trabajo.
“Exposed” fue durante mucho tiempo el único disco en directo publicado por Oldfield. Muchos años después se publicó un segundo con el concierto del milenio en Berlín pero desde un punto de vista artístico, no hay comparación posible entre ambos. También existe un DVD con el mismo título de “Exposed” con la diferencia de que el contenido no procedía de distintos momentos de la gira del 79 sino que recogía un concierto concreto. Los incondicionales de Oldfield deberían tenerlo en sus estanterías al igual que el doble CD. Para ponerles las cosas más fáciles, dejamos los siguientes enlaces:
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miércoles, 5 de diciembre de 2012
Mike Oldfield - QE2 (1980)
Como comentamos no hace mucho tiempo, “Platinum” supuso una especie de liberación en la carrera de Mike Oldfield, con la que ocurrieron varias cosas: el músico pudo relajarse y componer piezas más cortas y simples, alejadas de las épicas suites de sus inicios, se pudo relacionar de un modo más “musical” (si se nos permite la expresión) con otros músicos, intercambiando ideas y llegando a colaboraciones mucho más bidireccionales que antaño y perdió el miedo a homenajear e incluso interpretar a otros artistas a los que había admirado en su infancia. Todo aquello que sucedió con el citado disco, tuvo su continuación de manera más intensa si cabe con el siguiente.
Existe una leyenda que siempre acompaña a cualquier comentario sobre Oldfield que pretenda alcanzar una cierta profundidad y habla de los habituales conflictos entre el artista y Richard Branson, su principal valedor en sus comienzos y dueño y señor de Virgin Records. Es evidente que existieron roces, especialmente en los últimos años del contrato de Oldfield con la discográfica pero creemos que no todo lo que se decía era completamente cierto. Según la historia más o menos aceptada, Branson fue el responsable, en grado de incitación, del giro hacia el pop de la música de Oldfield que tuvo lugar en los ochenta, cuando el artista llegó a los primeros puestos de las listas más comerciales. Por su parte, siempre se ha dicho que el músico exigía de Branson un mayor esfuerzo promocional para su obra, a la que creía maltratada por la discográfica en comparación con otros nuevos artistas. En estos casos, la historia siempre se pone de parte del músico quien, al fin y al cabo, es el que suscita el mayor interés de los aficionados. Sin embargo, viendo algunos de los trabajos que publicó Oldfield tras su salida de Virgin, alguna de las teorías conspirativas no se sostiene.
Alrededor de “QE2” también circulan este tipo de comentarios que señalan que Mike buscaba mayor promoción, especialmente en el mercado americano y que, a cambio, Richard le pidió composiciones más cortas y “vendibles”, incluso, a ser posible, alguna canción con gancho. Oldfield cedería en la primera parte pero no en la segunda y la prometida promoción se quedó en nada (también se afirmó que la inclusión en el disco de versiones de ABBA y los Shadows fue una exigencia de Virgin, pasando por alto que ambos grupos eran admirados por el músico desde tiempo atrás, por lo que no choca en absoluto su elección). Sea como fuere, parece que Oldfield quedó muy satisfecho de varios aspectos que fueron novedosos en “Platinum” y que ahora se repetían como ocurría con la formación de una pequeña banda que participaría en la grabación o la colaboración con un productor “externo”, ajeno al mundillo del artista de Reading. Para este papel, se escogió, a David Hentschel, productor relacionado con Genesis a partir de 1976 tras varios intentos fallidos como artista en solitario. De la mano de Hentschel llegaron otros músicos invitados, destacando especialmente el batería Phil Collins.
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| Imagen el "Queen Elizabeth 2", abreviado a QE2 que inspira el nombre del disco |
“Taurus I” – La apertura del disco, con la melodía de mandolina de Oldfield acompañada de percusiones poco convencionales descubría una tendencia insospechada a priori en el nuevo disco: la música celta. Evidentemente, “QE2” no es un disco de música celta, ni mucho menos pero sí que deja translucir muchos guiños al género. El primero de ellos, desde sus instantes iniciales. Aparecen poco después unas voces en segundo plano resaltando la melodía inicial y tras ellas llega el primer giro del tema con la entrada de la batería y la guitarra eléctrica, lanzando al aire los primeros e inconfundibles “riffs” marca de la casa. Termina el segmento con una transición más tranquila marcada por una bonita melodía sintética simulando una flauta. El reinado de los sintetizadores analógicos tocaba a su fin y los últimos modelos incorporaban gran cantidad de sonidos de fábrica y menos posibilidades de modificar estos timbres. Se dice que uno de estos cacharros era el Korg Sigma, utilizado en el disco probablemente para este tipo de efectos de flauta. Tras el interludio, la acción vuelve a intensificarse con la llegada de las percusiones y una melodía en cuya ejecución de alternan las cuerdas, los teclados y la propia guitarra eléctrica de Mike. Es en estos momentos finales en los que encontramos al músico más próximo al de las grandes suites de sus comienzos derrochando imaginación y destreza a partes iguales. Aparecen en el último momento efectos de vocoder, instrumento que sería utilizado con profusión en éste disco y en el siguiente. “Taurus”, con un enigmático “I” a continuación, hacía referencia al signo zodiacal del propio músico y era la primera parte de una interesante pieza cuya continuación no encontraríamos en “QE2” como cabría esperar sino en discos posteriores. [Mike Oldfield: mandolina, bajo, sintetizadores, banjo, arpa celta, caja de ritmos, timbales, guitarra eléctrica, piano, percusiones, vocoder. Phil Collins: batería. Mike Frye: percusión. Maggie Reilly, voces. David Hentschel, sintetizadores.]
