sábado, 7 de marzo de 2020

Tangerine Dream - Hyperborea (1983)



Hace un montón de años, cuando descubrimos que había música más allá de “Los 40 Principales”, comenzamos a interesarnos por estilos más o menos diferentes. Dentro de esa época de apertura e investigación, los primeros nombres que nos llamaron la atención fueron los clásicos de la música instrumental de aquellos años: Jean Michel Jarre, Mike Oldfield y Vangelis. La “santísima trinidad”. Todos ellos eran músicos a los que no se puede considerar minoritarios y menos aún en los años ochenta, cuando los tres vivían un momento de gran popularidad pero lo importante es que con ellos habíamos encontrado tres ovillos de los que tirar en direcciones diferentes: Oldfield nos animó a profundizar en el rock progresivo y en el instrumental. Vangelis nos acercó a las bandas sonoras y Jarre a la música electrónica. Fue siguiendo este último hilo cuando descubrimos una serie de nombres que nos llamaron la atención. Eran tiempos sin internet y por mucho que escuchásemos hablar de bandas como Tangerine Dream, si no conocías a alguien que tuviera algún disco suyo, no era muy probable que llegases a escucharlos de forma consciente. La única alternativa era arriesgarse y buscar alguno de sus trabajos entre las series económicas del centro comercial de moda y probar suerte porque tampoco era cuestión de gastarse un dineral en una música que ni siquiera sabías si te iba a gustar o no. Así que una tarde nos plantamos en una tienda local y nos pusimos a rebuscar entre los discos de Tangerine Dream. Era el momento de saber a qué sonaba esa banda de tan extraño nombre. Ahí surgió otro problema: resulta que no era una banda de 6 o 7 discos. El expositor en el que se encontraban sus discos tenía no menos de 15 trabajos firmados por el grupo. En cualquier caso, estábamos decididos a llevarnos alguno a casa y, a falta de un criterio mejor, optamos por escoger basándonos en la portada y en la fecha de publicación. Siendo música electrónica, no queríamos algo demasiado antiguo por lo que buscamos entre los trabajos más recientes (en aquel tiempo aún pensábamos que cuanto más modernos fueran los aparatos, mejor sería la música). El que más nos llamó la atención fue “Hyperborea”, el más nuevo de entre varios discos con una característica común: la portada venía inscrita dentro de un marco monocromo en el que figuraba el nombre del grupo y el título del disco. Más tarde supimos que esa era la forma de presentar sus ediciones en CD de Virgin Records en la época y precisamente “Hyperborea” iba a ser el último disco de Tangerine Dream para Virgin.

Si descartamos las etapas más recientes, la formación con Christopher Franke, Edgar Froese y Johannes Schmoelling es la más duradera de la historia de Tangerine Dream (más incluso que la considerada clásica con Peter Baumann que tuvo alguna discontinuidad). Fue una etapa muy productiva en la que la banda publicó un buen número de discos, dio conciertos y grabó una gran cantidad de bandas sonoras. El punto negativo fue que casi todo este material estaba cortado por un patrón muy similar. “Hyperborea” era, estilísticamente hablando, una de las pocas excepciones a esto que decimos. El uso de instrumentos y sonidos nuevos como el sitar y la tabla, “samples” de última generación o máquinas como el PPG Waveterm con su tremenda (para la época) librería sonora y sus dos unidades de diskette de 5 ¼ que permitían almacenar los patrones creados, iba a ayudar a la banda a evolucionar en su sonido y eso siempre fue un punto a favor de este trabajo que, si bien no suele impresionar en la primera escucha, es de los que más han ganado con el tiempo para buena parte de los seguidores del grupo alemán.

Tangerine Dream en 1983


“No Man's Land” - Los miembros de la banda hablaban de una gran influencia de la música india a la hora de grabar el disco; particularmente de la banda sonora de la película “Ghandi” estrenada un año antes y en especial de las partes compuestas por Ravi Shankar. Esos sonidos y ritmos indios aparecen por doquier en la pieza que abre el trabajo. En ella asistimos a una interesantísima mezcla de percusiones y pulsos electrónicos que sustituyen en cierta forma a las habituales construcciones rítmicas de la banda, basadas en largas secuencias sintéticas. Sobre ellas aparecen a ráfagas diferentes melodías que muchas veces son simples apuntes pero que terminan por conformar una composición fascinante, muy diferente a lo que Tangerine Dream solían hacer pero que, de algún modo, conserva toda la esencia del grupo. En el tramo final, la mezcla de ritmos y secuencias (ahora sí) es preciosa y consigue cerrar la pieza dejando el mejor sabor de boca posible.




“Hyperborea” - Algo más convencional es el siguiente corte que comienza con un profundo fondo sintético muy elaborado al que se une la batería marcando un ritmo lento y constante. Escuchamos entonces el tema central, un tiempo lento muy en la linea de los trabajos de la banda con Schmoelling, melódico, evocador y, con la perspectiva de los años, inevitablemente ochentero. La segunda parte del tema cambia de tono y de ritmo y en ella aparece una nueva melodía interpretada con un sonido similar al de la guitarra eléctrica, las percusiones se vuelven épicas y el acompañamiento electrónico raya a gran altura.

“Cinnamon Road” - Si hay una parte de “Hyperborea” que podía radiarse en las FM de la época era este tema corto, muy rítmico y con ramalazos de Kraftwerk. Es un corte simpático, con un cierto potencial comercial pero demasiado ajeno a la linea general del disco. Un poco sorprendente esta concesión, especialmente si tenemos en cuenta que Tangerine Dream estaban descontentos con Virgin y la publicación del disco fue casi más un compromiso contractual que una necesidad artística. Desde luego, la profesionalidad de la banda quedaba fuera de toda duda, algo, por otra parte, no demasiado habitual dentro del mundillo.

“Sphinx Lightning” - La segunda cara del LP estaba ocupada en su totalidad por una larga suite. El comienzo era tranquilo, con una serie de notas rotundas dispersas en el tiempo a las que se unía la percusión. Todo muy solemne pero no tardaríamos en llegar, por fin, al segmento más propio de los Tangerine Dream clásicos con una inconfundible secuencia electrónica subrayada por la batería que nos transporta a los mejores momentos de la banda en lo que era una forma de cerrar el círculo con Virgin despidiéndose casi como empezaron 15 años atrás. La tercera parte de la suite vuelve a los sonidos del sitar como fondo para una melodía de flauta sintética que hace las veces de transición para el tramo final del trabajo en el que volvemos a los esquemas rítmicos de la pieza que abría el disco aunque algo subidos de revoluciones. Con esa premisa entramos en el extraordinario segmento final del disco que tiene un poco de todo, samples de percusión combinados de forma magistral y, sobre todo, un final por todo lo alto con un desarrollo melódico que es de lo mejor de la banda en toda la etapa de Schmoelling. Una verdadera maravilla para cerrar una época fundamental en el desarrollo de la música electrónica.




No encontraréis muchos listados que incluyan “Hyperborea” entre los mejores discos de Tangerine Dream y probablemente sea porque es un disco que no debe figurar ahí. Sin embargo, y quizá sea por las razones personales y no musicales que mencionabamos al principio, siempre ha tenido un hueco entre los que más escuchamos de la banda, quizá por encima de cualquier otro entre los que no pertenecen a la “etapa Baumann”. Sin ser un disco imprescindible (se puede vivir sin haberlo escuchado) creemos que no está de más darle una escucha de cuando en cuando, siempre con cuidado de no confundirse y acudir a la regrabación que la banda de entonces hizo en 2008, disco que no hemos escuchado pero que si está en la linea de otras regrabaciones que los Tangerine Dream modernos hicieron por aquella época, no merece demasiado la pena.

Nos despedimos precisamente con una versión en directo de uno de los cortes del disco interpretada por la formación de 2010 de la banda:


3 comentarios:

  1. Grata sorpresa me llevé con este disco, le tengo un poco de prejuicio al Tangerine Dream de los 80. Muy lindo disco.

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  2. Yo también fui de los que compraron Hyperborea a ciegas y al azar en un Pryca. Aquel día me llevé también el Revolutions de Jarre. Qué tiempos...

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  3. Feliz por leer esta fantástica reseña de un disco que, para mí, sí que es uno de los mejores de TD, y de lo mejor de la electrónica de los 80. Yo también llegué a TD buscando música similar a la de Jarre y lo compré un poco a ciegas, pero fue una gran compra. Enhorabuena por el blog

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