miércoles, 17 de abril de 2013

Steve Reich: Different Trains / Electric Counterpoint (1989)




“Mis padres se separaron cuando yo tenía un año. Mi madre se trasladó a Los Angeles mientras que mi padre permaneció en Nueva York. Como acordaron repartirse mi custodia, entre 1939 y 1942 viajé incontables veces entre ambas ciudades en compañía de una cuidadora. Aquellos largos viajes eran excitantes y románticos en cierto modo pero cuando echo la vista atrás y pienso que, siendo judío como soy, si hubiera vivido en Europa en aquellos años, habría viajado en unos trenes muy distintos. Con esa idea en mente, traté de escribir una pieza que reflejase de alguna manera aquella situación.”

El holocausto ha sido tema central no sólo en la historia de las últimas seis décadas sino del arte en todas sus formas. No habría espacio suficiente para comentar las novelas y películas que han encontrado su inspiración en uno de los episodios más negros de la historia de la humanidad y la música no ha permanecido al margen. Existen cientos de piezas musicales de todo tipo centradas en todo ese periodo histórico pero pocas parten de un enfoque tan original como la que hoy nos ocupa, escrita por el autor de la cita con la que abrimos nuestra entrada: Steve Reich.

Al margen de la idea de estructurar la narración a través de dos episodios paralelos separados en el espacio por varios miles de kilómetros, el planteamiento meramente musical de la obra es también profundamente innovador. Es comúnmente sabido que el minimalismo como estilo musical parte de la repetición continua de células melódicas de escasa duración que sufren cambios continuos casi inapreciables a lo largo de la pieza hasta transformarse en algo completamente diferente. La novedad en “Different Trains” se encuentra en la procedencia del material melódico. La obra se estructura en tres movimientos titulados, respectivamente, “América, antes de la guerra”, “Europa, durante la guerra” y “Después de la guerra”. Reich decidió grabar una serie de conversaciones con la que fue su cuidadora durante los viajes de su infancia, Virginia Mitchell, en las que ella hablaba sobre sus recuerdos de aquellos interminables trayectos. Grabó también a Lawrence Davis, camarero en uno de aquellos vagones, quien contaba en las cintas recuerdos de toda su vida. A continuación, buscó grabaciones de testimonios de supervivientes del holocausto que tenían la misma edad que el propio Reich para confrontar sus experiencias durante aquellos sucesos y, por último, seleccionó grabaciones con sonidos de trenes realizadas en América y en Europa en los años treinta y cuarenta.

Pues bien, con todo ese material sonoro, Reich comenzó a trabajar aislando fragmentos sueltos, frases, ruidos, etc. que contenían en su entonación una cierta estructura melódica y seleccionó unos cuantos de entre aquellos más “musicales” para transcribirlos en una partitura que iba a ser orquestada para un cuarteto de cuerda imitando las inflexiones de cada frase. En el disco, el cuarteto es, como no podía ser de otra manera, el Kronos Quartet formado en aquel momento por David Harrington y John Sherba (violines), Hank Dutt (viola) y Joan Jeanrenaud (violonchelo).

Imagen del manuscrito de la partitura original de "Different Trains".

“America, before the war” – El comienzo de la obra nos muestra al Kronos Quartet convertido en una auténtica locomotora entre sonidos de trenes reales. Sin que el ritmo continuo ceda en ningún momento, comenzamos a escuchar las primeras frases anticipadas por su transcripción meódica, habitualmente al violín cuando las palabras las pronuncia Virginia Mitchell y al cello cuando es Lawrence Davis. “From Chicago to New York”, “one of the fastest trains”, “the crack train from New York” y otras muchas se suceden repitiéndose varias veces cada una antes de pasar a la siguiente en un esquema musical que no es nuevo en Reich y que hemos podido escuchar en obras como “Music for 18 Musicians”. Mientras que en aquella obra, el cambio de un segmento a otro venía marcado por el piano, aquí sucede a los sonidos de las chimeneas de las locomotoras. “”From New York to Los Angeles”, “different trains every time” y vuelta al “from Chicago to New York” continúan repitiendo los dos narradores involuntarios hasta llegar el segmento final en el que el texto se centra en la repetición de varios años: “in 1939”, “1939”, “1940”, “1941” y “1941, I guess it must’ve been” son los últimos fragmentos del discurso incluidos en el primer movimiento de la obra.

“Europe, during the War” – De repente nos vemos trasladados a un escenario diferente. Aunque la música del cuarteto sigue una linea similar, no escuchamos ya los trenes sino las sirenas que avisan de los bombardeos. De un plumazo, Reich nos transporta a la vieja europa y la narración cobra un tono mucho más dramático en la voz de los protagonistas: “1940”, “on my birthday”, “the Germans walked in”, “walkes into Holland” o “Germans invaded Hungary” nos ponen en situación ante el comienzo de la tragedia. “I was in second grade”, “I had a teacher”, “a very tall man, his hair was concretely plastered smooth”, “He said, Black Crows invaded our country many years ago”, “and he pointed right at me” son los siguientes fragmentos en los que se nos muestra cómo los judíos fueron acusados, juzgados y condenados sin ninguna contemplación. Volvemos a escuchar los trenes mezclados con las sirenas que precedían a la aviación mientras la narración nos introduce en esos vagones tan distintos: “no mores school”, “you must go away”, “and she said: quick, go!”, “and he said: don’t breathe”, “into those cattle wagons”, “for 4 days and 4 nights”, “and then we went through these strange sounding names”, “Polish names”, “Lots of cattle wagons there” y “they were loaded with people” son los retazos de la experiencia de los supervivientes que nos llevan hasta los campos de concentración en los que se desarrolla la parte final del movimiento: “they shaved us”, “they tatooed a number on our arm” y “flames going up to the sky, it was smoking” cierran la pieza con una intensidad contenida pocas veces alcanzada en una narración musical.



“After the War” – Cerrando la pieza, una vez que se extinguen las sirenas que marcan todo el movimiento anterior, Reich muestra la narración combinada de la emigración a América de los supervivientes con las voces del movimiento inicial sobre los viajes en tren de la juventud del compositor. La música es mucho más vitalista y luminosa aunque sin perder ese punto de dramatismo que planea sobre toda la obra. “and the war was over”, “are you sure?”, “going to America”, “to Los Angeles”, “to New York” se mezclan con extractos ya oídos en el primer movimiento. En “After the War” tenemos la mejor muestra del estilo de Reich, no tan sujeto a la estricta transcripción musical de las frases grabadas aunque en su parte final, como cerrando el círculo, se recuperan algunos de los temas iniciales. A modo de conclusión, el músico deja una pequeña anécdota que sirve como un resquicio a la esperanza y que nos recuerda mucho al fantástico final de la obra maestra de Stanley Kubrik, “Senderos de Gloria”: “there was one girl, who had a beautiful voice”, “and they loved to listen to the singing, the Germans”, “and when she stopped singing they said, more!, more! and they applauded”.

“Different Trains” es una obra sensacional en la que Reich encuentra un recurso narrativo absolutamente revelador para estructurar la pieza. No nos sorprende que muchos años después volviese a repetir la jugada alrededor de otro acontecimiento dramático pero eso sería materia de una entrada futura.

Se completa el disco con otra obra de gran importancia aunque sin tanta carga emocional como la primera. La Brooklyn Academy of Music encargó a Reich en los primeros años ochenta la composición de una serie de piezas para instrumentos solistas. La primera de ellas, para el flautista Ransom Wilson, fue escrita en 1982 bajo el título de “Vermont Counterpoint”. De la segunda de ellas, escrita para el clarinetista Richard Stolzman y titulada “New York Counterpoint” hemos hablado recientemente cuando reseñamos el disco “Minimal Tendencies”. La tercera de la serie es la que se recoge en la grabación que hoy comentamos. Fue escrita para el guitarrista Pat Metheny, bien conocido por los seguidores del blog, y llevaba el título de “Electric Counterpoint”. Es el propio Reich quien describe la pieza en los comentarios del disco: “El solista graba hasta diez guitarras y dos bajos y, tras ello, toca la parte de la decimoprimera guitarra mientras se reproducen todas las demás pistas grabadas previamente”.

“Electric Counterpoint se estructura en tres movimientos cuya única notación hace referencia a su velocidad y se alternan entre “rápido”, “lento” y “rápido”. El primero de ellos tiene un claro aroma a Reich y combina su clásico sonido ondulante a cargo de las guitarras dobladas gracias a la tecnología de grabación sobre el cual, Metheny interpreta una melodía cíclica que se repite a modo de mantra en varias ocasiones consiguiendo un profundo efecto hipnótico. Con todo, es el segundo movimiento el que más llama nuestra atención ya que creemos que es donde Metheny encuentra mayor espacio para la creatividad. Partiendo de una breve serie de acordes que van entrando en fase poco a poco según la terminología creada por el propio Reich, se va construyendo una tupida telaraña tan frágil como atractiva que nos envuelve sin darnos cuenta. Aparecen después, a ráfagas, los clásicos ostinatos habituales en el compositor pero siempre en un segundo plano. El tercer y último movimiento está lleno de energía y nos recuerda más a piezas como “Piano Phase” por la continua repetición de una frase cuya transformación paulatina nos desplaza a otro sitio sin apenas darnos cuenta. Nos parece muy interesante la combinación de la guitarra pulsada, el bajo que actúa como conductor en determinados momentos y los rasgueos del Metheny más reconocible que actúan como elemento coagulante de todo el movimiento.



Cuando un disco recoge dos obras como estas, recomendarlo no cuesta ningún esfuerzo. Escucharlo es casi imprescindible si se quiere comprender por qué derroteros circula la música, digamos, “culta” en las últimas décadas ya que Reich es uno de los compositores más influyentes de este periodo y también de los más insobornables y fieles a su estilo que ha mantenido casi intacto y ajeno a modas e influencias externas. El disco es fácil de encontrar si os decidís a adquirirlo. Nosotros, como de costumbre, os sugerimos un par de enlaces:




2 comentarios:

  1. Vaya, he aprendido muchísimo con esta entrada. Este disco lo tengo y me encanta, pero no tenía idea de que detrás de esas voces de "Different Trains" se escondiera semejante historia. Un aspecto que me atrae de la obra, al hilo de lo que comentas, es que se transciende el ámbito estrictamente musical para adentrarse en el campo literario. Es cierto que cualquier pieza en la que se cante un texto (desde una ópera a una canción de rock) transciende lo meramente musical para incorporar un elemento literario, sin embargo, la forma literaria en este caso no es un poema, una letra de canción, un libreto… Es algo profundamente híbrido y distinto, una especie de collage documental, bien podría ser el equivalente literario de la música concreta debido a ese planteamiento de escoger pedazos procedentes de la realidad para crear una entidad nueva.

    En “Electric Counterpoint” me gusta mucho Pat Metheny. Lo cierto es que es un músico al que uno se acostumbra a oír en su grupo junto a Lyle Mays y, de pronto, aparece en contextos completamente distintos, como éste que nos ocupa o, también, el álbum “Song X” de Ornette Coleman, tremendamente abrupto, vanguardista y recomendable. Por otra parte, no sabía que los nombres de Richard Stoltzman y Steve Reich pudieran coincidir en una misma frase. “New York Counterpoint” es un título cuya existencia conozco, pero cometo el error de no haberlo escuchado todavía. Tendré que subsanarlo pronto…

    Un saludo ;)

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  2. Gracias por el comentario una vez más. Un complemento perfecto para la entrada. Es cierto que Stoltzman, a priori, no encaja demasiado con Reich pero tampoco Metheny parece muy cercano a sus planteamientos y funciona.

    Le tengo muy perdida la pista a Richard Stoltzman a quien conocí de la mano de Bill Douglas años atrás. Ahora que lo pienso, quizá haya que abrir un hueco a Douglas proximamente.

    Un saludo.

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