jueves, 15 de marzo de 2018

Nicolas Horvath - Glassworlds · 4 (On Love) (2016)



Continuando con el errático repaso que venimos haciendo a la serie “Glassworlds” del pianista Nicolas Horvath, nos centramos hoy en el cuarto volumen. Como quizá recuerde el lector habitual del blog, hablamos de una pequeña colección de grabaciones a cargo del pianista francés en las que repasa una buena parte de la obra para piano de Philip Glass.

Entre 2015 y 2016, el intérprete publicó cinco discos, cada uno de ellos con una temática diferente siendo la del que hoy nos ocupa el amor. No busquéis en la obra de Glass muchas piezas con ese motivo como punto de inspiración porque en muy pocas el músico habla de ese tema como inspiración aunque sí que es algo que orbita alrededor de alguna de las películas a las que el compositor norteamericano ha puesto música. Esé es, de hecho, el origen de la mayor parte de la música del disco. Horvath interpreta por un lado las transcripciones para piano que Michael Riesman y Nico Muhly hicieron de la banda sonora de “Las Horas”, lo que ocupa la mayor parte del disco. El resto del programa lo compone música procedente de otra banda sonora relativamente reciente y dos piezas antiguas de la etapa más minimalista de Glass.

Nicolas Horvath

Comenzando por “Las Horas”, tenemos que decir que el pianista francés busca una interpretación más apasionada que otras que hemos oído, rescatando matices que nos pasaron desapercibidos en otras versiones. Desde el primer corte (“The Poet Acts”) hay una vivacidad, un ritmo diferente que probablemente estaba ya ahí pero que en manos de Horvath se hace mucho más evidente. Algo muy similar pasa en el resto del disco comenzando con la intensa “Morning Papers”. En los momentos más reposados de la partitura, el músico no pierde intensidad y aporta un interesante punto de vista a los compases más tensos de “Something She Has to Do”. Particularmente interesante es la visión del músico de las partes de la obra que no fueron escritas para la película sino que adaptaban composiciones previas de Glass, quizá porque en algunas otras grabaciones de piano estas partes suelen ser obviadas. De entre estas destaca su versión de “Tearing Herself Away”, transcripción de “Island” del disco “Glassworks”. En todo caso, la interpetación de Horvath de toda la banda sonora nos parece realmente interesante y está entre las mejores que hemos oido de esta obra.




Continúa el disco con una breve versión de “Modern Love Waltz”, pieza escrita por Glass en 1977 para acompañar a una lectura radiofónica de una novela de Constance De Jong y luego adaptada para una adaptación de la obra al ballet. La pieza ha tenido multitud de versiones que van desde escuetas formaciones de cámara hasta piano solo, pasando por piano de juguete. Es una de las piezas más extrañas de ese periodo del compositor ya que no es ya tan “minimalista” como la mayoría de su material de entonces pero tampoco termina de desplegar una melodía “glassiana” como las que vendrían después.




Otra de las bandas sonoras que Glass compuso para películas de cierta proyección comercial fue la de “Diario de un Escándalo”. Como ocurre con varias de sus obras para cine, esta tiene también su correspondiente arreglo para piano solo escrito en esta ocasión por el propio Glass y no por Michael Riesman. Horvath toma dos fragmentos de la transcripción para unirlos en una sóla pieza que aparece aquí bajo el título de “Notes on a Scandal”. El resultado es verdaderamente notable y nos recuerda mucho a alguna de las piezas del segundo libro de “etudes” para piano del compositor norteamericano.

Cerrando el disco tenemos “Music in Fifths”, clásica pieza del Glass minimalista escrita originalmente para grupo pero que ha sido grabada en distintas ocasiones por todo tipo de formaciones lo que incluye versiones para órgano o piano solo. Aunque lo habitual es que la interpretación abarque al menos unos veinte minutos, Horvath opta por una mucho más amable versión de apenas seis, quizá con la intención de agradar al oyente menos receptivo al minimalismo más radical. El intento es de agradecer pero, en nuestra opinión, desvirtúa el espíritu de la pieza.

Una prueba de que Glass es ya un clásico en vida es la ingente cantidad de grabaciones de su obra a cargo de diferentes intérpretes y formaciones. En la década de los noventa hubo algunos pianistas que se atrevieron con sus “Metamorphosis” y a ellos se unieron formaciones de cámara que empezaron a grabar sus cuartetos y otras piezas similares. Hoy hay multitud de versiones, no sólo de esas obras sino de los dos libros de estudios de piano, de muchas de las sinfonías así como de los distintos conciertos, sonatas, etc. que el músico ha escrito en las últimas décadas. Esto es algo que parecía imposible en los ochenta cuando Glass se lamentaba, por ejemplo, de que ningún cantante de renombre quisiera participar en una de sus óperas. El hecho de que hoy sea tan habitual (resulta imposible seguir la pista a todas las grabaciones de sus obras que todos los meses aparecen en el mercado) es un indicio claro del estatus alcanzado por el compositor a todos los niveles.



 

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