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miércoles, 11 de julio de 2012

Giancarlo Simonacci - Cage Piano Music Vol.4 (2012)



Los amantes de la música clásica están (estamos) de enhorabuena desde hace unos años, cuando comenzaron a aparecer pequeños sellos ajenos a los grandes conglomerados que agrupaban a toda figura importante de la interpretación y cuyos lanzamientos rozaban lo elitista por su elevadísimo precio. Estamos pensando en “majors” como Decca, Deutsche Grammophon o las ramas clásicas de EMI, Sony (antes CBS) o Philips. Uno de los sellos que comenzó con esta pequeña revolución fue Naxos cuyo gran activo era un catálogo libre de complejos en el que jóvenes intérpretes desarrollaban un repertorio absolutamante abierto en el que no sólo aparecían los nombres habituales sino también una importante lista de músicos contemporaneos que a duras penas podían publicar en cualquiera de las discográficas anteriormente citadas. El otro valor fundamental de Naxos era el precio: cualquier aficionado podía acceder a grabaciones de calidad de los mejore compositores por mucho menos dinero de lo habitual. Un poco después, se unió al negocio de “low cost” en la música clásica el sello Brilliant, irrumpiendo con grán éxito gracias a una serie de cajas con la obra integral de monstruos como J.S.Bach o Mozart a precio casi de saldo (hablamos de cajas de más de 150 discos por menos de 100 euros). Esto era posible gracias a la compra de derechos de grabaciones antiguas cuyos propietarios no encontraban la forma de rentabilizar. Además, Brilliant posee su propia nómina de músicos como Naxos y un interesante repertorio contemporaneo. Uno de los últimos sellos en aparecer dentro de estos parámetros es Newton, que, al igual que Brilliant, aprovecha el fondo de catálogo que otras discográficas no tienen intención de explotar y lo lanza en series sumamente económicas.

Centrandonos en Brilliant, ya hemos tenido algunos discos de su catálogo por el blog y hoy vamos a hablar de uno de sus últimos lanzamientos. No hace demasiado que comentamos el trabajo del pianista Giancarlo Simonacci sobre música de John Cage. Éste había estado precedido por otras dos cajas con participación del mismo intérprete, dedicadas a la música para piano preparado del norteamericano y a la música para piano con acompañamiento de violín o voz respectivamente. No ha sido, sin embargo, hasta la aparición de un nuevo volumen denominado “volumen 4” que tomamos conciencia de la intención completista del sello con respecto a la obra de Cage, y no sólo a la pianística como tenemos intención de señalar en días venideros.



Estamos, por lo tanto, ante una nueva entrega de obras del artista americano en interpretación de Simonacci, grabadas en los meses finales de 2011 y aparecidas hace apenas unas semanas. El repertorio se centra en obres para piano escritas entre 1952 y 1956 y en obras de los últimos años de vida de compositor, entre 1985 y 1990.

Ya hemos contado anteriormente cómo Cage introdujo el principio de azar en sus composiciones a partir de los primeros años 50. Ese componente de indeterminación se convirtió en un principio casi religioso en su música en lo sucesivo y uno de los reflejos más claros lo tenemos en su monumental “Música para Piano”, una serie de piezas numeradas del 1 al 84 que integran los dos primeros discos de la caja. Cage, contrariamente a la tradición occidental, trató de huir del elemento dramático de la música y para ello, le declaró la guerra a la armonía a la que en cierto modo consideraba una forma tramposa de manipulación del oyente. Su música era impersonal en el sentido más literal del término. Como aparece en una cita del libreto del disco que hoy comentamos: “no creo en la música como un medio de auto-expresión personal del compositor sino como un medio de expresión a secas”. El tan citado espíritu del compositor, su esencia, como se quería escuchar en las obras musicales de periodos anteriores, desaparecía en la concepción de John Cage.

Uno de los métodos que diseñó para introducir el azar en su música procedía del “I Ching”, libro chino de los cambios. En 1951 había compuesto ya una primera y monumental obra dedicada a ese libro con el título de “Music of Changes” y el procedimiento emplea los hexagramas (combinaciones de lineas y espacios en grupos de tres). Las partituras combinan partes musicales, con sus correspondientes símbolos y anotaciones sobre dinámica o tempo de la pieza con espacios en blanco (e incluso ruidos descritos minuciosamente como palmas, golpeo del piano con una baqueta, golpeo de los dedos del intérprete sobre la palma de la otra mano o puñetazos), denominados por Cage “imperfecciones” cuya ejecución queda al libre albedrio del pianista. En algunos casos, estos fragmentos pueden ser anecdóticos pero en otros pueden ocupar la mayor parte de la pieza de modo que el intérprete debe escoger las notas a tocar en unos casos, la intensidad con la que hacerlo en otros o el tempo de la pieza pero no necesariamente como un mero ejercicio de improvisación sino teniendo en cuenta en todo momento cómo encajan esas “imperfecciones” con el resto de la partitura. Dentro de un orden, cada interpretación es completamente diferente. Lo más interesante de este modo de entender la música es que, salvo que disponga de la partitura original, el oyente nunca estará seguro de qué parte es obra de Cage y cuál es, sencillamente, una “imperfección”.

