sábado, 7 de julio de 2012

Jerry Goodman - On the Future of Aviation (1985)



En La Voz de los Vientos tenemos ya una edad y este hecho, que suele pasarnos inadvertido habitualmente, nos golpea en pleno rostro cuando tratamos determinadas grabaciones que aparecieron cuando hacíamos nuestras primeras armas en la agradable dedicación del melómano. La primera vez que escuchamos el tema que abre y da título al disco que hoy nos ocupa, no teníamos ni la más remota idea de quién era su autor. Incluso años después, Jerry Goodman aún era para nosotros el tipo aquel de “On the Future of Aviation”. Resulta muy difícil hoy en día que el joven lector / oyente se haga una idea de lo que suponía escuchar música fuera del circuito de las radiofórmulas tan sólo, pongamos, quince años atrás. En aquel entonces, aunque ya existía internet y su uso empezaba a generalizarse, los anchos de banda disponibles hacían impensable todo lo que sucedió después. El modo de conocer músicas distintas solía ser la recomendación de un amigo, de un familiar o algunos aislados programas de radio que se salían de la linea habitual de las emisoras comerciales.

Eran tiempos en los que siempre había un cassette virgen en la pletina preparado por si en algún momento sonaba en la radio alguna canción que nos interesaba para grabarla, muchas veces con la voz del DJ interrumpiendola a la mitad y estropeando la “toma”. Tiempos en los que la compra de un disco era un momento especial y que solía preceder a días o semanas de escucha intensiva de aquella música. Una época en la que conocíamos al dedillo cada acorde y cada variación de todos y cada uno de los discos de nuestra colección y de las de nuestros amigos, pues no era extraño reunirse por las tardes, sencillamente, a escuchar música.

Hoy en día todo es muy distinto. Si uno escucha un tema que le gusta, en menos de cinco minutos puede acceder a google y comprobar que su autor fue en su tiempo integrante de la Mahavishnu Orchestra, que aquellos tipos fueron uno de los grupos fundamentales de lo que se llamó el jazz fusión en los años setenta e, incluso, que antes de estar con ellos formó parte de The Flock. En una tarde podemos tener a nuestra disposición, no sólo la discografía de Goodman sino todos aquellos discos en los que participó con lo que en muy poco tiempo estaría ante nosotros la posibilidad de escuchar toda su carrera y en un par de semanas estaremos haciendo lo mismo con cualquier otro músico que nos llame la atención en ese momento. Con suerte, en ese tiempo habremos escuchado un par de veces el disco que nos hizo fijarnos en el músico y apenas recordaremos un par de temas del mismo.

Y a veces es preciso (diríamos que imprescindible) volver al viejo modo de hacer las cosas para disfrutarlas como se merecen y así retroceder hasta el año 1985 cuando Jerry Goodman se junta con el teclista Fred Simon y algunos músicos más, desempolva sus violines y guitarras y comienza la grabación de uno de los discos clásicos de las llamadas nuevas músicas o, en su denominación más extendida, de la new age.

Aunque hemos mencionado en ocasiones anteriores al sello Private Music, no es hasta hoy que tenemos un disco publicado por la discográfica de Peter Baumann. El antiguo miembro de Tangerine Dream se estableció en Estados Unidos y fundó un este sello que en poco tiempo se convirtió en referente de las nuevas músicas. Lo que distinguió a Private Music de otras compañías icónicas de la música “new age” como Windham Hill, Narada o Hearts of Space fue principalmente la procedencia de sus artistas principales. Mientras que en estas últimas, los músicos solían ser desconocidos y con trayectorias más bien humildes, Private Music era una especie de cementerio de elefantes en el que músicos consagrados, especialmente como secundarios de alguna gran estrella, desarrollaban sus ideas propias de un modo que les era imposible de hacer en sellos más grandes. Así, nos encontramos en la nómina del sello de Baumann a los propios Tangerine Dream, al guitarrista habitual de David Bowie, Carlos Alomar, al violinista Eddie Jobson (ex-integrante de Roxy Music y colaborador ocasional de Jethro Tull o King Crimson), al bajista de Frank Zappa, Patrick O’Hearn, al ex-guitarrista de The Police, Andy Summers o al percusionista David Van Tieghem (colaborador de todo aquel que era alguien en el New York de los primeros ochenta, desde Steve Reich a los Talking Heads pasando por Laurie Anderson). Goodman en su calidad de antiguo integrante de la Mahavishnu Orchestra encajaba también en ese patrón del sello que albergaría también a otras figuras de gran repercusión como Suzanne Ciani o Yanni.

El violinista en su época más salvaje.


