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domingo, 4 de octubre de 2015

Philip Glass - Symphony No.10 (2015)



Dentro del extenso volumen que ocupa desde hace un tiempo la obra musical de Philip Glass seguimos encontrando encargos de perfil bajo como piezas para cine (no bandas sonoras completas sino pequeñas obras), sintonías corporativas etc. Dentro de ese tipo de trabajos, de un carácter más o menos “alimenticio” por cuanto no nacen de la necesidad del músico de crear una obra concreta sino como respuesa a un encargo, en 2008 se estrenó en Zaragoza una composición titulada “Los Paisajes del Río” como parte de la ceremonia de clausura de la Expo que se celebró en la capital aragonesa con el agua como tema central.

No es extraño en Glass que determinadas obras, digamos, menores, terminen recicladas en otras de mayores pretensiones aunque tampoco es una conducta habitual. Como tantas otras, “Los Paisajes del Río” parecía una composición destinada al olvido, máxime cuando su creación obedecía a un objetivo tan concreto como la citada clausura pero había algo en ella que hacía rebelarse a su autor: era una pieza demasiado interesante como para que nunca más se supiera de ella. Además, aunque eso es algo que aún puede cambiar, “Los Paisajes del Río” es la última composición que Glass ha escrito para la Philip Glass Ensemble lo que le da un cierto valor añadido desde el punto de vista histórico.

De este modo, en 2011 el músico puso manos a la obra y comenzó a escribir una adaptación orquestal de aquella composición cuyo primer resultado fue la composición titulada “Black and White Scherzo”, estrenada en la vigésima edición del Festival de Música Contemporánea de Cabrillo (California). Es entonces cuando entra en escena Dennis Russell Davies, quien acababa de hacerse cargo de la dirección de la Joven Orquesta de Francia. Davies había estado de una u otra forma detrás de la creación de ocho de las nueve sinfonías de Glass y todo parecía dispuesto para que también participase en la décima. Como se indica en los comentarios del disco, Davies tenía la orqueste y Glass la obra. Era inevitable que de ahí saliera la décima sinfonía del compositor norteamericano que vería la luz en el verano del 2012.

Completa el disco otra obra orquestal encargada por las Orquestas Sinfónicas de Baltimore y Toronto conjuntamente para conmemorar el segundo centenario de la Guerra de 1812 entre Estados Unidos y Gran Bretaña por las colonias canadienses que controlaban estos últimos. Dada la coincidencia de fechas con la invasión napoleónica de Rusia a la que Tchaikovski dedicó su popular “Overtura 1812”, Glass se planteó la obra como un homenaje al compositor ruso.

La grabación recoge las interpretaciones de la Bruckner Orchester Linz dirigida, cómo no, por Dennis Russell Davies.

Dennis Russell Davies y Philip Glass.


SYMPHONY No.10

“Movement I” - Comienza la sinfonía con una importante presencia de las percusiones (no en vano hay hasta seis ejecutantes en la grabación). La melodía central es muy representativa del Glass moderno, cercana, por ejemplo, a la de el “Concerto Fantasy for 2 Tympanists and Orchestra”. También existen similitudes rítmicas con la primera y la cuarta sinfonías, ambas basadas en discos de David Bowie y Brian Eno como ya comentamos aquí.

“Movement II” - El que, por duración, podría considerarse el movimiento central de la sinfonía, comienza con una cadenciosa melodía a cargo de los violines que remite directamente a los tiempos de “Koyaanisqatsi”. Comienza a aparecer una melodía extremadamente sencilla de apenas tres notas que se repite una y otra vez sin apenas variaciones mientras que en segundo plano empieza a tomar forma una sólida construcción de cuerdas y metales heredera directa del clásico “Façades” del disco “Glassworks”. Estamos, por tanto, ante una regresión que nos sitúa frente al Glass de los primeros años ochenta vestido con un nuevo traje orquestal que le sienta muy bien.

