domingo, 10 de junio de 2012

John Adams - Nixon in China (2008)



Nos encontramos hoy ante una obra fundamental en la música contemporanea de los últimos años que nos muestra un curioso paralelismo entre su argumento y la carrera de su autor.

No es un secreto que Richard Nixon, quizá el más impopular de todos los presidentes norteamericanos en el último siglo, era un abanderado en la lucha contra el comunismo, lo que no le impidió girar la vista hacia China para entablar relaciones que le podían dar importantes réditos en Vietnam y para presionar al gran rival Soviético que tenía importantes tiranteces con el gigante rojo en aquellos años. El trasfondo político de la visita era tan importante sencillamente como símbolo que poco después de anunciarse, la Unión Soviética remitió una invitación a Nixon para desplazarse al país y hablar de los conocidos tratados SALT.

Por otra parte, es de todos conocida la animadversión que en muchas ocasiones ha mostrado John Adams hacia la música de Philip Glass (y en menor medida hacia la de Steve Reich). Esto hace que sea sorprendente escuchar su ópera “Nixon in China”, reconocida hoy como una de sus composiciones fundamentales, y comprobar el asombroso parecido en el estilo de la música con el de óperas anteriores de Glass, existiendo pasajes completos que cualquiera atribuiría sin ningún género de dudas al músico de Baltimore. No deja de ser curioso que, precisamente en estos días, mientras preparabamos esta entrada, llegue a nuestras manos (lo que agradecemos a José Jiménez Mesa) una entrevista a Adams publicada esta semana en la que habla en los siguientes términos de “Nixon in China” tras haberla dirigido de nuevo tras más de 10 años sin hacerlo: “Al leer la partitura hoy en día, me sorprendo de lo minimalista que es (…) está claro que en 1985 yo estaba muy influenciado y le debo mucho a “Satyagraha” de Philip Glass, que, por otra parte, es una obra maestra”. entrevista completa

Adams creció en una familia de profundas raíces demócratas y su madre fue una activa participante en las elecciones del partido que trabajó a pie de calle cada cuatro años durante los complejos procesos electorales estadounidenses. El propio Adams cuenta cómo llegó a estrechar la mano de John F. Kennedy la noche anterior a la victoria de éste en las primarias de New Hampshire de 1960. Su posición política, por tanto, se encontraba en las antípodas de la de Nixon y no fue nada sencillo convencerle para escribir la ópera. La idea surge en 1983 de la mente de Peter Sellars, polémico director teatral que tiene en su haber controvertidos montajes operísticos que van desde obras de Mozart o Haendel hasta Ligeti o el propio Adams, con quien ha tenido una importante relación artística. Sellars es, por tanto, quien sugiera la posibilidad de escribir una ópera con la visita de Nixon a China como motivo central. Afirma Adams que “en 1983, Nixon se había convertido en un personaje habitual de parodias y de malas comedias y no veía cómo separar mi animosidad hacia el personaje (que me habría querido mandar a Vietnam) del panorama histórico general del acontecimiento. Sin embargo, cuando la poetisa Alice Goodman accedió a escribir una especie de libreto en pareados para la obra, el proyecto se me apareció en toda su complejidad, con su parte de épica, su parte de sátira, su parte de parodia y su parte de examen histórico serio, filosófico e, incluso, de género.”

John Adams en una imagen reciente.

“Nixon in China” está dividida en 3 actos. El primero de ellos consta de tres escenas: la inicial se desarrolla en el aeropuerto tras la llegada de Nixon y la recepción por parte del primer ministro chino Chou En-lai. Nos muestra los preparativos del aterrizaje, al presidente americano descendiendo por la escalerilla del “Spirit of 76”, la rutinaria conversación intrascendente entre ambos mandatarios y a Kissinger interrumpiendoles para informar a Nixon de que Mao quiere hablar con él. Musicalmente se abre la obra con una preciosa introducción en el estilo habitual de Adams, con las cuerdas desplazandose en masa como las olas del mar, y los vientos poniendo el acento rítimico en determinados momentos. Sobre esa misma base entra el coro haciendo su primera intervención antes del primer gran cambio. La melodía y las voces se aceleran y entramos en un pasaje en el que, tanto las formas como el recitado tienen un sabor inconfundiblemente glassiano hasta tal punto que no soprendería escuchar este fragmento en “Akhnaten”, por ejemplo. Si en el inicio era el interludio orquestal el que se fundía en el primer coro, ahora ocurre lo contrario, siendo las voces las que se diluyen en el fragor de la orquesta que narra el aterrizaje del avión de Nixon. La parte final de la escena tiene un ritmo casi desenfrenado como parte de las referencias que el autor quería introducir al swing y otras músicas americanas de la época de la visita.

La segunda escena es ya en el despacho de Mao en el que fue el único encuentro que mantuvieron ambos dirigentes en toda la visita en una conversación en la que el dirigente chino llevó todo el peso y en la que se habló de política pero también de filosofía y de cuestiones dispares. La música es poderosa, quizá más que en ningún otro momento de la ópera. Encontramos momentos de gran energía, fragmentos jazzisticos, pasajes más tranquilos y danzas desenfrenadas. La escena final del primer acto transcurre durante el banquete de bienvenida en el Gran Salón del Pueblo. De nuevo, la apertura de la misma es jazzistica, con una batería que deja pocas dudas al respecto, especialmente durante la conversación entre el matrimonio Nixon previa a la cena. Particularmente destacable nos parece la parte en la que el presidente americano se dirige al resto de comensales envuelto en una alegre mezcla de jazz con guiños típicamente americanos (nos parece oir referencias a Copland o Ives, por poner dos ejemplos).

El segundo acto se divide en dos escenas en las que toma el protagonismo Pat Nixon, primera dama norteamericana. La primera nos muestra a la esposa del presidente visitando las calles de Pekín y alguna factoría. La música escogida por Adams para ilustrar esta parte de la visita está llena de dinamismo, al modo de su “Short Ride on a Fast Machine”. No podemos evitar pensar en Michael Nyman cuando escuchamos determinados momentos de la partitura. Durante el aria “This is Prophetic” podemos escuchar alguno de los momentos más líricos de toda la obra en los que Adams relaja un poco la rigidez de los esquemas minimalistas para permitirse un arrebato melódico de gran inspiración. La segunda escena recoge a la delegación americana asistiendo a una representación de un ballet diseñado por la esposa del propio Mao, Chiang Ch’ing. Habla Adams de cómo trató de reflejar en la música lo estereotipado de este tipo de manifestaciones artísticas, compuestas por encargo y con un ferreo contro por parte de los dirigentes culturales del régimen. Los ritmos son mucho más repetitivos y machacones que en el resto de la obra como reflejo de esta idea. Esto no significa que no haya momentos de gran inspiración. Particularmente nos quedamos con “Tropical Storm”, de gran energía y con una introducción de flauta y orquesta que se diría sacada de la banda sonora de “Koyaanisqatsi” de Philip Glass. El coro “Fresh Rebels” contrasta con el resto de la escena por su sabor americano y podría acompañar sin desentonar en absoluto cualquier escena de un western de John Ford aunque no termina siendo reconducido hacia terrenos más convencionales respecto de la producción de su autor. La esposa de Mao, actriz en su juventud, se expresa no sólo por medio de su propia voz sino por la del coro convirtiendose en la protagonista de la escena y tiene su momento más destacado en el cierre de la escena cuando canta “I am the wife of Mao Tse-tung / who raised the weak above the strong / When I appear the people hang / upon my words, and for his sake / whose wreaths are heavy round my neck / I speak according to the book.”

El acto final, nos cuenta la última noche de la visita con un Nixon visiblemente agotado, en compañía de su mujer y un Kissinger nervioso, deseando terminar con todo aquello. En contraste, Mao se muestra pleno de energías. No encontramos demasiadas sorpresas en el acto más breve de la obra: algún fragmento en forma de danza con tema americano. Contrariamente a lo que sucede habitualmente, la ópera no concluye con un final apoteósico, con toda la orquesta en pleno y un coro exuberante sino con un aria lánguida en la que escuchamos solos de violín o flauta remarcando el tono melancólico de los últimos instantes de la ópera.


Imagen de uno los momentos de la visita de Nixon.


Al margen de las consideraciones políticas e históricas de la visita, la ópera de Adams nos muestra con gran sutileza una serie de diferencias muy apreciables, especialmente entre las esposas de ambos dirigentes. Pat Nixon es, en palabras del propio compositor, “la perfecta esposa republicana, siempre en segundo plano, sin destacar en ningún momento y subordinada en todo momento a su marido”. Chiang Ch’ing, en cambio, aparece como una presencia poderosa en la sombra, con más capacidad de decisión de la esperada y con uno toque maquiavélico, reforzado por una importante aura de erotismo latente.

En lo musical, nos cuesta mucho separar la ópera de otras obras de Philip Glass anteriores, especialmente “Satyagraha” pero también de “Akhnaten”. Evidentemente, no todo en esta obra de Adams, tiene que ver con su contemporaneo Glass pero la influencia es grande. Incluso, si atendemos al planteamiento puramente escénico de la representación, tendremos que convenir que es mucho más convencional que los que acompañaron las primeras grandes producciones de Glass y la propia estructura narrativa, inexistente como tal en alguna de las obras glassianas, es muy conservadora en comparación. Dicho esto, “Nixon in China” nos parece una obra a tener muy en cuenta y uno de los grandes hitos en la producción de su autor. La parte más revolucionaria de la obra fue el hecho de que tratase temas más o menos contemporaneos con buena parte de los protagonistas de la acción aún vivos. La relación entre los poderosos y su  comportamiento en determinados momentos de la historia han sido siempre motivo de atención de los grandes artistas (Adams compara en este sentido su “Nixon in China” con las obras de Shakespeare sobre los distintos reyes ingleses”) pero normalmente se ambientaban en épocas pasadas y esa es la gran novedad del trabajo de Adams.

Como suele ocurrir en estos casos, la acogida de la obra fue muy diversa. Hubo críticas realmente buenas y otras demoledoras. Un crítico llegó a escribir que sólo había tres cosas malas en “Nixon in China”: el libretto, la música y la dirección. “Todo lo demás es perfecto”, publicó.

Existen dos grabaciones de la obra completa. La primera, publicada por Nonesuch en 1987, reunió al reparto original del estreno teatral. La segunda (grabada en directo) es la que hoy recomendamos, por su accesibilidad en las tiendas (apareció en 2008) y por su precio. Fue editada por Naxos en una caja de 3 CDs y cuenta con la Colorado Symphony Orchestra bajo la dirección de Marin Alsop, el Opera Colorado Chorus y las participaciones solistas de Robert Orth (Nixon), Maria Kanyova (Pat Nixon), Thomas Hammons (Kissinger), Chen-Ye Yuan (Chou En-Lai), Marc Heller (Mao Tse-tung), Tracy Dahl (Chiang Ch’ing) y Melissa Malde, Julie Simpson y Jennifer DeDominici como las tres secretarias.


Imagen de la representación, disponible en la web de Naxos.

Antes de despedirnos, la habitual sugerencia de enlaces por si os animais a adquirir la obra:

amazon.es

play.com


Finalmente, os dejamos un video promocional de una reciente representación de la ópera y un fragmento de la misma:






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