Nos fascina el paralelismo entre las vidas de Liza Minelli y Charlotte Gainsbourg y como ambas carreras llegaron en un momento determinado a sendos discos que también tienen un montón de cosas en común. Podemos empezar la comparación hablando de sus padres. Los de Liza Minelli eran el director de cine Vincent Minelli y la actriz Judy Garland mientras que Charlotte era hija de la estrella de la canción francesa Serge Gainsbourg y de la icónica actriz Jane Birkin. En diferentes épocas y países, superestrellas absolutas los cuatro. Ambas artistas comenzaron como actrices muy jóvenes y las dos alcanzaron en ese terreno un estatus de leyendas, Liza ganando el Oscar con “Cabaret” y Charlotte de la mano de Lars Von Trier. Las dos, además, heredaron mucho del estilo de sus madres en su forma de actuar. Tanto Minelli como Gainsbourg crecieron en familias muy marcadas por las adicciones de sus padres: Judy Garland a los barbitúricos, las anfetaminas y el alcohol (de niña, la propia Liza ayudaba a medicarse a su madre) y Serge Gainsbourg al alcohol y al tabaco. En ambos casos con consecuencias trágicas: Judy murió víctima de sobredosis y el matrimonio de Birkin y Gainsbourg se rompió por las adicciones de éste quien fallecería pocos años después de un ataque al corazón (ya había sufrido uno cuando Charlotte tenía dos años pero eso no cambió sus hábitos).
Tanto Liza Minelli como Charlotte Gainsbourg compatibilizaron en diferentes momentos de sus carreras las facetas de actrices y de cantantes y las dos dejaron esta segunda en suspenso durante un largo periodo antes de volver a lo grande y llegamos así a lo que nos interesa. En 1989, Liza Minelli publicó su disco de regreso, “Results”, de la mano del dúo de pop electrónico Pet Shop Boys quienes compusieron y grabaron con ella prácticamente todo el disco (las piezas que no eran de ellos, sí que fueron arregladas y adaptadas por la pareja). De todas formas, ya hablamos de ese disco en su día así que nos centramos ahora en el que nos ocupa hoy. Charlotte Gainsbourg había grabado un LP de niña que había estado rodeado de polémica. Su padre, Serge, siempre había sacado partido de los temas más escabrosos y, de hecho, su mayor éxito fue la controvertida canción (por lo explícito de lo que en ella sonaba) “Je t'aime... moi non plus” escrita para Brigitte Bardot con quien tenía una especie de relación en aquel tiempo. Decimos lo de la “especie de relación” porque Brigitte estaba casada y, de hecho, su versión del tema no fue publicada hasta casi veinte años después por expresa petición de la actriz a Serge para proteger su matrimonio con el millonario alemán Gunter Sachs. No sirvió de mucho porque ambos se divorciaron poco después pero para entonces, Gainsbourg ya había publicado la canción con Jane Birkin sustituyendo a Brigitte. En 1984, Serge grabó una nueva canción controvertida: “Lemon Incest”. Y lo era porque lo hizo con su hija Charlotte, quien entonces tenía 12 años. Serge jugó con el juego de palabras entre “Le zeste du citron” (la rayadura de limón) y “L'incest de citron” (el incesto de limón) en una canción llena de dobles sentidos y que, para colmo, contaba con un videoclip bastante perturbador en el que padre e hija se encontraban semidesnudos en una cama. El single formó parte de un disco de Serge pero también aparecería en el que sería el debut de Charlotte un año después: “Charlotte for Ever”. La polémica fue aún mayor ya que el disco fue acompañado de una película con el mismo título dirigida por el propio Serge y protagonizada por un escritor alcohólico llamado también Serge e interpretado por él mismo. El lector ya habrá adivinado que en el film se explota la relación del escritor con su hija adolescente quien, para sorpresa de nadie, se llamaba Charlotte y estaba interpretada por su propia hija. La película fue destrozada por la crítica y fue vista como una basura cuyo único objetivo era buscar la provocación porque sí.
Lo cierto es que Charlotte siempre defendió a su padre y le profesaba una gran admiración. Por ese motivo nunca se planteó grabar otro disco sin él. Consideraba que su padre era un genio y que ella no estaba a esa altura así que decidió centrarse en su carrera como actriz. Aquí es donde entran en escena los miembros de AIR. Nicolas Godin y Jean-Banoit Dunckel eran admiradores absolutos de Serge Gainsbourg y creían que su estilo musical, con una electrónica suave, sedosa y melancólica, encajaba como un guante con la forma de cantar de Charlotte, susurrante y sensual, así que se pusieron en contacto con ella para exponerle su idea. La artista seguía reticente ante esa posibilidad pero el esfuerzo del dúo francés terminó por convencerla. Le aclararon que la música estaría adaptada a sus capacidades vocales, sin exigirle ningún esfuerzo extraordinario, le ofrecieron letras en inglés escritas por Jarvis Cocker (Pulp) o Neil Hannon (The Divine Comedy) para que no tuviera que enfrentarse al resto de escribir y confrontar sus textos con los de su padre, que para ella eran insuperables y procuraron un ambiente de grabación absolutamente acogedor, redondeado por la producción de Nigel Godrich. En 2006 aparecería por fin el segundo disco de Charlotte Gainsburg con el título de “5:55”. Toda la música era obra de AIR, quienes también se encargaron de la interpretación (Dunckel de los teclados y Godin de las guitarras, percusiones y sintetizadores) con la colaboración del propio Neil Hannon (guitarra), Jeremy Stacey y Tony Allen (baterías) con las cuerdas de The Millenia Ensemble.
“5:55” - Suena un tema de piano repetitivo acompañado enseguida por la batería y las sinuosas cuerdas sintéticas del clásico sonido de AIR. No se nos ocurre mejor entorno para la voz de Charlotte, delicada y vulnerable, que este tipo de canciones que tanto se han prodigado en la discografía de Godin y Dunckel.
“AF607105” - En el segundo tema es la percusión la que nos recibe instantes antes de que escuchemos la voz de Charlotte arropada por piano y sintetizadores en una de esas clásicas baladas de AIR que tan bien les funcionaron en el pasado. Las melodías, en especial la del estribillo, son preciosas y muy inspiradas lo que nos permite apreciar el interés que el dúo se tomó en que el disco de Charlotte estuviera a la altura. Aquí lo logra hasta el punto de convertir la canción en la narración de un accidente aereo más glamurosa de la historia.
“The Operation” - Mucho más animado es el ritmo con el que comienza la siguiente canción en la que batería y bajo nos transportan a uno de esos mundos sintéticos con toque retro que la banda explotó en el pasado en canciones como “Sexy Boy”. Las guitarras y el bajo repitiendo patrones minimalistas durante toda la pieza son la propulsión que sostiene uno de los mejores momentos del álbum.
“Tel que tu es” - Todas las canciones anteriores habían tenido letra de Jarvis Cocker. Esta es la primera en que tanto letras como música son obra de AIR. Charlotte canta en francés (hasta ahora lo había hecho en inglés) una preciosa balada con tono setentero y una atmósfera onírica amplificada por las cuerdas, los sonidos de glockenspiel y las melodías circulares de piano.
“The Songs That We Sing” - El single de adelanto del disco fue esta robusta canción cuya letra firman Neil Hannon y Jarvis Cocker al alimón. Es una pieza enérgica que combina una cierta inocencia en el estribillo con una firme determinación en lo instrumental reflejada en los ostinatos de las cuerdas y la fuerza de batería, bajo y guitarras. Quizá no es la canción que mejor representa lo que es el disco pero es una gran canción.
“Beauty Mark” - La balada más emocionante del disco, con una Charlotte cuyo susurro es casi inaudible en algunos momentos. Lo mejor son los juegos de voces de la parte central y la lánguida nostalgia que desprende en todo el final con la continua repetición del estribillo. Pocas veces se cantó con más estilo a un lunar.
“Little Monsters” - Lo que sigue comienza de un modo más raro con extraños sonidos de aves y otros animales antes de llegar a la voz y al resto de instrumentos que nos acompañan en un tema lento que tarda en desplegar sus encantos. Eso sí, cuando lo hace, justifica la espera mostrándonos una preciosa canción pop de esas que tan bien le salen al dúo francés.
“Jamais” - Suena un decidido tiempo medio con una batería marcada y un bajo que ha decidido que es el momento de lucirse. Lo demás es el típico sonido de AIR con cuerdas, piano y guitarras creando atmosferas como sólo ellos saben.
“Night-Time Intermission” - Continuamos con una canción de aire cinematográfico, con ese ambiente de las películas de policías de los años setenta, salpicada de voces femeninas aquí y allá y con una espectacular sección de cuerda dando la réplica al piano. Muy rara en este contexto pero es una de nuestras canciones favoritas del disco.
“Everything I Cannot See” - Todo ello para llegar a otra maravilla, especialmente en un estribillo en en que Charlotte nos avasalla con una determinación que hasta ahora había mantenido oculta. Aquí, tanto ella como el dúo Dunckel/Godin nos deleitan con un tema espectacular de esos que podemos escuchar una y otra vez sin cansarnos.
“Morning Song” - La despedida se torna íntima con toques de vibráfono, guitarras acústicas y piano ayudando a Charlotte a cerrar el trabajo con una balada llena de personalidad aunque más previsible de lo que cabía esperar.
Mencionabamos antes a los Pet Shop Boys como parte de la comparación entre Liza Minelli y Charlotte Gainsbourg y vuelven a aparecer aquí a título de anécdota ya que, curiosamente, en 1999 habían grabado una versión propia, nada menos que de “Je t'aime... moi non plus” lo que, en cierto modo, cierra el círculo que hemos dibujado en esta entrada. El regreso de Charlotte a la música con “5:55” no fue todo lo efímero que podría pensarse sino que, desde ese momento, compaginó la faceta actoral con la de cantante y ha publicado varios trabajos más, algunos en tan buena compañía como el que seguía a éste, producido por Beck. En nuestro caso, lo cierto es que, pese a que el disco lo firma Charlotte, casi lo consideramos uno más de la discografía de AIR quienes, a la postre, fueron los autores y los instigadores de la grabación. Además, en casi todos sus trabajos tienen vocalistas invitados así que éste mantiene el mismo espíritu y estilo de sus discos anteriores por lo que hablamos de un trabajo que todo seguidor de AIR debería tener en su colección.

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