domingo, 23 de agosto de 2026

Wim Mertens - As Water is to Fish (2025)



Es evidente que Wim Mertens no tiene hoy en día la notoriedad mediática de la que gozó en su época de mayor popularidad pero eso no ha hecho que su presencia en los escenarios y su producción musical haya decaído en absoluto, sobre todo en lo que a cantidad de conciertos y discos se refiere. Tanto es así que en este blog, en el que es uno de los músicos más reseñados, no nos da tiempo a comentar todas sus novedades y hay discos que se nos van quedando atrás en el tiempo sin llegar a tener el espacio que merecen. Hoy nos saltamos un trabajo que apareció en 2024 para pasar su último disco publicado.


Su última obra larga en ver la luz (recientemente ha lanzado un tema suelto, probable adelanto de un nuevo disco) salió a finales de 2025 con el título de “As Water is to Fish”, una composición para grupo interpretada por los miembros del Wim Mertens Ensemble que el propio Mertens organiza en cuatro secciones en los créditos del disco: las maderas con Dirk Descheemaeker (clarinete, saxo soprano), Bart Watté (clarinete, corno di bassetto), Filip Neyens (fagot) y Hendrik Pellens (saxo tenor); los metales formados por Anthony Devriendt (trompa) y Bernd Van Echelpoel (tuba); las cuerdas con Tatiana Samouil (violín), Liesbeth de Lombaert (viola), Lode Vercampt (violonchelo) y Ruben Appermont (contrabajo) y, por último, Hana Grociak al arpa, Peter Verbraken a las guitarras, la percusión de Evert Van Eynde y el propio Mertens al piano.


El concepto del trabajo era extraño, especialmente si tenemos en cuenta que los últimos discos de Mertens giraban alrededor de temas profundos y trascendentales del mundo de la política, la filosofía o la literatura. En esta ocasión, al músico belga le dio por pensar en los peces y todo gira, en sus propias palabras, alrededor de tres ideas:


“si un pez llora ¿se ven sus lágrimas?”

“¿el pez es consciente del agua?”

“el pez no necesita definir el agua”


Una forma de inspirarse, en fin, como otra cualquiera y una buena excusa para componer una obra que el músico da a entender que se completó en apenas una semana si atendemos al título del primero de los cortes del disco, algo así como “Vaya semana que hemos pasado una vez más”.


“Want Het Was Me Het Weekje Weer Wel” - Comenzamos con uno de nuestros cortes favoritos del disco en el que nos recibe el inconfundible piano de Wim con un melodía muy dinámica a la que enseguida se suman los vientos y parte de las cuerdas. Es ese Mertens de los últimos años en el que los instrumentos tienen mucha independencia entre sí en muchos momentos ocupando espacios completamente libres sin subordinarse casi nunca a los demás. La segunda mitad, con la entrada de la percusión suena más organizada y nos prepara para el resto del viaje.




“Bon Gré, Mal Gré” - Nos ofrece ahora el músico una de esas piezas largas y ultra repetitivas en las que una bonita secuencia melódica se repite una y otra vez con escasas variaciones mientras que son el resto de instrumentos los que van haciendo su trabajo alrededor. Una gran sucesora, en este estilo, de otros temas como fueron “Kaf” en el disco “Jeremiades” o “Not Me” en “Jardin Clos”.


“Une Fois Chaque Fois” - Continuamos con un estupendo dúo de piano y clarinete por parte de esa pareja artística que forman desde hace más de cuarenta años Mertens y su escudero Dirk Descheemaeker. Una pieza lenta y melancólica en la que el talento melódico del compositor belga nos remite a sus mejores tiempos. Tras los primeros minutos se incorporan el resto de instrumentos con especial protagonismo del violín que ocupa en todo el disco un papel mucho más preponderante de lo habitual en la obra de Mertens.


“Effet-Tunnel” - Escuchamos ahora al “ensemble” completo en una pieza llena de energía e inspiración muy en la línea del Mertens más reciente aunque también con trazas del autor de obras maestras como el extraordinario “Integer Valor” (1998). Diríamos que es uno de los mejores temas del disco pero lo cierto es que el nivel es tan parejo en todo el CD que nos cuesta mucho decantarnos con claridad por una u otra composición.


“Error-tolerant” - Toca ahora oír al Mertens más juguetón, casi infantil, con ritmos sincopados, protagonismo de las maderas y un tono ingenuo que nos encanta. Hay algo en esta pieza (quizá la propia instrumentación, quizá ese leve aire jazzístico) que nos remite de forma inconsciente al magnífico “Speen” publicado por su hermano Eric en 1994.


“Archivcharakter” - Tras la diversión es tiempo de entrar en temas más profundos que Mertens aborda al piano con la ayuda de la sección de cuerda. La melodía es una de las más inspiradas del disco y está al nivel de los grandes trabajos del belga. Eso es decir mucho para un artista cuya producción se extiende a lo largo de varias decenas de lanzamientos.




“Amorce” - Es sorprendente la facilidad para la melodía que tiene Mertens, sumada, además, a una extraña capacidad para que cualquier tema nuevo nos suene familiar con solo unos pocos acordes hasta el punto de que, incluso en una primera escucha, seamos capaces de ir anticipando la evolución del mismo mentalmente. Este es uno de los casos en los que nos ocurre eso: una melodía de piano que crece y se desarrolla con la ayuda de todas las secciones de la banda, especialmente de las cuerdas y las maderas. Una delicia.


“Mutual Overwriting” - Algo tan sencillo como un piano dibujando escalas arriba y abajo puede ser la base perfecta para una melodía tan aparentemente fácil como hechizante hasta el punto de convertir una composición inocente en una pieza maravillosa que no nos cansamos de escuchar.


“Catch-all Procedures” - No es muy dado Mertens a los valses pero en esta ocasión opta por uno de ellos y lo cierto es que le sale una verdadera joya en la que nos fascina especialmente el diálogo de los instrumentos de vientos sobre la base del piano. Toques de jazz e improvisación para otro tema excepcional.


“Weakening It” - En alguno de los comentarios anteriores hacíamos referencia al disco “Integer Valor” y esta composición es otra de las que nos encajaría perfectamente en aquella época de finales de los años noventa y en ese sonido que Mertens empezó a desarrollar por aquel entonces. Es inevitable que temas de aquellos años como “Yes, I Never Did” nos vengan a la cabeza en cuanto escuchamos los primeros compases de este y eso es señal de que estamos ante un Mertens en la mejor de las formas.




“Brachliegend” - Para terminar, Wim se nos pone sentimental con otro de esos temas lentos que son toda una carga de profundidad. Inexplicable que tantos años después siga el músico belga mostrando esa habilidad para dar siempre con la tecla justa en cada momento.



Resulta complicado escribir una nueva reseña para un músico tan prolífico como Wim Mertens porque las conclusiones finales, por fuerza, son siempre repetitivas y similares a las de alguno de sus últimos trabajos, ya sean positivas o negativas. En lo que se refiere a “As Water is to Fish”, nuestra opinión es que estamos ante un gran disco si lo confrontamos con los publicados por Wim en los últimos quince años. De hecho creemos que podría resistir la comparación con los mejores de este periodo sin perderla con ninguno. Eso es buena señal porque hablamos de una etapa irregular en la obra de Mertens pero en el que han aparecido cosas realmente buenas. A estas alturas tampoco es que eso importe mucho porque nuestro querido pianista va a contar siempre con nosotros para prestarle atención a cualquier cosa que haga sin que un disco flojo o un bajón de creatividad ocasional varíe en demasía nuestra opinión general sobre él. Es uno de esos artistas cuya carrera hemos seguido casi desde el primer momento y de cuya mano hemos ido creciendo y moldeando un gusto musical concreto lo que forma un vínculo que creemos indestructible. Ojalá todos los lectores puedan disfrutar de su música como lo hacemos nosotros porque es algo muy especial.

sábado, 15 de agosto de 2026

Steven Wilson - NSRGNTS RMXS (2009)



“Insurgentes”, el disco de debut en solitario de Steven Wilson en 2008, tuvo, como suele ocurrir con todos sus proyectos, varios lanzamientos asociados que servían para complementarlo en alguna medida. En este caso, además de la habitual edición “deluxe” con material adicional, se hizo también un documental (dirigido por Lasse Hoile) y de organizó un concurso de remezclas del tema “Abandoner”. Para ilustrarlo se creó una web en la que se incluyeron ejemplos de otras canciones del trabajo recreadas por otros artistas. La mezcla ganadora fue obra del programador informático polaco Łukasz Langa, especialista en desarrollar software musical.


A partir de ahí surgió la idea de publicar un EP completo con versiones de “Insurgentes” entre las que se encontrarían tanto las muestras que ya habían aparecido en la web como otras nuevas y el tema ganador del concurso. Iba a ser un lanzamiento bastante particular ya que los temas que aparecerían en la versión CD eran otros diferentes de los que se publicarían en vinilo y solo la edición digital los incluiría todos. El trabajo salió a la venta en 2009 bajo el título de “NRSGNTS RMX”.


“Harmony Korine (David A. Sitek magnetized nebula mix)” - La primera mezcla corre por cuenta del guitarrista y teclista de la banda norteamericana TV on the Radio, David Andrew Sitek con la adición de una pequeña banda de metales formada por Jneiro Jarel (trompa), Stuart Bogie (saxo), y Todd Simon (trompeta). Comienza de forma muy fiel al original con la hipnótica guitarra de Wilson que abría la canción pero enseguida aparecen nuevos arreglos electrónicos con una base rítmica muy oscura que encaja como un guante con la canción. Es una versión con toques industriales que le dan un aire nuevo muy interesante aunque siempre es difícil desligarla de la incluida en el disco matriz.




