domingo, 23 de abril de 2017

James Forest - From Chennai to London (2016)



“Esta es una colección de canciones escritas en mis viajes a través de Europa y Asia entre noviembre de 2015 y abril de 2016. Espero que toquen vuestros corazones y almas. Paz. James”.

Con esta sencilla nota presenta James Forest su trabajo “From Chennai to London”, un recorrido espiritual desde la antigua Madrás hasta la Metropoli en el que el músico se presenta de una forma más desnuda, si cabe, que en su disco anterior del que hablamos aquí en su momento. A estas alturas es muy complicado que un artista nos sorprenda porque acumulamos ya decenas de miles de horas como oyentes de música de todo tipo pero lo cierto es que el trabajo homónimo de James Forest nos dejó sin habla por lo infrecuente de su propuesta y por la vía escogida para desarrollarla. La traslación de pasajes acústicos, casi folclóricos, a un entorno electrónico lleno de sofisticación nos descolocó como pocas veces nos había ocurrido. Por ello, teníamos unas ganas enormes de escuchar más cosas del músico, anhelo que pudimos satisfacer hace ya unas semanas cuando recibimos un nuevo trabajo suyo editado, cómo no, por Luscinia Discos.

El disco se grabó en Londres y Quebec, donde fue terminado y Forest es el responsable de todo, desde la composición hasta la interpretación y la grabación. En relación con su trabajo anterior el enfoque es completamente diferente ya que desaparece casi por completo la electrónica encontrándonos en su lugar con una colección de canciones en formato casi acústico al 100% lo que, de entrada, supone una gran variación con respecto al otro disco del autor que conocíamos.

James Forest en una imagen de su página en bandcamp


“Birds, You & Me” - La primera pieza del disco confirma el protagonismo, en lo instrumental, de la guitarra y la extraña presencia de la voz de Forest que, casi suspirando, lo llena todo. Juega con los ecos el músico amplificando el aire misterioso de su forma de cantar en un tema en el que queremos adivinar algún lejano resquicio “Beatle”, especialmente en tramo final.




“Castles in the Haze” - El artista que nos viene a la cabeza con los primeros compases de la canción es Nilsson y su “Everybody's Talking” y es que los arreglos de guitarra parecen una versión ralentizada del clásico inmortalizado en la película “Midnight Cowboy”. Luego el tema discurre por otros derroteros en los que Forest desarrolla una canción en su propio estilo a partir de conceptos “folkies”.

“My Third Eye” - Una larga introducción instrumental en la linea de los discos de Michael Hedges abre una magnífica canción, fronteriza y evocadora de muchas cosas a la vez. Volvemos a escuchar juegos vocales propiciados por la tecnología en el estudio de grabación que son ya una de las señas de identidad del músico. Siendo todas las piezas de un nivel muy parejo, esta es una de nuestras favoritas del disco.

“Hummingbirds” - A estas alturas del disco tenemos claro que éste tiene un estilo muy consolidado y homogéneo en el que no caben muchas sorpresas pero aquí encontramos alguna con la aparición de la guitarra eléctrica en determinados momentos dando una réplica preciosa a la acústica.




“Jamie's Got a Gun” - Encontramos un enfoque ligeramente pop en la siguiente canción que tiene también algo “Beatle” pululando por ahí. Es una de las canciones con más gancho del trabajo donde también recupera ese pulso electrónico tan presente en su anterior disco, siquiera en forma de efectos sonoros que aparecen en segundo plano en algunos momentos. No tienen la presencia que tenían en el trabajo anterior pero comienzan a asomar.

“In Dreams” - Y como si el comentario anterior fuera premonitorio, los sonidos sintéticos y los efectos de laboratorio protagonizan esta extraordinaria pieza. Un tema instrumental maravilloso con toques hindúes que sirve como un interludio perfecto para afrontar la segunda parte del disco.

“River in the Rain” - Comienza la misma con una canción más próxima al espíritu de su anterior trabajo, con un teclado electrónico (probablemente un Fender Rhodes con una buena carga de postproducción) como acompañante. Un gran tema que tiene su prolongación en el siguiente.

“The Old Chapel” - Guitarra eléctrica y teclados (se escucha algo parecido a un Mellotron) se mezclan en la introducción de una canción muy reposada en la que Forest recita más que canta. La intensidad crece poco a poco pareja a la adición de elementos sonoros. Incluso el registro vocal del cantante es diferente al que nos tiene acostumbrados adoptando una gravedad casi solemne. Los arreglos electrónicos son brillantes y convierten al tema en otro de nuestros favoritos.

“Something Left to Hold on To” - Concluye ahí el “set electrónico” del disco que vuelve a los sonidos acústicos desnudos hasta el final. En la primera canción de este tramo, la guitarra proporciona todo el acompañamiento, incluyendo la percusión. Es un tema “folk” que enlaza con los primeros del disco sin demasiadas variaciones sobre lo escuchado ahí.

“Flying With My Own Wings” - En la estructura de esta segunda parte del disco hay varios temas que parecen emparentados con otros de la primera. De hecho, éste bien podría ser familia de “Castles in the Haze” por las similitudes en cuanto a los arreglos y el esquema. Es una canción deliciosa, en todo caso.

“Blow the Line” - Continuando con los paralelismos, “Blow the Line” sería la imagen de “My Third Eye” en cuanto a estilo. Se trata de otro gran tema en el que la guitarra es fundamental y en el que se demuestra algo que no hemos comentado hasta ahora y es que James Forest, además de un gran compositor y cantante, es un virtuoso de las seis cuerdas.

“Don't Cry” - Cierra el disco otro ejercicio de estilo marca de la casa como no podía ser de otro modo. Guitarra y voz para poner punto y final a un disco notable con una canción muy delicada que tiene algo de canción de cuna.

Con “From Chennai to London”, James Forest nos ha confirmado que es un artista especial. Un músico dotado de una sensibilidad muy especial, tanto en su forma de cantar como en los arreglos de sus piezas que se ha convertido para nosotros en una de las referencias fundamentales a seguir en los próximos años. El disco se puede adquirir en la web de Luscinia Discos.



sábado, 15 de abril de 2017

Giya Kancheli - Miniatures (2016)



Hace unos meses apareció por primera vez en el blog la música del georgiano Giya Kancheli, uno de tantos compositores procedentes de la antigua Unión Soviética que se trasladó a occidente tras la disolución de la misma en 1991. En aquella ocasión hablamos de una obra orquestal que es el terreno en el que más y mejor se ha movido el compositor, junto con el de la música para el cine y el teatro. La pieza estaba incluida en un disco del violinista Gidon Kremer junto con otras de Arvo Pärt o Philip Glass pero el disco que hoy nos ocupa tiene a Kancheli como protagonista absoluto.

El disco apareció el año pasado en el sello Brilliant Classics y contiene piezas de pequeño formato para violin y piano en contraste con las extensas obras sinfónicas que componen la parte más relevante de la obra de Kancheli. No podemos considerarlo como una rareza puesto que todas las “miniaturas” están adaptadas partiendo de músicas que el artista escribió para distintas películas y adaptaciones teatrales, lo que, como ya hemos dicho, constituye una parte muy importante de su producción, especialmente durante el tiempo en que aún existía la U.R.S.S.




La grabación surge a partir de otro disco del violinista Andrea Cortesi y el pianista Marco Venturi publicado por el mismo sello en 2013. En él, junto a obras del estonio Errki Sven Tüür y Philip Glass se incluia una composición de Kancheli cuya interpretación gustó especialmente al compositor georgiano quien rescató una serie de piezas antiguas para adaptarlas al formato de violín y piano bajo el título de “Miniaturas”. Las 18 composiciones se acompañan de una más dedicada a Gidon Kremer y proceden de montajes teatrales del director Robert Sturua para obras de Arthur Miller (“The Crucible”), Avksenti Tsagareli (“Khanuma”), Bertolt Brecht (“El círculo de tiza caucasiano”, “Madre coraje”), Shakespeare (“As You Like It”, “Ricardo III”, “El Rey Lear”, “Hamlet”) o Samuel Beckett (“Esperando a Godot”) así como de bandas sonoras de películas de directores georgianos.