El tercer disco de la caja incluye una de las piezas más controvertidas de Cage, titulada ASLSP, conocita también como “As SLow aS Possible”, literalmente, tan lento como sea posible. Se trata de una pieza para órgano o piano, lo que marca una clara diferencia entre la duración de ambas versiones por la propia naturaleza del sonido de cada instrumento y su persistencia en el tiempo. Por fortuna, el disco contiene la adaptación para piano de la composición con lo que apenas ocupa unos 23 minutos. Quizá sorprenda al oyente el hecho de que en este preciso instante (salvo en el improbable caso de que lea esto en pleno siglo XXVIII) se está interpretando ASLSP en la iglesia de Sankt-Burchardi (Halberstadt, Alemania). El sorprendente concierto comenzó el 5 de septiembre de 2001 con una pausa de casi dos años hasta el 5 de febrero de 2003, fecha que comenzó a tocarse el primer acorde que duró hasta el 5 de julio de 2005. El oyente que estuviera presente en la iglesia el pasado 5 de julio tuvo la posibilidad de asistir en directo al décimo cambio de acorde de la pieza. Si alguno de los lectores quiere asistir al próximo cambio deberá hacer planes para el 5 de octubre del próximo 2013. Si todo sigue su curso como está previsto, el 5 de septiembre del año 2640, concluirá la interpretación de la composición. Como sabemos que hay gente muy curiosa entre los lectores del blog, en el siguiente enlace teneis una retransmisión en directo de la más sorprendente interpretación de la que nos hemos hecho eco aquí:


Completan la caja “One” for piano, composición cuya única indicación temporal es que debe durar exactamente 10 minutos en los que la distribución de los acordes o el orden en que son interpretados son decisión del pianista. “One2 for 1-4 pianos” es otra de esas extravagancias a la que Cage es tan dado. El intérprete (sí, el intérprete, uno sólo) es el que decide cuántos pianos quiere utilizar en un número entre uno y cuatro. Cada piano tiene su propia partitura y el pianista decide en qué momento toca uno u otro y, por tanto, qué parte de la composición se interpreta en cada momento. Para añadir emoción a la cosa, Cage recomienda que entre los pianos haya una cierta distancia con lo que al esfuerzo meramente pianístico se suma un cierto elemento atlético ya que el sufrido artista debe dar varios paseos por el escenario entre uno y otro piano cada vez que decide hacer un cambio. Para cerrar, Simonacci nos reserva “One5” for piano: 45 “eventos” (que no necesariamente notas musicales, pueden ser también ruidos) distribuidos a voluntad del pianista a lo largo de 20 minutos que debe ser la duración exacta de la pieza.

Última parte de "Música para piano":



Leyendo muchas de las descripciones de la música de Cage, uno no puede evitar pensar que, en el fondo y coloquialmente hablando era un “cachondo”. Sin embargo, y cuando uno introduce el disco en el reproductor y pulsa el “play” se da cuenta de que, contra toda lógica, su música funciona y los resultados son mucho menos extravagantes de lo esperado. El disco ha aparecido en las tiendas hace muy poco tiempo y, como ocurre con todo el catálogo de Brilliant, su precio es más que atractivo. La buena noticia es que pese a la novedad no es lo más reciente del autor en el mismo sello ya que poco después nos obsequiaron con otro disco con música de Cage que no tardará en aparecer por aquí. Teneis dos opciones: o quedaros escuchando la interpretación de ASLSP que enlazamos más arriba o comprar la caja para disfrutar la versión más cortita. Esto último lo podeis hacer aquí:

jueves, 5 de enero de 2012

Giancarlo Simonacci - John Cage: Piano Music (2010)



Meses atrás leíamos en un blog amigo frecuentemente citado aquí, un artículo buscando “culpables” de la evolución de la música en las últimas décadas en el que se nos daba un primer sospechoso en la figura de Gyorgy Ligeti. En la entrada se aportaban pruebas sobradas de su implicación en los “hechos” juzgados. No añadiremos ni una coma a ese magnífico artículo pero no podemos conformarnos con la inculpación de un solo sujeto ya que creemos que los “delitos” que se le imputan son demasiado amplios como para que la carga de los mismos recaiga sobre un único implicado. El análisis de los hechos, nos ha llevado hasta un segundo “sospechoso” (seguro que apareceran más) en la figura de un controvertido ¿músico?, ¿compositor?, ¿showman?, ¿artista? del que hablaremos largo y tendido a continuación.

John Milton Cage senior fue un inventor norteamericano que, probablemente, no aparecería en ningún libro de historia por sus creaciones pero que, sin embargo, suele ser mencionado por otros motivos. Se cuenta que una de las frases que repetía a su hijo era: “si alguien te dice “no se puede” te está señalando, precisamente, el camino que tienes que seguir”. Esa falta de respeto por lo preestablecido que inculcó a su descendiente tiene mucho que ver con la carrera que éste emprendería poco después y que le iba a llevar a ser una de las figuras más importantes, rupturistas e influyentes de la historia de la música del pasado siglo XX.


John Cage, con cara de no haber roto un plato.
El joven John Cage fue un personaje tremendamente inquieto y, contrariamente a lo esperado, la música no fue, ni mucho menos, su interés más importante. Ciertamente, asistió a clases de piano pero las horas de ensayo y repetición para interpretar una pieza no le convencían en absoluto así que se centró en la literatura. A pesar de graduarse con las mejores calificaciones, tampoco parecía que ese campo fuera suficientemente atractivo para Cage, al menos la actividad que desarrollaba dentro del ámbito académico. Como alternativa, propuso a sus padres que le permitiran hacer un largo viaje por Europa para aprender y reunir experiencias que le dieran la base para convertirse en el gran escritor que quería ser. Lo curioso del tema es que la etapa europea de Cage le llevó a descubrir la arquitectura, la pintura o la poesía y, finalmente, la música, de la mano de compositores vanguardistas como Stravinsky aunque también descubriendo a Bach.

No es un dato que se suela mencionar mucho pero las primeras composiciones propias de Cage fueron creadas en España, concretamente en Mallorca, y fue la etapa española del músico la que le inclinó definitivamente hacia la música y, más concretamente, hacia la música como acompañamiento de otras artes escénicas como la danza o el teatro. Cage solía recordar un paseo por Sevilla como el momento clave en el que decidió cuál sería su futuro. De regreso a EE.UU. Cage retomó su formación musical de un modo casi obsesivo e intentó recibir clases de Henry Cowell. Éste le remitió a un discípulo de Arnold Schoenberg con quien empezó a trabajar. Poco después, John Cage y el propio Schoenberg trabajaron juntos.

La obra de Cage es un compendio de influencias de toda procedencia, desde la arquitectura a las filosofías orientales, el “I Ching”, la danza, el concepto de azar, la indeterminación, etc. Todos estos elementos se reunen en su música y se menifiestan en las formas más diversas. Uno de los ejemplos clásicos es una invención de Cage llamada “piano preparado”. Se trata de un piano de cola en cuyas cuerdas, el intérprete introduce diversos objetos (cubiertos, bolas metálicas, tornillos, etc.) de modo que, al comenzar la interpretación de la pieza, ni siquiera él mismo sabe cómo sonará exactamente cada nota ya que todas las características del sonido han sido alteradas por la manipulación del instrumento. Siempre que se habla de Cage, se termina haciendo mención a su uso del silencio aunque esto no deja de ser impreciso. Para el músico, el silencio no existe. Contaba el propio compositor cómo en una ocasión durante una visita a la universidad de Harvard, entró en una cámara anecoica para experimentar el silencio absoluto. La experiencia fue un pequeño fracaso (o un gran éxito, según se mire) que dio origen a toda una nueva filosofía en Cage. En lugar de experimentar la sensación de silencio absoluto que esperaba, el músico escuchó dos tipos de sonido, uno grave y otro agudo. El técnico de sonido le explicó que eran sonidos procedentes del propio cuerpo de Cage, uno se correspondía con la circulación de la sangre y el otro es un efecto propio del funcionamiento del sistema auditivo llamado tinnitus o acúfeno. La constatación de la imposibilidad física del silencio, llevó a Cage a experimentar con los sonidos que se perciben cuando no hay sonido, valga la paradoja, y a incorporarlos a su música, algo que llevó al extremo en la que quizá sea su pieza más conocida y que siempre se menciona cuando se habla del músico, razón por la cual, la vamos a obviar a partir de ahora.


¿A quién se le ha caído la caja de herramientas en el piano?
 El espíritu visionario de Cage se manifiesta en una afirmación tan descabellada y, sin embargo, tan proféticamente exacta como la que hizo en 1937: “Creo que el uso de ruidos en la composición musical irá en aumento hasta que lleguemos a una música producida mediante instrumentos eléctricos, que pondrá a la disposición de la música cualquier sonido y todos los sonidos que el oído pueda percibir.”

La influencia de Cage en nuestros días es abrumadora. La obra de artistas como Brian Eno, no deja de ser, en cierto modo, una extensión de la de Cage (recordemos que Obscure Records, sello del músico británico, publicó una gran cantidad de obras de Cage en los 70). Buena parte de los pioneros de la experimentación electrónica citan a Cage como fuente de inspiración y ¿qué es el Rozart Mix compuesto por Cage en 1965, sino un anticipo de toda la era del sampling que muchos sitúan en los años 80? ¿no vemos claramente el ambrión de las remezclas, tan populares hoy que no se concibe un disco de éxito sin sus correpondientes “versiones” a cargo de distintos deejays, en el “Credo in Us” de Cage de 1942? ¿Sospecharían los aficionados a la música electrónica al escuchar el “Imaginary Landscape No.1 de nuestro músico que la pieza data de 1939?

"Rozart Mix"

"Credo in Us" Pero... esto no es de Cage... ¿o sí?


"Imaginary Landscape No.1"


En el blog tenemos costumbre de centrar cada entrada en un disco en concreto. Para ilustrar la carrera de Cage, hemos pensado un reciente lanzamiento del sello Brilliant publicado en 2010 en el que el pianista Giancarlo Simonacci repasa obras para piano “convencional” de Cage que abarcan practicamente todos los años de la carrera de su autor. Creemos que piezas con un formato más convencional como es el del piano, pueden servir de iniciación a Cage más fácilmente que otras más complejas al lector interesado. Se trata de una caja de tres CDs que complementa otros dos lanzamientos del mismo sello de años anteriores en los que Simonacci repasa la obra de Cage para piano preparado y para piano con acompañamiento vocal y de violín.

La obras contenidas en el primer disco son: “Three Easy Pieces” (1933), ejercicio pianístico de brevísimas piezas consistentes únicamente en una melodía para una sóla voz lo que se repite en “Quest” (1935). “Metamorphosis” (1938) es una de las escasas piezas dodecafonistas de Cage, aunque no tiene mucho que ver con los postulados de su maestro Schoenberg aparte de este hecho. El resto de piezas son “Jazz Study” (1942), “Triple Paced” (1943, primera versión), “Ad Lib” (1943), “Soliloquy” (1945), “Ophelia” (1946), “Two Pieces” (1946), “In a Landscape” (1948), “Dream” (1948), “Suite for Toy Piano” (1948) en su versión para piano convencional, “Seven Haiku” (1951), “For M.C. and D.T.” (1952) y “Waiting” (1952). En ellas podemos ver la evolución del estilo de su autor en estas décadas. Algunas de ellas como “In a Landscape” se han convertido en clásicas y forman parte del repertorio de muchos intérpretes contemporaneos.




El segundo disco contiene una transcripción para dos pianos hecha en 1968 por Cage de  “Socrate” obra para piano y voz de Erik Satie, compuesta en 1918, con la que el compositor norteamericano salda en cierto modo la deuda estilística que mantenía con el francés, una de sus principales influencias, especialmente el lo que a la música para piano se refiere. Cage, en su faceta de musicólogo, fue el responsable de un cierto repunte en la popularidad de la música de Satie en su momento, algo olvidada hasta que Cage dirigió los focos hacia ella. Junto con Simonacci, interpreta “Socrate” la pianista Gabriela Morelli. Junto con esta transcripción, tenemos también la pieza original “Cheap Imitation” (1969), una especie de recopilación de todas las técnicas empleadas por Cage en su música para piano hasta ese momento con su marca de fábrica muy presente: una simplicidad totalmente intencionada y ausencia absoluta de virtuosismo.

El tercer CD nos deja tres versiones de los “Etudes Boreales”, de 1978. La primera para piano sólo, la segunda para cello y la tercera para ambos instrumentos. El cellista escogido para la ocasión es Marco Simonacci. Los estudios estaban dedicados por Cage al percusionista Michael Pugliesi quien, además, fue el encargado de estrenar la versión para piano en su momento en una demostración más del papel que el azar tenía en la música del autor. Paradójicamente, la partitura de la obra en ésta versión, indicaba al milímetro todo lo que debía hacer el intérprete durante la ejecución por lo que la libertad del mismo quedaba totalmente limitada.

Sirva esta entrada como presentación de John Cage, compositor fundamental cuya obra se ha frivolizado en muchas ocasiones. Como bonus, os vamos a regalar una interpretación exclusiva de la obra más conocida de Cage. Sólo teneis que pulsar el botón de "Start / Stop" de aquí debajo y escuchar muy, muy atentamente. Transcurridos exactamente 4 minutos y 33 segundos, debeis pulsar de nuevo el mismo botón.


Si habeis seguido las instrucciones anteriores correctamente acabais de asistir a vuestra personal e intransferible versión de la obra más citada del músico norteamericano. Enhorabuena.

Si, por el contrario, preferís escuchar las versiones de Simonacci, podeis adquirir la caja de tres discos aquí:

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