miércoles, 8 de octubre de 2014

Clannad - Magical Ring (1983)



Mientras preparábamos esta reseña para el blog, reparamos en un detalle que responde a una pregunta que, de cuando en cuando, acude a la cabeza de muchos melómanos. Tras lustros escuchando música con regularidad ¿cuál será la canción o la composición que más veces habremos escuchado en nuestra vida? Si hemos de ser sinceros, en alguno de esos momentos en que hemos tenido la ocasión de plantear esa cuestión, habitualmente en conversaciones informales con amigos y situaciones similares, han surgido varios títulos que van desde temas clásicos de los Beatles o Pink Floyd hasta algún villancico o canción infantil pasando por temas de grupos españoles de nuestra adolescencia etc.

Probablemente podríamos haber hecho una lista de cien canciones candidatas y no habríamos incluido una que, pensándolo con detenimiento, sería la más firme aspirante a ostentar ese honor ya que la escuchamos a diario durante un buen puñado de años desde mediados de los años ochenta hasta casi el final de la década siguiente. Cada día, puntualmente, a las tres de la tarde, comenzaba a sonar en nuestro reproductor de música “Theme from Harry’s Game” de Clannad, sintonía inolvidable de Diálogos 3, el buque insignia de las llamadas “nuevas músicas” en España cuya ausencia aún se siente como prueba el gran número de webs activas en las que de un modo u otro se recuerda el legado de Ramón Trecet. Contaba el bueno de Ramón que la idea inicial no era la de tener una sintonía fija sino la de usar un tema representativo de lo que quería transmitir el programa y que periódicamente iría cambiando conforme fueran apareciendo composiciones más interesantes. No lo hicieron. Durante todo el tiempo que fuimos oyentes de Diálogos 3, los acordes de Clannad nos dieron la bienvenida sin llegar nunca a cansarnos.

En una entrada anterior dedicada a Enya ya hablamos de los inicios de Clannad como banda dentro del panorama folk irlandés en 1970. En aquel entonces, los miembros del grupo eran los hermanos Brennan (Moya, Ciarán y Pol) y sus tíos, los Padraig y Noel Duggan. En los comienzos, la banda hacía una música puramente tradicional con la particularidad de cantar principalmente en gaélico. Cuando ganaron un concurso cuyo premio era la grabación de un disco con una filial de Philips, esto les dio algún problema ya que algunos directivos no veían claro el potencial comercial de un trabajo en el que la mitad de las canciones no eran en inglés. Con todo, el disco se publicó y la banda comenzó a funcionar como tal, componiendo, grabando y tocando en directo con regularidad. El éxito cada vez mayor de los conciertos hizo que tomasen la decisión de “profesionalizarse” y ya para su segunda grabación contaron con un productor de la talla de Donal Lunny. No sería él sino Nicky Ryan, que tomó las riendas del grupo en el estudio a partir del tercer disco, quien definió las líneas maestras que llevarían a la banda al éxito. Paradójicamente el gran momento de Clannad llegó cuando Ryan dejó de trabajar con la banda llevándose de la mano a la más reciente incorporación al grupo, la joven que más tarde triunfaría como Enya.

Los miembros de Clannad iban a estrenar contrato con RCA componiendo una sintonía para una miniserie de la BBC sobre el conflicto de Irlanda del Norte. La serie se titulaba “Harry’s Game” y la música compuesta por Pol y Moya Brennan (aunque sólo Pol aparece acreditado) se iba a convertir en un éxito mundial. Como no era cuestión de desaprovecharlo, la ya mítica pieza abriría el que sería el nuevo disco de la banda, titulado “Magical Ring”. Participan en el disco, además de los miembros habituales de Clannad, James Delaney (teclados), Charlie Morgan (batería), Frank Ricotti (percusión), Alan Dunn (acordeón) y Ed Deane (guitarra eléctrica).

Clannad en una imagen de sus comienzos.

“Theme from Harry’s Game” – La estremecedora voz de Moya Brennan entona una melodía deliciosa sobre un suave fondo de teclados de tono relativamente oscuro. Instantes después, un coro absolutamente arrebatador, surgido del la duplicación de las voces en el estudio de grabación interpreta un corto estribillo. Los sintetizadores repiten la parte central de la pieza antes de que se repita de nuevo desde el comienzo. Podríamos afirmar, y no estaríamos muy equivocados, que toda la carrera de Enya se iba a basar en lo que hemos escuchado en estos dos minutos y medio que durante años sonaron justo antes de las palabras “saludos desde Diálogos 3” de Ramón Trecet al comienzo del programa. También lo hicieron al concluir todos y cada uno de los conciertos de U2 entre 1982 y 1987, demostrando la enorme capacidad de evocación de una pieza tan simple como maravillosa.



“Tower Hill” – El resto del disco tiene poco que ver con su comienzo pero encontramos muchas cosas de interés. Comienza con esta canción de Pol Brennan que pasaría por un tema pop más con ligeros arreglos celtas y en el que escuchamos de nuevo voces multiplicadas por la tecnología pero sin llegar, ni de lejos, a las cotas de calidad del tema precedente.

“Seachrán Charn tSiail” – Como casi todas las bandas de origen celta que surgieron en estos años, Clannad combinaba temas propios y tradicionales consiguiendo un equilibrio muy interesante en sus discos. Este es el primero de los que rescatan del acerbo cultural irlandés para el disco y lo hacen siguiendo los pasos de otras bandas legendarias de Irlanda como los Chieftains y, especialmente, The Bothy Band, aunque la parte instrumental no llega a desplegar la brillantez de sus predecesores de los setenta. No escuchamos veloces “reels” y jigas pero la factura de la interpretación es exquisita.

“Passing Time” – Firmada por Pol y Ciaran Brennan llega otra canción pop con la firma de la casa que, extrañamente, no fue extraída como single a pesar de ser, en nuestra opinión, mucho más indicada como tal que alguna de las piezas que gozaron de esa oportunidad.



“Coinleach Glas an Fhómhair” – Cuando en los inicios de Capercaillie se les comparaba con Clannad era principalmente por canciones como esta: una balada tradicional en cuya ejecución, la voz femenina es la protagonista absoluta. A pesar de unos correctos arreglos de guitarra y bajo, es evidente que Moya Brennan es el principal atractivo de una canción preciosa que quedó eclipsada por el tema inicial y que, quizá, habría merecido mejor suerte.

“I See Red” – El que fue segundo single del disco era una versión de un tema de Jim Rafferty escrito originalmente para Anni-Frid Lyngstad, vocalista de ABBA y publicado en su disco “Something’s Going On” con producción de Phil Collins. La canción, que en voz de Frida era una especie de “reggae” con toques de Alan Parsons, se transforma en la versión de Clannad en un tema pop aderezado con detalles celtas mucho más interesante, a nuestro juicio, que el original.


“Tá’Mé Mo Shuí” – Al igual que en el anterior tema tradicional, la voz de Moya Brennan cantando en gaélico es lo mejor de esta pieza interpretada con un escueto acompañamiento de guitarra. Si bien, es probable que no sea necesario nada más, los grupos que siguieron la estela de Clannad en los años posteriores y los propios Clannad en los siguiente discos dieron con la fórmula adecuada al acompañar éste tipo de canciones con arreglos más complejos que quizá a costa de desvirtuar las melodías originales, las hicieron más accesibles a un público más amplio.

“Newgrange” – El único tema compuesto al cien por cien por Cioran Brennan fue también el tercer single del disco. Se compone de dos partes bien diferenciadas: una en la que canta Moya acompañada de flautas, guitarra y percusiones y un profundo estribillo en forma de coro que interrumpe periódicamente el desarrollo de la canción. Continúan explorando en esa parte las posibilidades de la voz y su tratamiento en el estudio con gran acierto.

