domingo, 31 de octubre de 2021

Yann Tiersen - Les Retrouvailles (2005)



Tiene que ser muy raro volver al trabajo tras el éxito. Más aún cuando el éxito es totalmente inesperado como lo fue en el caso de Yann Tiersen. Recordemos que el músico francés había grabado un puñado de trabajos muy interesantes pero siempre con un perfil bajo y sin alcanzar una gran repercusión más allá de ciertos círculos. Formaba parte de una generación de artistas galos de gran talento entre los que podemos contar a Rene Aubry o Jean Philippe Goude pero la calidad de su obra no había trascendido aún al público en general. Por eso hablamos de sorpresa cuando Tiersen se convirtió en estrella de la noche a la mañana de la mano del director de cine Jean Pierre Jeunet y su película “Amelie”. Y no es que de repente, y en un arrebato de inspiración, Tiersen hubiera alumbrado una obra maestra muy superior a las anteriores, no. De hecho, el músico apenas escribió unas pocas piezas nuevas porque la banda sonora de “Amelie” era básicamente un recopilatorio de sus trabajos previos.


Esto podía haber empujado al bueno de Yann a centrarse en las bandas sonoras y esa impresión tuvimos muchos cuando tras “Amelie”, Tiersen volvió al cine con la música de “Goodbye Lenin!”, película muy bien recibida en su día y cuya banda sonora estuvo a la altura del film. Sin embargo no fue así y enseguida cambió de formato para publicar un disco con la cantante norteamericana Shannon Wright antes de centrarse en su siguiente proyecto que retomaba la línea de “L'Absente”, el disco anterior al éxito de “Amelie” y quizá su trabajo más sólido hasta entonces. Volvía Tiersen así a la mezcla entre piezas instrumentales y canciones y a la colaboración con algunos de los cantantes más interesantes del momento. Así nace “Les Retrouvailles”, el disco que el bretón nos ofreció en 2005.


Entre los colaboradores están viejos conocidos como Dominique A, artistas menos populares como Dominique Miossec o Stuart Staples de los Tindersticks y figuras como Jane Birkin o la vocalista de Cocteau Twins, Elizabeth Fraser. Tiersen por su parte toca prácticamente todo, desde el violín al piano pasando por percusiones, batería, guitarras, bajos... lo de siempre en sus discos. Intervienen también los miembros de la Orquesta Nacional de París en diferentes combinaciones y Christine Ott a las ondas Martenot. El disco se publicó acompañado de un DVD con un pequeño cortometraje en el que se ilustraba el proceso de creación del mismo y que tiene también mucho interés ya que incluye varias piezas en directo, algunas no pertenecientes al disco, e incluso un videoclip de un tema inédito.


"La Traversée", la película que acompaña al CD en el lanzamiento.



Abre el trabajo “Western”, pieza en la que Tiersen es el único intérprete tocando bajo, guitarras, teclados, violín, piano de juguete y carillón. Es una alegre pieza con un punto nostálgico y un cierto aire rock que la aleja un poco de los primeros trabajos del músico sin salirse de su estilo habitual. Continúa con “Kala” y Elizabeth Fraser a la voz con la primera participación de la orquesta. Una bonita introducción de vibráfono y guitarras para una canción pausada, sin texto y con una preciosa sección final de cuerdas. “Loin des Villes” vuelve a mostrarnos a Tiersen en solitario interpretando una pieza que comienza como una cajita de música pero que se va acelerando en un arrebato de alegría casi infantil.




Con “La Veillée” volvemos a ese acordeón tan parisino que reinaba en la música de Tiersen de sus primeros trabajos y que encajaba tan bien con las imágenes de Montparnase en “Amelie”. Uno de esos valses que Tiersen borda casi sin esfuerzo y que aquí aparece dividido en dos partes, la segunda de ellas, una coda solo con las cuerdas. En “Plus D'Hiver” escuchamos a Jane Birkin declamando más que cantando sobre el piano de Tiersen en una canción que retoma el espíritu de “L'Absente”. El siguiente corte es más difuso, más ambiental que melódico. En “A Ceux Qui Sont Malades Par Mer Calme” escuchamos al músico bretón interpretando todos los instrumentos para una especie de transición con un sonido más sucio de lo habitual hasta entonces en su obra y que anticipa lo que vendrá en años posteriores. Esto nos lleva a la colaboración de Stuart Staples en la canción más rockera de todo el trabajo: “A Secret Place” y una de nuestras favoritas del mismo. “Le Matin” es el primer tema de piano solo de todo el disco, una miniatura en el inconfundible estilo de Yann.




