miércoles, 31 de diciembre de 2025

Arturo Stalteri - Flowers (1995)



La relación de los compositores con la crítica musical no siempre es buena pero ha habido muchos casos en los que una misma persona ejerció las dos facetas a lo largo de su vida. Schumann, Berlioz, Debussy o Dukas escribieron sobre otros colegas en su día, antes o al mismo tiempo de dedicarse a la composición. Más cercanos en el tiempo son los ejemplos de Michael Nyman o Wim Mertens y, en cierto modo, también el del músico del que hablamos hoy. Arturo Stalteri es un pianista y compositor italiano que dio sus primeros pasos en el mundo de la música en los años setenta como miembro de Pierrot Lunaire, uno de los grupos más interesantes del rock progresivo transalpino. Tras grabar un par de discos, el grupo se disolvió y Stalteri comenzó una larga carrera como locutor radiofónico en distintas emisoras italianas centrado, pricipalmente, en la música clásica. Durante mucho tiempo compatibilizó esa ocupación con la composición de música para ballet, cine, etc. y publicó algunos discos en la línea de lo que él mismo definió como “post-minimalismo romántico”, especialmente tras firmar con el sello Materiali Sonori, uno de los más importantes en aquellos años en la difusión de la música contemporánea, la world music y el rock más experimental.


Hoy vamos a hablar del segundo trabajo de Stalteri para Materiali Sonori: “Flowers”, un disco de piano solo en el que encontramos una combinación muy interesante de piezas propias y versiones de otros artistas que nos muestra muy bien las dos variantes del músico como compositor y como intérprete.


“Scarlett” - Comienza el disco con una pieza muy dinámica que es como el reverso alegre de la melancólica “Close Cover” de Wim Mertens. Un tema sencillo pero de gran belleza muy en la línea de toda esa música para piano solo que apareció en los años ochenta bajo el paraguas de la “new age”. En todo caso, al margen del tema central tiene un desarrollo notable con momentos más profundos y reflexivos pero siempre volviendo al motivo principal.


“Un Notturno” - La segunda pieza es más romántica y tranquila pero sin olvidar el componente melódico. Un tema breve pero de gran belleza que nos deja ante una serie de versiones de otros compositores por parte de Stalteri.


“Merry Christmas Mr.Lawrence” - Comienza el segmento con el tema central de la película del mismo títuo, compuesto por Ryuichi Sakamoto en la que probablemente sea la obra más conocida del músico japonés. Un tema ya inmortal al que la versión de Stalteri es completamente fiel.




“La Fiesta” - El siguiente corte es una composición de Chick Corea en la que se combina un toque  flamenco en el comienzo con melodías más propias del folclore argentino en la segunda mitad. Apareció en el disco de 1988 del mismo título y es una verdadera joya.


“Metamorphoses Two” - Turno para Philip Glass y una de sus piezas más conocidas para piano. Stalteri, con el tiempo, se especializó en el repertorio “glassiano” y ha grabado un par de discos dedicados a la obra del estadounidense. La versión que aquí se incluye es pulcra y precisa como corresponde al tipo de música que Glass escribe.


“General Lavine – Eccentric” - Se cierra la serie de cuatro versiones con un preludio de piano de Claude Debussy, dedicado al payaso norteamricano Edward La Vine. Es un tema despreocupado y jovial con todo el estilo del compositor francés.


“Théoden e i Ricordi” - Llegamos a otra de las piezas propias de Stalteri, en esta ocasión a un corte muy épico inspirado en Théoden, personaje de “El Señor de los Anillos”. Es esta una obra que ocupa un lugar central en la producción musical del compositor italiano que tiene varios discos dedicados al imaginario de Tolkien. La primera parte, más rítmica, tiene una clara influencia del primer Wim Mertens mientras que la segunda, más tranquila tiene un sonido más personal.




“Mulini” - El siguiente tema tiene una serie de melodías circulares que aluden al molino del título como bien indica el propio músico en los comentarios del disco. Es una pieza interesante aunque no aporta demasiado al conjunto.


“Le ultime luci de Brea” - Segunda composición inspirada en “El Señor de los Anillos”. En esta ocasión tiene dos partes muy diferenciadas: una primera más reposada y una segunda muy rítmica en el inicio y con una narrativa más tranquila y melódica en el final. Contiene varios de nuestros momentos favoritos del disco.


“Vivaldi” - Cierra el disco la versión de Stalteri del clásico del grupo de rock progresivo Curved Air, compuesto por su violinista Darryl Way en 1971. En nuestra opinión, es la versión más interesante de todas las del trabajo por la riqueza de sus arreglos que adaptan a la perfección la complejidad de todos los instrumentos del disco al piano. Un gran cierre para un disco muy inspirador.




Después de “Flowers”, Stalteri alcanzó su mayor relevancia internacional con sendos discos dedicados a la música de Philip Glass y Brian Eno respectivamente. Posteriormente ha seguido grabando, incluyendo varios trabajos inspirados en “El Señor de los Anillos”, quizá la gran obsesión en su carrera. También volvió a la comunicación con diferentes programas de radio e incluso actuando como pianista en un programa de televisión presentado por Franco Battiato además de participar en un par de películas dirigidas por el propio cantante. Si exceptuamos a Ludovico Einaudi, lo cierto es que los músicos italianos “post-minimalistas” no han alcanzado la relevancia que sí tienen, por ejemplo, sus colegas franceses. Eso no quiere decir que no haya ejemplos muy interesantes de esa corriente como Giovanni Allevi, Matteo Sommacal, Roberto Cacciapaglia o el propio Franco Battiato en sus primeros años. Stalteri sería otro de los nombres a tener más en cuenta aunque la mayoría de sus discos no sean nada fáciles de encontrar hoy en formato físico. Para aquellos que no lo conozcan, “Flowers” puede ser una excelente puerta de entrada a su música.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Brian Eno, Holger Czukay & J. Peter Schwalm - Sushi Roti Reibekuchen (2024)



Además de por la tortuosa relación con Brian Ferry, una de las principales razones por las que Brian Eno dejó Roxy Music fue su falta de interés en los conciertos en directo. Eno siempre ha sido un músico de perfil bajo y en las actuaciones con la banda de Ferry y compañía no era raro que permaneciera en el fondo del escenario, a veces casi sin iluminación, para pasar lo más desapercibido posible. Entre eso y que tampoco hablamos de un virtuoso de la interpretación, es entendible que los conciertos no fueran algo que le motivara especialmente hasta el punto que llegó a decir que decidió dejar Roxy Music cuando, en pleno directo, se dio cuenta de que estaba pensando en la próxima lavadora que tenía que poner.


En su carrera posterior, de hecho, los conciertos fueron algo muy puntual más allá de cuatro o cinco shows en 1974 para presentar su primer disco en solitario (gira que interrumpió por problemas de salud para no reanudarla nunca), otra actuación muy famosa junto con John Cale, Kevin Ayers y Nico y varios conciertos más en compañía de Robert Fripp en la época en que ambos publicaron algún disco como dúo. Si añadimos a esas citas algunas actuaciones en compañía de 801, el grupo de su ex-compañero en Roxy Music, Phil Manzanera, tenemos casi completo el catálogo de shows en directo de Eno en varias décadas. Todavía en 2023, afirmaba en una charla con periodistas que “preferiría clavarse clavos en el escroto que volver a salir de gira”.


Sus apariciones públicas desde que dejó Roxy Music suelen estar relacionadas con conferencias o instalaciones en las que se combinan sus obras visuales con música compuesta para la ocasión lo que le ha convertido en un músico de museos más que de estadios. Y fue dentro de este ámbito que en agosto de 1998 se inauguraba una exposición multimedia en Bonn, titulada “Future Light-Lounge Proposal”. El evento tenía varias partes. Por un lado había una sala de exposiciones con varias esculturas semitransparentes que tenían dentro un proyector para hacer juegos de luces y por otro, algo titulado “Sushi. Roti. Reibekuchen”.El nombre, en principio, aludía a los diferentes platos que se servirían al público asistente: tres especialidades de Japón, India y Alemania respectivamente. El menú sería preparado por varios de los mejores cocineros de la zona. Los billetes para la instalación la anunciaban como una “performance alimenticia de gran altura con música incidental de Slop Shop y Brian Eno". Slop Shop era una banda liderada por J. Peter Schwalm que hacía una mezcla de jazz, electrónica y funk inspirada en Miles Davis, Prince o Weather Report. Eno los había conocido un tiempo antes cuando un amigo común le pasó un disco de ellos que le produjo una gran impresión. “Es el tipo de música que hace tiempo que quería hacer” llegó a afirmar. Cuando Eno contactó a Schwalm para el evento, ni siquiera le dijo que Holger Czukay, antiguo miembro de Can, iba a participar en él.


La gran sorpresa para el público llegó cuando, tras servirse la comida, aparecieron en el escenario los miembros de Slop Shop (Schwalm junto con el batería Jem Atai y el bajista Raoul Walton) acompañados de Czukay y del propio Eno para improvisar una serie de temas en directo. Lo habitual en las instalaciones del artista era que la música estuviera pregrabada por lo que creemos que muy pocos de los asistentes esperaban asistir a un concierto. Aquí las versiones difieren entre los que afirman que la idea era tocar hasta que la policía decidiera poner fin al evento y los que dicen que eso sucedió pero que no formaba parte del plan. Lo cierto es que la actuación duró alrededor de tres horas antes de que los agentes del orden desconectaran la electricidad. El reparto de papeles, en palabras de Schwalm, era claro: él y Eno se encargaban de ir creando sobre la marcha una serie de texturas electrónicas y de dirigir a la sección rítmica de Slop Shop mientras que Czukay era el “solista” lanzando sonidos procedentes de cintas pregrabadas que iba introduciendo en el espectáculo constantemente cambiando entre unas y otras conforme este avanzaba. El show quedó ahí como una hecho puntual que adquirió tintes de leyenda (apenas asistieron unos 300 espectadores) hasta el año pasado en que se publicó, por fin, un disco recogiendo una hora de música extraída del concierto.


“Sushi” - El primer corte del disco es una pieza de más de 15 minutos que comienza con sonidos electrónicos y “loops” entre los que se filtran las voces grabadas por Czukay salpimentadas de algunas notas de bajo aquí y allá. Ramalazos de “jungle” y “drum'n'bass” se filtran de cuando en cuando comenzando a crear un sustrato rítmico a partir del cual se va construyendo la pieza. No debe esperar el oyente prodigios melódicos ya que esto va de otra cosa. Como cabe esperar de sus protagonistas, lo que escuchamos es una música ambiental llena de atmósferas evocadoras y ritmos trepidantes a veces que terminan tan inesperadamente como empezaron, multitud de voces extraídas de películas, emisiones de radio, etc. que aparecen como fantasmas para diluirse entre el ruido poco después. Una vez asumida esta premisa, disfrutar de esta fantástica combinación es mucho más fácil.


“Roti” - El siguiente tema comienza de forma diferente, marcado por una punzante línea de bajo de Walton que nos recuerda los trabajos de Eno con Jah Wobble o, yéndonos más atrás, al imprescindible “My Life in the Bush of Ghosts” que grabó con David Byrne. La entrada de la percusión nos deja ente una pieza excitante, sensual y mucho más organizada y coherente que la primera hasta el punto que cuesta creer que sea una improvisación.




“Wasser” - La tercera composición es más electrónica que las anteriores, en el sentido de que utiliza más los sintetizadores para crear atmósferas aunque las grabaciones de Czukay siguen muy presentes en todo el tema. Asistimos a múltiples capas de sonidos que se superponen continuamente de forma pausada solo como colchón para las esporádicas voces en cinta acompasadas entre las notas de bajo. La percusión se limita a algunos toques metálicos de cuando en cuando que no llegan a formar ritmos susceptibles de ser seguidos hasta la segunda parte de la pieza en la que poco a poco van surgiendo de la nada para unirse al paisaje sonoro con una cadencia hipnótica que se difumina tras el paso de varios minutos.


“Reibekuchen” - El penúltimo corte de la colección vuelve a recordarnos al Eno de “Spinner” y, en general, al del “space jazz” de “Nerve Net” con una percusión que lo domina todo y toda clase de efectos sonoros alrededor que nos trasladan a escenarios imposibles. Las voces espectrales del archivo de Czukay nos hacen sentirnos en muchos momentos como parte de los habitantes de la ciudad de Los Ángeles en la película “Blade Runner”, con esa extraña mezcla de sonidos étnicos de procedencias indescifrable y un ambiente opresivo y denso.




“Wein” - La última parte del disco, que es también la más corta, funciona como una buena despedida del mismo. Comienza con juegos de voces y sonidos naturales de animales que entran en bucle durante un buen rato antes de la entrada de la batería que coincide con sonidos de tráfico y demás efectos sonoros que nos acompañan cadenciosamente hasta el final.


Lo más extraordinario del concierto es que ninguno de los tres artistas principales habían coincidido antes para tocar. Sólo lo hicieron la tarde anterior durante los ensayos (y fue ahí cuando Schwalm supo que Czukay participaría también en el evento) pero la conexión entre todos ellos fue casi inmediata. Eno y Schwalm colaborarían más veces en el futuro e incluso lanzarían un disco de estudio conjunto pero fue la única interacción que se repitió entre los participantes en el evento. Ambos llegaron incluso a volver a tocar en directo en 2001 en Lanzarote. Eno ha seguido sin prodigarse excesivamente en lo que a conciertos se refiere (alguna actuación en el festival “This is Pure Scenius” en Brighton en el 2010 y un concierto en la Acrópolis ateniense en compañía de su hermano Roger en agosto de 2021 serían los más notables) aunque sigue publicando trabajos de estudio con una regularidad asombrosa. Aprovechemos, pues, para disfrutar de este documento único ya que es muy probable que no haya más ocasiones similares en el futuro. Como anécdota, señalar que el concierto fue retransmitido en su día en directo a través de internet, vía RealPlayer en lo que probablemente fuera una de las primeras ocasiones en que un evento así se difundía en "streaming" en vivo. No es difícil encontrar grabaciones de aquella retransmisión aunque la calidad se corresponde con la época en la que se hicieron.

domingo, 14 de diciembre de 2025

Pat Metheny & Brad Mehldau - Metheny / Mehldau (2006)




Hace ya bastante tiempo, hablamos de las sesiones de grabación de 2005 en las que se produjo el esperado encuentro entre las que quizá fueran las figuras más relevantes del jazz contemporáneo en aquel momento. Ya contamos entonces cómo de aquellas jornadas surgió un buen número de piezas, que sirvieron para completar dos discos publicados sucesivamente. En aquel momento comentamos el segundo de ellos, titulado “Quartet” y creemos que va siendo hora de hacer lo propio con el primero, que llevaba el sencillo y descriptivo título de “Metheny / Mehldau”.


Un simple vistazo a ambos títulos podría sugerir que los discos estaban interpretados por formaciones diferentes: a dúo el primero de ellos y en formato de cuarteto el segundo pero en realidad no fue así. Aunque es cierto que esta división se da en la mayor parte de ambos trabajos, en “Quartet” había hasta cuatro duetos y en el disco que comentaremos a continuación, encontramos un par de piezas en las que la pareja se amplía a cuarteto con la aportación de los entonces miembros de la banda de Mehldau: Larry Grenadier al contrabajo y Jeff Ballard a la batería. Por lo demás, pocas sorpresas. Pat Metheny toca guitarras, incluyendo su famosa guitarra-sintetizador y Mehldau se limita al piano.


“Unrequited” - El primer corte es una composición de Mehldau que ya apareció en el tercer volumen de su serie “The Art of Trio” publicada en 1998. Es casi como si el dúo quisiera empezar por terreno conocido antes de meterse del todo en faena. Además, y como cortesía, es Metheny quien aparece primero con su guitarra incorporándose después el piano de Mehldau. La versión es magnífica y nos muestra lo mejor de ambos artistas que colaboran sin tratar de destacar sobre el otro en ningún momento.


“Ahmid-6” - Entramos ahora en una serie de tres composiciones de Metheny, comenzando por esta pieza que ya fue grabada por Bob Berg en su disco “Riddles” de 1994. Aquel registro tenía un toque latino muy presente que aquí está mucho más atenuado. En todo caso refleja muy bien la inmersión en ese tipo de ritmos y músicas que vivía Metheny en aquellos años. Mehldau se adapta perfectamente a ese escenario ofreciendo una interpretación excelente que fluye con naturalidad junto a la guitarra de Pat.


“Summer Day” - El siguiente tema es una balada lenta con todo el regusto del Metheny de sus primeros años, especialmente de su etapa en ECM, algo muy favorecido, suponemos, por la atmósfera de la grabación: a dúo y casi sobre la marcha, sin excesiva postproducción en estudio. Una pieza delicada en la que nos podríamos perder una y otra vez.




“Ring of Life” - Aquí se incorporan Ballard y Grenadier con lo que escuchamos en realidad a una versión reforzada del Brad Mehldau Trio que se hace notar desde el inicio con una batería que casi suena a drum'n'bass con su veloz ritmo sincopado. Ballard marca así el tono de la pieza y junto a el se despliegan, sobre todo en la segunda mitad, las florituras del resto de músicos, especialmente un Mehldau en trance que nos maravilla al piano junto con un Metheny que saca en el tramo final su guitarra-sintetizador para despedirse con ese sonido inconfundible.




“Legend” - Segunda composición de Brad Mehldau en el disco y, al igual que ocurría en la primera, es Metheny el encargado de comenzar a desgranarla a la guitarra seguido enseguida por el pianista en su versión más exploratoria y personal. Mehldau va tanteando a su pareja antes de acometer las primeras melodías en lo que parece un proceso de aprendizaje mutuo que va enriqueciendo el tema poco a poco. La única pega es el brusco final, que no parece del todo natural.


“Find Me in Your Dreams” - Volvemos a Metheny, en esta ocasión en su versión más romántica. El delicado piano de Mehldau abre el tema y sirve de soporte para una preciosa melodía de guitarra en la que encontramos a un Metheny muy inspirado en una composición sin sobresaltos. La compenetración entre los dos artistas es perfecta y consiguen que un dúo como el de la guitarra y el piano suene perfectamente homogéneo, algo que, como comenta Pat en las notas del disco, no siempre es tan fácil.


“Say the Brother's Name” - Seguimos con el guitarrista y con otra composición recuperada, en esta ocasión de “I Can See Your House from Here”, el disco que publicó en 1994 con John Scofield. Regresamos aquí al cuarteto y a los ritmos latinos, ahora con clara influencia brasileña, terreno en el que la sección rítmica de Mehldau se muestra igual de competente que en todos los demás.


“Bachelors III” - Otra pieza de Metheny en forma de tema lento con una cadencia rítmica marcada por el piano, lánguida y melancólica, que gana mucho cuando ambos músicos empiezan a interactuar creando variaciones nuevas y dejando el uno al otro suficiente espacio para expresar su propio lenguaje. Uno de nuestros temas favoritos del disco.




“Annie's Bittersweet Cake” - Última aportación de Mehldau al trabajo como compositor y lo hace con una pieza lenta, muy melódica, y que se sale un poco del territorio puramente jazzístico para acercarse a cosas que se parecen más a la “new age” ochentera en la línea de un sello como Windham Hill. De hecho, la pieza podría pasar por un tema de William Ackerman con George Winston por poner un ejemplo.


“Make Peace” - El cierre lo pone Metheny con un tema muy enérgico en el que la guitarra se convierte en el sustento rítmico en muchos momentos para que sea el piano de Mehldau el que lleve el peso de la melodía. Es otra de nuestras piezas favoritas que sirve para poner un cierre perfecto a una colaboración que, como oyentes era sólo una utopía.



Para muchos aficionados al “jazz”, la reunión de Pat Metheny y Brad Mehldau era un sueño de esos que se esperan con cautela. Por una parte, era una reunión de talento que prometía grandes resultados pero por esa misma razón, tenía muchas papeletas para defraudar unas expectativas altísimas. Afortunadamente, los dos discos que recogen el resultado de este encuentro cumplen sobradamente con lo esperado lo que nos hace preguntarnos si cabría esperar futuras colaboraciones más adelante. Seguramente estaría bien pero por otro lado... ¿por qué arriesgarse a estropear algo tan bonito con un retorno que quizá no aportase nada nuevo?