“Sheba” – Lleno de misterio nos recibe el segundo corte del disco, con una melodía vocal, tremendamente distorsionada por el vocoder citado anteriormente a la que se añade la percusión y la voz de Maggie Reilly, debutante con Oldfield en una grabación de estudio e inconfundible intérprete de muchos de los clásicos del británico en los años posteriores. Con la entrada de la guitarra eléctrica y la batería, “Sheba” iba a transformarse inmediatamente en una inconfundible pieza “olfieldiana”. [Mike Oldfield: vocoder, percusiones, guitarra eléctrica, bajo, sintetizadores. Phil Collins: batería. Mike Frye: percusión. Maggie Reilly, voces]
“Conflict” – Entramos en territorios extraños con el siguiente tema. Para empezar, nos encontramos con una rara percusión interpretando un ritmo sincopado y sin más preámbulos, entran las cuerdas sintéticas y un enérgico “riff” guitarrero. En este ambiente desenfrenado hay tiempo para todo: descargas eléctricas a cargo del guitarrista, solos de teclado, un bajo pleno de inspiración, referencias clásicas (se apunta la melodía de un fragmento de los Conciertos de Brandemburgo de J.S.Bach, incluso). El corte es demasiado breve para todo lo que se sugiere en el mismo y sirve como preámbulo al cierre de la cara A del disco. [Mike Oldfield: guitarra, bajo. Tim Cross: piano, sintetizadores. Mike Frye: percusiones. Morris Pert: batería]
“Arrival” – Y para ello, Oldfield recurre a una melodía de los suecos de ABBA, aunque no escoge una de las más populares sino una rareza, casi instrumental en su tratamiento original. Llama la atención esta elección ya que, si escuchamos la pieza en la interpretación de los suecos, tiene todas las trazas de una melodía tradicional escocesa con una sonoridad que pide a gritos la aparición de una banda de gaiteros. Ya señalamos que había una cierta influencia celta sobrevolando el disco y creemos que el que sea éste y no otro el tema de ABBA a interpretar, tiene toda la intención en ese sentido. Por lo demás, Oldfield mejora con creces, en nuestra modesta opinión, la composición primigenia. [Mike Oldfield: guitarras, percusiones, arpa, bajo, mandolina, sintetizadores, vocoder, voces. David Hentschel: sintetizadores, batería, voces. Maggie Reilly, voces. Choir English Chorale. David Bedford, director y arreglos.]
“Wonderful Land” – La cara B del disco comienza como acababa su reverso, con otra versión, en este caso de los Shadows, grupo idolatrado por Oldfield en su juventud. Podemos apreciar aquí, si nos tomamos unos minutos para compararla con la original, el momento de inspiración en que Mike decidió dar su propia visión de la pieza. El instrumental de los Shadows era un inocente tema rock, algo naïf, escuchado hoy en día pero con una preciosa melodía. Oldfield, respetando una por una cada nota del original transforma la pieza en otra distinta, jugando con elementos ajenos a la composición de Jerry Lordan como las percusiones africanas (pero ejecutando ritmos celtas), alterando el tempo de determinadas partes e incorporando nuevos instrumentos como mandolinas, o sintetizadores revitaliza el tema hasta un punto insospechado. A pesar de ser ambas versiones, no es de extrañar que tanto “Arrival” como “Wonderful Land” fueran los cortes escogidos como singles del disco. [Mike Oldfield: guitarras, bajo, sintetizadores, percusión, marimba, mandolina, vibráfono. David Hentschel: sintetizadores, David Bedford, arreglos de cuerda]
“Mirage” – La presencia del vibráfono en el inicio del tema contribuye a crear un ambiente misterioso que nos recuerda al reciente “Woodhenge” del anterior “Platinum” y en una línea similar a la de aquel, transcurren los primeros instantes del tema hasta la aparición de los teclados y la guitarra acústica con un tratamiento muy similar al que sería utilizado años más tardes en esa obra maestra que fue “Amarok” y es que, mientras escribimos estas líneas, nos damos cuenta de que muchos de los elementos que hicieron grande ese disco, comenzaban a apuntarse, precisamente, en este “Mirage”. Volvemos a echar la vista atrás hasta “Platinum” cuando aparecen los metales y pensamos en “Charleston”, por ejemplo mientras el tema se despide de un modo un tanto brusco. [Mike Oldfield: vibráfono, sintetizadores, guitarras, bajo, timbales, vocoder. Mike Frye: vocoder, batería. Raul D’Oliveira: trompeta. Guy Barker: trompeta. Paul Nieman: saxo. Philip Todd: saxo tenor. David Hentschel: arreglos de viento].
“QE2” – Llegamos así al corte que da título al disco. Señala Oldfield que el sonido de los primeros minutos le recordaba la inmensidad del océano y pensó en titularlo “Titanic” pero por evitar un cierto gafe que podía ir asociado con ese nombre, optó por un barco de menor calado como el “Queen Elizabeth 2”. “QE2” es una de las mejores composiciones del disco; construida como un continuo crescendo en sus minutos iniciales, paulatinamente se van añadiendo capas y capas de instrumentos a la melodía principal hasta que tema se interrumpe con la llegada de los metales que entonan una especie de fanfarria, prólogo de la segunda parte protagonizada por los destellos de la guitarra del músico antes de romper en uno de los fragmentos más alegres del disco, emparentado a partes iguales con el famoso segmento bautizado como “caveman” de “Tubular Bells” y con el jolgorio celta de los mejores minutos de “Ommadawn” sustituyendo las “uillean pipes” de Paddy Moloney por las más modestas “northumbrian bagpipes” interpretadas por el propio Oldfield en alegre diálogo con el resto de instrumentos. Entre gaitas anda el juego en todo caso en una pieza realmente memorable. [Mike Oldfield: sintetizadores, guitarras, bajo, percusiones, mandolina, gong, northumbrian bagpipes. David Hentschel: batería, sintetizadores. Mike Frye: batería, percusiones. Raul D’Oliveira: trompeta. Guy Barker: trompeta. Paul Nieman: saxo. Philip Todd: saxo tenor. David Hentschel: arreglos de viento].
“Celt” – Al igual que ocurría con “Conflict”, nos desconcierta en los primeros instantes la percusión que abre la pieza pero, en lugar de proseguir por los caminos tormentosos de aquella, la voz de Maggie Reilly convenientemente distorsionada por el vocoder termina por acercar la canción a los territorios de “Sheba”. [Mike Oldfield: sintetizadores, guitarra, bajo. Mike Frye: percusiones. Tim Cross: piano, sintetizadores. Maggie Reilly: voces]
“Molly” – Como cierre del disco, Oldfield escoge una íntima tonada interpretada principalmente con la guitarra acústica a modo de nana para su hija Molly poniendo un broche perfecto para un disco magnífico. [Mike Oldfield: guitarra, bajo, voces]
Con “QE2”, Oldfield cierra una pequeña etapa de dos discos, grabados en un corto espacio de tiempo y que sirve como transición entre su primera etapa, basada en largos instrumentales y una nueva versión del músico de Reading que asomaría a partir del próximo trabajo y de la que habrá tiempo de hablar más adelante. Si prescindimos del hecho de que en “QE2”, la música está segmentada en cortes de una duración más o menos breve con respecto a, por ejemplo, “Ommadawn”, creemos que no hay una diferencia tan importante entre ambos trabajos y es que, a pesar del carácter independiente de cada una de las piezas del disco que hoy nos ocupa, con unas transiciones más o menos elaboradas entre las distintas secciones del trabajo, podrían haber pasado perfectamente por una o dos largas suites como las que caracterizaron al Oldfield más clásico. En cualquier caso, creemos que “QE2” es un disco que merece mucho la pena, independientemente de las comparaciones con trabajos anteriores. Igual que sucedía con “Platinum” (y con toda la discografía anterior de Oldfield), disponemos de una reciente reedición en la que se complementa el disco original con algunas caras B de singles, remezclas actuales de alguno de los cortes y, especialmente, con un segundo CD que recoge parte de una actuación en directo de la gira europea que Oldfield y sus músicos emprendieron en los meses posteriores a la aparición del disco. Podeis adquirir esta nueva edición en los siguientes enlaces:
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Nos despedimos con un medley en directo de "Taurus I" y "Sheba":
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miércoles, 3 de octubre de 2012
Mike Oldfield - Platinum (1979)
Mike Oldfield ha sido siempre un tipo con una personalidad más que complicada: introvertido, vulnerable en muchos momentos y muy inseguro a pesar (o quizá por ello) de ser una estrella desde muy joven. Con la publicación de “Incantations” y la gira monumental que siguió al disco, tenemos, quizá, su versión más grandilocuente. Era aquel un disco inmenso en varios aspectos y no sólo en su duración. Es presumible que todo su proceso de creación y grabación fuera agotador en todos los sentidos. Escuchando su siguiente trabajo, “Platinum”, se diría que tras subir a lo más alto, Oldfield sintió la necesidad de acercarse al público, de comunicar sus ideas de un modo más directo, de abrirse, en una palabra. Es bajo esa perspectiva como queremos analizar el que fue su siguiente paso en forma de disco.
Poco después de la publicación de “Incantations”, Oldfield viajó a Nueva York junto con Richard Branson para conocer las nuevas oficinas de Virgin en la Gran Manzana. El ambiente neoyorquino entusiasmó a Mike quien creyó interesante volver, alquilar un estudio y juntarse con músicos locales para tocar juntos y ver qué salía del experimento. Es ahí donde entra en escena la persona de la cantante Clodagh Simmonds. De origen norirlandés, la artista había colaborado con Oldfield en “Hergest Ridge” y “Ommadawn” antes de trasladarse a Nueva York para continuar con su carrera musical. Clodagh trabajaba con varios músicos locales y era amiga del compositor Philip Glass, con lo que no tardó en presentar a Oldfield al ingeniero de sonido habitual del músico neoyorquino, Kurt Munkacsi, quien iba a ser el encargado de contratar a los instrumentistas participantes en las sesiones. Uno de los primeros resultados sería el single “Guilty”. En palabras de Oldfield: “Había un bajista que me impresionó. Se llamaba Neil Jason y tocaba el bajo sin trastes. Viéndole tocar en una de las sesiones escribí un par de acordes que fueron la base de la canción. Cuando volvimos con las cintas a Inglaterra le pedí a Steve Winwood que tocase algunos teclados en la parte final del tema. Al escuchar “Guilty”, la gente de Virgin alucinó y aseguraron que era un hit en potencia”. Efectivamente, lanzado como single en las fechas previas al comienzo de la gira europea de “Incantations”, alcanzó los primeros puestos en las listas y se incorporó al repertorio de los conciertos como uno de los momentos más intensos de los mismos.
Al margen de “Guilty”, de las sesiones grabadas en Nueva York, Oldfield se trajo abundante material que terminaría por formar parte de su próximo álbum bajo el título de “Platinum”. Además del citado Neil Jason, participaron en las grabaciones el también bajista Hansford Rowe (músico de jazz local que poco antes, junto con Pierre Moerlen, formo parte de la escisión de los Gong originales y de su transformación en los Pierre Moerlen’s Gong) o el batería Allan Schwartzberg (colaborador en discos de gente tan variopinta como Gloria Gaynor, James Brown, Peter Gabriel, o Meco). Tras regresar a Gran Bretaña, Oldfield completó la grabación del disco en el que también intervienen Morris Pert (percusión), Peter Lemer (teclados), Nico Ramsden (guitarra), Pierre Moerlen (percusiones), Wendy Roberts (voz), Francisco Centeno (bajo), Sally Cooper (tubular bells), Peter Gordon, Michael Riesman (arreglos de metales) y David Bedford (arreglos vocales). El propio Oldfield sigue tocando varios instrumentos pero muchos menos que en sus discos anteriores. Se limita en “Platinum” a las guitarras, teclados, percusiones y alguna voz.
En los comentarios de la reciente reedición del disco, llama la atención una frase que ya hemos citado antes en la que Oldfield afirma que quiso juntarse en Nueva York con músicos distintos y juntarse para tocar para ver qué salía de allí “porque es algo que se supone que hacen los músicos”. No parece algo anecdótico, desde luego. De repente, Oldfield se ve a sí mismo como un músico “normal”, deseoso de interactuar con otros e intercambiar ideas haciendo “lo que se supone que hacen los músicos”. Tampoco parece casual que en “Platinum” aparezcan versiones de otros artistas por primera vez en un disco de Oldfield (algo que se repetiría en discos posteriores) y es que las sesiones neoyorquinas fueron, además de fructíferas, muy divertidas. Circula un video por ahí de una jam-session en la que la banda interpreta su propia versión del “All Right Now” de Free, muy ilustrativo. Tenemos, pues, a un Oldfield nuevo, más abierto y comunicativo, y eso se refleja también en la música. Ya no va a haber grandes suites ininterrumpidas que ocupen una cara del disco cada una, llenas de una cantidad de ideas apabullante, extensos desarrollos y un aire trascendente y de gran seriedad sino cortes más breves (con matices) y múltiples guiños humorísticos. Oldfield se ríe de sí mismo y ese cambio de actitud da a la obra una frescura que no estaba presente en trabajos anteriores.
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| Oldfield en una imagen de la época |
“Platinum – Part 1: Airborne” – La primera novedad del disco para el seguidor de Oldfield era que ya no estaba dividido en “partes” como hemos indicado. Sí que existía una suite más o menos larga con el mismo título del disco pero también segmentada en cuatro etapas bien distintas entre sí. La primera de ellas se abre con una secuencia de notas electrónicas repetitivas en lo que podía ser una especie de actualización del comienzo de “Tubular Bells”. No tarda en aparecer una guitarra baja realmente dinámica ascendiendo y descendiendo por la escala de un modo alegre y muy expansivo. Un breve riff de guitarra eléctrica actúa como introductor de la batería y de una serie de secuencias percusivas (vibráfono principalmente). La guitarra eléctrica de Oldfield lleva la voz cantante, valga la expresión, durante toda la composición con un protagonismo que no tenía habitualmente. Tras este breve interludio, la batería pasa a un registro más agresivo, siendo imitada por la guitarra en una especie de guiño al rock duro. Es también aquí donde los teclados toman la palabra por un breve instante que lleva a otra sección dominada por el vibráfono, una especie de momento de relajación antes de la segunda parte.
“Platinum – Part 2: Platinum” – Sin solución de continuidad, la guitarra eléctrica comienza a desgranar una nueva melodía con el apoyo de la batería que marca un ritmo imperturbable. Estamos ante lo que podría ser un “blues” algo acelerado entre cuyas notas se cuelan algunos destellos electrónicos y que es, quizá la parte central del disco por cuanto se trata de la melodía más elaborada del trabajo, sin cambios bruscos y con un desarrollo realmente trabajado. En el tramo final, podemos disfrutar de un gran trabajo del bajista durante unos instantes que precede a los primeros rasgos humorísticos del disco con el propio Oldfield entonando una serie de notas vocales a modo de “scat”.
“Platinum – Part 3: Charleston” – De repente y sin previo aviso nos encontramos ante una sección de viento interpretando una característica melodía de baile. La entrada de una sección rítmica más propia de la música disco nos indica que estamos ante un tema “distinto”. El piano, algo distorsionado comienza a desgranar unas veloces notas y es imitado por la guitarra acústica poco antes de que sea de nuevo el bajo el que tome los mandos. Unos coros en segundo plano y más “scat” por parte de Oldfield terminan por configurar este peculiar charlestón que, al igual que los temas anteriores, se funde en la siguiente parte.
“Platinum – Part 4: North Star” – De nuevo el bajo y la batería, con ocasionales apoyos de los teclados y un piano, utilizado casi como un elemento percusivo más sirven de anticipo de la primera versión de un tema de otro artista que aparece en el disco. En 1977, Philip Glass había publicado su LP “North Star” a través de Virgin Records. Puede parecer anecdótico pero lo cierto es que, hasta entonces, su música se había publicado en sellos pequeños y que esa iba a ser su primera grabación que iba a gozar de una cierta distribución internacional. Imaginamos que ese disco llamó la atención de Oldfield al ser publicado por su mismo sello y que eso le llevó a incluir su tributo a la pieza del compositor norteamericano. De este modo tan curioso se iba a cerrar la primera cara del disco. Lo cierto es que Mike sólo utiliza una pequeña sección vocal del tema original de Glass y alrededor de él construye una improvisación de guitarra muy acertada. Es curioso que sea esta la única pieza escogida por Oldfield para ser actualizada en la reciente reedición de “Platinum”. En la nueva mezcla, el británico recupera varias líneas melódicas del original de Glass que no había tenido en cuenta en 1979.
“Woodhenge” – La pieza que iba a abrir la segunda cara de “Platinum” era una verdadera sorpresa. Se trataba de una composición casi ambiental a base de percusiones sobre las que aparecen breves apuntes de guitarra a cargo del propio Oldfield. No encontramos ningún precedente tan misterioso y evocador en los discos anteriores del músico salvo, quizá, algunos pasajes aislados de “Hergest Ridge” pero nunca con una atmósfera tan onírica como la de este “Woodhenge” en cuya parte final, como curiosidad, aparecen las inevitables campanas tubulares.
“Into Wonderland” – Con una introducción de sintetizadores y percusión (probablemente electrónica) comienza una canción muy particular. Ni la melodía ni la interpretación apuntan en ese sentido pero los coros ululantes que suenan a lo largo de la pieza le dan un tono definitivamente burlesco y el “scat” que aparece mediado el tema, junto con una segunda sección coral no hacen sino reafirmar esta impresión. A título de anécdota merece la pena señalar que “Into Wonderland” no formaba parte del listado original de canciones del disco ya que la primera edición de “Platinum” incluía en su lugar otra canción titulada “Sally”, de aire mucho más infantil, cantada por el propio Oldfield a través de una línea telefónica y dedicada por el músico a su pareja en aquel momento, Sally Cooper. La canción no gustó demasiado a Richard Branson según cuentan las malas lenguas y fue reemplazada en sucesivas ediciones del disco por “Into Wonderland” con la voz de Wendy Roberts. La sustitución no fue completa por cuanto que en las contraportadas de los discos seguía apareciendo el título “Sally”, cosa que no se corrigió hasta mucho tiempo después (incluso las primeras ediciones en CD de 1984 seguían incluyendo la errata).
“Punkadiddle” – No fue ese el único punto de desencuentro entre Branson y Oldfield del que encontramos algún testimonio en el disco. Los últimos años de la década de los setenta conocieron el surgimiento del punk y sus representantes más mediáticos, los Sex Pistols, iban a ser el nuevo grupo estrella de Virgin Records encabezando una larga lista de bandas de ese estilo. Oldfield no entendía la promoción que se le hacía a una música que consideraba inferior y menos por cuanto esa inversión de Virgin en publicidad para el punk redundaba en un menor esfuerzo en la carrera de Oldfield. “Punkadiddle” fue la materialización de ese descontento en forma de parodia de todo el género. Comienza con una auténtica ráfaga incendiaria de guitarra eléctrica y un ritmo vivo y alegre. Enseguida entra la melodía de la descartada “Sally” que sirve de preludio a la melodía principal: con la base de una guitarra machacona que aporrea dos simples acordes, el teclado dibuja una melodía infantiloide que repite varias veces. Como si entrase en el escenario apartando a los músicos que perpetran ese desastre, aparece la guitarra de Oldfield en medio de una ovación interpretando una melodía con su clásico sello. De nuevo vuelve la tonada inicial y vuelve a ser “expulsada” por nuestro artista entre la algarabía creciente de los espectadores encendidos ante el combate que están presenciando. En la parte final, parece producirse la reconciliación y todos los músicos terminan uniéndose a la melodía de la guitarra de Mike. “Punkadiddle” fue uno de los temas estrella de los conciertos de la gira posterior y todos los músicos aparecían en el escenario con el torso desnudo parodiando toda la puesta en escena habitual del género que se pretende caricaturizar.
“I Got Rhythm” – La estancia en Nueva York de Oldfield tuvo mucho que ver, sin duda, en la elección de las versiones presentes en el disco. Si Philip Glass es un icono de la música contemporánea hecha en la Gran Manzana, no se puede decir menos de George Gershwin. Aunque quizá deba su popularidad a su inclusión en la película “Un Americano en París”, la canción se compuso para el musical “Treasure Girl” siendo descartada del montaje final y recuperada en una versión mucho más rápida en una comedia posterior: “Girl Crazy”, de 1931 siendo uno de los números más populares de la obra, con su aire festivo y casi cabaretero. En cualquier caso, pronto se convirtió en un estándar que muchos cantantes de jazz incorporaron a su repertorio. Intuimos que la versión de Oldfield es mucho más fiel al original de 1928 ya que es una interpretación muy pausada y sensible de la canción de lo que estamos acostumbrados a oír. Comienza con una leve melodía de teclado sobre la que Wendy Roberts canta, en un registro más contenido del habitual, la letra de Ira Gershwin. Tras la primera estrofa el teclado vuelve hacer acto de presencia antes de la entrada de la batería, el bajo y la guitarra acústica que quieren despedirse del disco acompañando a la voz de Wendy. En los instantes finales, entra en la conversación la guitarra eléctrica de Oldfield con una melodía de su propia cosecha, reforzada, cómo no, por las campanas tubulares antes de poner el cierre con la misma sutil melodía de teclado que abría el tema.
“Platinum” no alcanzó las cifras de ventas de discos anteriores del músico aunque eso no debería extrañarnos dado el giro que experimenta la música de Oldfield en este disco. La aparición de temas cortos, canciones y versiones de otros músicos eran algo nuevo y que pudo descolocar a los seguidores del artista. La propia música era más “terrenal”, alejada de la grandilocuencia de sus obras anteriores y en el apartado instrumental, había perdido en complejidad. Cierto es que en 1979 el rock progresivo como género había perdido mucho terreno en el apartado comercial frente a otras corrientes (el citado punk, la música disco e, incluso, el rock duro y el heavy metal) pero el giro estilístico de “Platinum” no hizo mucho por “conservar” a la vieja guardia de los fans del autor de “Tubular Bells”.
