domingo, 15 de marzo de 2015

Sonic.Art Saxophone Quartet - Philip Glass & Michael Nyman Works for Saxophone Quartet (2011)



Hace casi dos años reseñamos aquí un disco del Delta Saxophone Quartet que contenía varias piezas de autores minimalistas escritas para ese formato o adaptadas a partir de otra formación. El que hoy comentamos es similar a aquel pero centrado en dos autores que ya aparecían en aquel otro trabajo: Michael Nyman y Philip Glass.

La formación de un cuarteto de saxofones, siendo esta una configuración para la que no existe repertorio “clásico” (lógico si pensamos que el instrumento se inventó a mediados del XIX) salvo que hablemos de transcripciones, denota un amor por la música contemporánea, por las vanguardias. También un espíritu inconformista. Cuentan en las notas del disco cómo el saxofón no lo tuvo fácil para acceder a la orquesta clásica a pesar de el entusiasmo de algunos compositores como Berlioz y hacen mención a la historia que cuenta que si el instrumento sobrevivió fue gracias a su adopción por parte de las bandas militares por la potencia de su sonido en comparación con otros vientos. Sin restar veracidad a esa conocida anécdota, apuntan a otra vía que encontró el saxofón para perdurar: los circos y, más concretamente, los payasos, que popularizaron el instrumento como nadie más lo hizo hasta que se incorporó a músicas como el “jazz” y el “blues” para asentarse como uno de los sonidos más reconocibles de la música contemporánea.

El Sonic.Art Saxophone Quartet se fundó en 2005 por lo que está celebrando su décimo año de vida artística. En ese tiempo se han hecho un hueco en los calendarios de las mejores salas de conciertos y han colaborado con muchos compositores que han contribuído a agrandar el repertorio del cuarteto. En el momento de la grabación del que fue su primer disco, integraban el cuarteto Ruth Velten (saxo soprano), Alexander Doroshkevich (saxo alto), Martin Posegga (saxo tenor) y Annegret Schmiedl (saxo barítono) aunque desde 2012 la plaza de saxo tenor la ocupa Adrian Tully.

Volviendo al repertorio del disco, tenemos en él tres obras, dos de Glass y una de Nyman y se da la circunstancia de que una de cada uno de ellos ya aparecía en el disco que mencionabamos al comienzo y es que, pese a todo, no hay tanta música aún para cuarteto de saxofones aunque en el segundo trabajo publicado por los integrantes del Sonic.Art amplían notablemente la nómina de compositores y, por tanto, de obras, pero habrá tiempo para hablar de ese trabajo si se da la oportunidad.

El Sonic Art Quartet en acción


El disco se abre con los seis movimientos que integran el cuarteto “Mishima” escrito por Philip Glass para la película del mismo título dirigida en 1985 por Paul Schrader y dedicada a la vida (y sobre todo a la muerte) del escritor japonés Yukio Mishima. Glass escribió una partitura para “ensemble” en la que aparecía incluso momentos cercanos al rock con bajo, guitarra y batería. Intercaladas con el resto de la música, había una serie de piezas breves para cuarteto de cuerda interpretadas por el Kronos Quartet. No dejó pasar la oportunidad el compositor para abstraer esos seis movimientos y darles la forma de cuarteto de cuerda independiente, el que haría el número tres de los del compositor norteamericano. Por algún motivo, esa obra parece ajustarse muy bien al formato de cuarteto de saxofones y son varias las agrupaciones que lo han incorporado a su repertorio en esa forma, algo que no ha sucedido con otros cuartetos de cuerda de Glass. El primero de los movimientos está interpretado a una velocidad algo más alta de la suele emplearse para ejecutarlo habitualmente pero parece una elección adecuada escuchado el resultado. El breve segundo movimiento, uno de los más profundos de la obra, suena mejor, si cabe que en su concepción original para cuerdas, resaltando muchísimo más la melancolía del tema central. Continuamos con la parte más rítmica del cuarteto que anticipaba algunos esquemas en los que Glass profundizaría en su ciclo lírico “Songs from Liquid Days” poco después. Tras otro movimiento de corta duracióny todo el sabor de la música de su autor llegamos al quinto que, como el primero, es interpretado a gran velocidad y recoge uno de los temas que más sonaban en la banda sonora original de la que parte la obra. El cierre lo pone un movimiento reposado que aquí vuelve a sonar acelerado con respecto al original. Se trata del Glass que empezaba a ser conocido en estado puro, arpegios constantes y una melodía central escueta pero emocionante con la que pasamos a la segunda obra del disco.