Giya Kancheli


En el disco escuchamos música de gran altura. El comienzo de la serie con la “Miniature No.1” y su bellísima melodía para violín es un anticipo perfecto. A partir de ahí, asistimos a una sucesión de piezas muy interesantes. La número dos tiene un punto vanguardista que le sienta muy bien, la tercera nos muestra la vertiente romántica de su autor y la cuarta es de un gran lirismo. Saltamos a la sexta miniatura en la que escuchamos un comienzo ragtime que cambia enseguida a un alegre vals para entrar a continuación en una sucesión de composiciones en la linea de las primeras: intimistas y de gran delicadeza, incluyendo alguna como la décima, de un estatismo conmovedor en su inicio que cambia por completo adquiriendo una animación propia de una banda sonora de comedia clásica. Mucho más expresiva es la undécima con un aire circense muy conseguido que nos deja de nuevo con las melodías románticas de la siguiente miniatura en un estilo que nos acompañará ya hasta el final de la serie.




El cierre del disco, “Rag-Gidon-Time” es un ragtime, como indica su título, pero mucho más lento de lo esperado, con un aire cabaretero apuntado incluso en alguna de las melodías que parece un guiño a la banda sonora de la película de Bob Fosse protagonizada por Liza Minelli.

Giya Kancheli es un compositor contemporáneo al que situaríamos fuera de las corrientes principales de las últimas décadas aunque algunos críticos han querido incluirle en la acepción más amplia del minimalismo o, incluso, dentro del llamado “minimalismo sacro”. En determinadas obras es posible que exista esta relación pero no tanto en las incluidas en el disco que hoy recomendamos, trabajo que, quizá por su origen como música de acompañamiento de escenas, ya sea teatrales o de cine, es mucho más directo, melódico y asimilable por el público más remiso a las vanguardias. Por ello lo encontramos muy adecuado para aquellos que quieran acercarse a la música del compositor georgiano por primera vez. El disco, como dijimos, está publicado en Brilliant Classics lo que, como es sabido, es garantía de calidad y buen precio.


 

sábado, 8 de abril de 2017

Depeche Mode - Spirit (2017)



Después de varios discos en los que nos parecía que Depeche Mode habían entrado en un declive, quizá irreversible, la noticia de la publicación de un nuevo trabajo de estudio de la banda nos dejó fríos. La noticia de que el productor del mismo iba a ser James Ford en lugar de Ben Hillier podía parecer esperanzadora pero no lo suficiente como para animarnos y conseguir que estuviéramos más pendientes del nuevo disco. Tanto es así, que nos dimos de bruces con el primer single del mismo, de forma inesperada a través de las recomendaciones de youtube. La audición del mismo fue de lo más decepcionante. Ya fuera por la desgana con que la afrontamos o por las escasas expectativas que teníamos, lo cierto es que ni siquiera dejamos que la canción terminase antes de darle al “stop”.

“Where's the Revolution” nos sonó tan convencional, tan parecida a tantas canciones de la propia banda de los últimos años que nos olvidamos de ella casi de inmediato y nuestro interés por el trabajo completo desapareció. Ya con el disco publicado y en uno de esos ratos muertos en los que sabes que no te va a dar tiempo de hacer algo que tienes pendiente pero, aún así, tienes algo de tiempo para rellenar, nos dio por poner de fondo algunos cortes del disco casi como puro muzak, por si acaso nos estuviéramos perdiendo algo.

Será cosa de estados de ánimo o por cualquier otro motivo que se nos escapa pero el caso es que en esa escucha distraída algo nos llamó la atención y decidimos darle una audición algo más atenta y en profundidad al disco. Y aquí estamos, dispuestos a comentar un disco que ni siquiera pensábamos escuchar completo en su momento.

Como comentamos antes, el grupo buscaba un cambio en su sonido y por ello dejaron de contar con Ben Hillier como productor tras tres discos trabajando juntos. El primero de ellos supuso una cierta revitalización del sonido de Depeche Mode que volvieron a alcanzar un nivel cercano al de sus mejores momentos en canciones determinadas. Sin embargo, los dos siguientes trabajos con Hillier bajaron mucho el listón lo que hizo que la banda buscase savia nueva y la encontró en James Ford, miembro de Simian Mobile Disco y The Last Shadow Puppets además de productor de un buen número de artistas emergentes en los últimos años. Su presencia despertó algunas dudas porque no es lo mismo producir a los Artic Monkeys, con todos los respetos, que a una banda de la historia y trayectoria de Depeche Mode. Escuchando el resultado, creemos que todas las dudas quedan despejadas. La relación de fuerzas en la banda seguía siendo la habitual con Martin Gore como compositor principal y Dave Gahan aportando alguna canción, invirtiéndose los papeles a la hora de cantar. Otra novedad la encontramos en los textos, más combativos de lo habitual en el terreno político en muchas de las canciones.



“Going Backwards” - Lo cierto es que el disco comienza muy bien, con un aire entre fronterizo y decadente, marcado por una percusión continua y un piano que ejecuta unos acordes que le dan al tema un tono de banda sonora muy apropiado, por ejemplo, para la primera temporada de “True Detective”. La parte vocal de Gahan no se sale de lo habitual en él, especialmente en los últimos discos de Depeche Mode pero los coros de Martin Gore nos transportan a los mejores momentos del grupo, recordando mucho a los de discos como “Violator”. Por todo ello canción es una de nuestras favoritas, no sólo del disco sino de los últimos años de la banda.




“Where's the Revolution” - El siguiente tema nos recibe con sutiles toques electrónicos más pulidos que los de trabajos anteriores aunque enseguida se “ensucian” al llegar el estribillo con esos sonidos turbios hacia los que giró la banda en los últimos años. Es esa continuidad sin llegar a ninguna parte la que nos decepcionó en la primera escucha de una canción que ha ido ganando en sucesivas audiciones del disco. No llega a ser un clásico pero no está mal del todo.




“The Worst Crime” - El siguiente tema es una balada crepuscular que empieza muy bien con un delicado arreglo de guitarra apenas acompañada de unos teclados nada intrusivos. Gahan la interpreta con convicción con esa voz que año a año se le va rompiendo y que terminará por convertirle en un cantante muy diferente al que era antes en poco tiempo. Una buena canción, con todo.

“Scum” - Algo más afilado es el siguiente corte, con ritmos electrónicos muy incisivos, voces procesadas y una agresividad muy bien lograda. La producción es brillante en algunos momentos y nos acerca a los Depeche Mode de antaño aunque falta algo de gancho en la composición. Sin embargo, como amantes de los sonidos electrónicos que somos, encontramos muchos motivos para el disfrute en esta pieza.

“You Move” - Más aún encontramos en la siguiente, llena de guiños a Kraftwerk que comienzan en la linea de bajo del tema, se prolongan por la que acompaña al estribillo y se hacen evidentes en el “riff” principal. Desde el primer momento fue la canción que más nos sorprendió de todo el disco y sigue siendo nuestra preferida tras varias escuchas.




“Cover Me” - Nueva balada de buena factura en la que los teclados sustituyen a la guitarra a la hora de aportar el toque melancólico en la primera parte. En la segunda escuchamos algunos ritmos sintéticos que vienen muy bien para resaltar lo que no es más que la repetición de las melodías anteriores. De nuevo es la producción uno de los puntos fuertes de un tema que encontramos muy inspirado. La larga coda final basada en una secuencia electrónica de corte clásico es extraordinaria y cierra el tema en lo más alto.

“Eternal” - Llegamos a una clásica balada de las que Martin Gore suele reservarse en los discos para llevar la voz cantante. El texto es emotivo como casi siempre en estos casos y los arreglos electrónicos llegan a ser agobiantes por la continua adición de capas de sintetizadores analógicos en bruto pero funcionan bien.

“Poison Heart” - Mucho menos nos gusta el siguiente corte escrito por Gahan y que se desmarca por completo del estilo del disco hasta este momento. Es una canción sin demasiada trascendencia que remonta algo en el estribillo pero que termina por quedar algo desdibujada.