“Movement III” - Los metales sustituyen a los violines del movimiento anterior a la hora de marcar un pulso continuo y replican el esquema y las melodías de aquel. Asistimos, en realidad, a una repetición de los motivos de la segunda parte de la obra con los instrumentos asumiendo nuevos roles que multiplican la intensidad y la fuerza de la música. Es este un movimiento soberbio lleno de energía que no puede dejar impasible a nadie.

“Movement IV” - Aunque comienza de un modo más reposado, con los xilófonos y metalófonos dibujando breves melodías, la orquesta en pleno no tarda en aparecer para enfrentarse a una serie de melodías que están demasiado cercanas para nuestro gusto a otras pertenecientes a la parte más popular del repertorio de su autor (“The Hours”, “The Truman Show”...).

“Movement V” - El movimiento final comienza con un contundente y largo redoble de tambores sobre el que se despliegan los habituales arpegios de su autor a cargo de los violines mienstras se prepara para hacer su entrada una variación del poderoso tema de los movimientos segundo y tercero. De ahí hasta el final, Glass despliega multitud de recursos para resaltar las bondades de una partitura que, por una vez, se nos antoja algo escasa de inspiración, quizá por lo que tiene de mirada al pasado.

CONCERT OVERTURE

Continuando con la linea que nos mostraba la décima sinfonía, la obertura otorga un papel principal a las percusiones y muestra una cierta mirada al pasado. La aparición de instrumentos como la celesta, las flautas o, en menor medida, el arpa, en cambio, aporta una frescura a la pieza que le viene muy bien para obtener un sonido algo distinto, renovado con respecto al de la obra anterior. El homenaje a Tchaikovski, muy bien podría estar representado por la citada celesta, elemento imprescindible en ballets como “El Cascanueces” del compositor ruso.


Después de escuchar la exuberante novena sinfonía, la sensación que nos deja la siguiente de la serie es de una cierta decepción a pesar de la brillantez de los movimientos segundo y tercero. Hay una gran austeridad temática que hace pesados algunos momentos de la obra pero, si intentamos abstraernos del influjo de la novena, no podemos considerar a su sucesora como una obra fallida ni mucho menos. Intuimos que las inquietudes del músico norteamericano en este momento están más próximas a la música de cámara lo que significaría que la música sinfónica e incluso las óperas van a quedar relegadas a un segundo plano en los próximos tiempos. Teniendo en cuenta la productividad del compositor, no tardaremos mucho en tener una confirmación o un desmentido de esta opinión.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Philip Glass - Spuren Der Verirrten: The Lost (2014)



Es muy complicado seguir la pista a un compositor tan prolífico como Philip Glass y, a pesar de que es el músico que más aparece por el blog, necesitaría dedicación exclusiva a su obra para estar al día de su inmensa producción que se refleja en una discografía ingente. Mientras tratábamos de elaborar un enfoque para esta entrada, dedicada a una de sus últimas publicaciones en su sello Orange Mountain, acaba de aparecer otro disco doble y se anuncia el inminente lanzamiento de otro más. En la medida de lo posible, intentaremos dar cobertura a la mayor parte de las publicaciones de quien, para muchos aficionados, es el compositor más importante de las últimas décadas.



En esta ocasión volvemos a la ópera con una de las últimas estrenadas por el autor: “Spuren der Verirrten: The Lost” basada en la obra del austriaco Peter Handke. Y Austria tiene mucha importancia en todo el lanzamiento. Para empezar, la ópera surge como un encargo para la inauguración del nuevo Teatro de la Ópera de Linz. El director de la orquesta titular, la Bruckner Orchester Linz es Dennis Russell Davies; una de las personas más estrechamente ligadas a Glass en los últimos años, quien ha estrenado una gran cantidad de obras del músico. Anton Bruckner, el compositor cuya memoria honra la formación también está presente en una ópera en la que su autor arrincona cada vez más sus raíces minimalistas abriéndose a una música mucho más expresiva sin renunciar a su estilo. Por último, y quizá como guiño hacia el público austriaco, Glass incorpora a la orquesta algunos elementos autóctonos como un característico cuerno alpino y algún que otro instrumento de cuerda de la familia de las cítaras.



El estreno tuvo lugar a mediados de 2013 lo que resaltaba un hecho curioso y es que la obra teatral de Handke en la que se basa la ópera fue escrita en 2006 y apenas se representó dos veces en ese tiempo. Una vida muy corta en los escenarios que no inhibió en ningún momento el deseo de Glass de adaptarla por medio del libretto que Rainer Mennicken escribió a tal efecto.

La ópera consta de tres actos y se presenta aquí en formado de doble CD conteniendo el primero de los discos el acto primero y el segundo los dos restantes. Tenemos que confesar que las óperas, en especial las más recientes, no son nuestra parte favorita dentro de la producción de Philip Glass y que tendríamos dificultades para identificar si un pasaje determinado de una de ellas pertenece a “Appomatox”, “Orphee”, “Galileo Galilei” o “Waiting for the Barbarians”. Sin embargo, esto no es óbice para que disfrutemos de su trilogía clásica o de algunas obras más cercanas en el tiempo como “Les Enfants Terribles”. Quizá sea un problema nuestro y no llegamos a “entrar” en estas nuevas óperas como lo hacíamos en las anteriores pero lo cierto es que no llegamos a apreciar este apartado de la obra del compositor norteamericano como lo hacemos con sus sinfonías o su música de cámara. Es posible que la falta del elemento escénico al que va ligada la música, algo inevitable cuando hablamos de discos para escuchar en el salón de casa, tenga algo que ver pero no lo echamos en falta cuando escuchamos “Satyagraha” por poner un ejemplo.

Con todo, “Spuren Der Verirrten” nos parece un trabajo notable. No entraremos en profundidades más aptas para melómanos más formados como la influencia de Bruckner en algunos momentos aunque hacemos notar que así lo han señalado algunos críticos. Como novedad frente a otras óperas recientes del músico, encontramos un mayor número de pasajes casi recitados junto a otros en los que la pura acción se escapa de los parámetros musicales. Todos los aditamentos habituales de la música de Glass siguen presentes y seguimos encontrando momentos de gran inspiración musical como la cuarta escena del primer acto, sublime tanto en lo que toca a la orquesta como a la voz principal, sola o en diálogo con el coro. El mayor “pero” que le encontramos es la ya citada homogeneidad frente a otras óperas del autor aunque el estándar de calidad que siempre acompaña a Glass sigue estando alto.

Uno de los momentos de la representación de la obra.

No seremos nosotros quienes desanimemos a un lector a la hora de hacerse o no con una obra de Philip Glass y, como siempre, dejamos algunos enlaces en los que adquirir esta obra, siempre haciendo notar que quizá sea más apta para iniciados (casi diría para conocedores expertos) en la obra del músico que para neófitos aunque nunca se sabe...

amazon.es

barnesandnoble.com

Nos despedimos con el clip de presentación de la ópera en Euronews:

 

miércoles, 18 de julio de 2012

Philip Glass - Symphony No.9 (2012)



Toda superstición carece de fundamento casi por definición y alrededor del mundo de la música hay un buen puñado de ellas. Una de las más famosas hace referencia a la popular maldición de la novena sinfonía y surge de la época de Beethoven y su fallecimiento sin llegar a completar la décima de la serie. Según la leyenda, ningún compositor posterior al gran Ludwig Van (como diría Alex de Large, protagonista de La Naranja Mecánica) viviría para escribir ninguna otra sinfonía tras la novena. Y es cierto que Schubert o Dvorak, entre otros, se ajustan a la maldición y que otros como Mahler, intentaron “burlarla” dandole otro título a la que sería la número nueve (la “Canción de la Tierra”) para que así la llamada novena sinfonía, escrita posteriormente, fuera en realidad la décima. No le sirvió de nada y murió tras publicar esa última obra.