“Get All You Deserve (Dälek mix)” - La segunda mezcla está firmada por los miembros del dúo de hip-hop, Dälek. Es un trabajo en un tono completamente diferente el corte anterior que en su inicio suena  como un tema ambient al que los miembros de Dälek van superponiendo la voz de Wilson, casi fantasmal. Es más tarde cuando entra una base rítmica que ya encaja más con el mundo del hip-hop del que proceden los colaboradores. Aún siendo una interpretación de la canción muy diferente al original, nos ha gustado siempre y nos parece una revisión muy inspirada.


“Abandoner (Engineers mix)” - La banda británica Engineers es la responsable de esta mezcla. Es un grupo encuadrado siempre en el “shoegaze” y el “dream pop” y su interpretación de la canción de Wilson va en esa línea, muy ambiental y etérea que sólo se acerca a los tintes oscuros del tema original en su segunda mitad, cuando nos invaden las guitarras más densas y la atmósfera se acerca a la de los discos más tenebrosos de Bass Communion.


“Salvaging (Pat Mastelotto mix)” - El siguiente en dejar su visión de una de las canciones del disco es nada menos que el batería de King Crimson, Pat Mastelotto. Pat no participó en el disco original pero sí en otro de los proyectos de Wilson de aquel año: el disco “Schoolyard Ghosts” de la banda No-Man. La colaboración se repetiría en el futuro, sin ir más lejos, en el siguiente trabajo de Wilson en solitario: “Grace for Drowning”. Su remezcla es fantástica, con toques de rock progresivo y un montón de instrumentos adicionales como los bajos de Markus Reuter, el Theremin de Pamelia Kurstin o el acordeón de Kimmo Pohjonen. Mucho riesgo que en este caso es proporcional al acierto de Pat.




“Abandoner (danse macabre mix)” - Este es el remix que ganó el concurso del que hablamos al principio. Como ya dijimos antes, su autor es programador informático y desarrollador de software musical por lo que no es de extrañar la gran calidad de la producción, muy electrónica y llena de capas de sonido y samples que nos llevan a un lugar completamente diferente de la mezcla de Engineers que escuchamos antes aunque la segunda parte del remix sí que tiene la huella de Wilson más presente con un peso casi abrumador, eso sí, de los sonidos de piano. Un revisión fantástica en nuestra opinión.


“Get All You Deserve (Fear Falls Burning Mix)” - La última colaboración del disco es la del músico ambient belga Dirk Serries bajo su pseudónimo Fear Falls Burning. Serries ya había trabajado con Bass Communion, el proyecto ambient de Wilson, con su anterior alias (Vidna Obmana). Con esos precedentes cabría esperar una versión extremadamente oscura y opresiva pero no es así. Serries acompaña la voz de Wilson de diferentes sintetizadores que complementan el piano original pero de una forma amable en los primeros minutos. Luego la cosa cambia un poco pero sobre todo en pequeños detalles. Es en el tramo final en el que encontramos el descenso a los infiernos sonoros que Wilson y Serries nos ofrecieron en su proyecto conjunto “Continuum” unos años antes.


Normalmente los discos de remezclas no tienen muy buena fama y su acogida, más allá de los fans del artista de turno, no es demasiado buena. En nuestro caso no tenemos ningún problema al respecto y siempre estamos abiertos a meternos en ellos como se merecen aunque sí que es cierto que, en la mayoría de las ocasiones, no terminan de aportarnos demasiado. En cuanto a “NSGRNTS RMXS” tenemos que decir que es un disco que nos gusta bastante, muy equilibrado en el sentido de que no hay mezclas que destaquen mucho (para bien ni para mal) sobre las demás y que se puede escuchar en cualquier momento como un disco más del artista. Sin embargo, a la hora de la verdad, lo cierto es que recurrimos a él muy pocas veces y la mayor parte de ellas son como parte de una revisión completa de la discografía de su autor y no como una escucha independiente. En todo caso, es un trabajo digno de tener en cuenta, especialmente si sois aficionados a la música de Steven.

jueves, 30 de julio de 2026

Pierre Moerlen's Gong - Time is the Key (1979)



Si hubo algo destacado en la revolución que surgió en el rock de los años setenta fue la ruptura de las barreras entre estilos que permitió a muchas bandas incorporar elementos de jazz, de música clásica y de diversos géneros al sonido clásico del propio rock. Esto también se reflejó en los instrumentos que pasaron de la clásica formación de bajo-guitarra(s)-batería a configuraciones en las que tenían cabida desde la flauta (Jethro Tull, Focus o Camel) hasta el violín (Curved Air o UK), pasando por el fagot o el oboe de Univers Zero. Dentro de esa efervescencia creativa siempre nos llamó la atención el trabajo del vibrafonista Pierre Moerlen a quien conocimos por sus colaboraciones con Mike Oldfield y más tarde por su trabajo con su propia banda: Pierre Moerlen's Gong, de quienes ya comentamos un par de discos en el pasado.


Hoy es el turno de “Time is the Key” (1979), segundo disco de la banda bajo la denominación que acabamos de mencionar aunque sería el cuarto desde que Moerlen tomó las riendas tras la salida de Daevid Allen de los Gong originales. La banda, de hecho, acababa de sufrir una remodelación quedando reducida a cuatro miembros en lo que sería su configuración más escueta hasta ese momento. Seguían en ella Pierre Moerlen (percusión y teclados) y Hansford Rowe (guitarras y bajo) y se incorporaban Bon Lozaga (guitarras) y Peter Lemer (teclados) para reemplazar a Benoit Moerlen, François Causse y Ross Record. También participa, aunque sea en calidad de invitado, el ex-miembro de la banda Allan Holdsworth (guitarras) acompañado del violinista Darryl Way (de los citados más arriba Curved Air), del bajista Joe Kirby y del guitarrista Nico Ramsden.  (quien participó también en las mismas fechas en el disco de Mike Oldfield, “Platinum”). En realidad no sólo fue Ramsden sino que el propio Moerlen junto con Hansford Rowe y Peter Lemer también intervinieron en la grabación del trabajo del bueno de Mike. No hay cronología exacta de ambas grabaciones por lo que no sabemos si Moerlen se llevó a toda su banda (entonces aún en formación) a las sesiones con Oldfield o se conocieron allí. Dado que Lemer ya había tocado con Oldfield y Moerlen en la gira de “Exposed” del primero de ellos, es posible que ahí surgiera su relación con Pierre.


“Ard Na Greine” - El primer corte del disco es una fiesta de percusiones con Moerlen tocando el vibráfono, las marimbas y demás instrumentos en una larga introducción que combina elementos de jazz con toques minimalistas. En la segunda mitad de la pieza aparece el bajo de Kirby y también el violín de Darryl Way en su única participación en el disco.


“Earthrise” - Sin solución de continuidad enlazamos con un corte más animado y rockero en el que aparece la batería y los teclados, siempre discretos, aportando contexto a las percusiones más que reclamando protagonismo.


“Supermarket” - En realidad toda esta parte funciona como una suite única dividida en varios movimientos. Este es el más rockero de ellos con la guitarra y el bajo eléctricos aportando ritmo a una buena melodía de Moerlen al vibráfono.


“Faerie Steps” - El cuarto movimiento mantiene el espíritu jazz-rock pero aquí es donde escuchamos al Moerlen más hipnótico que fue capaz de adueñarse de muchas partes de un disco tan monumental como era “Incantations” de Oldfield. Una pieza fantástica que siempre ha sido una de nuestras preferidas, no solo del disco sino de la banda de Moerlen.




“An American in England” - Hansford Rowe firma la única composición que no es de Pierre en el trabajo. El título tiene todo el sentido puesto que es el único miembro norteamericano de la banda. Como suele pasar, Rowe barre para casa y presenta una composición llena de juegos entre los diferentes bajos con apoyo puntual de guitarras y percusión. Una pieza muy diferente del resto, más progresiva, quizá, en una onda cercana a King Crimson salvando las distancias pero que nos gusta mucho.




“The Organ Grinder” - No podemos evitar ver este tema como una especie de respuesta al “Guilty” de Mike Oldfield con ese ritmo cercano a la música “disco” y esos teclados luminosos en pasajes concretos. Lozaga a la guitarra no es Oldfield pero se defiende bien a lo largo de todas sus intervenciones.




“Sugar Street” - La siguiente pieza da un salto a una suerte de jazz-funk con un ritmo muy marcado y una guitarra protagonista junto con el Polymoog de Lemer. No deja de ser otro tema acorde con los estilos que sonaban en aquellos años lo que convierte su escucha en un ejercicio de nostalgia de unos tiempos que no han terminado de envejecer bien.


“The Bender” - Como ocurría con los cortes iniciales, estamos ente otra suite con varias piezas unidas. En esta recogemos los patrones rítmicos del tema anterior y los vamos llevando hacia lo que podría ser el acompañamiento musical de una serie policiaca de los años setenta, con un interesante tema final de sintetizador a cargo del propio Moerlen.


“Arabesque Intro & Arabesque” - Enlazamos entonces con un tema de inspiración árabe, como ya hacía sospechar el título. Probablemente de lo mejor del disco ya desde el magnífico tema de batería y bajo que acompaña a la melodía central hasta su desarrollo posterior. Es también aquí donde aparece por primera vez en el disco Alan Holdsworth y ya lo hará para quedarse hasta el final.




“Esnuria Two” - La cosa evoluciona hasta lo que bien podría ser una jam-session en la que cada músico tiene su momento de gloria, destacando aquí especialmente el solo de Lemer al Yamaha CS80, sintetizador legendario donde los haya y nada fácil de “domar” a juicio de los que lo han podido disfrutar. Aunque la cosa se alarga algo más de lo necesario, es una tema que funciona muy bien y que nos deja en la pieza final que da título al álbum.


“Time is the Key” - La verdad es que solemos esperar mucho de una composición que el propio autor ha decidido que sirva para nombrar todo un álbum y en esta ocasión esa expectativa juega en nuestra contra ya que no nos parece nada especialmente destacado sino una ráfaga que podría habar ocupado cualquier otro lugar en el mismo y no nos habría llamado la atención.


Seguramente es injusto pero cuando escuchamos a Moerlen lo hacemos siempre con el filtro de Mike Oldfield en nuestra cabeza ya que fue a través de sus discos como conocimos al percusionista francés. Eso hace que de forma inconsciente la comparación entre ambos esté siempre en nuestra cabeza. Desde ese punto de vista, la obra de Moerlen con su banda tiene un serio handicap a nuestros oídos ya que somos demasiado fans de Oldfield como para que pueda resistir la comparativa. Sin embargo, si somos objetivos, nos parece claro que la personalidad musical de Moerlen es suficientemente fuerte como para dejar su impronta muy marcada en sus colaoraciones hasta el punto de que discos como “Incantations” no habrían sonado ni siquiera parecidos a como lo hacen sin su participación. “Time is the Key”, sin llegar al nivel de nuestro disco favorito de Moerlen, “Downwind”, es un disco notable que merecería un análisis más centrado en el propio disco y del que nosotros no somos capaces. Sirva esta entrada para animar al posible oyente a juzgar por sí mismo el disco y la obra de Moerlen haciendo abstracción de cualquier otra consideración.

viernes, 24 de julio de 2026

Aphex Twin - Richard D. James Album (1996)



Pocos artistas hemos conocido que nos generen un nivel de desconcierto similar al que nos provoca Richard D. James, más conocido como Aphex Twin, aunque en el disco que comentamos hoy se empeñe en recordarnos su nombre real. En una entrada anterior ya hablamos de cómo uno de sus discos dejaba descolocado a un crítico de música clásica pero es que el que comentamos hoy suscitó reacciones similares entre los entendidos aunque siempre con la impresión general de que estábamos ante el que podría ser el mejor disco de su autor hasta el momento. Una de las reseñas que apareció en su día indicaba que con este disco “parecía que Richard D. James se reía con nosotros en lugar de hacerlo de nosotros como en sus trabajos anteriores. Para contextualizar, hoy vamos a hablar de “Richard D. James Album”, disco que apareció en 1996 y que iba a ser su cuarto CD de larga duración. Se trata de la entrada por parte del artista en el “Drill'n'bass”, un sub-género caracterizado por ritmos imposibles llenos de acelerones, frenazos y cambios constantes que lo convertían en una gran paradoja porque era música de baile que no se podía bailar. Para ello toda la composición y gran parte de los tratamientos sonoros se hizo directamente en un ordenador a base de samples y manipulaciones de los mismos. Todo lo que suena en el disco está hecho por el propio Richard.


“4” - Comenzamos con un ritmo velocísimo que por momentos se comprime en ráfagas imposibles. Lo interesante sucede por debajo. Ahí aparecen capas de sonido, cuerdas sampleadas (creadas a partir de un solo violín, si nos creemos a su autor) y sonidos electrónicos muy sencillos en apariencia pero con un trabajo de producción muy complejo. La melodía lucha por parecer organizada en medio del caos rítmico que la rodea y llega a conseguirlo la mayor parte de las veces.




“Cornish Acid” - La cosa sigue, como insinúa el título, con sonidos ácidos que saltan a lo loco acompañados de la parte rítmica. En contraste, una melodía de fondo que se desarrolla lentamente, a medio camino entre los sonidos enigmáticos de “Doctor Who” y el ambient más clásico. El corte es muy breve y cuando termina tenemos la sensación de que se nos acabó el crédito en mitad de la partida de la máquina más atractiva de las recreativas del barrio.


“Peek 824545201” - Lo siguiente es más experimental si cabe con un Aphex Twin entregado a los ritmos más desconcertantes que, en alguna ocasión se organizan y tejen una breve melodía inteligible. Cuesta entrar pero una vez que lo haces es fascinante.


“Fingerbib” - Llegamos a una de las composiciones más sorprendentes del álbum que combina un tono y una melodía casi infantiles con un uso reconocible de los sintetizadores en lo que podría ser lo más parecido a una canción convencional en todo el disco. Pese a ello seguimos teniendo acelerones, frenazos y desarrollos rítmicos inesperados lo que nos nos impide disfrutar de un tema inesperadamente naíf.


“Carn Marth” - De todas formas no tardamos mucho en sumergirnos de nuevo en el caos más lo que podamos imaginar con uno de nuestros cortes favoritos del disco que reúne todo lo que uno esperaría de un trabajo de Aphex Twin. Teniendo en cuenta que “drill” en inglés significa “taladradora”, entendemos que este tipo de música haya recibido el calificativo de “drill'n'bass”.


“To Cure a Weaking Child” - Otra pieza fantástica es la que viene a continuación en la que el músico opta por samples vocales infantiles para hacer la melodía central, acompañados de una melodía repetitiva que suena de fondo a modo de canción de cuna mientras adereza todo el conjunto con ritmos delirantes. Lo curioso es que, por alguna de esas extrañas conexiones (o desconexiones) que se dan en nuestros cerebros en mucho momentos, hay algo aquí que nos recuerda a Vangelis.




“Goon Gumpas” - Continuando con ese aire entre inocente e infantil, tenemos aquí una excelente melodía muy divertida en forma de marcha, que nos permite un momento de relax antes de meternos en el último tramo.


“Yellow Calx” - Regresamos a la fórmula que combina ambientes y temas lentos con ritmos que quizá deberían llevar una advertencia para personas propensas a los ataques epilépticos ya que son el equivalente musical a las tormentas visuales tan comunes en algunos “animes”. Con todo, la parte electrónica más melódica es excelente.


“Girl/Boy Song” (NLS Mix) – El single más conocido del disco fue publicado también de forma independiente más adelante. Si nos quedamos con la parte no rítmica es una preciosa pieza de cuerdas que podría acompañar las imágenes de una película de época incorporando, incluso, algo de épica. Lo que ocurre es que el despliegue de ritmos que entran y salen continuamente mezclando tiempos y compases como si no hubiera un mañana hacen imposible concentrarse solo en lo melódico. En todo caso es una pieza excelente que nos gusta cada vez más.




“Logan Rock Witch” - El cierre del disco es una extravagancia que utiliza los instrumentos más curiosos para la parte de la percusión, como el arpa de boca, el cencerro, cajas de todo tipo, campanas, etc. para mezclarlos con un solemne órgano de iglesia y un silbato de émbolo entre otros recursos, digamos, inusuales.


Algunas ediciones del disco incluían el EP “Girl/Boy” con sus diferentes caras B pero no es el que tenemos por lo que la versión que comentamos es la “corta”. Somos conscientes de que la música de Aphex Twin no es para todo el mundo y tampoco tenemos claro qué nicho de melómanos es el más adecuado para hacerles esta recomendación. Hemos escuchado discos de intérpretes clásicas que han incluido en sus repertorios piezas de Richard D. James (pensamos en las hermanas Labeque) por lo que está claro que no estamos ante un tipo gracioso sin más. También tenemos claro que su trabajo con las texturas sonoras y los samples están al nivel de los más grandes de la electrónica contemporánea y es evidente que, si es una de las grandes figuras de un género como la IDM (por pretencioso que suene eso de “Intelligent Dance Music” es por algo.

domingo, 12 de julio de 2026

Sufjan Stevens & Angelo de Augustine - A Beginner's Mind (2021)



El caso de Sufjan Stevens no es nada común en el mundo de la música. Se trata de un cantautor con un estilo muy personal que dese el principio de su carrera tenía claro qué era lo que quería hacer y cómo lo iba a lograr. Creció en una pequeña comunidad cristiana de Michigan y siempre tuvo presente ese sentimiento de familia y de pertenencia a un grupo. Completada su formación musical, fundó junto con su padrastro un sello para publicar sus propias canciones sin tener que depender de terceras personas y la cosa fue bien, hasta el punto que Asthmatic Kitty (su discográfica) viene publicando discos con regularidad desde hace 25 años y no solo de Sufjan sino de muchos otros artistas de la comunidad de Holland.


Fue gracias a la gestión del sello que Sufjan Stevens conoció a Angelo de Augustine a través de unas maquetas que le hizo llegar un conocido común. Decidió ficharle para su discográfica (Angelo estaba teniendo problemas con la suya) y fruto de esa relación surgieron los tres primeros discos de Angelo. Durante ese proceso, Stevens se ofreció a ayudarle en las tareas de producción e incluso llegaron a componer alguna canción juntos. Esa relación de amistad se consolidó y llevó a la creación del disco que comentamos hoy: viendo la química que había entre ambos, decidieron irse un tiempo juntos a una cabaña de los Catskills, una reserva natural en el estado de Nueva York llena de montañas y bosques muy utilizada por la gente para este tipo de retiros. De aquel mes de asueto surgieron un buen número de canciones con las que el dúo grabó “A Beginner's Mind”. Cada uno de los temas está inspirado en una de las películas que ambos veían juntos antes de dormirse y para la composición utilizaron diferentes técnicas que van desde las “estrategias oblícuas”, creadas por Brian Eno y de las que creemos haber hablado en algún momento, hasta conceptos “zen” como el shoshin que da título al disco (la traducción del término vendría a ser la de “mente de principiante”).


“Reach Out” - Casi todas las canciones del disco están escritas a dúo, especialmente las de la primera mitad del mismo comenzando con este tema inspirado en “El Cielo sobre Berlín” de Wim Wenders. Es una pieza estilo folk que recuerda los primeros discos se Sufjan, particularmente a “Carrie and Lowell” y también con una marcada influencia de Simon & Garfunkel. Esta impresión se ve reforzada por la perfecta combinación que logran las voces de ambos artistas lo que se convierte desde el primer momento en uno de los puntos fuertes de la grabación.




“Lady Macbeth in Chains” - Continuamos con la pieza creada a partir del visionado de “Eva al Desnudo”. En esta ocasión pasamos de un comienzo más oscuro que desemboca en un puente y un estribillo verdaderamente mágicos en los que el dúo se aproxima a los sonidos sureños de los Estados Unidos con un punto de misterio muy logrado que contrasta con lo desenfadado del tema central. Magnífica también la coda instrumental electrónica tan del gusto de Stevens.


“Back to Oz” - Por algún motivo, en 1985 alguien decidió que era una buena idea crear una secuela de “El Mago de Oz” titulada “Regreso a Oz”. Esa es la película escogida como punto de partida para la siguiente canción en la que disfrutamos de los ambientes electrónicos oníricos de Stevens como fondo para una canción muy animada en la que destacan los juegos vocales ente ambos artistas y el solo de guitarra casi psicodélico de la parte central.




“The Pillar of Souls” - Dentro de una selección de películas realmente ecléctica le llega el turno a “Hellraiser III”, secuela del clásico de terror que no pasó de ser la típica serie B ochentera (aunque se grabó en 1992). El tema Stevens y de Augustine es una balada lenta, pesada, llena de voces fantasmales y arreglos típicos del género (campanillas, glockenspiel, pianos repetitivos...). No hemos visto la película pero creemos que la canción debe ser muy superior a la misma dentro de sus respectivas categorías.


“You Give Death a Bad Name” - El título y la letra son referencias nada disimuladas a la canción de Bon Jovi de (casi) el mismo título pero la inspiración cinematográfica es muy anterior: nada menos que el clásico del cine de zombies “La noche de los muertos vivientes”. Donde Bon Jovi cantaban “Shot through the heart and you're to blame, You give love a bad name”, Stevens y de Augustine cantan: “Shot to the skull or a strike to the brain as you withdraw, you give death a bad name”. Por lo demás, la canción es un tema lento con excelentes armonías vocales pero que nos parece inferior a otros del disco.


“Beginner's Mind” - La primera canción escrita por Angelo en solitario se basa en “Le llaman Bodhi” de la directora Kathryn Bigelow. Es una pieza preciosa, protagonizada por el piano y la voz a los que se añaden arreglos electrónicos y de guitarra muy sutiles. De los momentos más inspirados de todo el trabajo.


“Olympus” - “Furia de titanes” (suponemos que en la versión clásica de 1981) es la cinta que hace de punto de partida para esta canción lenta de arreglos minimalistas en lo instrumental (apenas unas guitarras y alguna percusión) pero de una brillantez en las voces que justifica todo lo demás. Lejos de la épica de la película, el tema es un prodigio de delicadeza y buen gusto.


“Murder and Crime” - Vuelven los toques más folclóricos para ilustrar este acercamiento al mundo postapocalíptico de “Mad Max”. La parte melódica está al nivel de los mejores temas de Stevens en este registro, lo cual es mucho decir. Combinando esa inocencia de la canción infantil con un fraseado impecable y unas notas que fluyen con una naturalidad sorprendente, el dúo de Stevens y De Augustine nos ofrece aquí una de las mejores canciones del disco a la que lo único que le podemos reprochar es un final demasiado abrupto.


“(This is) The Thing” - Es Sufjan Stevens el que toma ahora las riendas en su primera canción en solitario del disco. Inspirada en “La cosa”, el tema tiene un tono similar a las canciones de aquella obra maestra que ya comentamos aquí llamada “Planetarium” con un enfoque menos electrónico pero con unos arreglos excelentes de principio a fin.


“It's Your Own Body and Mind” - Repite Stevens con un tema que parte del film “Nora Darling” para ofrecernos una canción más convencional al principio con una guitarra rítmica como fondo para la voz distorsionada del cantante pero que desemboca en un precioso estribillo a partir del cual el ritmo se incrementa acompañándonos en un final no especialmente sorprendente pero muy correcto.


“Lost in the World” - Segunda canción escrita por de Augustine y una de las más ajenas a la línea general del disco. Surge del visionado de la película “La última ola” y, quizá por ese enfoque diferente, es una de las que más nos sorprende lo que ha hecho que la valoremos cada vez más.


“Fictional California” - Volvemos al trabajo en dúo con este tema que tiene un curioso tono a hoguera en la playa al caer la noche, a melodía sencilla de esas que todos los amigos cantan juntos. Inspirada en otra es esas secuelas de difícil justificación (una típica peli de animadoras americanas: “A por todas 2”) pero que acaban siendo populares por alguna razón.


“Cimmerian Shade” - En el interior del disco aparece una dedicatoria a Jonathan Demme y se acompaña de un retrato de Jodie Foster lo que nos hace pensar en que esta canción, inspirada en “El silencio de los corderos” tiene una importancia especial para el dúo. Pese a ello, no está ente nuestras favoritas salvo un pequeño interludio instrumental a la mitad del tema que es de lo mejor del disco.


“Lacrimae” - Como cierre tenemos la última canción de Angelo de Augustine, surgida a partir de un raro cortometraje de 1962 dirigido por Nikos Nikolaidis: “Lacrimae rerum”. Con un tratamiento sencillo de guitarra y voces, es una bonita canción que nos deja un excelente sabor de boca.



Los trabajos más intimistas de Sufjan Stevens como el mencionado “Carrie and Lowell” o “Illinois” nos devolvieron en su día a una época en la que las cosas eran más sencillas demostrando que pueden seguir siéndolo si no nos empeñamos en complicarlas. Esa es también la virtud de “A Begginer's Mind”. Es un disco que no requiere de una gran cantidad de recursos técnicos ni de una sofisticación extrema pero que, pese a ello, sigue teniendo esa rara capacidad de emocionar que siempre ha demostrado Stevens, ya sea con una guitarra, un piano o con capas y capas de sintetizadores y efectos. Los seguidores del bueno de Sufjan ya saben a qué nos referimos. Además, en este trabajo tenemos la posibilidad de conocer a un Angelo de Augustine cuya forma de componer e interpretar encaja a la perfección con la de Stevens formando un todo casi indistinguible. En suma, estamos ante un disco especial que puede llegar a públicos muy diferentes, precisamente por no estar claramente adscrito a ninguna corriente concreta.


martes, 30 de junio de 2026

Ólafur Arnalds - Found Songs (2009)



La discografía de Olafur Arnalds es complicada de seguir porque no se ajusta al esquema convencional de la mayoría de los artistas. Lo normal es grabar una serie de piezas para ser publicadas en disco (ocasionalmente también en formato single o EP), de cuando en cuando grabar algún disco en directo y, en el caso de los artistas más populares, editar cada cierto tiempo un disco recopilatorio. En realidad, Olafur hace todo eso, quizá con la excepción de las recopilaciones de grandes éxitos, pero también tiene otra serie de lanzamientos a los que llama “colecciones” que son piezas prácticamente improvisadas y grabadas en un corto espacio de tiempo. La primera de ellas apareció en 2009, cuando Arnalds estaba empezando y apenas había publicado un par de trabajos aunque había adquirido cierta notoriedad como telonero de Sigur Ros. Llevaba el título de “Found Songs” y obedecía a la siguiente idea: cada día, a lo largo de una semana, Olafur compondría, interpretaría y grabaría una pieza que sería compartida inmediatamente a través de twitter y de su propia página web. El artista invitaba a los fans a colaborar con fotos, diseños y cualquier otra idea al “artwork” asociado a cada pieza con lo que se generaba una curiosa interacción entre músico y seguidores. Las siete piezas fueron compiladas y publicadas posteriormente en formato físico conformando el disco que comentamos hoy aquí.


“Erla's Waltz” - El título nos da una pista clara sobre el contenido ya que, efectivamente, se trata de un vals para piano lento, triste y melancólico en su inicio pero que evoluciona hacia algo más brillante poco después. Es la clásica pieza que si nos dicen que es Yann Tiersen lo aceptamos sin pensárnoslo  demasiado.




“Raein” - El tema correspondiente al segundo día incorpora ya algunos efectos electrónicos y sonidos de cuerdas (el violonchelo de Donna Hermannsdóttir y el violín de Margrét Soffia Einarsdóttir) que le dan un apoyo más que notable al piano que, en todo caso, sigue siendo el instrumento principal. Como toda la música de Arnalds, es muy sencilla formalmente pero también posee un grado de inspiración muy alto.


“Romance” - El tema más corto de una colección de piezas que ya son breves de por sí, es otra deliciosa pieza de piano muy tranquila y con una melodía notable que abunda en la línea entre clasicista y minimalista de todo el trabajo.


“Allt varð hljótt” - Cambiamos aquí el piano por los sintetizadores y los sonidos etéreos que a veces parecen campanas perdidas entre la niebla y que sirven de base para el tema principal de violín: un motivo muy sencillo que se repite varias veces acompañado por el violonchelo con notas muy largas que se mantienen flotando en el tiempo. El tipo de composición que hemos escuchado tantas veces en discos del propio Olafur pero también de su compatriota Johann Johannsson o de Max Richter.


“Lost Song” - Regresamos al piano en un tema que tiene algo de infantil y juguetón. Casi como si se tratase de un estudio muy básico ya que se repite una y otra vez. La variación en este caso viene dada por el acompañamiento de las cuerdas, algo más dinámico aunque termina por convertirse también en una suerte de repetición. La cosa mejora cuando entran en la segunda mitad los efectos electrónicos y una percusión muy sutil que rompe la monotonía general.




“Faun” - La pieza correspondiente al sexto día de la serie vuelve a ser un vals muy pausado con una gran melodía de violín, doblada al final por el violonchelo en la que es una de las mejores composiciones de la serie.


“Ljósið” - Y para cerrar, Olafur se despide con otra pieza de corte infantil en la que un bonito motivo de piano se repite una y otra vez y le da la excusa perfecta a las cuerdas para perderse entre juegos melódicos en los que un instrumento toma el relevo del otro continuamente.




No vamos a negar que normalmente le pedimos a la música un poco de tensión y no solo buenas melodías y arreglos como es el caso de lo que sucede en este disco pero lo cierto es que vivimos tiempos complicados en muchos sentidos y hay muchas ocasiones en las que trabajos como los de Olafur Arnalds se agradecen. Y es así porque su música es sencilla, no requiere de grandes esfuerzos y, muchas veces, ni siquiera de una atención constante. Dicho todo esto, no querríamos que el comentario anterior se tomase como un desprecio a su música sino todo lo contrario. Nos encanta Olafur y lo consideramos como uno de los representantes más destacados de esa especie de neoclasicismo que vivimos en los últimos años y que combina instrumentos convencionales de la música de cámara, especialmente las cuerdas con piano y electrónica brindándonos atmósferas y ambientes de gran belleza. En el caso de este “Found Songs” y de otros trabajos similares del músico islandés, su corta duración (apenas unos veinte minutos) impide que lleguen a aburrir a aquellos oyentes poco familiarizados con estos estilos por lo que es una buena forma de iniciarse en ellos a pequeñas dosis.

lunes, 22 de junio de 2026

Miguel Gil - Nadhie (2025)



Regresamos hoy a la música del sello Fortín Artesonoro y lo hacemos con un viejo conocido a cuya faceta como compositor en solitario nos acercamos hoy por primera vez. Fue hace unos cinco años cuando hablamos de Enessima, el proyecto de Jorge Cabadas y Miguel Gil publicado en el mismo sello. Ahora es el momento de centrarnos en lo último publicado por el segundo de los artistas citados: “Nadhie” (2025), Gil realiza aquí un complejo trabajo en el que se contraponen elementos aparentemente contrarios. En sus propias palabras, “Nadhie surge como un río que fluyera del mar a la montaña, dulcificando sus aguas para remansarse, puras, en cuevas naturales. En Nadhie, composición e improvisación, acústico y electrónico, real y virtual, temperada y superjusta o tonal y atonal no son términos opuestos, sino perfiles del mismo sujeto”.


El currículum de Miguel Gil es impresionante obteniendo, entre otras cosas, una graduación summa cum laude en el Berklee College of Music, quizá la institución docente más prestigiosa en la música contemporánea. Está especializado en composición y es un especialista en música carnática, la música “clásica” del sur de la India. Durante toda su carrera ha sido profesor en diferentes instituciones lo que él ve, no sólo como una forma de subsistencia sino también como un modo de estar en contacto con músicos y perspectivas nuevas todo el tiempo, lo que le sirve a la vez de aprendizaje en un ciclo que se retroalimenta continuamente. Además de eso, ha escrito música para cine y teatro además de grabar un buen número de discos en solitario y el colaboración con otros artistas. Incluso, ahora que estamos en pleno mundial de fútbol, participó en labores de producción en el himno de la edición de Sudáfrica 2010 pera la cadena Cuatro. En su carrera ha tocado varios palos, desde la composición pura y la experimentación a la interpretación integral de todos sus trabajos pasando por etapas más centradas en el jazz contemporáneo.


En “Nadhie”, Gil utiliza metapiano (un instrumento virtual que emula el sonido de un piano mediante modelado espectral, en lugar de utilizar librerías de samples), saxo soprano y benjolin (un sintetizador muy particular diseñado por Rob Hordijk bajo los principios de la “teoría del caos” por lo que las texturas, patrones y secuencias generados son impredecibles de modo que el intérprete no controla el sonido sino que, de alguna forma, lo guía).


Certezas cambiantes” - Comenzamos con una sucesión de notas de piano sostenidas en el tiempo que poco a poco parecen organizarse para dar forma a algo y es entonces cuando aparece el saxo y nos introduce en un segmento en el que se mezclan el jazz y la música experimental en un raro cruce entre Coltrane y Cage, dos nombres que empiezan, casualmente, por la misma inicial con que lo hacen las dos palabras que forman el título del tema. Muy curioso (que también empieza por “c”).


Placeres pospuestos” - El siguiente tema no solo repite el hecho de utilizar palabras que empiezan por la misma letra en el título sino que profundiza aún más en la combinación de saxo jazzístico y piano vanguardista además de sumar, con mucha mayor presencia que en el corte inicial, otros elementos como percusiones, sonidos electrónicos y desarrollos caóticos que nos recuerdan la sorpresa tímbrica continua que es toda obra interpretada en un piano preparado, por ejemplo. Eso es lo fascinante de estas dos primeras composiciones: que nada en ellas es previsible.


Un poquito de por favor” - Continuamos con una evolución casi natural de lo que estábamos oyendo antes, con mayor protagonismo de los sonidos electrónicos, tanto originales como surgidos del tratamiento de otros por diversos medios. Intuimos que aquí entra en acción el benjolin, especialmente en el tramo final, lleno de ruiditos analógicos que tienen toda la pinta de proceder de ese sintetizador. Para los amantes de ese tipo de sonoridades (y nosotros lo somos) es una delicia.


Tres interpretaciones de un gesto” - Las tres últimas piezas del disco son bastante más breves que las iniciales pero exploran los mismo terrenos. Esta primera combina piano y electrónica desarrollando una atmósfera muy inquietante, opresiva por momentos, solo rota por las intervenciones, casi humorísticas, del “slide whistle”.


Oírse a uno mismo” - Si atendemos al título, tenemos que ver esta pieza como un experimento introspectivo centrado en el saxo y en la manipulación de su sonido con efectos y distorsiones de todo tipo, alrededor del cual el piano se mueve en su mundo particular, ajeno al ejercicio de manipulación que Miguel Gil realiza con el saxofón.


Del mar a la montaña, un río de gratitud” - Cierra el trabajo otra pieza muy experimental llena de sonidos sintéticos, casi drones al principio, que sirven de base para el dúo de piano y saxo que nos ha acompañado durante todo el disco. El cierre nos recuerda a los inicios de la electrónica con esos asombrosos instrumentos (ni siquiera eran aún sintetizadores) que emitían sonidos de ciencia ficción. Quizá si tuviéramos que quedarnos con una sola composición del trabajo lo haríamos con esta.



Seguimos luchando hoy en día con los prejuicios que alejan determinadas músicas del gran público. Es evidente que es una batalla perdida porque no hay forma de que los géneros más vanguardistas lleguen a oídos mayoritarios y tampoco es fácil que, en los casos en los que lo hagan, lleguen a calar porque, querámoslo o no es música que requiere de un esfuerzo y una atención que no casan bien, casi por definición, con los públicos más amplios y, probablemente esté bien que sea así. En todo caso, este tipo de propuestas siempre tendrán un hueco en este blog para picar la curiosidad de los ocasionales lectores que decidan darles una oportunidad. El disco está disponible para su escucha y descarga gratuita en la web de Fortín Artesonoro como su referencia número 21.

martes, 16 de junio de 2026

Shani Diluka - Pulse (2023)



Han sido ya varias las ocasiones en las que hemos hablado aquí de las cada vez más frecuentes conexiones entre la música académica y otros géneros más populares. En ese orden de cosas, es muy habitual encontrar grabaciones de intérpretes de música clásica que se atreven a acercarse a los estilos más populares. Es el caso de la pianista monegasca Shani Diluka quien publicó en 2023 un disco en el que mostraba una amplia panorámica de música contemporánea centrada en el minimalismo pero con una visión muy inclusiva que se salía de los cuatro nombres comunes del género rescatando a algunos de los pioneros menos conocidos pero no por ello menos importantes como Moondog y atrayendo hacia el potente centro gravitatorio de la música más repetitiva, melodías populares, piezas de jazz e incluso a modernos éxitos de las pistas de baile.


Diluka fue una niña prodigio que salió a la luz gracias a un programa escolar impulsado en su día por la princesa Grace en el Principado de Mónaco que incluía una importante base de formación musical desde las etapas más tempranas de la escuela. Pronto ingresó en la Academia Príncipe Rainiero III y de ahí no tardó en saltar al Conservatorio Nacional Superior de Música y Danza de París donde estudió con los mejores especialistas de piano. Publica con Warner Classics con quienes tiene un contrato exclusivo y ha publicado ya un gran número de discos. Entre ellos encontramos grabaciones más o menos convencionales dentro del repertorio clásico como monografías dedicadas a Mendelssohn, Grieg, Mozart, Beethoven, Schubert o Bach pero también una serie de discos “temáticos” con enfoques más abiertos como es el caso del dedicado a Marcel Proust (en la figura de los músicos franceses de su época), a Jack Kerouak (centrado en músicos norteamericanos) o a su peculiar exploración del espacio a través de Beethoven y de las ragas de los maestros indios. En esa línea de trabajos más conceptuales se encuentra el disco del que hablamos hoy: “Pulse”, un homenaje al minimalismo en el que, curiosamente, no aparece Steve Reich pese a lo que podríamos pensar al ver el título del disco.


“Railroad (Travel Song)” - La primera pieza de la colección es una composición de 1981 de Meredith Monk, una de nuestras artistas favoritas en el terreno de la música de vanguardia. Ya comentamos esta obra cuando reseñamos el disco “Piano Songs” (2014) de Meredith en la que por entonces era la única  grabación de la misma.


“Etude No.2” - Si hay un artista inevitable en cualquier recopilación de música minimalista para piano, ese es, sin duda, Philip Glass. De hecho, en esta grabación de Shani Diluka aparece ampliamente representado como tendremos ocasión de ver. Aquí lo hace con el segundo de sus estudios de piano, una serie de piezas que revitalizó el repertorio para ese instrumento del compositor norteamericano y que se han convertido en sus obras más grabadas en los últimos tiempos.


“Be My Love” - Saltamos del minimalismo más académico a un estándar de jazz escrito por Nicholas Brodszky y Sammy Cahn para Mario Lanza en los años cincuenta. Aquí Shani se basa en la exquisita versión del tema escrita por Keith Jarrett. Aparentemente no tiene mucho que ver con el tópico repetitivo del minimalismo pero la estructura circular de esta versión en la que el tema central se repite varias veces sobre sí mismo nos hace pensar que tiene un encaje muy acertado dentro del trabajo.


“Mad Rush” - Volvemos a Glass, ahora con una de sus piezas más populares en sus distintas versiones y configuraciones instrumentales. La versión de Diluka es algo más rápida de lo habitual lo que contrasta con el aire ceremonial que ha tenido la obra en muchas ocasiones pero también le da una viveza que le viene muy bien en el contexto del disco.


“Dream” - Pasamos ahora al que podría ser el verdadero fundador del minimalismo sin pretenderlo: John Cage. Es una pieza para ballet escrita en 1948 y se cuenta entre las obras más accesibles de Cage, autor que para nosotros, como bien saben los lectores antiguos del blog, es mucho menos duro de lo que el tópico nos ha llegado a hacer creer. Esta composición, sin ir más lejos, es un ejemplo perfecto de ello.


“Veridis Quo” - La primera gran sorpresa de “Pulse” llega de la mano de esta versión de un tema del dúo de música de baile francés, Daft Punk. Es una composición que se encontraba en su “Discovery” (2001) y se construye alrededor de una melodía sencillísima que se repite constantemente. Tiene algo de “ostinato” barroco pero no deja de ser una pieza esencialmente minimalista, algo que aquí, despojada de toda la producción habitual del dúo, se pone de manifiesto muy claramente.




“Etude No.5” - Vuelve aquí Shani Diluka a Philip Glass quien, en cierto modo, hace las veces de hilo conductor de todo el trabajo. La pieza escogida procede de nuevo de su primer libro de estudios y no será la última vez que aparezca en el disco, del que se despedirá con sorpresa incluida.


“Casino” - Seguimos con el compositor australiano Luke Howard y su pieza para piano extraída del disco “The Sand that Ate the Sea” (2019). Es un precioso tema lento en una línea similar a la de Yann Tiersen, por poner un ejemplo habitual en el blog. Muy melódico e inspirado que para nosotros, que desconocíamos la obra de Luke, es uno de los grandes descubrimientos del disco.


“China Gates” - Hasta en cuatro ocasiones ha aparecido en el blog esta composición del norteamericano John Adams, algo que no es de extrañar, tanto por su propia calidad, como por lo escaso del repertorio para piano de Adams, que obliga a los artistas que quieren acercarse a su música a escoger entre muy pocas piezas. La versión de Diluka es fascinante e hipnótica pero es que toda la pieza lo es.


“The Philosopher's Hand” - Y si Adams tenía que aparecer en una recopilación centrada en el minimalismo, con más motivo debía hacerlo Terry Riley aunque ambos compartan un repertorio realmente escueto para el instrumento sobre el que gira este trabajo de Shani Diluka. También esta pieza apareció con anterioridad en el blog en su día.


“Etude No.9” - Regresamos a Glass y sus estudios con el que seguramente sea nuestro favorito que suena aquí en una versión extremadamente rápida y breve, lo que subraya esa idea de hilo conductor que apuntábamos más arriba.


“Danny Boy” - Tras Keith Jarrett, aparece ahora otro de los grandes pianistas de jazz de la historia, Bill Evans, y su versión de la que es una de las melodías más icónicas de la nación Irlandesa. Exquisito el arreglo de Evans como también lo es la interpretación de Diluka.


“Metamorphosis One” - No podemos decir nada que no hayamos dicho antes sobre esta pieza de Philip Glass que prácticamente inauguraba su repertorio escrito expresamente para piano a mediados de los años 80. Un clásico que nunca aburre.


“Bird's Lament” - Si hay un músico al que le debemos una entrada (o varias) en el blog es a Moondog. Su historia personal es absolutamente fascinante y de un interés inversamente proporcional a su popularidad. ¿Es posible ser uno de los músicos más influyentes del S.XX viviendo en la calle?. Algún día veremos que sí. Esta composición es una maravilla y está dedicada al pianista de jazz Charlie Parker, poco después de su muerte, lo que explica su estilo, no tan habitual en la música de Moondog.




“Shenandoah” - Otra canción tradicional que ha calado en el imaginario popular, en esta ocasión, de Norteamérica para cuya grabación Shani Diluka recurre de nuevo a un arreglo de un músico de jazz: Keith Jarrett, quien hace así doblete en el disco. El resultado está más cerca del piano folk de un George Winston, por poner un ejemplo, que del minimalismo o del propio jazz pero no desentona en la colección.


“Opening” - Última (o penúltima, ya lo aclararemos) aparición de Philip Glass con otro de sus clásicos, en esta ocasión, la pieza que abría su disco “Glassworks” (1982). Aún hoy suele estar en sus programas de concierto cuando el compositor gira en formato de solo piano.


“Giorgio by Moroder” - Segunda pieza de Daft Punk, ahora con la participación del homenajeado productor italiano Giorgio Moroder. Apareció en el disco “Random Access Memories” (2013) de dúo. Con esta adaptación, Diluka evidencia cómo detrás de músicas que no parecen tener mucho en común, pueden aparecer más coincidencias de las que podrían esperarse aunque su versión se nos antoja demasiado breve.


“Shimmers” - Quizá las prisas obedezcan al deseo de mostrarnos su obra y es que Shani Diluka nos regala aquí un tema propio que cumple con todos los requisitos estilísticos del disco. No es la primera vez que vemos cómo hay intérpretes que deciden incluir piezas de su autoría en este tipo de trabajos lo que nos permite comprobar también esa otra faceta de su talento. En el caso de Shani, nos deja con las ganas de escuchar más obras suyas.


“Barn Dance” - Segunda parada en la música de Moondog con esta veloz y alegre danza que nos ha fascinado desde la primera vez que la escuchamos hace ya varios años. Excelente.


“Melody: Sun on You” - Hubo un momento, a finales de los años 90, en el que la música de Craig Armstrong nos fascinaba. Su mezcla de instrumentos clásicos con sintetizadores y su apertura a la colaboración con otros artistas a los que admiramos como Massive Attack o Pet Shop Boys hicieron que sus discos sonasen con frecuencia en nuestra casa pero después le perdimos la pista aunque sabemos de su intensa actividad como músico de cine. En cierto modo fue un precedente de Max Richter que no ha llegado a donde lo ha hecho éste. Aquí aparece con una pieza de su disco “Sun On You” (2018) en la que juega con los arpegios y las repeticiones de un modo muy personal para ofrecernos uno de los temas más interesantes del disco con el que podríamos decir que éste llega a su fin.


“The Holy Presence of Joan of Arc” - Pero faltan aún dos piezas que, por sus características especiales, podríamos calificar de “bonus tracks” o de codas del trabajo. La primera es un extracto de una pieza de Julius Eastman, única del disco en la que, además de un espectacular piano rítmico, participa una orquesta. Por lo demás, tiene todos los requisitos para estar aquí además de habernos servido de recordatorio de que, algún día, tendremos que hablar de Eastman por aquí.


“Etude No.5” - La segunda aparición de esta composición en el disco tiene el añadido de un texto adaptado de la canción de Patty Smith, “Paths that Cross”, que se une aquí a la música de Glass en un experimento que el músico ya había hecho en su día con textos de Allen Ginsberg, por poner un ejemplo.


No es una sorpresa que aparezcan por aquí este tipo de grabaciones en las que podemos encontrar, desde piezas que ya conocemos de algunos de nuestros compositores favoritos hasta muchas otras de las que no habíamos oído hablar lo que siempre nos ha parecido una magnífica ocasión para conocer nuevos autores e intérpretes. Sólo por eso, este “Pulse” de Shani Diluka nos parece un disco magnífico. Si además añadimos a eso una interpretación elegantísima y un gran gusto a la hora de seleccionar los temas incluidos, nuestra valoración del disco tiene que ser, por fuerza, muy positiva. El trabajo fue publicado hace pocos años por Warner Classics como todos los de la pianista por lo que no debería ser muy difícil de conseguir. Os dejamos con un vídeo promocional en el que Shani nos habla de "Pulse".




viernes, 29 de mayo de 2026

José Gallardo Arbeláez - Pájaros en Cáncer (2025)



La primera vez que hablamos de José Gallardo Arbeláez en el blog fue con ocasión de la publicación del disco recopilatorio “En Alas del Sonido” del sello Luscinia Discos. En aquel momento comentamos una de las composiciones de su proyecto Música Inmobiliaria pero ha llegado el momento de hacer lo propio con un disco completo, esta vez publicado bajo su propio nombre en el sello heredero de Luscinia: Fortín Artesonoro.


José es un músico colombiano de larga trayectoria que combina una formación clásica con el gusto por los sonidos más experimentales, incluyendo fuentes electrónicas, grabaciones de campo, etc. Muchas veces mezclándolos con instrumentos convencionales. El disco que hoy comentamos lleva el título de “Pájaros en Cáncer” y contiene 9 composiciones muy distintas entre sí que nos dan una buena muestra de su extensa paleta sonora.


“Silbar y retroalimentar” - Comienza el disco con un profundo “drone” electrónico sobre el que se van superponiendo diferentes efectos y sonidos sintéticos incluyendo lo que parecen voces procesadas, quizá procedentes de alguna emisión radiofónica distorsionada por el trabajo de Gallardo. Más adelante escuchamos lo que parece una guitarra eléctrica muy saturada que contribuye a añadir misterio a un ambiente de por sí oscuro. Pura vanguardia y experimentación en una composición que, pese a todo, no carece de melodías y de un desarrollo coherente que hace que pueda disfrutarse a muchos niveles.


“Pájaros en Marte” - En la segunda pieza escuchamos una maravillosa combinación de voces manipuladas al estilo de los Pink Floyd de “On the Run” o del Jean Michel Jarre de “Ethnicolor” en el inicio. Luego nos sumergimos en pura experimentación electrónica al estilo de la vieja escuela con lo que parecen sintetizadores analógicos o, incluso, sencillos osciladores de los que José Gallardo saca tonalidades fantasmagóricas. Nos encanta el lento tema central que parece surgir de la nada en medio de un infierno sonoro muy trabajado. Una delicia para los amantes de los sonidos electrónicos más arriesgados.


“Pájaros en Enero” - Mucho más experimental, si cabe, es el siguiente corte. Una muestra de música electroacústica en la línea de lo que hacían en el GRM los discípulos de Pierre Schaeffer trabajando sobre grabaciones de campo con manipulación de cintas. Aquí la melodía podríamos decir que la aporta el gélido viento sintético que aparece de fondo durante todo el tema mientras escuchamos todo tipo de efectos por encima. Música para perderse en ella buscando una salida.


“Armónicos y pájaros” - Volvemos a la electrónica clásica de los años en los que los sintetizadores eran novedad y la fascinación nacía de la combinación de diferentes timbres y sonidos desconocidos hasta entonces. Una época en la que los instrumentos iban marcando la evolución de la propia música hasta el punto de crear todo un género en el que la herramienta llegó a dar nombre a la propia creación y es que la música electrónica es, probablemente el primer estilo que se define por los instrumentos utilizados.


“Organell” - Abundando en la misma idea tenemos esta magnífica composición que combina un ritmo creado a partir de un breve “loop” y una lenta línea de bajo. Cuando aparece el tema central nuestra memoria viaja a los años iniciales en que la electrónica empezaba a darse a conocer. A las melodías y atmósferas de Doctor Who. A Delia Derbyshire y al BBC Radiophonic Workshop. Un viaje arriesgado por lo importante del legado a visitar pero en el que Gallardo de muestras de un saber hacer indiscutible.


“Oración” - Hay algo de ceremonial en esta composición (quizá de ahí su título) y viene marcado por el cadencioso tañido de la campana que se cuela entre ondas sinusoidales, filtros y modulaciones de toda clase, voces fantasmales y extraños ritmos que surgen de la repetición de patrones. Nos sigue remitiendo los años de la primera electrónica pero también con referencias al ambient actual más oscuro, del estilo de Bass Communion. De repente, en medio de todo esto, aparece una guitarra acústica que con un par de notas y diversos bucles sonoros a partir de ellas nos lleva de la mano hacia un final extrañamente hipnótico. Es la pieza más larga del trabajo (algo más de 10 minutos) y una de nuestras favoritas.


“Meditación modulada” - No se queda muy lejos de la anterior en nuestras preferencias esta composición construida a partir de muy pocos elementos: una serie de tres notas que dan el tono al inicio y se repiten durante varios minutos, oscuros sonidos sintéticos y más adelante un ostinato electrónico que nos traslada, casi físicamente, a un lugar muy inquietante.


“Si7te” - En contraste con casi todo lo anterior tenemos este tema en el que la electrónica, pese a seguir presente, pasa a un segundo plano frente a la guitarra acústica que acapara toda la atención desde el principio. Es el corte más breve del trabajo y sirve para acompañarnos hasta la conclusión.


“Drones y guitarras” - Regresamos aquí a los conceptos del tema que abría el disco: drones, efectos sonoros, osciladores, vibración y experimentación, mucha experimentación que nos lleva a un cierre extraordinario a base de guitarras con notas que se repiten, se combinan y quedan suspendidas en el aire como una red que se despliega a cámara lenta. Por algún motivo nos recuerda a ese vídeo que rueda uno de los protagonistas de la película “American Beauty” en la que solo vemos una bolsa de plástico movida por el viento.



El disco se encuentra disponible para escucha y descarga en varios formatos en la página web de Fortín Artesonoro  y nos parece un ejemplo perfecto de cómo hoy en día se sigue haciendo música electrónica al estilo de los pioneros y sin dejarse deslumbrar por la brillantez que nos ofrece la tecnología actual que, en muchos casos, simplifica el trabajo y también el esfuerzo que requiere el obtener un sonido concreto, una tonalidad imperfecta, un efecto exacto. Creemos que todo apasionado de estos sonidos seminales encontrará en “Pájaros en Cáncer”, un trabajo con el que disfrutar una y otra vez.

lunes, 18 de mayo de 2026

Alejandro Rojas-Marcos - Sobre tres melodías de Louis Moreau Gottschalk (2025)



La improvisación en la música es algo que ha perdido buena parte del peso que tuvo en otras épocas hasta el punto de que, hoy en día, es una rareza que solemos relacionar con músicas como el jazz y que suele quedar relegada a algunos momentos concretos de las actuaciones en vivo de los artistas. Por eso nos sorprendió, de entrada, ver cómo un músico se define a sí mismo como compositor, intérprete e improvisador siendo esta última faceta tan importante que le lleva a ofrecer conciertos enteros basados en la improvisación, tanto en solitario como en compañía de otros músicos en diferentes formaciones. 


Hablamos hoy de Alejandro Rojas-Marcos, pianista sevillano afincado en Jerez y admirador de John Cage. Intérprete de repertorio clásico, profesor de piano en el Conservatorio de Jerez y colaborador ocasional de artistas como El Niño de Jerez, el bailaor Israel Galván, o el compositor electrónico y también improvisador, Wade Matthews. Rojas-Marcos es un defensor de la improvisación y de la experimentación sonora y, además del piano, ha encontrado en el clavicordio un medio de expresión perfecto para su música. No deja de ser curioso que sea este instrumento barroco el elegido por el músico ya que aquella era una época en la que la improvisación estaba muy presente y formaba parte de muchas obras. También es sabido que muchos de los grandes compositores barrocos como Buxtehude o el propio J. S. Bach eran grandes improvisadores.


El trabajo del que hablamos hoy tiene una particularidad ya que no parte de cero sino de tres melodías del compositor norteamericano del S.XIX, Louis Moreau Gottschalk a partir de las cuales, Rojas-Marcos elabora una compleja obra en la que incorpora diversos sonidos e instrumentos (no necesariamente musicales) en la tradición del citado Cage. Gottschalk, además de compositor, fue un virtuoso pianista lo que le llevó a frecuentes giras por Europa, el Caribe y Sudamérica en las que se empapó de los ritmos más populares de todas aquellas zonas. De ahí que gran parte de su obra para piano sean piezas de ese tipo como jotas, danzas cubanas, criollas etc. sin descuidar otros tópicos del repertorio pianístico romántico como polkas, mazurcas o valses. En su obra, Rojas-Marcos opta principalmente por el clavicordio para su exploración lo que le da a toda la obra un aire intemporal muy sorprendente pero no esperemos una interpretación convencional. Hablamos antes de su admiración por Cage y eso se nota especialmente en su relación con el clavicordio. Al igual que Cage concibió el “piano preparado” para ampliar sus opciones sonoras, Rojas-Marcos hace lo propio utilizando otros elementos para interactuar con su instrumento expandiendo su paleta tímbrica. La obra que hoy comentamos se compuso en 2017 para el espectáculo de danza “La Farsa Monea” (con los antes citados Israel Galván y el Niño de Elche además de Pedro G. Romero). Fue presentado en la exposición Documenta 14, acontecimiento quinquenal que tuvo lugar en esta ocasión en Atenas.


“Sobre tres melodías de Louis Moreau Gottschalk” - La obra transcurre en un solo movimiento pese a tener tres partes muy diferenciadas. La primera de ellas se basa en “La Gitanella (Caprice Caractéristique), Op.35, RO 103” del músico norteamericano, concretamente en la melodía de la segunda parte de la obra. Gottschalk le dedicó la composición a Julian Fontana, pianista y compositor polaco, muy amigo de Chopin (de hecho fue su albacea). Rojas-Marcos nos presenta la melodía al clavicordio en una interpretación convencional antes de comenzar la exploración sonora con lo que intuimos que son rasgueos directos en las cuerdas del instrumento sin utilizar el teclado. Asistimos entonces a una verdadera aventura a través del sonido y la tímbrica que incluye tratamientos percusivos, notas que quedan flotando en el aire hasta extinguirse y la aparición de diferentes elementos como unas varillas metálicas con las que Alejandro golpea y frota las cuerdas del clavicordio obteniendo sonidos insospechados y llenos de misterio y fascinación. Desaparece por completo la melodía original que se nos revela como una excusa, una forma de dar el pie a la verdadera creación del artista. No es música para todos los oídos pero como siempre decimos, a veces un pequeño esfuerzo nos abre la puerta a un mundo nuevo que no sabíamos que estaba ahí. La segunda composición de Gottschalk que aparece en la obra es su “Minuit à Séville, Op.30”, capricho compuesto por el músico alrededor de 1852 durante su estancia en España. Esta vez, Rojas-Marcos toma todo el tramo inicial de la composición y de repente se queda con una serie de siete notas que repite incesantemente con pequeñas variaciones en un tratamiento que podríamos denominar como minimalista. Tras esa parte, asistimos a una secuencia de arpegios repetidos que poco a poco nos introduce de nuevo en la exploración de diferentes temas que aparecen en la pieza de Gottschalk. Es un tramo de gran belleza y sensibilidad en el que no se renuncia a la experimentación y a la búsqueda de los límites físicos del sonido, más allá de los originalmente pensados para el instrumento. La tercera adaptación parte de la “Chanson du Gitano, RO 35”, una habanera publicada póstumamente en “The Little Book of Louis Moreau Gottschalk” alrededor de un siglo después de la muerte del pianista. Aquí Rojas-Marcos opta por interpretar la pieza al clavicordio prácticamente en su totalidad y de forma fiel a la partitura original. Solo después de eso entramos en un segmento final muy rítmico que hace las veces de coda de la obra de Alejandro. De nuevo, efectos percusivos directamente sobre las cuerdas del instrumento para una conclusión llena de energía con la que termina el viaje.



Inicialmente la obra estaba disponible en el soundcloud de Alejandro Rojas-Marcos pero desde mediados del año pasado forma parte del catálogo del sello digital Fortín Arte Sonoro del que ya hemos comentado algún otro lanzamiento en el pasado y del que pronto tendremos alguna muestra más.

Os dejamos a continuación las tres piezas de Gottschalk para que podáis apreciar el trabajo de Alejandro sobre ellas:












domingo, 10 de mayo de 2026

Pink Floyd - Obscured By Clouds (1972)



Muchas veces hemos hablado de cómo afrontan los artistas la situación posterior al gran éxito pero hoy vamos con el momento contrario: qué estaban haciendo antes de convertirse en algo mucho más grande de lo que eran. Realmente tampoco esto es exacto en este caso porque en disco del que hablamos hoy no es, en realidad, el anterior al que para muchos es la obra maestra de Pink Floyd sino que se compuso de forma simultánea a este o, para ser más precisos, en los meses en los que la banda ya estaba tocando en directo “The Dark Side of the Moon” aunque no habían entrado al estudio para grabarlo.


“Obscured by Clouds” nace como un encargo de una banda sonora para la película “La Vallée”, dirigida por Barbet Schroeder (el mismo autor de “More”, cuya banda sonora también había sido obra de Pink Floyd tres años antes). El grupo estaba ultimando la composición de “The Dark Side of the Moon” (como dijimos antes, incluso lo habían llevado a los escenarios) pero les pareció un ejercicio interesante el de parar durante unas semanas para escribir un puñado de temas diferentes y desconectar un poco del trabajo en un álbum que, a la postre, resultaría una obra complejísima en términos de producción. “Obscured By Clouds” sería, bajo este punto de vista, una especie de recreo, una pausa para cambiar de planteamiento e, incluso, de aliviar la presión por lo que tenían entre manos. Incluso desde el punto de vista musical se permitieron probar cosas diferentes, tanto en términos de estilo como de instrumentación. Roger Waters toca el bajo, la guitarra acústica y canta. David Gilmour se encarga de las guitarras, el sintetizador VCS3 y también canta mientras que Nick Mason toca la batería y las percusiones y Richard Wright el piano, el órgano Farfisa, el Hammond y también el VCS3 además de cantar en un par de temas escritos por él mismo.


“Obscured by Clouds” - Comienza todo con un instrumental escrito por Gilmour y Waters. La introducción electrónica es ya diferente de todo lo que había hecho Pink Floyd antes, con un profundo sonido de sintetizador acompañado de percusión, también electrónica, y por encima de todo ello, una melodía de guitarra eléctrica de un Gilmour en un estado de forma excepcional. Un comienzo épico y muy prometedor.


“When You're In” - Segundo instrumental, firmado esta vez por toda la banda, y con un sonido mucho más rockero. El sonido es más reconocible, especialmente la guitarra y la batería pero también destacan los teclados de Wright, en especial el Hammond.


“Burning Bridges” - La primera canción como tal del disco está compuesta por Richard Wright, lo que ya es una pequeña rareza. Es un tiempo medio con protagonismo de los teclados y una melodía lánguida sobre la que cantan el propio Wright y David Gilmour. Sin llegar a los niveles de excelencia de los discos que vendrían posteriormente, es una canción que encajaría bastante bien en cualquiera de ellos. Las guitarras de Gilmour, parsimoniosas, ayudan a crear esa extraña sensación de melancolía tan “floydiana” que escucharemos en “The Dark Side of the Moon”.


“The Gold is in the...” - Seguimos con una canción de Gilmour muy rockera y con un sonido más americano de lo habitual. De no ser por la voz del guitarrista costaría bastante identificar este tema con Pink Floyd ya que se aleja bastante de lo que solían hacer y se acerca a un sonido más “mainstream” en aquellos años.


“Wot's... Uh the Deal?” - Tercera canción seguida y segunda de David Gilmour aunque en esta ocasión en una onda completamente diferente, con guitarras acústicas y una cadencia que mezcla un tono folk a lo Simon & Garfunkel y un aire “beatle” muy curiosos. La parte final de piano redunda en esta sensación y nos aleja de nuevo del sonido clásico de la banda.




“Mudmen” - Volvemos por un momento a los temas instrumentales con una composición de Richard Wright y Gilmour. El piano es el que marca la pauta acompañado sin estridencias por la batería en la que es una de las mejores melodías del disco reforzada poco después por el Hammond.  Quizá muestro momento favorito del disco, especialmente cuando entra Gilmour y nos regala un solo de guitarra espectacular que deja paso después a un dúo entre las seis cuerdas y los efectos electrónicos del VCS3. Una maravilla.




“Childhood's End” - Última canción firmada por Gilmour en solitario en la que escuchamos un anticipo de lo que será el sonido de la banda en los años siguientes. La percusión adelanta en cierta forma la de oiremos pocos meses después en “Time”. Una de las canciones más típicamente floydianas del disco con toques de blues en las guitarras, ritmos sincopados y un Gilmour cantando en su estilo más clásico.


“Free Four” - Llegamos a la única pieza que firma Waters como compositor único y también a una de las más raras del disco, que podría pasar por una de las marcianadas que solía escribir el malogrado Syd Barrett con esa mezcla entre psicodelia y canción infantil. El ritmo de las palmas y los sintetizadores que aparecen para subrayar los diferentes compases suenan sorprendentes aunque hay algún interludio que nos recuerda claramente el sonido de la banda, acercándose incluso al hard rock en instantes puntuales.


“Stay” - Richard Wright compone y canta una balada lenta en la también su piano tiene un gran protagonismo. Destacan las guitarras de Gilmour, juguetonas y con mucho procesamiento electrónico en algunos momentos. Es una de esas canciones que si no han llegado a un público mucho mayor es porque se encuentra en un disco que no es de los más populares de la banda.




“Absolutely Courtains” - Cierra el trabajo un instrumental escrito por los cuatro miembros de la banda y que tiene elementos de mucho de lo que vendría después. El comienzo, con mucho órgano y sintetizador podría ser un preludio de la suite “Shine on You Crazy Diamond” para descolocarnos después con la inclusión de cantos tribales de la tribu mapuga de Papua Nueva Guinea, que es donde tiene lugar la acción de la película.


Para muchos aficionados, “Obscured by Clouds” es un disco infravalorado y hay cierta corriente reciente que aboga por recuperarlo y otorgarle una mayor consideración, no tan alta como la de los discos que le sucedieron pero, desde luego, más de la que ha tenido históricamente. Lo cierto es que se trata, como decíamos al comienzo, de una especie de transición, un disco “menor” escrito mientras se estaba cociendo una obra mucho más grande pero si conseguimos alejarlo de la sombra de la luna, si se nos permite la gracieta, nos encontramos con un trabajo muy interesante que merece una revisión. También es posible que el formato de canciones cortas pudiera parecer un retroceso en una banda que nos acababa de entregar una suite monumental con el “Echoes” del disco “Meddle” pero en el contexto de este trabajo (no olvidemos que es una banda sonora) no habría funcionado ese tipo de composición larga.