miércoles, 30 de octubre de 2013

Philip Glass - Naqoyqatsi (2002)




Na-qoy-qatsi: Del idioma Hopi. 1. Un tipo de vida que sucede a otro 2. La guerra como forma de vida. 3. (interpretación libre) Violencia civilizada.

Recientemente dedicamos una entrada al segundo concierto para violonchelo de Philip Glass y desde ese momento creemos que quedó algo coja sin una referencia más amplia a la banda sonora de la que procedía aquella partitura que, al mismo tiempo, se trata de una de nuestras obras favoritas de los últimos años de la producción del compositor norteamericano.

Lo cierto es que los movimientos del concierto calcaban las partes de la banda sonora con su mismo título y sólo experimentaban una reducción en su duración. Por ello, no nos extenderemos demasiado en esas partes, quedando comentadas en la entrada correspondiente al concierto.



La tercera de las películas de la trilogia “-qatsi” dirigida por Godfrey Reggio nos mostraba el brutal contraste entre la vida natural y nuestra actual vida tecnológica. Mientras que la naturaleza es diversa y sorprendente a cada paso, la humanidad ha terminado adoptando la tecnología artificial como modo de homogeneización. La película gira sobre lo que debería ser un medio para obtener un fin y que se ha convertido en un fin en sí mismo sin mayores aplicaciones prácticas, sobre la tecnología como medio de vida y no como herramienta. Es curioso el contraste puesto que en las dos primeras bandas sonoras, Glass utilizaba sintetizadores por doquier y, precisamente ahora, cuando se trata de ilustrar un mundo tecnificado hasta el extremo, opta por un enfoque mucho más tradicional.



Para la interpretación de la música que sonaría acompañando a las imágenes de Godfrey Reggio, Glass contó con una mezcla entre su Philip Glass Ensemble y una orquesta convencional. Integraban la primera de las formaciones: Lisa Bielawa (voz), Jon Gibson (saxo soprano), Richard Peck (saxo tenor), Andrew Sterman (flautas, clarinete), y Michael Riesman (teclados). El solista era, nada menos que Yo-Yo Ma, uno de los más prestigiosos y populares violonchelistas del momento sin lugar a dudas.

“Naqoyqatsi” – La principal diferencia entre la versión de la película y el concierto radica en las profundas voces graves del comienzo, repitiendo una y otra vez el título del film, al igual que ocurría con sus hermanos “Koyaanisqatsi” y “Powaqqatsi”. El resto es muy similar aunque en la banda sonora escuchamos en muchos momentos un pulso electrónico simulando un latido de corazón continuo.

“Primacy of Number” – Uno de los mejores temas de la banda sonora quedó fuera del concierto, evidentemente por la poca presencia del chelo en él. Escuchamos unas cuerdas llenas de dinamismo en un corte rítmico y vivaz en el que el arpa de boca marca un ritmo frenético que es seguido por la orquesta en pleno con la ayuda de las percusiones y los sintetizadores. Mediada la pieza aparece el violonchelo acompañando al resto de instrumentos y sin destacar en exceso dentro del conjunto.



“Massman” – Fragmento que fue adaptado como segundo movimiento del concierto y que no presenta diferencias sustanciales con aquel, salvo en la duración, reducida para la ocasión en el trabajo ya comentado.

“New World” – Como en los otros casos, apenas hay diferencia entre este corte y el movimiento correspondiente del concierto, especialmente si tenemos en cuenta que ambos son piezas escritas casi íntegramente para chelo solo.

“Religion” – Con un protagonismo casi absoluto de las percusiones (marimbas, vibráfonos y xilófonos) comienza otro de los movimientos no incluidos en el concierto. Una lástima puesto que escuchamos aquí una de las mejores y más complejas líneas melódicas de toda la obra con un Glass ciertamente inspirado. Aparece entonces la orquesta en un pasaje sensacional que termina regresando a la melodía central que comienza a experimentar variaciones a cual más interesante combinándose una y otra vez con las percusiones. Un corte excepcional cuya configuración instrumental, a buen seguro, desaconsejó su adaptación al “Concierto Nº2 para cello y orquesta”.



“Media Weather” – Con una solemnidad casi ceremonial escuchamos los primeros compases de una pieza llena de majestad. El violonchelo dirige desde el principio y la orquesta se mece a su ritmo. La música pude recordarnos ligeramente en estos instantes a alguno de los cuartetos de cuerda del músico y lo cierto es que bien podría adaptarse a ese formato ya que sólo las cuerdas de la orquesta le dan réplica al solista durante buena parte de la misma. Aparecen después los metales prolongando el momento extático, acentuado puntualmente con las percusiones. Sin duda, una de las composiciones más delicadas de toda la obra y una de las más bellas de la discografía reciente del músico. Guarda algunos puntos en común, por qué no decirlo, con otra banda sonora en la que Glass participa parcialmente: la de “El Show de Truman”.

“Old World” – Entramos ahora en una secuencia de dos temas que vieron alterado su orden en la transcripción al concierto para chelo. En la banda sonora escuchamos primero el suave tema interpretado por Yo-Yo Ma con las cuerdas como sutil acompañamiento. Como curiosidad, son precisamente “New World” y “Old World” los únicos movimientos alargados por Glass en la conversión a concierto, frente al resto que son sustancialmente recortados.

“Intensive Time” – La principal diferencia de este tema frente al que ya comentamos del “Concierto para Cello” radica en la presencia de Alessandra Montano, soprano que le da un aire diferente a la pieza, dialogando en varios momentos con Yo-Yo Ma. El papel de la voz de la cantante pone este tema en estrecha relación con obras previas del músico como “1000 Airplanes on the Roof” donde este recurso tenía un papel fundamental. En cualquier caso, la calidad del movimiento es tal que aún sin este importante elemento, esta composición es una de nuestras favoritas tanto de la banda sonora como del concierto.

“Point Blank” – Siempre nos llamó la atención que fuera este uno de los fragmentos de la banda sonora que Glass decidiera transcribir para su concierto ya que, ni tiene una parte para violonchelo especialmente destacada (de hecho, en el concierto es prácticamente nueva) ni nos parece la más inspirada de las piezas posible. En la banda sonora es el corte más largo con diferencia y fue severamente recortado en la reescritura ya comentada. Nos quedamos con la parte final en la que aparece el coro como lo más interesante de este segmento de la partitura para la película.

“The Vivid Unknown” – Contrariamente al anterior, este corte tiene casi la forma de una suite para violonchelo con lo que su adaptación al formato de concierto era casi natural. En sí mismo contiene realmente varios movimientos distintos siendo un magnífico cierre para el concierto ya comentado aunque no tenía reservada esa misma función en la banda sonora.

“Definition” – A modo de cierre, volvemos a escuchar ese apagado latido que referíamos en los primeros instantes del disco mientras Yo-Yo Ma recupera la melodía inicial para cuadrar el círculo con una versión reducida del tema que abría la obra que se despide así, de modo similar a las dos primeras partes de la trilogía, con la voz de Al de Ruiter declamando el título de la película.


Pretendemos que esta entrada sea un complemento a la recientemente dedicada al “Concierto para Violonchelo nº2” de Philip Glass, adaptado de esta banda sonora. No tenemos nada claro cuál de los dos discos recomendar al lector que se acerque ahora a esta obra pero, quizá por el cariño que le tenemos, nos quedamos con la banda sonora hoy comentada. Está disponible en los enlaces habituales.

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Como despedida os dejamos con el trailer de la película:

domingo, 27 de octubre de 2013

Dead Can Dance - In Concert (2013)



Seguimos tratando de no perder de vista los lanzamientos que se han producido en los últimos meses y hay uno muy interesante que se nos empezaba a quedar antiguo. Se trata de “In Concert” de Dead Can Dance: disco doble en directo como sugiere su título, de gran interés para aquellos que se hayan enganchado al dúo con “Anastasis” ya que repasa ese disco al completo junto con otros cortes procedentes de trabajos anteriores.

El disco se grabó en la extensa gira que siguió a la publicación de “Anastasis” y tiene diferentes ediciones por lo que tenemos que explicar el contenido de cada una para evitar confusiones. Existe una primera versión de once cortes con una selección de lo mejor de los conciertos, una segunda en disco doble con lo que suponemos que era el “tracklist” completo de una actuación “tipo” de la gira y una tercera edición como complemento de “Anastasis Deluxe Edition” que contenía el disco de estudio acompañado del primero de los discos comentados, el directo de un solo CD.

No queda nada de la antigua banda que acompañaba a Brendan Perry y Lisa Gerrard en la primera etapa de Dead Can Dance que ahora es más escasa de efectivos, reclutados buena parte de ellos del grupo de músicos que colabora habitualmente con Astrid Williamson, quien también participa en el tour. Astrid interpreta teclados y algunos coros. Se trata de una cantautora apadrinada en su momento por John Cale y que ha trabajado con artistas del entorno de Brian Eno como Jon Hopkins. En 2010 se incorporó a la gira de Brendan Perry en la que presentaba su disco “Ark” y a partir de ahí, forma parte del núcleo más próximo a Dead Can Dance aportando, además, a dos de sus colaboradores habituales: el batería Dan Gresson (quien también ha tocado con Brian Eno) y el bajista Richard Yale. Completan la banda el compositor y teclista Jules Maxwell, participante también en anteriores giras de Perry en solitario, y el percusionista y experto en el “hang drum”, David Kuckhermann, único de todos ellos que también tocaba en “Anastasis”.

Formación de Dead Can Dance para la reciente gira

“Children of the Sun” – Comienza el disco con una de las canciones insignia de “Anastasis” en una versión que, como ocurrirá con todas las procedentes de ese trabajo, es tremendamente fiel a la original. Demasiado, diríamos, ya que apenas hay diferencias ni arreglos que nos llamen la atención. Reconforta, eso sí, comprobar cómo la voz de Brendan Perry sigue tan poderosa como siempre, incluso en directo.

“Anabasis” – Segundo tema perteneciente a “Anastasis” con especial protagonismo de David Kuckhermann al “hang” y primera intervención de Lisa Gerrard en la que aprovecha al máximo esa capacidad de evocación de su voz, sin comparación en el panorama actual. La melodía posee un sabor árabe indiscutible que evidenciaba el giro que había experimentado la banda hacia esos sonidos en su último disco de estudio abandonando la inspiración medieval de trabajos anteriores. En cualquier caso, se trata de una canción con el inconfundible sello de Dead Can Dance.

“Rakim” – Nos encontramos ahora con el primero de los temas pertenecientes a anteriores trabajos del grupo, concretamente a uno publicado en el anterior disco en directo que llevó el título de “Toward the Within”. Ya entonces fue uno de los momentos culminantes del disco y es que se trata de una pieza extremadamente bien construida. Con un drone como fondo a partir del cual comienza a sonar un exótico instrumento de cuerda durante unos minutos se va tejiendo un tapiz fantástico. Aparece entonces una poderosa maquina rítmica que marca un latido constante que es el punto de partida para la voz de Brendan. Prosigue la canción con solemnidad y aparece de un modo brillante Lisa Gerrard tarareando una preciosa melodía que se combina con la que ya cantaba nuestro vocalista para cerrar una gran canción, interpretada magistralmente.

“Kiko” – Volvemos a “Anastasis” con otro de los temas de influencia árabe que enlazará perfectamente con el siguiente. Como ocurría con los anteriores, de no ser por alguna pequeña diferencia en las percusiones, la versión es casi calcada a la de estudio. Con todo, sigue siendo una canción impresionante y a la medida de Lisa Gerrard.

“Lamma Bada” – Aparecen en el disco tres piezas inéditas la primera de las cuales es esta versión de un tema tradicional árabe, de origen andalusí, según algunas fuentes. La canción ha sido interpretada en multitud de ocasiones por músicos de diferentes estilos incluyendo, por ejemplo, a Radio Tarifa. Dead Can Dance optan por una versión sobria con gran peso de las percusiones y una interpretación a cargo de Brendan Perry más que correcta aunque quizá no sea su registro vocal el más adecuado para esta melodía. No deja de ser, en todo caso, una declaración de intenciones muy clara su inclusión en el repertorio de los conciertos confirmando la nueva orientación de la banda.

“Agape” – Cerrando en cierto modo la sección “árabe” del concierto, llegamos a otro de los cortes procedentes de “Anastasis”. Al contrario que en los anteriores, ahora sí que encontramos diferencias en cuanto a los arreglos que radican principalmente en la percusión y el bajo, mucho más intensas aquí, y en el tempo, ligeramente acelerado en la adaptación para concierto de la canción. Quizá por ello, acostumbrados como estábamos a la interpretación del disco, nos resulta algo extraña esta revisión.

“Amnesia” – Una de nuestras canciones favoritas de “Anastasis” aunque lo cierto es que tenía más en común con discos como “Ark” de Brendan Perry en solitario que con la música habitual del dúo. Aquí suena más potente que en la versión de estudio aunque no encontramos diferencias notables entre ambas interpretaciones. Quizá sólo ese ambiente inconfundible del sonido directo es el que le da ese vigor adicional. En cualquier caso, sigue siendo una canción muy disfrutable.

“Sanvean” – Llegamos ahora al que fue uno de los temas más emocionantes de la primera etapa de Dead Can Dance en el que Lisa Gerrard hace una interpretación absolutamente magistral, entregada e inspirada a partes iguales y no exenta de dificultad por el amplio rango vocal que requiere de la cantante. No llegó a aparecer en su momento en ningún disco de estudio del dúo pero poco después de formar parte del directo “Toward the Within”, la propia Lisa lo grabó para su disco de debut en solitario “The Mirror Pool”. Casi veinte años después, la canción sigue sonando igual de maravillosa.

“Nierika” – Abriendo el segundo disco del concierto encontramos uno de los temas principales de “Spiritchaser”, el trabajo que para muchos iba a ser el último del grupo antes de su separación que finalmente fue sólo temporal. Se trata de un tema basado en los ritmos y las percusiones, de influencia africana y con un extraordinario trabajo vocal a cargo del dúo y sus colaboradores y uno de los mejores de todo el concierto.

“Opium” – Volvemos a “Anastasis” y a otra de las canciones con el sello personal de Brendan Perry muy presente. La canción mantiene todas las cualidades de la versión original pero añade unas voces muy interesantes de fondo en determinados momentos que no llegan a interactuar con la de Brendan pero aportan un aire diferente a la pieza.

“The Host of Seraphim” – Publicada originalmente en “The Serpent’s Egg”, para muchos fue la composición con la que escucharon por primera vez a Dead Can Dance al aparecer como tema central en la banda sonora de la película-documental “Baraka”. Se trata de otra de esas piezas escritas para mayor gloria de Lisa Gerrard, llena de misterio y emoción y que cuenta en esta versión con una interesante introducción con juegos vocales que no aparecían en la original. Sin duda y por todo lo dicho anteriormente, otro de los puntos culminantes del concierto. La parte final con las voces de Lisa y Brendan combinadas de un modo casi mágico son, probablemente, parte de las fuentes de inspiración para discos de otros artistas como el recientemente comentado aquí, Neonymus.

“All in Good Time” – Quizá la canción que menos encajaba en “Anastasis” era esta balada de Brendan Perry, extremadamente pausada, que aquí se nos presenta en un formato casi calcado al del disco de estudio. Un descanso antes de afrontar la parte final del trabajo en la que iba a haber alguna sorpresa.

“The Ubiquitous Mr.Lovegrove” – Con alguna errata en el título de la canción que figura en la contraportada del disco se presenta el único tema procedente de “Into the Labyrinth”. Tenemos la sensación de que buena parte del mismo está conformada por “samples” tomados directamente de aquel trabajo ya que la instrumentación es sustancialmente diferente de la que interpretan los integrantes de la banda en la gira aquí documentada. En los conciertos era el primero de los “bises” y cumplía perfectamente con esa función al ser una de las canciones más conocidas del que posiblemente fuera el disco supuso la cima de la popularidad de Dead Can Dance en su momento. Al margen del uso más o menos discutible de los “samples” en perjuicio de nuevos arreglos adaptados a la formación actual de la banda, la versión es más que correcta.

“Dreams Made Flesh” – En la parte final del concierto podemos escuchar un par de versiones. La primera sería este tema aparecido en el disco “It’ll End in Tears” de This Mortal Coil. La particularidad del “grupo” es que no era tal sino que se trataba del nombre bajo el cual publicaba el sello 4AD una serie de discos interpretados por distintos músicos de la compañía. En el caso de esta canción, la compositora e intérprete era la propia Lisa Gerrard por lo que todo queda en casa.

“Song to the Siren” – En ese mismo disco aparecía una sensacional versión de esta canción de Tim Buckley a cargo de los miembros de Cocteau Twins. Sin embargo, Dead Can Dance prefiere acercarse aquí al original de Tim con Brendan como intérprete a pesar de que Lisa podría haber realizado un trabajo muy similar al de Elisabeth Fraser de habérselo propuesto. Magnífica canción y buena versión en todo caso.

“Return of the She-King” – El tema más épico de “Anastasis” es el elegido para cerrar el directo. Como ocurría en su versión original, el aire de banda sonora de la canción no nos termina de convencer y sólo una excepcional segunda mitad de la pieza evita que la pongamos una hipotética cruz.

Actuación de Dead Can Dance en el festival de Coachella, cortesía de www.deadcandance.com


Tomado en su conjunto y de una forma independiente, no creemos que la publicación de un disco en directo como este fuera necesaria. Aparte de que el contenido es en un 50% el último disco y en versiones muy similares a las de este, los temas ajenos al mismo, siendo representativos de la trayectoria del grupo, se nos antojan escasos, máxime si tenemos en cuenta que hay tres piezas inéditas. Por ello, tampoco termina de funcionar como recopilatorio a partir del cual enganchar a nuevos fans. A pesar de todo, nosotros, como seguidores de la banda desde hace muchos años hemos acogido bien el trabajo y lo disfrutamos de cuando en cuando. Si queréis haceros con él os dejamos los enlaces a sus tres versiones: disco simple, disco doble y edición deluxe de “Anastasis” con el disco de estudio y el disco simple en directo:

Disco Simple (amazon.es)

Disco Doble (amazon.es)

Anastasis Deluxe (amazon.es)

miércoles, 23 de octubre de 2013

No-Man - Together We're Stranger (2003)



Nadie hace música como la de No-Man. Desde el momento en que hacemos una afirmación como esa sabemos que es errada, casi por definición pero lo cierto es que no conocemos muchas bandas dentro del pop con un estilo tan particular, preciosista e íntimo como el del dúo formado por Tim Bowness y Steven Wilson. Con una discografía ciertamente escasa para lo largo de su trayectoria ya, han tocado un buen número de géneros, especialmente en sus primeros discos, hasta asentarse más recientemente en una música pop deliciosa, intensa y apasionada llena de clase en la que la forma de cantar de Bowness, entregado hasta el extremo, es fascinante. Ya han aparecido por el blog en unas cuantas ocasiones por lo que no necesitan mayor presentación.

El disco que traemos aquí hoy fue el debut del dúo con el sello Snapper que ya publicaba los trabajos de Porcupine Tree en aquel entonces. Supuso, además, una radicalización de una faceta que era el gran hallazgo de No-Man y que hacía que los críticos no encontraran una denominación adecuada para la música del grupo: un sonido cercano al ambient con unos textos llenos de melancolía y una música tierna y evocadora sin ningún complejo ni miedo a parecer por ello sentimentales. Atrás quedaban ya los escarceos con el rock progresivo de “Flowermouth” o los experimentos electrónicos de “Wild Opera”. Bastaba echar un rápido vistazo a la lista de músicos que participan en el disco para darse cuenta de la orientación del trabajo: Tim Bowness (voz), Steven Wilson (voces, guitarras, teclados y un poco de todo lo demás), Michael Bearpark (guitarra en el tema inicial), Stephen Bennett (órgano, platillos y ruidos varios), Ben Castle (clarinetes y flauta), Peter Chilvers (bajos), Roger Eno (armonio) y David Picking (trompeta, percusión y sonidos electrónicos en general).

Portada original del disco, con similar tema y distintos colores de la más reciente edición.

“Together We’re Stranger” – El disco aparece dividido en una suite inicial de cuatro temas encabezados por el que da título al trabajo. Comienza con una serie de ruidos que desemboca enseguida en un segmento ambiental muy agradable a base de sintetizadores que poco a poco deja paso al sonido del órgano y a unas guitarras atmosféricas. Es entonces cuando Bowness declama un breve texto. Suenan acordes de guitarra como sacados de una escena de David Lynch acompañando a otros sonidos más ácidos procedentes también de ese instrumento pero en un estilo claramente deudor del de Robert Fripp quien, no en vano, colaboró en trabajos anteriores del dúo. Con sonidos burbujeantes y un distorsionado clarinete se va despidiendo un excelente tema que enlaza sin solución de continuidad con el siguiente.

“All the Blue Changes” – La respiración del intérprete, probablemente a través del clarinete, se combina con el piano y una percusión muy básica para formar con el añadido del bajo el armazón sobre el que se construye la siguiente canción. Aparece la guitarra imbuida del espíritu rítmico de los U2 de “The Joshua Tree” anunciando una ruptura que nunca llega a producirse. En lugar de eso, se siguen sumando instrumentos, coros de mellotrón, etc. para terminar conformando un crescendo continuo de una intensidad que crece progresivamente.

“The City in a Hundred Ways” – Llegamos así a un interludio instrumental protagonizado por los clarinetes de Ben Castle que interpretan una melodía sutil, de estilo minimalista que nos recuerda en cierto modo a la obra maestra de Gavin Bryars: “The Sinking of the Titanic”.

“Things I Want to Tell You” – Cerrando la suite, tenemos el último corte en el que son las guitarras (y, probablemente el “autoharp”, instrumento muy del gusto de Wilson) las que se combinan de manera reposada y sutil sobre un fondo electrónico. Tim Bowness tiene así el entorno perfecto para entonar, más que cantar, sus particulares textos. Llegados a este punto, podemos ver la suite central del disco como una extensión de los discos de Bass Communion (proyecto ambient de Wilson) pero con la voy y las letras de Bowness, que lo convierten en algo muy especial.



“Photographs in Black and White” – La segunda parte del disco se acerca algo más a un pop convencional, siempre que tengamos claro que estamos hablando de dos artistas que pueden ser cualquier cosa menos convencionales. Lo cierto es que suena una guitarra acústica como la que podría tocar cualquier cantautor y la melodía que canta Bowness se ajusta por una vez a los tópicos estrofa-puente-estribillo e incluso cuenta con su solo instrumental por parte de Ben Castle. Es en este tema en el único que interviene Roger Eno al armonio (lo hace en otro corte más si compramos la versión más reciente que incluye temas extras en un DVD audio adicional). Tras la parte más o menos “normal” del tema, entramos en una espectacular coda final muy oscura y absolutamente maravillosa, hasta el punto de convertirse en uno de los momentos culminantes del disco.

“Back When You Were Beautiful” – De vez en cuando, No-Man nos sorprenden con baladas de una factura impecable como es ésta en la que Wilson hace algunos coros. La canción experimenta una evolución constante desde los primeros instantes en los que los teclados arropan (casi acunan) a la voz de Bowness hasta la segunda parte en la que se queda solo con la guitarra y un tramo final con coros angelicales y lo que parece un banjo dando la réplica al cantante.



“The Break-Up for Real” – Cerrando el disco tenemos la canción con mayor presencia del sello de Steven Wilson que toma muchos elementos de Porcupine Tree o Blackfield pero que se entiende mejor como un anticipo de los trabajos publicados más recientemente por el artista en solitario.

Cuando críticos de todo pelaje y filiación no se ponen de acuerdo a la hora de clasificar la música de una banda es que algo de especial hay en ella. En el caso de No-Man su música se ha etiquetado como proto-trip-hop, ambient, electro-pop, art-rock, dream pop, trip hop, synth-pop, post-rock, minimalism trance... lo que da una idea de lo inclasificable, en realidad, de su propuesta. El disco está disponible para su adquisición en los siguientes enlaces:

amazon.es

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Nos despedimos con una versión en directo de "All the Blue Changes":