Con todo, y pese a lo anecdótico de todo el asunto, no es fácil encontrar un comentario sobre la novena sinfonía de Philip Glass que no haga referencia a la maldición. En tono de broma, y siguiendo con el juego (algo macabro, todo sea dicho), el compositor hace su aportación a la leyenda con su propia forma de escabullirse del supuesto destino reservado a los osados: Glass escribe simultaneamente su novena y su décima sinfonía de modo que cuando se estrenó la obra que hoy comentamos, ya estaba concluída la siguiente (añadiremos que también está ya programada la que hará el número once de la serie).

Dejando al margen estos asuntos, la novena sinfonía de Glass es algo serio y se trata, probablemente, de la más monumental de todo su ciclo sinfónico si bien es cierto que la sexta y la octava habían dado ya muestras de una grandiosidad y ambición no del todo habituales en el músico. No deja de ser curioso el hecho de que hasta 1992, cuando ya contaba con la edad de 55 años, Glass no había escrito ninguna sinfonía y algunas de sus piezas orquestales más interesantes no son de mucho tiempo antes (“The Light” se escribió en 1987, “The Canyon” en 1988 e “Itaipu” en 1989, por citar tres de las más importantes).

Volviendo a la novena, la obra es el fruto de una comisión conjunta de la Bruckner Orchester Linz, el Carnegie Hall y la Asociación Filarmónica de Los Ángeles. El estreno mundial se celebró en Linz, Austria, el pasado 1 de enero y la premiere norteamericana en el Carnegie Hall celebrando el 75º cumpleaños del músico el 31 del mismo mes. Como es habitual, Dennis Russell Davies fue el director del estreno y el mayor impulsor del encargo.


Director y compositor durante los ensayos del estreno.
“Movement I” – La obra se abre de un modo típicamente “glassiano” con una profunda melodía de tono sombrío en la que las maderas interpretan la parte central. En cierto modo nos remite a algunos fragmentos de óperas como “Akhnaten”. La entrada de los violines da algo de luz al movimiento algo después sólo como preludio de una sección central a la que las percusiones (brillantes en muchos momentos) anticipan uno de esos momentos en los que la orquesta al completo se mueve como un barco en medio de la tormenta, oscilando de un lado a otro pero conservando siempre un aire majestuoso. Muchos críticos han relacionado éste tratamiento de la percusión de Glass con el que empleaba en su momento Shostakovich y, de hecho, su música tiene varios puntos en común con esta obra. Apenas llegados a la mitad del movimiento hemos asistido ya a una cantidad de cambios de ritmo y giros melódicos desacostumbrada en la obra de Glass, siempre fiel a su propio estilo pero aportando una variedad temática que puede sorprender a más de uno. La parte final del movimiento nos transporta al siguiente con un aire pausado y lento.

“Movement II” – Por algún motivo, tenemos especial debilidad por los segundos movimientos de las obras de formato clásico de Glass. Desde la inusitada belleza del perteneciente a su “Concierto No.1 para Violín y Orquesta” hasta éste que nos ocupa, pasando por el del “Tirol Concerto para Piano y Orquesta”, el músico parece reservarse sus músicas más emotivas e inspiradas para este segmento concreto de las mismas. En esa misma linea, su novena sinfonía nos regala un segundo movimiento profundamente romántico en su comienzo con una melodía central bellísima que sirve como introducción a un frenético desarrollo percusivo camino de una de sus clásicas secciones repetitivas a cargo de los vientos con el apoyo del grueso de la orquesta. Justo en el ecuador del movimiento, en plena orgía de ritmo, se hace el silencio y entramos en una especie de calma tensa con las cuerdas tejiendo un paisaje oscuro sobre el que los metales hacen su aparición. Podemos oir algún tañido de campanas en esta parte mientras escuchamos otra inspirada melodía que poco a poco gana en velocidad pasando, por así decirlo, del paso al trote pero sin llegar nunca a galopar. Glass se reserva para los minutos finales del movimiento otra melodía de esas que te atrapa sin posibilidad de escape y que remite al tema inicial del propio movimiento.

