domingo, 24 de junio de 2012

John Coltrane - Giant Steps (1960)



En 1959, John Coltrane era una figura inconmensurable del saxo tenor y una estrella indiscutible del jazz en general. Sin embargo, un respeto reverencial hacia la figura de Miles Davis, de cuya banda formaba parte desde 1955, le retraía a la hora de lanzarse seriamente a una andadura en solitario por lo que sus discos estaban subordinados en cierta forma al calendario de grabaciones y conciertos del trompetista. El conocido como “primer gran quinteto” de Davis sirvió al trompetista para relanzar su carrera, lastrada en los años anteriores por sus devaneos con la cocaina. No deja de ser curioso que fuera el propio Coltrane el que cayera en el mismo error teniendo que abandonar la formación temporalmente en 1956. “Trane” entonces empezó a colaborar con Thelonius Monk y a grabar sus primeros discos en solitario para el sello Prestige desarrollando buena parte de las habilidades que le han hecho inmortal como las conocidas como “sheets of sound”, series de notas casi en cascada, interpretadas a una velocidad vertiginosa rompiendo los conceptos harmónicos clásicos del “hard bop”. En 1958, Coltrane volvió al grupo de Miles Davis, ampliado ya a sexteto y junto a él grabó alguno de los discos históricos del trompetista como “Milestones” o “A Kind of Blue”, comentados tiempo atrás en el blog. Como indicamos al principio, el respeto por Davis le hizo permanecer junto a él hasta la gira europea de 1960, tras la que abandona la formación para firmar por Atlantic Records.

La breve etapa al lado de Monk fue crucial para Coltrane (tanto o más que los años de la mano de Miles Davis) ya que en ella evolucionó hasta un estado nuevo, un par de escalones por encima del anterior. “Aprendí a fijarme en las cosas como nunca lo había hecho antes. Si no te das cuenta de lo que estás haciendo, estás perdido y fue Monk el primero que me enseñó cómo hacerlo. Me dijo cómo tocar dos o tres notas a la vez en el saxo tenor con una falsa digitación y cambiando el sonido con los labios. Si lo haces bien, consigues acordes de tres notas. Con Monk, además, adqurí la costumbre de tocar solos mucho más largos de los que solía tocar”. Esta longitud de alguno de los solos de “Trane” obligaba al resto de su acompañantes a un esfuerzo supremo, “no sólo de imaginación sino puramente físico” como indica el también saxofonista Archie Sheep. Davis no siempre encajaba bien estos largos sólos y en alguna ocasión le espetó a Coltrane: “¿por qué has alargado tanto esa parte?”. La respuesta del saxofonista fue tan simple como demoledora: “ha sido tan larga para que entrase todo en ella”.



Uno tiende a imaginar a los músicos de jazz como tipos casi autodidactas tremendamente dotados para su instrumento y con una gran intuición y capacidad para la improvisación y los supone alejados de todo academicismo. Esa imagen ciertamente romántica del tema que nos ha vendido la literatura y el cine no es, sin embargo, nada ajustada. En la mayoría de los casos, las grandes figuras del género han recibido una sólida formación musical de corte académico y están familiarizados tanto con la más clásica ortodoxia como con las corrientes más vanguardistas y con otros mundos musicales. Aunque suene soprendente, Coltrane componía al piano y sólo al final añadía el saxo a la partitura. Era un admirador de la música india y también de la africana y conocía el flamenco (falleció sin cumplir su sueño de visitar África, desgraciadamente). Su dedicación a la música era casi religiosa y en muchas ocasiones dijo que era lo único realmente importante en la vida y lo que le hacía levantarse por las mañanas: “No estoy seguro de qué es lo que busco salvo que será algo que nunca nadie ha tocado antes. No tengo ni idea de lo que será pero sé que lo sabré cuando lo haya encontrado”.

El primer trabajo de “Trane” para Atlantic iba a ser “Giant Steps”, un disco magnífico y profundamente personal. Todos los temas están compuestos por “Trane” y la mayoría de ellos están dedicados a sus seres queridos (“Naima” a su mujer de entonces Juanita Grubbs, “Syeeda’s Song Flute” a su hija o “Cousin Mary” a su sobrina) así como a amigos muy próximos como el bajista Paul Chambers (“Mr.P.C.”). Coltrane era un músico tremendamente concienzudo y perfeccionista. En contraste con las sesiones de grabación con Davis, en las que los temas se daban por terminados generalmente con un par de tomas o tres, parece ser que los días en el estudio para registrar “Giant Steps” eran todo lo contrario y cada pieza se tenía repetir varias veces hasta que se ajustaba al gusto de su autor. La mayor parte del disco se grabó en dos sesiones en mayo del 59 con Tommy Flanagan al piano, Paul Chambers al bajo y Art Taylor a la batería con la excepción de “Naima”, grabada en diciembre y con Wynton Kelly (piano) y Jimmy Cobb (batería) acompañando a “Trane” y Chambers.

“Giant Steps” – Sin introducciones ni preámbulos innecesarios, Coltrane va directo al grano y da comienzo al disco con cinco notas que han pasado a la historia del jazz y se han convertido en un clásico. El popular estribillo de “Giant Steps” da paso a un solo interminable que retrata a la perfección a su intérprete. Es en la parte final cuando el trio acompañante tiene su pequeño espacio para la expansión antes de que “Trane” retome el mando volviendo a la melodía inicial tras otro sólo, algo más breve ahora. Hay muy poco que añadir sobre estos casi cinco minutos en los que se comprime todo un tratado de composición e interpretación.



“Cousin Mary” – Y si el tema inicial es ya un estandar del jazz de todos los tiempos, este segundo no le va a la zaga continuando con los mismos esquemas del anterior, con algo más de sitio para las aportaciones del resto del cuarteto aunque subordinados siempre a Coltrane.

“Countdown” – El corte más breve del disco es también el más ajeno a la linea general. Al contrario que los anteriores, no comienza con una referencia directa a la melodía principal sino con un solo de batería tras el cual llega la entrada de Coltrane al saxo tocando a una velocidad de vértigo. Tras unos instantes se incorpora la sección rítimica y no es hasta los instantes finales de la pieza cuando aparece la melodía central.

“Spiral” – Quizá el corte más ortodoxo de todo el disco, con todo el sabor del jazz añejo de las viejas películas con sus escenas de los bajos fondos y un protagonismo compartido entre todos los músicos. Uno de los cortes en los que el cuarteto suena más como una banda y no como Coltrane y sus acompañantes. Cabe señalar aquí que cuando “Trane” llega al estudio para grabar lo hace sin haber ensayado nada previamente con los músicos con lo que el enfoque a dar a la pieza surge directamente en las sesiones, con lo que es aún más notable la integración que demuestra la banda en esta pieza.

“Syeeda’s Song Flute” – Dedicada a la hija pequeña de Juanita “Naima” Grubbs, quien disfrutaba mucho, al parecer, cuando Coltrane tocaba la pieza. El aire infantil de parte del estribillo hizo que el saxofonista incluyese la referencia a la niña en el título de la composición.

“Naima” – La composición dedicada a Juanita y titulada con el nombre musulmán de ésta es la más melancólica del disco y una de las melodías más bellas de su autor. No en vano es, quizá, la composición que ha conocido más versiones de todo el repertorio del saxofonista. La interpretación de Coltrane en la versión del disco roza lo sublime con  una limpieza y claridad en la ejecución incomparables.

“Mr. P.C.” – Para cerrar el disco, Coltrane reserva otra de sus melodías más recordadas, la dedicada a su contrabajista de la época, Paul Chambers, acompañante del músico en decenas de grabaciones. Con “Mr.P.C.” regresamos al estado de euforia que desata “Trane” cuando se deja ir y es acompañado a la perfección por sus músicos. Todo un deleite para los aficionados que provoca una sensación de desamparo al terminar por suponer el final del disco.




Llegado este momento cuesta resistirse a la tentación de volver a pulsar el “play” de nuestro reproductor para disfrutar de nuevo de “Giant Steps” uno de los grandes hitos del jazz de todos los tiempos y uno de esos discos que no nunca falta en las tan habituales listas de los mejores discos del género. No importa que seais o no aficionados al jazz. La calidad de “Giant Steps” hace del disco un imprescindible en la estantería de cualquier melómano que presuma de serlo, por encima de géneros y clasificaciones. John Coltrane falleció sin llegar a cumplir los 41 años y su legado es monumental. Es inevitable preguntarse hasta dónde habría llegado de haber seguido vivo en los setenta y los ochenta. Tomando como referencia la obra de Miles Davis en estas décadas, por ejemplo, imaginar a un Coltrane en plena madurez artística en medio de las innovaciones musicales y sonoras de esos años aumenta la sensación de pérdida ante su temprana muerte. Los que tengais interés en haceros con "Giant Steps" teneis la posibilidad de hacerlo en cualquiera de los siguientes links:



Nos despedimos con otra cita del gran saxofonista que resume buena parte de su filosofía: “si la música no es capaz de hablar por sí misma, todo lo que digamos o escribamos sobre ella no la va a ayudar a hacerlo”. Podeis disfrutar de Coltrane en directo a continuación. El video es de 1965 y la pieza, "Naima":

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