 “Les Enfants” es otra pieza breve, muy repetitiva, en la que escuchamos una máquina de escribir como principal elemento rítmico y una curiosa coda infantil de flauta dulce. Dominique A y Miossec cantan en “Le Jour de L'Ouverture”, otra pieza lenta de tono folk/rock llena de encanto. Con “La Boulange” escuchamos a Christine Ott y sus Ondas Martenot, elemento casi imprescindible en todos los discos de Tiersen hasta entonces. Es una pieza muy poderosa vigorizada por las guitarras eléctricas y la batería de su segunda mitad. “La Plague” es un breve tema de piano que desemboca en la segunda intervención de Elizabeth Fraser: “Mary”. Es ésta una balada preciosa que posiblemente sea la canción más redonda de todo el trabajo aunque su melodía recuerde en algún momento al “And I Love Her” de los Beatles.




 No podía faltar el habitual solo de violín del artista francés que llega bajo el título de “7:PM” y nos lleva hasta “Les Retrouvailles” que, pese a ser el tema que da título al disco, es el de menor duración del mismo. Cerrando el trabajo encontramos “La Jetée”, con Tiersen tocando varios clavecines, otro de los instrumentos imprescindibles en sus discos.


Como decíamos al inicio, “Les Retrouvailles” retomaba la senda de “Le Phare” o “L'Absente” tras un interludio centrado en las bandas sonoras pero si hemos de ser más precisos, lo que hacía era cerrar esa etapa para entrar en otra con unas sonoridades más oscuras y experimentales cuyos trabajos ya hemos comentado antes en el blog. Hace pocas semanas que Tiersen ha publicado nuevo disco por lo que es probable que no tardemos en dedicarle una nueva entrada. Mientras tanto os dejamos con imágenes de la película que acompaña a "Les Retrouvailles" con la canción inédita que no aparece en el trabajo.





viernes, 22 de octubre de 2021

Enrique Morente - Sueña la Alhambra (2005)




Nos asomamos poco al flamenco por aquí y cuando lo hemos hecho ha sido centrando nuestra mirada en proyectos alejados de la pureza del género. Hoy vamos a seguir en esa línea volviendo al genio de Enrique Morente y a un disco muy particular que ni siquiera nace como proyecto musical sino como una idea cinematográfica del director José Sánchez Montes. Se trataba de un documental en el que Morente recorrería distintas partes de la Alhambra de Granada actuando con diferentes artistas en cada una. Iba a ser una visión del monumento a través de la música en la que se producirían encuentros artísticos inesperados con la participación de músicos y cantantes que uno no esperaría ver en esta tesitura.


Pese a ser una banda sonora, el disco que finalmente vio la luz fue bastante diferente de lo que se escuchaba en el documental por lo que podemos hablar de una obra independiente musicalmente hablando. Así, estrellas como Khaled o Ute Lemper, que actúan en la película, no aparecen en el disco y del mismo modo, buena parte de la música del CD se compuso y grabó al margen del documental por lo que en cierta forma ambos trabajos se complementan entre sí.


La diversidad no solo se refleja en los músicos sino también en los textos y es que en “Sueña la Alhambra” se pone voz a poemas de María Zambrano o Luis Cernuda, a cartas de Cervantes y queda hueco para un tango, puro arrabal bonaerense, de Astor Piazzolla.

Morente y Metheny en un fragmento del documental.


El disco comienza con “Martinete”, un corte maravilloso en el que el cante de Morente lo es todo, desde la voz principal al ritmo que la sostiene, construido a base de samples vocales del propio cantaor. Acompaña una discreta percusión y palmas. El texto, en latín, es una letra popular, mientras que la música, profunda como pocas, es del propio Enrique. Estamos ante una verdadera preciosidad en todos los sentidos con una producción inmejorable.