En nuestra opinión, “Platinum” es un disco muy válido. Oldfield tenía la opción de seguir haciendo lo mismo que en los años anteriores o bien buscar nuevos caminos para su música. La alternativa escogida fue la segunda y eso marcaría toda la década siguiente del músico en la que cada disco avanzaba un paso más que el anterior hacia el mundo del pop pero eso será materia de entradas futuras. Los amantes de la música de Oldfield disfrutarán de “Platinum” como de cualquiera de sus obras de esta etapa. Si decidís comprar el disco, la reciente reedición del mismo trae un añadido realmente atractivo: un concierto casi completo de la gira de 1980 del músico en el Wembley Arena. Lo podéis hacer en cualquiera de los siguientes enlaces:
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Nos despedimos con un breve fragmento de la versión de Oldfield y compañía de "All Right Now" y un video de "Punkadiddle" en directo en Montreux'81:
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lunes, 8 de agosto de 2011
Mike Oldfield - The Orchestral Tubular Bells (1975)
Le llega hoy el turno en La Voz de los Vientos a una grabación muy controvertida, algo que no podía ser de otra forma cuando hablamos de la adaptación de un clásico de la música popular a un medio tan distinto como la orquesta sinfónica.
En 1974, tras mucho insistir, David Bedford, prestigioso compositor y colaborador habitual de Mike Oldfield, consiguió que éste le diera permiso para adaptar su "Tubular Bells" para orquesta y traducir así la obra a un formato clásico, probablemente con la idea de darle una trascendencia temporal que aún no se sabía si llegaría a alcanzar la versión original.
Sin demasiado entusiasmo, Oldfield accedió y así Bedford puso manos a la obra y afrontó la difícil tarea de volcar toda la música contenida en "Tubular Bells" en partituras destinadas a músicos de formación clásica. Visto con la perspectiva que nos dan los más de 35 años transcurridos desde la publicación del trabajo, se nos antoja que la empresa estaba condenada al fracaso desde el inicio. Y no porque la obra original no tuviera la altura suficiente ni porque Bedford no tuviera las cualidades necesarias, ya que ambos requisitos se cumplían sobradamente. Era la misma idea la que nos parece erronea ya que la obra original es tan grande por sí misma que cualquier variación sería vista como un error, salvo que se afrontase con un espíritu radicalmente distinto, sin miedo a transformar pasajes enteros aún a riesgo de alejarse definitivamente del original.
Curiosamente, la parte que más cambia respecto al original, el pasaje del "caveman" o troglodita es uno de los hallazgos que más nos gusta, con los metales y las maderas dandose la réplica continuamente en un arreglo melódico de lo más logrado, dado lo complicado, a priori, de la adaptación de ese fragmento del original.
La participación de Oldfield en el proyecto es casi testimonial aportando una breve interpretación de guitarra en la parte final de la obra para reemplazar la intervención originalmente grabada por Steve Hillage. Años más tarde, en una reciente biografía, Oldfield comenta que no quedó particularmente satisfecho con el resultado final. En cierto modo, entendemos su opinión ya que el experimento, sin ser del todo despreciable, sí que podría haber alcanzado un resultado más interesante. Es cierto que en la adaptación está todo en su sitio, las melodías del disco original aparecen también en el nuevo pero por el camino se pierde toda la magia del disco original y apenas tenemos espacio para la sorpresa.
Valga este disco como experimento y para acercarse a "Tubular Bells" desde otro punto de vista. Ha habido más adaptaciones a otros formatos de esta obra y es posible que en el futuro aparezcan por aquí. Por ahora, os dejamos con los habituales enlaces para adquirir el disco:
amazon.co.uk
play.com
Fragmento con la primera parte de la obra:
viernes, 8 de julio de 2011
Mike Oldfield - Incantations (1978)
Realmente, y teniendo en cuenta que ya habían aparecido por aquí sus tres primeros clásicos, no podíamos tardar mucho en encargarnos de completar el poker con el cuarto de los grandes trabajos épicos del primer Mike Oldfield así que no esperamos más.
Existe un importante salto en todos los sentidos entre los primeros discos de la "serie" y este cuarto. Para empezar, el espacio de tiempo entre "Incantations" y su predecesor es mucho mayor de lo habitual (casi 3 años). En lo musical, pensamos que el trabajo es también mucho más maduro. Se parte de muchas menos ideas básicas pero están mucho más desarrolladas, hasta el punto de que estamos hablando de un doble LP por primera vez en la carrera de Oldfield, dividido, lógicamente, en 4 partes, una por cada cara de los discos. En el aspecto instrumental, el artista sigue llevando el peso del disco pero en buena parte del disco cede por completo el protagonismo a los demás intérpretes. Tenemos secciones interpretadas casi en exclusiva por una pequeña sección de cuerda con intervenciones de trompeta o largos fragmentos rítmicos en los que apenas aparece algún ligero apunte de guitarra. Los sintetizadores tienen un papel mucho mayor que en anteriores obras y se nota mucho la aportación de otros músicos como el percusionista Pierre Moerlen, líder de la banda Pierre Moerlen's Gong, protagonista casi absoluto en muchos tramos del disco, cosa que sucede también en muchos momentos con las flautas de Terry Oldfield. Los créditos completos del disco incluyen al propio Oldfield (guitarras, bajos, teclados, percusión y voces), Sebastian Bell y Terry Oldfield (flautas), Jabula (percusiones africanas), Mike Laird (trompeta), Pierre Moerlen (batería, vibráfonos), Sally Oldfield (voces), Maddy Prior (voces) y el Queen's College Girl Choir con David Bedford dirigiendo el coro y la sección de cuerda no acreditada en el album.