El disco que hoy comentamos fue uno de los primeros editados por el sello y el de debut de su autor. Junto a Goodman (guitarras, mandolina, violines y sitetizadores), participan en la grabación: Linda Sears (voces), Jeffery Vanston (teclados), Phil Gratteau (batería), Paul Wertico (batería) y Fred Simon (piano y sintetizadores).

“On the Future of Aviation” – Un insistente tanir de campanas abre más esta breve epopeya musical a la que se suma el sordo rumor de algún tipo de aeronave en la lejanía mientras empezamos a escuchar los violines creando un ritmo hipnótico que nos pone en guardia porque con un comienzo así de prometedor, la composición debe dar mucho de sí para colmar las expectativas. Y ciertamente, así es. Con los clásicos sonidos y efectos electrónicos de los sintetizadores “ochenteros” como fondo, Goodman saca a su violín una melodía hechizante que nos atrapa de principio a fín. Hay espacio para todo tipo de evocaciones e, incluso, se reserva un pequeño solo de violín eléctrico como si de un “guitar hero” se tratase. Como si de un perfecto viaje circular se tratase, el ritmo inicial de violines se desvanece poco a poco entre el sonido del avión del principio y las mismas campanas, omnipresentes en toda la pieza, que van decayendo poco a poco.



“Endless November” – Tras la maravilla inicial, cualquier cosa que Goodman nos pudiera ofrecer iba a sabernos a poco. El segundo corte del disco nos remite inmediatamente al estilo de otra formación aparecida tiempo atrás en nuestro blog y contemporanea de esta etapa de Goodman: Shadowfax. El corte reune todos los elementos de la sensacional banda (que también tenía su propio violín eléctrico) con la única excepción, quizá, del lyricon, sello particular del “sonido Shadowfax”. Nada que objetar, por tanto, a la composición, una mezcla de jazz, pop instrumental y elementos folk de agradable escucha. Podeis escuchar la versión en directo de esta pieza a continuación.



“Outcast Islands” – Con el siguiente tema, Goodman parece querer repetir la fórmula del que abre el disco, con sutiles melodías (en este caso de guitarra) introduciendonos en la pieza poco a poco con progresivos añadidos de elementos adicionales. Sin embargo, falta toda la magia y la inspiración que rebosaban en cada compás de aquel corte. Al igual que ocurre con el tema precedente, el sonido recuerda tremendamente al de Shadowfax.

“Orangutango” – Prosigue el disco con este tema de título no demasiado afortunado que no tiene rastro alguno de tango en toda su extensión si bien es cierto que algo de latino sí que se puede encontrar en las percusiones. Como bien sabemos, para muchos norteamericanos, todo lo que hay de Texas para abajo entra en el mismo saco por lo que tampoco es de extrañar que todo se mezcle un poco. Sin ser una composición particularmente floja, no se sale de la tónica de los temas precedentes. Se deja escuchar pero no entusiasma.

“Waltz of the Windmills” – Quizá porque a estas alturas del disco, no esperabamos ya mucho más, escuchamos con sorpresa este corte que, sin estar a la altura del que titula el album, sí recupera algunos de sus elementos más identificativos como los violines como elemento rítimico, los sonidos de campanas como elemento cohesionador de la composición y algún solo muy inspirado.

“Sarah’s Lullaby” – Y tras el ligero repunte del disco en el corte anterior, Goodman nos ofrece una despedida absolutamente distinta de todo lo anterior, al menos en sus primeros instantes en los que podemos pensar que nos encontramos ante un cierre relajado de tonos jazzisticos, con suaves teclados electrónicos y una tranquila melodía de violín. Un cierre relejante y distendido sin ninguna sorpresa pero pronto nos damos cuenta de nuestro error. Tras esa introducción nos sorprendemos en medio de un torbellino de violines a ritmo creciente que se ven reforzados por la batería en un regreso, siquiera en espíritu, a los ambientes y sonidos del corte que abría el trabajo. El sólo de violín eléctrico que Goodman nos regala al final de la pieza justifica con creces la espera y pone un broche más que digno a un trabajo tan irregular como inolvidable en sus momentos más inspirados. Tras el momento de euforia, volvemos al tono inicial de la pieza para despedirnos del disco de un modo más tranquilo.

Nos resulta muy complicado hacer una crítica general de un disco de estas características porque sabemos que va a estar distorsionada por la absoluta brillantez del tema principal del mismo que destaca tan poderosamente sobre el resto de piezas que las minimiza haciendolas pasar por intrascendentes. Conscientes de lo anteriomente afirmado, creemos también que el disco es muy irregular y durante muchos minutos no está a la altura de muchos otros trabajos comentados anteriormente en el blog. También pensamos que de no ser por la presencia del tema principal del disco, ni siquiera nos habríamos fijado nunca en “On the Future of Aviation”. Sin embargo, una composición tan fascinante justifica por sí misma, en nuestra opinión, el comentario del disco en el que aparece al margen de que temas como los dos últimos del disco sean notables.

