No hay muchos músicos que nos hayan llamado la atención en algún momento en cuya obra no nos hayamos introducido rápidamente para explorar qué más tenían que ofrecernos pero en los pocos casos en los que eso nos ha ocurrido, el motivo no es otro que la extensión de la propia obra. Ver de repente ante nosotros repertorios de decenas de discos ha provocado que los hayamos dejado de lado ante la imposibilidad de entrar en profundidad en ellos sin tener que renunciar prácticamente a escuchar otra cosa durante meses. No se nos ocurre otra razón (aunque es posible que haya muchas más) para no haber entrado nunca de lleno en la música de John Zorn. No nos arredra la complejidad de buena parte de su obra ni la dureza extrema de muchas de sus propuestas pero sí lo hace el enfrentarnos de repente a más de 400 discos publicados casi sin saber por dónde empezar.
De esa forma, lo que hemos hecho es ir picoteando aquí y allá muy de cuando en cuando tomando como guía (algún criterio habría que tener y ese nos parece tan bueno como cualquier otro) la participación en esos trabajos de músicos con los que tenemos vínculos más profundos. Eso, en el caso de Zorn, nos llevó a escuchar algunas de sus colaboraciones con el Kronos Quartet, con Laurie Anderson o el disco que queremos comentar: “Tap”, con Pat Metheny.
No podemos desgranar aquí la variedad de bandas y de proyectos en los que Zorn ha estado envuelto en todos estos años así que nos vamos a centrar en el que incluye el trabajo de hoy: Masada. Zorn es judío y eso le llevó a explorar en profundidad las raíces de la música de su cultura para lo que creó el proyecto “Masada”: inicialmente una banda para explorar la música klezmer y sefardí dentro de los parámetros del free jazz y la improvisación. El grupo estaba integrado por saxo, trompeta, contrabajo y batería, casi como homenaje al cuarteto de Ornette Coleman. Con el tiempo, evolucionó a “Electric Masada” con la adición de guitarras eléctricas, distorsiones e influencias del metal o el noise y más tarde hubo un Masada String Trio o un guitar trio. La primera idea de Zorn fue la de escribir cien temas pero la cosa se le fue enseguida de las manos llegando a juntar más de doscientos en lo que acabaría por ser el primer libro de Masada, grabado por su cuarteto. El disco del que hablamos hoy pertenece al segundo libro, una extensa colección de más de trescientas piezas cuya interpretación Zorn iba a delegar en diferentes músicos. El “book two”, también llamado “Book of Angels” alcanzó los 32 volúmenes publicados todos ellos en disco en el sello Tzadik, del propio músico. Concretamente, “Tap” haría el número 20 e iba a ser interpretado en su práctica totalidad por Pat Metheny.
Es algo sorprendente comprobar cómo dos músicos de la talla de Zorn y Metheny, ocupándose de áreas relacionadas en muchos aspectos, viviendo en la misma ciudad e incluso admirándose mutuamente, nunca habían coincidido en ningún proyecto hasta 2012 y ni siquiera se habían visto en persona. El primer contacto fue tras una reseña que Metheny escribió para la contraportada de un libro publicado por la editorial de Zorn. El guitarrista estaba fascinado por la música de John y le escribió diciéndole que estaría interesado en grabar algunas de las piezas de “Masada”. Tras varios intercambios epistolares, Zorn le ofreció todo su catálogo aún sin grabar diciéndole que podía escoger las composiciones que quisiera para tocarlas. Metheny escogió seis de ellas y las grabó tocando todos los instrumentos que incluían guitaras, sitar, piano, percusiones, trompeta, sintetizadores o bandoneón con la única participación externa de Antonio Sánchez a la batería (si excluimos la voz de la hija pequeña de Pat que se cuela en uno de los temas por accidente y que se decidió que permaneciera en la versión final). El interés por el disco fue tal que apareció simultáneamente y con diferentes portadas en el sello de Zorn (Tzadik) y en el que publicaba a Metheny por entonces (Nonesuch).
“Mastema” - El disco comienza por todo lo alto con una combinación de guitarras y sitar verdaderamente fantástica en la que Metheny despliega toda su habilidad como intérprete. Es una pieza muy rítmica y compleja con cambios constantes y una aportación estelar de Antonio Sánchez a la batería. Normalmente Metheny suele tener un sonido muy “amable” pero aquí no tiene ningún problema en bajar al barro y ensuciarse con distorsiones y sonidos más duros y sin concesiones. Una fantástica ejecución de un gran pieza de Zorn.
“Albim” - Con la siguiente composición, la cosa se tranquiliza algo y escuchamos al Metheny acústico de discos como “One Quiet Night” en un tema meditativo de clara inspiración tradicional con esos puntos comunes que tienen la música árabe, la judía e incluso el flamenco. Tras la introducción, Metheny se lleva un poco la pieza a su terreno con ritmos de aire brasileño y jazzy y esos característicos fraseos inconfundibles de su guitarra eléctrica.
“Tharsis” - Nuevo cambio con otra composición veloz y muy rica en la que Metheny utiliza su “orchestrion”, ese sistema de sonido del que hemos hablado en varias ocasiones y que básicamente es una gigantesca máquina diseñada para tocar varios instrumentos a la vez. Eso y la presencia de la guitarra-sintetizador tan reconocible en el sonido de toda la vida del músico, enmascaran en cierta forma la presencia de Zorn que solo se hace evidente en alguna de las melodías de inspiración claramente sefardí. Toda la pieza es una auténtica gozada y una exhibición de facultades por parte de Pat.
“Sariel” - Otro registro bien diferente en el que Zorn sigue instalado en la tradición hebrea, esta vez para ofrecernos un tiempo medio interpretado por Metheny combinando todo tipo de guitarras en una red hipnótica, sobre todo en la primera mitad. Luego la cosa se complica con la entrada de la batería y los sonidos más eléctricos que nos llevan a otros terrenos igualmente fascinantes. El final es puro caos y es donde más se reconoce a Zorn: guitarras ácidas, percusiones desbocadas, ruido... Un cierre fantástico.
“Phanuel” - Metheny se toma las cosas con calma en una lenta introducción en la que se combina una guitarra cadenciosa con samples de todo tipo, incluyendo voces, ruidos industriales, trompetas etc. Probablemente la pieza más difícil del disco sin llegar a los niveles de esquizofrenia con los que muchas veces nos reta Zorn en sus trabajos. Después es todo cosa ya de Pat en su formato más acústico regalandonos un tema meditativo y muy pausado que nos lleva con calma hasta el cierre.
“Hurmiz” - La última pieza del disco es la más experimental del mismo con mucha diferencia. Aparece el piano, la batería y todo tipo de sonidos y ruidos pero lo hacen en la línea más cercana al free jazz de Zorn llegando a momentos de gran desasosiego en el oyente. Solo muy de cuando aparece alguna frase musical más reconocible pero lo hace siempre de forma breve. No es nada asequible pero cuento consigues meterte dentro de la pieza todo cobra sentido.
Desde un punto de vista musical, los estilos de John Zorn y Pat Metheny se nos antojan poco compatibles pese a que ambos son admiradores de Ornette Coleman, por poner un ejemplo. Sin embargo, el guitarrista demuestra aquí una gran versatilidad para enfrentarse a un mundo musical que no es el suyo y conseguir, en muchos casos, hacer propias varias de las composiciones de Zorn. “Tap” es un disco fantástico al que llevamos acudiendo con regularidad desde que apareció diez años atrás y ya iba siendo hora de que apareciera por aquí sirviendo, además, como presentación de Zorn en el blog ya que, hasta ahora, sólo había aparecido de forma testimonial cuando alguna de sus piezas de colaba en discos ajenos que hemos comentado. Esperamos que no sea la última vez que lo hace.

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