sábado, 9 de julio de 2016

Astor Piazzolla - Libertango (1974)



Llama la atención la cantidad de veces que se repite esta situación: músicos grandes en su género son acusados en un momento determinado de su carrera de “traición” con argumentos del tipo de: “su música ya no es (rellenar con el estilo que uno crea conveniente)”. Esta clase de reproches suelen ser hechos a artistas que van un paso por delante del resto y, fundamentalmente, por parte de otros artistas que carecen de esa visión diferencial que separa al buen músico del genio. Acabamos de hablar en el blog de Miles Davis quien recibió críticas de ese jaez precisamente después de grabar alguno de los trabajos que hoy forman parte del los considerados de forma casi unánime como obras maestras del jazz. En su momento muchos dijeron que aquello “no era jazz”.

Otro ejemplo muy significativo lo “sufrió” (entrecomillamos porque no creemos que aquello le influyera lo más mínimo) Astor Piazzolla, quien tuvo que escuchar en muchas ocasiones aquello de que “lo que él hacía no era tango”. Lo cierto es que no tenía por qué serlo. Piazzolla creció escuchando tango y estuvo muy próximo a figuras como la de un tal Carlos Gardel o Aníbal Troilo en cuya orquesta tocó con sólo 18 años, pero su formación académica estuvo enfocada hacia el clasicismo estudiando con los mejores maestros de su tiempo. Además su carrera discurrió paralela al desarrollo de un género como el jazz, música que le entusiasmó y cuya influencia no podía serle ajena.

La etapa más popular y probablemente también la más creativa transcurrió durante los años en los que lideró su célebre quinteto, formación que posteriormente amplío hasta componer para un octeto o un noneto relativamente estables, reforzados en muchos momentos por una sección de cuerdas. Al frente de una de esas formaciones grabó el disco que hoy comentamos aquí. “Libertango” fue creado en una etapa de especial fertilidad del músico argentino quien, tras sufrir un infarto unos meses antes, se trasladó a Italia donde daría comienzo su época más experimental en la que iba a jugar con todas las influencias citadas (clásica y jazz) e incluso con algo de rock. Lo interesante de “Libertango”, al margen de su calidad intrínseca y de la difusión que alcanzaría la composición que presta su título al disco, fue el éxito que obtuvo a nivel internacional (es decir, fuera de Argentina). Esto hizo que buena parte de la crítica del país que le acusaba de hacer algo diferente del tango, un sucedáneo desvirtuado, se replantease esa posición y comenzase a mirar a Piazzolla con otros ojos.

Para grabar “Libertango”, el músico se rodeó de algunos de los mejores músicos de estudio del momento de la escena italiana (muchos procedentes del mundo del jazz). Sería lógico dudar de la idoneidad de estos para interpretar una música con una raíz tan sólida en un estilo folclórico procedente del otro lado del Atlántico pero si nos planteamos el disco como una fusión entre estilos diferentes, como un paso adelante en pos de una obra que trascienda las barreras de un género concreto, la elección de músicos ajenos a la tradición tanguista se revela como un gran acierto. Intervienen en el disco: Felice da Via (piano, órgano Hammond), Gianni Zilioli (Hammond, marimba), Marlene Kessik, Hugo Heredia y Gianni Bedori (flautas), Pino Presti (bajo), Tullio de Piscopo (batería y percusiones), Filippo Dacco (guitarra eléctrica), Andrea Poggi (timbales, percusiones) y una pequeña sección de cuerda liderada por el célebre director de orquesta y sobrino del gran pianista Arturo con el que comparte apellidos: Umberto Benedetti Michelangeli (violín).

Astor Piazzolla


“Libertango” - Abre el disco una intensa melodía de bandoneón propulsada por un excelente trabajo de la batería y el bajo eléctrico. La entrada de la orquesta de cuerdas aporta un toque cinematográfico y nos prepara para la parte central protagonizada por el propio Astor y un gran Pino Presti. “Libertango” es una composición muy breve pero condensa en menos de tres minutos toda la esencia de la música del argentino. Si embargo, se echa de menos una mayor duración para desarrollar algunas ideas.




“Meditango” - El siguiente tema, aunque sigue sonando inconfundiblemente porteño, añade elementos jazzísticos en la introducción y también en la parte central en la que el piano se une a la sección rítmica para darle un giro a la pieza, que de la melancolía inicial pasa a un segmento uniformemente acelerado antes de detenerse bruscamente y dejarnos con la única compañía del bandoneón de Piazzolla. Lo disfrutamos durante unos instantes en los que prepara la extraordinaria melodía que cierra el tema, ya con la orquesta en pleno dialogando con el resto de instrumentos del noneto.

“Undertango” - Todos los títulos nuevos del disco son juegos de palabras en los que se combina la palabra “tango” con otra que representa estados de ánimo o situaciones relacionadas con la música. En esta ocasión nos encontramos con la esencia más arrabalera del tango (del “underground” bonaerense). Los arreglos, en cambio, son revolucionarios. El uso de la marimba, los juegos de percusiones de la parte final y el desordenado (en apariencia) cierre, hacen de “Undertango” una de las composiciones más arriesgadas del disco.

“Adiós Nonino” - La única pieza que no termina de encajar aquí es este clásico inmortal, no ya del repertorio de Piazzolla, sino de la música del siglo pasado. Es muy difícil encontrar una versión del mismo que salga airosa de la comparación con la que el propio Ástor grabó con su quinteto en 1969 y esta no lo consigue aunque sí que acerca la composición a un estilo diferente al original introduciendo alguna variación de cierto interés, especialmente en los arreglos para órgano Hammond del final.

“Violentango” - Timbales y batería nos reciben con fuerza en una de nuestras piezas favoritas del disco, desbordante de ritmo y energía desde el primer momento y con un importante papel del resto de instrumentos (el bandoneón siempre lo tiene) especialmente de las flautas y las percusiones en el segmento central. Más tarde aparece el piano y lo hace de un modo estelar durante un interludio en el que también brillan el bajo y el Hammond. Una obra maestra.




“Novitango” - Piazzolla recrea una y otra vez una melodía sencilla a la que se suma el piano eléctrico y las percusiones (de nuevo timbales y marimbas se nos antojan brillantes) para dar forma a otra pieza muy vanguardista y alejada de las formas tradicionales del tango. Si no escuchásemos el característico bandoneón, diríamos que no suena a tango y, sin embargo, es tango en estado puro. Quizá ese sea el gran mérito de Piazzolla a fin de cuentas: tomar una tradición, darle la vuelta por completo y llevarla a un estadio más avanzado.

“Amelitango” - El título hace referencia a Amelita Baltar, cantante y pareja artística y sentimental del músico justo hasta aquel momento. El tema comienza de forma similar a “Libertango” aunque el desarrollo posterior va por derroteros completamente diferentes. Si tal cosa fuera posible, se asemejaría a un tema de rock progresivo, especialmente por la evolución del tema y los arreglos de teclado, muy diferentes a lo que el músico había grabado anteriormente.

“Tristango” - Piazzolla siempre fue un gran admirador de Johann Sebastian Bach y la introducción de esta balada, al órgano Hammond, tiene mucho de homenaje a su música (uno de tantos que el argentino hizo en sus discos a lo largo de su vida). La pieza más adelante hace honor al título y despliega esa inevitable melancolía y tristeza que sobrevuela siempre a los artistas sudamericanos en el exilio, ya sea este forzado o voluntario, definitivo o temporal. Es el tema más largo del disco y esto hace que él podamos asistir a cambios de ánimo y estilos muy refrescantes como el alegre segmento central que divide en dos partes la obra. El tramo final vuelve a la atmósfera nostálgica del comienzo.




El legado de Astor Piazzolla es inmenso y lo convierte en uno de los músicos inmortales del pasado siglo XX con su música formando parte ya del repertorio clásico, cosa que muchos consideraban imposible por creer que su música “no existía si no la interpretaba él”. Su trascendencia seguramente hará que discos como este “Libertango” y, en general, toda su obra grabada, quede en segundo plano en el futuro en favor de la interpretación que otros hagan día a día de sus partituras pero eso, a nuestro juicio, no hace sino resaltar la importancia documental de estos registros, especialmente de los aparecidos a partir de su etapa en Italia por la gran calidad de las grabaciones en comparación con las anteriores. No es conveniente dejar pasar la oportunidad de hacerse con ellas si surge la oportunidad. Son verdaderas joyas.

Como despedida, os dejamos con Piazzolla interpretando en directo "Adiós Nonino":


 

1 comentario:

  1. Curioso,me lo encontré en un vídeo club que cerraba y lo compré por un par de euros
    Es impresionante.

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