“So Much Love” - El rápido ritmo inicial nos arrastra desde el comienzo y no nos suelta ya en toda la pieza. Es un tema que sigue la linea de los últimos trabajos de la banda y que, por ello, nos resulta muy prescindible. No es que sea un mal tema (tampoco es ninguna maravilla) pero aporta muy poco en cualquier sentido. Seguro que es de las canciones que funciona bien en directo pero carece por completo de magia, en nuestra opinión.

“Poorman” - Retornamos a la senda más electrónica con una pieza introducida por una interesante secuencia en la linea de los mejores discos de la banda. Luego la cosa cambia con la adición de otro tipo de efectos (guitarras principalmente) y un tono de blues electrónico combativo en linea con la letra, muy política y crítica contra los crecientes beneficios de las grandes empresas que crecen paralelos al empobrecimiento de la población.

“No More (This is the Last Time)” - Seguimos con una canción que diríamos que se mantiene en la media de un trabajo que a estas alturas empieza a perder algo de fuelle. Los arreglos tienen un toque “ochentero” que aporta algo de frescura al tema pero no es suficiente.

“Fail” - Volvemos a escuchar a Martin Gore como cantante en un tema bastante convencional con el que se cierra el disco. Es un tiempo medio de los que abundan en la discografía del grupo. Los arreglos, especialmente los de percusión nos resultan algo discordantes con el resto de la canción pero a pesar de todo tiene algún buen momento.

Hace unos años, un nuevo disco de Depeche Mode era todo un acontecimiento. Hoy, como ocurre con la mayoría de artistas con contadas excepciones, pasa casi desapercibido. Sin estar, en general, a la altura de sus grandes clásicos, creemos que puede ser su mejor disco en un par de décadas, algo que no es poca cosa a estas alturas, tras unos últimos trabajos en linea descendente. El cambio de productor ha sido muy beneficioso para el sonido de la banda y eso siempre es importante en grupos en los que la electrónica tiene un peso fundamental a la hora de construir una identidad propia. Veremos qué ocurre a partir de ahora pero creemos que hay motivos para no perder del todo la fe en  los de Basildon.

Como está de moda últimamente, la banda estrenó su disco con un concierto en Berlín del que os dejamos un extracto.


 

sábado, 1 de abril de 2017

Isao Tomita - Snowflakes Are Dancing (1974)



Vivimos tiempos de nostalgia de los años ochenta, cosa lógica puesto que los cuarentones de hoy éramos los niños de aquellos años en los que la libertad creativa carecía de límites y la televisión como medio de entretenimiento alcanzó un protagonismo casi total en España, especialmente en el campo de los programas infantiles. 1984 fue un año clave con la emisión de “La Bola de Cristal”, formato innovador y muy popular por el que desfilaron gran parte de los personajes fundamentales de la llamada “movida madrileña”. Meses antes había aparecido en la parrilla de Televisión Española otro programa que llevaba un tiempo emitiéndose en el circuito catalán. Se trataba de una idea del escritor Miquel Obiols en la cual se consiguió, quizá por primera vez, no hablar a los niños como si fueran niños y sí con un lenguaje más adulto. En “Planeta Imaginario”, que era como se llaba el programa, tenían cabida todas las artes con un peso muy importante para la literatura y la pintura. En su decorado, repleto de referencias surrealistas, se recreaban todo tipo de historias conducidas por Flip (interpretada por Teresa Soler) junto a personajes de ficción como el Otto Lidenbrock del “Viaje al centro de la tierra” de Julio Verne o la luna de la inmortal película de Méliès “Voyage a la Lune”.

El programa no era sencillo ni fácil de asimilar y la mayoría de los niños que lo vimos en la época no tenemos del todo claro de qué iba exactamente. Hay, sin embargo, algo de lo que estamos seguros: todo aquel que vio la serie siente algo especial cada vez que suena la sintonía de entrada del programa. Aquella cabecera era mágica y lo era, sobre todo, por la música que la acompañaba. Era el “Arabesque No.1” de Claude Debussy pero no sonaba en una versión convencional sino en la magistral recreación de la obra concebida por el japonés Isao Tomita y ejecutada con sintetizadores.  Son pocas las obras musicales que se fijan en el inconsciente colectivo de toda una generación sin que sea necesario que el recuerdo incluya el nombre del autor de la misma o cualquier otro detalle asociado salvo la música en sí y esta grabación de Isao Tomita lo consiguió sin lugar a dudas.

Tomita fue un compositor japonés que hizo carrera en el mundo de las bandas sonoras en su país natal hasta el momento en que escuchó por primera vez los discos de Wendy Carlos con versiones electrónicas de compositores clásicos. Las sonoridades del sintetizador Moog le enamoraron hasta el punto de hacerse con uno y comenzar a estudiar sus posibilidades, no sólo de imitación de timbres sino de creación de sonidos nuevos. Grabó un primer disco de versiones de rock muy poco difundido fuera de Japón pero en 1974 dio con la clave cuando, a imitación de Carlos, comenzó a trabajar en la adaptación de piezas de un clásico. La diferencia fue que, mientras el músico norteamericano buscó en el periodo barroco con Monteverdi, Bach, Scarlatti o Händel y en el clásico-romántico con Beethoven o Rossini, Tomita se inspiró en autores más recientes.

El primer trabajo del japonés partiendo de esa premisa fue “Snowflakes are Dancing” y en él, Tomita llevó al terreno electrónico una selección de piezas del compositor francés Claude Debussy. Más de un año tuvo que invertir en la grabación lo que da una idea del trabajo de síntesis de sonidos y de producción que había detrás de un disco que tenía el difícil reto de sorprender pisando un terreno que Wendy Carlos había dejado al descubierto seis años antes. No sólo lo consiguió sino que en su momento el disco fue tomado como un ejemplo de las posibilidades expresivas del sintetizador además de llegar a públicos muy amplios gracias al uso de varias de sus piezas como sintonía de programas de televisión y radio alrededor de todo el mundo.

Tomita escoge piezas de diversas procedencias para su disco. De “Children's Corner”, suite para piano escrita en 1918 y dedicada a su hija de tres años se adaptan dos piezas (con influencia de la orquestación realizada por el amigo de Debussy, Andre Caplet). De sus “Estampes”, también para piano, aparece la tercera que cierra le serie mientras de que la popular “Suite Bergamasque” escuchamos dos de las cuatro partes que la integran. La colección se completa con tres preludios y dos piezas sueltas más, todas ellas para piano solo.

Isao Tomita en su estudio.


“Snowflakes Are Dancing” - La cuarta parte de “Children's Corner” abre el disco y lo hace de forma magistral. Los sonidos arrancados por Tomita a su sintetizador Moog están muy por encima de la mayoría de lo que se había hecho en ese terreno hasta entonces, incluso por parte de artistas considerados hoy en día como pioneros. Cabe señalar aquí que, por algún motivo, la música de Debussy funciona a las mil maravillas en este formato electrónico, lo cual habla muy bien de la visión del intérprete japonés a la hora de escogerle para un trabajo así.




“Reverie” - Una de las obras más populares de Debussy es la protagonista del segundo corte del disco. Tomita transforma la pieza por completo haciendo que la melodía principal sea ejecutada por una especie de sonidos de cuerda mezclados con voces etéreas y llenas de magia. Timbres juguetones se entrecruzan con fondos cristalinos en una combinación tremendamente original.

“Gardens in the Rain” - La más rítmica de las “Estampes” del compositor francés aparece aquí en una versión extraordinaria en cuanto a su interpretación, a la altura en cuanto a virtuosismo de las de la propia Wendy Carlos en sus discos sobre J.S.Bach de las que se diferencia sobre todo en el gran refinamiento a la hora de seleccionar cada sonido, aspecto en el que Wendy no fue tan exhaustiva.

“Clair de Lune” - El delicado tercer movimiento de la “Suite Bergamasque” suena aquí en una versión de una fragilidad extrema que se escucha como saliendo de un sueño profundo. Escuchamos con gran nitidez recursos que luego serían aprovechados por otras figuras de la música electrónica “popular”, género que entonces aún daba sus primeros pasos. Comparar este trabajo de Tomita con discos grabados en la misma época es un ejercicio muy recomendable que da la verdadera medida del avanzado trabajo del músico japonés.

“Arabesque No.1” - Llega la pieza que nos hizo descubrir el disco y a su autor y de la que tanto hablamos al comienzo. Tomita arranca verdaderos silbidos al sintetizador que hacen que parezca que un distraído paseante ejecuta la melodía durante su caminata matutina mientras timbres metálicos construyen el armazón de la pieza. Hay una voz que aporta un sonido desenfadado y casi burlesco que, lejos de rebajar la categoría de la versión, le da un toque muy personal que, además, funciona de maravilla. Fascinante en toda su extensión.




“The Engulfed Cathedral” - Uno de los preludios más famosos de Debussy era el titulado “La catedral sumergida”. La versión de Tomita resulta ser muy ambiental, recreando en su comienzo sonidos acuáticos y, sobre todo, un impresionante coro que aparece en la parte central de la composición.

“Passepied” - Cuarto movimiento de la “Suite Bergamasque”. Su dinámico desarrollo le va como anillo al dedo a las sonoridades del sintetizador, instrumento que se ha probado especialmente atractivo a la hora de ejecutar secuencias continuas con pocas variaciones como es el caso de algunas de las lineas melódicas de la pieza. Volvemos a escuchar el característico silbido que Tomita extrae en determinados cortes a su instrumento, aquí algo más contenido aunque cumpliendo un papel muy relevante. Como ocurre en la mayor parte del disco, el intérprete japonés no se limita a transcribir la partitura original sino que realiza una interesante tarea de reorquestación de muchas partes de la misma.




“The Girl with the Flaxen Hair” - Un nuevo preludio sometido aquí a un tratamiento que más tarde mucho otros músicos adoptaron bajo la etiqueta de “ambient”. Es una de las piezas en las que más se nota lo avanzado del trabajo de Tomita con la obra de Debussy, en nuestra opinión.

“Golliwog's Cakewalk” - Llegamos a la sexta parte de “Children's Corner”. Quizá sea uno de los pocos momentos del disco en los que el sintesista japonés cede a la tentación de exhibir las posibilidades del sintetizador dejando en un segundo plano la parte estrictamente musical. Hay algo de efectista en la variedad de recursos y timbres utilizados sin que hubiera necesidad pero a estas alturas del partido, podemos perdonar esta veleidad.

“Footprints in the Snow” - Cierra el disco otro de los preludios del compositor francés que se convierte en una pieza sutil y delicada en manos de Tomita. Escuchamos esos efectos de ruido blanco imitando el viento tan utilizados por otros músicos electrónicos de todas las épocas y otros efectos muy meritorios que en determinados momentos nos hacen dudar de que lo que escuchamos es 100% electrónico sin la participación de ningún instrumento convencional.

Los siguientes trabajos de Tomita siguieron la misma linea de este tomando como referencia la obra de músicos como Stravinsky, Mussorgsky o Gustav Holst y en los años ochenta fue una superestrella de los sintetizadores llegando a dar grandes conciertos al aire libre con proyecciones visuales y fuegos artificiales al estilo de Jean Michel Jarre. Aunque siguió publicando discos y componiendo bandas sonoras prácticamente hasta su muerte en mayo del año pasado, su fama fue decayendo poco a poco y en los últimos tiempos sus trabajos apenas tuvieron repercusión.

Quizá si hablamos del público en general, la figura de Wendy Carlos es mucho más reconocida pero a nivel técnico y entre los expertos en síntesis electrónica nos atreveríamos a afirmar que ambas están a la par. El disco que hoy hemos traído aquí es uno de los mejores del género y creemos que merece un hueco en toda discoteca que se precie, especialmente en la los aficionados a la música electrónica. 

Nos tenemos que despedir de la única forma que podemos: con la cabecera de "Planeta Imaginario" tal y como se emitía en 1984.


 
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