domingo, 2 de octubre de 2016

Jeroen Van Veen - Tiersen "Pour Amelie" Piano Music (2015)



Que en el pianista holandés Jeroen Van Veen reside un antólogo es algo de lo que no nos cabe ya la menor duda. Sus grabaciones tienen un espíritu enciclopédico muy de agradecer que nos ha acercado las integrales para piano y otras recopilaciones de gran amplitud de un buen número de músicos contemporaneos del entorno del minimalismo.

En muchas de esas ocasiones, el enciclopedismo raya con la obsesión ya que no son pocos los músicos de cuyas obras nos ha brindado el artista distintas colecciones en las que escuchamos interpretaciones diferentes de las mismas piezas junto con otras nuevas. Es el caso del disco que apareció a finales del año pasado en Brilliant Classics en el que Van Veen repasa a lo largo de dos discos algunas de las mejores composiciones para piano del compositor francés Yann Tiersen.

Autor e intérprete son ambos viejos conocidos de los lectores del blog ya que han protagonizado un gran número de entradas anteriormente. No podía faltar, por lo tanto, una reseña de este trabajo, muy recomendable, por cierto, para cualquier seguidor de cualquiera de los dos músicos.

La primera vez que Van Veen se acercó a la música de Tiersen fue en su monumental caja de diez discos titulada “Minimal Piano Collection”. En ella, el francés compartía volumen con Michael Nyman y podíamos escuchar una selección de once piezas de muy corta duración en su mayoría. Todas ellas vuelven a sonar aquí pero esta vez acompañadas de un muestrario mucho más amplio del repertorio de su autor. Aunque el primero de los discos está titulado “Pour Amelie” y el segundo “Goodbye Lenin”, lo cierto es que la música del primero no pertenece exclusivamente a esa banda sonora sino que incluye piezas procedentes de discos anteriores (alguna no utilizada en la película) y también de trabajos publicados con posterioridad a la misma.

Jeroen Van Veen


En el primer disco el orden de los temas es cronológico y abarca todos los trabajos del músico del periodo 1994-2003 con la excepción de “La Valse des Monstres”, cosa curiosa ya que en la banda sonora de Amelie sí aparecía música de ese disco. Van Veen rescata de “Rue des Cascades” los siguientes temas: “Comptine d`été No.2”, “Comptine d`été No.3”, “Le vieux en veut encore”, “Toujours la”, “Comptine d`été No.1” y “La piece vide”. De “Le Phare” aparecen cuatro arreglos para piano de composiciones en las que, originalmente, sonaban otros instrumentos como acompañamiento. Es el caso de “La dispute”, para piano y melódica, “Sur le fil” y “La Chute”, para piano y violín y “Les jours heureux”, para piano, clave, piano de juguete y violin. La banda sonora de “Amelie” está representada por “Comptine d`un autre été: l`après midi”, “La valse d`Amélie” y “Le Moulin”. “L'Absente”, trabajo del mismo año que la película, aporta “L`absente” y “Le retour”. Menos conocidas son las piezas procedentes de “Les Retrouvailles” (“Le matin”, “La plage”, “Les retrouvailles” y “La jetee”) y “Tabarly” (“Tabarly”, “8 mmm” y “Point Zero”), discos ambos posteriores a las bandas sonoras de “Amelie” y “Goodbye Lenin”. A esta última, como ya indicamos, está dedicado en su totalidad el segundo CD de la colección en el que aparecen títulos pertenecientes al disco de la banda sonora y otros que no se corresponden con el mismo aunque la música sí que aparece en la película. Eso ocurre con “Coma”, “From Prison to Hospital”, “Mother”, “Selling Dishes”, “Birthday Preparations” y “Finding the Money”.




Van Veen ofrece una colección de interpretaciones que guardan una gran fidelidad hacia las originales, si acaso con un enfoque algo más clasicista allí donde Tiersen se asoma más al folk, pero con una solvencia absoluta. Por poner un ejemplo, en la primera parte de “La Valse d'Amelie”, el pianista holandés convierte una pieza juguetona en una “gymnopedie” más de Erik Satie. En la segunda parte, y en un claro contraste, la dota de una energía ausente en el original con algún “fortissimo” que puede sobresaltar al oyente más desprevenido. En el segundo disco, al margen de su faceta de intérprete podemos apreciar también la de arreglista ya que la banda sonora contaba con la participación de una nutrida orquesta que aquí, por razones obvias, no está presente.

En ambas tareas el desempeño de Jeroen Van Veen es excelente y eso hace de este doble disco una elección excelente para introducirse en el mundo de Yann Tiersen, un compositor que nos ha brindado trabajos inspiradísimos en los últimos años explorando también otro tipo de territorios más cercanos al rock y a la experimentación electrónica aunque sin olvidar el estilo que le hizo popular y que tan bien representado está en la grabación que nos ofrece el sello Brilliant Classics y que hoy os recomendamos. En la linea de este último comentario, acaba de aparecer una nueva grabación del músico con piezas para piano que no tardaremos en comentar por aquí. Hasta entonces, no está de más escuchar a Van Veen y su homenaje al compositor.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Bela Fleck & Edgar Meyer - Music for Two (2004)



A Edgar Meyer el amor por el contrabajo le llegó por parte paterna. Su progenitor era director de una pequeña orquesta local en Tennessee y, además, intérprete de ese instrumento. Edgar jr. (su padre también se llamaba Edgar) se convirtió pronto en un virtuoso del contrabajo, no limitándose al repertorio específico del mismo sino adaptando piezas escritas para otros instrumentos, incluyendo obras maestras como las suites para violonchelo de J.S.Bach, obras que llegó a grabar en su momento.

De formación clásica, nunca se cerró a género alguno y así, interpretó jazz, folk y, cómo no, procediendo de Tennesse, bluegrass. Tampoco se limita a un solo instrumento y también domina el piano, la guitarra, la mandolina, el banjo o el violín entre otros. Con esas referencias, no extraña que a mediados de los años ochenta conociera a Bela Fleck y surgiera entre ellos la idea de colaborar. Ambos músicos se reunían para ensayar, para tocar juntos, para ensayar piezas de Bach... Llegaron a practicar con un repertorio conjunto de cara a ofrecer conciertos de forma paralela a sus carreras individuales pero por unas cosa u otras, la cosa se fue aplazando. La primera ocasión en que ambos artistas coincidieron en una grabación fue con un disco muy similar en su concepción al que comentamos hoy. Corría el año 1997 y los dos se juntaron con la leyenda de Windham Hill, el mandolinista y ex-integrante de Montreux, Mike Marshall. Sony Classical había comenzado a editar una serie de discos para diferentes tríos instrumentales en los que se combinaría la música clásica y el bluegrass entre otros estilos. En el trabajo inaugural, Edgar Meyer se vio acompañado del violinista Mark O'Connor y el violonchelista Yo-Yo Ma y para el segundo se escogió a Fleck y Marshall como “partenaires” del contrabajista.

El entendimiento entre Bela Fleck y Edgar Meyer fue perfecto por lo que acordaron que tenían que seguir viéndose para tocar y grabar en el futuro. La primera ocasión en que esto ocurrió fue en 2001 con otro extraordinario disco de Fleck titulado “Perpetual Motion” en el que se escuchan arreglos de piezas clásicas interpretadas por instrumentos diferentes a aquellos para los que fueron escritas. Los dos músicos se encargaron de los arreglos aunque para la interpretación contaron con un nutrido grupo de colaboradores. El éxito de la grabación (ganó dos premios Grammy) hizo que la pareja volviera a juntarse, esta vez sin la participación de ningún otro instrumentista. ¿El espíritu? el mismo que alumbró “Uncommon Ritual” (el disco de ambos con Mike Marshall del que hablabamos antes). Combinar composiciones propias con arreglos de piezas clásicas y también de jazz. ¿El resultado? Una delicia surgida de diferentes conciertos que el dúo ofreció entre 2001 y 2004.

Bela Fleck toca el banjo y la guitarra mientras que Edgar Meyer hace lo propio con el contrabajo y el piano.

Fleck y Meyer.


“Big Tussle” - El trabajo se abre con una pieza de Fleck. En ella escuchamos el banjo acompañado del contrabajo, interpretado tanto con arco como pulsado a la manera del jazz más clásico. El tema, combina toques clasicistas con música de raiz americana, bluegrass con aires de ragtime y todo con un gusto exquisito.

“Invention No.10, BWV 796” - Pasamos a Bach, protagonista del disco junto casi al mismo nivel de Fleck y Meyer. La interpretación es absolutamente maravillosa y ambos artistas le hacen justicia a la partitura del genio barroco. Una miniatura deliciosa.

“Pile-Up” - Primera de las composiciones conjuntas de los dos firmantes del disco. Se trata de un dúo lleno de ritmo entre el banjo y el contrabajo, enfrascados en una placentera colaboración en el comienzo y en un brillante duelo después. Los cambios son constantes pero los mejores momentos son, sin duda, aquellos en los que los instrumentistas se enfrentan cara a cara en un desafío sin ganador posible.




“Prelude No.24, BWV 869” - Volvemos a J.S.Bach con uno de los preludios contenidos en el libro primero de “El Clave Bien Temperado”. Si bien la primera versión era impecablemente clásica, esta segunda tiene un cierto toque de jazz, especialmente por el papel de Meyer en el bajo continuo. Fleck, por su parte, hace que la música del maestro alemán suene como si hubiera sido escrita para un instrumento tan improbable como el banjo. Imperdible.

“Solar” - Pasamos ahora a Miles Davis con esta composición incluida en su disco “Walkin'” de 1957 y que enseguida se convirtió en un estándar interpretada por maestros de la talla de Chet Baker, Bill Evans o los más recientes Pat Metheny y Brad Mehldau. La versión de Fleck y Meyer es puro vértigo y toda una experiencia para el oyente.

“Blue Spruce” - Cambio total de registro el que se produce con esta composición de Bela Fleck. Ambos músicos apartan sus instrumentos y se lanzan con una pieza de piano y guitarra en la que se incluyen frases melódicas completas de composiciones de Bela para sus Flecktones. Extraordinario en todos los sentidos. Además, los dos artistas se permiten el lujo de demostrar que, aunque no sean sus instrumentos principales, su desempeño con ellos no tiene mucho que envidiar al habitual con banjo y contrabajo.




“Canon” - La primera pieza escrita por Meyer en solitario de todo el trabajo es una preciosidad en la que el contrabajo, actuando casi como un violonchelo, ejecuta una melodía muy inspirada que el banjo de Fleck va replicando después. El tema tiene reminiscencias folclóricas americanas y un sonido que podría encajar en los discos clásicos del sello Windham Hill de los años ochenta, especialmente en los del Modern Mandolin Quartet.

“The One I Left Behind” - Volvemos a Fleck que nos ofrece aquí un tema rítmico en el que reina el infeccioso contrabajo de Meyer creando la base perfecta para la pirotecnia interpretativa del banjo. Hay trazas de blues y de bluegrass, como no podía ser de otro modo. La técnica del contrabajista es impresionante y en el tramo final entramos en territorio country durante unos segundos llenos de magia.

“Menuet I-II from Partita No.1 BWV 825” - Enlazamos ahora dos piezas breves más de Bach resueltas con la habitual maestría por el dúo. La primera de consta de dos minuetos exquisitos ejecutados de forma insuperable.

“Prelude No.2 BWV 847” - La segunda es uno de los preludios más conocidos de el libro primero de “El Clave Bien Temperado”. Un alarde de ritmo y precisión en una ejecución a la que no se le puede poner ningún pero.

“Palmyra” - Cambio de registro. Meyer toca el piano mientras Fleck sigue con el banjo en una de nuestras piezas favoritas de todo el disco. Una melodía verdaderamente notable y una interpretación que consigue crear un ambiente con la tensión justa. Como esa novela que no podemos dejar de leer aunque nos aparte de otras obligaciones. La segunda parte del tema, ya con el contrabajo en escena, entra de lleno en territorios celtas sin que los músicos denoten dificultad alguna con el cambio de estilo, de modo que ambos se dirían nacidos en cualquier lugar del Condado de Donegal.

“The Lake Effect” - La pieza es, en realidad, un sólo de banjo, no demasiado largo por otro lado. En él, Fleck se explaya a sus anchas en el más puro estilo bluegrass. Un buen tema.

“Largo from Sonata” - La sorpresa del disco la constituye la presencia de música de Henry Eccles, compositor barroco inglés no demasiado conocido ya que la llegada a las islas de Händel en su tiempo, le eclipsó casi por completo. Es muy de agradecer que Fleck y Meyer rescaten maravillas como esta en la que el contrabajo dibuja una preciosa melodía apoyada humildemente con la guitarra.

“Allegro Vivace from Sonata” - Segundo homenaje a Eccles en un movimiento mucho más rítmico y vivo que el anterior. Meyer roza el cielo con el contrabajo en una demostración de cualidades portentosa que es correspondida por el público con la mayor ovación del disco muy merecidamente.

“Wrong Number” - Una introducción jazzística de piano, salpicada con sonidos de teléfonos móviles da paso al banjo en un guiño humorístico por parte de los dos músicos que van jugando con las interrupciones “tecnológicas” e improvisando sobre ellas. De hecho, son los teléfonos los que van marcando el ritmo para las improvisaciones del banjo y el contrabajo que se alternan a lo largo del corte.

“Woolly Mammoth” - Acercándonos al final del disco encontramos esta joya en la que los dos artistas se desatan con un largo corte en el que encontramos desde las influencias celtas (realmente una raíz común de la música country y el bluegrass) hasta ejemplos más claros de estos dos últimos géneros y destellos clásicos. Escuchamos también en este tema los momentos de mayor virtuosismo por parte de ambos músicos, especialmente en el apoteósico cierre.

“Wishful Thinking” - Cierra el trabajo una composición en solitario de Edgar Meyer interpretada por él mismo en su totalidad. Es una gran pieza de contrabajo con aromas tradicionales y un tono muy relajado que sirve para cerrar con delicadeza un disco diferente.

Que Bela Fleck es uno de los grandes músicos de nuestro tiempo es algo que ya sabíamos desde que escuchamos sus primeros trabajos con los Flecktones. Su versatilidad ha sido puesta de manifiesto en incontables ocasiones, tanto en sus discos en solitario como en sus colaboraciones con otros artistas de la talla de Chick Corea o el propio Edgar Meyer. Es éste último la gran sorpresa que nos brinda este disco ya que hemos descubierto a un verdadero virtuoso de un instrumento particularmente exigente, máxime cuando se le saca de un repertorio muy concreto.

Escuchar a Bach interpretado con un banjo o las vertiginosas combinaciones de instrumentos tan insospechados como los que se escuchan aquí en conjunción, es otro aliciente para acercarse a un disco muy distinto que recomendamos sin ninguna duda.

Os dejamos con ambos músicos interpretando en directo una pieza que no pertenece al disco:

 

jueves, 15 de septiembre de 2016

Michael Riesman - Philip Glass Soundtracks (2008)



Hay momentos en la vida en los que es necesario tomar decisiones que marcarán de forma decisiva el futuro. Vistas desde fuera no siempre son comprendidas e incluso muchos años después siguen sorprendiendo mucho desde el punto de vista del observador. A caballo entre la década de los sesenta y la de los setenta, Michael Riesman era uno de los compositores americanos más prometedores. Había ganado varios premios importantes en las instituciones más venerables tras haber aprendido de maestros como Milhaud. Incluso había estrenado con grandes críticas una pieza como “Phases”, obra para teclado que no hemos tenido la fortuna de escuchar aún y que en algunos medios era valorada por encima de otras composiciones que aparecían el el programa del concierto en el que se estrenó, algo llamativo siendo Luciano Berio y Olivier Messiaen los autores de las mismas.

Parece que el interés de Riesman estaba más centrado en el mundo de la interpretación que en el de la composición y eso ayuda a entender que en 1974 aceptase la oferta de Philip Glass para integrarse en su “ensemble” lo que prácticamente iba a poner el punto final a su carrera como compositor. El talento de Riesman, no obstante, le iba a convertir pronto en mucho más que un intérprete, alcanzando enseguida una relación más que estrecha con el genio minimalista. Su rol pronto pasó a ser el de director del grupo y más tarde el de arreglista de la mayor parte de la música. Poco a poco se convirtió en el colaborador más estrecho de Glass, y en el director de la mayor parte de sus obras, especialmente para el cine, estatus que mantiene hoy en día.

A mediados de los ochenta, Riesman hizo una primera transcripción para piano de la sección final de la ópera “Satyagraha” que sería incluida en una recopilación del sello de “new age” Private Music. Ese fue el primer paso en un campo que más tarde se iba a demostrar muy fructífero encargándose el propio Riesman de la transcripción pianística y posterior grabación de alguna de las obras más populares del músico, especialmente de la banda sonora de la película “Las Horas” en la que él mismo interpretaba las partes solistas. Tras ese trabajo y una adaptación similar de “Dracula”, el monumental cuarteto de cuerda que Glass escribió como banda sonora alternativa del clásico de Tod Browning, Riesman se propuso hacer lo propio con otros fragmentos de piezas escritas para el cine por Philip Glass, mostrando así a la vez una gran panorámica de la música del compositor para la pantalla y ampliando el repertorio para piano del músico de Baltimore. El resultado fue recogido en 2008 en un disco publicado por Orange Mountain Music que será el protagonista de nuestra entrada de hoy.

Michael Riesman.


“Anima Mundi” - El primer corte del disco procede de la banda sonora de “Anima Mundi”, un cortometraje sobre vida animal dirigido por Godfrey Reggio, el cineasta con el que Glass había colaborado en “Koyaanisqatsi” y “Powaqatsi”. La partitura del músico para esta obra es una de nuestras favoritas de entre todas las que ha firmado Glass para el cine. La instrumentación es rica y la música vibrante. Quizá por ello, por no alcanzar a reflejar en su totalidad el esplendor del original, encontramos la adaptación para piano meritoria pero inferior a la obra primaria.

“Jenipapo No.14” - En la misma época que el “score” anterior, alrededor de 1994, Glass hizo también la banda sonora de “Jenipapo”. Es una poco conocida película ambientada en Brasil, país que influyó mucho en en músico y en su obra de finales de los años ochenta. La partitura, refleja al Glass clásico y el breve corte aquí seleccionado lo hace igualmente bien.

“Overture to La Belle et la Bete” - Uno de los mayores desafíos artísticos del músico norteamericano fue el poner música al clásico de Cocteau “La Belle et la Bete”. Lo que escuchamos aquí es una transcripción de la obertura que Riesman había hecho tiempo atrás y que formó parte de “Up Close”, una recopilación de Glass sólo disponible en su momento en el MOMA neoyorquino.

“Neverwas Set” - Saltamos de mediados de los noventa al 2005, año en el que el músico firma la banda sonora de “Neverwas”. Escuchamos aquí una selección de piezas que nos muestran al Glass más lírico y romántico, con temas de un clasicismo innegable, ejemplo del giro hacia una música más expresiva que inició el compositor más o menos por esa época.




“Notes on a Scandal: I Knew Her” - Poco después de la anterior, Glass componía una de sus bandas sonoras más logradas y también de las que mayor reconocimiento obtuvo al ser nominada a premios como los Golden Globe y los Oscar de la Academia. Riesman selecciona aquí un pasaje dramático muy representativo de la obra.




“A Brief History of Time: Selections” - Viajamos atrás en el tiempo (qué oportuno) hasta 1991, año en el que el músico realiza la banda sonora de un documental de Errol Morris sobre Stephen Hawking. Michael Riesman escoge de nuevo los momentos más líricos de la partitura original mostrandonos un Glass muy diferente del que los seguidores del músico conocían en los ochenta.




“Mishima: Closing” - Continuamos con una de las obras más conocidas de todas las que Glass realizó para el cine en sus primeros años. “Mishima” era una partitura variada y emocionante que fue posteriormente convertida en cuarteto de cuerda y, más tarde, adaptada a otros formatos como el cuarteto de saxofones, el de guitarras y ahora, al menos parcialmente, al piano. Nada que objetar al trabajo de Riesman que es correctísimo tanto en la faceta de arreglista como en la de intérprete.

“Naqoyqatsi: Primacy of Number” - La tercera parte de la trilogía “-qatsi” de Glass y Reggio llegó en 2002, catorce años más tarde que la segunda. La música, orquestal en su mayoría en esta ocasión con un gran protagonismo para el violonchelo como solista, no parecía susceptible de ser adaptada al piano pero, al menos en el caso del movimiento escogido aquí por Riesman, esa opinión se ve rebatida por completo y el pianista nos brinda una sensacional pieza llena de nervio y tensión. De los mejores cortes de todo el trabajo, sin duda alguna.

“The Illusionist: Finale” - A mediados de la primera década de este siglo, Glass compuso varias bandas sonoras de películas de mayor presupuesto y distribución que las que acostumbraba a realizar hasta ahora. Eso vino acompañado de una mayor relevancia de su trabajo y también de una obligada dulcificación en su estilo. Hemos escuchado algún ejemplo ya y con este corte tenemos uno más. Escoge Riesman los momentos de mayor belleza de la partitura, con puntos en común con obras del compositor como “Les Enfants Terribles”, por poner un ejemplo al margen del cine.

“The Fog of War” - Mucho más intimista y reservado es el Glass que escuchamos en este fragemento del documental que Errol Morris dirigió en 2003 sobre el Secretario de Defensa de los EE.UU. durante la guerra de Vietnam, Robert McNamara. Es una pieza en la que subyace una gran tensión pero que no llega a explotar en ningún momento. Un ejemplo del Glass incidental que hemos oído muchas veces en sus bandas sonoras.

“No Reservations: Combine” - Mientras que todos los cortes anteriores pertenecen a bandas sonoras que hoy en día han sido publicadas (no era así cuando apareció el disco), este es un caso especial porque en la grabación de 2007 de la música de la película sólo aparecían dos breves fragmentos acompañados de extractos de óperas clásicas y canciones de otros artistas. La música que escuchamos aquí, por tanto, tendría la categoría de inédita.

“Candyman: Helen's Theme and more” - En 1992, Glass puso música a “Candyman”, película de terror dirigida por Bernard Rose. En aquel momento el músico optó por una partitura muy electrónica que aquí mejora notablemente en todos los aspectos, al ser interpretada sólo al piano.

Con este disco, Michael Riesman hace una doble reivindicación: la suya como intérprete, siempre a la sombra de un compositor como Glass y la de la parte más lírica de la obra de un compositor al que la etiqueta de “minimalista” puede restar oyentes por miedo a encontrarse piezas áridas y repetitivas con poco espacio para la brillantez melódica y la emoción. La selección de obras que aquí aparece sirve para mostrar esa cara, no siempre tan evidente, de Glass como compositor de gran lirismo cuando se lo propone. Es por ello que creemos que este disco es muy recomendable para ese público más reticente hacia la música de Glass, especialmente por lo que tiene de sorprendente frente al tópico.