Seguimos con "Generalife", una musicalización de un poema de María Zambrano entre sonidos acuáticos y palmas. La música es del propio Morente y de Pat Metheny quien se encarga también de las guitarras, las programaciones electrónicas, los teclados y el bajo. Participa también en los coros Estrella Morente. Sin perder la esencia del cante del artista granadino, el estilo de Metheny es aquí inconfundible y hasta las palmas recuerdan los ritmos brasileños que el guitarrista adoptó como suyos en varias etapas de su carrera. En el final escuchamos un breve solo de guitarra eléctrica que es puro Metheny por más que quiera acercase al flamenco. Precisamente la esencia más tradicional aparece en la “Seguirilla de los tiempos” en la que Morente solo se acompaña de guitarra y palmas. Poco que añadir cuando hablamos de uno de los más grandes artistas del género a lo largo de su historia. Mucho más elaborada en cuanto a arreglos es "Cristalina fuente", la siguiente canción, en la que Enrique Morente pone música a un poema de San Juan de la Cruz. Participan a la guitarra flamenca Juan Manuel Cañizares, a la guitarra clásica Vicente Cover y, para aportar un toque diferente, Intervienen el piano de Esteban Ocaña, el violín de Rubén Gallardo, el contrabajo de Manuel Francisco Martín (autor de los arreglos) y el violonchelo de Manuel Tomillo. En la segunda parte de la pieza escuchamos una gran intervención de Estrella Morente a la voz principal.




En lo que es uno de los grandes momentos del disco, Morente se atreve con un tango clásico de Astor Piazzolla con letra de Horacio Ferrer, "Chiquilin de Bachín". Para ello colabora con la Libertango Camerata pero lo cierto es que el cantaor se apropia hasta tal punto de la pieza que la despoja de casi todo su aroma tanguista que apenas sobrevive en el violín, para convertirla en una canción más de su repertorio. Entramos ahora en un segmento centrado en el flamenco más puro. Primero con la “Solea de la ciencia” en la que Morente canta junto a la guitarra de otra leyenda como Tomatito y a continuación con “La Alhambra lloraba” en la que volvemos a escuchar a Estrella cantar con su padre junto a la guitarra de Alfredo Lagos. Llega entonces “Donde habite el olvido”, la segunda participación de Metheny en el disco en una adaptación de un poema de Luis Cernuda con música de Isidro Muñoz, quien también toca la guitarra. Estrella vuelve a hacer coros y podemos escuchar la fantástica sección rítmica que forman Carles Benavent al bajo y Tino di Geraldo a la batería. El peso de Metheny es menor que en su anterior intervención pero deja su firma con su característica guitarra sintetizada.




Casi cerrando el trabajo, llegamos a "Taranto veneno" donde escuchamos la guitarra de Juan Habichuela dando la réplica al profundo “quejío” de Enrique, de nuevo en la más pura de las tradiciones. La conclusión del disco es una joya. En “La última carta” Morente recupera las formas del martinete con el que se abría el disco, con su voz haciendo los ritmos, pero el texto es en esta ocasión una carta de despedida firmada nada menos que por Miguel de Cervantes. Tan emocionante como la letra y la propia voz del artista granadino es el fondo de órgano que los acompaña. Nos resulta difícil imaginar un final mejor para un disco fantástico en el que se muestra la apertura de miras de un Morente capaz de mezclar tradición y modernidad como muy pocos.



Como hemos dicho en alguna ocasión, en este blog somos unos auténticos ignorantes en muchas cosas y lo que respecta al arte flamenco no es una excepción. Por ello no solemos comentar discos de este estilo salvo excepciones muy contadas y siempre con ejemplos que no se quedan en ese género sino que lo trascienden y lo fusionan con otros estilos diferentes. En ese sentido, en el disco que hoy hemos comentado (y aún más en el documental para el que se creó, que merece mucho la pena), hay ejemplos de todo tipo: desde el flamenco más ortodoxo hasta cortes muy alejados del mismo en los que sus trazas son apenas reconocibles. Dentro de esta estirpe de artistas que son respetados por los puristas pero no temen salirse de vez en cuando de la tradición, Enrique Morente fue uno de los más grandes sin lugar a dudas y, sin llegar a los niveles sublimes de su “Omega”, “Sueña la Alhambra” continúa por esa línea. Es un disco magnífico que unos cuantos años después de su publicación sigue provocando en nosotros las ganas de escucharlo con frecuencia y eso habla en favor de lo que este trabajo tiene de especial. Os dejamos con una de las intervenciones del documental que no tuvieron cabida en el disco: Morente y Khaled.





martes, 5 de octubre de 2021

Henryk Gorecki - Complete String Quartets Vol.2 (2020)



El año pasado apareció en el sello Naxos el segundo volumen de los dedicados a los cuartetos de cuerda de Henryk Gorecki. Ya comentamos en su día, cuando reseñamos el primero, que esta colección podría tener la extensión que la discográfica desee ya que, si bien los cuartetos de cuerda publicados por el músico polaco fueron tres, existe alguno más sin número de catálogo y tanto en el primer disco como en este se incluyen piezas para otras formaciones de cámara integradas por intérpretes de cuerda por lo que no sería descartable algún otro lanzamiento en esta misma serie.


Al igual que en el disco anterior, los intérpretes son los miembros del Tippett Quartet, es decir, John Mills y Jeremy Isaac (violines), Lydia Lowndes-Northcott (viola) y Bozidar Vukotic (violonchelo). Las obras que integran la grabación son una pieza de juventud del compositor, su sonata para dos violones, y otra de madurez, el monumental cuarteto de cuerda número tres.

Los miembros del Tippett Quartet


“Sonata for Two Violins, Op.10” - Compuesta en 1957, aún en su etapa como estudiante, esta obra está inspirada por sendas piezas de Bela Bartok y Serguei Prokofiev. El primer movimiento es vibrante, agil y afilado con los dos instrumentos jugando un juego casi acrobático en el inicio. Luego entramos en un tramo más relajado en el que uno de los violines subraya con un suave pizzicato la lenta melodía del otro. De ahí al final volvemos a escuchar un animado diálogo entre los dos instrumentos que gana en dinamismo poco a poco terminando de la misma forma que empezó. El segundo movimiento, mucho más breve, es más atmosférico, casi una transición, con un tono lleno de tensión dramática. La pieza se cierra con un movimiento que recuerda al primero por su actividad aunque es mucho más breve que aquel.



“String Quartet No.3, Op.67 (...Songs are Sung)” - Es este un extenso cuarteto dividido en cinco movimientos que Gorecki tardó una década en dar por terminado. La obra parecía estar acabada en 1995, aún en medio del maremoto causado por su tercera sinfonía y parece ser que eso tuvo mucho que ver en el retraso. La presión mediática, las expectativas por cualquier nueva obra del músico polaco y la falta de tiempo para la composición debida a la fama repentina hicieron que la versión terminada del cuarteto no se estrenase hasta 2005, por parte del Kronos Quartet, los grandes descubridores del músico para el público occidental. El cuarteto está dividido en cinco movimientos y ya desde el comienzo contrasta mucho con la sonata que escuchamos anteriormente. Escuchamos ahora largas exposiciones temáticas, lentas y pesarosas en un tono reflexivo que entronca con obras anteriores de Gorecki como su “Beatus Vir” o la tercera sinfonía. La tensión, sin embargo, va subiendo a lo largo de todo el movimiento llegando a un fuerte clímax en la parte final. El segundo movimiento es dramático de ese modo que resultará familiar a los conocedores de la obra del compositor polaco y termina con una melodía que recuerda a un himno religioso y el tercero, el más breve, es un ostinato veloz y hechizante de carácter obsesivo. Es uno de los momentos más interesantes del disco que apenas nos da una breve tregua muy cinematográfica en su parte central. Precisamente ese corto interludio es desarrollado con amplitud en el siguiente movimiento del cuarteto, lento y profundo a la manera de Gorecki y combinado con instantes más desafiantes en alguna ocasión. El cierre es magnífico. Un largo movimiento que comienza en con un tono lúgubre y que tras varias repeticiones comienza a crecer pacientemente recordandonos algunas de las mejores obras del polaco. Es una última parte sorprendente por el sostenido tono bajo y la fuerza emotiva de toda la composición.



Pese a la popularidad de la que llegó a gozar en su día, aún quedan muchas obras de Henryk Gorecki que no han sido publicadas en disco y el ritmo de aparición de grabaciones con su música no tiene nada que ver con el de otros contemporáneos suyos como Arvo Pärt. Es por ello que cuando vayan apareciendo nuevos discos con la calidad de éste van a tener siempre un hueco aquí. Esperemos no tardar en volver sobre la obra del compositor polaco porque será señal de que sigue interesando a las discográficas y de que no caerá en el olvido en el futuro.