El cuarteto para saxofones de Philip Glass es algo posterior a “Mishima” y fue escrita por su autor en 1995, primero como un concierto para cuarteto de saxofones y orquesta y, casi inmediatamente, reducida para su interpretación exclusivamente por los vientos. Consta de cuatro movimientos de similar duración. El primero de ellos presenta una de esas características melodías de su autor que parecen quedar inconclusas cuando entran en el ciclo de repeticiones. Sin embargo, y ese es el gran mérito de este tipo de música, tras unas cuantas iteraciones, vemos el conjunto en perspectiva y todo encaja. A pesar de ser un movimiento de unos cinco minutos de duración, no es en absoluto uniforme pudiendo distinguirse hasta seis secciones independientes dentro del mismo siendo la quinta una variación de la melodía inicial. El segundo movimiento del cuarteto es pura energía y está lleno de sentido jazzístico. Probablemente es una de las obras de Glass más cercanas al estilo de Terry Riley en su concepción del ritmo y la melodía que dificilmente encajan en los parámetros habituales del Philip Glass más popular. También se nos antoja muy acertada la inclusión de esta obra en este momento del disco ya que es la transición perfecta hacia el siguiente autor, Michael Nyman con cuya manera de escribir también tiene puntos en común. El tercer movimiento del cuarteto nos muestra uno de esos momentos de inspiración de Glass en los que acierta con la tecla justa y nos ofrece una melodía excepcional, que apenas requiere de acompañamiento de otro tipo. Cerrando el cuarteto, y de ahí nuestra afirmación de que la ubicación de la pieza en el disco era excelente, tenemos un último movimiento con un estilo plenamente “nymanesco” si se nos permite la expresión, especialmente si lo comparamos con algunos cuartetos de cuerda del compositor británico.

Ya contamos en su momento la historia detrás de las “Songs for Tony”, dedicadas por el músico a su manager y gran amigo fallecido a comienzos de 1993. La obra parece condenada a ocupar un segundo plano por culpa de su existencia “aislada” como pieza independiente al margen de un disco o una banda sonora y relegada a aparecer en discos como este, en los que se combinan obras de distintos autores. Una lástima porque merece mejor suerte. Cada uno de los movimientos funciona como una canción en la que los instrumentos del cuarteto disfruta de papel solista como si de un aria operística se tratase. El primer movimiento es una joya llena de ritmo de la que surge una melodía intensa, casi desgarrada, que habría ganado más con una interpretación más apasionada por parte del saxo tenor del estilo de las que John Harle o Andrew Findon nos brindaban con la Michael Nyman Band. Es, en realidad, una transcripción de una obra compuesta un año antes por Nyman titulada “Mozart on Mortality”. El segundo movimiento es una adaptación de una de las composiciones de la banda sonora de “El Piano”, último gran contrato que Tony Simmons consiguió para Nyman antes de morir. El tercer movimiento es una lenta y emotiva pieza que el compositor tenía guardada para una ocasión especial y fue rescatada para este memorial. Cerrando el cuarteto tenemos una composición que el músico escribió justo tras recibir la llamada telefónica que le comunicaba el fallecimiento de Tony. En aquellas fechas cuenta Nyman cómo estaba trabajando en un cuarteto para saxofones y desechó todo el material escrito para centrarse en esta elegía en memoria de su amigo.



Tanto Glass como Nyman son autores más que consagrados pero las obras incluidas en el disco de hoy no son las más habituales de sus repertorios (sí lo sería “Mishima” pero en su versión para cuarteto de cuerda) por lo que nos parece una recomendación muy interesante, tanto para los lectores que aún no se hayan introducido en los mundos musicales de ambos autores como para aquellos que ya los conozcan bien. El cuarteto de saxofones es una agrupación a cuyo sonido no estamos demasiado acostumbrados pero que cada vez inspira a más autores para escribir sus obras en ese formato por lo que es probable que cada vez escuchemos más a esta formación. El disco está disponible en los enlaces de siempre.

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