El caso de Sufjan Stevens no es nada común en el mundo de la música. Se trata de un cantautor con un estilo muy personal que dese el principio de su carrera tenía claro qué era lo que quería hacer y cómo lo iba a lograr. Creció en una pequeña comunidad cristiana de Michigan y siempre tuvo presente ese sentimiento de familia y de pertenencia a un grupo. Completada su formación musical, fundó junto con su padrastro un sello para publicar sus propias canciones sin tener que depender de terceras personas y la cosa fue bien, hasta el punto que Asthmatic Kitty (su discográfica) viene publicando discos con regularidad desde hace 25 años y no solo de Sufjan sino de muchos otros artistas de la comunidad de Holland.
Fue gracias a la gestión del sello que Sufjan Stevens conoció a Angelo de Augustine a través de unas maquetas que le hizo llegar un conocido común. Decidió ficharle para su discográfica (Angelo estaba teniendo problemas con la suya) y fruto de esa relación surgieron los tres primeros discos de Angelo. Durante ese proceso, Stevens se ofreció a ayudarle en las tareas de producción e incluso llegaron a componer alguna canción juntos. Esa relación de amistad se consolidó y llevó a la creación del disco que comentamos hoy: viendo la química que había entre ambos, decidieron irse un tiempo juntos a una cabaña de los Catskills, una reserva natural en el estado de Nueva York llena de montañas y bosques muy utilizada por la gente para este tipo de retiros. De aquel mes de asueto surgieron un buen número de canciones con las que el dúo grabó “A Beginner's Mind”. Cada uno de los temas está inspirado en una de las películas que ambos veían juntos antes de dormirse y para la composición utilizaron diferentes técnicas que van desde las “estrategias oblícuas”, creadas por Brian Eno y de las que creemos haber hablado en algún momento, hasta conceptos “zen” como el shoshin que da título al disco (la traducción del término vendría a ser la de “mente de principiante”).
“Reach Out” - Casi todas las canciones del disco están escritas a dúo, especialmente las de la primera mitad del mismo comenzando con este tema inspirado en “El Cielo sobre Berlín” de Wim Wenders. Es una pieza estilo folk que recuerda los primeros discos se Sufjan, particularmente a “Carrie and Lowell” y también con una marcada influencia de Simon & Garfunkel. Esta impresión se ve reforzada por la perfecta combinación que logran las voces de ambos artistas lo que se convierte desde el primer momento en uno de los puntos fuertes de la grabación.
“Lady Macbeth in Chains” - Continuamos con la pieza creada a partir del visionado de “Eva al Desnudo”. En esta ocasión pasamos de un comienzo más oscuro que desemboca en un puente y un estribillo verdaderamente mágicos en los que el dúo se aproxima a los sonidos sureños de los Estados Unidos con un punto de misterio muy logrado que contrasta con lo desenfadado del tema central. Magnífica también la coda instrumental electrónica tan del gusto de Stevens.
“Back to Oz” - Por algún motivo, en 1985 alguien decidió que era una buena idea crear una secuela de “El Mago de Oz” titulada “Regreso a Oz”. Esa es la película escogida como punto de partida para la siguiente canción en la que disfrutamos de los ambientes electrónicos oníricos de Stevens como fondo para una canción muy animada en la que destacan los juegos vocales ente ambos artistas y el solo de guitarra casi psicodélico de la parte central.
“The Pillar of Souls” - Dentro de una selección de películas realmente ecléctica le llega el turno a “Hellraiser III”, secuela del clásico de terror que no pasó de ser la típica serie B ochentera (aunque se grabó en 1992). El tema Stevens y de Augustine es una balada lenta, pesada, llena de voces fantasmales y arreglos típicos del género (campanillas, glockenspiel, pianos repetitivos...). No hemos visto la película pero creemos que la canción debe ser muy superior a la misma dentro de sus respectivas categorías.
“You Give Death a Bad Name” - El título y la letra son referencias nada disimuladas a la canción de Bon Jovi de (casi) el mismo título pero la inspiración cinematográfica es muy anterior: nada menos que el clásico del cine de zombies “La noche de los muertos vivientes”. Donde Bon Jovi cantaban “Shot through the heart and you're to blame, You give love a bad name”, Stevens y de Augustine cantan: “Shot to the skull or a strike to the brain as you withdraw, you give death a bad name”. Por lo demás, la canción es un tema lento con excelentes armonías vocales pero que nos parece inferior a otros del disco.
“Beginner's Mind” - La primera canción escrita por Angelo en solitario se basa en “Le llaman Bodhi” de la directora Kathryn Bigelow. Es una pieza preciosa, protagonizada por el piano y la voz a los que se añaden arreglos electrónicos y de guitarra muy sutiles. De los momentos más inspirados de todo el trabajo.
“Olympus” - “Furia de titanes” (suponemos que en la versión clásica de 1981) es la cinta que hace de punto de partida para esta canción lenta de arreglos minimalistas en lo instrumental (apenas unas guitarras y alguna percusión) pero de una brillantez en las voces que justifica todo lo demás. Lejos de la épica de la película, el tema es un prodigio de delicadeza y buen gusto.
“Murder and Crime” - Vuelven los toques más folclóricos para ilustrar este acercamiento al mundo postapocalíptico de “Mad Max”. La parte melódica está al nivel de los mejores temas de Stevens en este registro, lo cual es mucho decir. Combinando esa inocencia de la canción infantil con un fraseado impecable y unas notas que fluyen con una naturalidad sorprendente, el dúo de Stevens y De Augustine nos ofrece aquí una de las mejores canciones del disco a la que lo único que le podemos reprochar es un final demasiado abrupto.
“(This is) The Thing” - Es Sufjan Stevens el que toma ahora las riendas en su primera canción en solitario del disco. Inspirada en “La cosa”, el tema tiene un tono similar a las canciones de aquella obra maestra que ya comentamos aquí llamada “Planetarium” con un enfoque menos electrónico pero con unos arreglos excelentes de principio a fin.
“It's Your Own Body and Mind” - Repite Stevens con un tema que parte del film “Nora Darling” para ofrecernos una canción más convencional al principio con una guitarra rítmica como fondo para la voz distorsionada del cantante pero que desemboca en un precioso estribillo a partir del cual el ritmo se incrementa acompañándonos en un final no especialmente sorprendente pero muy correcto.
“Lost in the World” - Segunda canción escrita por de Augustine y una de las más ajenas a la línea general del disco. Surge del visionado de la película “La última ola” y, quizá por ese enfoque diferente, es una de las que más nos sorprende lo que ha hecho que la valoremos cada vez más.
“Fictional California” - Volvemos al trabajo en dúo con este tema que tiene un curioso tono a hoguera en la playa al caer la noche, a melodía sencilla de esas que todos los amigos cantan juntos. Inspirada en otra es esas secuelas de difícil justificación (una típica peli de animadoras americanas: “A por todas 2”) pero que acaban siendo populares por alguna razón.
“Cimmerian Shade” - En el interior del disco aparece una dedicatoria a Jonathan Demme y se acompaña de un retrato de Jodie Foster lo que nos hace pensar en que esta canción, inspirada en “El silencio de los corderos” tiene una importancia especial para el dúo. Pese a ello, no está ente nuestras favoritas salvo un pequeño interludio instrumental a la mitad del tema que es de lo mejor del disco.
“Lacrimae” - Como cierre tenemos la última canción de Angelo de Augustine, surgida a partir de un raro cortometraje de 1962 dirigido por Nikos Nikolaidis: “Lacrimae rerum”. Con un tratamiento sencillo de guitarra y voces, es una bonita canción que nos deja un excelente sabor de boca.
Los trabajos más intimistas de Sufjan Stevens como el mencionado “Carrie and Lowell” o “Illinois” nos devolvieron en su día a una época en la que las cosas eran más sencillas demostrando que pueden seguir siéndolo si no nos empeñamos en complicarlas. Esa es también la virtud de “A Begginer's Mind”. Es un disco que no requiere de una gran cantidad de recursos técnicos ni de una sofisticación extrema pero que, pese a ello, sigue teniendo esa rara capacidad de emocionar que siempre ha demostrado Stevens, ya sea con una guitarra, un piano o con capas y capas de sintetizadores y efectos. Los seguidores del bueno de Sufjan ya saben a qué nos referimos. Además, en este trabajo tenemos la posibilidad de conocer a un Angelo de Augustine cuya forma de componer e interpretar encaja a la perfección con la de Stevens formando un todo casi indistinguible. En suma, estamos ante un disco especial que puede llegar a públicos muy diferentes, precisamente por no estar claramente adscrito a ninguna corriente concreta.
