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lunes, 30 de mayo de 2016
Pet Shop Boys - Introspective (1988)
En la ya extensa discografía de Pet Shop Boys existen una serie de trabajos muy particulares con características que los distinguen del resto. Son discos en los que encontramos canciones muy diferentes a las habituales, bien por su larga duración, bien por ser remezclas de otras ya existentes, bien por ser “covers” de temas clásicos o bien por haber sido concebidas originalmente para otros artistas.
La serie la inauguró en 1986 “Disco”, un LP con versiones extendidas de canciones del trabajo de debut del dúo, “Please”, publicado meses antes así como de alguna “cara b” de sus singles. Con el tiempo, el titulo se estandarizó y así llegaron “Disco 2” (1994), con remezclas de baile de piezas de “Behaviour” y “Very” más algún nuevo single, “Disco 3” (2004) con remezclas de “Release” y un puñado de canciones nuevas y “Disco 4” (2007) con versiones y colaboraciones de Pet Shop Boys con otros artistas.
Antes de que apareciera el segundo volumen de la serie “Disco” existió otro LP titulado “Introspective” que podría haber formado parte perfectamente de la misma ya que reúne características similares a las de cualquiera del resto de trabajos aparecidos bajo ese epígrafe: temas nuevos, remezclas de temas antiguos, canciones escritas para otros y versiones de otros artistas. Para su grabación, Pet Shop Boys se rodearon de algunos de sus colaboradores habituales como Julian Mendelsohn pero también incorporaron nombres como el de Trevor Horn para la producción de los dos singles principales del trabajo. El resultado fue un disco de solo seis canciones en versiones de larga duración. La portada, tremendamente sencilla, mostraba un patrón de barras verticales se distintos colores cuya disposición variaba entre las distintas ediciones, es decir, en el LP de vinilo, el CD y el casette.
“Left to My Own Devices” - El comienzo del disco es muy sorprendente y descoloca a cualquier seguidor del grupo ya que arranca con una larga introducción orquestal sobre la que escuchamos la voz de soprano de Sally Bradshaw. Enseguida escuchamos un infeccioso ritmo marca de la casa adornado por una linea de bajo extremadamente adictiva y unos teclados “house”. Es entonces cuando Neil comienza a “rapear” al estilo del antiguo hit “West End Girls” hasta llegar al estribillo. Estamos ante una de las canciones más populares de Pet Shop Boys. Un auténtico cañonazo destinado a figurar entre lo más solicitado de su repertorio. Los arreglos orquestales, espectaculares a todas luces, aparecen a lo largo de toda la pieza en una combinación entre cuerdas y sintetizadores, maderas y cajas de ritmos absolutamente magistral. “Left to My Own Devices” es uno de los dos cortes del disco producidos por Trevor Horn.
“I Want a Dog” - Uno de los muchos singles publicados del disco “Actually” fue “Rent”. En su “cara b” se encontraba la primera versión de esta canción que escuchamos aquí en su variante más bailable. También la duración es considerablemente mayor. En realidad es una de las canciones más intrascendentes del repertorio del grupo y los arreglos “house” que aquí recibe no consiguen darle un interés mayor. Mediada la pieza escuchamos un solo de piano de aire jazzístico a cargo de Josh Milian que es lo más destacado del tema.
“Domino Dancing” - La siguiente pieza suponía la primera incursión del dúo en los sonidos “latinos”. Al margen de eso es otra de esas canciones irresistibles que aparecían por doquier en los primeros trabajos de Pet Shop Boys. En ella se combinaban brillantes sonidos electrónicos con bases rítmicas de influencia latina como ya hemos señalado, reforzadas por la guitarra y el piano. También escuchamos los clásicos “samples” orquestales tan de moda en los ochenta y todo el repertorio y recursos sonoros del dúo. El single fue todo un éxito aunque la versión que aquí suena es, una vez más, considerablemente más extensa.
“I'm Not Scared” - En el momento en que Tennant y Lowe se convirtieron en estrellas empezaron a escribir canciones para otros artistas al margen de las destinadas a su propio repertorio. Una de las más exitosas en estos primeros años fue “I'm Not Scared”, popularizada por Patsy Kensit y su grupo Eighth Wonder. Realmente la banda era un accesorio más destinado a acompañar a la vocalista, quien alcanzó mucha mayor popularidad que ellos. De hecho, en el que fue su single de presentación, precisamente esta canción que comentamos, ninguno de los miembros de Eighth Wonder interpreta una sola nota y toda la instrumentación corre por cuenta de los Pet Shop Boys. Aquí recuperan el tema haciendo una versión realmente brillante que probablemente supera a la de la propia Patsy.
“Always on My Mind / In My House” - Uno de los mayores éxitos de Pet Shop Boys en sus inicios fue, inesperadamente, una versión de Elvis Presley. En un momento determinado alguien les propuso escoger una canción del “Rey” para incluirla en un programa de homenaje que se estaba preparando en una televisión británica. Sin mucho entusiasmo se pusieron manos a la obra escuchando algunos temas del mito sin encontrar ninguno que realmente les motivase. De repente se encendió la bombilla con la balada “Always on My Mind”: una de las canciones más famosas del cantante que el dúo transformó, de delicioso tempo lento a rompepistas. La versión triunfó en todo el mundo en forma de single pero de cara al mercado norteamericano, en el que los Pet Shop Boys no acababan de penetrar, era necesaria su inclusión en un disco “grande”. Fue entonces cuando se tomó la decisión es incorporar a “Introspective” una remezcla de la misma. El error fue precisamente ese: que se trataba de una remezcla, carente por completo del encanto del single original. Para colmo, el remix contenía un extraño injerto titulado “In My House” con extraños rapeados y voces distorsionadas que desfiguraban por completo la canción. Sólo en los instantes finales del tema escuchamos algo parecido a lo que era el single pero el brillante final no logra salvar un experimento demasiado excéntrico. No es casualidad que muchos hablen de esta remezcla como del suicidio artístico del dúo en Estados Unidos al perder una ocasión irrepetible de entrar en las listas de ventas de la mano de un single que ya era muy popular antes de aparecer el disco.
“It's Alright” - Cerrando el disco tenemos otra versión de un tema ajeno, publicado por Sterling Void y Paris Brightledge pocos meses antes. La canción original era un éxito en los círculos de aficionados a la música “house” aunque no trascendió mucho más allá. De hecho, la proximidad de su lanzamiento inicial con la versión de Pet Shop Boys, mucho más conocida por la propia repercusión del dúo Tennant / Lowe, enmascaró el hecho de que fuera una versión y buena parte de los aficionados la creyeron obra de éstos. Musicalmente, lo cierto es que es uno de los “covers” menos trabajados de Pet Shop Boys en toda su carrera ya que los arreglos son casi idénticos y las pocas diferencias que existen (al margen de la voz, claro está) radican en la producción, firmada de nuevo por Trevor Horn.
Con el tiempo, Tennant y Lowe le cogieron el gustillo a publicar discos “complementarios” a los oficiales, la mayoría de ellos en forma de ediciones extendidas de estos con un CD adicional como ocurrió con “Relentless” y “Very” en 1993, “Fundamentalism” y “Fundamental” en 2006 o “Etc” y “Yes” en 2009. En la época en la que apareció “Introspective”, este tipo de lanzamiento como ediciones de lujo o de coleccionista con uno o varios discos adicionales no era habitual y, quizá por ello, el trabajo apareció de forma independiente en lugar de como añadido de “Actually”. Aunque muchos podrían considerar este tipo de publicaciones como algo “menor”, en el caso de Pet Shop Boys creemos que son discos tan importantes como los “principales” y aportan al oyente una perspectiva sobre el grupo que, de otro modo, quedaría incompleta. Cierto es que no todos tienen la misma calidad; por ejemplo, consideramos que “Disco 2” es notablemente inferior en todos los sentidos a cualquier otro de la serie. No es el caso de “Introspective” que, pese a sus características particulares, está considerado por los seguidores de Pet Shop Boys como uno de sus mejores trabajos.
Los videoclips que hemos añadido a la entrada contienen las versiones de los "singles", no las del disco. Como despedida os dejamos con "I'm Not Scared", esta vez en la versión incluida en "Introspective".
jueves, 26 de mayo de 2016
Bela Bartok - Microcosmos [Claude Helffer] (1991)
“World Music”. Música del mundo. Ese término comercial aparecido en los años ochenta no era más que una etiqueta bajo la cual las grandes discográficas englobaron una serie de músicas que no eran otra cosa que la música tradicional, folclórica, de regiones del planeta alejadas de la entonces boyante civilización occidental. Era también una forma edulcorada de referirse a la música del tercer mundo sin conferirle un contenido peyorativo que pudiera tener un reflejo negativo en las cuentas de resultados.
Sin embargo, como ocurría con gran parte de las ideas que venían a la cabeza de los “yuppies” (¿el término sigue en uso?) en aquellos años, no se trataba de nada especialmente original. De hecho, existía desde muchos años antes una corriente académica denominada “etnomusicología” que estudiaba, entre otras cosas, todos los folclores tradicionales poniéndolos en relación con sus culturas. Prácticamente desde la invención del fonógrafo, el interés por los sonidos procedentes de otras partes del mundo creció en todos los ámbitos.
Dentro del ámbito clásico, un compositor destaca frente a todos los demás a la hora de mirar hacia el folclore para nutrir su obra, no ya de melodías, cosa que hace en algunas ocasiones, sino de ritmos, estructuras y formas procedentes de la tradición: primero de la de su Hungría natal y más tarde la de los países vecinos llegando a interesarse por la música árabe procedente de Argelia. Su obra es de una gran riqueza y es reivindicado como una de sus mayores influencias por músicos actuales de diferentes géneros y no es difícil encontrar sue esencia en obras de Ligeti o Messiaen, en grupos de rock progresivo como King Crimson o Emerson, Lake & Palmer o en formaciones más inclasificables como Magma o Univers Zero.
Hablamos, claro está, de Bela Bartok. Uno más en la lista de “influencers” (si se nos permite el uso del término tan de moda hoy) clásicos que con una periodicidad un tanto caótica vamos tratando en el blog desde que éste comenzó. Bartok, nacido en la actual Hungría, comenzó componiendo obras de corte romántico hasta que conoció a Zoltan Kodaly, quien le abrió los ojos hacia la música folclórica de su país además de introducirle en la obra de Debussy. Sus propios viajes por Transilvania terminaron de convencerle de la importancia de la música tradicional que tomó como base de muchas de sus obras de la época. No se quedó ahí. Cuando conoció la obra de Stravinsky, sus propias piezas evolucionaron en una nueva linea.
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| Bela Bartok |
En estos años, previos a su traslado a Estados Unidos antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, escribió la obra que hoy traemos aquí fieles a la idea de ilustrar cada entrada del blog con un disco concreto. Se trata de “Mikrokosmos”, un extenso tratado de piano en seis volúmenes compuesto entre 1926 y 1939. Cada uno de ellos está enfocado como un nivel en un curso de aprendizaje, siendo los dos primeros los más sencillos, adecuados para un principiante, y el quinto y sexto los más avanzados, sólo accesibles a intérpretes profesionales. Al margen de su valor musical intrínseco, “Mikrokosmos” es utilizada aún hoy como una obra fundamental para el aprendizaje del piano. Inicialmente, Bartok la escribió para su hijo Peter como una guía que seguir durante su instrucción como intérprete del instrumento.
La grabación que recomendamos es de 1973 y la publica el sello Harmonia Mundi. Recoge la interpretación de Claude Helffer con la ayuda de Haakon Austbö en un segundo piano en las piezas que lo requieren. Helffer fue un prestigioso pianista francés especializado en el repertorio del siglo XX. Estrenó obras de compositores tan importantes como Xenakis o Luis de Pablo y colaboró con autores como Pierre Boulez o Bruno Maderna y entre sus grabaciones se encuentran las integrales de la obra para piano de Debussy, Ravel o Schoenberg.
La importancia de Bela Bartok en la música contemporanea es inmensa y nos ha dejado una serie de obras maestras al más alto nivel. Desde sus cuartetos de cuerda, que se cuentan entre los más importantes de los escritos para ese formato, hasta sus obras orquestales, la obra del compositor húngaro ocupa un lugar de privilegio entre los grandes nombres de la historia de la música. De ahí que hayamos querido dedicarle este pequeño espacio en reconocimiento a su influencia en muchos de los músicos que admiramos.
domingo, 22 de mayo de 2016
Philip Glass - Voices for Didgeridoo and Organ / Organ Suite (2013)
Si hay algo de lo que no se puede acusar a Philip Glass es de falta de apertura. El músico norteamericano ha compuesto piezas en todo tipo de estilos, para todo tipo de formaciones instrumentales e incluso inspiradas en personajes de todo tipo de religión o ideología. Ha incorporado a su propia obra elementos de tradiciones artísticas dispares, desde la música india a la africana pasando por folclores de todo tipo de etnia.
En los últimos tiempos, coincidiendo con el giro clasicista de su repertorio, no ha querido dejar pasar la oportunidad de incorporar a la larga lista de instrumentos clásicos otros, pertenecientes a culturas alejadas de la occidental más cercana a la academia. Así, en la banda sonora de “Kundun” sonaban percusiones tibetanas, en “Passages” se escuchaban varios instrumentos tradicionales hindúes, en “The Screens” y “Powaqqatsi” suena la kora africana, en “Orion” la pipa china y en el “Concierto No.2 para Piano”, éste instrumento comparte protagonismo con la flauta de los nativos americanos interpretada por R. Carlos Nakai.
Pese a estos antecedentes, Glass se enfrentó a un reto de superior categoría cuando recibió en 2001 el encargo de escribir una obra para didgeridoo por parte del ayuntamiento de la ciudad de Melbourne. El didgeridoo es un instrumento aborigen australiano al que algunas fuentes conceden una antigüedad de 40.000 años. Básicamente consiste en un tronco de eucalipto ahuecado a través del cual el intérprete sopla emitiendo un sonido grave muy característico. Sus cualidades melódicas son muy limitadas siendo un instrumento especialmente apto para la emisión de largas notas continuas en forma de “drone” lo que requiere de los intérpretes una gran capacidad física y el dominio de técnicas como la respiración circular.
Glass se puso en contacto con Mark Atkins, quizá el mejor intérprete del instrumento, de quien se conocen ejecuciones verdaderamente notables en las que ha llegado a alcanzar los cincuenta minutos ininterrumpidos de sonido sostenido. La idea era la de combinar dos instrumentos que relacionaran dos tradiciones musicales: la centroeuropea, representada por el órgano y la australiana. Así, Glass escribió una suite en cuatro movimientos para órgano, didgeridoo y narrador. Para el estreno, el músico le pidió un texto a la líder de la tribu wurundjeri quien también haría de narradora. Inicialmente la obra contaba con dos intérpretes de didgeridoo: el citado Atkins y Ron Murray, que acompañarían a Michael Riesman en la interpretación. La versión que hoy comentamos prescinde de uno de ellos y de la narración, convirtiéndose en un dueto entre Atkins y el propio Riesman.
Completando el disco nos encontramos con “Organ Suite”, una serie de cuatro arreglos para órgano de piezas clásicas del repertorio de Glass escritos por Michael Riesman. Como curiosidad, le dedicaremos unas notas al instrumento protagonista. Es habitual en todas las grabaciones que tienen el órgano como instrumento principal que se mencione su ubicación, junto con parte de sus características técnicas. Eso no ocurre aquí. El propietario del mismo es un antiguo compañero de estudios de Riesman que, enterado de que el teclista estaba preparando una grabación de órgano, le ofreció el suyo (que aún estaba en construcción). La identidad del generoso benefactor y la ubicación del instrumento permanecen ocultas por expreso deseo suyo.
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| Mark Atkins |
VOICES FOR DIDGERIDOO AND ORGAN
“Song 1” - El comienzo del disco es apabullante con una secuencia de acordes realmente poderosa por parte del órgano. El acompañamiento del didgeridoo encaja sorprendentemente bien y da la sensación al oyente de encontrarse en un paraje hostil rodeado de todo tipo de bestias salvajes. Quienes esperasen una interpretación de Atkins basada en largos “drones” como complemento para el lucimiento de Riesman no habrían acertado en modo alguno ya que el instrumento australiano muestra una versatilidad y unas capacidades musicales muy superiores a lo que nos dicta el tópico. Con todo, lógicamente, es el órgano el que lleva todo el peso melódico y lo hace defendiendo magníficamente bien una composición que nos recuerda al Glass de “Anima Mundi” o de algunos fragmentos de “Powaqqatsi”.
“Song 2” - La segunda parte de la obra comienza de forma más pausada y mantiene el regusto al sonido del Glass de los años ochenta y primeros noventa, al más cinematográfico, por otra parte, algo que tiene que ver con la sonoridad del instrumento aborigen, muy dada a sugerir imágenes y entornos naturales. La melodía central, arpegiada, es el clásico tema de Glass, de largo desarrollo y una importante carga ceremonial.
“Song 3” - El siguiente movimiento utiliza las cualidades rítmicas del didgeridoo para apoyar una melodía que sigue remitiéndonos a las obras realizadas por su autor en los últimos años del siglo pasado. Hay un momento realmente interesante en el que órgano y didgeridoo dialogan intercambiando breves frases musicales en un maridaje inesperado. Justo entonces asistimos a la sección en la que Riesman tiene una mejor oportunidad para el lucimiento personal, algo que aprovecha con la eficiencia de costumbre.
“Song 4” - El movimiento final empieza pleno de fuerza con el órgano interpretando una secuencia verdaderamente afilada en la linea de los momentos más potentes de las primeras óperas de Glass. Su acompañante se enfunda sus galas marciales y le confiere a la pieza una intensidad extraordinaria. En su conjunto, y vista desde la perspectiva actual, la obra puede parecer un trabajo de reciclaje de material antiguo ya que cualquier seguidor que la escuche sin ninguna referencia temporal la situaría sin dudarlo mucho entre las obras del periodo 1985-1995 del compositor norteamericano y no en 2001. Si prescindimos de ese detalle podemos disfrutar del Glass que, al fin y al cabo, cimentó su popularidad en aquellos años con una obra que, pese a lo dicho, carece de los elementos más áridos que podrían retraer a muchos oyentes.
ORGAN SUITE
“Prologue” - El primer movimiento de la suite recrea la introducción de la banda sonora de “Naqoyqatsi”, una pieza que respetaba la linea estilística de sus predecesoras “Koyaanisqatsi” y “Powaqqatsi” (el resto de ambas obras tiene pocas similitudes entre sí, a diferencia de las respectivas introducciones). En su adaptación al órgano, encontramos que esta pieza se encuentra a la altura de otras piezas más habituales de su repertorio para el instrumento como las procedentes de “Akhnaten” o “Mad Rush”.
“New Cities” - Continúa la “suite” con un fragmento de “Powaqqatsi”, uno de los más próximos a los trabajos más “duros” del Glass de los primeros tiempos, que hacía de la repetición a ultranza un modo de vida. Los lectores habituales saben bien que aquella fase inicial del músico, como la de sus compañeros de armas, nos parece fascinante pero en el contexto de este disco la presencia de una pieza de esas características, por mucho que fuera escrita en 1988, no nos termina de convencer.
“Islands” - Retrocedemos en el siguiente movimiento hasta 1981 y el disco “Glassworks”. En él se encontraba esta tranquila pieza en la que el compositor nos ofrece una serie de continuas variaciones sobre un tema muy sencillo. Las cuerdas del original encuentran un excelente acomodo en las teclas del órgano de modo que parecería una composición escrita desde un principio para este instrumento.
“Anthem” - El segundo tema procedente de la banda sonora de “Powaqqatsi” recrea el tema central de la misma y también uno de los más inspirados. Riesman utiliza aquí los registros más brillantes del órgano que su amigo puso a su disposición casi por primera vez en toda la grabación y es que la pieza invita a ello. Solemne y con momentos de auténtica belleza, es el cierre perfecto para el disco.
El mercado discográfico se mueve por impulsos y en el caso de Philip Glass, creemos haber mencionado en alguna ocasión como estos impulsos se materializan en la aparición de muchos discos de similar temática en espacios de tiempo muy reducidos. Hubo un momento en que aparecieron muchas grabaciones de su obra para piano a cargo de diferentes artistas en un intervalo muy pequeño. Años después ocurrió algo parecido con sus cuartetos de cuerda y antes, incluso, de la “moda” del piano, se publicaron varios discos con adaptaciones para órgano de música de Glass a cargo de distintos intérpretes. Aquellos lanzamientos quedan ya algo lejanos y por eso este disco que Michael Riesman nos ofrecía hace un par de años se nos antoja necesario para refrescar ese peculiar relación de Glass con el instrumento. El incentivo añadido de la presencia de una composición nueva es la guinda definitiva para que recomendemos esta grabación.
Mención aparte merece la presencia del didgeridoo, instrumento cuyas características son perfectamente integradas por el compositor en su música en la primera obra del programa alcanzando momentos de gran brillantez, en nuestra opinión.
Podéis encontrar fragmentos para su escucha en iTunes.
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