miércoles, 18 de julio de 2012

Philip Glass - Symphony No.9 (2012)



Toda superstición carece de fundamento casi por definición y alrededor del mundo de la música hay un buen puñado de ellas. Una de las más famosas hace referencia a la popular maldición de la novena sinfonía y surge de la época de Beethoven y su fallecimiento sin llegar a completar la décima de la serie. Según la leyenda, ningún compositor posterior al gran Ludwig Van (como diría Alex de Large, protagonista de La Naranja Mecánica) viviría para escribir ninguna otra sinfonía tras la novena. Y es cierto que Schubert o Dvorak, entre otros, se ajustan a la maldición y que otros como Mahler, intentaron “burlarla” dandole otro título a la que sería la número nueve (la “Canción de la Tierra”) para que así la llamada novena sinfonía, escrita posteriormente, fuera en realidad la décima. No le sirvió de nada y murió tras publicar esa última obra.

Con todo, y pese a lo anecdótico de todo el asunto, no es fácil encontrar un comentario sobre la novena sinfonía de Philip Glass que no haga referencia a la maldición. En tono de broma, y siguiendo con el juego (algo macabro, todo sea dicho), el compositor hace su aportación a la leyenda con su propia forma de escabullirse del supuesto destino reservado a los osados: Glass escribe simultaneamente su novena y su décima sinfonía de modo que cuando se estrenó la obra que hoy comentamos, ya estaba concluída la siguiente (añadiremos que también está ya programada la que hará el número once de la serie).

Dejando al margen estos asuntos, la novena sinfonía de Glass es algo serio y se trata, probablemente, de la más monumental de todo su ciclo sinfónico si bien es cierto que la sexta y la octava habían dado ya muestras de una grandiosidad y ambición no del todo habituales en el músico. No deja de ser curioso el hecho de que hasta 1992, cuando ya contaba con la edad de 55 años, Glass no había escrito ninguna sinfonía y algunas de sus piezas orquestales más interesantes no son de mucho tiempo antes (“The Light” se escribió en 1987, “The Canyon” en 1988 e “Itaipu” en 1989, por citar tres de las más importantes).

Volviendo a la novena, la obra es el fruto de una comisión conjunta de la Bruckner Orchester Linz, el Carnegie Hall y la Asociación Filarmónica de Los Ángeles. El estreno mundial se celebró en Linz, Austria, el pasado 1 de enero y la premiere norteamericana en el Carnegie Hall celebrando el 75º cumpleaños del músico el 31 del mismo mes. Como es habitual, Dennis Russell Davies fue el director del estreno y el mayor impulsor del encargo.


Director y compositor durante los ensayos del estreno.
“Movement I” – La obra se abre de un modo típicamente “glassiano” con una profunda melodía de tono sombrío en la que las maderas interpretan la parte central. En cierto modo nos remite a algunos fragmentos de óperas como “Akhnaten”. La entrada de los violines da algo de luz al movimiento algo después sólo como preludio de una sección central a la que las percusiones (brillantes en muchos momentos) anticipan uno de esos momentos en los que la orquesta al completo se mueve como un barco en medio de la tormenta, oscilando de un lado a otro pero conservando siempre un aire majestuoso. Muchos críticos han relacionado éste tratamiento de la percusión de Glass con el que empleaba en su momento Shostakovich y, de hecho, su música tiene varios puntos en común con esta obra. Apenas llegados a la mitad del movimiento hemos asistido ya a una cantidad de cambios de ritmo y giros melódicos desacostumbrada en la obra de Glass, siempre fiel a su propio estilo pero aportando una variedad temática que puede sorprender a más de uno. La parte final del movimiento nos transporta al siguiente con un aire pausado y lento.

“Movement II” – Por algún motivo, tenemos especial debilidad por los segundos movimientos de las obras de formato clásico de Glass. Desde la inusitada belleza del perteneciente a su “Concierto No.1 para Violín y Orquesta” hasta éste que nos ocupa, pasando por el del “Tirol Concerto para Piano y Orquesta”, el músico parece reservarse sus músicas más emotivas e inspiradas para este segmento concreto de las mismas. En esa misma linea, su novena sinfonía nos regala un segundo movimiento profundamente romántico en su comienzo con una melodía central bellísima que sirve como introducción a un frenético desarrollo percusivo camino de una de sus clásicas secciones repetitivas a cargo de los vientos con el apoyo del grueso de la orquesta. Justo en el ecuador del movimiento, en plena orgía de ritmo, se hace el silencio y entramos en una especie de calma tensa con las cuerdas tejiendo un paisaje oscuro sobre el que los metales hacen su aparición. Podemos oir algún tañido de campanas en esta parte mientras escuchamos otra inspirada melodía que poco a poco gana en velocidad pasando, por así decirlo, del paso al trote pero sin llegar nunca a galopar. Glass se reserva para los minutos finales del movimiento otra melodía de esas que te atrapa sin posibilidad de escape y que remite al tema inicial del propio movimiento.

“Movement III” – La última parte de la sinfonía repite el esquema del movimiento inicial comenzando en un tono oscuro que va ganando en intensidad por momentos hasta que las flautas parecen dar permiso a los timbales para lanzar todo el escenario por los aires. Sorprendentemente no ocurre así y lo que parecía abocarnos a una veloz carrera era sólo la presentación de una tranquila sección dominada por los metales y una percusión metronómica. Hacia la mitad del movimiento las cuerdas toman el mando con los clásicos arpegios que nos mecen de un lado al otro continuamente. Como a lo largo de toda la sinfonía, el papel de la percusión es capital, no ya como elemento meramente rítmico sino como recurso expresivo lo que nos confirma que los hallazgos de Glass cuando escribió su fantasía concertante para dos percusionistas y orquesta años atrás, no cayeron en saco roto. Como cierre de su sinfonía, el músico escoge un pasaje reposado sobre un denso fondo de cuerdas sobre el que hacen su intervención final los metales (especialmente las flautas) y las maderas.

Con su novena sinfonía, Glass construye un monumento sonoro de gran magnitud. Evidentemente no es su obra de mayores dimensiones, ni siquiera entre las sinfonías, ya que la quinta con su protagonismo coral y su duración de alrededor de dos horas se sitúa al margen de cualquier comparación. La recepción de esta novena sinfonía por parte de la crítica del mundo de la clásica ha sido mejor de lo esperado por cuanto es habitual que su criterio no sea demasiado benévolo cuando se refieren a la música de Philip Glass, si bien es cierto que esta tendencia va cambiando poco a poco conforme la evidencia de la categoría del repertorio del músico, cada vez más abundante en obras de formato clasico, se revela mayor. Estas reticencias empiezan a ser vencidas también entre los propios colegas compositores del músico de Baltimore quienes van olvidando los viejos prejuicios sobre el minimalismo y empiezan a reconocer los logros del autor de “Einstein on the Beach” al margen del campo de la ópera.

Preguntado respecto a la importancia que tiene ya su repertorio sinfónico tras alcanzar las 10 entregas, comenta Glass con su humildad característica en el libreto que acompaña al CD: “es ya suficientemente grande como para que sea tomado en serio pero como sabemos, muy poca gente se molesta en tomarselo así. Algunos piensan que soy un compositor de bandas sonoras, otros que hago música para ballet… ¡incluso los hay que ni siquiera me consideran un compositor! (risas) pero no puedo hacer nada al respecto…” Con los 75 años ya cumplidos, Glass no reduce ni un ápice su actividad compositiva. En este mismo 2012 ha estrenado otras dos obras: su segundo concierto para cello y una obertura orquestal. En agosto se estrena su décima sinfonía y para enero de 2013 está programado el estreno mundial de “The Perfect American”, su ópera sobre la vida de Walt Disney. Sin fecha de estreno prevista aún, se han anunciado su cuarteto de cuerda nº6 y la sinfonía nº11 además de su habitual trabajo escribiendo música para películas y obras escénicas. Parece, por tanto, que tenemos asegurada una buena ración de nueva música de Philip Glass para mucho tiempo. Esperamos disfrutarla tanto como hemos disfrutado su novena sinfonía. La grabación que hemos comentado se realizó en la premiere mundial de la obra y la podeis adquirir en cualquiera de los siguientes enlaces:

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Nos despedimos con un video promocional del estreno de la obra con entrevista a su director e imágenes de los ensayos:

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