domingo, 22 de febrero de 2015

Lito Vitale Cuarteto - Viento Sur (1990)



Si hay un disco en el que todas las influencias que se juntan en la música de Lito Vitale aparecen equilibradas de un modo casi perfecto, ese es “Viento Sur”. El teclista argentino tiene varios puntos de referencia que aparecen de una u otra forma en muchos momentos de su trayectoria que van desde la música clásica hasta el folclore andino pasando por el rock progresivo y el jazz, todo ello condimentado con las formas tradicionales de su país natal, Argentina, lo que va más allá de la palabra “tango” y profundiza en otros ritmos como la chacarera, la zamba o la baguala. Piazzolla ¿cómo no? Estaría siempre presente como influencia casi espiritual.

Cuando un disco obtiene el éxito que alcanzó “Ese Amigo del Alma”, el siguiente tiene que luchar una batalla casi imposible. Algo así sucedió con “La Senda Infinita”, trabajo notable pero sin comparación posible con su antecesor. Con todo, cumplió su función y “liberó” en cierta forma a Lito que trabajó en el siguiente disco de su cuarteto ya sin la presión y la sombra de “Ese Amigo del Alma”. Hubo una pequeña reforma en el grupo que afectó a la misma parte que todas las anteriores: la batería. Así, se incorporaba Jorge Araujo a las baquetas para hacer el número tres de la lista de intérpretes en cuatro discos de la banda. No duraría mucho más puesto que en el siguiente trabajo, comentado aquí recientemente, el propio Vitale se encarga de la batería en la mayor parte del disco. Por lo demás, el cuarteto cuenta con los integrantes acostumbrados: Marcelo Torres a los bajos, Manuel Miranda a los vientos y el propio Vitale a las teclas. Participa también una invitada fundamental: la poetisa argentina Maria Elena Walsh, principalmente conocida por su obra para niños en forma de canciones (en España muy populares en las versiones de Rosa León) pero con una importante producción también “para adultos”. Vitale ya la homenajeó en el último disco de M.I.A. y aquí cuenta con la presencia de la propia artista recitando uno de sus poemas en un momento del disco.

Maria Elena Walsh


“Basta de Fingir” - Difícil imaginar un comienzo más optimista que la brillante combinación de teclados y percusión con los que se inicia esta pieza que, en ciertos momentos parece una prolongación de “Ese Amigo del Alma”, tanto en términos de sonidos y timbres como en cuanto a las propias melodías. Pasada la euforia inicial entramos en el sector más jazzístico del tema con Vitale bordandolo al piano y Marcelo Torres comenzando a destacar al bajo. Tras el interludio, regresamos al tema inicial con alguna variación para cerrar una composición redonda que se cuenta entre lo mejor de su autor.



“Los Dueños del Sol” - Mucho más coral es la segunda pieza del disco que se abre con un tema de corte folclórico en el que batería, bajo y teclados se combinan trabajando a un nivel similar de jerarquía. Llega después el tema principal, de aire andino, en el que mandan las flautas del peruano Manuel Miranda. Los arreglos sinfónicos realzan una composición brillante en la que hay poco espacio para el descanso, tal es la cantidad de ideas que se suceden de manera fascinante. Marcelo Torres reclama una mayor atención a su bajo dirigiéndonos hacia el segmento central en el que escuchamos una insólita mezcla de rock progresivo, jazz y folk que concluye con un interludio de piano en el que el bajo mantiene la tensión con un pulso tenue y repetitivo antes de llegar al final de la pieza en el que se hace una recapitulación de lo mejor de la misma.

“Cinta de Agua” - La faceta más personal de Lito asoma en esta breve miniatura ambiental a base de sonidos etéreos de piano y fondos sintéticos que apenas supera el minuto y medio de duración. Más propia de sus trabajos en solitario que de los discos con el cuarteto, cumple perfectamente la función de tema de transición hacia la que era última pieza de la “cara A” del disco.

“Después te explico” - La gran novedad de la pieza es la aparición del saxo de Manuel Miranda como principal elemento melódico, algo que aún no había sucedido en el disco. Lo cierto es que, como casi todos los cortes de esta primera parte de “Viento Sur”, la composición sigue la linea marcada unos años antes por “Ese Amigo del Alma”; similitud estilística que no menoscaba en absoluto la calidad musical del disco.

“Viento Sur” - La segunda cara del disco estaba ocupada en su totalidad por esta suite (o poema sinfónico, como lo define el propio Vitale) dividida en cuatro partes. Es, pese a la brillantez de muchos momentos de la “cara A”, la parte más interesante del disco. Aunque en el CD aparece como un tema único, cada una de las partes está indicada en el libreto. La primera, titulada “Viento Sur”, es un tema de piano similar a “Cinta de Agua” sobre el que María Elena Walsh recita el poema que sirve de título para todo el disco. Cuando esta concluye su intervención aparece un precioso tema de saxo a cargo de Miranda en el que muestra su categoría con el instrumento. La segunda parte de la suite, titulada “La procesión de pálidas se desbarranca”, nos muestra al Vitale sinfónico que ya pudimos escuchar en discos como “En Solitario”, especialmente en la fantástica suite titulada “Un Cuento de Hadas”. En ambas, disfrutamos de la vertiente más clasicista del músico, con guiños a sus admirados Tchaikovski o Stravinsky. Continúa la suite con la parte titulada “Ventolina, lavadero del alma”, de nuevo con los teclados como protagonistas absolutos propiciando que Lito profundice en su faceta más cercana a la música “culta”. El único “pero” que le encontramos a este tipo de piezas del artista argentino es el sonido: los sintetizadores jamás podrán sonar como la orquesta a la que emulan y habría merecido la pena escuchar esta música con cuerdas reales acompañando a la voz de Vitale. La irrupción de percusiones tribales durante unos minutos supone una agradable sorpresa además de anticipar el estilo que el músico abrazaría poco después en su obra “Kuarahy”. La sección final, con las campanas marcando la melodía central y las cuerdas sintéticas, de nuevo a pleno rendimiento es magistral y desemboca en la última parte de la obra, titulada “Estación claridad”. En ella, cerrando un hipotético círculo, volvemos a escuchar a Lito al piano, como en el comienzo, acompañado con una elegancia máxima por el bajo de Marcelo Torres y un comedido saxo a cargo de Manuel Miranda que va soltándose mientras avanza la pieza, una de las pocas puramente jazzísticas de todo el disco.



Cuando apareció “Viento Sur”, el Lito Vitale Cuarteto estaba en en el punto más alto de su popularidad, al menos en España. Su música sonaba habitualmente en las emisoras especializadas y su presencia en los teatros de nuestro país era frecuente. En el disco encontramos las dos facetas más destacadas de Vitale: en la “cara A”, el sonido característico del cuarteto, quizá un poco continuista respecto a “Ese Amigo del Alma” y en la “cara B” al Lito que se apuntó en algún trabajo anterior y que se confirmaría en los discos que aparecerían tras la disolución del cuarteto. Desde este punto de vista, hablaríamos de “Viento Sur” como de un disco de transición pero no de un disco intrascendente ya que el nivel es altísimo en muchos momentos. Si tuviéramos que hacer un recopilatorio con lo mejor de la carrera de Vitale, no sería extraño que en él figurase más de una pieza de este disco. La mala noticia es que hoy en día no es sencillo hacerse con el CD a buen precio por lo que prescindiremos de los enlaces habitales.

1 comentario:

  1. Una auténtica maravilla, una obra maestra. Éste y "La Cruz del Sur" son mis discos preferidos de Lito. Nunca me cansaré de escuchar este disco, sobre todo la maravillosa cara B, Viento Sur. Como bien comentas, sería extraordinario escuchar el poema sinfónico en versión para orquesta.

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