“The Fairy Queen” – En los primeros trabajos de la banda, el arpa era un instrumento fundamental aunque con el tiempo fue quedando relegado a piezas como esta; un delicioso instrumental en la tradición de Turlough O’Carolan interpretado por Moya Brennan con algún ocasional arreglo de flauta a cargo de Pol Brennan. Una preciosidad de esas en las que la tradición irlandesa es abundante.

“Thíos Fá’n Chósta” – Cierra el disco este corte en gaélico escrito por Pol y Cioran en compañía de su tío Padraig Duggan. La canción más “rockera” a su manera de todo el trabajo, con un piano marcando el ritmo continuamente, una batería discreta pero efectiva y algunos solos de guitarra eléctrica que marcan una clara diferencia con el resto del disco pero sin desentonar en modo alguno.

Con el paso del tiempo y por una suma de circunstancias, dejamos de escuchar Diálogos 3. Más tarde supimos que otra melodía había desbancado al tema del juego de Harry como sintonía principal del espacio pero no importaba. La bienvenida de Diálogos 3 siempre sería para nosotros la inmortal pieza de Clannad: probablemente la composición que más veces hemos escuchado a lo largo de nuestra vida.

El disco puede adquirirse en los siguientes enlaces:

amazon.es

play.com

Como despedida os dejamos con el grupo interpretando "Newgrange" en directo en 1997:


 

domingo, 5 de octubre de 2014

Carlo Muscat - The Sound Catalogues - Vol.1, Extraordinary Episodes (2014)



Uno de los grandes avances que ha supuesto la llegada de internet para los aficionados a la música es la posibilidad de conocer artistas que, de otro modo, con los antiguos medios de comunicación y distribución jamás habrían llegado a nuestros oídos. Veinte años atrás habría sido impensable para un saxofonista maltés poder llegar a los oídos de aficionados de todo el mundo salvo que la calidad de su música hubiera sido muy superior a la de sus colegas de las principales potencias en el negocio. Hoy, sin embargo, Carlo Muscat puede hacer llegar su música a cualquier persona interesada en cualquier parte del mundo con un par de clicks de ratón.

Muscat, como decimos, es un músico de jazz nacido en Malta aunque afincado actualmente en París, que lleva unos años detrás de un proyecto muy interesante que recientemente ha sido plasmado en un disco del que hablaremos hoy. La formación de Muscat es amplia e incluye una beca del prestigioso Berklee College of Music lo que es una tarjeta de presentación inmejorable. El concepto del disco implica realmente a artistas de distintas disciplinas, especialmente músicos y fotógrafos y consiste en realizar una serie de piezas inspiradas en determinados momentos históricos. En el aspecto musical, esto se vería reflejado en una serie de discos denominados “Sound Catalogues” de los que hoy tenemos aquí el primer volumen, subtitulado “Extraordinary Episodes”. La idea nació en 2012 en el Festival de Jazz de Malta cuando se formó el grupo de músicos que acompaña a Muscat en la grabación, un sexteto en el que se reúnen artistas de hasta cuatro nacionalidades, formado por el propio Carlo (saxofón), los malteses Sandro Zerafa (guitarra) y Joe Debono (piano), el italiano Daniele Raimondi (trompeta), el húngaro Mátyás Szandai (contrabajo) y el francés Lionel Boccara (batería). Todos ellos cuentan con una amplia carrera internacional a pesar de su juventud y operan principalmente en la animada escena jazzística parisina.

La idea es que cada uno de los “Sound Catalogues” esté inspirado en una serie de acontecimientos, personajes, épocas o movimientos artísticos que de un modo u otro hayan llamado la atención del artista. El primero de los volúmenes, está dedicado a seis sucesos extraordinarios. En palabras de Carlo, la idea surgió como parte de un ejercicio de búsqueda de inspiración durante el cual, el músico buceó en muchas lecturas centradas en los acontecimientos que le habían marcado, especialmente en relatos de testigos directos. La selección final quedó en los citados seis momentos que pasarían a formar parte del disco tras haberlo hecho de una serie de conciertos que culminaron tiempo atrás en una exposición fotográfica.

Carlo Muscat

“Fatman & Little Boy” – El título del tema alude a los nombres de las dos bombas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945. El piano es quien abre la pieza acompañado de una suave batería pero el peso melódico lo llevan trompeta y saxo, al unísono primero y por separado después. La música de Muscat tiene todo el sabor del jazz clásico y tanto él como el resto de intérpretes rayan a un nivel altísimo. Escuchamos algún fraseo realmente bueno por parte del propio Carlo y una excepcional parte de piano situada entre las dos intervenciones principales de Muscat que nos revelan que estamos ante un grupo de músicos realmente dotado.

“(intro to) Dust Bowl” – Tanto la introducción como el tema en sí están dedicados a la gran sequía que asoló norteamericana entre 1932 y 1939, acentuando los efectos de la Gran Depresión. Esta breve pieza consiste en un sólo de saxo, muy melancólico, acompañado de forma sutil por el piano.

“Dust Bowl” – Contrastando con la introducción, el tema central es una animadísima pieza de jazz en la que escuchamos la intervención más notable del disco de Sandro Zerafa a la guitarra. Si hay una virtud que tenemos que destacar en todo el disco es la capacidad de Muscat para transportarnos a una época que parecía lejana en el mundo del jazz recuperando el sonido de los clásicos con un ligero, casi imperceptible, toque contemporaneo. La sección rítmica imparte toda una lección de saber hacer desde el primer momento de la pieza terminando por convertirse en la protagonista de la misma, especialmente en la segunda mitad. Excepcionales el contrabajista Mátyás Szandai y el batería Lionel Boccara.

“To the Last Man” – El siguiente episodio del disco es la conocida como Masacre de Nankín, en la que el ejercito japonés asesinó a entre 100.000 y 250.000 personas según las diferentes versiones durante su ocupación de China a finales de 1937. En las seis semanas que se estima que duró, se cometieron todo tipo de atrocidades contra la población civil, especialmente contra mujeres y niños. A pesar de que la música vuelve a sonar con registros melancólicos hay un cierto poso de esperanza en el desarrollo de la pieza.

“Wilbur’s Rise” – La siguiente parada en este repaso de hechos históricos se produce en los inicios de la aviación con los ensayos de los hermanos Wright, particularmente de Wilbur a quien está dedicada la pieza. La melodía principal nos recuerda mucho a un estándar cuyo título no conseguimos recordar pero en cualquier caso es otra excelente muestra de jazz de calidad en la que tenemos que destacar un impresionante solo de trompeta a cargo de Daniele Raimondi..

“Another Sun” – Continuamos viaje desplazándonos, nada menos que hasta uno de los sucesos más enigmáticos y controvertidos del pasado siglo: la explosión de Tunguska, Siberia, en 1908, de una potencia estimada en 1.000 veces más que la bomba de Hiroshima. Se trata de nuestra pieza favorita de todo el trabajo y está marcada por un ritmo constante de guitarra que recorre toda la pieza tras el solo de contrabajo con el que comienza. Sobre ese ritmo continuo en el que el propio contrabajo tiene también un papel fundamental, escuchamos una breve melodía que se nos antoja muy del estilo de Coltrane y que compone el núcleo de la composición. Al margen de Muscat al saxo, la trompeta de Raimondi nos ofrece por su parte grandes momentos lo que habla, una vez más, de la excelencia del grupo que ha reunido el saxofonista a su alrededor para este trabajo.



“Lt. Onoda” – Como cierre, Muscat se fija en la pintoresca y a la vez trágica historia del Teniente Onoda, oficial del ejército japonés que siguió luchando la II Guerra Mundial escondido en los bosques de Filipinas hasta 1974. Él y otros dos compañeros nunca dieron crédito a los avisos que fueron arrojados en los años 40 sobre dichos bosques anunciando la rendición de Japón por creerlos una trampa del enemigo. En esta situación se encontraron muchos otros soldados pero ninguno de ellos la prolongó tanto como Onoda, quien sólo se entregó tras recibir la orden de un antiguo superior suyo, retirado tiempo atrás y que regentaba un pequeño negocio desde el final del conflicto (en realidad, Onoda fue el penúltimo en rendirse puesto que hubo otro caso semanas más tarde pero el suyo es, quizá, el más famoso de todos). Quizá por la cercanía del hecho histórico en sí, es esta la pieza del disco con un aroma más contemporáneo, sin llegar a alejarse nunca del jazz más ortodoxo.



Es una sorpresa muy agradable comprobar cómo existen hoy en día músicos como Carlo Muscat que hacen un jazz como éste, respetando las esencias de los años que hicieron grande este género. En una época en la que los artistas parecen competir por ver quién llega más lejos y quién realiza la extravagancia más grande, encontramos tipos como este, respetuosos hasta el extremo con una música muy grande y convencidos de que aún hay mucho que decir con el lenguaje de sus mayores. Si todo esto sorprende, lo hace más sabiendo que Muscat apenas tiene 26 años. En el blog solemos valorar todo lo contrario, a artistas inconformistas que, en un momento determinado, rompen con todo lo anterior y buscan nuevos lenguajes pero eso no quiere decir que no nos fijemos en otros músicos que se dedican a algo tan difícil como es hacer las cosas de siempre pero hacerlas extremadamente bien. Muscat es uno de estos músicos.

Además de esto y como corresponde a su edad, nuestro músico es muy activo en las redes sociales y es a través de ellas como hemos llegado a saber de su disco, que está disponible, al menos por el momento, para su escucha completa en soundcloud. Por ahora no parece estar disponible en formato físico aunque en la web de cdbaby.com lo venden como CD-R.

Es el propio Muscat quien explica mejor de lo que nosotros lo podamos hacer su proyecto "The Sound Catalogues" en el siguiente video:

miércoles, 1 de octubre de 2014

U2 - The Joshua Tree (1987)



Algo más de 25 años después de la publicación de este disco, U2 son un grupo legendario que ha conseguido algo que sólo está al alcance de los muy grandes: decenas de grupos de éxito que suenan en las radios de todo el mundo en los últimos años suenan a U2. Forman ya parte de una dinastía del rock en la que sólo se encuentran nombres como los de los Rolling Stones, los Beatles, Pink Floyd, Led Zeppelin, Deep Purple, Queen, The Who, The Doors y pocas bandas más de gran calibre. Meses antes, sin embargo, esto no era así.

A pesar de haber publicado ya un puñado de trabajos interesantes con varios éxitos internacionales, la banda se encontraba en una especie de crisis de identidad. Sus giras por los Estados Unidos y los contactos con otros músicos de renombre habían hecho que apareciesen las dudas. En conversaciones con miembros de los Rolling Stones o con Bob Dylan, por ejemplo, éstos hablaban de las raíces de su música y de cómo era muy útil tenerlas presentes en los momentos de duda. Keith Richards hablaba del blues, Dylan del folk americano... y ¿a dónde podían remitirse los miembros de U2 en busca de inspiración? Los orígenes musicales de la banda estaban en el punk, algo que mediados ya los ochenta, no parecía una referencia demasiado prometedora. Esta especie de complejo de inferioridad frente a otros artistas “con raíces” hizo que Bono y compañía hicieran caso del consejo de Bob Dylan y buscasen sus raíces musicales en la tradición irlandesa y en el folk americano.

A decir verdad, ya con su anterior trabajo parecía que U2 buscaba un giro en su sonido, una evolución hacia algo diferente a lo que habían hecho en sus primeros tiempos. Si en aquel entonces optaron por buscar dos productores como Brian Eno y Daniel Lanois, sería lógico pensar que en su búsqueda de las raíces, en un cambio de sonido tan consciente como el que querían llevar a cabo con “The Joshua Tree”, seguirían probando con nuevos colaboradores que les ayudasen a conseguirlo. La apuesta, sorprendentemente, fue la contraria, es decir: repetir con Eno y Lanois. Intencionadamente o no, lo cierto es que esa decisión fue un acierto de esos que puede convertir una carrera simplemente interesante en otra gloriosa. A los productores se sumó como ingeniero de sonido Mark Ellis, más conocido como “Flood”, con una carrera interesante hasta ese momento colaborando con grupos de pop electrónico pero también con Nick Cave, trabajos estos últimos que llamaron la atención de la banda animándoles a contar con él en el nuevo disco.

Entre giras, grandes festivales y trabajo en el estudio, entre “The Unforgettable Fire” y “The Joshua Tree” transcurrieron nada menos que tres años, todo un mundo en el ambiente del rock y el pop pero la espera mereció la pena ya que el regreso de U2 fue por todo lo alto. Los textos, obra todos ellos de Bono, exploran la dualidad de sus sentimientos hacia los Estados Unidos. Por una parte, el rechazo a sus políticas en Latinoamérica (estamos en plena era Reagan) y por otra la admiración hacia sus paisajes (especialmente los espacios abiertos y los grandes desiertos) y los ideales que alumbraron su nacimiento como nación. Intervienen en el disco, al margen de la formación habitual de la banda, es decir: Bono (voz, guitarra, armónica), The Edge (guitarras, piano, voces), Adam Clayton (bajo) y Larry Mullen jr. (batería), Brian Eno (teclados y coros) y Daniel Lanois (percusiones, teclados, coros y guitarras).

Una de las varias imágenes icónicas del libreto del disco.


“Where the Streets Have No Name” – Un rumor electrónico sirve como introducción a unos acordes de órgano que no sino el comienzo de uno de los himnos más conocidos de la historia del rock en las últimas décadas. La guitarra de The Edge comienza a sonar, inconfundible, formando junto con batería y bajo una sección rítmica difícil de olvidar. Para cuando Bono comienza a cantar el oyente ya está hechizado sin remedio y no tiene más remedio que disfrutar hasta el final de una de las grandes canciones que nos ha dado la música moderna.



“I Still Haven’t Found What I’m Looking For” – Dudamos que haya muchos discos que comiencen con la brillantez de “The Joshua Tree” y es que la fantástica canción inicial enlaza con otra no menos magnífica y que ostenta, como aquella, la categoría de himno. De nuevo esas guitarras envolventes que fueron santo y seña del sonido de U2 en los años de su colaboración con el tándem Eno – Lanois suenan a lo largo de todo el corte, una balada épica llena de magia.

“With or Without You” – Como reza el tópico, no hay dos sin tres y el disco culmina un comienzo de leyenda con el tercer puñetazo directo al plexo solar. Un suave ritmo de batería convenientemente apoyado por el bajo sirve de pie para la guitarra “infinita” de The Edge que aprovecha ese invento tan del gusto de Daniel Lanois, por otra parte. Este hallazgo sonoro tan simple en apariencia sería el equivalente para los ochenta del “riff” que Robert Fripp creó para ese otro clásico que fue “Heroes” de David Bowie y la propia canción está a una altura similar salvando las distancias temporales. Evidentemente, los tres primeros cortes del disco fueron “single” alcanzando un éxito mundial y elevando al disco a la categoría de clásico desde su publicación.
     


“Bullet the Blue Sky” – El único problema que tiene un comienzo tan arrollador como el de “The Joshua Tree” es que, inevitablemente, el oyente tiene la sensación de que el nivel baja en lo que resta de disco. Ciertamente es así pero eso no quiere decir que lo que falta sea desechable. Comenzamos este tramo con una potente canción marcada por un oscuro fondo de bajo, deudor, quizá, del sonido de bandas como Joy Division. Bono combina la narración más o menos convencional con arrebatos de rabia muy acordes con el tono general del tema. Las guitarras incorporan un punto de acidez que no habían mostrado hasta ahora mostrando una variedad de recursos admirable en una banda de estas características.

“Running to Stand Still” – La exploración en músicas como el blues da sus frutos en los primeros instantes de esta suave balada en la que el piano hace acto de presencia por primera vez en el disco con un sonido ligeramente distorsionado que contribuye a reforzar esa idea de búsqueda de una tímbrica más desnuda, más auténtica, algo ciertamente tramposo puesto que el disco tiene un importantísimo trabajo en estudio que es de todo menos espontáneo.

“Red Hill Mining Town” – Otra muestra de ese rebuscar en las raíces que guía el espíritu de todo el disco la tenemos en esta canción en la que podemos escuchar, desde un cierto aire folk (no sólo americano sino también irlandés) mezclado con aires gospel. En cualquier otro disco de la banda, esta habría sido una de las canciones más destacadas pero en este queda relegada a un segundo plano. Hay varias canciones en discos posteriores que alcanzaron un gran éxito partiendo de premisas similares y que son inferiores a esta, en nuestra opinión.

“In God’s Country” – Volvemos con las guitarras envolventes y el bajo “à la Joy Division” omnipresente. La facilidad para construir buenos estribillos de la banda tiene aquí otro ejemplo en una canción potente que, sin ser de las imprescindibles, nos parece muy notable.

“Trip Through Your Wires” – Algo más forzado nos parece este blues con aires country (o irlandeses, que al fin y al cabo es el orígen de aquella música). A estas alturas el disco ya ha perdido mucho fuelle pero aún quedan algunas oportunidades para remontar el vuelo como veremos.

“One Tree Hill” – Vuelve el grupo a las esencias de los primeros cortes del álbum aunque sin llegar a los niveles de excelencia de aquellos. La canción está basada en unos pocos elementos muy simples, especialmente en las partes de guitarra pero sin demasiadas florituras se pueden construir canciones notables como en este caso.

“Exit” – Los primeros momentos del tema sólo nos muestran un lejano bajo pulsando una serie de notas mientras Bono canta en un segundo plano que poco a poco se va haciendo más presente hasta ocupar toda nuestra atención de la mano de las guitarras mas combativas de todo el disco. Quizá sea el tema más arriesgado del disco por lo que se aleja del resto y, desde luego, nos parece uno de los más interesantes.

“Mothers of the Dissapeared” – Como cierre, la banda nos deja un himno reivindicativo con origen en el contacto de Bono con las Madres de la Plaza de Mayo y grupos similares centroamericanos, afectados todos por el apoyo a las dictaduras en aquellas regiones de la administración norteamericana. La canción, como no podía ser de otra manera, es emocionante y contiene un cierto poso esperanzado.


Cuando hoy en día tantas bandas suenan como imitaciones de U2 es porque algo hicieron bien Bono y compañía en su momento. A la hora de hablar de la banda irlandesa en el blog, habíamos pensado hacerlo con un trabajo más afín a los estilos que por aquí tratamos como sería “Zooropa” pero “The Joshua Tree” es tan grande que creímos necesario empezar por él quedando el resto, quizá, para el futuro. Aquellos interesados en adquirir el trabajo, lo tienen a su disposición en los enlaces siguientes:

amazon.es

play.com

Nos despedimos con una versión en directo de "I'm Still Haven't Found What I'm Looking For":