jueves, 26 de febrero de 2026

Orbital - Orbital (aka The Green Album) (1991)



El origen de Orbital es casi una recopilación de lugares comunes de los comienzos de la gran mayoría de bandas de rock y pop de todos los tiempos. No hay aquí grandes misterios. Dos hermanos aficionados a la música que a mediados de los años ochenta empiezan a juguetear con algunos cacharros electrónicos y a emular a algunos de sus ídolos como OMD o New Order. Montan un rudimentario estudio casero en casa de sus padres y graban algunas cosillas que terminan por llamar la atención de un DJ local que, además de tener un programa en una emisora pirata local, pinchaba en algunos locales y tenía un pequeño sello con el que lanzaba singles de artistas emergentes. De alguna forma, Jazzy M, que era su nombre, llegó a a escuchar una maqueta de los hermanos Phil y Paul Hartnoll con el tema “Chime”. Tras lanzarlo como single, la pieza comenzó a hacerse muy popular en la escena “rave” de la época lo que permitió al dúo dar sus primeros conciertos bajo el nombre de Orbital y publicar varios singles más hasta que en 1991 lanzaron su primer LP, sin título, que sería conocido de forma extra-oficial como el “green album” por el color de su portada y para distinguirlo del segundo (“the brown album”) que tampoco especificaba título alguno.


El disco no era sino una recopilación de temas que habían ido grabando en los anteriores dos años y, además, tenía el inconveniente de no recoger algunos de sus temas más populares en el circuito de los clubes como el propio “Chime” o “Satan” (al menos en su versión de estudio, ya que “Chime” aparecía en una interpretación en directo). Además, el tracklist variaba entre las versiones en vinilo, casette o CD con temas que solo aparecían en uno de los tres formatos. La versión que aquí comentaremos es la de CD.


“The Moebius” - El primer tema del disco aprovecha la idea de la cinta de Moebius como ejemplo de loop eterno convirtiéndola en un tema electrónico de baile basado precisamente en eso: diferentes patrones rítmicos repitiéndose una y otra vez en diferentes combinaciones. Un concepto muy sencillo pero en el que ya se deja ver lo que será el estilo de Orbital, quienes no necesitan recurrir a bombos machacones para poner a la gente a bailar sino que lo hacen con elegancia y recursos llenos de clase. En diversos momentos del tema, el dúo incorpora diálogos de la serie Star Trek.


“Speed Freak” - Algo más complejo, al menos desde el punto de vista de la construcción de los ritmos es el siguiente corte. También más tópico en cuanto a los sonidos utilizados pero, quizá por ello, funciona mejor como pieza bailable y también nos parece perfectamente disfrutable para su escucha al margen de las pistas.




“Oolaa” - Ritmos house, samples y bases muy pegadizas configuran el esquema del siguiente corte cuyo punto fuerte es una potente línea de bajo de la que van emergiendo diferentes melodías, todas ellas muy breves pero que le dan al tema un extraño toque cinematográfico.


“Desert Storm” - Cuenta la leyenda que este tema se grabó en un un solo día, mientras el ejército de los Estados Unidos lanzaba la operación “Tormenta del Desierto” sobre Irak. El corte tiene ligeros toques orientales sobre un ritmo pesado, que se diría ralentizado a propósito para conseguir un efecto más opresivo. Una pieza que es un buen ejemplo de esa nueva música electrónica que comenzaba a abrirse paso en los años noventa en lo que quizá fuera la etapa definitiva en cuanto a la popularización de estos sonidos.


“Fahrenheit 303” - El título es un juego de palabras entre el título de la novela de Ray Bradbury y el nombre del famoso sintetizador Roland TB-303 diseñado específicamente para construir líneas de bajo. Como cabría suponer, el uso del aparato que aquí se hace es intensivo dibujándose diferentes secuencias de todo tipo que van mezclándose unas con otras con un ritmo constante de fondo.


“Steel Cube Idolatry” - El tema nace de una mala crítica que el grupo recibió en uno de sus primeros conciertos como teloneros de una banda mayor. Lo mejor de la historia es que los sonidos que aquí aparecen, con lo que parece simular una serie de percusiones metálicas creando ritmos sincopados terminó siendo un anticipo claro del estilo que pronto haría a Orbital inconfundibles e inmediatamente reconocibles. Prácticamente todos los elementos que definen a la banda están presentes aquí.




“High Rise” - Algo más comercial es el siguiente tema con melodías más reconocibles e incluso alguna base de piano que se aleja un poco del tono general del trabajo. No es nuestro corte favorito, en todo caso.


“Chime (live)” - Llegamos ahora al que fue el primer gran éxito del dúo, su primer single y la pieza que les hizo ganarse un nombre aunque la versión que aquí suena no es la de estudio sino una en directo. De todas formas, y siendo sinceros, no hay gran diferencia entre el directo y otras versiones y es que en la música electrónica decir que un tema está tocado en vivo suele ser muy generoso. “Chime”, en cualquier caso, está considerado como un clásico del género y el dúo lo ha seguido interpretando en sus shows con asiduidad.


“Midnight (live)” - El tema enlaza sin solución de continuidad con este, también en directo y también un single muy popular en su día. En nuestra opinión, es muy superior a “Chime”, tanto en su construcción como en la producción, mucho más trabajada. Sin embargo, no es tan recordado.


“Belfast” - Cerrando el disco tenemos otro de los singles del dúo, ahora sí, en su versión de estudio. Tiene la particularidad de estar construido alrededor de la voz de la soprano Emily Van Evera cantando una melodía escrita por Hildegard Von Bingen en el S.XII. A partir de ahí, el dúo añade ritmos y secuencias bailables creando un efecto muy curioso que funciona a las mil maravillas. A nuestro juicio, el uso de la música antigua es mucho más elegante que el que hizo Enigma poco antes en su celebérrimo “Sadeness”.




“I Think It's Disgusting” - Aún quedaba una pequeña sorpresa en forma de tema oculto, aunque este no es más que un loop de piano de unos segundos que se repite unas cuantas veces sin variaciones. No pasa de ser una anécdota curiosa.


Lo interesante de Orbital, en nuestra opinión, llegaría algo más tarde y no en su disco de debut. Aunque son una banda que nos ha llegado a gustar mucho, especialmente en algún disco concreto que ya hemos reseñado aquí, no consideramos a su “Green Album” como uno de los mejores, lo que no quiere decir que no lo recomendemos, quizá por esa obsesión de arqueólogos que tenemos por saber de dónde vienen los artistas que nos gustan y de conocer todas sus etapas. Rascando un poco, como hemos comentado ya, es fácil reconocer las características distintivas de la música futura de Orbital escondidas entre el envoltorio más convencional de la mayor parte del disco y solo por eso ya nos compensa la escucha.

domingo, 22 de febrero de 2026

Rosalía - Lux (2025)



Hay fenómenos musicales a los que resulta imposible sustraerse por mucho que, aparentemente, no terminen de casar con los gustos de uno. Si hay algo de lo que podemos presumir en este blog es de tener una curiosidad muy activa a la hora de escuchar todo tipo de música sin reparar demasiado en géneros y estilos. Es por ello que, pese a que no aparezcan por aquí en la mayoría de las ocasiones, sí que solemos prestar atención a muchos discos “mainstream” que se salen de la línea de lo que solemos reseñar. Rosalía se convirtió en un fenómeno mundial hace unos años con la publicación de “El Mal Querer” y, ya entonces entró en nuestro radar. Aquel fue un disco que escuchamos y disfrutamos mucho y que entró a formar parte de la lista de candidatos a aparecer en el blog, algo que sucederá en algún momento. Sin embargo, su siguiente trabajo, “Motomami”, se alejaba mucho de las estéticas que nos suelen gustar y no llegó a interesarnos demasiado pese a lo cual, hemos seguido mirando de reojo la trayectoria de Rosalía ya que nos parecía un talento indiscutible al que merecía la pena prestar atención.


No nos equivocamos. Cuando escuchamos los primeros adelantos de su último trabajo, “Lux”, tuvimos que reconocer que la artista lo había vuelto a hacer alcanzando un nivel de calidad y perfección desconcertante y alejado de lo que se estila hoy en día en las músicas más populares. Antes de nada, tenemos que reconocer que desconocemos casi todo de los géneros más representativos de la música urbana de hoy en día. El rap y el hip-hop no nos llegaron a interesar lo suficiente en su momento. El reguetón se encuentra en las antípodas de todo lo que nos gusta y no hemos escuchado demasiado trap porque lo que hemos oído no nos ha atraído en absoluto. Es por ello que tampoco vamos a hacer una crítica exhaustiva de un disco como este porque nos faltarían muchas herramientas para dar contexto a todo lo que aquí suena.


Antes de empezar, queremos recordar que Rosalía es una artista completísima con una importante formación musical que escribe casi todas las letras y compone prácticamente toda la música en sus discos. Recalcamos esto para que no parezca que la amplia lista de colaboradores y de participantes en “Lux” implica que a Rosalía “le han hecho el disco” como hemos llegado a leer por parte de algunos detractores. Dicho lo cual, el elenco que participa en el trabajo de una u otra forma es impresionante. Entre los intérpretes encontramos nombres como los de Bjork, Carminho, Estrella Morente, la Escolanía de Montserrat, la London Symphony Orchestra, Silvia Pérez Cruz o Yves Tumor y en lo relativo a la composición y producción, los de Caroline Shaw, Charlotte Gainsbourg, el Guincho, el integrante de Daft Punk, Guy-Manuel de Homem-Christo, Nigel Goldrich o Pharrel Williams. El disco, como pasaba con “El Mal Querer”, es un trabajo conceptual organizado en varias partes diferenciadas, en este caso en cuatro movimientos. El tema central es la relación de la artista con Dios visto a través de la vida de varias mujeres santas, no necesariamente católicas.


El primer movimiento se divide en cinco canciones. “Sexo, violencia y llantas” tiene un comienzo entre clasicista y aflamencado con un bonito piano que preludia la primera intervención de Rosalía acompañada del violonchelo. Aparecen entonces algunos arreglos electrónicos junto con el coro y las cuerdas. Una pieza extraordinaria que da el tono de lo que va a seguir en la próxima hora. “Reliquia”, inspirada en Santa Rosa de Lima, se abre con una cuerdas juguetonas del estilo de lo que hemos podido escuchar en algunas obras de Johann Johannsson pero lo mejor viene después con la artista cantando una buena melodía rodeada de una producción extraordinaria que mezcla con un equilibrio perfecto las cuerdas con la electrónica terminando con un bellísimo interludio de piano y una espectacular coda de samples vocales. “Divinize” cambia el tono mezclando piano con ritmos electrónicos muy envolventes que se combinan con partes acústicas, arreglos corales... una pieza fantástica. Continúa la suite con “Porcelana”, inspirada en la vida de Ryonen Genso. El comienzo nos muestra la voz de Rosalía confrontando a la sección de cuerda antes de entrar un segmento que tiene mucho que ver con las músicas urbanas como el trap, especialmente por el uso de los samples y el “autotune” pero todo dentro de un contexto que mezcla arreglos clásicos con electrónica y algún fragmento que no deja de ser un reguetón disimulado con cuerdas y timbales para acabar con un coro celestial entre palmas flamencas. Inclasificable como casi todo lo que suena en el disco. Cierra el primer movimiento “Mio Cristo Piange Diamanti” con Rosalía cantando en italiano una canción inspirada en Clara de Asís. Es una buena muestra de las capacidades vocales de la artista que se acompaña solo de un piano durante toda la primera mitad de la canción. En la segunda mitad aparecen las cuerdas en un final espectacular y muy operístico que gana en intensidad poco a poco terminando en todo lo alto.




El segundo movimiento comienza con el que fue el adelanto del disco: “Berghain”, homenaje a  Hildegard Von Bingen y todo un espectáculo de cuerdas veloces en una especie de fiesta barroca en el que tienen su sitio los coros, la propia voz de Rosalía (de nuevo con registros más propios de una cantante de ópera que de una diva pop) y las percusiones. Es aquí donde se produce la intervención de Björk como artista invitada en su inconfundible estilo. Cambio total de estilo en “La Perla”, un vals en que Rosalía ajusta cuentas con alguna relación pasada (probablemente Raw Alejandro). En otra interpretación, la canción estaría dedicada a la patrona de los divorciados, Santa Fabiola de Roma. En la canción participan los mejicanos Yahritza y su Esencia, especialmente en el comienzo de guitarras. Más adelante entra toda la orquesta en la que es una de las canciones más divertidas del trabajo.  “Mundo Nuevo” cambia por completo de estilo, con un comienzo en el que escuchamos fondos electrónicos antes de la entrada de Rosalía cantando un tema flamenco arropada por las cuerdas que enlaza, a modo de coda con “De madrugá”, una canción que continúa con el tono flamenco y que la artista llevaba un tiempo cantando en directo aunque no había aparecido en ningún disco anterior.




El tercer movimiento comienza con “Dios es un stalker”, una canción con trazas de salsa, especialmente en el uso del “tumbao” que se funde con “La yugular”, inspirada en Rabia Al-Adawiya, en la que volvemos a los ritmos de vals en ciertos momentos, mezclado con interludios corales hasta cerrar con un espectacular recitado entre timbales, cuerdas y voces al que Rosalía incorpora un audio de Patti Smith. “Focu'ranni”, exclusivo de las versiones físicas del disco y dedicado a Santa Rosalía de Palermo es una magnífica pieza en la que destacan los tratamientos de los samples vocales y de percusión. Uno de nuestros temas favoritos del disco. “Sauvignon Blanc”, aparentemente inspirado en Santa Teresa de Jesús, fue otro de los singles del disco aunque no está entre nuestras canciones preferidas del trabajo. Es una balada lenta con acompañamiento de piano y cuerdas, muy bien producida pero que no nos termina de enganchar. “Jeanne”, inspirada en Juana de Arco tampoco aparecía en las ediciones digitales del disco y es una pena porque queda muy bien como cierre del movimiento y tiene algunos de los mejores arreglos de cuerdas que le dan un toque oscuro muy interesante.




El último movimiento del trabajo da comienzo con “Novia robot”, una parodia de los robots sexuales para uso masculino, cada vez más de moda. Otra canción exclusiva de las ediciones en vinilo y CD que tampoco aporta demasiado al conjunto más allá de una producción espectacular. En “La rumba del perdón” tenemos las colaboraciones de Estrella Morente y Silvia Pérez Cruz en una preciosa pieza flamenca que nos remite a los orígenes musicales de la artista catalana. “Memorias” cambia de estilo hacia el fado con la participación de Carminho y dos magníficas interpretaciones prácticamente a capella por parte de ambas artistas con un precioso final. Cerrando el trabajo llega “Magnolias”, inspirada en Anandamayi May y en la que destaca el gran arreglo de clarinete  con el que se abre además del intenso final de orquesta y coro infantil que pone un broche de oro a un trabajo superlativo.




Tenemos que reconocer que no teníamos claro que “Lux” (o, más bien, Rosalía) encajase del todo dentro de las músicas que solemos traer al blog pero lo cierto es que ese pensamiento solo responde a nuestros prejuicios y no tiene demasiado de racional. De hecho, lo que nos extraña realmente es que un disco de estas características haya sido número uno en países como Alemania, Austria, Bélgica, Suiza o Portugal así como en varias listas de los Estados Unidos además de alcanzar puestos muy altos en Francia o Reino Unido. Y nos extraña, no por su calidad, sino porque tiene poco que ver con los tipos de música que suelen copar este tipo de rankings hoy en día. La única duda que podemos tener se refiere a si el paso del tiempo tratará tan bien a “Lux” como creemos que debería o si se terminará viendo como un fenómeno puntual pero, en el fondo, esa duda no deja de ser otro prejuicio más por nuestra parte.

miércoles, 11 de febrero de 2026

Lito Vitale Cuarteto - La Senda Infinita (1989)



El caso de Lito Vitale es bastante extraño visto desde la rara perspectiva que nos dan los 10.000 kilómetros de distancia con su Argentina natal. Hablar de Vitale para un melómano español es hacerlo de una figura que brilló como pocas en los años ochenta y la primera mitad de los noventa. Un artista que se convirtió en uno de los tres o cuatro nombres más importantes de lo que se dio en llamar “nuevas músicas” y que era un habitual en las programaciones de conciertos de las mejores salas nacionales. Si tuviéramos que hablar de un programa de radio tan legendario como fue Diálogos 3, dirigido y presentado por Ramón Trecet, inevitablemente Lito Vitale tendría que aparecer mencionado como uno de los artistas (quizá junto con Wim Mertens, Nighnoise o Loreena McKennitt) que mejor representaron el tipo de música y de estéticas que definieron ese añorado espacio musical.


Sin embargo, Vitale desapareció casi por completo poco después. Sus discos dejaron de ocupar los estantes de las tiendas, su nombre no se veía en los carteles y poco a poco su figura fue cayendo en el olvido. Insistimos en que esto es solo desde la perspectiva española porque Vitale ha seguido siendo una figura muy importante en Argentina, con discos muy relevantes, tanto en solitario como acompañado de Juan Carlos Baglietto y, sobre todo, con una gran presencia en los medios de comunicación, siendo el conductor de diferentes programas de televisión y radio y convirtiéndose en alguien muy cotidiano para el público de ese país.


Hace mucho tiempo ya que no hablamos por aquí de Lito Vitale y nos hemos dado cuenta de que nos quedaba por reseñar aún uno de los cinco discos grabados con su formación más recordada: el Lito Vitale Cuarteto. Haciendo un poco de historia rápida, y prescindiendo de sus grabaciones con M.I.A. de las que hablamos en su día, en la primera mitad de los ochenta publicó varios trabajos en solitario o en formato de dúo y trío aunque en estos últimos casos, a diferencia de los discos como solista, se trataba principalmente de versiones de temas de otros. Fue en 1987 cuando se consolidó un cuarteto más o menos estable (el de batería fue el único puesto que cambió con frecuencia) con el que Vitale publicó sus trabajos más populares. Al disco homónimo (“Lito Vitale Cuarteto” -1987-) le seguiría “Ese Amigo del Alma” (1988), el trabajo que les catapultó a la fama fuera de Argentina que y que aún hoy es su título más recordado. Un año después apareció “La Senda Infinita” que es el trabajo que comentaremos hoy. El cuarteto estaba integrado entonces por Lito Vitale (voces, percusión, piano y teclados), Marcelo Torres (bajo), Manuel Miranda (vientos) y el batería Christian Judurcha en su última grabación con el grupo.


“Noticiero Nacional” - El comienzo del disco es abrumador con la entrada casi al unísono de todos los miembros del cuarteto, especialmente los teclados, el bajo y la batería en unas primeras notas contundentes que enseguida desembocan en una veloz pieza liderada por la melodía de Vitale a los sintetizadores doblada por los vientos de Miranda. Es un tema extraordinario a la altura de lo mejor del cuarteto que, de repente, se frena entrando en un remanso de paz en el que resplandece el bajo de Marcelo Torres convenientemente acompañado por teclados y vientos que, poco a poco, retoman el tema principal, no sin antes brindarnos una serie de variaciones fantásticas. Todo lo que fue el Lito Vitale Cuarteto se puede resumir en los siete minutos que dura esta maravilla.




“El Valor del Silencio” - El siguiente corte cambia por completo de estilo centrándose en los teclados, algo edulcorados, de Vitale, quien se acompaña en la melodía principal de las flautas de Miranda. Es una balada lenta, romántica en su comienzo pero con toques de solemnidad de cuando en cuando. En la segunda mitad del tema, con la entrada del saxofón, la cosa se pone ligeramente tópica y es que Vitale, un talento indiscutible en cuanto a composición e interpretación, no tiene su faceta más destacada en la elección de los sonidos de los sintetizadores que hoy nos suenan excesivamente ochenteros.


“La Senda Infinita” - En cambio, cuando le da por la épica suele acertar de pleno. Eso sucede en el inicio del corte que da título al álbum, potente y robusto antes de desembocar en una melodía en la que las flautas y las quenas dan un toque andino muy particular que es también parte de la marca personal de Lito: esa fusión entre la tradición y el jazz tan reconocible en todos los trabajos del cuarteto.




“Extrañando Todo” - Vitale camina muchas veces en el filo de esa delgada línea que separa lo delicado de lo cursi y en este disco transita muchas veces por el segundo de esos dos lados. Este sería un buen ejemplo. Es un tema de jazz lento con una melodía acertada pero con un tratamiento que le acerca, quizá demasiado, al “smooth jazz” o a ese “muzak” que sacaba de quicio a Recoba en el cuento de Mario Benedetti.


“El Discreto Encanto de Ser Porteño” - Otra cosa es la siguiente pieza que nos ofrece muchos de los mejores momentos del álbum combinando ritmos y sonidos tradicionales argentinos (seguramente una milonga, aunque aquí nuestro desconocimiento de las formas del folclore de ese país nos podría hacer patinar) con un virtuosismo instrumental exacerbado a cargo de los cuatro músicos que suenan aquí como una maquinaria perfecta regalándonos una joya de esas que podemos escuchar una y otra vez sin cansarnos.




“La Vida Entera Juntos” - Desgraciadamente no podemos recrearnos demasiado en la composición anterior puesto que aquí volvemos a las baladas excesivamente edulcoradas. Es una gran melodía, eso no está en discusión, pero tanto los instrumentos escogidos como los arreglos (en especial saxo y teclados pero también la batería electrónica) nos impiden disfrutar de ella como se merece.


“Los Instantes Recordados” - Otro tanto se podría decir de la siguiente pieza. Una especie de improvisación de Vitale a los teclados que, sin duda, sonaría maravillosamente mejor empleando un piano que los sonidos sintéticos que Lito escoge aquí para reemplazarlo. En comparación, los fondos electrónicos a modo de orquesta suenan mucho mejor. Una magnífica composición de la que nos cuesta disfrutar por este tipo de detalles.


“Una Intensa Calma” - En una línea parecida transcurre el tema que cierra el trabajo aunque aquí con la participación de todo el cuarteto y la importante presencia de la voz del propio Vitale tarareando la melodía central. En otros momentos del disco ya la habíamos podido escuchar pero no con un papel tan central como aquí.


En “La Senda Infinita” encontramos concentradas las principales virtudes y los mayores defectos de la trayectoria de Lito Vitale como músico. Entre las primeras, su gran talento para la melodía y para el encaje de esta en ritmos de todo tipo, su capacidad de mezclar jazz con músicas tradicionales y el gran manejo del formato de cuarteto con esa configuración tan particular en la que los vientos tienen un papel importantísimo y el talento de un bajista como Marcelo Torres tiene espacio para desarrollarse sin quedar subordinado al propio Vitale. En el otro lado encontramos la cara más naif del músico con melodías edulcoradas pero, sobre todo, con arreglos y sonidos que no han encajado bien el paso del tiempo. Ejerciendo como abogados del diablo podemos argumentar que en los ochenta hubo una serie de sonidos y timbres que utilizaba todo el mundo y que, en su día, funcionaban pero que no envejecieron bien y no siempre es fácil sustraerse a según qué modas. En todo caso, Vitale corrigió esto en los siguientes discos del cuarteto (no tanto en los que publicó en solitario) culminando en la que, para nosotros, es su obra maestra: “La Excusa”. Quedémonos en todo caso con lo positivo, que no es poco, y disfrutemos de todas las obras maestras que nos ofreció el Lito Vitale Cuarteto no sin antes indicar que, por buenos que pudieran ser en disco, su directo era aún mejor haciendo de cada concierto una experiencia inolvidable. De las decenas de conciertos de todo tipo a los que hemos asistido en nuestra vida nos costaría mencionar tres directos que nos hayan gustado más que el del Lito Vitale Cuarteto.

sábado, 31 de enero de 2026

Channel Light Vessel - Automatic (1994)



A lo largo de 1993, Roger Eno se encontraba en un gran momento creativo. Acababa de lanzar el que quizá sea su disco más popular, “The Familiar”, firmado a dúo con la intérprete de oboe y compositora Kate St.John y se encontraba inmerso en una importante gira de presentación de ese trabajo. En los conciertos, aparte de la música de “The Familiar”, se tocaban piezas escritas por los integrantes de la banda en sus carreras en solitario y, como bises, todo el grupo solía tocar una serie de piezas casi improvisadas que terminaban por ser las más aplaudidas de los conciertos. Esto sucedió especialmente en la parte japonesa de la gira en la que la reacción del público a las jam sessions del final de los shows fue extremadamente positiva. Eso hizo que Roger y compañía se planteasen trabajar más en esa línea y así fue como nació Channel Light Vessel, un supergrupo integrado por el propio Roger Eno (piano, acordeón, banjo, trompeta y sintetizadores), Kate St.John (oboe, saxofón y voces), el ex-integrante de Be Bop Deluxe, Bill Nelson (bajo, guitarra, teclados y percusiones), Laraaji (cítara y percusiones) y Mayume Tachibana (violonchelo). El resultado fue un sonido diferente, nuevo, para una banda absolutamente original e inconfundible.


La trayectoria de Channel Light Vessel fue breve, como suele suceder con este tipo de agrupaciones que surgen como reunión de estrellas individuales, pero nos dejó dos trabajos maravillosos. Hoy queremos hablar del primero de ellos: “Automatic” (1994).


“Testify” - Abre el disco una canción que podríamos llamar “pop” con una configuración elegantísima. Sonidos agradables, arreglos sobrios pero brillantes, una estrofa cantada por Bill Nelson con coros de Kate St.John, pianos soñadores, guitarras precisas... en suma, un tema extraordinario y muy distinto a lo que habían hecho antes sus intérpretes.




“Train Travelling North” - Entramos ahora en los instrumentales con una preciosidad en la que todo está perfectamente coordinado. Se abre con unas percusiones exóticas que dan paso al oboe que se encarga de la melodía central rodeado de sintetizadores y con el fantástico apoyo del violonchelo que da la réplica perfecta al tema principal. En la segunda mitad, el piano y las marimbas nos invitan a desatar la imaginación llevándonos por paisajes de cuento hasta la aparición de la guitarra eléctrica que nos acompaña hasta el final.


“Slow Afternoon” - El siguiente tema es más ambiental, con aires orientales en los arreglos y la percusión y una melodía de saxo que se acerca algo más al estilo de Roger Eno en discos anteriores. Se suman flautas, piano, el oboe y los teclados para ofrecernos un lento instrumental de escucha muy agradable en la línea de lo que se hacía en aquellos años en los sellos más importantes de la “new age” como Narada o Windham Hill.


“Ballyboots” - Toda esa paz y tranquilidad se rompen con los ritmos electrónicos con los que empieza el corte, salpicados de pianos tensos y efectos que crean una atmósfera desasosegante, con toques de jazz y una gran sensación de riesgo en una composición muy experimental que resulta fascinante.




“A Place We Pray For” - Con la siguiente parada volvemos las texturas electrónicas lentas y de corte ambiental. También al formato canción con la combinación de las voces de Nelson y St.John, y ese toque etéreo que le da esta última a todo lo que hace. Estilísticamente es una balada que puede parecerse a algunas canciones en esa línea del Peter Gabriel más reciente. 


“Bubbling Blue” - Volvemos a cambiar de estilo por completo con esta pieza de espíritu acústico en lo que se refiere a las percusiones y las guitarras aunque el motivo central esté interpretado con guitarra eléctrica. Es un tema cadencioso que podríamos calificar como de pop instrumental que sirve de transición hacia la segunda mitad del trabajo.


“Duende” - Comienza esta con un muy breve tema aflamencado lleno de energía que nos deja con la sensación que podría haber dado mucho más de sí con un desarrollo algo mayor. Una de esas aproximaciones al flamenco que, a veces, realizan los artistas anglosajones con resultados desiguales pero que aquí funciona aceptablemente bien.


“Flaming Creatures” - Lo siguiente es un regreso al ambient más puro con texturas electrónicas de evolución lenta que sirven de soporte para una melodía de violonchelo, saxo y oboe que ejecutan un lúgubre lamento entre sonidos y efectos acuosos llenos de misterio y salpicados de samples vocales. En la parte final del tema parece que todo va a cambiar con la entrada de un moderno ritmo programado pero no llega a desarrollarse del todo quedando como una especie de coda.


“Bill's Last Waltz” - Quizá el corte más cercano al estilo entre neoclásico y minimalista de Roger Eno, con un ritmo de vals lento de piano a partir del cual aparece la melodía ejecutada por las maderas y, más tarde, por la guitarra eléctrica con esas notas largas y sostenidas tan del estilo de Robert Fripp. En la parte final es el violonchelo el que aparece para dar su toque particular a una gran pieza.




“Thunderous Accordions” - Última canción del disco. Como la anterior, tiene algo que nos recuerda a Peter Gabriel, quizá por la trabajada configuración instrumental y la sofisticación de los arreglos, combinado todo ello con un tiempo medio, una percusión muy marcada y cierto tratamiento de los vientos. En cualquier caso es un muy buen tema.


“Fish Owl Moon” - Sin solución de continuidad entra este nuevo instrumental en el que volvemos a escuchar alguna influencia flamenca aunque mucho más ténue. No termina de desarrollarse por completo ninguna melodía clara por lo que existe la tentación de volver a encuadrarlo como ambient pero no es exactamente eso ya que el dinamismo de todos los instrumentos se contradice con los principales tópicos del género.


“Little Luminaries” - El cierre, ahora sí, es un tema que atribuiríamos sin pensarlo dos veces a Roger Eno ya que tiene todos los elementos de su música y bien podría pasar por un anticipo de “Lost in Translation”, el que sería su siguiente trabajo publicado, ahora ya en solitario.


En un momento de la película “Blade Runner”, Eldon Tyrell le dice a Roy Batty su famosa frase: “La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo, y tú has brillado con muchísima, muchísima intensidad, Roy”. Algo así podemos afirmar de Channel Light Vessel. Una formación muy prometedora pero que apenas nos dejó dos discos en su corta existencia. Seguramente, “Automatic” es el mejor de los dos y creemos que merece una escucha por parte de todos aquellos que lo desconozcan.

jueves, 22 de enero de 2026

Meredith Monk - Cellular Songs (2025)



Cuando hace ya unos años reseñamos el que entonces era el último trabajo de Meredith Monk, “On Behalf of Nature” (2016), no teníamos ni idea de que se trataba de la primera entrega de una trilogía. Supimos eso el año pasado al hacernos con la que es la segunda parte de la misma, compuesta en 2018 y publicada ahora con el título de “Cellular Songs”. Hagamos un poco de historia. En el anterior trabajo, la artista ponía música a las ideas reflejadas en el libro del poeta “beat” Gary Snyder, “Writers and the War Against Nature”. Así, la artista se convertía en portavoz de la naturaleza en una colección de canciones centradas en la ecología y en el cambio climático. De forma similar, Meredith se inspira ahora en el oncólogo y divulgador científico Siddhartha Mukherjee y su libro “The Emperor of All Maladies: a Biography of Cancer”. La artista propone una suerte de paralelismo entre la perfecta organización de la célula, en la que todos sus elementos colaboran para su correcto funcionamiento y la que debería tener una sociedad en la que todos sus integrantes cooperen entre sí. Para lograrlo, Meredith Monk se acompaña de los miembros de su Vocal Ensemble, es decir, de Ellen Fischer, Katie Geissinger, Joanna Lynn-Jacobs y Allison Sniffin que cantan junto a ella acompañadas en determinados momentos por John Hollenbeck (vibráfono y percusiones). Allison Sniffin, además de cantar, toca el piano y el violín.


“Click Song #3 Prologue” - El tema se abre con una serie de percusiones desordenadas en apariencia pero que van tomando forma poco a poco. Escuchamos tanto instrumentos reales (crotales, por ejemplo) como percusión realizada con diferentes partes del cuerpo.


“Cell Trio I” - Enlazando con el primer tema entramos en esta composición en tres partes en la que los seguidores de Meredith Monk reconocerán inmediatamente su inconfundible estilo. Es un trío vocal ejecutado por la propia Meredith junto a Katie Geissinger y Allison Sniffin. El primer movimiento es dinámico con contrastes continuos entre las diferentes voces y un ritmo constante.




“Cell Trio II” - La segunda parte es más misteriosa, como si se tratase de un antiguo canto religioso. Voces sostenidas en el tiempo con una melodía lenta y de gran belleza que explota las excepcionales cualidades vocales de las tres intérpertes en una letanía emocionante e intemporal.


“Cell Trio III” - El último movimiento sube el ritmo con pulsaciones vocales constantes en clave minimalista en las que diferentes líneas vocales van creciendo de forma paralela utilizando no solo la voz propiamente dicha sino también la respiración como un elemento más.


“Dyads” - En el siguiente corte son las otras dos integrantes del grupo vocal de Meredith Monk las que llevan, valga el mal chiste, la voz cantante. Puntualmente se suma el vibráfono de Hollenbeck pero solo en la parte final y para repetir la secuencia de notas ejecutada previamente por las intérpretes.


“Happy Woman” - La única “canción” más o menos convencional del disco es este corte que incorpora violín, piano y vibráfono a la ejecución del conjunto vocal. Realmente se trata de una serie de frases repetidas una y otra vez, incluyendo la del título, con breves interludios en el estilo característico de la artista. El conjunto funciona como una suerte de mantra que nos conduciría al cierre de la primera sección del disco.


“Click Song #3” - Terminaría esta parte con la misma formación que interpretaba el prólogo ejecuntando una composición de percusión corporal salpicada de voces aquí y allá.


“Branching” - Seguimos con una canción de aire tribal en la que las voces más graves ejecutan una melodía muy breve que parecería formar parte de un ritual y a cada repetición son respondidas por las más agudas en una suerte de diálogo místico que más adelante se transforma en una pieza conjunta durante unos compases para dejarnos con una sucesión de intervenciones individuales. Quizá la pieza más compleja e interesante del disco.




“Lullaby for Lise” - El siguiente tema sigue fielmente la línea de otros trabajos anteriores de Meredith Monk, especialmente de las piezas que formaron parte de su seminal trabajo “Do You Be”, quizá nuestro disco favorito de la artista. Voz y piano combinándose en una magnífica composición en el estilo que sembró las semillas que luego florecieron en artistas como Wim Mertens.


“Generation Dance” - En ese mismo estilo podemos encuadrar esta pieza en la que el piano vuelve a ser protagonista, en esta ocasión, junto con un dúo de voces. Minimalismo en su versión más accesible sin perder por ello nada de profundidad.


“Breathstream” - En esta ocasión, el título es absolutamente descriptivo de lo que sucede en la pieza. Sonidos vocales, principalmente susurros y algún silbido, creando una corriente musical que nos lleva al tramo final del disco.


“Dive” - Única pieza instrumental de la obra. Se trata de una composición para piano y vibráfono de estilo impresionista, con un tono grave y pesaroso. Interesantísima y muy inspirada.


“Melt” - En la misma línea meditativa escuchamos este trío de voces con la adición del vibráfono. La tensión está presente en toda la composición que amenaza a cada momento con romper hacia algún lugar aún más inquietante pero que mantiene una misma línea hasta el final.


“Passing” - Pese a ser artistas con estilos muy diferentes, hay aquí algo del “O Superman” de Laurie Anderson, con eses pulso vocal constante alrededor del cual se van sumando elementos (en este caso, exclusivamente voces) que a veces son puro ritmo y otras se transforman en zumbidos. Apasionante, en todo caso, y en el estilo que ha hecho de Monk uno de los referentes en la música contemporánea.




“Nyems” - Cerrando el trabajo tenemos otra pieza para voces que evoca, al principio, una especie de algarabía infantil, como de dibujos animados, pero que no tarda en ir tomando forma y cambiando entre diferentes patrones, todos ellos alegres y versátiles.


Con algunas excepciones, la obra de Monk se ha centrado en la música vocal, especialmente en la exploración de las fronteras de la misma aprovechando el excepcional rango de su propia voz. En ese campo creemos que no tiene comparación posible con otros artistas y que su música es realmente única, pese a que se la ha adscrito a las corrientes minimalistas con frecuencia. Mientras esperamos el cierre de la trilogía abierta con "On Behalf of Nature" y continuada con este "Cellular Songs", su música seguirá apareciendo por aquí puesto que cuenta con un gran número de obras que aún no hemos comentado y que merecen mayor atención aunque, hasta ahora, nos hemos venido centrando en sus trabajos más recientes.

 

martes, 13 de enero de 2026

Pep Llopis - Las Noches y los Días (1992)



Los años ochenta y noventa fueron el gran momento de las llamadas “nuevas músicas” en España y gracias a él, florecieron muchos músicos de enorme talento que no eran del todo conocidos por el gran público pese a tener trayectorias muy importantes en otros campos. Algunos de esos nombres llegaron a publicar un gran número de discos y lo siguen haciendo en tiempos recientes. Otros consiguieron una exposición importante en unos años concretos pero luego desaparecieron de la escena aunque han seguido trabajando con un perfil más bajo y alejado del mercado puramente discográfico.


Nosotros conocimos la música del valenciano Pep Llopis a raíz de la inclusión de un par de composiciones suyas en sendos volúmenes de la serie recopilatoria “Música Sin Fronteras”. Se trataba de colecciones de música en formato de disco doble publicadas por el sello Grabaciones Accidentales que llegaron a alcanzar cinco entregas y tuvieron cierta popularidad en los primeros noventa. En ellas había un buen equilibrio entre piezas de músicos españoles e internacionales por lo que sirvieron para dar a conocer a nombres nacionales como los de La Orquesta de las Nubes, Adolfo Rivero, Luis Delgado, Jesús Auñón, etc. La realidad es que Pep llevaba ya muchos años componiendo para teatro, danza o cine pero los pocos discos que publicó antes de eso no tuvieron demasiada repercusión con una excepción que comentaremos al final. Hoy vamos a hablar del trabajo del que salieron los dos temas suyos que terminaron en diferentes entregas de “Música Sin Fronteras” y que fue su disco más popular hasta entonces, seguramente impulsado también por el hecho de que fue el primero en aparecer en formato CD. Se trata de “Las Noches y los Días”, publicado en 1992 y que nos ofrecía una combinación de música nueva con composiciones procedentes de obras anteriores, especialmente para ballet y teatro. Pep Llopis toca sintetizadores y samplers y le acompañan en la grabación: Carlos de la Torre (teclados), Perico Sambeat (flautas, saxo soprano), Luis Llario (contrabajo), Vicente Cortina (percusiones), Gustavo Nardi (violonchelo) y Tomás Garrido (violonchelo).


“Las Noches y los Días” - Originalmente compuesta para la producción del Teatro de los Sueños,  “Tarzán”, dirigida por Rafael Rodríguez, se construye a partir de un fondo electrónico sobre el que va creciendo lentamente un ritmo a base de cuerdas sintéticas y percusiones de cierto aire flamenco desde donde nace la melodía central, veloz y con un punto caótico que desemboca en un tramo final  algo más organizado que termina en un potente clímax en el que se abre paso la flauta para dibujar los últimos motivos melódicos.


“Jardins Aquatics” - Continuamos con un tema cuyo inicio es puramente minimalista al estilo del Steve Reich más rítmico, con marimbas y cuerdas construyendo una secuencia desenfrenada y repetitiva. Según avanza el tema aparecen algunas melodías muy logradas a cargo del saxo y a flauta que nos dejan un gran sabor de boca. El tema había aparecido ya en el anterior disco de Llopis: "Poiemusia".


“Frescos” - Lo siguiente es una pieza de piano en su inicio cuyo melodía tiene ciertas similitudes con alguna parte de la banda sonora de “El Piano” que, eso sí, apareció varios meses después del disco de Llopis. Es, en todo caso, una buena muestra de ese minimalismo melódico que empezó a hacerse en Europa años después de la llegada de la primera oleada del movimiento. La segunda mitad del tema incorpora cuerdas, percusión y saxo dándole al conjunto un toque más jazzístico y mediterráneo.


“Vestidos” - Uno de nuestros temas favoritos del disco. De esas piezas que, de vez en cuando reproduces de forma aislada porque te apetece, sin necesidad de escuchar el trabajo completo. Con protagonismo del violonchelo desde la introducción, está marcado por una secuencia electrónica de bajo muy insistente que permite ir desplegándose a las cuerdas, la flauta y los sintetizadores hasta crear una de las grandes piezas de las “nuevas músicas” en España, sin nada que envidiar a clásicos del género como “On the Future of the Aviation” de Jerry Goodman.




“Prefiero decírtelo de esta manera” - El siguiente corte procede del ballet “En otro tiempo”. Es una composición profunda y dramática, a base de diferentes capas de cuerdas que evolucionan sin prisa alrededor de un motivo central. En la segunda mitad aparece un incisivo tema de piano que culmina con un potente arreglo de cuerdas.


“Jane” - Uno de los temas con los que conocimos a Pep Llopis. Igual que el que abría el disco, está extraído de “Tarzán” y es uno de los más melódicos de todo el trabajo, con un tema central muy inspirado en el que Pep demuestra todo su talento. Una verdadera joya de principio a fin.




“Tema Melodic” - Del montaje “La comedia de las equivocaciones” se extrae esta pieza casi ambiental en la que destaca la línea de bajo sintético y su conjunción con el saxo de la segunda mitad. Todo muy en consonancia con las corrientes de aquellos años. En algunos momentos nos recuerda al disco de Vangelis, “The City”.


“La Nau” - Regresamos a las esencias minimalistas con este veloz tema de cuerdas que nos trae enseguida a la cabeza el “Gentlemen of Leisure” de Wim Mertens por su similar concepción del ritmo y el uso de la flauta aunque, en realidad, son dos composiciones muy diferentes.


“Tres Mujeres” - Otra pieza procedente de un montaje teatral, en esta ocasión, de “homenaje a K”. Es una composición para piano y cuerdas sintetizadas que comienza de forma muy sencilla pero que va añadiendo elementos como las flautas o unos curiosos pizzicati lo que enriquece notablemente el conjunto.


“En Otro Tiempo” - Segundo corte extraído de la partitura para el ballet homónimo. En este caso escrito para cuerdas, sintetizadores y percusión. Es una composición esencialmente rítmica centrada en una melodía corta y repetitiva pero muy eficaz que, además, va ganando en intensidad conforme avanza la pieza.


“The Milky Way (L'espai)” - Del espectáculo “De la Tierra a la Luna” escuchamos aquí esta preciosidad que también fue una de las piezas que formaron parte en su día de los recopilatorios “Música sin Fronteras”. Contiene una de las melodías más inspiradas del disco, un tema ensoñador y mágico que solo nos deja la opción de dejarnos llevar por los sintetizadores y esos sonidos tan característicos de la época digital que hoy nos suenan un poco artificiales pero que en esta composición siguen funcionando bien.




“Vueltas (divertimento en la)” - Cierra el trabajo un extracto del ballet “Vueltas al aire”. Una pieza alegre y llena de ritmo a base de elementos percusivos en una línea similar a algunas piezas de la banda sonora de “Powaqqatsi”, de Philip Glass. Soberbio final para el que está considerado como uno de los grandes discos de las nuevas músicas en España.


Antes de “Las Noches y los Días”, Pep Llopis había grabado “Poiemusia, la nau dels argonautes” (1987), un disco de música y poesía de corte minimalista que, de repente, muchos años después de su publicación, llamó la atención de melómanos de todo el mundo alcanzando las pocas copias disponibles del vinilo original unos precios desorbitados en webs de coleccionismo americanas. El propio Llopis se mostraba sorprendido por el fenómeno cuando declaraba en 2017 que “Desde hace dos años no sé qué le pasa a todo el mundo que no hacen más que llamarme discográficas interesadas en reeditarlo. Cuando se publicó La Nau dels Argonautes, en general la gente se quedó enganchada con la música, pero no con la intervención de las voces. Todo el mundo me pedía que lo reeditara sin los textos. Y ahora, sin embargo, ocurre lo contrario. Han tenido que pasar treinta años para que la gente entendiese ese disco”. Pese ello, no hemos sido capaces de encontrar una copia de la reedición de ese trabajo y “Las Noches y los Días” sigue siendo el único disco de Llopis que hemos conseguido escuchar a día de hoy. Esperamos poder corregir esto en algún momento y volver a traer su música por aquí.