Estilísticamente, a las habituales influencias celtas, africanas o clásicas, se unen clarísimas referencias a las vanguardias americanas, especialmente el minimalismo de Steve Reich en los aspectos rítmicos y algunos tratamientos vocales, deudores de la escritura coral de Philip Glass, quien pocos meses antes había lanzado con Virgin Records, discográfica del propio Oldfield, su album "North Star".
En lo personal, "Incantations" es una especie de liberación después de una etapa de crisis personal en la que Oldfield se vio superado por el éxito y la popularidad alcanzados con sus primeras obras. Una etapa turbulenta en muchos aspectos con inmersiones en el psicoanálisis o en particulares grupos de exégesis con objetivos no del todo claros que no parecían el mejor entorno para el particular carácter del músico.
Sin embargo "Incantations" terminó siendo un disco magnífico, que puede codearse sin problemas con cualquiera de los anteriores del músico. En unos días, el próximo 25 de julio, verá la luz la nueva edición del disco remasterizada por el propio Oldfield para Universal, como hizo anteriormente con "Tubular Bells", "Hergest Ridge" y "Ommadawn". La recomendación lógica sería esperar a este lanzamiento para haceros con la obra. Dejamos un par de enlaces, uno al la edición simple con el añadido del tema "Guilty" y el otro a la deluxe, ambos en pre-order.
play.com single edition
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sábado, 9 de abril de 2011
Mike Oldfield - Hergest Ridge (1974)
Si siempre es un reto publicar un disco nuevo, lo es aún más cuando tu anterior lanzamiento obtiene el éxito que alcanzó Tubular Bells. Si el desafío para el joven Mike Oldfield era monumental, la respuesta creativa del de Reading no se quedó corta. A priori, el planteamiento inicial era similar: dos grandes suites instrumentales interpretadas casi en solitario por Oldfield que se encarga de la práctica totalidad de los instrumentos. Sin embargo, y a pesar del poco tiempo transcurrido desde el anterior disco, Hergest Ridge es una obra mucho más madura. No encontramos ya ideas lanzadas una detrás de otra como surgidas a borbotones de la mente del artista sino un trabajo mucho más organizado y con una coherencia interna y un desarrollo magistrales. Siguen estando ahí las influencias folk, clásicas y vanguardistas de Tubular Bells pero en Hergest Ridge forman un todo unitario.
No nos corresponde a nosotros decir si este trabajo es mejor que el inevitable Tubular Bells pero a fé mía que sí nos lo parece. Hergest Ridge fue el disco que consiguió desbancar del número 1 de las listas de ventas británicas a su predecesor y se mantuvo un buen tiempo en ese puesto sólo para cederselo... ¡¡¡de nuevo!!! a Tubular Bells.
La versión que teneis disponible es la original de 1974. Éste es un detalle importante porque unos años después, con ocasión del lanzamiento de la caja recopilatoria "Boxed", Oldfield realizó una nueva mezcla del disco que fue la que quedó como definitiva y la que fue publicada en todas las ediciones en CD posteriores. Sólo en un reciente relanzamiento del disco en edición de lujo hemos podido disponer de nuevo de la mezcla original del trabajo. Completan los créditos del disco, Chilli Charles (tambor), Lindsay Cooper (oboe), Ted Hobart (trompeta), William Murray (platillos), Sally Oldfield (voces), Terry Oldfield (maderas), Clodagh Simonds (voces), June Whiting (oboe) y una sección de cuerda dirigida por David Bedford.
No es complicado encontrar el disco puesto que se ha reeditado recientemente. Recomendamos su edición deluxe con varios extras procedentes de singles de la época, demos, y las dos mezclas del disco.
http://www.play.com/Music/CD/4-/14794202/Hergest-Ridge/Product.html?searchtype=allproducts&searchsource=0&searchstring=hergest+ridge&urlrefer=search
http://www.amazon.co.uk/Hergest-Ridge-Deluxe-Mike-Oldfield/dp/B003DO13O2/ref=sr_1_3?ie=UTF8&qid=1302374212&sr=8-3
Una muestra de lo que podeis escuchar en el disco:
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Lindsay Cooper,
Mike Oldfield,
Sally Oldfield,
Ted Hobart,
Terry Oldfield,
William Murray
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