domingo, 20 de diciembre de 2015

Enya - Watermark (1988)



Lejos de dormirse en los laureles tras hacer un disco como “The Celts”, Enya comenzó de inmediato a trabajar en un nuevo trabajo. Ayudó, claro, el interés de los directivos de Warner que se interesaron por “fichar” a la artista irlandesa desde el momento en que escucharon la banda sonora con la que se dio a conocer y que le ofrecieron un gran contrato. Es conocida la frase de Rob Dickins (director de Warner Music UK entre 1983 y 1998) quién afirmó que “unas veces la compañía se preocupa de hacer dinero; otras, de hacer música. Firmamos a Enya para lo segundo”.

Dickins estuvo muy implicado en la grabación del disco, participando incluso en el diseño gráfico y estando presente en la mayor parte de las sesiones. La complicidad entre él y Enya fue tal que aparece mencionado en la letra del mayor éxito del disco (“Orinoco Flow”) en los versos: “we can steer we can near with Rob Dickins at the wheel”, en traducción muy libre, “podemos ir a cualquier sitio con Rob Dickins al timón”.

Viendo lo que sucedería después, llama especialmente la atención la gran evolución tecnológica que se produce entre “The Celts” y “Watermark” en sólo unos meses, propiciada, evidentemente, por la firma con una potencia discográfica como era Warner Music. Ese salto no iba a transformar radicalmente el sonido de Enya pero sí iba a potenciar aquellos aspectos más originales de su propuesta en aquel entonces.



“Watermark” - El primer tema del disco es un instrumental de piano como lo fueron las primeras piezas que Enya grabó en su momento para aquella cassette recopilatoria. Evidentemente, aunque el talento musical era el mismo, la producción es ahora extraordinaria con unos coros deliciosos pero que aún son una mera sombra del glorioso despliegue al que asistiremos en los minutos siguientes.

“Cursum Perficio” - Una de las piezas más emblemáticas del disco es esta poderosa canción que empiza también con el piano como introducción para la solemne y profunda melodía coral con Enya cantando en latín una serie de notas cuyo estilo tendría una cierta cercanía con el “Carmina Burana” de Orff, especialmente por su reminiscencia medieval y su ritmo. La segunda parte de la pieza insiste en este plantemiento con el desarrollo de espectaculares polifónias, con rotundas percusiones y cuerdas llenas de fuerza. Una obra maestra que quedaría eclipsada por otras composiciones del disco a las que no tiene nada que envidiar.



“On Your Shore” - El órgano sustituye al piano en la introducción de una canción delicada, con la voz de Enya sonando cristalina y sin necesidad de ser multiplicada en el estudio. Es una clara heredera de “I Want Tomorrow” del disco anterior y marcaría un camino que todos los discos posteriores seguirían, incluyendo siempre al menos una balada de similares características a esta. En los instantes finales escuchamos el clarinete de Neil Buckley en una deliciosa intervención.

“Storms in Africa” - Secuencias electrónicas y percusiones, muy ligeras aún, nos reciben en un corte que podría pertenecer a cualquier disco de las estrellas de la música hecha con sintetizadores de la época. Todo cambia con unas simples notas vocales ensoñadoras y una magnífica melodía cantada por la artista en modo coral. Las percusiones africanas interpretadas por Chris Hughes ganan presencia progresivamente mientras las voces se multiplican por obra y gracia de la maestría de Nicky Ryan en el estudio de grabación. La pieza tiene tan buena acogida que en posteriores ediciones del disco se añadió una versión en inglés de la misma titulada “Storms in Africa II”. En las últimas ediciones se volvió, sin embargo, al “tracklist” inicial.



“Exile” - Llegamos a la que es una de las mejores canciones escritas por Enya de entre aquellas que siguen los patrones a los que nos referíamos cuando hablábamos de “On Your Shore”. Un maestro de la música tradicional celta como es el gaitero Davy Spillane interviene con una magnífica melodía de flauta adornando una melodía maravillosa cargada de melancolía y profundidad.

“Miss Clare Remembers” - Recordábamos antes que la primera grabación de Enya en solitario fue para un “cassette” de varios artistas al que la cantante aportaba dos instrumentales de piano. El primero era “An Gaoth ón Ghrian” y el segundo éste que recupera aquí. Es una composición breve, romántica y con un cierto toque de pieza de aprendizaje pero no desentona en absoluto aquí.

“Orinoco Flow” - Llegamos al tema que lo cambió todo. La pieza que hizo que Enya pasase de ser una artista conocida en Gran Bretaña a una estrella de dimensiones planetarias. La canción aparece en gran cantidad de sintonías, anuncios, series de televisión y varios artistas utilizan “samples” de la misma en sus propias canciones. Lo curioso es que técnicamente puede ser una de las más sencillas de todo el trabajo ya que se basa en unos acordes muy sencillos que se repiten constantemente (y que proceden de un sonido de fábrica apenas modificado del sintetizador Roland D50), un texto esquemático y un estribillo que se repite constantemente (“sail away”) hasta el punto de convertirse en el subtítulo del tema cuando aparece como “single”. La canción se convierte pronto en un símbolo de una nueva forma de hacer música que tendría decenas de imitadores en los años posteriores con grandes resultados en algunos casos.

“Evening Falls” - Nueva balada de corte clásico en la que la voz de Enya, casi “a cappella”, desgrana una melodía de excepcional belleza con el único acompañamiento, primero de un tenue colchón de voces, después de un órgano y, finalmente de ambos juntos. Sin necesidad de pirotecnias de ningún tipo, Enya firma una canción extraordinaria.



“River” - Quizá el instrumental más extraño del disco. Completamente electrónico y construido con timbres poco convencionales, no termina de sonar del todo bien. Más o menos por la misma época, la irlandesa grabó un tema como “Oriel Window” de similares características pero infinitamente más inspirado que quedó relegado a “cara b” de single.

“The Longships” - Volvemos a oír el piano y las percusiones en combinación con los coros en los que la voz de Enya es replicada hasta el infinito en un corte en el que apreciamos de nuevo la inspiración por los sonidos africanos. Podría haber sido otra de las grandes canciones del disco pero le falta algo que no sabemos identificar para enamorarnos por completo.

“Na Laetha Geal M'Óige” - Cierra el trabajo una balada cantada en gaélico en la que escuchamos por segunda vez a Davy Spillane, esta vez interpretando las “uilleann pipes” en las que es maestro. Una pieza magnífica que, además, encaja perfectamente como cierre de un disco cuya primera escucha, allá por 1988, supuso un “shock” para muchos.


Leíamos recientemente en una prestigiosa publicación musical, al hilo del nuevo disco de Enya, que parecía que había que pedir dsiculpas a la hora de elogiar un trabajo de la artista irlandesa y que en algún momento parecía que muchos se sentían avergonzados de “confesar” su admiración por su música. Es cierto que en un momento determinado, los discos de la cantante resultaban repetitivos y sin una evolución palpable en términos estilísticos o sonoros pero no es menos cierto que a nivel compositivo, todos sus trabajos rayan a un nivel, como mínimo, notable. No creemos que el número de artistas que puedan decir eso tras treinta años de carrera sea muy elevado. Aunque “The Celts” fue un primer paso, es “Watermark” el gran hito que convierte a Enya en estrella, reforzado por el posterior “Shepherd Moons” que comentamos aquí tiempo atrás. El estrellato no cambió en absoluto a la artista pero sí influyó en la percepción popular de su obra. Enya se convirtió en un icono, en una marca que trascendía lo musical hasta convertirla en sinónimo de algo bonito pero sin fuerza, ñoño, cursi. Creemos que va siendo hora de revisar esta idea. Discos como “Watermark” están fuera de toda sospecha pero creemos que su obra posterior sale airosa de una re-escucha. Trataremos de que siga presente por aquí para comprobarlo.


6 comentarios:

  1. Parece que hay un sambenito colgado del cuello de todos los músicos que se sirven de la tecnología para hacer sú música el cual consiste en que cada disco nuevo que editen tienen que cambiar el estilo del anterior o si no serán tachados de repetitivos.
    Pues bien, Enya no necesita cambiar de estilo porque ya tiene el suyo, cosa que no todos los músicos pueden decir, le basta con su inmenso talento para la composición, que es lo que importa.
    Todos los discos de Philip Glass o los Rolling Stones suenan siempre a Philip Glass y a Rolling Stones, y nadie los critica por eso.

    Un saludo

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  2. Al hilo del comentario anterior, muy acertado, pasa algo parecido con Yanni. Parece que hay que pedir perdón no ya por decir que te gusta su música, sino simplemente por escucharla. Pues bien, tras unos discos iniciales brillantes en sello Private Music, Yanni cambió su estilo y tras publicar un magnífico disco de piano solo ("In My Time"), a partir de ahí cambió su estilo, y lo hizo para peor. No siempre los cambios son buenos.

    Nadie le pide a John Williams, por ejemplo, que para la próxima banda sonora que componga se valga de música celta o de flamenco. John Williams es bueno, extraordinario, en lo que hace. Y no es necesario que cambie.

    Lo mismo ocurre con Enya. Y cada uno es libre de escuchar lo que le plazca sin tener que justificarse.

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  3. Pero si es que es lo normal, cada músico debe tener su estilo, como si fuera fácil encontrar un estilo propio en la música, Enya suena a Enya y así debe ser.
    Dos ejemplos de músicos involucrados con la tecnología y que han acabado quemados precisamente por pretender siempre cambiar de estilo de un disco para otro: Mike Oldfield y Jean Michel Jarre. Llevan más de veinte años los dos dando tumbos y perdido el norte completamente.

    Un saludo

    Paco (el primer comentario también es mío)

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  4. Yo creo que todo ha de tener un punto medio. Como oyente no estoy en posición de exigir a ningún músico qué dirección debe tomar su obra, pero sí juzgarla, y ante la disyuntiva de un cambio radical o un inmovilismo total, difícilmente podría decantarme por una de las opciones.

    En este sentido, Enya no tiene por qué cambiar de estilo pero tampoco le hubiera venido mal incorporar una mayor variedad de matices en su paleta de sonidos. Como ejemplo de lo que digo tenemos el caso de Klaus Schulze, que no ha variado un milímetro su forma de componer en más de 40 años, pero ha ido renovando su sonido prácticamente con cada disco.

    Saludos y feliz Navidad!

    David

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  5. El último disco de Enya, Dark Sky Island, es absolutamente fantástico, creo que de los mejores de su obra. Y su estilo es el mismo, y que siga así, pero su composición es la que cuenta. Enya, siempre muy por encima del resto siendo una artista donde todos sus discos son buenos. Eso no lo puede decir cualquiera.

    Rossini

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  6. Hablaremos más de Enya próximamente incluyendo, claro está, el reciente "Dark Sky Island": un disco que nos parece bueno tirando a muy bueno dentro de la discografía de su autora.

    Saludos y gracias a todos por comentar.

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