domingo, 25 de agosto de 2013

Peter de Havilland - Bois de Boulogne (1987)



Pasaban y pasaban los años y, por más que lo intentábamos, no éramos capaces de encontrar o confirmar ni un sólo dato fiable sobre el músico del que hoy vamos a hablar. El misterio comienza a mediados de los años 80 cuando aparece un enigmático disco en el sello Venture, división de Virgin Records, firmado por un tal Peter de Havilland. Han pasado 36 años desde la edición de aquel vinilo y la búsqueda de información en internet acerca de su supuesto autor es, aún hoy en día, infructuosa en la mayor parte de las ocasiones. Su único disco es el que hoy tratamos, no existe ninguna referencia más o menos oficial sobre su persona y, al margen de un sampler del propio sello Venture en el que se incluía una pieza de este trabajo junto con otras de Mícheál Ó Súilleabháin o Hans-Joachim Roedelius, no hay música de De Havilland disponible en ningún sitio al margen de en este LP.

Las incógnitas acerca de su biografía eran innumerables. Lo único que se sabía era que De Havilland, ya fuera éste su nombre real o un pseudónimo, era un músico o productor que trabajaba, para Virgin Records. Si tratábamos de componer una biografía de Peter a partir de los retazos que se encontraban en la red salía un relato disparatado que hablaba de un músico de formación clásica, que comenzó con un grupo llamado “The Mau-Maus”, que fue expulsado de la London Academy of Music, que trabajó en Moscú con Witold Lutoslawski, fichó por Virgin Classics, trabajó de modelo para la diseñadora Vivienne Westwood, fue nominado a un BAFTA como realizador cinematográfico, fue productor de algunos éxitos de Boy George y estuvo incluido en una lista de los hombres más buscados por el KGB al sospecharse de él que era un correo del sindicato polaco “Solidaridad”. Para añadir más misterio al asunto, cada vez que en algún blog se hacía alguna referencia a De Havilland, aparecía un misterioso visitante afirmando unas veces que era el propio Peter y que estaría encantado de ampliar cualquier información en unos casos o un familiar muy cercano en otros que también podía ilustrarnos acerca de la vida y milagros del artista. Habitualmente esa visita no daba más señales de vida.

Hoy creemos haber encontrado por fin la solución al misterio y podemos elaborar una biografía escueta de Peter pero con un relato más coherente y verosímil. La que podría ser la historia definitiva de este artista lo presenta como un músico de orígenes canadienses-británicos-escoceses-irlandeses. Niño prodigio, publica su único disco, “Bois de Boulogne” con tan sólo 16 años, tras lo cual, ficha por Virgin Records como músico de estudio. Parece confirmarse aquí que trabajó para Boy George o los efímeros Ezee Possee (artistas de culto en los ambientes del Acid House) entre otros. Sus colaboraciones a partir de entonces con artistas del entorno del house fueron habituales y parece ser que formó parte de D:ream antes de que estos consiguieran su único éxito. En los noventa, aporta su trabajo en discos de Jeff Buckley, Oasis (confirmado en la única entrevista que le hemos leído, en la que habla de las relaciones entre los dos hermanos Gallagher durante la grabación de “Dig Out Your Soul”), Tool o Pete Doherty (en solitario y con los Babyshambles). Al margen de su trabajo para otros, Peter ejerce de DJ en Los Ángeles, Berlín, Viena y Barcelona después de haber pasado un tiempo como titular en la sede londinense de Bungelow 8, el selecto club neoyorquino, hasta que éste cerró. En la actualidad, Peter es el 50% del dúo de DJ’s Foolboyz junto con Paul Whelan.

Peter de Havilland en su época como modelo.

Aclarado, o eso creemos, el misterio, pasamos ahora a lo que más nos interesa aquí, es decir, a la música. ¿Qué tiene “Bois de Boulogne” que lo hace tan especial? Al margen de la extravagante historia de su autor, una escucha distraída del disco no llama demasiado la atención: sonidos electrónicos muy convencionales en las fechas en las que se editó, con un uso intensivo de instrumentos y samples (probablemente Fairlight) y melodías que podemos encuadrar en el ámbito de la “new age” sin demasiado esfuerzo. Existe, sin embargo, una composición concreta que hace de este disco una joya tan buscada y difícil de encontrar como lo era la información acerca de su autor hasta hace poco pero hablaremos de ello a continuación:

“Escher” – Abre el disco un homenaje al dibujante holandés M.C. Escher, conocidísimo por sus juegos visuales con entornos imposibles. El corte es un curioso tema minimalista que sigue los principios de la escuela repetitiva norteamericana con un curioso toque electrónico, algo que hacían en aquella época bastantes artistas más bien minoritarios como Andrew Poppy. La pieza representa a la perfección los mundos creados por Escher en los que la perspectiva visual en un entorno de dos dimensiones engaña al ojo y le hace ver objetos que no pueden existir en las tres dimensiones reales. El mayor defecto que le vemos a la pieza es la elección de los sonidos, algo que no está demasiado cuidado en todo el disco. El punto fuerte es la gran interpretación de De Havilland, que se revela como un teclista muy competente.


“Shaku (Cause)” – Hay una pieza que consta de cuatro partes distribuidas de manera irregular a lo largo del disco. Ésta sería la primera y consta de el tópico sonido de flauta tan explotado por los usuarios del Fairlight en los 80 repitiendo sin cesar una breve melodía de aire étnico que se combina con efectos electrónicos y un coro sampleado bastante enigmático.

“Myoho” – Con un solemne acorde de algo que simula un piano llegamos a una maravillosa pieza que nos muestra a Peter de Havilland como un compositor extraordinariamente dotado. Comienza con unas cuerdas dibujando una melodía preciosa que es continuada por el “piano” que, primero, repite la secuencia de las cuerdas para, más tarde, empezar a  tejer una de las piezas más bellas que recordamos, muy romántica y soñadora, con momentos de gran solemnidad. Una composición que muchos músicos de la época, de mayor fama, habrían pagado para poder firmar. El título es parte de un mantra budista, temática muy de moda por la proliferación de seguidores de las filosofías “new-age” en los ochenta.

“Shaku” – Segunda parte de la pieza que vertebra el disco. El “shaku” es una medida de longitud japonesa similar al “pie” occidental. Imaginamos que el título se refiere también a la flauta que protagoniza la serie de piezas en el disco, la famosa “shakuhachi” cuyo nombre está directamente relacionado con dicha medida (“hachi” significa “ocho” por lo que “shakuhachi se traduciría como 1,8 shakus, medida real de la flauta). A pesar de que aquí se repite la melodía de la primera parte, los sonidos dep percusión electrónica son los protagonistas principales de este segmento.

“Shaku (Chant)” – De Havilland hace uso de distintos coros pregrabados para la tercera parte de “Shaku” confiriendola un aire misterioso e inquietante muy logrado en el primer fragmento de los cuatro en el que no escuchamos las flautas de la melodía principal.

“Bois de Boulogne: Theme and Improvisations” – Llegamos así a la parte principal del disco que, no sólo le da título sino que ocupa casi la mitad de la duración del mismo. Se trata de una extensa pieza de teclado, probablemente interpretada en directo y sin regrabaciones de ningún tipo. Si hacemos caso al título, se trata de un breve tema musical a partir del cual, Peter de Havilland improvisa durante casi veinte minutos completando una de las piezas más impresionantes que hemos tenido ocasión de escuchar en su género. El sonido utilizado por el músico, en algún lugar entre el piano, el arpa y el clavicémbalo nos recuerda, a veces, al utilizado por Isao Tomita en sus revisiones clásicas años atrás pero, en este caso, esto carece de importancia ante la extrema belleza de la música interpretada. Repitiendo el esquema de tema-improvisación-tema-desarrollo continuamente, añadiendo nuevos matices cada vez y sonando siempre distinto, De Havilland consigue que durante veinte minutos nos olvidemos de todo con una obra maestra cuya escucha nos hace lamentar una y mil veces que su autor no volviese a grabar jamás ningún disco en esta línea. Disfrutadlo:




“Shaku (Effect)” – Tras un tema como el anterior no hacía falta realmente nada más y el disco podría haber terminado así, dejándonos el mejor sabor de boca posible pero De Havilland prefirió concluir cerrando la serie de cuatro piezas con “Shaku” por título. El corte más breve del disco es una pieza de bajo y percusión que nos recuerda a algunos trabajos de Brian Eno en esa línea aunque su escaso desarrollo no nos permite ir más allá en la comparación.

Peter de Havilland en una imagen reciente.


Al margen de las extrañas circunstancias que han rodeado la carrera musical de Peter de Havilland, este disco formaría parte de esa rara categoría de trabajos que pasan sin pena ni gloria, de discos que no terminan de funcionar bien o que, incluso, no serían especialmente destacables si se toman trabajos completos pero (y es un “pero” muy grande) que contienen una composición inimitable, maravillosa, de esas que te marcan y no puedes olvidar jamás. Como discos, nadie los considerará jamás como un clásico ni tendrán un lugar especial en las estanterías de los coleccionistas. Sin embargo, siempre habrá alguien que recuerde aquella pieza perdida tan maravillosa y pregunte: “¿cómo se llamaba el tipo aquel que grabó aquella cosa?”. Hemos tenido aquí alguno de esos discos (pensamos en “On the Future of the Aviation” de Jerry Goodman o “Words from a Mountain” de Wally Badarou, por ejemplo) y, de un modo u otro, acabábamos encontrando algún enlace en el que los lectores podrían comprar, si ese era su deseo, el CD. No es el caso con “Bois de Boulogne”. Sólo en e-bay, muy de cuando en cuando, hemos podido ver alguna copia y casi siempre en vinilo. Aún agradecemos la suerte que tuvimos cuando, hace unos años, encontramos nuestra copia en CD de “Bois de Boulogne” en un catálogo alemán de venta por correo por el módico precio de 1€. Si tenéis la suerte de encontrar por ahí este trabajo, no lo dudéis ni un instante. Os ahorrareis años de arrepentimiento.

De Havilland y Whelan: the Foolboyz

6 comentarios:

  1. Gran artículo, y gran disco, aunque bien es cierto que es grande por su tema principal, pero qué tema!!!
    Tengo que reformar mi crítica en solsticio.
    Yo hace mucho que me compré el vinilo de este álbum, pero hasta ahora jamás he podido conseguir el CD, así que mi envidia al ver que lo conseguiste por 1 euro es mayor. Enhorabuena.

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  2. Realmente ha sido una sorpresa encontrar algo de información sobre De Havilland ya que durante años ha sido imposible. También es cierto que decepciona un poco saber que alguien capaz de hacer un disco como este no haya publicado nada más de cierta relevancia.

    PS. Repasando un poco de vieja correspondencia he encontrado uno de los catálogos del vendedor alemán que me vendió el disco y resulta que no me costó 1€ sino ¡¡¡100 pesetas!!! ya que lo compré allá por 1998 ;)

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  3. 26 años han pasado, no 36, gran recuerdo el de este vinilo rompedor, otra joya mas para guardarla a buen recaudo, olor a vinilo y aquellas musicales FMs que vivimos algun@s en aquellos 80.s y 90.s, tiempos de Musica electronica, New Age ,Fusiones y musica sin fronteras, composiciones y lps asi no se olvidan; para recordar articulo de un experto seguidor de musica electronica de Zaragoza, poner Peter de Havilland, sale el "hermano hablando" en las opiniones, Xabi Altuna, Zaragoza-Pamplona.

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  4. No imagináis cuánto me alegro de leer todo esto y cuánto lo agradezco. Menos mal que tenía el disco para no terminar pensando que fue sueño o alucinación a lo "Penguin Café Orchestra". Yo creo que llegué a él vía "Diálogos Tres" y Ramón Trecet o algo así. Pero coincido con vosotros, una vez escuchado como es debido, es inolvidable. Gracias y un saludo. Juan Ramón, Madrid-Málaga.

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  5. Acabo de encontrar esto por casualidad, y efectivamente es un caudal de datos sobre el misterioso Peter de Havilland. Me he hido haciendo con parte de la colección de Venture, y este disco lo tengo en Lp. Otro álbum y artista que recomiendo del desaparecido catálogo Venture de Virgin, es el firmado por el violinista Darryl Way con una agrupación de cámara llamada Opus 20. Me llevó a investigar sobre Darryl Way y realmente es increible este músico, tanto en las aportaciones a la superbanda Curved Air, como sus desconocidos pero muy interesantes trabajos en solitario con "orquestas sintetizadas" y demás.... Enhorbuena por el blog.

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  6. No conozco a Way así que me lo apunto para darle una escucha.

    Un saludo y gracias por comentar.

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