sábado, 19 de mayo de 2018

Danna & Clement - North of Niagara (1995)



En música hay muchas lineas separadoras cuya anchura es muy difícil de delimitar y si existe un estilo con el que este tipo de cuestión se nos hace particularmente complicado de resolver ese es la música “new age”. Al ser éste un género difuso ya desde su definición, las fronteras entre él y muchos otros estilos adyacentes son más que borrosas. ¿Qué hace que Ludovico Einaudi sea considerado por muchos como un músico “clásico” y Yiruma un pianista “new age”? ¿Por qué Enya es “new age” y Clannad un grupo de música celta? ¿Qué diferencia la despreciada corriente electrónica de la “new age” más centrada en el “wellness”, la meditación y las filosofías orientales del “ambient” que hoy goza de un cierto prestigio?

En esa delgada linea se movió durante un tiempo la carrera de Mychael Danna. El teclista canadiense grabó un buen número de discos a finales de los años ochenta y principios de los noventa que podrían encajar sin muchos reparos en la categoría de “new age” electrónica. Varias de estas obras eran en solitario, otras con su hermano Jeff y alguna más en compañía de Tim Clement, guitarrista de la misma nacionalidad con un pasado en el rock y reconvertido a estrella de los planetarios y las herboristerías por aquel entonces. En ese tiempo Danna hizo bandas sonoras, e incluso alguna pieza para danza. Fue por aquel entonces cuando comenzó una interesante relación artística con el director de cine Atom Egoyan que dio frutos verdaderamente notables. Una vez introducido en Hollywood, su carrera fue de lo más interesante llegando a trabajar con artistas de la talla de Terry Gilliam, Ang Lee o Joel Schumacher además de entrar en la órbita de los grandes estudios de la animación de nuestros días como Pixar o Disney.

Más o menos cuando su carrera en el cine empezaba a despuntar con la banda sonora de “Exotica”, Danna grabó a dúo con el mencionado Tim Clement el disco que hoy comentamos, y es aquí donde retomamos las preguntas del comienzo de la entrada. Hasta aquel momento habríamos colocado sus trabajos en a estantería de “new age” de la tienda sin dudarlo. Sin embargo con “North of Niagara” no lo tendríamos tan claro. Los elementos eran los mismos: sintetizadores, un motivo ecológico, música muy tranquila... sin embargo había detrás de todas las piezas una cualidad diferente, un “je en sais quoi” que lo diferenciaba de toda su obra anterior. Es difícil de explicar y corremos el riesgo de crear una dicotomía “ambient=bueno, new age=malo” que, además de inexacta, probablemente sería injusta pero lo cierto es que “North of Niagara” nos parecía un disco diferente al resto de los de Danna siendo, en apariencia, similar. Un disco que nos encaja mejor en la categoría de “ambient” junto a Brian Eno que en la de “new age” al lado de Deuter, por dar un par de referencias.

El trabajo tenía una temática de lo más curiosa puesto que nos planteaba un viaje a través del Sendero Bruce, un camino de casi 900 km en el que, partiendo de las proximidades de las Cataratas del Niágara, se bordea el Lago Ontario para seguir hacia el norte, recorrer la costa de la Bahía de George y llegar al límite de ésta con el Lago Hurón. Una ruta espectacular dentro de un entorno salvaje que atraviesa varios parques naturales. A partir de esa idea, Danna y Clement construyen un magnífico paisaje sonoro que pretende reflejar la belleza del recorrido a lo largo de doce etapas. Uno de los puntos más interesantes del disco es que supuso el reencuentro de los dos músicos tras una separación que dejó entrever algún tipo de problema personal. Habían publicado un puñado de discos juntos y de repente decidieron seguir cada uno por su lado (en el caso de Mychael, muchas veces con su hermano Jeff) e incluso renegaron en cierta forma de su etapa como dúo. Por sorpresa, en 1993 decidieron volver a grabar y el resultado fue, en palabras de ambos artistas, “la mejor música que nunca han compuesto”. La parte musical del disco se grabó entre 1993 y 1994 y tras concluirla se realizaron las grabaciones de campo en el propio sendero. Aparte de Danna y Clement intervienen en diferentes momentos del disco Kim Deschamps (guitarra), Paul Intson (bajo), Eric Hall (fagot) y Gene Goral (acordeón).

Mychael Danna y Tim Clement


“Cootes Paradise” - El disco comienza con una pieza claramente impresionista e inspirada en la música de Erik Satie. Un tema de piano que se desarrolla sobre sonidos acuáticos y una delicada base de sintetizadores y que define lo que el propio Danna llamó “minimalismo romántico”. En la época en la que salió el disco muchos artistas habían hecho ya cosas similares (sin ir más lejos, el mismísimo Brian Eno, su hermano Roger o Harold Budd) pero el nivel de calidad alcanzado por Danna y Clement en esta composición está a la altura de los mejores representantes del género.

“Ravensview” - Continuamos con una pieza mucho más atmosférica que la anterior, un tema ambiental a base de “pads” electrónicos que funciona como poco más que una transición hacia la siguiente parada del viaje. Es el corte más breve del disco y también uno de los menos relevantes.

“Remember Summer” - Imposible no acordarnos de Roger Eno al escuchar los primeros instantes de esta pieza en la que manda el acordeón con un motivo melancólico que encajaría a la perfección en el “Lost in Translation” del bueno de Roger, publicado el año anterior. Es quizá la influencia de ese disco la que nos impide imaginarnos el paisaje de los bosques canadienses al escuchar esta pieza. La guitarra de Kim Deschamps suena muy delicada esbozando ligeros trazos que complementan de maravilla al tema central.

“Old Mail Road” - La siguiente pieza se construye a partir de un inquietante tema de piano que pone la base para la melodía central interpretada al fagot. Es una pieza muy minimalista en la linea de esa mirada moderna sobre el género que han aportado en los años recientes artistas como Max Richter, especialmente cuando entran las cuerdas en la parte final. Un gran tema en todo caso.




“Mount Nemo” - Cuatro cortes más tarde, volvemos a encontrarnos con los elementos de la pieza que abría el disco en lo que podía ser una segunda parte de la misma. La melodía y el desarrollo son completamente diferentes pero el espíritu es idéntico. Si acaso, donde la influencia de Satie era evidente encontramos ahora algo del primer Vangelis, del que disfrutamos en bandas sonoras como la de “L'Apocalypse des Animaux”, especialmente en las texturas electrónicas. Posiblemente una de las mejores piezas de todo el disco.




“Silent Lake” - La fusión con el entorno del Sendero Bruce encuentra aquí uno de sus mejores ejemplos porque el canto de un ave es parte de la pieza, entrando en diálogo con los teclados del dúo y sonando en perfecta armonía con ellos. El resto de sonidos naturales, grabados por los dos músicos en el propio sendero, se mezclan con toda naturalidad con la música consiguiendo que algo tan tópico como el uso de este tipo de recursos suene espontaneo.

“Avening” - Algo menos interesante nos resulta este corte con alguna reminiscencia de “Mount Nemo” pero mucho más ambiental y relajado. Sintetizadores ejecutando largas notas sin mucha evolución en una pieza como las que tantas veces hemos escuchado a tantos autores antes. Música agradable pero sin mucho más recorrido.

“Crook's Hollow” - Llegamos a un tema que bien podría haber aparecido en los primeros discos de Danna y Clement. “New Age” pura y dura sin demasiada profundidad a base de un lento desarrollo melódico con timbres muy trillados para lo que se podía escuchar ya en 1995. De lo más flojo de todo el trabajo.

“Headwater Trail” - Regresan los sonidos captados en el sendero para servir de fondo a una composición en la linea de la anterior “Ravensview”, es decir, un tema de transición, quizá con algo más de interés por cuanto las texturas están realmente bien elaboradas y consiguen crear una atmósfera muy inmersiva.

“Crawford Lake” - Satie vuelve a hacerse presente en esta composición en la que el piano regresa al primer plano, de nuevo con un acertado acompañamiento de guitarra eléctrica y sintetizadores que no interfiere para nada en el desarrollo de la melodía sino que la resalta aún más. Una gran pieza que ayuda a que el tramo final del disco remonte el vuelo.




“Green River Formation” - Un goteo irregular nos recibe, procedente con toda probabilidad del deshielo, habida cuenta de las latitudes por las que transcurre el viaje a estas alturas. Sobre él comienzan a crecer densos fondos electrónicos que forman un bucle hasta agotar la pieza. Música perfecta para el viaje.

“Lookout Point” - El cierre llega de la mano del piano, instrumento que nos ha dejado los mejores momentos del disco. Lo hace con una pieza minimalista construida a partir de muy pocas notas que se repiten una y otra vez sumando paulatimente nuevos elementos para desvanecerse lentamente hasta terminar con silencio total.

Pese a sus altibajos, creemos que “North of Niagara” es uno de los mejores discos “ambient” de su tiempo. Conviene recordar que cuando apareció, éste era un estilo que había perdido mucho espacio en un panorama musical dominado por géneros electrónicos mucho más agresivos. En el trabajo del dúo canadiense encontramos una gran sensibilidad unida a un momento de gran inspiración de ambos. La elección de los temas con ese aire impresionista que flota a lo largo todo el disco es casi perfecta e incluso los momentos más flojos lo son menos por la forma en que se integran en el conjunto y quizá esté ahí el detalle que hace que veamos este trabajo como un gran disco “ambient” y no sólo como uno “new age” volviendo al resbaladizo debate del principio.

Nos despedimos con el tema que abre el disco acompañado por las imágenes que el propio Tim Clement rodó para el vídeo.


 

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