domingo, 9 de septiembre de 2012

John Cage - Music for An Aquatic Ballet / Music for Carillon No.6 (2012)



En la última entrada que dedicamos a John Cage no hace mucho tiempo anticipabamos ya que hablaríamos del disco que hoy vamos a glosar. Se trata de una nueva entrega del sello Brilliant dedicada al músico estadounidense que, al contrario de las anteriores, centradas en la música para piano, nos ofrece una serie de piezas para percusión y flauta principalmente.

En medio de todas las novedades discográficas que están apareciendo en los últimos meses alrededor de la obra de Cage aprovechando el centenario de su nacimiento en este 2012, una de las más originales es el reciente “Music for An Aquatic Ballet”, de interés aún mayor por cuanto se ocupa de un repertorio algo marginal del compositor e, incluso, se atreve con una pieza completamente inédita hasta ahora.

El flautista Roberto Fabbriciani

Se trata, precisamente, de la que encabeza el disco y lleva el título de “Music for an Aquatic Ballet”. No existe partitura ni grabación alguna que atestigüe la existencia de esta composición pero sí hay indicios de que en algún momento llegó a representarse. La historia de la pieza es realmente curiosa puesto que surge de un encargo de la Universidad de California (la famosa UCLA) al joven músico en 1938 para que éste compusiera una música para el equipo de natación sincronizada que representaría una coreografía expresamente adaptada para la música de Cage. Se sabe que el propio compositor dirigió el evento pero no quedó más constancia del mismo que las crónicas periodísticas y la idea de que Cage experimentó por primera vez con instrumentos de percusión sumergidos en el agua (particularmente gongs y tam-tams), lo que repercutía decisivamente en su sonido. Como se advierte en el libreto, la “versión” que podemos oir en la grabación es totalmente arbitraria ya que no se conserva ni una sóla nota escrita por Cage para el evento. El hecho de grabar una composición de la que no se tiene más testimonio que las crónicas periodístcas del momento sería un absurdo tratandose de cualquier otro autor. En el caso de Cage, cobra todo el sentido del mundo y no se nos ocurre otro músico con el que se pudiera afrontar un reto así. La grabación recoge cintas con sonidos de respiraciones, zambullidas, aplausos del público, agua en movimiento y demás efectos, todo ello combinado con fragmentos de música de Cage. La idea es la de evocar la música que debían escuchar los nadadores, unas veces con la cabeza fuera del agua y otras sumergidos en la piscina. Todo ello combinado con la música del flautista Roberto Fabbriciani y el percusionista Jonathan Faralli, intérpretes (hora es ya de decirlo) de todo el disco. Al margen de la percusión, presente en toda la pieza, el rol principal lo ocupa la flauta en un registro grave y con formas casi minimalistas por cuanto sus intervenciones son breves y reducidas a unas pocas notas que repite una y otra vez. En el segmento final, sin embargo, la flauta desaparece y sólo quedan las percusiones y los rumores acuáticos.

La segunda composición recogida en el disco es “Dialogues”. Se trata de una pieza inédita cuya “partitura”, por llamarla de alguna forma, no se descubrió hasta un tiempo después del fallecimiento del músico. De acuerdo con el catálogo oficial de obras de Cage (http://www.johncage.info/workscage/dialogue.html) se trata de una composición fechada entre 1970 y 1977 para 2 ejecutantes. Deben utilizar hasta siete objetos numerados correlativamente. En este punto hay discrepancias entre dos manuscritos distintos del músico titulados de la misma forma. Uno de ellos señala que la ejecución cuenta con los siguientes instrumentos: un palo de madera, un tubo metálico, una copa de plástico, una cadena, un tubo largo y una escalera. El segundo manuscrito apunta a la utilización de una silla, una maleta, plantas (se menciona un cactus), vasos, una escalera, una mesa, una alfombra, un cenicero, cajas y cualquier otro objeto que el intérprete crea necesario. En la versión del disco escuchamos una curiosa combinación de sonidos que comienza con algo arrastrándose por el suelo, sonidos de pájaros, alguna percusión metálica de vez en cuando y juguetes. Conforme pasan los minutos, la pieza comienza a ganar en coherencia, especialmente cuando las percusiones suenan más organizadas. Aunque aparece acreditado el empleo de la flauta, apenas resulta audible en toda la grabación.

Continúa el disco con “27’10.554””. Se trata de la última parte de una serie que Cage estaba escribiendo bajo el título de “The Thousand Things” integrada por distintas composiciones cuyo título sólo hace referencia a la duración de cada pieza. La serie quedó inconclusa y la pieza para percusión que recoge el disco fue la última que el músico llegó a completar. La idea era que cada una de las obras podía interpretarse por separado o en combinación con cualquiera de las otras superponiendose ambas. Se trata de uno de los primeros ejemplos que encontramos en la música de Cage en los que aparece el azar, y el papel del compositor queda relegado a un segundo plano frente a la voluntad del intérprete. Al margen de la labor del percusionista, podemos escuchar grabaciones en cinta magnetofónica de una persona roncando y creando así, en cierto modo, un ritmo interno que ayuda a arrancar a la pieza. Ocasionales sirenas, zumbidos de moscas, una sierra cortando una tabla, o grillos cantando en la noche van apareciendo en varios momentos a modo de transiciones entre los diversos fragmentos percusivos.

“Atlas Eclipticalis” es una obra de Cage en la que toma como inspiración un mapa del firmamento del astrónomo checo Antonin Becvar. El compositor hace una especie de transcripción de las distintas posiciones de las estrellas al pentagrama en la que la intensidad luminosa de cada una de ellas se corresponde con el sonido y la posición con el tono de cada nota. Basandose en la obra de Cage, el flautista Roberto Fabbricciani escribió tres estudios estrenados en 1988 que son los que escuchamos aquí. Desde las primeras notas del primero de ellos, para flauta alto, nos queda claro que entramos en la etapa más “musical” del disco, entendiendo por tal, aquella que puede ser más fácilmente asimilada por el oyente más refractario a la experimentación. No podemos afirmar que la música de Cage para flauta tenga un sello particular. Más bien al contrario, nos cuesta identificar al autor norteamericano en estas circunstancias. Con todo, los tres estudios son una agradable escucha y sirven para romper con la linea más dura del disco y transportarnos hacia la segunda parte del mismo.

El propio Fabbricciani fue el músico a quien John Cage dedicó la siguiente composición, “Two”. El título, como el de muchas otras composiciones del norteamericano con un número como única denominación, alude al número de intérpretes necesarios para la ejecución. En la versión que aquí escuchamos, la parte principal la interpreta el vibráfono, en una linea muy similar a la de la música para piano del autor, con grandes intervalos de silencio entre las notas, ocupados en esta ocasión por la flauta en un plano aparentemente secundario, afirmación que habría que matizar teniendo en cuenta la importancia que concedía Cage al silencio y, por lo tanto, que todo elemento que lo sustituya o acompañe no puede ser despreciado.

Para cerrar el disco tenemos otra reconstrucción de una pieza perdida. Se estrenaron en su momento cinco piezas de la “Música para carillón” de Cage, cada una de ellas dedicada a una persona distinta. Existió una sexta parte dedicada a Morton Feldman que, aparentemente nunca se llegó a interpretar y esa es la que recoge la presente grabación. En palabras de Jonathan Faralli, la gran amistad e influencia mutua que ejercieron cada uno de los dos compositores en el otro justifica la reconstrucción de esta partitura perdida y su inclusión en el disco. No deja de ser sorprendente la versión de una pieza que debería estar interpretada por un carillón sonando a través de un percusionista y un flautista con el registro tan agudo de la flauta piccolo. Habiendo escuchado otras versiones de las cinco primeras partes de la “Música para carillón”, pensamos que no se hace justicia una sonoridad tan inimitable como esa en este formato tan distinto pero, a pesar de ello, la obra es igualmente disfrutable.

Quizá sea este un disco atípico por cuanto, en principio, sólo debería interesar al seguidor completista de John Cage por el carácter de inéditas de varias de las obras que en él se recogen. Sin embargo, y dadas las especiales características de la música de Cage, casi cualquier disco es un punto de partida tan bueno como el mejor. Por ello, y teniendo en cuenta la disponibilidad del disco (recien aparecido) y su precio creemos que merece la pena su adquisición y escucha. El intérprete principal del disco es el flautista Roberto Fabbriciani, estrecho colaborador del propio John Cage durante 30 años. Roberto se acompaña del joven percusionista Jonathan Faralli. Podeis comprar esta grabación en los siguientes enlaces:




Os dejamos con uno de los estudios sobre el "Atlas Elipticalis":


jueves, 6 de septiembre de 2012

Henryk Gorecki - Concerto-Cantata (2012)



Si hay un fenómeno de difícil explicación en las últimas décadas en lo que a música clásica se refiere, ese sería el éxito repentino de la 3ª sinfonía del músico polaco Henryk Gorecki, que se convirtió en un “hit” mundial en el año 1993 alcanzando los 700.000 ejemplares vendidos en muy poco tiempo. Y esto es sorprendente porque Gorecki era un absoluto desconocido para todo el mundo excepto para unos pocos entendidos. Sus obras nunca habían llamado la atención de la crítica y muchos de los comentarios sobre ellas no eran demasiado entusiastas. Para colmo, la ahora popular sinfonía se había compuesto 17 años antes de la grabación que la hizo famosa y nunca hasta 1993 había llamado la atención de nadie.

Tampoco sería justo quedarnos en la anécdota del éxito de la grabación y atribuirlo a la casualidad. Lo cierto es que unos años antes de la aparición del exitoso disco, el Kronos Quartet, formación de importancia capital en el impulso de la música contemporanea en toda la extensión del término, ya había encargado a Gorecki la composición de un cuarteto de cuerda que apareció publicado en el prestigioso sello Nonesuch junto con otra obra del autor interpretada por los solistas de la London Sinfonietta. Probablemente esta grabación fue el germen de la posterior de la 3ª sinfonía a cargo de la misma London Sinfonietta, ahora al completo y también para Nonesuch. A pesar de convertirse en una celebridad de la noche a la mañana, Gorecki no cambió en absoluto su forma de hacer las cosas. Siguió componiendo música con su ritmo pausado y sin tratar de repetir los esquemas de la 3ª sinfonía para aprovechar su éxito y, de hecho, muy pocas de las obras que escribió con posterioridad a 1993 han sido grabadas.

El compositor polaco ya había aparecido brevemente en el blog con una obra que apareció en un disco coral junto con piezas de Arvo Pärt, Alan Ridout y John Tavener pero nunca le habíamos dedicado una entrada completa. Creemos que el disco que hoy comentamos, publicado recientemente por Naxos, es una buena oportunidad para acercarnos a la obra de Gorecki sin tocar, por ahora, su 3ª sinfonía.



La grabación que nos ocupa reune cuatro obras muy diferentes entre sí y cada una de ellas con un atractivo muy particular. La primera de ellas es, con toda probabilidad la pieza más grabada del músico al margen de la tantas veces citada 3ª sinfonía y es su “Pequeño réquiem por una polka”, estrenada en 1993, en los meses previos al impacto mundial de la comentada grabación del músico. El réquiem está dividido en cuatro movimientos comenzando con el más extenso de ellos, un “Tranquillo” que se inicia con una escueta introducción de piano, muy lenta y pausada que nos recuerda a piezas como “Alina” de Arvo Pärt. De modo tenue, las notas de piano se alternan con campanas y suavemente hace acto de presencia el violín que entabla un breve diálogo con el propio piano. Gradualmente la pieza gana en intensidad hasta que irrumpen las campanas, ahora sí con gran fuerza, y arrastran en su ímpetu al propio violín que eleva su tono de forma vigorosa. Tras el breve sobresalto, todo vuelve a la normalidad para cerrar el movimiento del mismo modo en que se abrió minutos atrás. Durante toda la escena, la orquesta ha estado presente de forma casi testimonial pero eso cambiará radicalmente con el segundo movimiento, anotado como “Allegro impetuoso – marcatissimo”. Los metales irrumpen con gran energía y determinación con frases contundentes y repetitivas que son subrayadas por el piano con una serie de “staccatti” realmente poderosos. El ritmo y la energía remiten a Stravinsky o Shostakovich. Los últimos instantes del movimiento vuelven a la calma con una diálogo entre el clarinete y la trompa con el piano como testigo. El tercer movimiento, “Allegro – deciso assai” es el que nos enseña la única referencia a la polka del título en sus primeros compases liderados por un piano desenfrenado al que se une la orquesta en pleno en una especie de cacofonía llena de disonancias y que se extingue tan súbitamente como llegó para dar paso al movimiento final, “adagio cantabile”. La parte final del réquiem es la más nos puede recordar a otras obras del compositor como su 3ª sinfonía o su “Beatus Vir” por el protagonismo casi absoluto de las cuerdas en un prolongado lamento con las campanas y el piano resaltando el aire fúnebre que todo réquiem debería mostrar en algún momento.

La segunda obra recogida en la grabación es un estreno mundial, al menos en cuanto a su publicación en disco. Se trata del “Concerto-Cantata, Op.65” compuesto por el músico en 1992 y que nunca antes había sido grabado. Como la obra precedente, también está dividida en cuatro movimientos. El primero, “Recitativo: Lento (quasi molto lento)” es casi una pieza para flauta exclusivamente en la que el músico explora el registro más grave del instrumento en una composición lúgubre y estática con apenas variaciones melódicas. Sólo en los instantes finales aparece la orquesta para sobresaltarnos con la repetición al unísono de una serie de tres notas. Sin solución de continuidad entramos en el “Arioso: lento assai tranquillissimo – cantabile – dolce” (apreciareis ya el gusto de Gorecki por las indicaciones extensas a la hora de interpretar su música). En cualquier caso, el movimiento es una perfecta continuación del anterior aunque ahora es la orquesta la que se mueve pausadamente y la flauta la que acepta su papel solista encargandose del grueso de la melodía. El tercer movimiento, “Concertino: allegro” es el más interesante del concierto. La flauta sale de su letargo y comienza a dibujar arabescos de cierto aire minimalista. La orquesta, mientras tanto, como herida en su orgullo, responde con una energía y un ritmo notables que nos hacen pensar en alguna conocida obra de Khachaturian. Desde ahí hasta el final, la flauta y la orquesta entablan un animado diálogo lleno de dinamismo y alegría, algo extraño para proceder de Gorecki. Completa el concierto el último movimiento “Arioso e corale: lento – tranquillo cantabile – dolce” que recupera el tema principal del segundo movimiento desarrollandolo plácidamente hasta el final.

A continuación podemos escuchar otra obra de gran interés: el “Concierto para clave y orquesta, Op.40” escrito por Gorecki en 1980. El gran atractivo de la grabación es que la que en ella se recoge es la adaptación de la obra para piano y orquesta. Lo cierto es que, habiendo escuchado ambas instrumentaciones, nos quedamos con la de piano por lo que gana en cuanto a claridad y limpieza, especialmente dada la frenética velocidad a la que se desarrollan ambos movimientos de la pieza, “Allegro molto” y “Vivace marcatissimo” que apenas dejan apreciar la complejidad de la partitura en su versión cl clave. El primer movimiento entra como un tiro con toda la orquesta lanzada a una enérgica demostración de fuerza secundando al piano y no baja ni un ápice su intensidad durante toda su extensión. El segundo, igualmente desatado, nos permite intuir, en cambio, algunas referencias melódicas seguramente enraizadas en el folclore de la Silesia natal del músico. La versión que dejamos a continuacion corresponde a otra grabación, igualmente con piano.



Como cierre del disco tenemos las “Tres danzas, Op.34” fechadas en 1973. La primera de ellas combina un espíritu folclórico imposible de ocultar con una fuerza rítmica que inmediatamente nos remite a Stravinsky. No siempre es sencillo conducir a una orquesta sinfónica por estos derroteros sin caer en el caos más absoluto pero Gorecki lo logra en esta ocasión. La segunda danza es una de las más sorprendentes por cuanto su desarrollo pausado y la forma de moverse de la melodía formando una especie de efecto ondulatorio nos remite a obras posteriores de compositores de los que hemos hablado aquí como Steve Reich o John Adams. La tercera de las danzas vuelve a los registros más rítmicos, marcados por una alegre intervención inicial del fagot por encima de las cuerdas que siguen una cadencia continua muy viva. Tras el fagot, es el clarinete el que repite la misma melodía para ceder el testigo al oboe primero y más tarde a la flauta. Tras esa secuencia, es la orquesta al completo la que repite el mismo tema. El aire levemente orientalizante de la melodía nos recuerda a alguna obra muy popular de Albert Ketelbey en muchos momentos.

La grabación publicada en los meses pasados por el sello Naxos, está realizada por la Orquesta Filarmónica de Varsovia bajo la batuta de Antoni Wit. El piano es uno de los atractivos del disco ya que está interpretado por Anna Gorecka, hija del propio compositor y que hace un gran papel en las dos piezas en las que interviene. Gorecka es una habitual intérprete del repertorio de su padre como cabía esperar y éste le ha dedicado varias obras. La solista de flauta en el “Concerto-Cantata” es la también polaca Carol Wincenc.

Seguramente ninguno de nosotros habríamos reparado en la presencia de Henryk Gorecki si no hubiera mediado el “boom” de ventas de su famosa sinfonía pero eso no quiere decir en absoluto que su música no sea interesante. Por el contrario, creemos que de su pluma han salido varias obras realmente notables de las que son un buen ejemplo las cuatro piezas recogidas en el disco que hoy os recomendamos. Durante su vida, la música fue lo más importante para él pero no siempre en la faceta compositiva ya que solía alternarla con su labor docente en el conservatorio. Se dice que siempre les decía a sus alumnos que intentasen pasar tres días sin ninguna relación con la música, sin pensar en música, sin escuchar música. Si eran capaces de hacerlo, entonces deberían escoger otra carrera. Esta pasión por el arte que a todos nos emociona tanto justifica sobradamente su presencia aquí. Gorecki falleció el 12 de noviembre de 2010 tras una prolongada enfermedad renal. Se fue sin hacer ruido, sin recibir homenajes grandilocuentes y, contrariamente a lo que suele ocurrir en estos casos, su fallecimiento no ha ido acompañado de un bombardeo de reediciones y nuevas grabaciones de su obra. Por esto mismo, recomendamos más vivamente aún esta grabación que podeis encontrar en los enlaces habituales:


amazon.fr

lunes, 3 de septiembre de 2012

Pat Metheny - Unity Band (2012)



A cada año que pasa parece más lejana la posibilidad de escuchar un nuevo disco del Pat Metheny Group, la banda del guitarrista norteamericano que nos regaló un buen puñado de grandes discos en los que el músico fue mucho más allá de las fronteras del jazz tradicional fusionandolo con todo tipo de músicas y estilos distintos. Afortunadamente, en ausencia de grabaciones con su banda, Metheny nos ha regalado en los últimos años un buen montón de discos en solitario y en colaboración con distintos musicos junto a los cuales ha seguido desarrollando nuevas e interesantes propuestas.

La última de ellas, de reciente aparición, lleva el título de “Unity Band” y en ella, Metheny se hace acompañar por el bajista Ben Williams, el batería mejicano Antonio Sánchez (incorporado al Pat Metheny Group en 2002) y el saxofonista Chris Potter. Es precisamente la presencia de este último el hecho más destacable por lo que tiene de novedad en la música de nuestro guitarrista la presencia de un saxofonista. Sonará extraño pero lo cierto es que desde el disco “80/81”, no se había vuelto a escuchar un saxo en un proyecto de Pat Metheny (obviando discos en colaboración con otros músicos como el legendario “Song X” con Ornette Coleman). Ésta novedad no es meramente anecdótica sino que tiene mucha importancia. Comenta el propio músico al respecto en una entrevista en su propia web (www.patmetheny.com) que “he disfrutado enormemente de mis colaboraciones y proyectos con un puñado de grandes saxofonistas en el pasado. A partir de “80/81” participé en cinco grabaciones consecutivas con Mike Brecker, participé en “Wish” de Joshua Redman con quien hize un montón de conciertos, con Kenny Garrett hicimos el homenaje a Coltrane… también he tocado en alguna ocasión con David Liebman y Gary Thomas además de haber hecho conciertos puntuales con David Sanchez o Donald Harrison. Y, por supuesto, está “Song X” con Ornette Coleman. Sin embargo, para mi propia música parecía que nunca era capaz de encontrar un punto de partida desde el cual encaminarme a algún sitio en compañía de un saxofonista. En muchas ocasiones hablamos de rescatar la vieja banda del “80/81” pero nunca lo hicimos y ahora con los dos saxofonistas fallecidos (Michael Brecker lo hizo en 2007 y Dewey Redman un año antes) me arrepiento de no haberlo hecho”.

Interrogado por el motivo de volver a usar saxo precisamente ahora, Metheny es claro: “La respuesta es sencilla: ¡Chris Potter! Desde el punto de vista del aficionado, en los últimos tiempos le he visto crecer y convertirse en uno de los mejores músicos de nuestra época. Cuando ambos fuimos invitados a participar en el disco de debut de Antonio Sánchez nos dimos cuenta de que teníamos una forma de tocar que encajaba a la perfección y comenzamos a plantearnos un nuevo proyecto para aprovechar ese entendimiento”.


La famosa guitarra Pikasso. El nombre le viene al pelo.

Para completar la banda necesitaban una sección rítmica. La elección del batería era fácil ya que ambos músicos colaboraban habitualmente con Antonio Sánchez. Como la formación más habitual con la que estaba grabando Metheny en los últimos años incluía al propio Antonio Sánchez y a Christian McBride en el bajo, se diría que no habría mucho que buscar pero no iba a ser él el elegido sino un protegido suyo. McBride había invitado en alguna ocasión a Metheny a sus clases en la Juilliard School y allí le habia presentado a uno de sus alumnos más destacados: Ben Williams. Pat había contado con Williams en momentos puntuales para sustituir a McBride y su forma de tocar el bajo, con su especial sensibilidad para la melodía (algo que Metheny sólo había oído antes en Jaco Pastorius) le encandiló. Con el bajista enrolado en el grupo, nuestro músico completó por fin su nueva formación: la “unity band”.

“New Year” – El disco comienza en una linea similar a los últimos lanzamientos de Metheny en solitario con un precioso sólo de guitarra acústica con influencias del sur. Contrariamente a lo habitual en Metheny, habitualmente inspirado en la música brasileña, en esta ocasión desvía un poco la vista hacia el Río de la Plata en una melodía de aires porteños en la que Piazzolla está muy presente, especialmente tras la entrada del saxo y el bajo. Un Metheny sonando a Piazzolla tiene que recordar por fuerza a Lito Vitale, músico argentino fuertemente influído por ambos músicos y así es. Lo que en cierto modo completa el círculo de las influencias.

“Roofdogs” – No tarda el guitarrista en volver a sus registros más habituales. En ausencia de su teclista de toda la vida, Lyle Mays, todos los sonidos electrónicos, muy presentes en la pieza, los interpreta él mismo a través de su guitarra-sintetizador. La composición nos muestra una gran demostración de facultades por parte de Antonio Sánchez y a un Chris Potter excepcional con el saxo soprano en una composición con el sello de su autor presente en cada nota.



“Come and See” – Primera aparición en el disco de la guitarra Pikasso de Metheny, espectacular artefacto híbrido en el que se combinan un montón de mástiles y cuerdas entrecruzadas. Potter deja los saxos y se arranca con un solo de clarinete bajo en una pieza de jazz más clásico con una participación fundamental de Ben Williams al contrabajo, quien sostiene la composición en todo momento.



“This Belongs to You” – Otra introducción acústica para una de las piezas más tranquilas del disco que vuelve a dejarnos aires del Plata y al Pat Metheny más íntimo y personal de discos como su “Beyond the Missoury Sky” con Charlie Haden o el más reciente “What’s It All About?”.

“Leaving Town” – A pesar de su estilo personal, en ocasiones criticado por su apertura a muchas otras músicas que no son jazz, Metheny se desenvuelve a la perfección en los estandares más clásicos del género. Dentro de ese tipo de piezas más “convencionales” podríamos encuadrar esta composición que contiene un incesante guiño a Coltrane en el contabajo que repite casi como un mantra las cuatro notas principales de “A Love Supreme” como base rítimica de toda la composición.

“Interval Waltz” – Continuando con el jazz más clásico tenemos el siguiente tema, pieza que se mueve dentro de los parámetros habituales del género en todo momento lo que la hace más interesante, si cabe, por cuanto podemos apreciar en toda su magnitud la calidad de cada uno de los intérpretes que tienen su pequeño espacio de lucimento personal a lo largo del tema.

“Signals (Orchestrion Sketch)” – La faceta más inconformista de Metheny queda puesta de manifiesto en esta composición. El “orchestrion” es un invento del músico con el que Metheny puede “controlar” desde su guitarra o a través de pedales y artilugios similares un gran número de instrumentos. Direis que eso suena a controlador MIDI y que lleva mucho tiempo inventado pero de lo que se trata aquí es de una gran máquina que acciona los instrumentos reales de modo que el intérprete se convierte en un auténtico hombre-orquesta que puede intrepretar todo tipo de instrumentos sobre el escenario. Habrá tiempo para hablar de ello más adelante ya que el músico grabó todo un disco con este sistema. La pieza que utiliza el “orchestrion” en el disco es, sin duda, la más ambiciosa de la grabación rozando en muchos momentos las músicas más vanguardistas, especialmente la de Steve Reich, compositor minimalista admirado por Metheny y con el que ha colaborado en el pasado.

“Then and Now” – En la recta final del disco, el músico vuelve a los temas tranquilos y sin sobresaltos de ningún tipo. En esta ocasión se trata de una composición sin demasiada trascendencia de esas que podemos oir de forma habitual en muchas películas y series americanas sin darle mayor importancia. Lo más destacado, la interpretación de Chris Potter, sin duda alguna.

“Breakdealer” – Como cierre, Metheny adopta una postura más agresiva y recurre a elementos propios del jazz-fusión con toques latinos. Ben Williams se luce a conciencia en el contrabajo y su media naranja en la sección rítmica, Antonio Sánchez, le complementa a la perfección. Sin resultar especialmente sorprendente ni innovadora, nos parece una de las piezas más destacadas de todo el disco sin discusión.

Creemos que debe ser muy difícil resumir la carrera de un músico como Metheny en uno o varios discos recopilatorios por la gran variedad de estilos y registros en los que se ha movido. Éste “Unity Band”, sin ser un disco de grandes éxitos al uso, sí que nos muestra, a lo largo de sus nueve composiciones originales, una panorámica bastante completa de lo que ha hecho el músico en estos años con piezas que podrían encajar en distintos momentos de su carrera a la perfección. Por ello, sin ser un recopilatorio, insistimos, nos parece una magnífica puerta de entrada en el “universo Metheny” para el aficionado que no esté aún familiarizado con la música del guitarrista estadounidense a la vez que un trabajo perfectamente disfrutable por el seguidor veterano. Habitualmente, Metheny siempre se ha rodeado de músicos excelentes pero en esta ocasión, la calidad va acompañada de juventud lo que le da un plus de frescura e entusiasmo a la grabación. Os dejamos los habituales enlaces para haceros con ella:

amazon.es

fnac.es


Nos despedimos con una muestra de lo que puede hacer la "Unity Band" en directo: