martes, 12 de enero de 2021

Chris Spheeris - Culture (1993)



En la época de mayor esplendor de la música “new age” en España había un músico que no faltaba en la mayoría de discos recopilatorios del género y cuyas composiciones sonaban a todas horas en radio y televisión. Sus trabajos, especialmente uno, estaban entre los que más veces pasaban por nuestro reproductor de cedés y, sin embargo, apenas ha aparecido por el blog en una ocasión y no sabemos explicar muy bien por qué. Hablamos del norteamericano de ascendencia griega Chris Spheeris, un compositor sensible que en su mejor momento nos regaló una buena colección de melodías inolvidables y al que perdimos un poco la pista desde entonces.


Lo normal sería hablar de “Enchantment”, probablemente su disco más popular, firmado a dúo con Paul Voudouris con quien lanzó varios trabajos pero hoy queremos hablar de “Culture”, el disco que Spheeris grabó inmediatamente después de “Enchantment” y probablemente nuestro favorito de los que publicó en solitario. Aunque estamos ante un multi-instrumentista, lo cierto es que la guitarra acústica es la vía con la que más a gusto se siente nuestro músico a la hora de interpretar. La raíz mediterránea de su linaje está muy presente en su música pero en este disco aparece unida a ritmos y sonidos de otras culturas en una mezcla muy afortunada que termina por cuajar en un trabajo notable. Spheeris toca prácticamente todos los instrumentos en el disco aunque cuenta con algunos invitados como Russell Bond (co-productor del CD y percusionista en algunos cortes), Kim Murillo (voces), Zac Johnson (saxo alto), David Peterson (oboe), Kris Yenney (violonchelo) y Kirstine Hebert (flauta).



“Aria” - El album empieza a lo grande con un excelente corte que mezcla electrónica con un inicio épico y un ritmo que va creciendo poco a poco con las raíces folclóricas de Spheeris hasta terminar explotando en un despliegue de inspiración que no deja de evolucionar a cada compás. Es una pieza a la altura de lo mejor de “Enchantment”, la obra maestra del músico. En el debe no podems dejar de señalar que algunos sonidos no han envejecido demasiado bien pero eso es algo que afecta a muchas obras de esta época y no impide en absoluto disfrutar de la música.




“Margarita” - Continúa el disco con una pieza inconfundiblemente mediterránea, con ese ritmo de rumba tan recurrente en la obra de Spheeris. En lo melódico estamos ante una composición muy afortunada en la que el músico se lanza con la guitarra como instrumento principal en los mejores fragmentos, cosa no del todo habitual en su obra. Quizá tenga un punto naíf pero no le resta encanto aunque no se encuentra entre nuestras piezas favoritas del disco.


“Embrace” - La siguiente composición es la clásica balada de Chris, siguiendo la línea de temas de trabajos anteriores como la parte instrumental de “Love and Understanding”. Destaca la presencia del violonchelo que le da un toque de distinción y salva algunos pasajes de un tema quizá demasiado acaramelado.


“Elektra” - Uno de los momentos realmente grandes del disco, comienza con unas suaves notas de sintetizador acompañadas de lo que podría ser un bouzouki o su equivalente sintético. Entra entonces el motivo principal acompañado de palmas que no nos atreveríamos a calificar de flamencas pero que lo parecen. Tras un breve interludio aparece una especie de rumba mezclada con ritmos orientales para dejarnos ante el gran final en el que la cuerda pulsada y los sintetizadores se mezclan con unas percusiones exquisitas, con las voces y con los sonidos arábigos para poner el cierre.




“Culture” - El corte central del disco es una joya que combina todo lo mejor de la música de Spheeris. Comienza de forma lenta con toques de percusión que se mezclan con la flauta y la guitarra en un inicio ambiental que enseguida da paso a una especie de sirtaki en el que escuchamos la preciosa melodía central ejecutada con ese soniquete de flauta sintética tan utilizado por todo tipo de sintesistas en la época. Así llegamos a un interludio en el que el sitar, la tabla y las voces nos transportan aún más hacia oriente antes de retomar el tema principal. A partir de ahí entramos en un segmento de ritmo desenfrenado que es una verdadera locura solo interrumpida por la guitarra aflamencada de Spheeris que vuelve a rodearse de palmas. Una maravilla.


“Sapphire” - El siguiente tema es algo más convencional y cercano a las piezas puramente “new age” que tanta fortuna hicieron en una época muy determinada. La inspiración del músico, en su momento más alto en estos años, aporta una vez más una gran melodía pero quizá demasiado tópica en esta ocasión. No es complicado imaginar a cualquier cantante melódico de cualquier época interpretando esta canción con soltura con el añadido de cualquier texto romántico.