En el momento de mayor auge de las nuevas músicas, era muy sencillo encontrar casi cualquier disco de un sello como Private Music en cualquier tienda medianamente surtida de cualquier ciudad. Hoy lo difícil es encontrar alguna tienda en cualquier ciudad. Bromas aparte, no es sencillo hacerse en estos días con una copia del disco pero algún sitio aún existe:

amazon.es


Os dejamos con el videoclip oficial del tema central del disco:



miércoles, 4 de julio de 2012

Jean Philippe Goude - De Anima (1992)



Con el disco que hoy comentamos dejamos casi cerrado el repaso que hemos hecho en La Voz de los Vientos a la, llamemosle, segunda etapa de la carrera del músico francés Jean Philippe Goude (quedan un par de bandas sonoras que quizá tengan su sitio más adelante). Como la coherencia narrativa no es nuestro fuerte, el último disco que comentaremos del Goude “clasicista” es en realidad el primero que publicó en este estilo tras sus experimentos con el rock progresivo y la electrónica en los años setenta y ochenta.

Aunque todavía no se había constituído formalmente el Jean Philippe Goude Ensemble como tal, en la grabación de este “De Anima” ya participan buena parte de los músicos que acompañarán a Goude en los años futuros. En la etapa previa a la aparición del disco, el músico había desarrollado una importante carrera en el campo de la música para el teatro y la televisión y, de hecho, parte de las composiciones que integran el CD provienen de alguno de esos trabajos. Como ocurría en alguno de los discos anteriormente comentados aquí del músico, las piezas son sencillas, en formato de duo o trío en un buen número equilibrando las composiciones para una formación más amplia. Aunque el disco aparece en 1992, las piezas provienen de distintas sesiones de grabación acontecidas desde 1989 hasta el mismo año de su publicación. El impulso recibido por galardones como el Gold Award del B.D.A. de Los Ángeles en 1989 por la sintonía del programa “Permission de Minuit” o el de la SACEM (la SGAE francesa, para entendernos) por la banda sonora del programa literario “Figures” en 1991 hizo posible la aparición de esta colección de músicas. El estilo desarrollado por Goude es ya el que le ha llevado a ser uno de nuestros artistas favoritos y continúa por los senderos abiertos por gente como Philip Glass, Michael Nyman o Wim Mertens.


Goude en una imágen de la época del disco.


“Caracteres / Pavane” – Para abrir el disco, Goude escoge una de las composiciones de la premiada banda sonora de “Figures” regrabada el 9 de abril de 1992 junto con otras dos piezas del disco, “Allemande” y “Caracteres / Gaillarde”. Son también los únicos cortes del disco interpretados por la banda al completo, integrada por Dominque Vidal (clarinete), Amaury Wallez (fagot), Christophe Guiot (violin), Elizabeth Pallas (violin), Jean Charles Manciero (alto) y Philippe Cherond (cello), todos ellos bajo la dirección de Jean Claude Dubois. La música es alegre y de gran brillantez. Sostenida sobre las cuerdas que hacen las veces de armazón, son los vientos los que llevan el peso de las partes melódicas. Cuando Goude escribe con este tono optimista resulta imposible no dejarse llevar por la música. En cierto modo, y no es la primera vez que hacemos esta comparación, el músico francés recoge en sus discos el testigo de la desaparecida Penguin Café Orchestra de Simon Jeffes.

“Petite Ouverture” – Composición para piano y cuerdas grabada en mayo del 91 junto con “Intermede”, que aparecerá más adelante en el disco. El tono de la composición contrasta de modo radical con el de su precedente en el disco. Apenas tenemos melodía y sí un ambiente lúgubre y meditativo. Como ocurre en casi todos los trabajos del músico, este juego consistente en alternar registros musicales casi opuestos es algo que irá sucediendose a lo largo de todo el disco.

“Allemande” – Philippe Noharet al contrabajo es el único añadido a la formación que abría el disco. Grabado en la misma sesión que aquel, el tema recupera los ritmos alegres y de gran vivacidad aunque con algunos interludios de cierta profundidad, siempre dentro del tono festivo del Goude más expansivo.

“Tryptique” – Prosigue el disco con una pieza más íntima para violín y piano, interpretados respectivamente por Guiot y el propio Goude. El tema se construye a partir de una serie de ruidos metálicos grabados en un ascensor de la estación de metro de San Lazare. Sobre esos ruidos se desarrolla un solo de violín de aire melancólico. Se trata de una de las piezas más vanguardistas del disco y, especialmente con la entrada del piano, nos recuerda a nuestro querido John Cage. La grabación data de 1989 y es una de las más antiguas recogidas en el disco.