“Movement III” – La última parte de la sinfonía repite el esquema del movimiento inicial comenzando en un tono oscuro que va ganando en intensidad por momentos hasta que las flautas parecen dar permiso a los timbales para lanzar todo el escenario por los aires. Sorprendentemente no ocurre así y lo que parecía abocarnos a una veloz carrera era sólo la presentación de una tranquila sección dominada por los metales y una percusión metronómica. Hacia la mitad del movimiento las cuerdas toman el mando con los clásicos arpegios que nos mecen de un lado al otro continuamente. Como a lo largo de toda la sinfonía, el papel de la percusión es capital, no ya como elemento meramente rítmico sino como recurso expresivo lo que nos confirma que los hallazgos de Glass cuando escribió su fantasía concertante para dos percusionistas y orquesta años atrás, no cayeron en saco roto. Como cierre de su sinfonía, el músico escoge un pasaje reposado sobre un denso fondo de cuerdas sobre el que hacen su intervención final los metales (especialmente las flautas) y las maderas.

Con su novena sinfonía, Glass construye un monumento sonoro de gran magnitud. Evidentemente no es su obra de mayores dimensiones, ni siquiera entre las sinfonías, ya que la quinta con su protagonismo coral y su duración de alrededor de dos horas se sitúa al margen de cualquier comparación. La recepción de esta novena sinfonía por parte de la crítica del mundo de la clásica ha sido mejor de lo esperado por cuanto es habitual que su criterio no sea demasiado benévolo cuando se refieren a la música de Philip Glass, si bien es cierto que esta tendencia va cambiando poco a poco conforme la evidencia de la categoría del repertorio del músico, cada vez más abundante en obras de formato clasico, se revela mayor. Estas reticencias empiezan a ser vencidas también entre los propios colegas compositores del músico de Baltimore quienes van olvidando los viejos prejuicios sobre el minimalismo y empiezan a reconocer los logros del autor de “Einstein on the Beach” al margen del campo de la ópera.

Preguntado respecto a la importancia que tiene ya su repertorio sinfónico tras alcanzar las 10 entregas, comenta Glass con su humildad característica en el libreto que acompaña al CD: “es ya suficientemente grande como para que sea tomado en serio pero como sabemos, muy poca gente se molesta en tomarselo así. Algunos piensan que soy un compositor de bandas sonoras, otros que hago música para ballet… ¡incluso los hay que ni siquiera me consideran un compositor! (risas) pero no puedo hacer nada al respecto…” Con los 75 años ya cumplidos, Glass no reduce ni un ápice su actividad compositiva. En este mismo 2012 ha estrenado otras dos obras: su segundo concierto para cello y una obertura orquestal. En agosto se estrena su décima sinfonía y para enero de 2013 está programado el estreno mundial de “The Perfect American”, su ópera sobre la vida de Walt Disney. Sin fecha de estreno prevista aún, se han anunciado su cuarteto de cuerda nº6 y la sinfonía nº11 además de su habitual trabajo escribiendo música para películas y obras escénicas. Parece, por tanto, que tenemos asegurada una buena ración de nueva música de Philip Glass para mucho tiempo. Esperamos disfrutarla tanto como hemos disfrutado su novena sinfonía. La grabación que hemos comentado se realizó en la premiere mundial de la obra y la podeis adquirir en cualquiera de los siguientes enlaces:

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Nos despedimos con un video promocional del estreno de la obra con entrevista a su director e imágenes de los ensayos: