domingo, 22 de mayo de 2016

Philip Glass - Voices for Didgeridoo and Organ / Organ Suite (2013)



Si hay algo de lo que no se puede acusar a Philip Glass es de falta de apertura. El músico norteamericano ha compuesto piezas en todo tipo de estilos, para todo tipo de formaciones instrumentales e incluso inspiradas en personajes de todo tipo de religión o ideología. Ha incorporado a su propia obra elementos de tradiciones artísticas dispares, desde la música india a la africana pasando por folclores de todo tipo de etnia.

En los últimos tiempos, coincidiendo con el giro clasicista de su repertorio, no ha querido dejar pasar la oportunidad de incorporar a la larga lista de instrumentos clásicos otros, pertenecientes a culturas alejadas de la occidental más cercana a la academia. Así, en la banda sonora de “Kundun” sonaban percusiones tibetanas, en “Passages” se escuchaban varios instrumentos tradicionales hindúes, en “The Screens” y “Powaqqatsi” suena la kora africana, en “Orion” la pipa china y en el “Concierto No.2 para Piano”, éste instrumento comparte protagonismo con la flauta de los nativos americanos interpretada por R. Carlos Nakai.

Pese a estos antecedentes, Glass se enfrentó a un reto de superior categoría cuando recibió en 2001 el encargo de escribir una obra para didgeridoo por parte del ayuntamiento de la ciudad de Melbourne. El didgeridoo es un instrumento aborigen australiano al que algunas fuentes conceden una antigüedad de 40.000 años. Básicamente consiste en un tronco de eucalipto ahuecado a través del cual el intérprete sopla emitiendo un sonido grave muy característico. Sus cualidades melódicas son muy limitadas siendo un instrumento especialmente apto para la emisión de largas notas continuas en forma de “drone” lo que requiere de los intérpretes una gran capacidad física y el dominio de técnicas como la respiración circular.

Glass se puso en contacto con Mark Atkins, quizá el mejor intérprete del instrumento, de quien se conocen ejecuciones verdaderamente notables en las que ha llegado a alcanzar los cincuenta minutos ininterrumpidos de sonido sostenido. La idea era la de combinar dos instrumentos que relacionaran dos tradiciones musicales: la centroeuropea, representada por el órgano y la australiana. Así, Glass escribió una suite en cuatro movimientos para órgano, didgeridoo y narrador. Para el estreno, el músico le pidió un texto a la líder de la tribu wurundjeri quien también haría de narradora. Inicialmente la obra contaba con dos intérpretes de didgeridoo: el citado Atkins y Ron Murray, que acompañarían a Michael Riesman en la interpretación. La versión que hoy comentamos prescinde de uno de ellos y de la narración, convirtiéndose en un dueto entre Atkins y el propio Riesman.

Completando el disco nos encontramos con “Organ Suite”, una serie de cuatro arreglos para órgano de piezas clásicas del repertorio de Glass escritos por Michael Riesman. Como curiosidad, le dedicaremos unas notas al instrumento protagonista. Es habitual en todas las grabaciones que tienen el órgano como instrumento principal que se mencione su ubicación, junto con parte de sus características técnicas. Eso no ocurre aquí. El propietario del mismo es un antiguo compañero de estudios de Riesman que, enterado de que el teclista estaba preparando una grabación de órgano, le ofreció el suyo (que aún estaba en construcción). La identidad del generoso benefactor y la ubicación del instrumento permanecen ocultas por expreso deseo suyo.

Mark Atkins


VOICES FOR DIDGERIDOO AND ORGAN

“Song 1” - El comienzo del disco es apabullante con una secuencia de acordes realmente poderosa por parte del órgano. El acompañamiento del didgeridoo encaja sorprendentemente bien y da la sensación al oyente de encontrarse en un paraje hostil rodeado de todo tipo de bestias salvajes. Quienes esperasen una interpretación de Atkins basada en largos “drones” como complemento para el lucimiento de Riesman no habrían acertado en modo alguno ya que el instrumento australiano muestra una versatilidad y unas capacidades musicales muy superiores a lo que nos dicta el tópico. Con todo, lógicamente, es el órgano el que lleva todo el peso melódico y lo hace defendiendo magníficamente bien una composición que nos recuerda al Glass de “Anima Mundi” o de algunos fragmentos de “Powaqqatsi”.

“Song 2” - La segunda parte de la obra comienza de forma más pausada y mantiene el regusto al sonido del Glass de los años ochenta y primeros noventa, al más cinematográfico, por otra parte, algo que tiene que ver con la sonoridad del instrumento aborigen, muy dada a sugerir imágenes y entornos naturales. La melodía central, arpegiada, es el clásico tema de Glass, de largo desarrollo y una importante carga ceremonial.

“Song 3” - El siguiente movimiento utiliza las cualidades rítmicas del didgeridoo para apoyar una melodía que sigue remitiéndonos a las obras realizadas por su autor en los últimos años del siglo pasado. Hay un momento realmente interesante en el que órgano y didgeridoo dialogan intercambiando breves frases musicales en un maridaje inesperado. Justo entonces asistimos a la sección en la que Riesman tiene una mejor oportunidad para el lucimiento personal, algo que aprovecha con la eficiencia de costumbre.

“Song 4” - El movimiento final empieza pleno de fuerza con el órgano interpretando una secuencia verdaderamente afilada en la linea de los momentos más potentes de las primeras óperas de Glass. Su acompañante se enfunda sus galas marciales y le confiere a la pieza una intensidad extraordinaria. En su conjunto, y vista desde la perspectiva actual, la obra puede parecer un trabajo de reciclaje de material antiguo ya que cualquier seguidor que la escuche sin ninguna referencia temporal la situaría sin dudarlo mucho entre las obras del periodo 1985-1995 del compositor norteamericano y no en 2001. Si prescindimos de ese detalle podemos disfrutar del Glass que, al fin y al cabo, cimentó su popularidad en aquellos años con una obra que, pese a lo dicho, carece de los elementos más áridos que podrían retraer a muchos oyentes.

ORGAN SUITE

“Prologue” - El primer movimiento de la suite recrea la introducción de la banda sonora de “Naqoyqatsi”, una pieza que respetaba la linea estilística de sus predecesoras “Koyaanisqatsi” y “Powaqqatsi” (el resto de ambas obras tiene pocas similitudes entre sí, a diferencia de las respectivas introducciones). En su adaptación al órgano, encontramos que esta pieza se encuentra a la altura de otras piezas más habituales de su repertorio para el instrumento como las procedentes de “Akhnaten” o “Mad Rush”.

“New Cities” - Continúa la “suite” con un fragmento de “Powaqqatsi”, uno de los más próximos a los trabajos más “duros” del Glass de los primeros tiempos, que hacía de la repetición a ultranza un modo de vida. Los lectores habituales saben bien que aquella fase inicial del músico, como la de sus compañeros de armas, nos parece fascinante pero en el contexto de este disco la presencia de una pieza de esas características, por mucho que fuera escrita en 1988, no nos termina de convencer.

“Islands” - Retrocedemos en el siguiente movimiento hasta 1981 y el disco “Glassworks”. En él se encontraba esta tranquila pieza en la que el compositor nos ofrece una serie de continuas variaciones sobre un tema muy sencillo. Las cuerdas del original encuentran un excelente acomodo en las teclas del órgano de modo que parecería una composición escrita desde un principio para este instrumento.

“Anthem” - El segundo tema procedente de la banda sonora de “Powaqqatsi” recrea el tema central de la misma y también uno de los más inspirados. Riesman utiliza aquí los registros más brillantes del órgano que su amigo puso a su disposición casi por primera vez en toda la grabación y es que la pieza invita a ello. Solemne y con momentos de auténtica belleza, es el cierre perfecto para el disco.

El mercado discográfico se mueve por impulsos y en el caso de Philip Glass, creemos haber mencionado en alguna ocasión como estos impulsos se materializan en la aparición de muchos discos de similar temática en espacios de tiempo muy reducidos. Hubo un momento en que aparecieron muchas grabaciones de su obra para piano a cargo de diferentes artistas en un intervalo muy pequeño. Años después ocurrió algo parecido con sus cuartetos de cuerda y antes, incluso, de la “moda” del piano, se publicaron varios discos con adaptaciones para órgano de música de Glass a cargo de distintos intérpretes. Aquellos lanzamientos quedan ya algo lejanos y por eso este disco que Michael Riesman nos ofrecía hace un par de años se nos antoja necesario para refrescar ese peculiar relación de Glass con el instrumento. El incentivo añadido de la presencia de una composición nueva es la guinda definitiva para que recomendemos esta grabación.

Mención aparte merece la presencia del didgeridoo, instrumento cuyas características son perfectamente integradas por el compositor en su música en la primera obra del programa alcanzando momentos de gran brillantez, en nuestra opinión.

Podéis encontrar fragmentos para su escucha en iTunes.

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