miércoles, 29 de julio de 2015

Puck Fair - Fair Play (1987)



Antes de formar parte de Nightnoise, Brian Dunning tenía un grupo de música jazz en Nueva York llamado Puck Fair. A pesar de que la banda sigua activa en nuestros días, sólo disponemos de dos discos publicados por el flautista bajo ese nombre en los más de 30 años que hen pasado desde que el grupo se juntó por primera vez. Dunning, dublinés de nacimiento, es un de los más grandes flautistas de su generación lo que le permitió estudiar con los mejores, entre otros, con el legendario James Galway aun en Irlanda. En aquel tiempo, se convirtió en el primer músico de jazz en obtener una beca del Irish Arts Council, lo que le permitió completar su formación en el Berklee College of Music en Boston. Tras finalizar sus estudios tocó con los mejores representantes de estilos muy diversos, desde Van Morrison hasta Jaco Pastorius probando suerte incluso como solista de orquesta con directores como el mismísimo Stockhausen.

En 1984 formó Puck Fair junto con otros colegas pero la banda nunca tuvo una formación demasiado estable. Fue algo después, cuando Dunning se incorporó a Nightnoise en 1986 cuando se decidió a grabar por primera vez en solitario bajo ese nombre aunque realmente, no podemos considerar a este primer Puck Fair discográfico como una banda real ya que su vida se limitó a la grabación de un disco, el que comentamos hoy, titulado “Fair Play”. Durante varios meses de 1986, Dunning se unió a Mícheál Ó Domhnaill, Billy Oskay y Tríona Ní Dhomhnaill para grabar “Something of Time”, primer disco de Nightnoise como cuarteto. En diciembre de ese año, concluído aquel trabajo, Dunning reclutó a Mícheál y Billy para grabar su primer disco, de sonoridad por fuerza cercana a la de los propios Nightnoise pero con un toque más jazzistico. Junto a las flautas de Brian Dunning, podemos disfrutar en el trabajo de la guitarra y el tin whistle de Mícheál Ó Domhnaill, el violín y la viola de Billy Oskay (también productor del disco), las percusiones de Tommy Hayes y el piano de Gordon Lee en un par de cortes.

Brian Dunning


“Stepping Stone / Ken's Comb” - El comienzo del tema podría pertenecer a cualquier disco de Nightnoise, especialmente por lo inconfundible de la guitarra de Mícheál. El “bodhran” de Tommy Hayes marca las primeras diferencias importantes y sienta las bases para la primera intervención de Brian Dunning a la flauta, soberbio como de costumbre completando así la participación de los tres autores de la pieza en su ejecución. La segunda parte de la misma, es una composición del músico irlandés Mike Nolan.

“Doll's Waltz” - A base de juegos entre distintos tipos de flautas construye Dunning esta excelente pieza en dos partes, la primera, suave y lenta se centra en los citados juegos mientras que la segunda, marcada por la sección rítmica de O' Domhnaill y Hayes, con Dunning ya en la flauta travesera, nos muestra su faceta improvisadora partiendo de aires tradicionales.



“McMinimal's Reel” - Especialmente brillante se muestra el flautista en esta mezcla de música tradicional y minimalista en la que guitarra percusión y piano aportan un ritmo frenético en el que Brian Dunning se siente como pez en el agua. Una composición magistral no demasiado lejana alguna de las que Tríona Ní Dhomhnaill solía componer para Nightnoise en aquellos años.



“Spanish Arch / A Waltz, B Reel” - Segunda pieza del disco firmada por el trío central de músicos y también la más larga del trabajo. Hay algo de ritmo flamenco en la base del primer tema a cargo de Tommy Hayes y parece que también Mícheál quiere acercarse algo al género con la guitarra pero con un respeto que evita que caigan en el ridículo tan habitual en estos casos. El segundo motivo se convirtió poco después en un clásico del repertorio de Nightnoise bajo otro título en el disco “Shadow of Time”. Tras él escuchamos brevemente otra pieza recuperada con posterioridad en ese mismo disco antes de entrar en el tramo final, con una mezcla de jazz y folk brillante como pocas seguida de una melodía arrebatadora en la que escuchamos al mejor Dunning, con esa épica que más tarde derrocharía en sus discos en compañía del sintesista Jeff Johnson. Un breve retorno a la melodía anterior sirve para cerrar una de las mejores piezas, sin discusión, de todo el trabajo.



“Paddy's Green Shamrock Jungle” - Tommy Hayes firma con Dunning el siguiente corte y se nota. La percusión es la principal protagonista del mismo a través de una combinación de ritmos y sonidos verderamente interesantes. Hayes es uno de los más grandes percusionistas en su género como ha demostrado en todo tipo de discos, incluyendo alguno propio que aparecerá por aquí en su momento.

“Moondance” - Se atreve ahora Dunning con un clásico de esos a los que es un reto acercarse: “Moondance” de Van Morrison. Lo que hace el flautista con la composición es absolutamente magistral: la desviste de toda la carga de ritmo y fuerza del original en los primeros minutos en los que suena como una suave balada para desatar en el tramo final todas las diabluras de uno de los temas insignia del León de Belfast. En este segmento, la canción podría pasar por un tema tradicional irlandés sin demasiadas complicaciones. El sector final es, quizá, el más personal y aquel en el que el flautista lleva la pieza a su terreno favorito, el del jazz, transformandola hasta dejarla irreconocible en algún momento. Se nos acaban los calificativos con una versión tan rica como esta.

“3x4” - Si en el anterior corte era el Dunning arreglista e intéprete el que se mostraba en estado de gracia, aquí es el compositor, con una melodía magnífica que le permite improvisar entre cada repetición de un modo casi inapreciable. Oskay interviene con algunos toques “country” al violín en determinados momentos sin interferir en absoluto con el resto de la pieza que es, como todo el disco, una verdadera joya.

“The Cur” - No se prodiga demasiado con la flauta de pan nuestro músico pero cuando lo hace, consigue que no suene trillada, incluso en piezas lentas como esta en la que es la única protagonista durante muchos minutos. Ya en la segunda parte aparecen el piano y la percusión para ayudar a dar forma a la melodía que comenzó a desarrollarse en el solo inicial.

“Time O' Night” - Concluye el disco con la pieza más breve. Dunning ejecuta una lenta melodía con aire de canción de cuna que evoluciona son suavidad acompañada del sutil armonio ejecutado por Billy Oskay.


Es posible que cuando se grabó “Fair Play”, Brian Dunning tuviera en mente comenzar una carrera más o menos firme bajo el nombre de Puck Fair. El disco “Something of Time” de Nightnoise era un proyecto más que nada hacía indicar que fuera a ir mucho más allá en el tiempo. Sin embargo, ese trabajo fue muy bien acogido, Dunning pasó a formar parte del cuarteto de forma definitiva y Puck Fair quedó apartado indefinidamente. Un tiempo después, surgió otro proyecto paralelo en el que el flautista formó equipo con Jeff Johnson y juntos lanzaron varios trabajos de modo simultáneo a los de Nightnoise al principio y, tras la desaparición del grupo, ya como principal vía de expresión de las inquietudes musicales de Brian Dunning. En 2008 reapareció Puck Fair con una formación completamente distinta a la que intervino en “Fair Play” por motivos obvios: Mícheál Ó Domhnaill había fallecido tiempo antes. En los meses previos a esa segunda grabación, el nuevo grupo tuvo una notable actividad acompañando a otros músicos y llegaron a participar en un concierto homenaje a Mícheál Ó Domhnaill cuya publicación en disco estaba prevista pero aún no ha tenido lugar. Trataremos de seguir la pista al flautista aunque su actividad se ha alejado mucho de la primera fila (siempre hablando de músicas minoritarias) que llegó a ocupar en los momentos más populares de Nightnoise.

domingo, 26 de julio de 2015

Adiemus - Songs of Sanctuary (1995)



El gran triunfo comercial de Enya a principios de los años noventa tuvo como consecuencia la aparición de imitadores. No nos referimos necesariamente a copias directas de su música ni a calcos de su estilo sino a la proliferación de discos que tenían como base premisas similares: sonidos electrónicos, voces de procedencias exóticas (para los parámetros del pop anglosajón) y conceptos cercanos a la new age como telón de fondo de todo el invento. Otra estrella surgida por aquel entonces y que tuvo mucha influencia en este nuevo movimiento fue Michel Cretú con el proyecto Enigma. Su especialidad era “tomar prestadas” frases musicales completas de cualquier estilo (lo mismo daban cantos gregorianos que de una tribu perdida), revestirlas de una pretendida modernidad con la adición de bases electrónicas y lanzarlas como obras propias.

Con un poco de esto y otro poco de aquello, aparecieron discos más o menos afortunados como “In Existence” de Phil Sawyer bajo el sobrenombre de Beautiful World o los distintos trabajos de Sacred Spirit o Deep Forest. Tuvo que llegar un artista con un importante bagaje tras de sí para tomar elementos y conceptos similares y darles una forma verdaderamente interesante.

Ya hemos hablado aquí de Karl Jenkins, de su trayectoria como miembro de Soft Machine y de su formación clásica como intérprete de varios instrumentos, compositor, arreglista y director de orquesta. Tras un tiempo alejado de los focos y de la fama en el que se dedicó a la música para televisión (en especial para anuncios), Jenkins alumbró un proyecto que partiría de bases similares a las ya citadas y a partir del cual ha desplegado una amplia carrera musical tanto bajo el nombre de Adiemus (denominación del citado proyecto) como bajo el suyo propio. Para el disco de debut de Adiemus, Jenkins contó con dos nombres principalmente: su antiguo compañero en Soft Machine, Mike Ratledge y la cantante sudafricana Miriam Stockley. La trayectoria de la vocalista es, cuando menos, peculiar. Sin llegar a ser nunca una estrella, en calidad de cantante de sesiones ha participado en muchas de las grabaciones más exitosas de los años ochenta y noventa. Prácticamente aparece en los coros de todas las producciones del trío Stock, Aitken y Waterman, factoría de hits a lo largo de toda una década. También ha hecho coros en varias ocasiones para el Reino Unido en el festival de Eurovisión y su voz suena en la banda sonora de “El Señor de los Anillos” (también en el disco citado anteriormente “In Existence”). Como curiosidad, el software de voz de Yamaha “Vocaloid” en su primera versión contaba con tres voces para que el usuario escogiera cuál quería utilizar. Una de ellas, era la de Miriam Stockley. Participan también en el disco Jody Barrett Jenkins (percusión), Mike Taylor (quena), Mary Carewe (coros), Pamela Thornby (flauta dulce) y los miembros de la London Philharmonic Orchestra dirigidos por Robert St. John Wright.

Karl Jenkins (tras el mostacho), Mike Ratledge y Miriam Stockley.


“Adiemus” - La sintonía que Jenkins creó para un anuncio de Delta Airlines abre el disco y sirve, además, de carta de presentación para el mismo en todo el mundo. Un breve canto inicial da paso a la entrada de la percusión y la orquesta que presentan el tema central. A continuación escuchamos las voces dobladas una y mil veces de Miriam y Mary al estilo de lo que hacía (y hace) Enya hasta dar la impresión de estar escuchando un coro inmenso ejecutando un tema de estilo africano. La flauta recrea la melodía central entonces antes de que asistamos a una repetición del motivo principal a cargo del “coro”. Con todas las connotaciones comerciales que puede tener la composición, es un magnífico ejercicio de estilo y una notable pieza musical.

“Tintinnabulum” - El atávico sonido de la campana nos recibe en la siguiente pieza que evoluciona enseguida hacia un “largo” orquestal de gran belleza y profundidad que bebe por igual de Samuel Barber y Henryk Gorecki. Finalizada la introducción vuelven los cantos de inspiración africana acompañados de una sobria percusión, lo que podría denotar una influencia de los trabajos para el cine de Hans Zimmer en aquellos años (pensamos en “The Power of One” y “El Rey León”). El uso de la orquesta por parte de Jenkins es solemne pero sin caer en la ostentación. Una contención que es muy de agradecer. Lo más destacado de la composición, sin embargo, son las polifonías vocales en las que termina evolucionando la pieza hasta conseguir un efecto maravilloso en los últimos instantes.

“Cantus Inaequalis” - La versatilidad vocal de Miriam es aprovechada a la perfección en esta preciosa pieza en la que comenzamos escuchando uno de sus registros más graves antes de entrar en la parte central en la que las cuerdas en pizzicato juegan con las voces en la linea de Enya aunque con un tratamiento algo más clásico. Es buen momento para señalar que todas las partes cantadas carecen de letra y utilizan sonidos fonéticamente armónicos para facilitar la escucha (la gran mayoría de las palabras, por ejemplo, acaban en vocal).

“Cantus Insolitus” - Uno de los movimientos más solemnes del album llega con esta composición que luego fue readaptada por Jenkins para su suite “Palladio” de la que ya hablamos en el blog en su momento. La única diferencia con respecto a aquel arreglo es la presencia aquí de Miriam Stockley en una interpretación sublime de una melodía que nos recuerda a la popular “Vocalise” de Sergei Rachmaninoff.

“In Caelum Fero” - La épica sonora y la espectacularidad de las cuerdas acompañadas de percusión y coros al estilo del citado Zimmer aparece en el el disco de la mano de esta composición, rotunda y arrolladora en la que la orquesta se desmelena por un momento. Como recurso musical no deja de ser algo tramposo pero lo cierto es que disfrutamos enormemente de una pieza como esta que por momentos alcanza un gran nivel.

“Cantus Iteratus” - Con otro inspirado juego de voces como introducción de comienzo el siguiente tema que parece tener sus raíces en la tradición clásica europea pero que evoluciona de forma espectacular con el estribillo, una vez más de sabor africano, y unas percusiones que van subiendo de intensidad. Toda la composición, en realidad, se organiza como un “in crescendo” que termina con gran brillantez.

“Amate Adea” - La formación clásica de Jenkins se hace evidente aquí, en una canción lenta en la que los arreglos orquestales evidencian un claro gusto por las formas barrocas además de una gran capacidad por parte del compositor para manejar los recursos de que dispone. No es de extrañar que sus servicios fueran requeridos años más tarde por artistas como Mike Oldfield para transcribir sus ideas al formato orquestal. La voz de Stockley brilla especialmente aquí mostrando una de las características que más llamaron la atención de Jenkins a la hora de contar con ella para encabezar el “proyecto Adiemus”: su capacidad para cantar a un gran volumen sin vibrato.

“Kayama” - Acercándonos al final del disco, seguimos escuchando piezas con las mismas características que la mayor parte del mismo, coros africanos, percusiones y florituras orquestales de altura. A pesar de lo reiterativo de la fórmula llegados ya a este punto, es esta una de las composiciones más inspiradas de toda la obra.

“Hymn” - Como cierre, Jenkins nos deja el tema más corto de todo el trabajo en el que explota la bellísima voz de Miriam en un tiempo lento lleno de armonías vocales en la más pura tradición de la irlandesa Enya, tantas veces citada en la reseña.

En los comentarios del disco, Jenkins afirma que “El disco “Songs of Sanctuary” es un extenso trabajo coral basado en la tradición europea pero en el que las partes vocales se sitúan en el terreno de la música étnica o “world music”. La idea era mantener algún tipo de unidad temática que vertebrase la obra como un todo unitario en lugar de componer una colección caótica de piezas en forma de canción.”

Podemos afirmar que el objetivo de cumple con creces. Pese a la dificultad de destacar con un trabajo que toma tantos elementos y fórmulas que muchos otros artistas utilizaban en aquellos mismos años, la obra de Jenkins ha cumplido 20 años con una frescura que, por algún motivo, no conservan todos los discos que surgieron en aquel entonces en un estilo similar. Jenkins mantiene vivo el proyecto Adiemus hoy en día aunque cada vez va cediendo mayor protagonismo a los discos firmados con su propio nombre. Seguro que seguiremos hablando de ambas vías de trabajo del compositor en el futuro.


martes, 21 de julio de 2015

Mike Oldfield - The Best of 1992-2003 (2015)



Desde que la música empezó a grabarse para su comercialización dando lugar así a una industria que llegó a ser muy potente en sus mejores días, una de las vías de negocio más socorridas por parte de las discográficas eran los discos recopilatorios. No faltan razones para que esto sea así. Se trata de discos de producción barata porque basta con tirar el catálogo propio del artista para confeccionar una lista de sus canciones más populares y editar un trabajo que asegura un buen número ejemplares vendidos. ¿Por qúe? Porque tienen un público potencial muy amplio: los aficionados a la música que no quieren discografías extensas de determinados artistas sino sólo las canciones más conocidas en un sólo disco, aquellas personas que a la hora de hacer un regalo no se quieren comer la cabeza buscando y recurren al disco de grandes éxitos de turno, etc.

Cuando la trayectoria de un artista es ya de una amplitud notable, surge un problema con este tipo de discos y es que lo habitual es que sus grandes éxitos se concentren en los primeros años de su carrera lo que hace que en muchas ocasiones, una recopilación nueva contenga, en proporción, menos títulos conocidos por todo el mundo que una antigua y el lanzamiento de un nuevo disco de grandes éxitos no consigue desbancar a los anteriores que aún quedan en las estanterías de las tiendas. La solución para estos casos es recurrir, no ya al comprador ocasional, objetivo principal de estos discos, sino al seguidor de toda la vida y la forma para conseguirlo es introducir en el disco material diferente del habitual, ya sea en forma de canción inédita compuesta para la ocasión, de alguna rareza desconocida hasta la fecha, de versiones diferentes de las publicadas hasta entonces cualquier recurso similar.

La notable reducción del precio de los discos en los últimos años ha llevado a la aparición de un producto, muy raro en el pasado pero cada vez más habitual hoy en día. Se trata de sustituir los viejos recopilatorios por cajas de varios discos en las que se recogen discografías completas de determinados artistas o bien, cuando estas son muy extensas, cajas que reúnen todos los discos de una etapa concreta del músico en cuestión.

Los seguidores de Mike Oldfield han tenido decenas de ejemplos de todo esto que afirmamos a lo largo de toda la carrera del músico. Se han publicado cajas recopilatorias de varios discos, ha habido lanzamientos de títulos de grandes éxitos de todo tipo y condición, con material inédito, con canciones convencionales, con rarezas imposibles de encontrar, con temas que sólo estaban disponibles como “caras b” de sus correspondientes singles, con extractos de las participaciones de Oldfield en discos de otros, con piezas escritas para la ocasión e incluso con adelantos de lo que serían algunos trabajos futuros. No sorprendió por tanto, el lanzamiento hace ya algunos meses de una caja que recopilaba todos los discos que el músico británico grabó para la Warner en el periodo inmediatamente posterior a su salida de Virgin. Un tiempo después apareció el complemento perfecto para esa caja con la que compartía diseño de portada en forma de disco doble que contenía, por una parte, los principales singles editados por el músico en ese período y por otra, las “caras b” y remezclas más interesantes del mismo. Así, si el primer lanzamiento estaba destinado principalmente a un público no seguidor del músico que podía hacerse así por un precio reducido con un periodo bastante amplio de su obra, este segundo estaba destinado a satisfacer a quienes ya tenían todos aquellos discos pero no el resto del material publicado por el artista en sus singles.

Imagen de la caja con todos los discos del "período Warner" de Oldfield a la que complementa este recopilatorio.


El primer disco de Oldfield para Warner fue la secuela de “Tubular Bells” titulada, sencillamente, “Tubular Bells II”. En el recopilatorio viene representada por seis composiciones, los singles “Sentinel”, “Tatoo” y “The Bell” en el primer disco y las “caras b” “Early Stages” y “Silent Night” junto con una mezcla diferente de “The Bell”. El mayor interés para el coleccionista procede de el tema “Early Stages”. La idea inicial de Oldfield al grabar “Tubular Bells II” chocó con su deseo de trabajar con el productor Trevor Horn en el disco ya que este último propició una serie importante de cambios que transformaron por completo lo que iba a ser la obra en un principio. “Early Stages” es una muestra de lo que Oldfield había pensado hacer, muy diferente al resultado final “post Horn”. La versión del célebre villancico “Silent Night” no es una rareza menor y el coleccionista de la obra de Mike agradecerá su presencia en la recopilación.



El siguiente disco publicado por Oldfield en su nuevo sello fue una versión musical del viaje espacial narrado por Arthur C.Clarke en su novela “The Songs of Distant Earth”. Aparecen aquí cinco temas relacionados con ese trabajo: “Hibernaculum” y “Let there Be Light”, singles del mismo que forman parte del primer CD y “The Spectral Army”, “The Song of the Boat Men” e “Indian Lake”, pertenecientes al segundo. De nuevo la parte más atractiva está en éste último puesto que las tres composiciones son nuevas (lo eran en su momento, claro está) e incluso la melodía central de una de ellas fue reciclada en el último disco de Oldfield, “Man on the Rocks”.



El tercer proyecto del músico en Virgin fue “Voyager”, su particular interpretación de la música celta. Sólo dos cortes representan aquel disco en la recopilación, los dos singles “The Voyager” y “Women of Ireland”, ambos en el primer disco aunque éste último corte bien podría aparecer dn el segundo puesto que la versión escogida es una remezcla en clave tecno bastante prescindible. En el segundo CD encontramos, en cambio, el corte inédito “Mike's Reel”, probablemente un descarte de “Voyager” y que era el único tema en el que el músico se mantuvo cercano a la tradición celta tanto en el fondo como en la forma, además de continuar su propia tradición de publicar "caras b" con temas de factura sencilla y aire folclórico como hizo en sus primeros años con profusión. Apareció durante la promoción de un recopilatorio de la época en uno de los singles de “Women of Ireland”.



Hasta aquí llegan los temas de verdadero interés por lo que se refiere al segundo disco de la recopilación que a partir de ahora es rellenado con remezclas completamente prescindibles de las que hablaremos al final. Nos centramos ahora en el resto del primer disco que continúa con “Tubular Bells III” representada con “Man in the Rain”, el extraño intento de repetir el éxito de “Moonlight Shadow” calcando gran parte de los elementos de la que fue con toda probabilidad la más popular de las canciones pop de Oldfield, y una remezcla de “Far Above the Clouds”.

Con pocos meses de diferencia respecto a “Tubular Bells III” apareció “Guitars”, un trabajo mucho más interesante que aquel. Ambos discos compartieron protagonismo en la que fue la última gran gira del músico hasta la fecha. De “Guitars” aparecen aquí “Cochise” y “Out of Mind”.

En plena cuesta abajo creativa de su autor, apareció un nuevo disco (el tercero en poco más de un año) titulado “The Milennium Bell”. Se trataba de una extraña mezcolanza de sonidos y estilos en la que Oldfield pretendía (nada menos) resumir los acontecimientos más notables de la historia de la humanidad grosso modo. El pastiche, tremendamente irregular, aparece aquí representado con tres cortes: “Pacha Mama”, “Sunlight Shining Through Cloud” y “Amber Light”.

La etapa del músico en Warner iba a concluir con Oldfield convertido en artista de Warner Music Spain, extraña maniobra que sirvió para dejar un flojo disco con título en español: “Tr3s Lunas” del que se recogen aquí dos cortes en su versión para la radio, el single “To Be Free” y “Thou Art in Heaven”. Cerrando el primer disco de la recopilación aparecen dos piezas correspondientes a “Tubular Bells 2003”, regrabación completa de la obra del 73 realizada por Oldfield con la idea de actualizar el sonido del clásico y el resultado de privarle de toda la magia.

Habíamos dejado el repaso del contenido del segundo CD en el “Mike's Reel”. El resto del mismo lo ocupan remezclas electrónicas de corte discotequero de escaso interés, en nuestra opinión, para el seguidor veterano de Oldfield aunque quizá llamen la atención del coleccionista. Suenan en el disco el remix de “Sentinel” hecho por The Orb, “Let There Be Light” a cargo de BT, “Women of Ireland” mezclada por System 7, “Far Above the Clouds” revisada por Jam & Spoon, “To Be Free” a cargo de Soultronik y, cerrando la colección, “Thou Art in Heaven” en una remezcla de Pumpin' Dolls.

En nuestra opinión, este lanzamiento no es un disco adecuado para acercarse a la obra de Oldfield por parte de alguien que desconozca la misma, por mucho que en la portada tenga, una vez más, la imagen de la campana tubular doblada que tanta fortuna le ha dado a Oldfield. En cambio, los aficionados a la obra del músico que no lleguen al punto de hacerse con todos los singles, remezclas, rarezas, etc. con regularidad, encontrarán aquí recopiladas prácticamente todas las que el músico grabó en la década larga en que formó parte de Warner Music. Faltaría alguna curiosidad muy puntual y quizá se podía haber prescindido de tanto remix bailable pero lo cierto es que todas esas mezclas también forman parte de lo que Oldfield publicó en esa etapa por lo que su presencia, de una u otra forma, tendría justificación.


Con alguna que otra cosa rescatable, la etapa del músico en Warner evidenció un bajón creativo del que aún no ha salido pese a algún intento notable. Pese a todo, la particularidad cronológica de este recopilatorio frente a otros más generalistas y la presencia de algunas rarezas nos han animado a dedicarle este espacio en el blog.