Un lugar donde hablar de música y compartir opiniones con el único ánimo de ampliar gustos musicales y, acaso, descubrir nuevos artistas al eventual lector.
En 1997, en medio de una investigación para la composición de una obra en la que estaba trabajando en aquel entonces, Michael Nyman descubrió el libro de David King, “The Commissar Vanishes” en el que se hablaba de la falsificación fotográfica que tuvo lugar en la Unión Soviética de Stalin con el objeto de eliminar a determinadas personas que habían caído en desgracia para el régimen, de las fotos en las que aparecían junto a importantes personalidades del estado. Este borrado sistemático se hizo con profusión y en él llegaron a participar artistas tan notables como el fotógrafo Aleksandr Rodchenko. La inspiración fue casi inmediata y decidió componer una obra a partir del libro.
Como el tema de la obra de King era la eliminación de personajes de fotografías históricas, Nyman tuvo una idea conceptualmente similar. En 1989 había compuesto una obra para un ballet de Frederic Flamand titulado “The Fall of Icarus”. Algunas partes de la misma se mantuvieron durante un tiempo en el repertorio de los directos de la Michael Nyman Band pero el músico buscaba adaptarlas para utilizarlas en obras nuevas. En aquel momento tenía un par de proyectos entre manos, uno de los cuales fue el que le llevó al libro de King. Nyman estaba pensando en poner música a las fotografías del citado más arriba Aleksandr Rodchenko pero cambió de idea al descubrir el trabajo de David. Aquella historia fascinó al compositor que decidió adaptar su “The Fall of Icarus” en una nueva obra titulada como el libro: “The Commissar Vanishes”. Ya que el tema de aquel era la manipulación de las fotos para hacer desaparecer a algunos de los que en ellas, Nyman decidió hacer algo parecido con la música del ballet haciendo desaparecer algunas partes “incómodas” o que no cuadraban bien con el tema.
Fue en 1999 cuando el sello Venture, dependiente de Virgin y que había publicado ya buena parte de los discos anteriores de Nyman, decidió lanzar un CD doble incluyendo ambas “versiones” de la obra: “The Commissar Vanishes” en el primer disco y “The Fall of Icarus” en el segundo. Los intérpretes de las dos obras fueron los miembros de la Michael Nyman Band en una versión reducida integrada por: Alexander Balanescu (violín), Elizabeth Perry (violín), Anthony Hinnigan (violonchelo), Martin Elliott (bajo), John Harle (saxos), David Roach (saxos), Andrew Findon (saxos y flautas), Nigel Barr (trombón) y el propio Michael Nyman al piano.
Portada del libro de David King
THE COMMISSAR VANISHES
“Earth in Turmoil” - El comienzo es típicamente “Nymanesco” con una corta melodía repetida en ostinato replicada después por cada grupo de instrumentos con diferentes ritmos. Enérgico como lo suele ser Nyman cuando no está condicionado por un director que le pide algo más asequible para su película, toda la pieza tiene una vibración subterránea que amenaza con desatarse en cualquier momento.
“Jealousy and Revenge” - El segundo corte es oscuro y ominoso, con una atmósfera opresiva interrumpida de cuando en cuando por una estridente melodía de saxos. En la segunda parte escuchamos otro tipo de desarrollo, lento, como el que a veces utilizaba el músico en sus bandas sonoras para Greenaway, particularmente en “Drowning By Numbers” y abandona un poco el tenebrismo, especialmente ya en el segmento que viene a continuación, sin llegar a ser alegre, sí que es mucho más animado. Para el final, sin embargo, regresamos al motivo del inicio cerrando así una estructura circular habitual en su autor.
“Look for an Enemy” - En contraste con la pieza anterior, esta es una composición mucho más alegre (alegre al modo de Nyman, que no tiene por qué coincidir con el nuestro). Dinámica y repetitiva, en ella cada grupo de instrumentos ejecuta motivos completamente diferentes (alguno incluso ya escuchado en el corte precedente) pero que encajan sorprendentemente bien. Este aparente caos desaparece de golpe al entrar en un tramo mucho más melódico y con un ritmo constante muy atractivo a la altura del mejor Nyman. No olvidemos que la obra se origina en su momento de mayor creatividad aunque tardase un tiempo en ver la luz.
“Ordinary Citizens” - Nyman es amigo de los esquemas circulares y quizá por eso escuchamos aquí una especie de revisión de “Jealousy and Revenge” en la que las partes más oscuras permanecen casi idénticas pero las melódicas están más trabajadas, teniendo aquí más protagonismo las flautas y los violines de forma que queda un conjunto mucho más amable y delicado. En todo caso, cuando la banda se desata, y a fe nuestra que aquí lo hacen, es una verdadera gozada a la altura de los momentos más arrolladores de “The Essential Michael Nyman Band” o “MGV”, gloriosos ejemplos de ritmo y energía a cargo de esa locomotora que puede llegar a ser la formación de Nyman.
“A Swift Exit” - La última pieza de la obra comienza en un tono tranquilo que nos recuerda mucho a la banda sonora de “El Piano” con algún giro melódico bastante similar pero enseguida gira hace territorios más personales, cercanos al Nyman clásico de “The Draughtsman Contract” aunque sin abandonar del todo esa cara más amable de la vertiente más popular de su obra para el cine. Se cierra, no con una referencia al motivo inicial, sino al más oscuro que hemos escuchado unas cuantas veces en la obra recordándonos lo truculento del hecho que dio lugar a toda la composición.
Como ya hemos dicho, “The Commissar Vanishes” es una versión retocada de “The Fall of Icarus” así que cada uno de sus cinco movimientos se corresponde con otro de la obra original que se recoge en el segundo CD. Los títulos de éste son: “Disaster”, “Wings”, “Walls”, “Water” y “Utopia” y las diferencias son tan poco relevantes que no merece la pena repetir el análisis de la obra completa. Quizá la mayor diferencia sea tan sutil como el propio paso del tiempo y los arreglos de “The Fall of Icarus” estén más cercanos al Nyman que trabajó con Greenaway mientras que los de la revisión de 1999 dejan entrever al autor que conoció el éxito masivo con “El Piano”, “Carrington” o “Gattaca”. Sorprende un poco, eso sí, que este disco pasara tan desapercibido en su día cuando, musicalmente, está a la altura del mejor Nyman en muchos momentos. Sirva esta entrada no solo como reseña sino también como reivindicación de esta obra. Nos despedimos con "Wings" para hacernos una idea de los arreglos originales de la obra:
Hablábamos tiempo
atrás de cómo la muerte de Tony Simmons afectó a Michael Nyman hasta el punto
de componer una serie de canciones en su memoria. La noticia le llegó al músico
cuando estaba a punto de aparecer en el mercado un disco dedicado a su música de
cámara con el que Nyman aprovechó para hacer su particular homenaje al que
había sido su manager. Precisamente fue Simmons el responsable de buena parte
de los encargos que recibió el músico en aquellos años y el disco que hoy
comentamos, se iba a centrar en cuatro de ellos: música puramente camerística,
sin relación alguna con películas, montajes teatrales o ballets. Música
independiente hecha simplemente para ser escuchada.
Con “Time Will
Pronounce”, el sello ARGO, subsello vanguardista de la gigante Decca continuaba
sus colaboraciones con Michael Nyman, de quien ya habían publicado la banda
sonora de “Prospero’s Books” y sus tres primeros cuartetos de cuerda. Sin
embargo, el lanzamiento más comercialmente popular de la combinación de
discográfica y músico fue “The Essential Michael Nyman Band” en el que,
disfrazada de recopilatorio al uso, encontramos una colección de lo mejor de
las bandas sonoras de Nyman para Peter Greenaway pero con temas regrabados bajo
una estética mucho más potente y atractiva. El éxito de ventas del disco hizo
que desde ARGO permitieran a nuestro músico la publicación de trabajos menos
accesibles a primera vista como son los recogidos en el CD que hoy nos ocupa.
Integrantes de London Brass. Ellos ejecutan la última pieza del disco.
“Self-laudatory Hymn of Inanna and her omnipotence” – La
primera de las comisiones fue compuesta para el contratenor James Bowman. El
suyo es un registro poco habitual (casi diríamos marginal) en buena parte de la
música de los últimos siglos pero en el barroco fue muy utilizado. Como ocurre
con muchos otros elementos de la música antigua y barroca, en la contemporánea
se está recuperando la voz del contratenor. Así, Bowman ha estrenado piezas de
John Tavener o Benjamin Britten. Vivaldi, Haendel o Purcell figuran en su
repertorio habitual y todos estos compositores, de un modo u otro, tienen que
ver con la música de Nyman. Acompañanan a Bowman los integrantes de Fretwork,
sexteto de cuerda cuya actividad musical se centra en músicos ingleses de la
era pre-clásica (Byrd, Tallis o Purcell). La voz del cantante es la protagonista
absoluta de la composición que nos recuerda por fuerza a los pasajes cantados
por el niño en la banda sonora de “The cook, the thief, his wife and her
lover”. Los integrantes de Fretwork, por contra, quedan en un segundo plano
interpretando una partitura llena de tensión y dramatismo aunque aportando el
necesario contrapunto al “tour de force” al que se ve sometido Bowman en buena
parte de la pieza. Es muy interesante escuchar a un intérprete con un marcado
“tic” barroco cantando música contemporanea y Nyman lo aprovecha a la
perfección en determinados instantes. Cabe señalar que, aunque aparezca como
una pieza unitaria, hay distintas secciones perfectamente diferenciadas a lo
largo del himno, siendo nuestro favorito el segmento central que es, precisamente,
en el que cuerdas y cantante suenan más barrocos y la partitura, especialmente
la vocal, se aleja un poco de una cierta monotonía en la que cae, a veces, el
compositor británico. Nunca será ésta una de las piezas favoritas del
repertorio de Nyman pero no está exenta de interés.
“Time Will Pronounce” – De la segunda composición y hablamos
recientemente en la entrada dedicada al disco “Piano Trios 1992-2010”. Se trata
de un encargo del “Trio of London”, grupo formado por Elizabeth Perry (violin),
Melissa Phelps (cello) y Julian Jacobson (piano). Precisamente Elizabeth Perry
fue la “instigadora” de la obra. Miembro de la Michael Nyman Band entre 1981 y
1991, participó en la práctica totalidad de las grabaciones del grupo y en las
bandas sonoras de la películas de Greenaway (con la excepción de “Drowning by
Numbers”). Tras abandonar la formación de Nyman, fundó su propio grupo de
cámara y comenzó a grabar música con ellos y en solitario, publicando en los
más prestigiosos sellos. Curiosamente, unos años más tarde y acompañada por
Melissa Phelps, Perry volvió a formar parte brevemente de la Michael Nyman
Band. La pieza tiene una alta carga dramática, similar a la alcanzada en muchos
momentos de la banda sonora de “El Piano”, escrita en las mismas fechas. De hecho,
el tratamiento del instrumento principal de aquella película es similar y por
ello, creemos que se trata de una composición que puede gustar a los oyentes
familiarizados con aquel Nyman. En cualquier caso, es una gran pieza y,
probablemente, la más accesible de todo el disco.
“The Convertibility of Lute Strings” – Escrita por encargo
del neurólogo Anthony Roberts para la teclista Virginia Black, se trata de una
extraña pieza para clavicordio. La música es completamente original pero, al
proceder el encargo de un profesional de la mente, Nyman introdujo algunas
referencias musicales tomadas de su ópera “The Man Who Mistook His Wife for a
Hat”, basada en un libro del neurólogo Olvier Sacks. El extraño título procede
de una costumbre muy extendida en el S.XVI en Inglaterra: los prestamistas, en
ocasiones, no prestaban dinero a sus clientes sino determinados bienes que los
propios clientes necesitaban o bien, para que ellos mismos los vendieran por su
cuenta. Según algunos cronistas, las cuerdas de laúd se contaban entre los
objetos más preciados dentro de esa práctica. El comienzo de la composición es
lo más parecido a una obra estrictamente minimalista que ha escrito Nyman en
mucho tiempo. El clave interpreta obsesivamente una secuencia de seis notas que
va añadiendo nuevos motivos y variaciones con cara repetición. La peculiar
sonoridad del instrumento le añade un aire de misterio que hizo que algún
crítico escribiera que la composición sería “la música perfecta para una casa
encantada”. Tiene algo, efectivamente, de eso y, quizá inconscientemente, nos
recuerda a algunas músicas de Danny Elfman, por ejemplo. La segunda parte de la
obra es mucho más reposada y melódica. Como le ocurría a la pieza anterior del
disco, si en lugar de un clave sonase un piano, podríamos estar en presencia de
un descarte de la banda sonora de la película de Jane Campion pero eso es mucho
especular. Para cerrar la composición, Nyman vuelve al motivo inicial
completando así el proverbial círculo.
“For John Cage” – La última pieza del disco tiene un orígen
extraño marcado por distintas muertes de músicos que fueron auténticos puntales
de la música del S.XX. Recuerda Nyman que comenzó a escribir la pieza en Japón
el 29 de septiembre de 1991 y que anotó en la partitura una noticia que acababa
de ver en la televisión del hotel: “A las 8:30 horas de la mañana de ayer
falleció el músico Miles Davis”. Nyman dejó la pieza apartada un tiempo
mientras trabajaba en otras obras, retomándola de cuando en cuando y en julio
de 1992 hizo otra anotación mortuoria “Buenos Aires, 4 de julio. Fallece Astor
Piazzolla”. Nyman concluyó la pieza, que era un encargo del grupo de metales
“London Brass”, el 12 de agosto de 1992. Al día siguiente, leyó en el periódico
que acababa de morir John Cage, quizá en el mismo momento en que Nyman daba por
terminada la pieza un día antes. Quiso la casualidad que el músico no hubiera
decidido aún el título de la obra (estaba considerando el de “Canons, chorales
and waltzes” pero no le convencía del todo) y aprovechó el acontecimiento para
dedicársela al que fue, en palabras del propio Nyman: “el mayor y más
revolucionario pensador musical del siglo”. En lo musical, estamos ante nuestra
pieza favorita del disco. Se abre como una especie de caótica fanfarria que
dura casi dos minutos en la que se mezclan todos los integrantes de London
Brass. A partir de ahí, se silencian algunos instrumentos y comenzamos a
escuchar tímidas líneas melódicas que van apareciendo con timidez en un
ambiente mucho más calmado. Surge entonces la tuba marcando un ritmo casi de
rock’n’roll apoyada por lo que parece configurarse como una improvisada sección
rítmica. Es el primer apunte de lo que ocurrirá al final pero pronto se diluye
en otro pasaje relajado y lírico. En esa alternancia de momentos casi
frenéticos con otros llenos de calma vamos acercándonos a la parte principal de
la obra de la mano de la trompeta que va esbozando retazos de una melodía cada
vez más evidente y que hace acto de presencia poco después cuando se combina el
ritmo rock de la tuba, los trombones etc. con la propia trompeta regalándonos
un momento especialmente brillante digno del mejor Nyman. Desde ahí hasta el
final volvemos a combinar secuencias eufóricas con otras más pausadas sin nada
especialmente reseñable.
Si algo bueno tuvo el éxito de “El Piano” fue que permitió
que pudiéramos acceder a obras de Nyman que, en aquel momento, no habrían
tenido mucha salida comercial. Afortunadamente, hoy en día y gracias a la
independencia alcanzada por éste y otros músicos (y, por qué no decirlo,
gracias a internet), todo aquello que el artista considera adecuado publicar,
termina llegando a sus seguidores sin tener que superar sesudos estudios de
mercado y opiniones de los expertos de las discográficas. Hoy lo vemos normal
pero no era así hace 20 años. Sabéis que siempre hemos recomendado prestar
atención al Michael Nyman que existe al margen de las bandas sonoras por lo que
este disco no es una excepción. No es tan sencillo hoy encontrarlo pero se
puede adquirir aquí:
La pareja artística que formaron en los años ochenta el peculiar director de cine Peter Greenaway y el compositor Michael Nyman, si bien no fue muy productiva en términos cuantitativos, sí lo fue en cuanto a calidad. Nos cuesta encontrar ejemplos de cineastas a los que la palabra “artista” en su sentido más amplio les encaje mejor que a Greenaway cuya búsqueda de un resultado plástico estaba por encima, en muchos casos, de la claridad narrativa y siempre se antepuso a la obtención de cualquier tipo de reconocimiento comercial. Una de las características principales del cine del realizador inglés era la extraordinaria importancia que le concedía a todos los aspectos que intervenían en sus películas, desde el vestuario hasta la música. Al contrario de lo que ocurre con la mayoría de sus colegas de profesión, que suelen encajar la música en las imágenes como parte del proceso final de montaje, casi como un adorno final para su obra ya terminada, Greenaway llegaba a modificar parte de su montaje inicial para que encajase bien con la música en determinados momentos. Este respeto absoluto a todos y cada uno de los elementos que integran una película hizo que su entendimiento con Michael Nyman fuera casi absoluto durante casi una década. En ese contexto llegó un nuevo encargo que sería el último.
Greenaway preparaba una película basada en “La Tempestad” de William Shakespeare y lo más natural era hablar con su compositor “de cámara” como había hecho en sus películas más celebradas. Durante 1988, Michael Nyman pasó buena parte de su tiempo escribiendo música para un encargo muy especial. Se trataba de componer una especie de banda sonora para una gran exposición audiovisual que iba a conmemorar el 2º centenario de la Revolución Francesa. El evento tendría lugar en el Arco de la Defense entre julio y diciembre de 1989 y como resultado del mismo, Nyman publicaría un disco titulado “La Traversée de Paris”. A lo largo de las 17 composiciones que integraban el mismo, el compositor británico iba a hacer un recorrido por los lugares más importantes de la capital francesa y los acontecimientos que la marcaron entre 1789 y 1989.
Ignoramos cuál fue el proceso que llevó a lo que narraremos a continuación pero los hechos son desconcertantes. La banda sonora que acompañaba las imágenes de “Prospero’s Books” (que era el título que iba a llevar la adaptación de “La Tempestad”) estaba integrada en su mayor parte por música perteneciente a la exposición parisina a la que antes hacíamos referencia. Como resultado de ello, Nyman y Greenaway, amigos desde mucho tiempo antes y colaboradores artísticos por un buen número de años, jamás volverían a cruzar sus caminos. No sabemos si el problema fue que Nyman presentó al cineasta una partitura “de segunda mano” en su mayor parte y esto ofendió a Greenaway o si, por el contrario, fue el director el que, insatisfecho con la música compuesta por Nyman, decidió reemplazarla por una obra anterior de nuestro músico. Cabría una posibilidad más que, si creemos las palabras del propio Nyman en una entrevista en la que se le preguntaba por el particular, podría ser la más cercana a la realidad y es la que sostiene que Greenaway hizo cambios por su cuenta sin comunicárselos al músico y eso fue mal encajado por este. Afirma Nyman que “después de haber sido amigos, después de haber sido colegas, después de haber alcanzado una gran intimidad y haber desarrollado un profundo y genuino respeto mutuo y después de que yo compusiera la música de “Prospero’s Books” (que creo que fue la más rica, la mejor interpretada y aquella cuya grabación fue más costosa económicamente de las que hice para él), cuando asistí al estreno de la película (la única vez que la he visto), me encuentro con que, digamos, no había respetado mi música del mismo modo que lo había hecho hasta entonces. Jugueteó con mi partitura porque su visión sobre la película había cambiado. Eso es correcto. No hay razón alguna por la que, durante el proceso de producción de la película no puedas verla de un modo distinto y darle a la banda sonora un rol diferente. Lo único que esperaba, supongo, era que Peter me llamase para decirme: - Hey, las cosas han cambiado. La película en la que pienso es diferente y tu banda sonora es increíble pero la voy a usar de otro modo”.
La de Nyman sería una explicación pero hay otras circunstancias que podrían haber precipitado la ruptura. Una de ellas sería el hecho de que Greenaway recurriese a Glenn Branca y Wim Mertens para la música de “El Vientre del Arquitecto” en 1987 (una selección de músicas que Nyman califica de “bizarra” en la misma entrevista anteriormente citada). Se comentó también en su momento que la colaboración inmediatamente anterior entre músico y director para la película “Conspiración de Mujeres” (“Drowning by Numbers” en el original) llegó tras el intento de Greenaway de utilizar las “Tres piezas en estilo antiguo” de Henryk Gorecki y de un supuesto rechazo posterior del encargo por parte del estadounidense John Adams.
Lo más probable, como ocurre siempre, es que no hubiera un sólo desencadenante de la ruptura sino una suma de hechos que terminaron por estallar con “Prospero’s Books”. Lo más curioso de todo es que, como afirmaba Nyman más arriba, la música de la película es brillante y suele mencionarse como una de las mejoras bandas sonoras de su autor.
Una de las barrocas escenas tan habituales del cine de Greenaway
“Full Fathom Five” – La primera pieza del disco es una de las “canciones deAriel”, personaje clave en la trama que cuenta con varias composiciones a modo de ciclo vocal en la banda sonora y que han sido interpretadas al margen de la pantalla como material de concierto. La interpretación vocal corre por cuenta de la soprano Sarah Leonard, habitual en el repertorio de Nyman. La pieza es una breve composición en la que el principal soporte de la vocalista son las cuerdas de la Michael Nyman Band con una menor participación de los vientos y el piano.
“Prospero’s Curse” – La maldición de Prospero es una rítmica composición muy característica de su autor en la que los vientos construyen el soporte principal y las cuerdas dibujan arabescos en el aire. El propio Nyman al piano es el que ejecuta una melodía repetitiva y constante. Todo se desarrolla a una velocidad vertiginosa y no deja apenas respiro. La pieza es una de las “trasplantadas” directamente de la exposición parisina a la que hacíamos mención más arriba. En el original, el título de la composición era “Du Faubourg a l’Assemblee”.
“While You Here Do Snoring Lie” – Segunda de las canciones de Ariel. Como ocurría con la primera, el acompañamiento es fundamentalmente de cuerdas aunque el piano tiene su pequeña parcela reservada.
“Prospero’s Magic” – Llegamos a una de las melodías más destacadas del disco en la que apreciamos todas las características de la música de Nyman: secuencias repetitivas en la sección de cuerda, el piano como un elemento rítmico más y los vientos como ejecutores de la melodía principal. Un tiempo medio, casi procesional, de gran inspiración que no es sino una adaptación algo más extensa de “L’Entree”, una de las partes de la música de “La Traversée de Paris”.
“Miranda” – Tras el precioso tema anterior llegamos a la pieza central del disco (fue la única procedente del mismo que apareció en el popular recopilatorio “The Essential Michael Nyman Band” poco después. Realmente, se trata de la pieza “Le Theatre d’ombres chinoise” de “La Traversée de Paris” tal y como aparecía en aquel disco pero la fuerza de la película de Greenaway ha hecho que la recordemos por su nuevo nombre. “Miranda” consta de tres partes: una rápida parte inicial, un intermedio algo más calmado y un desenlace de gran brillantez en el que un ritmo casi rockero del piano del músico conduce a los músicos en un cierre desenfrenado y brillante que pone de manifiesto una de las características más notables de la Michael Nyman Band: su habilidad para moverse en los ritmos más vivos con naturalidad.
“Twelve Years Since” – Entramos ahora en un bellísimo pasaje de cuerdas que empieza a darnos pistas de cuál será la dirección que tomará la música de Nyman en el futuro, alejándose un poco del estruendo de los vientos y aproximandose a formas algo más clasicistas. A estas alturas, encontramos ya diferencias notables entre las composiciones creadas específicamente para la banda sonora y las que son préstamo de trabajos anteriores.
“Come Unto These Yellow Sands” – Como queriendo corroborar la última afirmación, llegamos aquí a otra adaptación de la música de “La Traversée de Paris”. Los vientos destacan por encima de cualquier otro elemento como integrantes del armazón rítmico de una composición excelente. La única diferencia con respecto a “Le Labyrinthe”, que era el título de la pieza original, estriba en el añadido de una línea vocal a cargo de Sarah Leonard que no aparecía en la composición inicial lo que la convertía en otra de las canciones del ciclo de Ariel.
“History of Sycorax” – Volvemos a los ritmos obsesivos y sincopados a cargo de saxofones, trombones, clarinetes y demás familia. Como habréis adivinado, se trata de nuevo de otra de las composiciones extraídas directamente de la exposición francesa; en este caso la que llevaba por título “Cinema d’Actualites”.
“Come and Go” – Úna más de las “canciones de Ariel” y con una duración tan escasa como las anteriores (apenas pasan del minuto). No podemos afirmar que sean las piezas más importantes del disco pero imaginamos que tendrán su peso en la historia. Sea como fuere, y tomando la banda sonora al margen de las imágenes, la presencia de las “Ariel Songs” nos parece casi irrelevante.
“Cornfield” – Una de las dos piezas más extensas del disco también procede de “La Traversée de Paris” en donde aparecía con el título de “Passage de L’Egalite”. Se trata de otra de esas composiciones con ritmo procesional tan abundantes en la obra de Nyman. Es este un esquema que se adapta muy bien a su estilo ya que le permite plantear distintas melodías que se superponen unas a otras continuamente, añadiendo nuevas capas y eliminando otras hasta conseguir un efecto de gran belleza.
“Where the Bee Sucks” – Nos acercamos al final del disco con otra de las piezas originales de la banda sonora en la que el saxo es protagonista hasta el punto de que esta composición evolucionó en el futuro convirtiéndose en un concierto para saxofón y orquesta de título similar (“Where the Bee Dances”). Conociendo este dato, nos llama la atención que sea el violín el instrumento que interpreta las partes de mayor virtuosismo de la composición, aunque en sus primeros momentos sea el saxo el actor principal. Nyman considera esta pieza como otra de las integrantes del ciclo de canciones de Ariel a pesar de estar concebida como pieza instrumental.
“Caliban´s Pit” – Llegados a este punto, escuchamos uno de los pocos cortes escritos originalmente para la película en los que los vientos son elementos centrales. Quizá sea el tema más caótico de todo el disco ya que todo en él es un ritmo frenético que salta de una sección instrumental a otra sin detenerse a enseñarnos alguna melodía mínimamente recordable. En cualquier caso, los seguidores del Nyman de estos años estábamos muy acostumbrados a estas demostraciones de energía y no nos suponían ningún inconveniente a la hora de disfrutar de sus discos.
“Reconciliation” – El penúltimo corte del disco fue otro trasplante de “La Traversée de Paris”, concretamente de “Debarcadere”, una tranquila pieza neoclásica que sirve perfectamente como transición al extenso tema final.
“THE MASQUE” – Así, en mayúsculas, es como aparece en la contraportada del disco el título del tema final. A pesar de aparecer agrupado en un único corte, la pieza consta de distintas partes que pueden funcionar como temas independientes. Es, además, el único momento del disco en el que escuchamos a varias vocalistas (además de Sarah Leonard aparecen Marie Angel, Ute Lemper y Deborah Conway) cada una de las cuales interpreta su propio segmento de texto. No era extraño en anteriores trabajos de Nyman que el último corte del disco hiciera las veces de recopilación de algunos de los momentos anteriores del trabajo. En este caso no es así y “The Masque” es una composición más sin relación con sus predecesoras.
Portada de una posterior edición de la banda sonora.
Al margen de las polémicas que pudieron surgir alrededor de esta banda sonora entre su autor y Peter Greenaway, lo cierto es que “Prospero’s Books” contiene mucha música que contaríamos entre la más destacada que escribió Nyman en esa etapa de su carrera, con la particularidad añadida de que no existe aquí ese trabajo de “deconstrucción” (otros dirían vampirización) de la obra de otros autores de épocas pasadas como parte de la inspiración del compositor británico (si excluimos alguna cita de John Dowland escondida por ahí como el propio Nyman señala en las notas del disco). Nos quedamos con las ganas de saber cómo habría sido esta música si alguien no hubiera sacado al músico de su error inicial. Como él mismo recuerda, cuando empezó a trabajar en la música recordaba una cita de Caliban, uno de los protagonistas de “La Tempestad” que hablaba de “una isla repleta de voces”. Con esa idea en mente, Nyman planeaba una banda sonora compuesta exclusivamente de samples vocales combinados de todas las formas imaginables en los que podría ir intercalando los textos shakespearianos. No somos capaces de imaginarnos al músico británico emulando al Jean Michel Jarre de Zoolook pero esa es la única alternativa que nos queda ya que cuando el músico volvió al texto, comprobó que Caliban hablaba de “una isla llena de ruido”, lo que cambió radicalmente la concepción inicial.
En el libreto del disco, Nyman no quiere dejar pasar la oportunidad de lanzar una puya a Greenaway dejando claro su desacuerdo con el uso de su música en la película. A modo de despedida, os dejamos con la cita: “Formalmente, la composición y el uso de la música en la banda sonora de la película es, sin forzar la analogía, similar al uso que hace Prospero de los 24 libros que Gonzalo guarda en su barco cuando es expulsado de Milán hacia la isla. Del mismo modo en que esos libros se convirtieron, en palabras de Greenaway, en “materia de su autoridad” en cuanto al uso al que se iban a destinar, mi música, tanto la nueva como la adaptada, que dejé en la sala de edición de Peter, se convirtió en “materia de su autoridad”, en el sentido organizativo, ilustrativo y emocional.”
Intervienen en el disco, además del propio Michael Nyman al piano y las vocalistas ya citadas, los miembros de la Michael Nyman Band: Alexander Balanescu, Jonathan Carney, Elizabeth Perry y Clare Connors (violines), Kate Musker (viola), Anthony Hinnigan y Justin Pearson (cellos), Paul Morgan, Tim Amhurst y Lynda Houghton (contrabajos), Martin Elliott (bajo), David Rix (clarinetes), John Harle, David Roach y Jamie Talbot (saxos), Andrew Findon (saxos, flauta, piccolo), Graham Ashton (trompeta), Richard Clews y Marjorie Dunn (trompas), Nigel Barr y Steve Saunders (trombones).
Para los que deseéis haceros con esta fascinante banda sonora, os dejamos el siguiente enlace:
Hace unos días hablabamos de esta banda sonora en otra entrada dedicada a Michael Nyman prometiendo ocuparnos de ella próximamente y ha llegado el momento de cumplir con la palabra dada.
"A Zed and Two Noughts" era el tercer largometraje del director Peter Greenaway y, al igual que ocurría con los anteriores, el encargo de la música iba a ser para Michael Nyman. Aunque parte de la partitura estaba escrita con anterioridad para acompañar un ballet de Lucinda Child, la mayoría de la música era original. La obra de la que Nyman partió en este caso para elaborar su composición era el "Dies Irae" del Requiem de Biber.
La descripción que el compositor hace del proceso de creación de la banda sonora es muy clarificadora. Como indica en el libreto de la última edición en CD del disco: "Leí el guión. Peter Greenaway me dio una lista con las ocho etapas de la evolución darwiniana, desde el barro primordial hasta el hombre para ilustrar, simbolizar o tratar de hacer algún paralelismo musical con lo que quería mostrar. Escribí la partitura sin ver un sólo fotograma de la película. Grabé la música. La banda sonra fue sincronizada con las imágenes".
Así de simple. Y sin embargo, ese solía ser el modus operandi habitual del binomio Nyman/Greenaway que, en este caso, nos deja una de las obras más destacadas en lo musical de su autor en la que podemos encontrar auténticos clásicos de su repertorio como "Time Lapse" o "Prawn Watching". Como curiosidad, en esta ocasión la música no está interpretada por la Michael Nyman Band o, al menos, no aparece en los créditos. En su lugar sí que se acredita a la Zoo Orchestra, banda fantasma de la que no existen mayores referencias y que bien podrían ser los mismos miembros de la banda del músico bajo otro nombre. Sí aparecen acreditados, por el contrario, otros habituales de las grabaciones de Nyman como Alexander Balanescu y Elizabeth Perry (violines) o Sarah Leonard (soprano) además del propio compositor, en esta ocasión cambiando su acostumbrado piano por un clavicembalo.
Nos hallamos en presencia de uno de los discos que mejor retratan a su autor y, por lo tanto, lo consideramos una obra imprescindible para todos aquellos seguidores del británico. Para comprarlo os dejamos los acostumbrados enlaces:
En el mundo del cine ha habido unas cuantas parejas director-compositor que han tenido una cierta estabilidad y nos han dejado un buen puñado de colaboraciones realmente fructíferas. Enseguida nos vienen a la cabeza los binomios Spielberg-Williams, Burton-Elfman, Leone-Morricone, Hitchcock-Hermann o Lynch-Badalamenti. Durante los años ochenta, principalmente, existió otra pareja que nos dejó obras realmente particulares: la formada por el director Peter Greenaway y Michael Nyman.
El cine de Greenaway, ciertamente, no es fácil de asimilar y nunca ha tenido gran aceptación comercial con la posible excepción de la película cuya banda sonora tratamos hoy. "El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante" es una especie de comedia negra con elementos de canibalismo con todos los elementos del cine de su autor. Contaba Nyman en una ocasión que elaborar la música para las películas de Greenaway es un proceso completamente distinto a hacerlo para cualquier otro director. Con Peter no hay códigos de tiempo, no tienes las imagenes a las que acompañará la música ni nada de eso. El compositor trabaja a ciegas y es luego el director quien adapta la música a las situaciones de la pantalla. El efecto que se suele conseguir así es un profundo contraste entre imágenes y música.
El el caso de esta banda sonora, Greenaway quería usar a toda costa una obra compuesta por Nyman unos años antes en recuerdo de los aficionados, pricipalmente de la Juventus de Turin, fallecidos en la tragedia del estadio Heysel de Bruselas en la final de la Copa de Europa de fútbol que enfrentó a los italianos con el Liverpool FC. La composición, con el título "Memorial" se repite en varias ocasiones a lo largo de la película y actualmente el propio Nyman la ha descatalogado por una especie de superstición. Inicialmente, la obra tenía que ver con el cierre de una central eléctrica en Yainville pero cuando Nyman vio la tragedia de Heysel por televisión, la adaptó para ese fín. Mientras arreglaba la composición para incluirla en la banda sonora de la película que nos ocupa vio en las noticias otra desgracia de características similares en el estadio de Hillsborough, en Sheffield. En aquel momento, Nyman decidió no volver a utilizar la composición aunque no sabemos a ciencia cierta si aún continúa vigente ese veto.
El resto de la banda sonora es un buen ejemplo de la forma de componer del inglés, con ese tema principal, "Memorial" basado en el "King Arthur" de Henry Purcell y con su propia formación, la Michael Nyman Band a cargo de la interpretación con dos excepciones: "Miserere Paraphrase" con Alexander Balanescu al violin y el propio Nyman acompañando al piano y "Miserere" interpretada por el coro "London Voices" con Terry Edwards a la dirección. Los integrantes de la Michael Nyman Band en esta grabación son: Alexander Balanescu, Elizabeth Perry y Jonathan Carney (violines y, este último, también viola), Tony Hinnigan (cello), Chris Laurence (contrabajo), David Fuest (clarinetes), John Harle, David Roach y Andrew Findon (saxos), Graham Ashton (trompeta), David Stewart (trombón), Michael Nyman (piano) y Sarah Leonard (soprano).
Como siempre, os dejamos un par de enlaces para comprar el disco. El primero de ellos en un pack económico junto con "El Piano", quizá la banda sonora más popular del músico:
La entrega de hoy nos deja un disco que no se encuentra entre los más populares de su autor pero que, sin embargo, nos parece más que interesante. Michael Nyman es un músico que tendrá una presencia importante en La Voz de los Vientos aunque hasta el momento apenas se ha asomado por aquí en una ocasión.
Encontramos en el trabajo dos obras diferentes de Nyman: la primera, interpretada por la Michael Nyman Band se trata de la música creada para un espectáculo de danza de la bailarina y coreógrafa Siobhan Davies. La música, como suele ocurrir con las composiciones de Nyman para su banda es tremendamente animada en muchos momentos, con el obsesivo piano del propio compositor marcando el ritmo de forma casi frenética. No obstante, tenemos también momentos más pausados como la segunda de las "canciones" del ciclo, una bella melodía que sirve para recordarnos que Nyman también se defiende en los tiempos más lentos. Entrecomillamos "canciones" porque, aunque efectivamente las cuatro partes del ciclo se denominan así, "songs", todo él es completamente instrumental. Como suele ocurrir con el compositor británico, parte de "And Do They Do" es una "deconstrucción" de una obra de otro compositor. En este caso se trata de la tercera canción, escrita a partir del "Nachtlied, Op.19" de Robert Schumann. Base también de la ópera en la que Nyman trabajaba por estas mismas fechas titulada "The Man Who Mistook His Wife for a Hat".
Los miembros de la Michael Nyman Band que intervienen en la grabación son: Michael Nyman (piano), Alexander Balanescu (violín), Rupert Bawden (viola), Andrew Findon (flautas), David Fuest (clarinetes), Elizabeth Perry (violín), Ruth Philips (cello) y David Roach (saxos).
La segunda obra que encontramos en el CD es un tour de force del violinista Alexander Balanescu, en el que nos interpreta una adaptación para violín sólo de buena parte de la banda sonora de la película de Peter Greenaway "A Zed and Two Noughts" compuesta por el propio Nyman unos meses antes. Sólo el virtusismo de Balanescu le permite salir airoso de la interpretación de una partitura realmente complicada en muchos momentos. Para que tengais ocasión de comparar la versión de Balanescu con la original, en unos días tendreis por aquí la banda sonora al completo.