domingo, 29 de marzo de 2015

Mike Oldfield - The Orchestral Hergest Ridge (1975)



Cuando David Bedford realizó la transcripción para orquesta de “Tubular Bells” que fue publicada en 1975, no se limitó a esa obra ya que también se encargó de adaptar el segundo disco de Mike Oldfield, “Hergest Ridge”. Ambas obras fueron interpretadas en directo en varias ocasiones en la época con Steve Hillage o Andy Summers a la guitarra pero sólo la primera de ellas conoció una versión el disco.

Los motivos pueden ser muchos pero entre ellos no se encuentra la calidad de la adaptación ya que a nuestro juicio (y es la opinión común por parte de los aficionados al músico en la red) lade “Hergest Ridge” era mucho más acertada e interesante que la anterior. Probablemente en el ánimo de los directivos de Virgin (eufemismo para decir Richard Branson) influyó la floja acogida de “The Orchestral Tubular Bells” para decidir dejar en el cajón las grabaciones de “Hergest Ridge” interpretado por una orquesta sinfónica. Durante mucho tiempo se llegó incluso a dudar de la existencia de esa obra pero con el tiempo, y gracias a internet, aquella música se hizo accesible, primero en forma de disco pirata y después como descarga “irregular” en decenas de webs.

En pocas ocasiones hemos comentado aquí discos “piratas” o, como es el caso, grabaciones radiofónicas pero la relevancia del autor y, ¿por qué no? la calidad de la adaptación nos ha animado a hacer una pequeña reseña del “disco” al que llamaremos así sólo a efectos prácticos.

Las dos obras orquestales fueron interpretadas en diciembre de 1974 en el Royal Albert Hall londinense con la Royal Philharmonic Orchestra dirigida por David Bedford siendo retransmitida por la BBC la velada de estreno de ambas. De esa emisión salieron varias copias pirata que circulan por ahí pero hay una segunda retransmisión de 1976 con algo más de calidad procedente de un concierto en Glasgow con la Scottish National Orchestra de la que se dice que Virgin adquirió los derechos con vistas a una posible publicación que nunca se llevó a cabo aunque es cierto que hay quien afirma disponer de casettes originales de la época con el disco en lo que sería una tirada muy reducida de cuya existencia no hemos encontrado ninguna confirmación verosímil. Sí que hay un CD pirata de 1999 en el que aparece la obra imitando el “artwork” de la edición oficial de Virgin de “The Orchestral Tubular Bells” de un modo muy logrado.

David Bedford y Mike Oldfield


El comienzo de la obra es extremadamente fiel al original con algún ligero añadido de percusión. El poderoso bajo que aparecía en los primeros instantes, es sustituído con acierto por los metales siendo esta la principal novedad de los primeros momentos del trabajo. Desde el comienzo queda clara la diferencia entre esta adaptación y la de “Tubular Bells” que va más allá de la existente entre los discos originales. En su revisión del “Opus 1”, Bedford parece luchar todo el tiempo para “domar” una partitura rebelde, muy difícil de sujetar en muchos momentos y la transcripción acusa este hecho sonando en exceso dulcificada. Ahora es muy diferente y se aprovecha mucho mejor la propia estructura de la obra (“Hergest Ridge”, tomada en conjunto, es mucho más coherente que su predecesora) para dar su espacio a todas las secciones orquestales con gran naturalidad de modo que no suenan artificiosas en ningún momento. Especialmente brillantes nos parecen las secciones en las que brillan las maderas, que ya destacaban mucho en el álbum original. Los últimos instantes de la primera mitad de la obra renuncian ligeramente al aire sinfónico con la inclusión de campanillas que ya se oían en el disco de 1974 que nos remiten a un ambiente mucho más bucólico y cercano a una tarde en el campo que a una estricta sala de conciertos. Es ahí donde escuchamos la segunda intervención de Hillage a la guitarra en un estilo que parece querer asemejarse al del propio Oldfield, cosa que consigue a medias.

El segundo gran segmento de “Hergest Ridge” nos muestra un excelente arreglo de cuerdas que realza la belleza de un pasaje ya de por sí bello. La elección del violonchelo para interpretar la línea melódica principal es brillante y su relevo por parte de la flauta fluye con una naturalidad apabullante. A continuación llega el turno del violín que ejecuta una serie de arabescos muy inspirados que no tenían esa presencia en el disco de Oldfield tras los cuales gana protagonismo la orquesta. Llegamos así a la que probablemente sea la sección más brillante de la obra original y que en su sinfónica no rebaja ni un ápice esta calificación aunque, sin duda, acusa la práctica imposibilidad de emular las sensaciones que provoca un buen montón de guitarras y bajos eléctricos sonando al mismo tiempo como ocurría en la obra genuina. Se reserva un par de buenos solos Steve Hillage en esta sección que contribuyen a compensar el déficit de energía con respecto a la pieza original mientras suena un poderoso coro que subraya el dramatismo de la sección. Desde ahí hasta el final, un poco brusco en nuestra opinión, todo transcurre con normalidad cerrándose así un arreglo muy notable por parte de David Bedford que quizá mereció la misma oportunidad que tuvo el el de “Tubular Bells” aunque, de haber sido así, ¿dónde habría parado la serie? ¿tendríamos un “Orchestral Ommadawn”? ¿un “Orchestral Incantations”? Quién sabe...

A pesar de que nunca fue publicada de forma oficial, parte de la adaptación orquestal de “Hergest Ridge” apareció en la banda sonora de la película documental “The Space Movie” dirigida por Tony Palmer y estrenada en 1980 para conmemorar el décimo aniversario del alunizaje del “Apollo XI”. Hubo planes para editar el “soundtrack” en disco pero quedaron en nada. En él, además de algún fragmento de “The Orchestral Hergest Ridge”, sonaba su homólogo de “Tubular Bells”, algún extracto de “Ommadawn” o “Incantations” y el single “Portsmouth”.


Si tenéis la suerte de encontrar alguno de los CD piratas que existen con la grabación, es posible que esté acompañada de otra interpretación en directo de un extracto de “The Orchestral Tubular Bells” tal y como sonó en las representaciones que de las dos obras se hicieron en la época. A pesar de no tener carácter oficial, no creemos que ningún fan de Oldfield quede decepcionado si escucha la obra que hoy hemos reseñado.


lunes, 23 de marzo de 2015

Steven Wilson - Hand. Cannot. Erase. (2015)



Hay muchas cosas extraordinarias en la carrera de Steven Wilson y no es la menos sorprendente que cada nuevo proyecto en el que se embarca cree con mayor expectación que el anterior y que casi siempre supere la más optimista de las previsiones de sus seguidores. Lo cierto es que “The Raven that Refused to Sing (and Other Stories)” Alcanzó un nivel que parecía muy difícil de sostener (no digamos ya de superar); nuestra impresión es que Wilson era consciente de ello y por eso se enfrentó al siguiente reto con mucha más calma que en otras ocasiones, reduciendo en la medida de lo posible el resto de proyectos y adelgazando al máximo su agenda. Así, en los últimos dos años, las únicas noticias que hemos tenido de él eran las correspondientes a sus trabajos de remasterización y remezcla de discos clásicos de las últimas décadas. Sabíamos que durante la gira de su anterior disco se estaba trabajando ya en nuevas canciones y que la intención era la de que su banda fuese lo más estable posible para garantizar el mayor nivel de calidad posible pero no muchos más detalles.

A principios de 2014 empezaron a saberse algunas cosas relativas al nuevo disco, especialmente en lo tocante al concepto central del album. Parece ser que Wilson vio un documental titulado “Dreams of a Life” en el que se hacía una investigación sobre la vida de Joyce Carol Vincent. Su historia saltó a las portadas de los periódicos ingleses cuando su cadaver apareció en su apartamento, tumbado en la cama, con la televisión y la calefacción encendidas en enero de 2006. Alrededor de su esqueleto, pues ese era el estado en que se hallaban sus restos, varios regalos recién envueltos y preparados para ser enviados, aparentemente, a sus familiares y conocidos en las navidades de 2003. La cineasta Carol Morley se vio atraída por ese suceso y decidió reconstruir la vida de Joyce buscando a sus posibles familiares y conocidos para lo que llegó, incluso, a poner anuncios en prensa, en marquesinas o en los transportes públicos. Como resultado de sus esfuerzos descubrió que la fallecida era una mujer activa, inquieta, cuya vida estuvo marcada por la escasa relación con sus padres y por un maltrato por parte de una antigua pareja que la hizo cambiar con frecuencia de domicilio y de trabajo (de hecho, el apartamento en que apareció su cadáver era uno de los que el estado británico pone a disposición de las víctimas de la violencia doméstica). A pesar de esa situación, Joyce consiguió salir adelante y tener una vida de cierto éxito y popularidad en sus círculos habituales lo que hacía más inexplicable y desolador el hecho de que absolutamente nadie la echase en falta durante más de dos años. El film mostraba entrevistas con algunos de sus vecinos, con antiguas relaciones de Joyce o con la gente de su barrio y, quizá de una manera algo idealizada, retrataba toda una vida que luego nadie pareció extrañar. A partir de ese concepto, Steven Wilson crea su propio personaje femenino a través de cuyos ojos afronta el que es su cuarto disco de estudio en solitario, según la discografía más o menos aceptada que excluye muchos lanzamientos limitados y rarezas del recuento final. Es curioso que el propio autor cite como principal influencia a la hora de hacer el disco el que también hacía el número cuatro de la carrera de Kate Bush, “The Dreaming”, publicado igualmente tras un periodo de casi dos años de preparación por parte de la cantante.

La historia de Wilson se construye a partir del blog imaginario de una mujer que se inicia el 8 de octubre de 2008 con una entrada en la que la protagonista escribe: “hoy cumplo 30 años. Josef K fue arrestado el día que cumplia 30 años”. Con esa referencia al protagonista de “El Proceso” de Kafka, comienza uno de los discos más ambiciosos que hemos oído en los últimos tiempos. El blog completo puede leerse aquí. Gran parte de los temas habituales en Wilson se van desplegando en el diario, comenzando por los recuerdos de la infancia y la adolescencia de la protagonista (con algunas referencias a la propia trayectoria de Wilson como una entrada encabezada con un “No Man is an Island”, por ejemplo), la llegada de una hermana adoptada 3 años mayor que ella, con la que sólo convive durante 6 meses hasta que sus padres se separaran y con la que experimenta importantes descubrimientos personales. Tiempo después la recordará como la persona con la que más cosas ha compartido a pesar de lo breve de su convivencia. El gran tema del disco, sin embargo, es la soledad. La protagonista se siente sola desde que tiene recuerdos, con una escasa relación con sus padres pero también, más adelante, con sus compañeros de colegio, de instituto, etc. Allí establece relaciones utilitarias pero superficiales “be friendly but don't make friends” dice en la entrada del 14 de septiembre de 2009, aunque llega a tener un breve noviazgo con un fotógrafo. Hay tiempo para hablar de música. Los primeros discos que escuchaba junto con su hermana fueron de Dead Can Dance y This Mortal Coil pero más adelante, su grabación favorita fue un viejo vinilo con el “Cuarteto para el fin de los tiempos” de Olivier Messiaen. Uno de los escasos “hobbies” de que tiene la autora del blog es peculiar: colecciona recortes periodísticos en los que se habla de mujeres desaparecidas. Ese interés se refleja en pensamientos como el que tiene el 10 de marzo de 2011 cuando recuerda a la perra Laika, primer animal en ser enviado al espacio que fue encontrado en la calle por los soviéticos que decidieron escogerla porque nadie la reclamaría. También habla del arrepentimiento, de los fantasmas de las decisiones no tomadas... poco después escribe: “en el último mes habré pronunciado apenas veinte palabras”. Otro tema habitual en Wilson son los fenómenos paranormales o, al menos, las historias inexplicables. En un momento determinado, nos habla del caso de una tal Lena Springer, aparecida de repente en medio de una calle de Viena y atropellada por un autobús. Supuestamente Lena había desaparecido sin dejar rastro en 1876. Falleció, por tanto, a la edad de 28 años, 104 años después de su fecha de nacimiento. La historia no es más que una recreación del controvertido caso de Rudolf Fenz del que hay abundante información en internet, un clásico de la parapsicología. La presencia de “fantasmas” es cada vez más habitual en la narración, incluyendo una visita de la protagonista con 13 años a la protagonista actual. El blog acaba el 2 de marzo de 2015 con una entrada en la que habla del comienzo de una ascensión lo que asociado a los textos anteriores del mismo nos sugiere la idea del suicidio de la protagonista, otro de los temas que aparecen de cuando en cuando en el imaginario de Wilson.

Una de las imágenes del blog de la protagonista.


Participan en la grabación los mismos músicos que lo hicieron en el anterior trabajo del músico con alguna adición: Guthrie Govan (guitarras), Nick Beggs (bajo, Chapman stick), Adam Holzman (piano, teclados), Marco Minnemann (batería), Dave Gregory (guitarras), Chad Wackerman (batería), Ninet Tayeb (voz), Theo Travis (flauta, saxo), Katherine Jenkins (narración), Leo Blair (voz) y el propio Steven Wilson (voz, teclados, guitarras, bajo, banjo, percusiones, etc.)

“First Regret” - El disco comienza con un tema instrumental basado en una preciosa melodía de piano que poco a poco se funde con una serie de efectos electrónicos que desembocan sin solución de continuidad en el siguiente corte.

“3 Years Older” - El sonido de los teclados nos da la bienvenida antes de ser interrumpido por una serie de veloces acordes de guitarra acústicas que desembocan en un poderoso riff tras el que podemos disfrutar de la extraordinaria interpretación del propio Wilson al bajo. Comienza la canción propiamente dicha con una excepcionales harmonías vocales entre nuestro artista y Nick Beggs. Los textos parecen repasar la breve relación de la protagonista de la historia con su efímera hermana adoptiva. En el ecuador de la pieza asistimos a una soberbia explosión de rock progresivo tras la que Adam Holzman ejecuta un magnífico solo de piano de corte jazzístico, uno de los pocos detalles en esa linea del disco que contrasta en ese aspecto con el precedente “The Raven...” El gran momento de Holzman, sin embargo, llega un poco después con un alucinante solo de “Hammond” que rivaliza con muchos otros de los grandes de los teclados dentro del género.

Primero de los tres "aperitivos" del disco que Wilson fue dejando en su web.


“Hand Cannot Erase” - El lado más “pop” de Steven Wilson, aquel que solía encontrar su lugar en los discos de Blackfield, aparece en este momento. La canción, todo un “hit” en potencia, es sencilla y tremendamente directa. Emana energía y optimismo a partes iguales y, además, está producida con un gusto extremo, como todo lo que toca nuestro artista.



“Perfect Life” - La primera gran sorpresa llega con el tema escogido como primer single. Sobre un fondo electrónico y una base rítmica industrial pero próxima a estilos como el “chill out” escuchamos la narración de Katherine Jenkins en primera persona hablando nuevamente de la íntima relación entre las dos jóvenes en su adolescencia. El concepto suena cercano al de discos como el “Tr3s Lunas” de Mike Oldfield hasta que comienza a cantar el propio Wilson repitiendo como un mantra el título de la pieza rodeado de un ambiente excepcional creado por las guitarras, los coros de Nick Beggs y algunos efectos vocales electrónicos cosecha del propio Wilson. Esta segunda mitad podría estar firmada por Brian Eno y no podría sorprender a nadie.



“Routine” - Con unos sencillos acordes de piano comienza otra extraordinaria creación de Wilson en la que describe la mecánica vida de la protagonista que aparece también en la voz de Ninet Tayeb que toma los mandos por un instante. Un delicioso estribillo acompañado por lo que parece un clavicordio y un violín sintético se interrumpen con el canto de Leo Blair, miembro del coro de la Cardinal Vaughan Memorial School. Entramos así en la magistral segunda parte de la pieza con el sonido de la celesta ejecutado por Holzman y el clásico sonido de flauta del “mellotron” en un momento de claro sabor “crimsoniano”. Es entonces cuando Guthrie Govan ejecuta un emocionante solo de guitarra antes de la segunda aparición de Tayeb en la que se intuye el giro hacia la oscuridad que comienza a experimentar el disco. A modo de coda, una guitarra que parece sacada de “The Dark Side of The Moon” acompaña a Wilson en la estrofa final.

“Home Invasion” - Asistimos a un gran giro en este instante marcado por la enérgica guitarra de Govan y una soberbia sección rítmica que no deja de recordarnos a King Crimson en sus improvisaciones alrededor del “Mars” de Gustav Holst. En estos momentos es cuando escuchamos al Wilson más cercano a Porcupine Tree siquiera por unos instantes con un Marco Minnemann imperial. La introducción termina y tras una breve secuencia en plan “Money for Nothing” entramos en una especie de blues metálico en la que se habla de la soledad y el aislamiento al que nos lleva internet que ofrece la posibilidad de tenerlo todo sin moverse de casa.



“Regret #9” - Enlazado con el final del corte anterior llega este instrumental que comienza con un espectacular solo de teclado sobre una base rítmica exquisita. Holzman con un sonido muy cercano al del Rick Wright de “Wish You Were Here” comienza a impartir una auténtica lección que alcanza momentos de auténtico éxtasis musical con la entrada de la guitarra eléctrica. Una barbaridad de tema que acaba, quizá, demasiado pronto.

“Transcience” - Wilson en solitario ejecuta todos los instrumentos de esta transición de influencias “floydianas” en el comienzo que nos muestra de nuevo las excelencias del músico a la hora de elaborar armonías vocales, en este caso, en una sorprendente onda “folk”.

“Ancestral” - Llegamos de este modo al corte más largo del disco, aquel en el que brilla con luz propia Theo Travis a la flauta y el saxo. Con unos magistrales arreglos de cuerda que hacen maravillas en un tema que tiene momentos cercanos al trip-hop (ese ritmo continuo a lo Massive Attack) y que crece a cada minuto mostrando trazas de lo que podría ser hoy Porcupine Tree de seguir activos. Otro solo de Govan nos deja sin aliento antes de atravesar el ecuador de la pieza marcado por la nueva aparición de Ninet Tayeb. A partir de ahí, comienza la fase final del descenso a los infiernos de la protagonista, excelentemente dibujado en una suite de jazz-rock oscuro que recupera las mejores atmósferas de “The Raven...”, con grandes dosis de “mellotron” y una guitarra omnipresente, siempre inquietante con un claro “toque Fripp”. El tramo final es una orgía de metal progresivo con un “riff” que martillea sin parar nuestros oídos que desemboca en el jazz onírico encarnado en los teclados de Holzman y la flauta de Travis para terminar ambos mezclados en un cierre absolutamente estremecedor.

“Happy Returns” - Volvemos casi por sorpresa al comienzo del disco, con el piano que servía de introducción como prólogo de una canción, de nuevo, en la onda de Blackfield, con la guitarra acústica y unos teclados sencillos como principal acompañamiento de la voz de Wilson que tararea un agradable estribillo. Es la despedida de la protagonista en un texto en el que parece dirigirse a su hermano y sus sobrinos en un párrafo final que enlaza con el trágico desenlace de la verdadera Joyce: “Do the kids remember me? / Well I got gifts for them / and for you and sorrow / but i'm feeling kind of drowsy now / so I'll finish this tomorrow”. Una letra sencilla pero conmovedora cuando concemos la historia real en la que se basa. La canción formó parte del repertorio de la gira del anterior disco del músico.

“Ascendant Here On...” - La pieza que cierra el disco es una pequeña joya en la que el coro infantil citado anteriormente canta una sencilla melodía sobre unos melancólicos acordes de piano. Emotivo sin caer en el sentimentalismo.

La historia del rock progresivo corre paralela a la de los llamados “discos conceptuales”, trabajos con un hilo conductor en el que todas las piezas se relacionan entre sí para contar una historia aunque puedan subsistir en muchos casos de forma individual. Dentro de esa categoría, esta última entrega de Wilson es una de las más elaboradas y complejas, algo que no debería sorprendernos tratándose de un maestro de la simulación desde que inventó Porcupine Tree muchos años atrás como una extraña banda de culto de los años setenta rescatada del olvido gracias a unas viejas cintas.


Tras varias escuchas del trabajo, nuestra conclusión es muy similar a la que sacamos cuando lo oímos la primera vez: por increíble que parezca, Steven Wilson ha vuelto a superarse mejorando en muchos aspectos su trabajo anterior, el brillantísimo “The Raven that Refused to Sing (and Other Stories)”. “Hand. Cannot. Erase.” es un disco mucho más versátil que aquel y, en cierto modo, retrata más fielmente lo que es Steven Wilson abarcando todas sus influencias junto con su estilo propio, el de Porcupine Tree en diferentes etapas o el de Blackfield. A pesar de lo desconcertante de algún tramo del disco (ese “Perfect Life” que, además, era el adelanto), su integración perfecta en la historia que en él se narra justifica su estilo, lejano a lo esperado en el artista. Si después de publicar “Grace for Drowning” alguien nos hubiera dicho que los dos siguientes trabajos de Wilson iban a ser aún mejores, le habríamos mirado con la condescendencia con que se mira a los “fans” en el peor sentido del término. Hoy nos encontramos con que esa descabellada afirmación hipotética es una realidad, al menos en nuestra opinión, lo que nos obliga a plantearnos ¿cuál es el techo creativo de Steven Wilson? Quizá su próximo trabajo nos ofrezca una aproximación de dónde se encuentra pero, mientras tanto, disfrutemos de un trabajo como este que tiene todos los visos de convertirse en un clásico instantáneo.


Os dejamos con el "teaser" del disco aunque lo que deberíais hacer es salir corriendo a comprarlo YA.


miércoles, 18 de marzo de 2015

Vangelis - L'Apocalypse des Animaux (1973)



El disco que hoy comentamos es, con toda probabilidad, la primera grabación de Vangelis que llegó al conocimiento del gran público. Supuso, además, su primera colaboración con el documentalista Frederic Rossif. Aunque el LP apareció en 1973, los seis capítulos de que constaba la serie dedicada a la naturaleza comenzaron a emitirse en Francia en 1971 o 1972 según la fuente que consultemos así que estamos ante una de las primeras grabaciones del músico en solitario a pesar de ser publicada después de otros trabajos.

El trabajo fue grabado en París en la misma época en la que Vangelis estaba inmerso en la composición del “666” de Aphrodite's Child pero musicalmente ambos trabajos están en polos opuestos. En aquel entonces, el músico griego tenía más ideas que medios y tuvo que arreglarselas para recrear un sonido similar al que buscaba a base de manipulaciones de órganos eléctricos, utilización de todo tipo de percusiones y efectos etc. que le llevarían a experimentar con sonoridades tan particulares que durante mucho tiempo formaron parte de su particular universo, tan reconocible en muchos aspectos.

La música se grabó en unos pocos días con la peculiaridad de que, pese a ser una banda sonora, Vangelis no dispuso en ningún momento de las imágenes a las que debía acompañar la música así que sencillamente grabó una gran cantidad de piezas que luego el director seleccionaría y encajaría en la película a su criterio. De cara al disco, que sería el primero del reciente contrato de Vangelis con Polydor (la rama “pop” del gigante Deutsche Grammophon), el compositor realizó una selección de siete composiciones, quedando fuera de la misma mucha música de tanta calidad como la finalmente escogida y que a día de hoy no ha visto la luz salvo en grabaciones piratas de sonido muy pobre.

Curiosa portada alternativa del disco en algunos lugares.


“L'Apocalypse des Animaux – Générique” - La sintonía de la serie documental es un corto tema a base de percusiones tribales en el que se escucha también el peculiar sonido del “Hammond” alterado por el propio compositor y unos tenues coros que completan una excepcional pieza.

“La Petite Fille de la Mer” - No tarda en llegar el gran momento del disco. La escasez de medios de Vangelis (comparada con los recursos de que dispondría un tiempo después) no fue ningún obstáculo para que el talento del griego se abriese paso. Con una simple guitarra, un piano eléctrico y unas cuerdas procedentes del órgano citado anteriormente a modo de “mellotron”, el compositor crea una composición fantástica de una delicadeza extrema que aún hoy sigue siendo un clásico en su discografía. Su influencia, además, fue notable y otros músicos como Francis Lai en su célebre banda sonora de “Bilitis” lo dejan entrever con claridad.



“Le Singe Bleu” - Continúa el disco con un piano eléctrico al que se le aplica un efecto de reverberación que se convertiría en característico del sonido de Vangelis en estos años. Sobre él, escuchamos una melancólica trompeta (¿no lo es casi siempre?) que ejecuta una melodía que la que nos parece reconocer, muy ralentizada, eso sí, una versión preliminar del “One More Kiss Dear” de “Blade Runner”. Los teclados muestran a Vangelis como un interesante improvisador (en esa misma época grabó varias “jam sessions” de jazz-fusión en Londres que fueron publicadas sin su permiso años después) y su capacidad para crear música para la trompeta no es tampoco desdeñable.

“L'Ours Musicien” - Un fondo de teclados épico acompaña a la guitarra que, por momentos, suena al Morricone de las bandas sonoras del oeste. La melodía es otra creación soberbia de Vangelis que muestra un talento muy superior a los medios de que dispone en aquel momento. Hay mucho de influencia mediterránea en esta pieza que ha pasado desapercibida entre tantas joyas que el griego nos ha regalado pero que merece una revisión.

“La Mort du Loup” - El corte más breve del disco es un diálogo entre sintetizadores con la percusión de apoyo. La música bizantina que tanto ha marcado a Vangelis lo hace aquí de forma evidente.

“Création du Monde” - Aunque es evidente que “La Petite Fille de la Mer” es la composición que pasará a la historia de este trabajo, no hay que olvidar esta absoluta maravilla de un Vangelis casi sinfónico que nos ofrece aquí una muestra de su tremendo potencial. En estos escasos diez minutos está ya presente el Vangelis del comienzo de “Blade Runner”, el creador de paisajes sonoros de “Heaven and Hell” que hechizó a Carl Sagan para la realización de “Cosmos” y también uno de los primeros gérmenes del “ambient” como sub-género electrónico. Es una obra profunda y de un poder evocador inmenso. Imprescindible.

“La Mer Recommencée” - Cerrando el disco encontramos otro corte atmosférico, no tan inspirado como el anterior, mucho más estático en la parte de los teclados, pero con breves destellos de percusión que serían bastante habituales en los siguientes trabajos del músico.

Durante mucho tiempo, antes de que internet fuese algo más que una cosa extraña que se dejaba entrever en películas como “Juegos de Guerra”, “L'Apocalypse des Animaux” fue para muchos aficionados el primer disco de Vangelis. Su sonido era muy primitivo comparado con el de obras posteriores pero tenía algo de mágico que sólo con el tiempo hemos podido apreciar en su justa medida. Es el esfuerzo de un hombre tenaz, con un talento en ebullición y que es consciente de ello y de cómo conseguir exactamente lo que quiere, haciendo las concesiones justas cuando es necesario y siendo intransigente cuando su integridad artística lo exige. No dejéis pasar la oportunidad de escuchar este disco si aún no lo conocéis. Hay trabajos más espectaculares pero no superan a este en inspiración. Para adquirir el disco, os dejamos un par de enlaces.

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