viernes, 18 de noviembre de 2016

David Lanz & Paul Speer - Natural States (1985)



Resulta imposible pensar en otra música si nos hablan de Seattle en la segunda mitad de los años ochenta y los primeros años de la década siguiente. No hace falta ser un entendido para que el nombre de Nirvana y el “grunge” nos venga a la cabeza de forma casi automática. Sin embargo, había otros músicos por aquellos lares en ese momento que hacían cosas diametralmente opuestas a los chicos de Kurt Cobain.

Uno de ellos se convirtió en todo un icono de la música “new age”norteamericana y en uno de los buques insignia de uno de los gigantes discográficos de ese estilo: Narada. Hablamos de David Lanz, músico perteneciente a la corta estirpe de aquellos que nunca se han mostrado disconformes con el hecho de que lo que hacen se califique como “new age”. No en vano, cuando comenzó su carrera en solitario lo hizo con el objetivo de convertirse en “una versión más popular de Stephen Halpern”, uno de los pioneros del género y, quizá, el primero que consiguió que su música se vendiera en herbolarios y establecimientos de productos naturales.

Lanz empezó tocando rock y trabajando como músico de sesiones pero su pasión por el piano, inculcada por su madre, le hizo decidirse pronto por la música instrumental. Sus primeras actuaciones profesionales fueron en locales de Seattle, primero interpretando temas ajenos y más tarde, ya como artista “residente” en uno de aquellos establecimientos, tocando su propia música. En 1985 publicó “Heartsounds”, un disco de piano solo con el que se inauguraba el sello Narada con Paul Speer como productor. Speer, guitarrista y compositor, había centrado su carrera ya entonces en este tipo de labores de estudio pero a raiz de su trabajo con Lanz surgió una gran amistad que le llevó a colaborar con el pianista en varios discos a partir de ese momento como autor e instrumentista.

Tras “Heartsounds” Lanz grabó “Nightfall”, su primer éxito a gran nivel conviertiendose en una de las grandes figuras de la “new age” norteamericana (Lanz suele recordar que, si bien Yanni vende muchos más discos que él, sus libros de partituras tienen mucha más demanda que los de la ex-pareja de Linda Evans). Apenas unos meses después iba a publicarse “Natural States” firmado por Lanz y Speer. No pasó mucho tiempo más hasta que el dúo alcanzó los primeros puestos de las listas especializadas gracias, principalmente, a uno de los cortes del disco titulado “Behind the Waterfall”, radiado hasta la saciedad y utilizado com sintonía en todo tipo de programas de radio y televisión durante muchos años. Curiosamente, la idea que dio origen al disco fue la de servir de banda sonora para un video que contenía, como puede deducirse del título, imágenes de naturaleza. Tal fue la repercusión de la música que hoy muy pocos recuerdan la película a la que acompañaba. En la grabación, Lanz toca el piano y algunos de los sintetizadores más avanzados de la época entre los que se encuentra el Yamaha DX7, el Synergy (producido por Digital Keyboards, la rama norteamericana de Crumar, la marca italiana de la que hablamos en la entrada anterior), el Prophet 5 o el Kurzweil 250. Paul Speer, por su parte, toca la guitarra eléctrica y los teclados. Como músicos adicionales participan Neal Speer (batería y percusiones), James Reynolds (programación de sintetizadores) y el pionero de la “new age”, Deuter (flautas).

David Lanz (camisa blanca) junto con Paul Speer.


“Miranova” - El comienzo del disco es verdaderamente potente. A partir de una serie de acordes de piano se va construyendo un tema de tintes épicos gracias, en buena parte, a la guitarra eléctrica y la batería. Es un tema muy alejado de la placidez y reposo de la “new age” y también de los primeros trabajos de Lanz. Es la única pieza del disco compuesta por los dos músicos que lo firman.

“Faces of the Forest (part 1)” - Se produce con este segundo corte un giro hacia la melodía sin abandonar el robusto sonido del comienzo del disco. Lanz es el autor y cobra protagonismo con el piano y los sintetizadores, utilizados aquí con gran acierto como instrumentos de acompañamiento. Los que ya conozcan el disco anterior del músico en solitario, habrán reparado enseguida en que las dos partes de esta composición son una recreación de uno de los cortes centrales de aquel trabajo.




“Faces of the Forest (part 2)” - La segunda parte del tema anterior es más extensa y, por lo tanto, tiene un mayor desarrollo. El comienzo es acústico con guitarra, piano y percusiones dibujando los primeros trazos del tema central. Poco a poco se van añadiendo más elementos como la guitarra eléctrica y la batería, además de algunas flautas sintéticas que encajan muy bien en el conjunto.

“Behind the Waterfall” - Llegamos al gran momento del disco, muy diferente en todos los sentidos a los cortes precedentes. Para empezar, comienza con una breve melodía de flauta que enseguida se disuelve entre sonidos puramente electrónicos de gran belleza. Imposible no acordarse en estos momentos de Ray Lynch y su “Deep Breakfast” publicado apenas un año antes. Con todo, la elegancia del tema central y su ejecución son soberbias y de una gran delicadeza. El segundo ciclo de la melodía, con las flautas en primer plano y el fondo de cuerdas sintéticas es prodigioso y termina por conformar una de las grandes piezas en su género. Mucha gente habla de “Behind the Waterfal” como el primer gran single de la música “new age”. No entraremos en batallas cronológicas ya que pensamos que hay muchos otros grandes éxitos en esta categoría publicados antes que éste (algunos mucho antes) pero quizá desde el punto de vista norteamericano, la afirmación no sea tan desacertada.




“Mountain” - Sin llegar a la brillantez del corte anterior, éste es otra gran muestra de elegancia y saber hacer por parte de Lanz y Speer. Comienza como un suave tema casi ambiental que rompe pronto en una melodía muy inspirada cuyo único pero, en nuestra opinión, es el tratamiento algo tópico de la percusión. La pieza evoluciona de forma magistral y en su parte central introduce una melodía de corte clasicista que anticipa al Lanz más romántico de discos posteriores.

“Allegro/985” - En el momento justo dentro del disco, aparecen dos cortes compuestos por Paul Speer. Decimos que es el momento justo porque introducen un cambio de estilo muy necesario para evitar que el oyente muestre síntomas de aburrimiento ante una serie de temas de similar concepción. Aquí escuchamos una serie de juegos entre distintas guitarras que ayudan a ampliar la paleta de sonidos del disco ofreciendo nuevos puntos de vista. El tratamiento cercano al rock progresivo con toques épicos nos recuerda, salvando las distancias, a los trabajos que el guitarrista de Yes, Steve Howe publicaría años más tarde en colaboración con Paul Sutin.




“Lento/984” - El segundo tema escrito por Speer es más relajado, con mayor protagonismo para la guitarra acústica (en el anterior era la eléctrica la que mandaba) y con las flautas ocupando un espacio muy importante. Como en la pieza precedente, uno de los puntos fuertes de ésta, es la evolución desde unos breves apuntes iniciales hasta una pieza con momentos de gran complejidad ocultos tras una aparente sencillez.

“Rain Forest” - En el tramo final retomamos la electrónica con el mismo tipo de sonidos sintéticos que abundaban en “Behind the Waterfall” sonando en un tema con una idea muy distinta. Es esta una pieza que combina melancolía y vivacidad, una mezcla extraña pero que aquí se demuestra acertada. Posiblemente sea el tema que mejor encaja en la estética “new age” de todos los que conforman el disco (pensar en una gran influencia de Suzanne Ciani no sería en absoluto descabellado, especialmente en las partes más románticas del tema).

“First Light” - Para el cierre, Lanz y Speer optan por un tono clasicista, especialmente en la parte de piano que es acompañada de forma discreta y efectiva por la guitarra eléctrica que casi parece un instrumento de arco por la forma de prolongar las notas de Speer. Una delicia con la que se pone fin a un disco extraordinario.

Con la perspectiva que dan los más de 30 años transcurridos desde la publicación de “Natural States” tenemos que reconocer que buena parte de su sonido ha quedado desfasado, demasiado encasillado en una época determinada de la que, en general, no han sobrevivido demasiados timbres  y conceptos que puedan ser exportados a nuestros días de una forma convincente. Las virtudes del disco, por contra, siguen estando vigentes: un gran acierto melódico, especialmente en momentos puntuales de máxima inspiración, arreglos elegantes y una música bien construida. En suma, pese a los puntos en contra que tiene el disco, sin duda, creemos que hoy en día podemos considerar a este trabajo de David Lanz y Paul Speer como un clásico en su género que merece la pena ser escuchado, al menos, para darle una oportunidad. Es muy probable que alguna de sus piezas consiga accionar ese resorte interno que todo oyente tiene y que, de cuando en cuando, salta ante la audición de músicas realmente especiales.

Nos despedimos, cómo no, con una versión en directo de "Behind the Waterfall" acompañada de un corte del siguiente disco de Lanz y Speer.


1 comentario:

  1. Estupendo post de un magnifico álbum, mira que es difícil elegir un trabajo de aquella época entre tantos soberbios discos que fueron publicados desde mediados los ochenta hasta bien entrado los años noventa, pero es este (sin desmerecer en absoluto a otros) uno de esos discos que aun hoy en día me fascina, como bien dices, aquellos años estaban marcados por sellos especializados en el sonido new age (Windham Hill, Narada, Sonifolk, Lyricon, Arpa Folk...entre otros)que nos inundaban semana tras semana con obras de gran calidad.
    Un detallazo ese vídeo final (lo desconocía).
    Un saludo y seguiremos leyendo tus magnificas historias de tiempos que por desgracia no volverán...pero que vivimos en su momento plenamente.
    Pd: Aun conservo algunos catalogos de esas compañias discograficas (trabaje durante esos años en una tienda de musica especializada en new age y jazz) y los conservo como oro en paño.

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