domingo, 27 de diciembre de 2015

California Guitar Trio - Invitation (1995)



Hubo un momento en el que Robert Fripp se sintió incómodo con la forma de tocar la guitara “de toda la vida” y comenzó a explorar en afinaciones alternativas dando con una muy interesante que acabó siendo conocida como “New Standard Tuning”. La ventaja radicaba en la ampliación del rango sonoro del instrumento lo que permite al intérprete ejecutar piezas que no podría afrontar con la afinación normal (por ejemplo, varias del repertorio pianístico). La desventaja se encontraba en la difícil adaptación de la literatura anterior para guitarra a la nueva afinación. Comoquiera que el interés de Fripp radicaba en la creación y no tanto en la revisión del pasado, terminó por adoptar el nuevo sistema aunque no se iba a quedar ahí.

En 1985, poco después de pasarse al “New Standard Tuning”, Fripp comenzó a impartir seminarios a guitarristas en los que explicaba y enseñaba la nueva aficinación. Estas clases, denominadas “guitar craft” tuvieron un éxito importante y de ellas surgieron algunos intérpretes muy notables que el propio Fripp incorporó a sus proyectos. Trey Gunn, quien acabaría incorporándose a King Crimson, sería el caso más claro pero no el único. Una de las formaciones más interesantes surgidas de los “guitar craft” fue el California Guitar Trio, formado en 1991 por el estadounidense Paul Richards, el belga Bert Lams y el japonés Hideyo Moriya, quienes se conocieron en 1987 durante uno de los seminarios de Fripp. Con el tiempo llegarían a actuar de teloneros de los propios King Crimson y a publicar algún disco con el material que interpretaban en las previas de aquellos conciertos.

Hoy nos vamos a centrar en su disco de 1995 titulado “Invitation” que muestra una interesante selección de temas propios y versiones en la que podemos disfrutar de las posibilidades que nos ofrece el formato de trío de guitarras con el añadido de la nueva forma de tocar.



“Train to Lamy Suite (parts 1-3)” - Comienza el disco con las tres primeras partes de una suite dividida en cinco, todas ellas compuestas por los miembros del trío. Escuchamos una trepidante combinación de guitarras acústicas (principalmente encargandose de las partes rítmicas) y eléctricas. En la segunda parte nos movemos en territorios más “americanos” próximos al “country y otras músicas de raíz. Por el contrario, la última parte de la suite contenida aquí es un tango lento y melancólico que podría adornar una puesta de sol en el oeste.

“Punta Patri” - La única pieza del disco firmada en solitario por uno de los miembros del trío es este instrumental de Bert Lams. Muy tranquilo y una linea cercana a la de otros guitarristas que publicaban en aquellos años en solitario como Neal Schon y, especialmente, Craig Chaquico y Tino Izzo. Hay algunos guiños rítmicos en la parte central a Steve Reich y su “Electric Counterpoint” y tambíen llamadas puntuales a Fripp. Una pieza, en suma, muy interesante desde todos los puntos de vista.

“Toccata and Fugue in D Minor” - Comenzamos con las versiones con Johann Sebastian Bach, uno de los compositores clásicos cuya música acepta mejor todo tipo de transcripciones y revisiones. La pieza escogida no es cosa menor: la tocata y fuga en Re menor BWV565, probablemente su obra más popular para órgano. El arreglo corre por cuenta del guitarrista, compositor y musicólogo Stan Funicelli y el propio Bert Lams. La versión del trío es impecable, dinámica y de una precisión y una claridad de sonido magistrales.




“Fratres” - De Bach pasamos a Arvo Pärt, también con una de las obras más conocidas de su repertorio. Pocas composiciones como ésta habrán conocido tantas adaptaciones a diferentes instrumentos, la mayor parte de ellas realizadas por su propio autor. La versión para guitarras mantiene toda la tensión de la obra original toda vez que el instrumento permite, incluso, incorporar las partes de percusión que marcan los distintos ciclos de la pieza. Una delicia a la altura de las mejores interpretaciones de la obra.

“Train to Lamy (part 4)” - Retomamos la “suite” inicial del disco con su minúscula cuarta parte: una nueva muestra de inconfundible sonido norteamericano que apenas dura 25 segundos.

“Apache” - Instrumental clásico del repertorio de la guitarra en el rock. El tema insignia de los Shadows, escrito por Jerry Lordan, es una de las piezas de su categoría que más veces a sigo grabada por otros artistas y la versión que de ella hacen los miembros del California Guitar Trio es absolutamente fiel a la original por lo que tampoco vamos a extendernos mucho más en comentarla.

“Train to Lamy (part 5)” - La última parte de la “suite” central del trabajo es una revisión (más extendida, eso sí) de la anterior que, al lado de esta suena más como una anécdota que como un corte independiente. Ninguna de las dos, en cualquier caso, nos parece que esté entre lo más destacado de “Invitation”.

“Above the Clouds” - Otra cosa es el siguiente corte del disco; una pieza en la que se incorpora al disco Trey Gunn al “stick” y que nos traslada inmediatamente al sonido inconfundible de alguno de los discos clásicos del sello Windham Hill con William Ackerman y, muy especialmente, Michael Hedges a la cabeza (sobre todo en sus piezas en compañía de Michael Manring). La “coda” final contiene una serie de sonidos herencia directa de Fripp que se antojan un homenaje al mentor de la formación. Un tema excelente que es, en nuestra opiníon, el mejor de todos los incluídos en el disco compuestos por el trío.




“Prelude Circulation” - Un preludio de innegable influencia barroca, en especial de J.S.Bach, quien podría pasar perfectamente por el autor de esta pieza, de una gran delicadeza, que cuenta con la participación de un buen número de guitarristas “crafties” (como se conoce a los que adoptan el “new standard tuning” tras pasar por los seminarios de Fripp). Aparecen en la pieza: Hernán Núñez, Fernando Kabusacki, Martin Schwutke y Steve Ball, quienes por su parte forman el grupo Los Gauchos Allemands.

“The Good, the Bad and the Ugly” - Casi terminando el disco nos encontramos una nueva versión, en este caso del clásico tema de Ennio Morricone para la banda sonora de “El bueno, el feo y el malo”. No hay silbidos pero tampoco se echan en falta aunque sean una parte imprescindible en la memoria de cualquier oyente cuando piensa en esta pieza.

“Train to Lamy (part 3, reprise)” - Cerrando el disco, tras un clásico del “spaghetti western”, escuchamos de nuevo la tercera parte de la “suite” que abría el trabajo. Comentábamos entonces su idoneidad para acompañar alguna imagen de aguerridos “cowboys” descansando y su situación cerrando el disco justo detrás de la pieza de Morricone parece incidir en esa idea.

Todas las piezas del disco están grabadas en una sola toma, sin edición posterior de ningún tipo lo que habla bien a las claras de la categoría de los intérpretes. La discografía del trío es bastante amplia y la mayoría de sus trabajos son de similares características a éste: temas propios y versiones de clásicos e instrumentales rock aunque también tienen algún disco dedicado al 100% a las versiones así como a obras de los integrantes del trío. Quizá no sean una agrupación que llegue a ser “de cabecera” para ningún aficionado pero tiene su interés y no está de más acercarse a ellos de cuando en cuando.

Nos despedimos con una versión en directo de "Apache" con Tony Levin como invitado especial:

 

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Isabelasnacho - Invento (2006)



Musicalmente, antes de ser Sebastián Wesman, Sebastián fue Isabelasnacho. Hablamos de un mismo músico pero también de un proyecto completamente diferente. Un proyecto en el que el músico de origen argentino no se conformaba con crear música sino que buscaba vías de expresión que trascendieran el lenguaje estrictamente musical. En 2006 no era un término tan utilizado como hoy (de hecho, quizá no se había inventado) pero “Invento”, el disco que comentamos hoy, es una especie de “realidad musical aumentada” en el que su autor crea nuevos lenguajes, tanto en sentido figurado como literal ya que, de hecho, canta en un idioma inventado por él y bautizado como “lenguaje etimofónico” con el que busca expresar aquello que las palabras no pueden, acercándose de un modo fonético al origen de los sentimientos. Así, el sonido es más importante que el significado.

Es también un trabajo fuera del tiempo, un disco que mira al pasado y al futuro sin identificarse con un presente concreto. Para lo primero utiliza sonidos representativos del pasado reciente. Para lo segundo es la propia música la que actúa como un ente precognitivo aproximándonos a lo que puede ser el futuro. Una apuesta aventurada cuyo acierto sólo podremos juzgar dentro de mucho tiempo.

Isabelasnacho toca el violín y canta además de aportar todos los elementos sonoros que se cuelan en la grabación como extrañados testigos de un viaje entre dos épocas sin escalas en el presente. La grabación data del año 2006 aunque fue editada por primera vez en 2010 en el sello Luscinia Discos convirtiéndose, además, en la primera referencia de su catálogo. “El camino más largo comienza con un paso” dice la tantas veces repetida cita de Lao-Tsé. Nos permitimos añadir a la célebre sentencia una apostilla y es que cuanto más acertado es ese primer paso, más prometedor es el camino, algo que en el caso del sello granadino se cumple con exactitud.



“Don de las almas” - Suena el violín con una serie de melodías en las que Wesman muestra su categoría como intérprete. Su música tiene un cierto deje tradicional, folclórico aunque sin pertenecer a una tradición concreta. Su sonido tiene una personalidad muy fuerte como la tienen las músicas de raíz. Su voz, que repite una y otra vez el tema del título no hace sino reforzar esa idea. En un momento determinado nos parece reconocer un atisbo de una melodía que el también argentino Osvaldo Montes empleó en su banda sonora para la película “El Lado Oscuro del Corazón”.




“Zeran” - La voz de Wesman juega ahora con los efectos sonoros electrónicos, los ecos y perdidas voces infantiles para crear un pasaje intenso y de una gran belleza. Muy breve, como todos los cortes del disco, posee un sello personal muy marcado.

“Piedad” - Suena la guitarra ahora entre susurros que forman parte de conversaciones perdidas. Quizá el folclore argentino se filtra en algún momento en el imaginario del músico que nos regala una pieza sencilla pero a la que es difícil abstraerse.

“Nacimiento de un pájaro mecánico” - Volvemos al violín, exprimido al máximo por Wesman que consigue arrancarle sonidos en el límite, agónicos pero de una expresividad elevadísima.

“Zirindin” - Canción coral que recuerda a las tonadas infantiles que los niños aprenden en las escuelas. Wesman articula diferentes coros que evolucionan alrededor de unos sencillos acordes de guitarra. Una propuesta originalísima como todas las que integran el disco.

“Príncipe” - Uno de los cortes más cercanos al formato de la canción tradicional con Wesman cantando con la única compañía de una guitarra. La expresión vocal es compleja, con registros cambiantes continuamente y ese idioma inventado que tan bien encaja con la música.

“A-Z-TAN” - Regresamos al violín con el músico cantando mientras toca con ese estilo entre ancestral e improvisado marca de la casa. Virtuosismo y audacia juntos como sello de identidad de un músico alejado de las convenciones.

“R-V-danzan” - Continúa el disco con otra composición que sigue la senda marcada por la anteriormente comentada “Zirindin”, esta vez sin guitarra. Es la de Wesman una música con una característica muy atípica. Hay momentos en que creemos “reconocer” la melodía, integrarnos en la música e incluso prever cómo va a evolucionar, algo que sólo sirve para frustrarnos al comprobar como la pieza se desarrolla de un modo completamente distinto al que anticipábamos.

“La mar” - Uno de los pocos textos reconocibles, al menos en parte de sus versos, es cantado por el artista que se acompaña de guitarra y algunos coros puntuales. Las formas se acercan a las tradicionales del muchas regiones del continente sudamericano, quizá como forma de enmarcar de algún modo la procedencia de su autor.

“Príncipe II” - En una linea similar, aunque con la parte folclórica mucho más difusa, se encontraría este segundo “príncipe” del disco. De nuevo los juegos vocales son protagonistas con un aire misterioso con el que jugaban también, por ejemplo, los primeros Dead Can Dance.

“Adios a Isabelasnacho” - Guitarra y voces se juntan de nuevo en este tema con sabor a despedida (al menos eso reza el título). Sorprendentes aires barrocos interactúan con el canto imprevisible de Wesman y una serie de voces en el límite de la razón que se escuchan en segundo plano.

“Coliseo” - Cerrando el disco escuchamos una letanía a varias voces que profundiza en la linea de todo el disco: una sonoridad nueva, original, que sirve para desarrollar una propuesta estética a la que no encontramos parangón en los miles de discos que hemos escuchado en todos nuestros años como oyentes. Quizá alguno de los experimentos de Meredith Monk tendrían algún punto en común en su estilo pero las similitudes serían, en todo caso, poco evidentes.

Conocíamos la música de Wesman que apareció bajo su propio nombre y, de modo somero, parte de sus incursiones cinematográficas pero nos faltaba aventurarnos en esta etapa inicial en la que grababa bajo el apelativo de Isabelasnacho. Siendo muy diferente a su producción más cercana en el tiempo, es inmediatamente reconocible, cualidad que no todos los artistas poseen y que denota un estilo, una forma de hacer las cosas diferente a la del resto. Eso no quiere decir que su música sea mejor o peor, claro está, pero en el caso que nos ocupa, es un punto más a favor de un músico notable al que seguiremos la pista como siempre hacemos con aquellos que de un modo u otro, llegan a accionar ese resorte interno al que pocas músicas consiguen llegar. Sus discos están disponibles en la web de Luscinia Discos.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Enya - Watermark (1988)



Lejos de dormirse en los laureles tras hacer un disco como “The Celts”, Enya comenzó de inmediato a trabajar en un nuevo trabajo. Ayudó, claro, el interés de los directivos de Warner que se interesaron por “fichar” a la artista irlandesa desde el momento en que escucharon la banda sonora con la que se dio a conocer y que le ofrecieron un gran contrato. Es conocida la frase de Rob Dickins (director de Warner Music UK entre 1983 y 1998) quién afirmó que “unas veces la compañía se preocupa de hacer dinero; otras, de hacer música. Firmamos a Enya para lo segundo”.

Dickins estuvo muy implicado en la grabación del disco, participando incluso en el diseño gráfico y estando presente en la mayor parte de las sesiones. La complicidad entre él y Enya fue tal que aparece mencionado en la letra del mayor éxito del disco (“Orinoco Flow”) en los versos: “we can steer we can near with Rob Dickins at the wheel”, en traducción muy libre, “podemos ir a cualquier sitio con Rob Dickins al timón”.

Viendo lo que sucedería después, llama especialmente la atención la gran evolución tecnológica que se produce entre “The Celts” y “Watermark” en sólo unos meses, propiciada, evidentemente, por la firma con una potencia discográfica como era Warner Music. Ese salto no iba a transformar radicalmente el sonido de Enya pero sí iba a potenciar aquellos aspectos más originales de su propuesta en aquel entonces.



“Watermark” - El primer tema del disco es un instrumental de piano como lo fueron las primeras piezas que Enya grabó en su momento para aquella cassette recopilatoria. Evidentemente, aunque el talento musical era el mismo, la producción es ahora extraordinaria con unos coros deliciosos pero que aún son una mera sombra del glorioso despliegue al que asistiremos en los minutos siguientes.

“Cursum Perficio” - Una de las piezas más emblemáticas del disco es esta poderosa canción que empiza también con el piano como introducción para la solemne y profunda melodía coral con Enya cantando en latín una serie de notas cuyo estilo tendría una cierta cercanía con el “Carmina Burana” de Orff, especialmente por su reminiscencia medieval y su ritmo. La segunda parte de la pieza insiste en este plantemiento con el desarrollo de espectaculares polifónias, con rotundas percusiones y cuerdas llenas de fuerza. Una obra maestra que quedaría eclipsada por otras composiciones del disco a las que no tiene nada que envidiar.



“On Your Shore” - El órgano sustituye al piano en la introducción de una canción delicada, con la voz de Enya sonando cristalina y sin necesidad de ser multiplicada en el estudio. Es una clara heredera de “I Want Tomorrow” del disco anterior y marcaría un camino que todos los discos posteriores seguirían, incluyendo siempre al menos una balada de similares características a esta. En los instantes finales escuchamos el clarinete de Neil Buckley en una deliciosa intervención.

“Storms in Africa” - Secuencias electrónicas y percusiones, muy ligeras aún, nos reciben en un corte que podría pertenecer a cualquier disco de las estrellas de la música hecha con sintetizadores de la época. Todo cambia con unas simples notas vocales ensoñadoras y una magnífica melodía cantada por la artista en modo coral. Las percusiones africanas interpretadas por Chris Hughes ganan presencia progresivamente mientras las voces se multiplican por obra y gracia de la maestría de Nicky Ryan en el estudio de grabación. La pieza tiene tan buena acogida que en posteriores ediciones del disco se añadió una versión en inglés de la misma titulada “Storms in Africa II”. En las últimas ediciones se volvió, sin embargo, al “tracklist” inicial.



“Exile” - Llegamos a la que es una de las mejores canciones escritas por Enya de entre aquellas que siguen los patrones a los que nos referíamos cuando hablábamos de “On Your Shore”. Un maestro de la música tradicional celta como es el gaitero Davy Spillane interviene con una magnífica melodía de flauta adornando una melodía maravillosa cargada de melancolía y profundidad.

“Miss Clare Remembers” - Recordábamos antes que la primera grabación de Enya en solitario fue para un “cassette” de varios artistas al que la cantante aportaba dos instrumentales de piano. El primero era “An Gaoth ón Ghrian” y el segundo éste que recupera aquí. Es una composición breve, romántica y con un cierto toque de pieza de aprendizaje pero no desentona en absoluto aquí.

“Orinoco Flow” - Llegamos al tema que lo cambió todo. La pieza que hizo que Enya pasase de ser una artista conocida en Gran Bretaña a una estrella de dimensiones planetarias. La canción aparece en gran cantidad de sintonías, anuncios, series de televisión y varios artistas utilizan “samples” de la misma en sus propias canciones. Lo curioso es que técnicamente puede ser una de las más sencillas de todo el trabajo ya que se basa en unos acordes muy sencillos que se repiten constantemente (y que proceden de un sonido de fábrica apenas modificado del sintetizador Roland D50), un texto esquemático y un estribillo que se repite constantemente (“sail away”) hasta el punto de convertirse en el subtítulo del tema cuando aparece como “single”. La canción se convierte pronto en un símbolo de una nueva forma de hacer música que tendría decenas de imitadores en los años posteriores con grandes resultados en algunos casos.

“Evening Falls” - Nueva balada de corte clásico en la que la voz de Enya, casi “a cappella”, desgrana una melodía de excepcional belleza con el único acompañamiento, primero de un tenue colchón de voces, después de un órgano y, finalmente de ambos juntos. Sin necesidad de pirotecnias de ningún tipo, Enya firma una canción extraordinaria.



“River” - Quizá el instrumental más extraño del disco. Completamente electrónico y construido con timbres poco convencionales, no termina de sonar del todo bien. Más o menos por la misma época, la irlandesa grabó un tema como “Oriel Window” de similares características pero infinitamente más inspirado que quedó relegado a “cara b” de single.

“The Longships” - Volvemos a oír el piano y las percusiones en combinación con los coros en los que la voz de Enya es replicada hasta el infinito en un corte en el que apreciamos de nuevo la inspiración por los sonidos africanos. Podría haber sido otra de las grandes canciones del disco pero le falta algo que no sabemos identificar para enamorarnos por completo.

“Na Laetha Geal M'Óige” - Cierra el trabajo una balada cantada en gaélico en la que escuchamos por segunda vez a Davy Spillane, esta vez interpretando las “uilleann pipes” en las que es maestro. Una pieza magnífica que, además, encaja perfectamente como cierre de un disco cuya primera escucha, allá por 1988, supuso un “shock” para muchos.


Leíamos recientemente en una prestigiosa publicación musical, al hilo del nuevo disco de Enya, que parecía que había que pedir dsiculpas a la hora de elogiar un trabajo de la artista irlandesa y que en algún momento parecía que muchos se sentían avergonzados de “confesar” su admiración por su música. Es cierto que en un momento determinado, los discos de la cantante resultaban repetitivos y sin una evolución palpable en términos estilísticos o sonoros pero no es menos cierto que a nivel compositivo, todos sus trabajos rayan a un nivel, como mínimo, notable. No creemos que el número de artistas que puedan decir eso tras treinta años de carrera sea muy elevado. Aunque “The Celts” fue un primer paso, es “Watermark” el gran hito que convierte a Enya en estrella, reforzado por el posterior “Shepherd Moons” que comentamos aquí tiempo atrás. El estrellato no cambió en absoluto a la artista pero sí influyó en la percepción popular de su obra. Enya se convirtió en un icono, en una marca que trascendía lo musical hasta convertirla en sinónimo de algo bonito pero sin fuerza, ñoño, cursi. Creemos que va siendo hora de revisar esta idea. Discos como “Watermark” están fuera de toda sospecha pero creemos que su obra posterior sale airosa de una re-escucha. Trataremos de que siga presente por aquí para comprobarlo.


miércoles, 16 de diciembre de 2015

Enya - Enya (1987)




Es muy reciente el lanzamiento del último disco de Enya, artista a la que tenemos un gran aprecio en el blog aunque no haya aparecido por aquí con demasiada frecuencia. Aprovechando el acontecimiento, trataremos de ponernos al día con algunas reseñas de varios de sus trabajos clásicos a modo de contextualización de su nuevo CD.

Comenzaremos hoy casi por el principio remontándonos al primer trabajo importante que realizó la artista en 1986 por encargo, nada menos, que de la BBC que buscaba música para una serie documental sobre los distintos pueblos de ascendencia celta de las islas británicas. El bagaje musical de Enya por aquel entonces era más bien escaso: un par de participaciones casi anecdóticas en discos de Clannad (la banda de sus hermanos y tíos), un par de temas instrumentales en un cassette de escasa distribución y una banda sonora para una película, “The Frog Prince”, en la cual sólo interviene en dos canciones que quedan fuera del montaje final mientras que el resto de la música que escribe es reinterpretada por músicos de estudio para el film.

Con todo, alguien en la corporación británica ve algo en ella y en el equipo que ya formaba con Nicky y Roma Ryan y decide darle la oportunidad de crear una banda sonora que sorprendería a todo el mundo por su calidad y por lo innovador de la propuesta de Enya a la hora de desplegar sus ideas musicales en un estudio de grabación. La artista irlandesa se encierra en el que tenían los Ryan en su domicilio (Nicky era un reputado productor ya en aquel entonces) durante diez largos meses para grabar y perfeccionar una importante serie de composiciones que serían entregadas después a la gente de la BBC para su incorporación al documental tras algún retoque en los estudios de la corporación (básicamente la grabación de algunas pistas a cargo de artistas invitados). Gustó tanto la música que Enya grabó que se decidió editarla en CD meses antes del estreno de la serie en las pantallas. El disco se iba a titular, sencillamente, “Enya” y no existía referencia alguna a que la música que contenía pertenecía a una banda sonora. Tiempo después, y a raíz del éxito de otros trabajos de la artista, el trabajo se reeditaría bajo el nombre de “The Celts” con una portada diferente y algún ligero cambio en el contenido.

Enya toca el piano, todos los sintetizadores y los “samplers” que aparecen en el disco además de cantar. En determinados momentos intervienen como invitados Arty McGlynn (guitarra eléctrica), Liam O'Flynn (gaita irlandesa) y Patrick Halling (violín).

Portada de la reedición de 1992, ya con el título "The Celts"


“The Celts” - El disco comienza igual que lo hacía cada uno de los capítulos de la serie documental: con una brillante melodía electrónica en la que brillan las percusiones y la voz de Enya, en varios registros diferentes, que acaba por hacerse con el protagonismo absoluto. Escuchamos ya aquí las distintas capas vocales que la artista crea en el estudio y que son su mayor seña de identidad, así como un interesante trabajo de “sampling” que hacen de esta pieza una joya.



“Aldebaran” - Con dedicatoria para Ridley Scott incluida, asistimos al corte más “cósmico” de todo el disco, en el que Enya juega con las secuencias electrónicas de un modo cercano al de el norteamericano Ray Lynch. Los coros ponen ese punto de distinción que hace de la música de la irlandesa algo tan personal, con unos arreglos que hacen de los textos algo ininteligible primando la estructura fonética de los mismos sobre el significado.

“I Want Tomorrow” - Llegamos así a la primera “canción” con texto comprensible. También tiene un formato más convencional con la artista cantando sobre unos bonitos arreglos de cuerdas. Los coros son utilizados de forma magistral durante toda la pieza que nos ofrece un estribillo de gran belleza. Sin duda, es uno de los grandes temas de Enya en toda su carrera. En la segunda parte escuchamos la guitarra de Arty McGlynn ofreciéndonos un sonido diferente en el que la artista no profundizaría demasiado en los años futuros.

“March of the Celts” - Entre coros etereos comienza a desarrollarse esta canción cuyos primeros acordes de sintetizador podrían recordar en algún momento a Vangelis pero que no tardan en convertirse en una preciosa marcha con el piano como protagonista junto con las cuerdas sintéticas que tanto peso tienen en todo el trabajo.

“Deireadh an Tuath” - Hay en el disco multitud de cortes cuya duración apenas sobrepasa el minuto, cosa habitual en las bandas sonoras. Este es el primero de ellos y tenemos que huir de la idea de que se trata de música de relleno, alimentada por su escaso minutaje. Es este un lamento de gran belleza que no necesita de mayor extensión para emocionar.

“The Sun in the Stream” - Encadenamos ahora una serie de piezas sin texto que comienzan con esta maravilla en la que la gaita del gran Liam O'Flynn, maestro y leyenda del que es uno de los instrumentos más expresivos que nos ha sido dado escuchar: las “Uilleann Pipes” o gaita irlandesa. La melodía escrita por Enya está a la altura del intérprete lo cual es decir mucho.




“To Go Beyond” - Otra miniatura escrita como un “lied” en el que la artista canta junto al piano una preciosa pieza que podría ser una canción de cuna. Todo en ella es encantador, desde la melodía hasta los arreglos.

“Fairy Tale” - Casi como una prolongación del tema anterior comienzan los acordes de un cajita de música propia de un cuento de hadas, como indica el título. Tras la introducción escuchamos una clásica melodía tarareada en la que la cantante irlandesa y Nicky Ryan hacen una portentosa exhibición de sus capacidades en el estudio de grabación jugando con las diferentes texturas de la voz, organizandola en incontables capas y construyendo una pieza coral en la que realmente sólo hay una cantante. Algo muy imitado en el futuro pero auténticamente excepcional en 1987.

“Epona” - Nueva bagatela, esta vez con sonido de arpa y aire ciertamente tradicional aunque se trata de una composición original. Nuevamente, aquellos que estén familiarizados con la obra de Ray Lynch apreciarán ciertos puntos en común con el artista norteamericano.

“Triad” - Compuesta por tres temas diferentes: “St.Patrick”, “Cú Chulainn” y “Oisin”, es esta otra espectacular demostración del potencial del método sonoro ideado por Enya y Ryan. Sólo desde ese punto de vista, el disco podría ser ya considerado un hito, independientemente de la calidad musical que es altísima. La primera parte, vocal, muestra una serie de coros de gran belleza en una pieza muy tranquila. La segunda, instrumental, retoma los aires celtas y sirve para llevarnos al tema final, una danza maravillosa con varias lineas vocales jugando con las cuerdas y el piano. Una maravilla. Una más.

“Portrait” - Brevísimo instrumental de piano que en posteriores ediciones del disco fue sustituido por una versión extendida que llevaba el subtítulo de “Out of the Blue”. Es una pieza en la linea de las primeras composiciones de la artista como las dos que aparecieron en el cassette de 1984 “Touch Travel”, inencontrable hoy en día (aunque una de las dos piezas apareció en un disco posterior).

“Boadicea” - Parece difícil que, llegados a este punto, el disco siga manteniendo un nivel tan alto pero no sólo lo hace sino que nos encontramos aquí con la que, probablemente, es nuestra pieza favorita del mismo: un lamento emocionante en el que sólo las voces replicadas hasta el infinito de Enya (con un mínimo soporte de percusión) se encargan de transportarnos a un lugar mágico. Parte de la canción fue "sampleada" por The Fugees en uno de sus discos lo que le dio mayor proyección. También ha sido empleada en bandas sonoras de películas y series de televisión.




“Bard Dance” - Suenan el arpa y el bodhran en una tonada de inspiración medieval que podría sonar en cualquier alegre noche de verano junto a la hoguera en una de tantas fiestas que el milenario pueblo celta celebraba en sus días.

“Dan y Dwr” - En una linea similar a “Deireadh An Tuath”, este profundo lamento gaélico nos acompaña hasta el cierre del disco con la emoción a flor de piel.

“To Go Beyond (II)” - Cerrando el trabajo volvemos a escuchar la melodía que ya sonó bajo el mismo título minutos antes. La novedad es el añadido, a modo de coda, de un excepcional arreglo para violín del tema central, interpretado por el músico de estudio Patrick Halling.


Sólo hay una cosa que podemos lamentar de esta banda sonora y es el hecho de que apenas hayan sido publicados cuarenta minutos de la misma, siendo ésta mucho más extensa y faltando por tanto mucho material de gran calidad por ver la luz. Es cierto que en singles de discos posteriores aparecieron dos composiciones más de la banda sonora (“Eclipse” y “Spaghetti Western Theme”) pero sigue pareciendonos que esta obra merece un tratamiento a la altura y una edición mucho más ambiciosa. En 2017 se cumplirán 30 años desde el estreno de la serie y quizá sería un buen momento para publicar, por fín, toda la música realizada por Enya para la ocasión. 

jueves, 10 de diciembre de 2015

Vangelis - Voices (1995)



En una reciente entrada del blog hicimos un breve repaso de una serie de años en los que Vangelis realizó varias obras que no salieron a la luz hasta un tiempo después. Hoy, continuando con esa etapa de la carrera del músico griego, nos centramos en un disco que sí fue publicado en su momento; una de esas cada vez más escasas obras que Vangelis grabó con el propósito de ser publicadas de modo inmediato. Esto, que en cualquier otro artista sería lo más común, en éste compositor es una excepción, especialmente en las últimas décadas hasta el punto de que, pese a estar grabado en 1995, en estos veinte años transcurridos desde entonces, sólo ha aparecido un disco más de estudio de Vangelis (excluyendo reediciones, bandas sonoras y proyectos no estrictamente discográficos).

Voices” iba a ser un trabajo tremendamente irregular. Desconcertante a primera vista por el propio título que anticipaba alguna novedad, confirmada luego al ver los nombres de varios vocalistas que aparecerían en el disco. No es que Vangelis no hubiera realizado canciones en el pasado. Evidentemente, sus muchas colaboraciones con Jon Anderson, Demis Roussos o Irene Papas desmentirían inmediatamente cualquier afirmación en ese sentido pero lo cierto es que sus discos en solitario, los que firma con su propio nombre, apenas tenían piezas cantadas desde el lejanísimo “Earth” de 1973.

Hay un punto más a analizar en el que siempre insistimos mucho cuando hablamos de Vangelis, en especial del más reciente. Hablamos de un músico que no tiene una especial motivación para publicar su obra pero que, sin embargo, compone y graba música constantemente. Teniendo esto en cuenta, y una vez que decide publicar un disco ¿qué enfoque escoge? ¿publica lo mejor de lo que ha grabado recientemente o compone una serie de piezas expresamente para el trabajo? Y si la respuesta es la segunda opción ¿qué criterio sigue? ¿busca el favor del público? ¿utiliza aquellos recursos que mejores réditos le han dado anteriormente?. En “Voices” hay algo de eso último como veremos a continuación. Aparecen en el CD como invitados especiales: Stina Nordenstam, Caroline Lavelle y Paul Young además del coro de la Athens Opera Company.

Stina Nordenstam, una de las vocalistas invitadas del disco.


Voices” - Abre el disco una pieza que, a nuestro juicio, encierra una clara intención comercial. Un intento por repetir la fórmula de la banda sonora de “1492, Conquest of Paradise” utilizando coros bombásticos junto con las secuencias electrónicas tan bien le han funcionado siempre, una percusión poderosa en la que no faltaban las campanas tubulares y, como remate, sonido de gaitas en un momento en el que la música celta estaba de moda. Por si esto fuera poco, la melodía, cargada de épica, recordaba, siquiera vagamente, al himno no oficial de Escocia, “Flower of Scotland”. En resumen, una pieza con todos los ingredientes para convertirse en clásica que no pasó, en nuestra opinión, de un intento muy tramposo de repetir viejos éxitos.

Echoes” - Una serie de ritmos sintéticos próximos al Vangelis de discos como “The City” van sonando como fondo mientras que la melodía central del tema anterior se repite como motivo principal de este. La intervenciones del coro son más próximas a las de “Mask”, el disco de 1985 en el que, ciertamente, esta pieza tendría mejor encaje. El tema, de más de ocho minutos de duración, se hace demasiado largo en muchos momentos y hace que el oyente esté más pendiente de su final que de disfrutarlo como probablemente desearía.

Come to Me” - Caroline Lavelle es la primera invitada en aparecer en el disco y lo hace en su doble faceta de vocalista y violonchelista. Comenzó colaborando con grupos de música celta pero pronto comenzó a alternar con otro tipo de artistas como Peter Gabriel o Massive Attack, aunque es junto a Loreena McKennitt como ha grabado la mayor parte de los discos en los que interviene. La pieza está basada en una sencilla melodía interpretada por Vangelis a los teclados, simulando un arpa. Lavelle canta un inspiradísimo motivo que nos reconcilia de inmediato con el músico griego tras un comienzo de disco algo decepcionante. La mayor proximidad estilística de la pieza con otras obras de su autor de la misma época como “El Greco” nos reafirma en lo acertado de ese camino frente al más nostálgico que representaría el tema inicial del disco.



P.S.” - Escuchamos ahora una miniatura, probablemente improvisada, en la que Vangelis hace gala de su habilidad como creador de melodías. Aunque insiste en algún momento con el “leitmotiv” de los dos primeros cortes, encontramos su presencia aquí mucho más acertada.

Ask the Mountains” - La cantante sueca Stina Nordenstam es la siguiente en aparecer y lo hace con una maravillosa interpretación en la que su particular estilo (algunos la han comparado con Björk) enriquece la melodía de Vangelis hasta convertirla en nuestra pieza favorita de todo el disco. Con un canto delicado, fragil, casi silábico, la vocalista se basta por si sola para llevar el peso de la composición con el único apoyo de una sencilla base rítmica y una bonita linea de bajo. En la parte final, Vangelis reclama algo de espacio al piano para cerrar una canción muy original y de una belleza única.



Prelude” - Otra de las grandes piezas del disco es este preludio en el que el compositor se descuelga con una maravilla interpretada al piano (con sutiles acompañamientos electrónicos) que podría ser lo mejor que nunca ha escrito (es un decir en un músico que decidió no aprender solfeo) para ese instrumento en toda su carrera.



Losing Sleep (Still, My Heart)” - Sin solución de continuidad nos encontramos en medio de la siguiente canción con Paul Young, la estrella del pop de los ochenta cuya voz (bastante tratada aquí) se encarga de ejecutar una canción melancólica que no desmerece en cuanto a calidad a las otras dos que hemos oído anteriormente con vocalistas invitados. El esquema en esta ocasión nos vuelve a remitir a algúna pieza del pasado de Vangelis, especialmente a “Message” del disco de 1988 “Direct” con la que comparte muchas características pese a ser aquel un tema instrumental.

Messages” - No hay que confundir este tema con el que acabamos de citar de 1988 porque no tienen absolutamente nada que ver. De hecho, creemos que éste es uno de los momentos más bajos del disco. Un ritmo constante a base de “samples” de percusión combinados con voces humanas, excesivamente monótono, hace de base para la aparición de una melodía inocente y desprovista de toda profundidad. Volvemos a oir coros que no terminan de ir a ninguna parte y, como ocurría con “Echoes”, la sensación de que el tema es interminablemente largo no ayuda en absoluto a disfrutarlo. De hecho, no llega a los ocho minutos pero todo lo que tenía que decir lo había hecho en los dos primeros.

Dream in an Open Place” - El cierre del disco nos deja un major sabor de boca que el corte anterior pero no llega a maravillarnos. Es una tranquila melodía de corte ambiental que en algún momento quiere parecerse a los pasajes cósmicos de “Heaven and Hell” que acompañaron las imágenes de la serie “Cosmos” de Carl Sagan pero cualquier comparación con aquella obra maestra hace un flaco favor a esta pieza. Agradable sin mas pero de un músico como Vangelis siempre esperamos lo mejor.



Nuestra impresión acerca de “Voices” no fue demasiado buena en su momento y hoy, dos décadas después, sigue siendo parecida. Hay tres buenas canciones (alguna excelente) y un magnífico tema instrumental pero el resto del material no está a la altura del nombre de su autor. Se diría que Vangelis busca gustar de un modo consciente y eso hace que el resultado se resienta en exceso (un detalle interesante es que todos los vocalistas invitados habían "fichado" recientemente por Warner en la fecha de la grabación del disco). Con todo, merece la pena acercarse de vez en cuando a obras de un autor como el griego porque siempre hay algún detalle interesante que hace de la experiencia algo placentero.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Philip Glass - A Brief History of Time (2015)



No es lo normal pero hay veces en las que una obra de cualquier género alcanza una popularidad y un éxito de ventas aparentemente vedado para trabajos de su temática o categoría. Cuando esto sucede, esas excepciones se convierten en fenómenos populares que ocupan las primeras páginas de los medios de comunicación y alcanzan el estatus de acontecimientos mundiales, siquiera durante un breve periodo de tiempo. Ejemplos hay muchos y en todos los campos... desde los cantos gregorianos de los monjes de Monasterio de Silos hasta las instalaciones de Christo Javacheff envolviendo edificios en tela o películas como “El Proyecto de la Bruja de Blair”.

En literatura ha habido éxitos sorprendentes pero se nos ocurren pocos acontecimientos tan extraños como el hecho de que un libro de física escrito en 1988 haya alcanzado ventas de unos diez millones de ejemplares desde su publicación hasta hoy. Eso ocurrió con “A Brief History of Time” de Stephen Hawking.

En 1991, el cineasta Errol Morris estrenó una película con ese mismo título pero no se trataba de una adaptación de la obra de Hawking sino de una biografía del popular científico británico. Morris es un personaje peculiar que comenzó estudiando música (concretamente violonchelo) para ingresar más tarde en universidades tan exclusivas y prestigiosas como Princeton o Berkeley, las cuales abandonó sucesivamente por no estar de acuerdo con su metodología. Tras un periodo de incertidumbre en el que hizo todo tipo de trabajos, Morris encaminó su carrera hacia el cine y, en especial, hacia los documentales. Su primer proyecto, nada menos que junto con Werner Herzog, tenía como objeto acercarse a la vida de Ed Gein, uno de los asesinos en serie más sangrientos de la historia de los Estados Unidos. A pesar de haberse entrevistado en varias ocasiones con Gein para la película, Morris abandonó el proyecto cuando Herzog se empeñó en profanar la tumba de la madre de Ed para probar una extraña teoría. Tras un par de documentales sin mucha repercusión, Morris rodó en 1988 “The Thin Blue Line”, un largometraje sobre la pena de muerte que obtuvo un gran reconocimiento. La banda sonora del mismo estaba compuesta por Philip Glass.

Fue un tiempo después de estrenar “The Thin Blue Line” cuando una productora comenzó a preparar un proyecto de documental sobre Hawking que terminó por recaer en Errol Morris a sugerencia, nada menos, que de Steven Spielberg. El documentalista pensó inmediatamente en Glass para realizar, de nuevo, la banda sonora del mismo.

Compositor y director en plena conversación.

La música de Philip Glass para el documental permaneció inédita más de dos décadas siendo uno de los trabajos del músico cuya publicación era más esperada por los no pocos seguidores de su obra. Afortunadamente, dentro de la impresionante labor de recuperación de material de todas las épocas de su obra que aún no había visto la luz en un formato puramente musical, Glass publicó hace unos meses esta banda sonora dentro de su sello Orange Mountain Music.



El disco, que es además la referencia número 100 del sello, recoge la música dividida en veinte cortes de muy breve duración en la mayor parte de los casos por lo que no merece la pena el comentario pieza por pieza que solemos realizar prefiriendo en este caso dar una visión general del mismo. La banda sonora tiene muchas similitudes con los trabajos de Glass de los años ochenta. Así, “Mysterious No.4”, el segundo corte del disco, podría haber formado parte perfectamente de la partitura que acompañaba las imágenes de “Koyaanisqatsi” y lo mismo ocurre con otros momentos de la obra como “Slow, Simple, Sad No.3”. Tenemos delicados valses como “Hawking-Radiation” (tema que se repite más adelante), piezas más enérgicas como “Climbing the Stairs” o una verdadera maravilla titulada “Signature” con una excepcional melodía que podría haber firmado el más inspirado Wim Mertens. Un ejemplo del Glass más lírico que no se dejaba ver tanto en aquellos años (con ligeras excepciones como la música de “The Screens” con Foday Musa Suso). Escuchamos también muestras de la cara más “mecánica” del compositor de Baltimore que anticipan trabajos posteriores (pensamos en “Hydrogen Jukebox”) como el corte títulado “House” y se despide el disco con una especie de resumen de la obra ("End Credits Major and Minor") en la condensa todo el estilo característico de aquella etapa del músico.

No disponemos de los créditos de la grabación que, por algún motivo, no se incluyen en el disco. Creemos que los músicos participantes en la misma no deben diferir mucho de la formación habitual del Philip Glass Ensemble de los ochenta, quizá con el añadido de alguna sección de cuerda en determinados momentos.


Los amantes de la obra de este Glass en transición desde su etapa puramente minimalista a la abiertamente neoclásica actual, tienen en “A Brief History of Time” un disco magnífico para disfrutar de una obra que no tiene nada que envidiar a las que hicieron del compositor uno de los más populares en los años ochenta a través de discos como “Glassworks”, “Dancepieces”, las dos primeras bandas sonoras de la triligía “-qatsi”, “Mishima” y demás trabajos en esa linea. Incluso afirmaríamos que es este un trabajo más redondo, más coherente y con un nivel medio muy elevado, sin ninguna pieza de relleno o en un escalón por debajo del resto. Estamos de suerte, por tanto, con esta edición que rellena un hueco que para muchos seguidores, era imprescindible tapar.


Primera parte del documental:

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Felipe Pérez Santiago - Mantis (2013)



De vez en cuando traemos por el blog discos con música de diversos autores a los que hemos llegado llamados por el atractivo concreto de alguno de ellos, desconociendo en buena parte otros nombres que aparecen en el disco. El método, errático en apariencia, nos ha llevado en los últimos años a descubrir la obra de artistas verdaderamente interesantes a los que difícilmente habíamos accedido por otros medios. El disco que hoy comentamos llegó a nuestro conocimiento por ese medio.

Hace un tiempo comentamos aquí un disco del violonchelista Jeffrey Zeigler movidos, principalmente, por el estreno de una pieza para ese instrumento de Philip Glass y animados por la presencia de John Zorn en el listado de compositores del CD. El “descubrimiento” que nos tenía reservado el disco de Zeigler estaba en la pista que abría el disco, obra del compositor mexicano Felipe Pérez Santiago. Formado en las mejores instituciones musicales de su país y de Europa, ha sido compositor residente de algunos de los centros de investigación musical más relevantes del viejo continente, incluyendo el Center of Musical Creation Iannis Xenakis parisino, el Center for Electronic Music de Amsterdam, la Universidad Pompeu Fabre de Barcelona, el Staatstheater de Munich o el Studio for Electro-Instrumental Music en Amsterdam. La lista de premios y becas logradas a lo largo de su trayectoria sería demasiado larga para exponerla aquí y las formaciones con las que ha trabajado se encuentran entre las más prestigiosas de la música contemporánea. Además de esto, Felipe es el fundador de Mal'Akh, formación que interpreta música de los más diversos estilos, desde el free-jazz a la electrónica, incorporando elementos de la música de cámara o el rock.

Sus primeras obras eran puramente musicales, sin relación con ningún otro formato artístico pero ya en 1999 compuso música para ballet y un año más tarde sus primeras bandas sonoras. Ambos campos han tenido un papel importante en su obra acompañados siempre de la composición independiente. No parece tener predilección por ningún tipo de formación concreta a la hora de componer ya que tiene piezas de todo tipo, desde orquestales hasta camerísticas, electrónicas e incluso para combinaciones de instrumentos poco comunes como conjuntos de flautas, grupo de gamelanes, etc.

El disco que hoy traemos aquí, lleva el título de “Mantis” y es una recopilación de trabajos creados entre 1999 y 2013 y proceden de distintas etapas de sus estancias en distintas instituciones, europeas en su mayoría. Es una producción del Centro Mexicano para la Música y las Artes Sonoras.

Felipe Pérez Santiago


“Jingle Hell!” - Abre el disco una pieza de 1999 encargada por una emisora de radio holandesa como sintonía de una serie de programas dedicados a las nuevas músicas. Es una de las cuatro obras del disco creadas en el Estudio de Música Electrónica del Conservatorio de Rotterdam. En realidad es una brevísima fanfarria adornada con efectos electrónicos que cumple perfectamente su labor como “jingle”.

“Post-War” - Como la anterior, es otra creación del periodo del músico en Holanda. En esta ocasión, del año 2001. Además de la electrónica interviene el violinista Konstantin Tchakarov. Es ese instrumento el que lleva el peso del tema ayudado por el tamiz electrónico de Felipe Pérez Santiago que transforma el sonido del instrumento y lo rodea de timbres y efectos que consiguen crear en el oyente una sensación de profundo desasosiego. El violín parece retorcerse y ser exprimido hasta obtener las notas más inalcanzables consiguiendo momentos de gran tensión. En la parte final aparece un agresivo sonido electrónico para crear un ritmo inquietante con el que concluye la composición. La pieza pertenece a “Battlefeels”, encargo de la Universidad Erasmo de Rotterdam para un festival de cine.

“Area 17” - El disco no sigue un orden cronológico así que saltamos a 2006 y a Barcelona donde Felipe escribe esta pieza electrónica con ocasión del 250º aniversario del nacimiento de Mozart. Estamos ante una de nuestras obras favoritas del disco que toma la forma de una caja de música sacada de algún futuro post apocalíptico. Una melodía de tinte clásico ejecutada con una electrónica tremendamente distorsionada hasta conseguir un efecto verdaderamente perturbador. Mozart y Aphex Twin juntos en una improbable colaboración que fue la primera pieza de Felipe que nos impresionó cuando comenzamos a buscar obras suyas tras escuchar su participación en “Something of Life” de Jeffrey Zeigler.





“Cicatrice” - En 2008, de vuelta en Holanda (esta vez al Studio for Electroinstrumental Music de Amsterdam, el compositor escribe esta obra para cuarteto vocal y electrónica por encargo del Egidius Quartet. Comienza con una profunda introducción electrónica de gran fuerza a la que se incorporan paulatinamente las voces, primero de forma individual y más tarde interactuando entre ellas hasta crear un coro de gran belleza, siempre con un punto de tensión importante, algo que es una característica muy destacada de la música de Felipe. Hay puntos en común con algunas de las obras más inquietantes de músicos como Ligeti (pensamos en piezas corales pero también en las instrumentales como “Volumina”) y otros compositores de nuestro tiempo. La superposición de capas sonoras, los loops vocales y las texturas electrónicas, siempre evolucionando, convierten a “Cicatrice” en otra de nuestras piezas predilectas.

“Danza de Ángeles” - Una de las piezas más antiguas del disco (data de 1999) creada en la etapa del autor en Rotterdam, es este extracto de “Engelberg”, encargo electrónico para la Rotterdam Dance Academy. Distintos ritmos se combinan en el inicio, desde unos pasos hasta un latido de corazón, mezclados ambos con un un zumbido constante, para crear el fondo sonoro en el que escuchamos, muy en segundo plano, un coro angelical. Aparecen entonces loops y ritmos industriales, “samples” vocales de todo tipo, campanas casi inaudibles, etc. Un tapiz sonoro personalísimo y fascinante. Nos comenta el autor en un correo electrónico su admiración, entre muchos otros músicos, por Steven Wilson y lo cierto es que esta obra bien podría encajar en la filosofía del proyecto Bass Communion del polifacético artista británico.

“Der Nachtflug” - La última obra de este periodo incluida en el disco es esta composición que ganó el premio del Institute of Electroacoustic Music de Bourges como parte de “Ofaniel, ángel de la Luna”, instalación audiovisual de gran formato. Comienza de un modo más amable que las anteriores, aunque enseguida gira hacia los ambientes más oscuros e industriales. Aparecen entonces una serie de ritmos sintéticos que se mezclan con sirenas para crear una sensación de caos de la que es muy difícil escapar. Salvando las distancias, porque el resultado es muy distinto, hay algo del “On the Run” de Pink Floyd en el esquema de esta parte de la pieza. En el final volvemos a escuchar una serie de samples vocales formando “loops” que dan paso a la última parte de la composición, muy rítmica y experimental.

“Iftira” - Avanzamos unos cuantos años hasta llegar a las dos obras más recientes del disco, creadas ambas en México. La primera es una comisión del Centro Mexicano de Música y Arte Sonoro, escrita para quinteto de fagots y electrónica. Se estrenó en 2012 con los integrantes del Dark in the Song Quintet como intérpretes. Nos recuerda mucho a otras piezas en una linea similar de Jacob Ter Veldhuis, especialmente a sus composiciones para “boombox” o “ghettoblaster” e instrumentos de viento como “Pitch Black”. Al margen de eso, “Iftira” es una obra magnífica en la que los ritmos electrónicos se mezclan con los que crean los propios fagotistas y sirven como base para diferentes desarrollos repetitivos en la más pura tradición minimalista. Una maravilla.



“Red Antisocial” - De un año antes es esta pieza para flauta y electrónica con Alejandro Escuer como solista. El comienzo, con el instrumento sólo, nos muestra un tratamiento muy contemporáneo del mismo, algo que se mantiene durante toda la pieza aún cuando se suma la electrónica para dotarla de un entorno acústico muy diferente. Con todo, los efectos nunca llegan a eclipsar a la flauta. La segunda parte de la pieza evoluciona hacia conceptos más claros, tanto en las frases y melodías de Escuer como en los ritmos electrónicos, mucho más concretos y directos ahora, tanto que podrían encuadrarse en las corrientes más vanguardistas de la electrónica de baile actual.

“Frozen” - Continuamos con dos piezas de 2003 cuya creación se hizo a caballo entre Holanda, Los Ángeles y México. Ambas forman parte de música para el ballet “Eppur Si Scende” y cuentan con Jeffrey Zeigler al violonchelo dando la réplica a la electrónica de Felipe. La primera composición se abre con un profundo sonido que se repite unas cuantas veces más antes de que aparezca Zeigler para ejecutar una melodía muy cadenciosa que se va mezclando con las capas de sonidos sintéticos del compositor. Es en esta fase inicial este un corte muy atmosférico y con momentos de gran sutileza en la relación entre ambos instrumentistas. Se produce entonces un giro y el violonchelo comienza a explorar terrenos muy diferentes creando un pasaje sonoro lleno de tensión que desemboca en el final de la pieza, oscuro y evocador como pocos.

“Phoetus” - El segundo extracto de “Eppur Si Scende” se abre también con sonidos electrónicos en forma de “drone” a los que se incorpora el violonchelo ejecutando una serie de largas notas en la misma línea. Un pulso sintético continuo aparece entonces acompañado de una serie de voces fantasmagóricas con regusto a antiguo coro de iglesia que se interrumpen abruptamente de vez en cuando, algo que también ocurre con alguna de las secuencias de violonchelo en una composición en la que la riqueza de las texturas sonoras es abrumadora siendo complejo discernir cuántas capas de sonido escuchamos en cada momento.



“Círculo” - La única obra del periodo parisino de Felipe que aparece en el disco es esta pieza electrónica de 2002 concebida para acompañar un montaje de video-ballet de Eef de Graaf titulado “Círculos Cuadrados”. Tras un comienzo cercano al ambient, una serie de percusiones pulsantes comienzan a sobrevolar la pieza a gran velocidad atrapando nuestra atención para terminar entre ritmos frenéticos que no avasalladores.

“Ladrones” - El cierre del disco lo pone una muestra de la obra del compositor para el cine, concretamente para el corto de 2003 “Ladrones” de la directora argentina Mariana Rondón. Es un broche tranquilo, una pieza pianística de breve duración que sirve para concluir un viaje fascinante como pocos.

Nuestro desconocimiento de la escena musical mexicana es casi absoluto y se limita a las obras del fallecido Jorge Reyes en los años ochenta y noventa y de Fernando Corona, alias Murcof, en la actualidad. El nombre de Felipe Pérez Santiago se incorpora sin duda alguna a nuestra lista y se convierte en una referencia a seguir a partir de ahora, especialmente sabiendo que entre sus próximos proyectos se encuentra una nueva colaboración con el Kronos Quartet con el exilio como tema central. Se prolonga así una colaboración que comenzó años atrás, cuando el compositor fue el segundo ganador de la convocatoria “Kronos Under 30”. Se trata de una especie de concurso organizado sin una periodicidad concreta por el cuarteto norteamericano. El ganador recibe el encargo de escribir una obra para el cuarteto y Felipe fue el escogido en la segunda edición en 2004 dando como fruto la obra “Camposanto”. Algo más tarde, el compositor mexicano escribió un segundo encargo para el cuarteto bajo el título de “Encandilado”.


Antes de despedirnos, queremos agradecer a Felipe su excelente disposición para aclararnos algunas dudas sobre su trabajo así como su amabilidad y cordialidad a la hora de responder nuestros correos. Estaremos muy pendientes de las próximas noticias sobre su música que tendrán siempre un hueco en el blog, habida cuenta de la la extraordinaria calidad de sus propuestas.

Como cierre, os dejamos con "Purpurascens", una de las últimas creaciones del músico interpretada en directo con su banda Mal'Akh y la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México. Una verdadera maravilla:

domingo, 22 de noviembre de 2015

Arvo Pärt - Litany (1996)



La música de Arvo Pärt se encuentra entre las más populares y también entre las más interesantes de nuestro tiempo y buena parte del mérito se la debemos al empeño de Manfred Eicher, fundador del sello ECM y una de las personas que mayor interés se tomó en la difusión de la obra del compositor estonio. En 1984, Eicher inauguraba la división “ECM New Series” de su sello en la que iba a lanzar trabajos relacionados con lo que podríamos llamar música culta, para diferenciarse de la rama principal de la compañía, más centrada en el “jazz” contemporáneo. El primer disco publicado en el nuevo sub-sello fue “Tabula Rasa” de Arvo Pärt tras el cual Eicher y el compositor asentaron una relación que llevó a que la mayor parte de los estrenos de Pärt verían la luz en ECM, algo que se ha venido manteniendo hasta nuestros días.

En 1996 apareció “Litany”, un disco que recogía tres obras recientes en aquel momento (siendo estrictos, dos obras recientes y un arreglo de otra pieza antigua). Participan en él la Hilliard Ensemble integrada por David James (contratenor), Rogers Covey-Crump (tenor), John Potter (tenor) y Gordon Jones (bajo), la Tallin Chamber Orchestra y el Estonian Philharmonic Chamber Choir dirigidos ambos por Tönu Kaljuste, interviniendo todos en la pieza central que dá título al disco. Las dos obras e complemento son ejecutadas por la Lithuanian Chamber Orchestra con Saulius Sondeckis a la batuta.

Arvo Pärt junto a Paul Hillier


Litany” - Encargo del Oregon Bach Festival, esta pieza para coro, orquesta de cámara y solistas se estrenó en 1994 y ocupa la parte principal del disco. Las voces comienzan a sonar surgiendo de lo más profundo y nos remiten a Perotin o Tomás Luis de Victoria, referencias, especialmente la primera, muy presentes en la música coral de Pärt. Cuerdas y coro emergen también poco a poco y todo sucede de un modo extremadamente pausado, algo que requiere del oyente toda la atención posible para disfrutar de los matices de la partitura en su justa medida. Sólo las campanas tubulares y los metales se salen en algún instante de la línea de extrema pausa pero sólo para volver a quedar ocultas poco después hasta que, con una breve fanfarria asistimos al primer cambio importante de la obra que pasa a estar dominada por la orquesta en pleno y los coros, mucho más potentes ahora que en los minutos iniciales. El ecuador de la obra lo marcan los timbales que presentan de nuevo al coro, ahora junto con las cuerdas en un discurso muy contemporáneo que nos reconcilia con el mejor Pärt. El resto de la obra es un precioso “in crescendo” que nos recuerda la intensidad de su “Cantus” en recuerdo de Benjamin Britten, una de las composiciones más emocionantes del repertorio del compositor estonio.

Psalom” - Revisión de 1995 de la composición de 1984. Siempre nos ha encantado la música del Pärt estrictamente instrumental y esta breve composición sigue la tradición de piezas como “Summa” (en su versión para cuerdas). Con un material muy escueto, el compositor construye una obra de gran belleza en la que demuestra que muchas veces, en música, menos es más.

Trisagion” - Cierra la colección esta pieza orquestal de 1992 revisada en 1995 de cara a esta grabación. Se trata de una obra con muchos puntos en común con la anterior aunque su duración sea más o menos el doble. Pärt maneja las cuerdas con templanza en la primera parte de la composición para redoblar su intensidad en la segunda en la que reconocemos al autor del “Collage über B-A-C-H”. Un magnífico ejemplo de la obra de Pärt que, no en vano, ha sido incluido en la reciente recopilación de lo mejor de su obra, aparecida en ECM bajo el título de “Musica Selecta”.



No es fácil para un compositor contemporáneo superar las barreras del círculo de la música “culta” y hacer que su obra sea conocida por parte de un público más general. Más complicado, si cabe, se nos antoja cuando hablamos de un músico profundamente religioso y cuya obra está muy relacionada con su fe. Sin embargo, Arvo Pärt lo ha conseguido de forma notable y su música llega hasta nosotros en las formas más diversas, incluida su presencia en multitud de bandas sonoras de películas de todo tipo, desde “Las Invasiones Bárbaras” hasta “Pozos de Ambición” pasando por auténticos “blockbusters” como la última entrega de “Los Vengadores”. En el blog siempre le guardaremos un lugar muy destacado entre nuestros compositores predilectos y no dejaremos de recomendar su obra.


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