“Allura” - Precisamente ese romanticismo es una característica que no falta en la música de Spheeris y que se refleja en cortes como este. No es la faceta que más nos entusiasma del músico aunque se deslicen algunas influencias de grandes como Vangelis en momentos muy puntuales, el meloso saxo de Zac Johnson termina por desconectarnos de la escucha para pensar si faltará mucho para que el ascensor llegue a nuestro piso.


“Bombay” - Llegamos así a otro de los grandes momentos del disco. Tras una breve introducción que bien podría haber sonado en la banda sonora de Blade Runner, de Vangelis, comienza una fiesta de ritmo y una melodía espectacular interpretada de nuevo con ese sonido de sitar sintético que ya habíamos escuchado antes. A partir de ahí, secuencias electrónicas, la voz de Kim Murillo y un ritmo del que es difícil escapar. 




“One” - El cierre del disco es más tranquilo y en él se mezclan coros y ritmos africanos a base de marimbas y demás percusiones con voces que bien podrían proceder de los nativos americanos de Sedona, la localidad del estado de Arizona en la que Spheeris se establecío en su día. Una mezcla de culturas y sonidos muy acorde con lo que se hacía en la época y también con el concepto del disco.



En la primera mitad de los noventa, la época en la que más fuerte nos dio por lo que en aquel momento se dio en llamar “nuevas músicas”, Chris Spheeris fue uno de los artistas a los más escuchamos y repasando trabajos como este entendemos muy bien por qué. Cierto es que desde entonces nuestros gustos han evolucionado incorporando muchos otros músicos y géneros a nuestras audiciones pero eso no implica olvidar a gente como Spheeris y tantos otros de estilos similares. Volveremos con toda seguridad a su música más adelante pero por ahora disfrutad de este “Culture”: un disco destacado dentro de una forma de hacer las cosas que tuvo grandes momentos en su tiempo del que os dejamos el tema central como despedida.




domingo, 3 de enero de 2021

Sebastian Wesman - Gardener (2020)



Ha pasado ya un tiempo desde que anunciamos aquí la aparición del último disco de Sebastián Wesman y creemos que va siendo hora de dedicarle un espacio a un trabajo que, bajo nuestro punto de vista, supone una evolución más que interesante en la música del compositor de origen argentino. El cambio es fundamentalmente sonoro pero también, en cierta medida, estilístico, y es que pensamos que el peso que gana la aquí la electrónica con respecto a lanzamientos anteriores condiciona en buena medida el resultado final y, a nuestro juicio, lo hace para bien.


Aunque el violín ha sido parte fundamental de todos los discos de Wesman hasta ahora, siempre ha estado acompañado de otros instrumentos o de la voz. Ahora estrenamos formato con una grabación para cuarteto de cuerda y electrónica en la que el músico se encarga de todos los instrumentos. Son siete cortes que giran alrededor de la figura del jardinero. Un personaje paciente y entregado a un trabajo no siempre apreciado por los demás. Un creador humilde que vive para una actividad que pasa desapercibida en la mayoría de los casos. Una metáfora aplicable a tantas cosas hoy en día que sorprende por precisa.


“Terra” - El trabajo empieza con una especie de calentamiento de una orquesta entre el que se filtran frecuencias electrónicas punzantes en muchos momentos y fondos sonoros y loops que inmediatamente nos recuerdan a los fragmentos más oscuros de trabajos seminales como “Phaedra” de Tangerine Dream. Pulsaciones sintéticas van apareciendo y desapareciendo en una composición muy experimental pero fascinante de principio a fin.




“Gardener” - Continuamos con una composición estremecedora que parte de un cadencioso ritmo marcado por una serie de notas repetitivas sobre las que surgen pequeñas ráfagas sonoras electrónicas que se combinan unas con otra antes de desvanecerse. En medio de todo este tapiz se deja escuchar el violín que nos mece como si estuviéramos en un columpio en medio de un paisaje onírico e irreal.


“The Butterfly Hour” - Como amantes de la electrónica más clásica, tanto de la procedente de la Escuela de Berlín como de la surgida de la Costa Oeste norteamericana, esta composición nos parece fascinante. A medio camino entre el sonido de Conrad Schnitzler y los primeros experimentos de Suzanne Ciani o Morton Subotnik con el sintetizador Buchla, probablemente es nuestra pieza favorita de toda la obra.




“Artificial Paradise” - Profundizando en el sonido electrónico y su combinación con las cuerdas encontramos esta pieza en la que se incorporan sonidos naturales e incluso algún sample vocal que se asocian con el violín de Wesman a la perfección. Es aquí donde más reconocemos el estilo tan personal del músico en una simbiosis hombre-máquina emocionante.


“Teorías de la división” - Un clásico reloj de cuco nos recibe rodeado de efectos sonoros, voces procesadas y retazos melódicos de violín. Un aparente caos que reta a los escépticos que creen que no puede surgir belleza del desorden.


“Japanese Garden” - Hay dos partes muy diferentes en esta composición. Una primera muy meditativa en la que encontramos muchas cosas en común con el penúltimo disco de Laurie Anderson acompañada por el Kronos Quartet, “Landfall” y una segunda en la que se incide en las mismas melodías pero con mayor presencia de las cuerdas frente a la electrónica. Una pieza muy compleja a la que le sacamos cosas nuevas con cada escucha.




“Novosibirsk” - Para terminar el disco tenemos una composición que parte de un pulso electrónico continuo que se va bifurcando paulatinamente en varios más que evolucionan en paralelo hasta que aparecen las cuerdas en una especie de actualización de conceptos que Steve Reich utilizó para definir su estilo. Fascinante e hipnótico a partes iguales.


La evolución de Sebastian Wesman con “Gardener” es notable y todavía no se atisba hasta dónde puede llegar. El salto que ha dado en este nuevo trabajo con la mayor utilización de la electrónica le ha permitido ampliar su paleta sonora sin renunciar a su propia personalidad con el violín que aquí aparece perfectamente integrado con los sonidos sintéticos y con el resto de las cuerdas en la misma línea que otros artistas muy habituales en el blog como Max Richter, Johann Johannsson, Olafur Arnalds o Nils Frahm vienen desarrollando en los últimos años. Cada vez estamos más convencidos de que, como repite el protagonista de una popular serie de televisión, “este es el camino” o, al menos, uno de los caminos más interesantes por los que la música va a discurrir en los próximos tiempos.

"Gardener" es la tercera referencia del sello Fortín del que ya hemos hablado anteriormente y se puede escuchar y descargar en el enlace.

viernes, 25 de diciembre de 2020

Röyksopp - Melody A.M. (2001)



Hay relaciones musicales que surgen casi espontáneamente cuando piensas en un autor. Nombres de esos que vienen a la cabeza automáticamente cuando oyes otro, como en los juegos infantiles en los que tienes que decir la palabra que primero se te ocurra cuando tu interlocutor te propone otra. Entramos así en el clásico juego de las recomendaciones en el que si alguien te dice Albinoni, tú piensas: Pachelbel. Ejemplos habría muchos pero a nosotros durante mucho tiempo nos ocurrió que cuando decíamos AIR, alguien nos respondía: Röyksopp.


Lo curioso del tema es que siendo nosotros admiradores del dúo francés, tardamos mucho en interesarnos por Röyksopp pese a las continuas recomendaciones en ese sentido que recibíamos por muchos medios. No hace mucho que corregimos eso y nos decidimos por darle una oportunidad al dúo noruego. No nos arrepentimos.


Torbjørn Brundtland y Svein Berge se conocieron en su Tromsø natal y formaron parte de diferentes bandas de música electrónica hasta que a finales de los 90 decidieron establecerse como dúo bajo el nombre de Röyksopp. Como ocurre muchas veces, el éxito llega de la forma más inesperada y en el caso de los noruegos el detonante fue la utilización de su primer single “So Easy”, publicado por un pequeño sello local, en dos campañas publicitarias. Una inicial de la compañía T-Mobile y otra inmediatamente posterior del canal Nickelodeon en la que parodiaban la de T-Mobile para presentar a la que sería la próxima estrella de su parrilla: Bob Esponja. Esto ocurrió en 1999 y con el impulso del single el dúo firmaría por el joven sello británico Wall of Sound, discográfica que empezó con recopilaciones de música de baile pero que empezaba ya a firmar a artistas de cierto peso como Stuart Price y su proyecto Les Rythmes Digitales, Akasha o Propellerheads. En 2001 aparecería el álbum de debut de Röyksopp bajo el título de “Melody AM”.


En el disco iba a quedar claramente definido su estilo que mezclaría una electrónica fresca con muchos toques retro, que es por donde entendemos mejor el hecho de que siempre se les relacione con los franceses de AIR o con los escoceses Boards of Canada. En “Melody AM”, Bruntland y Berge se encargan de todos los instrumentos con participaciones puntuales de vocalistas como la cantante del grupo Bel Canto, Anneli Drecker, el vocalista de Kings of Convenience, Erlend Øye o el bajista Ole Vegard Skauge.

Imagen promocional del dúo procedente de su web oficial



“So Easy” - La canción de Bob Esponja como muchos la siguen conociendo en el Reino Unido, estaba basada en un sample de la canción “Blue on Blue” de The Gals & Pals, escrita por Burt Bacharach en los años sesenta. Básicamente, las voces de la introducción de la canción original y las cuerdas (especialmente los pizzicati), forman toda la base de la canción de Röyksopp. “Así de fácil”, como reza el título. A ese sample le añaden un bajo alegre y saltarín (que siempre nos ha recordado al estilo de Mike Oldfield en “Platinum”), toques de Mellotron, un sencillo ritmo y algunos toques electrónicos para conseguir una atractiva canción prácticamente “robada” de otros como hicieron muchos otros artistas en aquella época (pensamos en Moby) que rescataban piezas  semidesconocidas del pasado para insuflarles nueva vida.




“Eple” - Continúa el tono juguetón del disco con este animado tema que sobre un ritmo hip-hop nos enseña una melodía casi infantil adornada de una serie de sonidos “vintage” que recuerdan a la electrónica clásica de los años setenta. Fue el segundo single del disco tras “So Easy” y apareció en varios programas de televisión británico además de formar parte del banco de sonidos del sistema operativo de Apple, Mac OS X Panther. Curiosamente, “Eple” significa “manzana”.


“Sparks” - En la misma línea continúa este “cha-cha-cha” electrónico, revestido de sedosos arreglos  de aire “lounge” y que cuenta con la voz de Anneli Drecker cantando a través de un filtro que la hace sonar como en una vieja radio A.M. Algunos toques de jazz contribuyen a darle a la pieza un aire muy elegante y distinguido, no demasiado lejano a lo que bandas como Portishead venían haciendo desde unos años atrás.


“In Space” - Cuerdas con sabor a película antigua y clicks de disco de vinilo abren una pieza que enseguida evoluciona hacia una rápida melodía con sonidos de cuerda pulsada, probablemente electrónicos en realidad, deslizándose sobre densos colchones de cuerdas y aromas de Mellotron. Un tema que como viene se va dejando un buen sabor de boca.


“Poor Leno” - Otro de los “singles” de “Melody A.M.” que también gozó de una cierta vida fuera del soporte estrictamente musical por formar parte de la banda sonora de un videojuego y de un corto en su día. Es una canción decididamente disco, dominada por un bajo y una guitarra claramente setenteras en la que se repite constantemente un corto estribillo cantado por Erlend Øye.


“A Higher Place” - Seguimos con otra canción con presencia de “samples” ajenos, en este caso de la voz principal de The Tyrrel Corporation y su canción “Freedom”. Sin embargo, en esta ocasión la canción tiene mucho más. Un ritmo muy atractivo y sobre todo una melodía en la segunda mitad con aire a unos Kraftwerk humanizados, despojados de su espíritu robótico. Una de nuestras favoritas del disco.




“Röyksopp's Night Out” - La pieza más larga del disco es también una de las más interesantes con un comienzo frenético, su punto de épica, un trabajo de percusión bastante complejo y una integración de las cuerdas y los efectos electrónicos fascinante. Además de todo eso, las melodías que aparecen y desaparecen y el uso de arpegios al estilo de Vangelis o las guitarras, entre Pink Floyd y la música disco, hacen de esta composición un viaje que merece mucho la pena.




“Remind Me” - Lo que parecía una canción tontorrona acaba teniendo su gracia por la combinación de ritmos bailables, una acertada batería de jazz y una linea de bajo muy elaborada que podría ser la banda sonora de cualquier videojuego de 8 bits de comienzos de los ochenta. Repite Erlend Øye en las voces dando un toque muy personal al tema.


“She's So” - El saxofón de “Love in Space”, composición de Peter Thomas para la banda sonora de la película de 1966, “Raumpatrouille” abre la pieza rodeado de teclados de sonido “retro” que nos devuelven otra vez a la era dorada de la electrónica en una labor de recuperación que Röyksopp comparten con los varias veces citados AIR. De nuevo la variedad temática es la parte fuerte de una pieza que salta de la “space music” al “jazz” y viceversa con toda naturalidad.


“40 Years Back / Come” - El último artista del que Röyksopp toman algo prestado es nuestro admirado bajista Michael Manring de quien utilizan una pieza de su etapa en el sello Windham Hill: “Red Right Returning”. En esta ocasión, sin embargo, el “sample” no ocupa la parte central de la pieza como en otros cortes del disco sino que aparece en la segunda parte del tema casi como una coda a todo el trabajo.



Desafortunadamente, la producción de Röyksopp no ha sido muy abundante y en los 16 años de carrera “oficial” de la banda apenas hemos disfrutado de cinco trabajos de larga duración. Entrecomillamos “oficial” porque lo último que publicaron en 2014 dio a entender que era el cierre de su carrera al titularse “The Inevitable End” aunque desde entonces han seguido dando conciertos y grabando material para proyectos más pequeños o colaboraciones con otros artistas. Una vez presentados por aquí, no será raro que vuelvan a aparecer en el futuro con alguno de sus otros trabajos. Nos despedimos con una versión en directo de "Poor Leno" en el festival de Glastonbury: