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viernes, 24 de julio de 2026

Aphex Twin - Richard D. James Album (1996)



Pocos artistas hemos conocido que nos generen un nivel de desconcierto similar al que nos provoca Richard D. James, más conocido como Aphex Twin, aunque en el disco que comentamos hoy se empeñe en recordarnos su nombre real. En una entrada anterior ya hablamos de cómo uno de sus discos dejaba descolocado a un crítico de música clásica pero es que el que comentamos hoy suscitó reacciones similares entre los entendidos aunque siempre con la impresión general de que estábamos ante el que podría ser el mejor disco de su autor hasta el momento. Una de las reseñas que apareció en su día indicaba que con este disco “parecía que Richard D. James se reía con nosotros en lugar de hacerlo de nosotros como en sus trabajos anteriores. Para contextualizar, hoy vamos a hablar de “Richard D. James Album”, disco que apareció en 1996 y que iba a ser su cuarto CD de larga duración. Se trata de la entrada por parte del artista en el “Drill'n'bass”, un sub-género caracterizado por ritmos imposibles llenos de acelerones, frenazos y cambios constantes que lo convertían en una gran paradoja porque era música de baile que no se podía bailar. Para ello toda la composición y gran parte de los tratamientos sonoros se hizo directamente en un ordenador a base de samples y manipulaciones de los mismos. Todo lo que suena en el disco está hecho por el propio Richard.


“4” - Comenzamos con un ritmo velocísimo que por momentos se comprime en ráfagas imposibles. Lo interesante sucede por debajo. Ahí aparecen capas de sonido, cuerdas sampleadas (creadas a partir de un solo violín, si nos creemos a su autor) y sonidos electrónicos muy sencillos en apariencia pero con un trabajo de producción muy complejo. La melodía lucha por parecer organizada en medio del caos rítmico que la rodea y llega a conseguirlo la mayor parte de las veces.




“Cornish Acid” - La cosa sigue, como insinúa el título, con sonidos ácidos que saltan a lo loco acompañados de la parte rítmica. En contraste, una melodía de fondo que se desarrolla lentamente, a medio camino entre los sonidos enigmáticos de “Doctor Who” y el ambient más clásico. El corte es muy breve y cuando termina tenemos la sensación de que se nos acabó el crédito en mitad de la partida de la máquina más atractiva de las recreativas del barrio.


“Peek 824545201” - Lo siguiente es más experimental si cabe con un Aphex Twin entregado a los ritmos más desconcertantes que, en alguna ocasión se organizan y tejen una breve melodía inteligible. Cuesta entrar pero una vez que lo haces es fascinante.


“Fingerbib” - Llegamos a una de las composiciones más sorprendentes del álbum que combina un tono y una melodía casi infantiles con un uso reconocible de los sintetizadores en lo que podría ser lo más parecido a una canción convencional en todo el disco. Pese a ello seguimos teniendo acelerones, frenazos y desarrollos rítmicos inesperados lo que nos nos impide disfrutar de un tema inesperadamente naíf.


“Carn Marth” - De todas formas no tardamos mucho en sumergirnos de nuevo en el caos más lo que podamos imaginar con uno de nuestros cortes favoritos del disco que reúne todo lo que uno esperaría de un trabajo de Aphex Twin. Teniendo en cuenta que “drill” en inglés significa “taladradora”, entendemos que este tipo de música haya recibido el calificativo de “drill'n'bass”.


“To Cure a Weaking Child” - Otra pieza fantástica es la que viene a continuación en la que el músico opta por samples vocales infantiles para hacer la melodía central, acompañados de una melodía repetitiva que suena de fondo a modo de canción de cuna mientras adereza todo el conjunto con ritmos delirantes. Lo curioso es que, por alguna de esas extrañas conexiones (o desconexiones) que se dan en nuestros cerebros en mucho momentos, hay algo aquí que nos recuerda a Vangelis.




“Goon Gumpas” - Continuando con ese aire entre inocente e infantil, tenemos aquí una excelente melodía muy divertida en forma de marcha, que nos permite un momento de relax antes de meternos en el último tramo.


“Yellow Calx” - Regresamos a la fórmula que combina ambientes y temas lentos con ritmos que quizá deberían llevar una advertencia para personas propensas a los ataques epilépticos ya que son el equivalente musical a las tormentas visuales tan comunes en algunos “animes”. Con todo, la parte electrónica más melódica es excelente.


“Girl/Boy Song” (NLS Mix) – El single más conocido del disco fue publicado también de forma independiente más adelante. Si nos quedamos con la parte no rítmica es una preciosa pieza de cuerdas que podría acompañar las imágenes de una película de época incorporando, incluso, algo de épica. Lo que ocurre es que el despliegue de ritmos que entran y salen continuamente mezclando tiempos y compases como si no hubiera un mañana hacen imposible concentrarse solo en lo melódico. En todo caso es una pieza excelente que nos gusta cada vez más.




“Logan Rock Witch” - El cierre del disco es una extravagancia que utiliza los instrumentos más curiosos para la parte de la percusión, como el arpa de boca, el cencerro, cajas de todo tipo, campanas, etc. para mezclarlos con un solemne órgano de iglesia y un silbato de émbolo entre otros recursos, digamos, inusuales.


Algunas ediciones del disco incluían el EP “Girl/Boy” con sus diferentes caras B pero no es el que tenemos por lo que la versión que comentamos es la “corta”. Somos conscientes de que la música de Aphex Twin no es para todo el mundo y tampoco tenemos claro qué nicho de melómanos es el más adecuado para hacerles esta recomendación. Hemos escuchado discos de intérpretes clásicas que han incluido en sus repertorios piezas de Richard D. James (pensamos en las hermanas Labeque) por lo que está claro que no estamos ante un tipo gracioso sin más. También tenemos claro que su trabajo con las texturas sonoras y los samples están al nivel de los más grandes de la electrónica contemporánea y es evidente que, si es una de las grandes figuras de un género como la IDM (por pretencioso que suene eso de “Intelligent Dance Music” es por algo.

jueves, 23 de noviembre de 2023

Aphex Twin - Drukqs (2001)



Hace unos cuantos años ya, en el diario El País se incluyeron una serie de experimentos curiosos en los que se llevaba a un crítico de un área determinada a ver un espectáculo de un estilo completamente diferente a lo que él trataba habitualmente. No recordamos si fue en el suplemento “Babelia” o en el extinto “El País de las Tentaciones. El caso es que en una ocasión se llevó a un renombrado crítico de música clásica a una sesión de Aphex Twin. Como nuestra memoria nos falla, no recordamos el nombre del crítico ni tampoco si asistió a un concierto o a una audición de un CD pero lo importante fue su reacción. Tras una serie de consideraciones sobre la música, nuestro crítico llegaba a la nada concluyente reflexión de que no sabía si lo que había escuchado era la obra de un loco, de un bromista o de un genio absoluto.


La anécdota no tiene más recorrido pero es interesante para ilustrar lo complejo que puede ser para el oyente desprevenido el enfrentarse a la música de Richard D. James, mas conocido como Aphex Twin. Su irrupción en los primeros años de la década de los noventa fue arrolladora y revolucionó la música electrónica con una propuesta era muy diferente a todas las demás: ritmos desbocados, frenéticos, continuos cortes, acelerones, frenazos... todo muy caótico a primera vista pero con un trasfondo detrás de todo ello que justifica la frase del crítico y nos recuerda al momento en que Polonio le dice a Hamlet en el segundo acto de la obra de Shakespeare aquello de: “aunque todo es locura, hay cierto método en lo que dice”. Y es que, pese a estar adscrito al movimiento de la IDM (Intelligent Dance Music) desde su inicio, la música de Aphex Twin no se ha quedado en ese particular nicho y ha obtenido reconocimiento, incluso dentro del campo de la música clásica, más allá del estupor inicial de nuestro querido crítico. Para ser justos, hay que indicar que no toda la música de Aphex Twin son ruiditos y ritmos desenfrenados. Al contrario, también tiene piezas ambientales e incluso obras para piano que bien podrían pasar por composiciones de un Satie, por ejemplo. Son estas piezas las que justifican su inclusión en discos de repertorio clásico a cargo de artistas tan prestigiosos como las hermanas Labeque, el violinista Daniel Hope o la London Sinfonietta o también adaptaciones al jazz, por parte de la New Talent Jazz Orchestra. Por su parte, compositores como Gavin Bryars o Philip Glass han encargado a Richard D. James remezclas de su música que, en el caso del segundo, se convirtieron en colaboración recíproca realizando Glass la orquestación de una pieza electrónica de Aphex Twin a petición de este. Tendremos que concluir con aquello de “algo tendrá el agua cuando la bendicen” y hablar por fin de la obra del músico británico.


Pese a tener ya más de treinta años de carrera, su discografía no es demasiado extensa en lo que se refiere a discos de larga duración, centrándose mucho más en los EP's y en los singles, no siempre publicados bajo el nombre de Aphex Twin. Hoy vamos a centrarnos en su doble CD “Drukqs”, publicado en 2001. Es uno de esos trabajos que combinan un cierto éxito popular (dentro del nivel de éxito que tenía la música de baile) con una crítica más bien fría que consideraba el disco muy inferior a los anteriores. En realidad fue un lanzamiento precipitado a causa de un descuido del artista que perdió una memoria usb con 180 temas inéditos en un avión. Al pensar que aquella música no tardaría en aparecer en internet, decidió publicar rápidamente un disco con parte de aquel material. Eso explica la mezcla entre estilos y las extrañas duraciones de muchos de los cortes con varios de ellos por debajo del minuto. La mayoría de los títulos está en córnico, lengua céltica de la zona de Cornualles, de donde Richard es nativo.


El disco comienza con un tema de piano preparado titulado “Jynweythek” y que tiene cierto tono medieval en su inicio para continuar con un desarrollo tranquilo. En esa línea tranquila escucharemos más adelante piezas como “Kladfvgbung Micshk” en la que el piano reproduce un ritmo mecánico en el que la melodía se reduce a una constante repetición de una secuencia muy breve, “Strotha Tynhe”, que entra de lleno en territorio clasicista con ausencia total de ritmos y un piano reposado en la línea de John Cage, por poner un ejemplo. “Avril 14th” es una de las piezas más conocidas de Aphex Twin y grabada por muchos artistas “clásicos” como las pianistas Katia y Marielle Labeque. Es una preciosa melodía en un estilo próximo al de Roger Eno o Harold Budd que merece mucho la pena escuchar. En ese mismo estilo tenemos la muy interesante “Hy A Scullyas Lyf A Dhagrow” que retoma la idea del primer corte del disco: piano preparado y una tonada con toques medievales y folclóricos. Cerrando el primer CD tenemos “Kesson Dalef”, miniatura preciosa de piano al estilo de lo que suele hacer Yann Tiersen. Ya en el segundo volumen, “Btoum-Roumada”, suena como un viejo carillón y es uno de los cortes más encantadores de todo el disco. En un estilo similar, “Qkthr”, breve pero muy musical con todo el protagonismo para el armonio. “Father”, en el que escuchamos otra vez el piano preparado, cambia hacia aires impresionistas y “Petiatil Cx Htdui”, otra de las joyas del disco, regresa al territorio de artistas como el mencionado Harold Budd. Algo parecido ocurre con “Ruglen Holon” en donde el legado de John Cage está de nuevo presente. “Beskhu3epnm” es un nuevo carillón y, cerrando el trabajo, tenemos “Nanou 2”, otra de las composiciones que se han ido incorporando al repertorio de algunos instrumentistas clásicos.




En cuanto a las piezas ultra-rítmicas e indescifrables, características del músico, tenemos “Vordhosbn” que mezcla el ritmo con un evocador ambiente electrónico. Por momentos, la cantidad de estímulos sonoros por segundo parece imposible de procesar pero eso es algo ya habitual en la música de Aphex Twin y se repetirá con más o menos matices en cortes como “Omgyjya-Switch7”, que parece una adaptación musical del sonido de un videojuego de combates y artes marciales tipo “Street Fighter”, “Cock/Ver10”, lleno de sonidos ácidos, cajas de ritmos dislocadas y repentinas pausas ambientales o los más de ocho minutos de desafíos rítmicos ininterrumpidos de “Mt Saint Michel+Saint Michaels Mount”. Ya en el segundo CD tenemos más muestras de esta faceta de Aphex Twin con “54 Cymru Beats”, “Meltphace 6”, donde los sonidos ácidos se unen a ciertas reminiscencias de Art of Noise, o “Taking Control”, una de las mejores piezas del álbum en la que los ritmos veloces están más organizados y, por tanto, son menos caóticos que en otros ejemplos anteriores. “Afx237 V.7” vuelve a la estética del videojuego arcade pasado por la batidora y con algún toque de Kraftwerk. Cerrando esta lista de piezas más alocadas, tenemos el tema más largo de la colección, “Ziggomatic 17”, que es un buen resumen del Aphex Twin más duro.




Aparte de las dos vertientes principales del disco, la más “clásica” y la “esquizofrelectrónica”, en “Drukqs” hay muchas otras composiciones que no encajan en ninguna de ellas. Ahí tendríamos el sonido industrial y mecánico de “Gwely Mernans”, que nos hace sentir como dentro de una factoría en la que una pesada maquinaria opera sin parar, o “Orban Eq Trx4” que combina lo industrial con una pegadiza línea de bajo en la que su corta duración parece indicar que apenas es una demo pendiente de desarrollo posterior. “Bbydhyonchord”, que tiene un ritmo muy convencional y tranquilo en contraste con los habituales en el artista y que podría pasar perfectamente por un relajado tema “chill out” para disfrutar en cualquier terraza ibicenca. Más ambiental en sentido estricto es “Gwarek2”, experiencia en la que escuchamos voces (a veces gritos) junto con sonidos de todo tipo cuya organización no parece obedecer a ningún criterio claro. Además de esto, hay en el trabajo cortes extraños e intrascendentes como “Aussois” que son apenas 13 segundos en los que se escucha una voz femenina y poco más, “Lornaderek”, en la que escuchamos a un pequeño grupo de personas cantando el “happy birthday”, “Bit 4” o “Prep Gwarlek 3b” que parece el típico “jingle” para una transición televisiva.





Te guste o no la música de Aphex Twin, lo cierto es que estamos ante uno de los últimos innovadores reales en un campo como el de la música electrónica en el que muchos artistas tienden a sonar demasiado parecido a otros. Podemos estar equivocados porque nuestros conocimientos sobre el campo de la música de baile no son demasiado amplios pero no recordamos haber escuchado nada parecido a la música de Aphex Twin antes de su aparición. El tratamiento de los ritmos, el caos continuo y esa sensación de pérdida de control inminente en muchos momentos era algo radicalmente nuevo en su momento y dejó mucha huella posteriormente. Artistas como Thom Yorke o Daft Punk reconocen un gran influencia de Richard D. James en momentos importantes de sus respectivas carreras. Quizá no sea un músico para escuchar todos los días porque cada disco requiere de un esfuerzo casi físico para resistirlo pero sí que nos parece alguien a tener muy presente, y una de las figuras individuales más rescatables de las surgidas en la electrónica de finales del siglo pasado. De cara a acercarse a su música, recomendaríamos su recopilatorio “Classics” pero entre los discos de estudio, creemos que “Drukqs” tiene momentos de lo más representativo de su estilo.

domingo, 9 de junio de 2013

Katia & Marielle Labeque - Minimalist Dream House (2013)



Las hermanas Katia y Marielle Labeque representan uno de esos raros casos que se dan en el mundo de la música clásica en que, como por ensalmo, un intérprete alcanza una fama repentina y se convierte en una estrella a un nivel cercano al de algunos ídolos del pop. Lo particular de su éxito es que no procede de la “vulgarización” de un repertorio clásico para hacerlo accesible al llamado “gran público” como han hecho otros nombres hoy famosos sino que alcanzaron su primer éxito con una grabación, nada menos que de las “Visions de l’amen” de Olivier Messiaen realizada cuando las pianistas contaban con 19 y 17 años respectivamente. El mérito es mayor si tenemos en cuenta que fue el propio Messiaen quien supervisó y dio el visto bueno a la grabación quedando plenamente satisfecho (recordemos que el músico estuvo casado con la también pianista Yvonne Loriod, habitual intérprete de sus obras y que su nivel de exigencia era máximo).

Esta elección de la vía “más dura” para darse a conocer, incluyó interpretaciones de música de Luciano Berio, Pierre Boulez o Gyorgy Ligeti pero no se quedaron ahí y ampliaron su repertorio a todo tipo de músicas, desde el barroco (llegaron a encargar la construcción de dos pianoforte) al jazz, el pop o el flamenco (han grabado con la cantaora Mayte Martín). Su mayor éxito fue una transcripción para dos pianos de “Rhapsody in Blue” de Gershwin lo que las elevó al estatus de estrellas. Tras haber tocado con las mejores orquestas, haber grabado en los mejores sellos y haber acompañado a los mejores solistas, decidieron crear su propio sello discográfico, KML Recordings el 2007, no sólo para publicar sus propios trabajos sino para apadrinar a nuevos artistas procedentes de los estilos más variopintos y no sólo en el ámbito de la música sino también en el campo audiovisual. Ya en 2012, establecieron un centro de reunión para artistas en Roma en el que construyeron su propio estudio de grabación y fue allí donde surgió el disco que hoy vamos a glosar. El título: “Minimalist Dream House”, dice mucho. Las “Dream House” son una serie de instalaciones ideadas por el pionero del minimalismo LaMonte Young en las que se combinaba su música con las esculturas lumínicas de su esposa, Marian Zazeela. La referencia al minimalismo del título sirve para despejar cualquier posible duda al respecto del contenido del disco pero no nos llevemos a engaño: no hay música de Young en el disco y, además, la definición de lo que es “minimalista” para las hermanas Labeque es algo más amplia de lo que se suele aceptar como tal.

A pesar de que el disco está firmado por las hermanas Labeque, intervienen varios músicos más en determinados momentos de la grabación. A saber: David Chalmin (voz, guitarras, bajo y efectos electrónicos), Raphael Seguinier (batería, percusión y efectos electrónicos) y Nicola Tescari (piano, teclados y efectos electrónicos).

Las hermanas Labeque

“Minimalist Dream House” consta de tres discos bastante diferenciados entre sí: el primero contiene varias obras más bien cortas para piano o dos pianos. El segundo se centra en piezas para grupo y el tercero nos presenta dos obras de larga duración:

DISCO 1:

“Four Movements for Two Pianos” (Philip Glass) – No habría sido demasiado arriesgado suponer que Glass aparecería en un disco de estas características aunque la pieza escogida no es la más habitual de su repertorio (de hecho, la de las hermanas Labeque es la segunda grabación que conocemos de la misma). Se trata de una composición relativamente reciente (data de 2008). No es muy amplio el repertorio de Glass para dos pianos pero dada su importancia, tenemos que recordar su ópera “Les Enfants Terribles” que, aunque escrita para tres, recuerda mucho en las formas a lo que podemos escuchar en estos cuatro movimientos. La pieza surge como encargo de la pianista Maki Namekawa y Dennis Russell Davies quienes fueron también los encargados de estrenarla. El primer movimiento es enérgico y directo. Inconfundiblemente “glassiano”. El segundo cambia de registro, bajando de velocidad y adoptando, en general, un tono mucho más comedido con un toque neo-romántico que el autor empezó a dejar ver en su música a partir de su “Dracula” y que ha cultivado desde entonces. El tercer movimiento es, quizá, el más puramente minimalista de la obra: basado en un ostinato grave, Glass construye una melodía oscura cuya influencia creemos escuchar en obras posteriores como la banda sonora de la película “Moon” de Clint Mansell. Cerrando la obra encontramos otro movimiento lento de gran densidad que va creciendo a partir de lo que recuerda a un bajo continuo barroco sobre el que aparecen escuetos grupos de notas espaciados como preludio a los clásicos arpegios de su autor.

“Three Nocturnes” (Howard Skempton) – El compositor británico, diez años mayor que Glass, comparte en su música muchas de las características de los minimalistas iniciales pero con una particularidad: sus piezas son extremadamente breves con lo que, inmediatamente, ganan en accesibilidad (como muy bien saben muchos otros autores de esa “segunda generación” de minimalistas). Sus tres nocturnos fueron escritos en 1995 y aquí son interpretados por Katia Labeque. Es música pausada, evanescente, reflejo de la de otros autores como Erik Satie o Harold Budd y en esta obra queda claramente de manifiesto. Especialmente destacado es el tercero de los nocturnos, con un ritmo de marcha hechizante, casi mágico que nos atrapa a lo largo de sus escasos dos minutos de duración.

“The Time Curve Preludes” (William Duckworth) – Otro de los autores de esa teórica “segunda generación” de minimalistas sería el norteamericano William Duckworth. Fallecido hace apenas unos meses a la edad de 69 años, su obra no es demasiado conocida y son sus “Time Curve Preludes” (1977-78) la parte más conocida de la misma aunque sólo llegó a completar el primero de los libros, con 24 piezas. Aquí escuchamos una selección de los preludios que incluye el 1º y el 17º, interpretados por Marielle Labeque y los que hacen el número 2, 7, 10 y 12 de la serie a cargo de su hermana Katia. Para los críticos, esta obra marca la entrada en una etapa post-minimalista de Duckworth aunque, dada la amplitud que ha alcanzado el término en los últimos tiempos, no creemos que sea necesario hablar de post-minimalismo cuando podría seguir llamándose minimalismo a secas. La similitud estilística que encontramos en algunos preludios como el séptimo o el décimo con música como la de John Cage hace más complicado aún hablar de post-minimalismo en un sentido temporal.

“Images” (Howard Skempton) – El resto del disco vuelve a la obra de Skempton comenzando por una selección de sus “Images” escritas en 1989. Es Marielle Labeque la encargada de interpretar las cinco piezas (los preludios nº 1, 5 y 7 y los interludios nº 4 y 5). Como ocurría con los nocturnos antes reseñados, volvemos a escuchar música tranquila, cadenciosa y profunda, de fuerte inspiración melódica.

“Postlude” (Howard Skempton) – Cierra el primer disco de la colección otra breve pieza escrita en esta ocasión en 1978 e interpretada de nuevo por Marielle. Aún más pausada, si cabe, que las anteriores, podría pasar perfectamente por una composición de Satie y está impregnada de un cierto tono fúnebre y meditativo.

DISCO 2:

“Experiences I” (John Cage) – Cuando hablábamos antes de que en este disco se exploraban las fronteras del minimalismo violentándolas en algunos momentos, pensábamos en lo que suena en este segundo CD, con músicos que muy pocos incluirían en esta categoría pero que, tras una escucha detenida, tienen motivos sobrados para aparecer aquí. Abrir el disco con John Cage es una especie de homenaje: una mirada atrás, al comienzo de todo, para saltar al presente y al futuro. La pieza para dos pianos de Cage es sólo el principio.

“Gameland” (David Chalmin) – La inclusión de música propia de los integrantes de la banda que apoya a las hermanas Labeque es el punto fuerte de este segundo CD. La única composición de Chalmin combina electrónica y sonidos experimentales con formas clásicas. Se trata de una pieza sumamente inquietante que nos recuerda en ciertos momentos a algunas obras de Roger Eno. Está construida como un “crescendo” continuo en el que la tensión aumenta por momentos hasta llegar a un estallido final de gran intensidad que podría estar sacado de cualquier disco de una banda de rock contemporánea como Nine Inch Nails.

“Suonar Rimembrando” (Nicola Tescari) – Que el minimalismo tiene puntos en común con el barroco es algo que muchos músicos han puesto de manifiesto. No sorprende, por tanto, que muchos autores de aquel periodo sean reivindicados por músicos actuales. Tarquinio Merula, por ejemplo, fue un no muy conocido músico italiano de aquella época cuya obra no es hoy muy popular. Sin embargo, la hemos encontrado ya en varias ocasiones publicada relacionándola con compositores contemporáneos (existe un disco que combina, sorprendentemente bien, música de Merula y Philip Glass). Nicola Tescari parte aquí de una chacona del compositor barroco para escribir una deliciosa pieza para piano y efectos electrónicos más que interesante.

“Nanou2” (Aphex Twin) – La presencia de Aphex Twin, pseudónimo de Richard D. James en un disco como este llama la atención de inmediato. El británico es una de las figuras más respetadas en el mundo del tecno pero una mirada más atenta a su obra encuentra claras referencias a músicos como Cage o Satie, especialmente en su disco “Drukqs” del que está extraída ésta pieza y la siguiente del CD.

“Avril 14th” (Aphex Twin) – Los seguidores de la vertiente más dura del tecno de Aphex Twin no entendieron bien la aparición de un disco como “Drukqs” del que se acepta como válida la teoría de que fue una forma de romper con el sello Warp. Sin embargo, en él se encuentra mucha de la mejor música del compositor. Este tema es un claro ejemplo de lo que decimos y uno de los más bellos de todo el disco.

“In Dark Trees” (Brian Eno) – Que la música de Brian Eno apareciera en algún momento en este disco es algo que todos podíamos esperar. Lo que no era tan previsible es que lo hiciera con esta composición de su disco “Another Green World”, por la escasa presencia de piano en ella y sus formas, más propias del rock que de la clásica. En todo caso, se trata de una muestra de la amplitud de miras con la que está hecha la selección de músicas por parte de las hermanas Labeque.


“The Poet Acts” (Philip Glass) – Quizá la obra más popular de Philip Glass haya sido su banda sonora para la película “Las Horas”. Poco después de su publicación, su colaborador de toda la vida, Michael Riesman, escribió una adaptación de la partitura para piano de la que se extrae este fragmento a cargo de Katia Labeque.

“Hymn to a Great City” (Arvo Pärt) – Quizá sea esta la pieza más bella del escaso repertorio para piano (en este caso para dos) del compositor estonio Arvo Pärt, por encima de la estática “Alina”. En apariencia es simple, como buena parte de la obra de su autor pero el resultado es una maravilla. Un ritmo continuo, casi un pulso a la manera de Reich, recorre toda la pieza, salpicado por ocasionales arpegios pero sólo con eso, Pärt consigue emocionarnos hasta la lágrima.

“En 4 Parentheses” (Nicola Tescari) – Segunda y última pieza del músico de la banda que interpreta determinadas piezas de este trabajo y una de las más interesantes puesto que combina elementos experimentales en forma de efectos electrónicos y voces espectrales con atmósferas inquietantes y una constante tensión que amenaza con saltar en pedazos en cualquier momento, cosa que sucede en los instantes finales con la irrupción de la percusión.

“Pyramid Song” (Radiohead) – Cuando hablábamos de que la selección de piezas hecha por las Labeque para esta colección estiraba los límites del minimalismo hasta casi romperlos teníamos muy presente esta canción extraída del disco “Amnesiac” de Radiohead. Sin embargo, no nos queda más remedio que rendirnos ante la evidencia de que la composición tiene, efectivamente, todas las características exigibles a una pieza para adjudicarle ese calificativo. Nos permitimos añadir, incluso, que la interpretación de David Chalmin es superior a la del propio Thom Yorke en el original.

“Free to X” (Raphael Seguinier) – El último de los miembros de la banda formada por las hermanas Labeque para grabar el disco hace su aparición en este momento con una composición llena de intensidad que es un homenaje a los pioneros del género. Combinando una percusión obsesiva con profundos “drones”, se va formando una intrincada red de sonidos que gana en riqueza con la continua adición de elementos hasta llegar a una ininteligible cacofonía final.

“Ghost Rider” (Suicide) – Cerrando el CD encontramos una de la mayores rarezas contenidas en el mismo con un corte del dúo neoyorquino “Suicide”, banda de punk electrónico de los años setenta sin conexiones aparentes con el minimalismo más allá de la estructura repetitiva de su música, algo común, por otra parte, a muchas canciones tanto punk como new wave de aquellos años.

DISCO 3:

“In C” (Terry Riley) – Poco podemos añadir a estas alturas sobre lo que ya se ha dicho sobre esta obra. El calificativo de piedra angular del movimiento minimalista le hace justicia como pocos podrían hacerlo. La revisión que realizan las Labeque y su banda en el disco es muy respetuosa y fresca a la vez y su reducida duración (no llega a media hora) la hace más accesible. El único “pero” que le ponemos es la batería que aparece en el tercio final de la obra. Por lo demás, una versión muy recomendable.

“Water Dances” (Michael Nyman) – La obra surge como banda sonora para un documental de Peter Greenaway sobre natación sincronizada en 1984 y, en un principio estaba escrita para orquesta. No conocemos ninguna versión íntegra de la obra original aunque aparecieron determinados movimientos en los discos “A Kiss and Other Movements” y “The Essential Michael Nyman Band” respectivamente. Sí que nos llama la atención el hecho de que se indique en el libreto del disco de las Labeque que esta es la primera adaptación para dos pianos de la obra cuando recordamos otra publicada por Helen Hodkinson y Brenda Russell en el disco “Taking a Line for a Second Walk”. En cualquier caso, las “Water Dances” se cuentan entre nuestras obras predilectas de Nyman y esta versión las hace justicia. En las cinco danzas escuchamos la versión más reposada del músico inglés (la inicial “Dipping”), al más metronómico y riguroso (“Stroking”), al casi lírico (“Submerging” y “Gliding”) y al desatado rockero que tanto nos gusta cuando, y es un decir, se desmelena (“Synchronizing”).


Poco más que añadir. Sabemos que una colección de tres discos sobre música minimalista puede resultar algo árida al oyente menos familiarizado con el estilo pero tenemos que reconocer que la selección musical es tan sorprendente como acertada y debería ser igual de atrayente para el neófito que para aquellos ya iniciados en el género por cuanto las composiciones escogidas (con la única excepción de “In C”) no son las tópicas de toda recopilación al uso. El trabajo viene presentado en un estuche de cartón en formato libro, realmente escueto con un austero libreto. No sabemos si forma parte del concepto minimalista o se trata sencillamente de reducir costes pero mucho nos tememos que no aguantará bien el paso del tiempo. Con todo, la música y el precio lo hacen muy recomendable. Podéis adquirirlo aquí:


Vídeo promocional del disco: