jueves, 15 de agosto de 2013

Vangelis - Albedo 0.39 (1976)



Resulta llamativa la relación que todos establecemos en un primer momento entre Vangelis y la música electrónica, especialmente si tenemos en cuenta que una gran parte de su discografía se mueve por géneros muy diferentes a éste. Creemos no equivocarnos demasiado si afirmamos que la época dorada de la música electrónica como corriente establecida se sitúa en los dos primeros tercios de la década de los setenta, años en los que aparecen los discos más notables del género. Para entonces, el músico griego ya había firmado un buen número de grandes trabajos aunque no eran aún del conocimiento general del gran público y ajenos por completo a lo que se llamaba música electrónica (a pesar del uso de algún órgano eléctrico modificado). Tras firmar su contrato con RCA y con su estudio privado a medo construir, nuestro músico se hallaba en una etapa de plena efervescencia creativa en la que creó un buen número de bandas sonoras, una obra maestra de la música progresivo-sinfónica como “Heaven and Hell” y varias canciones para distintos cantantes melódicos, además de ensayar un par de veces con Yes como uno de los posibles sustitutos de Rick Wakeman.

En medio de todo aquello, el músico griego sacó tiempo para grabar su siguiente disco, un clásico más de treinta años después, en el que hace sus primeras incursiones en la auténtica música electrónica utilizando extensivamente sintetizadores, secuenciadores y demás parafernalia, además de un buen número de instrumentos más convencionales. Desde aquel momento, la imagen de Vangelis quedó ligada para siempre al sintetizador. El mismo título del trabajo estaba relacionado con una de las temáticas más tópicas de aquellos primeros años de la música electrónica comercial: el cosmos (no en vano, toda una corriente adoptó la denominación de música cósmica) y varios de los títulos de los temas tenían referencias espaciales.

El músico en sus estudios "Nemo"

“Pulstar” – Abre el disco uno de sus temas más populares: un pulso electrónico continuo y muy veloz sirve de base para una melodía extremadamente pegadiza que ha sido utilizada hasta la saciedad en sintonías y documentales. Con su característico estilo, Vangelis va añadiendo uno tras otro más elementos, desde notas electrónicas sueltas hasta percusiones que incluyen rotundos timbales y muchos otros instrumentos más sutiles. “Pulstar” es una de esas obras maestras que perdurarán siempre como representantes de una época musical en la que las sorpresas eran continuas y como una de las mejores muestras de un estilo que será recordado por los estribillos contundentes y avanzados a su tiempo. Con el ya olvidado sonido de una voz diciendo la hora exacta en el teléfono de información, se pone el punto final a la pieza.



“Freefall” – Cuando hablamos de Vangelis como un músico al que no se debe catalogar de electrónico pensamos en piezas como esta, cuya melodía principal está interpretada con un gamelan, siendo la mayoría de acompañamientos realizado por instrumentos de percusión. El sonido es exótico y mezcla sorprendentemente bien con la tecnología más moderna pero no es electrónico al 100% como sí lo eran otros discos de la época.

“Mare Tranquilitatis” – Sin solución de continuidad, enlazamos con un tema maravilloso y breve al mismo tiempo en el que se anticipan los ambientes de “Blade Runner” y otros trabajos posteriores combinados con las voces reales, cedidas por la NASA, de los astronautas participantes en la misión Apollo.

“Main Sequence” – El corte más largo del disco tiene poco de música electrónica y mucho, en cambio, de rock progresivo, free-jazz y otras corrientes con las que difícilmente se relaciona a su autor. A partir de un insistente tema de órgano y una percusión poderosa, el músico desarrolla una serie de improvisaciones al sintetizador realmente memorables que diferencian claramente a Vangelis de sus compañeros de generación que aparece así como un músico de una versatilidad al alcance de muy pocos. Más adelante, escuchamos pasajes mucho más reposados, relacionados con el Vangelis anterior, de sus bandas sonoras para documentales de naturaleza pero también con el neoclasicista que alcanzaría su gran momento un tiempo después con “Carros de Fuego”.

“Sword of Orion” – Enlazado también con el corte anterior, este breve tema tiene características ambientales con esas atmósferas que sólo el griego sabe crear y una melodía breve pero inolvidable con la que terminaba la primera cara del disco. La pieza recoge el estilo de los pasajes más evocadores del anterior trabajo “Heaven and Hell”.

“Alpha” – Unas notas cristalinas y de una belleza y simplicidad que aún hoy asombran, abren otra de las composiciones insignia de Vangelis. Sólo eso, no hace falta nada más para ilustrar la belleza del espacio y así lo debió creer Carl Sagan cuando utilizó esta música (junto a muchas otras del griego y otros artistas) para la banda sonora de su inmortal serie “Cosmos”. La primera mitad de “Alpha” es una maravilla que no necesita demasiados comentarios. No estamos tan seguros de la segunda parte en la que, esta vez, la adición de batería y del resto de instrumentos nos parece algo forzada y que no aporta demasiado al conjunto. Vangelis transforma por completo una pieza etérea y delicada en un poderoso himno, muy efectivo pero que “traiciona” en cierto modo el ambiente mágico que envolvía los primeros minutos de la composición. Opiniones personales al margen, estamos ante un clásico de la discografía de su autor.

“Nucleogenesis (part 1)” – Oculta por la popularidad de “Pulstar” y “Alpha” se encuentra esta suite en dos partes que, a nuestro juicio es lo mejor de todo el disco. La primera parte de “Nucleogénesis” va creciendo a partir de un poderoso riff electrónico muy vanguardista que evoluciona rápidamente hacia una maravillosa pieza sinfónica en la que Vangelis despliega todo su talento anticipando incluso ciertas corrientes del tecno que no se revelarían hasta bastantes años después. El cierre es sublime, regresando a la grandiosidad de algunos momentos de “Heaven and Hell” y anticipando al mismo tiempo los instantes más solemnes de la larga suite de la antes mencionada banda sonora de “Carros de Fuego”.



“Nucleogenesis (part 2)” – La segunda parte de “Nucleogénesis” se transforma en todo un torrente de rock progresivo con potentes bajos, una batería omnipresente y el inconfundible sonido del órgano Hammond acompañando a los sintetizadores. Imaginamos que los ensayos con Yes tuvieron algo que ver con esta faceta rockera de Vangelis aunque en su etapa con Aphrodite’s Child ya había explorado territorios cercanos a estos. Las campanas que interrumpen la acción y dan comienzo al segmento final son un sonido celestial en medio del infierno que nos prepara para la conclusión en forma de sensacional coda sinfónica como sólo Vangelis sabe construir y un piano majestuoso (¿alguien dijo Tchaikovsky?) como elemento central.

“Albedo 0.39” – El cierre del disco es otra de esas piezas olvidadas pero cuya calidad es impresionante. Se trata de un recitado de distintas magnitudes astronómicas relacionadas con el planeta tierra a cargo de Keith Spencer-Allen, el ingeniero de sonido que ayudó al músico, no sólo a grabar el disco sino a configurar los impresionantes estudios Nemo. La música que arropa las palabras del técnico es, ahora sí, puramente electrónica, ambiental, oscura por momentos y brillante en otras ocasiones. Un Vangelis profundo y evocador como pocas veces cerrando una de sus obras maestras del mejor modo posible.


Poco se puede decir a estas alturas de un disco como “Albedo 0.39” que no se haya dicho ya. No son pocos los que consideran que la etapa más brillante de Vangelis fue la que comprende sus cuatro discos grabados para la RCA, siendo éste trabajo, parte fundamental de esos años. En aquel entonces, el griego disfrutaba, por fín, de su propio espacio de grabación, los Nemo Studios, que eran una prolongación de su personalidad desde la mismísima elección del nombre, homenaje al Capitán Nemo de Verne: un genio retirado de una humanidad a la que desprecia por su mezquindad pero profundamente humanista en el sentido más positivo del término; un personaje culto, ilustrado y refinado en sus gustos, ecologista, noble y que no renuncia a sus principios. Un retrato, si lo miramos bien, de nuestro músico. Hemos querido ilustrar en las dos últimas entradas dos discos tan diferentes como representativos de su obra aunque seguiremos teniendo por aquí a Vangelis con regularidad. No creemos que haya muchos lectores del blog que no tengan ya este disco pero para los rezagados, dejamos los habituales enlaces.

amazon.es

fnac.es

Os dejamos con un fragmento de la serie "Cosmos" con "Alpha" como banda sonora:

 

1 comentario:

  1. Te añado a mi blog...aunque sea fotográfico pero es que el prog y Vangelis son mi pasión

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