“Élégie” – Se trata del único tema del disco para piano sólo, interpretado por Herve Lavandier y está dedicado presumiblemente a los padres del músico. Es una composición de aire inocente, una vez más, en una linea similar a muchas de las piezas de Simon Jeffes para su Penguin Café Orchestra. Con muy pocos elementos melódicos, repetidos constantemente con leves variaciones, Goude construye un delicioso juguete musical de agradable escucha.

“Pendule” – Volvemos a los experimentos y lo hacemos con una voz que repite de forma monótona sílabas sueltas (oscilando como el péndulo que da título a la pieza) mientras un duo de contralto (Gerard Lesne) y tenor (Josep Cobre) armonizan sus voces en pequeñas ráfagas con un fondo de efectos electrónicos a cargo del propio autor. Un tema realmente curioso en un estilo vanguardista que Goude emplea de cuando en cuando en sus discos.

“Caracteres / Gaillarde” – Repiten los mismos músicos de la pavana inicial para recrear otra de las piezas utilizadas como sintonía de “Figures”. Como en las dos composiciones anteriores procedentes de la misma sesión, la melodía es alegre y contagia optimismo por los cuatro costados. En momentos como estos, Goude consigue atrapar toda la magia del ritmo casi rockero de la Michael Nyman Band y dotarle de un elemento melódico arrollador que supera por momentos al del maestro británico y es que esa es una de las características más notables de Jean Philippe Goude: es capaz de extraer elementos concretos del estilo de otros músicos y aprovecharlos en su propio beneficio transformandolos en composiciones con un sello propio inconfundible.

“Duo” – El título lo dice todo sobre la pieza, una composición para piano y violín pero muy diferente de la anterior “Tryptique”, en el sentido de que en esta ocasión, todo es más ortodoxo y no hay cabida para la experimentación. No queremos que esto suene despectivo en modo alguno ya que el tema es una preciosidad que si peca de algo es de breve.

“Intermède” – Grabado en la misma sesión y con el mismo esquema que el segundo corte del disco. Se trata de un tema lento con apenas movimiento melódico, con unas cuerdas muy densas y un piano que va marcando un ritmo pausado repitiendo las mismas notas una y otra vez.

“Libera Me” – Primera de las dos canciones del disco con partes vocales. Cantada en latín, como es habitual en el compositor, la pieza tiene un exquisito aire antiguo que nos remonta a los primeros cantos litúrgicos del medievo con la voz de contralto de Gerard Lesne declamando un texto religioso sobre un fondo de cuerdas de la época representadas por tres violas da gamba en los registros de soprano, bajo y tenor. Nos recuerda a la música antigua pero también a algunos trabajos de Arvo Pärt.

“Figures” – Llegamos a la composición premiada por la SACEM, perteneciente a la sintonía del programa del mismo título de la televisión francesa. Escrito como un duo de piano y contrabajo, no nos es difícil adivinar el porqué de los galardones ya que se trata de una pieza brillante como pocas. Al piano de Goude le da réplica Renaud Garcia Fons.

“De Anima” – Tercera pieza para piano y violín procedente de las sesiones de mayo de 1989 de las que salieron “Tryptique” y “Duo”. Con ella volvemos a los momentos más ambientales del disco con ambos instrumentos dialogando pausadamente en una conversación otoñal de esas durante las que el tiempo transcurre sin apenas darnos cuenta.

“Salve Regina” – Llegamos a la que es una de las composiciones claves en la trayectoria de su autor y una de las que le ha proporcionado mayor reconocimiento. De nuevo con la base de un texto religioso latino, un trío de piano, violín y cello, conforma poco a poco una pieza envolvente que se cuenta entre lo mejor de su autor. Se estrenó en el Teatro de los Campos Eliseos dentro de un festival internacional de gran renombre y obtuvo un éxito inmediato. Musicalmente es un buen ejemplo de lo que ya hemos dicho en varias ocasiones: un excelente manejo de los instrumentos que ocupan su lugar sin protagonismos desmedidos e incluso quedando en silencio en algunos momentos para dejar a la voz de Gerard Lesne todo el protagonismo.

“Ornamento” – Como “rara avis” dentro del disco tenemos que calificar a este magnífico corte con que nos obsequia Goude casi llegando al final. Se trata de una pieza electrónica con sonidos cristalinos y voces sampleadas. Una miniatura preciosa que nos deja a las puertas del cierre.

“Final” – Un “adagietto” para cuerdas con todo el sabor de las bandas sonoras de Michael Nyman para Peter Greenaway es la pieza escogida por nuestro músico para cerrar el que fue su disco de “debut” en su nueva faceta como compositor “serio”.

Integrantes actuales del Jean Philippe Goude Ensemble


No nos ha sido posible encontrar algún fragmento del disco para compartirlo con vosotros pero en el siguiente enlace a la web del propio músico teneis la posibilidad de escuchar extractos de todos los temas de este maravilloso album:


Con “De Anima” cerramos el repaso a los cinco discos fundamentales de la trayectoria de Jean Philippe Goude. En algún momento tendremos que afrontar también sus trabajos iniciales con Weidorje y en solitario (también hay alguno a duo) porque tienen un gran interés independientemente de que el estilo no tenga mucho que ver con el, llamemosle neoclásico, de su segunda etapa. Goude es un músico bastante desconocido en nuestro país y probablemente sea uno de los menos populares por estos lares de todos los que han aparecido en el blog. Sabemos, sin embargo, que a muchos de vosotros os ha sorprendido su música y os habeis empezado a hacer con alguno de los discos aquí sugeridos. Para no perder las buenas costumbres, os dejamos los habituales enlaces en los que adquirir “De Anima”:


domingo, 1 de julio de 2012

Tori Amos - Night of Hunters (2011)



Hay determinados tipos de trabajos ante los cuales la gente que se gana la vida hablando de música en las revistas tiene escrita más de la mitad de la crítica con sólo conocer un par de detalles del disco. Esto suele ocurrir cuando un artista alcanza un gran éxito con su disco y lanza el siguiente, cuando decide afrontar un cambio radical de estilo frente al que le hizo popular, cuando anuncia una vuelta a los orígenes, etc.

Existe un caso particular que se repite con cierta frecuencia y que, invariablemente, recibe el mismo tipo de crítica: el de la estrella del pop o del rock que decide sacar un disco de corte clásico. No hace falta esforzarse demasiado para recordar las demoledoras críticas que recibió Paul McCartney con su “Liverpool Oratorio” y sus posteriores acercamientos a la música “culta”. La ópera “Ça Ira” de Roger Waters es otro ejemplo conocido. En estos casos y en los anteriores, el crítico suele referir siempre la misma lista de tópicos para terminar concluyendo que es mejor que cada uno se dedique a lo sabe hacer y se deje de pretensiones clasicistas y es que, en el fondo, es más fácil tener a todo el mundo etiquetado y clasificado en su cajoncito para no complicarnos demasiado la existencia. Cercana a este tipo de discos hay una categoría especial que es la de los artistas pop que no sólo se acercan al mundillo clásico sino que publican algún disco con sellos de gran renombre en ese campo con todo lo que eso conlleva. Tomando sólo uno de los sellos por antonomasia de la música clásica, “Deutsche Grammophon” encontramos que nombres como Sting, Elvis Costello o Vangelis han publicado en uno u otro momento algún trabajo con la mítica etiqueta de fondo amarillo en algún lugar de la  portada. A veces lo hacen con composiciones propias y otras con adaptaciones de piezas clásicas y siempre con resultados irregulares.

Uno de los nombres que recientemente se ha añadido a la lista es el de Tori Amos. En un momento determinado, la artista recibe la sugerencia para escribir todo un ciclo de canciones contemporaneas con la única premisa de que estas partan de algún tema clásico. La idea fue muy bien acogida por Tori que preparó una serie de textos destinados a conformar un album enteramente conceptual con base en la música de Stravinksy. Su intención era la de grabar con un octeto de músicos en el que cada instrumento haría las veces de uno de los personajes de la historia, rebajando así la presencia del piano, vehículo de expresión fundamental de la artista canadiense. Alexander Buhr, productor ejecutivo de Deutsche Grammophon envió a Amos una serie de grabaciones fundamentales de los últimos siglos para que recapacitase sobre la intención de usar a Stravinsky y a partir de ahí surge el proyecto tal y como llegó a las tiendas.

Este es un buen momento para señalar que Tori Amos es una pianista de formación clásica y gran talento que con sólo cinco años ya componía piezas para piano. Fue su rebeldía ante los métodos de enseñanza tradicionales y su inclinación hacia músicas como el rock lo que hizo que fuera expulsada del conservatorio a pesar de sus evidentes capacidades. Esto hace que la elección de las piezas y los arreglos creados para cada canción no sean casuales. Si sólo estuvieramos hablando de un bonito trabajo de inspiración clásica ya sería bastante dada la excelente factura del mismo pero hay mucho más en el disco y tiene que ver con la compleja historia que en él se nos narra, saltando de un tema a otro en un viaje con tintes mitológicos que alcanza la categoría de fascinante.


“Shattering Sea” – Para el comienzo del trayecto, Tori se inspira en uno de los 25 Preludios, Op.31 de Alkan, una pieza para piano titulada algo así como “La canción de la loca al borde del mar”. Como hemos dicho ya, nada es casual puesto que es ahí donde se desarrolla la escena, un combate entre el mar y la playa simbolizando la ruptura violenta de una relación: “no es mi sangre la que está en el suelo del dormitorio” canta Tori quien asume el papel de la tierra frente al mar que es su oponente masculino “el saca su fuerza de la marea y las olas pero las arenas son mi dominio”. La pieza de Alkan es reconocible sólo en los primeros instantes ya enseguida toman presencia el resto de instrumentistas (La propia Amos al piano, un cuarteto de cuerda y otro de vientos integrado por flauta, oboe, clarinete y fagot) con un arreglo de lo más contemporaneo que a los habituales del blog les puede recordar la música de Jean Philippe Goude. Curiosamente, la linea melódíca que canta Tori nos recuerda más a la canción “King of Pain” de The Police que a cualquiera presente en la obra de Alkan. Con la escucha del tema inicial del disco tenemos ya una idea muy clara de por dónde va a transcurrir la cosa: un tema clásico como inspiración pero canciones en las que cualquier aficionado va a distinguir el personalísimo sello de Tori.

“Snowblind” – La inspiración parte ahora de “Añoranza”, de las “6 piezas sobre cantos populares españoles” de Enrique Granados. Continúamos, por tanto, con obras para piano sobre las que tejer nuevos arreglos. La protagonista de la historia conoce a Anabelle, una criatura metamorfa que en su primera aparición se presenta bajo la apariencia de una zorra. La voz de Anabelle es la de Natashya Hawley, hija de Tori y será la acompañante del personaje de ésta durante buena parte de la historia. El papel del extraño ser es el de abrir los ojos de la protagonista mostrandole que la verdad está más cerca de encontrarse en la oscuridad de la noche que a plena luz del día y le sugiere iniciar un viaje hacia atrás en el tiempo a una época casi mitológica de la historia de Irlanda en la que los amantes de la primera escena coincidieron por primera vez. En esta ocasión, Tori es mucho más fiel a la melodía original de Granados y sólo se añaden unos ligeros arreglos de oboe a cargo de Nigel Shore.

“Battles of Trees” – La aventura continúa y entramos en el mundo de Erik Satie y su famosa “Gnosienne No.1”. Encontramos ahora a los amantes conviviendo y luchando juntos en un pasado remoto en el que Irlanda luchaba contra las invasiones procedentes de Escandinavia. Nuestra pareja de amantes son en esta época dos poetas que defienden el antiguo culto a la Diosa frente a las pujantes religiones nórdicas representadas por Thor, el dios del trueno para terminar narrando cómo años después, la religión católica terminó de barrer todo vestigio de las antiguas creencias en Irlanda llevandola al caos “So when the church began to twist the old myths they built their own Tower of Babel from Ulster to Munster”. Bajo este disfraz mitológico tenemos el eterno tema de la dominación masculina sobre la mujer, habitual en la música de Tori Amos desde sus inicios. En cuanto a la música, a pesar de la adición de los dos cuartetos de la primera pieza del disco, el resultado es absolutamente fiel a la música de Satie a la que la canción se adapta como un guante.

“Fearlessness” – Tori vuelve a Granados para la siguiente etapa del viaje y lo hace de una forma escalofriante. Decide utilizar la pieza “Oriental” de sus “Danzas españolas” para narrar el viaje en barco de la pareja hacia el Nuevo Mundo, donde viven su primera crisis apareciendo fuerzas externas que parecen tirar de cada uno de ellos en direcciones distintas, cantos de sirena que hacen dudar a la pareja de la protagonista (“His siren friends convinced him that love was no match against the storms to come”). Enrique Granados tenía pánico al mar y a los viajes en barco pese a lo cual fue con su mujer a Estados Unidos para asistir al estreno de “Goyescas”. El viaje se alargó más de lo previsto ante el requerimiento por parte del presidente Wilson a la pareja para que visitaran Washington con lo que perdieron el barco que les debía devolver a España. Desgraciadamente, el que tomaron (el Sussex) fue torpedeado por la Armada alemana en el Canal de la Mancha en el transcurso de la Primera Guerra Mundial. Se cuenta que Granados fue rescatado del agua e izado a un bote salvavidas pero al ver hundirse a su esposa y pese a no saber nadar, se arrojó a por ella desapareciendo para siempre a la edad de 48 años. Los arreglos de la composición acentúan la tensión y el dramatismo de la misma pero respetando el espíritu original en una de las mejores adaptaciones del disco.

“Cactus Practice” – Las dudas de la protagonista sobre el futuro con su pareja se desarrollan a lo largo de la adaptación del “Nocturno Op.9 No.1” de Frederic Chopin. Cuando se pregunta si su destino será el de orbitar juntos pero a una distancia insalvable “Maybe he and I are like a pair of Suns that are captured, eternally linked into chasing each other spin” vuelve a aparecer en escena Anabelle, esta vez en forma de cisne para mostrarle otro camino hacia la “verdad” a través de la experimentación con el peyote, gracias al que obtendrá una versión clara de la realidad a través del descubrimiento de su “yo” interior. En lo musical, Tori prescinde de las cuerdas para quedarse sólo con los vientos en su versión del clásico de Chopin al que se permite añadir algunas lineas melódicas de su propia cosecha consiguiendo otra versión excelente en la que nos olvidamos por momentos de que estamos ante una adaptación.

“Star Whisperer” – Y de Chopin pasamos a Schubert y el “Andantino” de su “Sonata para piano en La mayor D959”. Tori empieza a hablar directamente con su pareja (ya no es “él” sino “tú”) y cuenta cómo ambos empiezan a descubrir cosas en el otro que no les gustan “I saw a “you” I didn’t want to see”. El tema está construído como un diálogo entre la voz de Tori y la de su pareja, encarnada en el cello y los violines. A partir de la mitad del mismo, la melodía de Schubert es transformada por completo, acelerandola en muchos pasajes hasta convertirla en otra cosa distinta mucho más cercana a las composiones propias de la artista y con algunos de los mejores arreglos de todo el disco especialmente en la parte final, con un curioso sabor español que no estaba presente en la pieza original.

“Job’s Coffin” – La única de las canciones del disco que no está inspirada directamente en ninguna pieza clásica, cede casi todo el protagonismo a Anabelle que narra cómo las estrellas de la constelación a la que se refiere el título de la canción nos vigilan controlando nuestro destino. Es muy reveladora la breve intervención de Tori en la que afirma que la vigilante no estará nada orgullosa de las cosas que le ha visto hacer para retener a su pareja “and can’t be proud of what I have done (…) thinking somehow that will may him want to stay”.

“Nautical Twilight” – Tori vuelve a las adaptaciones y lo hace con la “Canción de la góndola” de las “Canciones sin palabras, Op.30” de Mendelsohn. La protagonista se empieza a mostrar arrepentida de las concesiones que ha hecho por su pareja “I turned my back on the force of which I am made, I abandoned it rupturing a delicate balance when I left my world for his”. Las palabras de Anabelle en la pieza anterior comienzan a hacer mella en la protagonista que se replantea hasta qué punto merece la pena renunciar a ser lo que es en beneficio de la pareja. El arreglo es similar al de otras piezas

“Your Ghost” – Llega el turno de Robert Schumann y su “Tema y variaciones en Mi bemol mayor” de las “Variaciones Fantasma”. Y qué mejor pieza para ilustrar el encuentro de la protagonista de la historia con el fantasma de su pareja. Por primera vez ella se abre a su amante y le expresa todas sus dudas, los sacrificios que ha hecho y el convencimiento de que juntos pueden superar cualquier adversidad a partir del conocimiento de sus diferencias, personalizadas en el fantasma, a quien el personaje de Tori se compromete a cuidar. “He’ll play a Beatles tune, me more a Bach fugue, is there such a great divide between your world and mine?” El arreglo musical empleado para la ocasión es uno de los más delicados del disco, mostrandonos a la protagonista más dócil que nunca y dispuesta a seguir adelante pese a todo.

“Edge of the Moon” – No podía faltar alguien como Johann Sebastian Bach en un disco como este. Aparece con una variación para piano de uno de los movimientos de la “Sonata para flauta BWV1031”. Tori le recuerda a su pareja las promesas que se hicieron y cómo era todo antes de que ambos permitiesen que fuerzas externas se interpusieran entre ellos. El texto recorre una serie de metáforas sobre estrellas y constelaciones incluyendo referencias a una travesía “bajo el ojo del delfín”, que no es sino una de las estrellas que forman la constelación de “Job’s Coffin”, el vigilante constante de la vida de la protagonista según una de las canciones anteriores. La pieza de Bach es reconocible durante los primeros instantes pero no tarda en transformarse en otra cosa distinta conforme se van añadiendo instrumentos (de nuevo los cuartetos de cuerda y viento, además de un violín solista) hasta llegar a un final que suena ciento por ciento en el estilo habitual de Tori.

“The Chase” – Nuestra artista recurre a un fragmento de “Cuadros para una exposición” de Mussorgsky, concretamente a “The Old Castle” para la siguiente parte del viaje. A modo de despedida, volvemos a encontrarnos con Anabelle quien acude para despedirse de Tori no sin antes prevenirle de los peligros que le siguen acechando y dejandole en compañía de la musa del fuego. Tori se muestra convencida de haber aprendido a defenderse convirtiendose de presa en cazador pero Anabelle no está del todo segura y le muestra las posibles amenazas en un diálogo realmente inspirado:

-         Existen depredadores
-         Tengo armas para combatirlos
-         Es muy peligroso si te alcanzan
-         Entonces seré como la liebre
-         Yo me convertiría en el sabueso…
-         Pues cambiaría a un pez
-         Sólo para encontrarte en las garras de una nutria
-         Entonces desplegaría mis alas para volar
-         Debo advertirte de que soy un halcón
-         ¿Y si me convierto en un grano de maiz?
-         ¿Sientes el peligro en tu cabeza? Se acerca una gallina y ahí terminaría tu recorrido. Ten mucho cuidado. Usa la cabeza o terminarás muerta.



“Night of Hunters” – La única pieza de todo el trabajo inspirada en dos composiciones distintas es la que le da título, basada por una parte en la “Sonata en Fa menor K.466” de Scarlati y un “Salve Regina” gregoriano. Nos encontramos ante el diálogo entre Tori y la musa del fuego (en la voz de Kelsey Dobyns) en uno de los textos más crípticos del disco en los que se nos habla sobre las fuerzas de la oscuridad que conspiran para robar los sueños de los niños. La musa encarga a Tori cuidar de que eso no pase en una serie de duetos de gran belleza que recuerdan antiguas canciones. Para lograr su objetivo, Tori tendrá la ayuda de las “siete hermanas”.

“Seven Sisters” – El único pasaje enteramente instrumental del disco es el dedicado a las “siete hermanas” citadas en la canción anterior y narra la lucha por preservar los sueños de los niños y la transformación interior que sufre Tori reconociendo el papel de todas las personas que han pasado por su vida. La inspiración de la pieza viene del “Preludio en Do menor” de J.S.Bach.

“Carry” – El cierre del disco lo pone esta pieza basada en uno de los preludios del primer libro de Claude Debussy. Tori recuerda a todos sus seres queridos que ya no están asegurando que siempre los recordará en una conclusión que realmente deja el disco abierto a posibles continuaciones.

Y no creemos que la gente de Deutsche Grammophon pusiera muchos impedimentos a esto ya que el disco ha funcionado muy bien en las listas de ventas conviertiendose en la primera grabación en llegar al top 10 en tres categorías distintas de Billboard (No.7 en discos de rock, No.1 en discos clásicos y No.5 en discos alternativos). Tori ha anunciado para finales de este año la aparición de un nuevo disco bajo el título de “Gold Dust” siguiendo con la moda de revisar viejas canciones con un formato orquestal (al estilo de Peter Gabriel o Sting, por poner dos ejemplos recientes). No es que nos parezca una gran noticia puesto que este tipo de discos no suele dar resultados demasiado interesantes pero estando Tori Amos de por medio, todo puede ocurrir. Afortunadamente, un reciente mensaje en su página web oficial nos hace esperar grandes cosas de su relación con el gigante alemán de la clásica en los próximos meses al margen del citado proyecto orquestal:

“Watch out soon for details about my next new project with Deutsche Grammophon/Mercury Classics. I can’t wait to tell you all about it...”

Nosotros tampoco podemos esperar para escuchar otro trabajo de características similares a este. El reto que supone revisar piezas clásicas y hacerlo para un sello como Deutsche Grammophon suele llevar aparejado el fracaso más absoluto para una artista ajena, en principio, al mundillo cerrado de la clásica. Tori Amos da la talla y sale airosa del desafío dejandonos un disco con la rara cualidad de sonar clásico (y por lo tanto, muy recomendable para oídos más “conservadores”) y conservar todo el estilo de la artista, hasta el punto que sus seguidores más acérrimos lo consideran su mejor trabajo, al menos, en la última década. Los créditos del disco son los siguientes: Tori Amos (voz, piano), John Philip Shenale (arreglos), Apollon Musagete String Quartet (Pawel Zalejski, violin, Bartosz Zachlod, violin, Piotr Skweres, cello y Piotr Szumiel, viola), Laura Lucas (flauta), Andreas Ottensamer (clarinete), Nigel Shore (oboe, corno inglés), Peter Whelan (fagot), Luke Whitehead (contrafagot), Kelsey Dobyns (voz) y Natashya Hawley (voz).

Antes de dejaros un par de enlaces para adquirir el disco podeis ver a Tori Amos interpretando "Shattering Sea" en directo:



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