jueves, 8 de junio de 2017

Jeroen Van Veen - Minimal Piano Collection Volume XXI-XXVIII (2017)



Sabemos que hace ya mucho tiempo que tenemos pendiente una reseña de la caja de once discos que el pianista holandés Jeroen Van Veen publicó en 2010 bajo el título de “Minimal Piano Collection Vol.X-XX” y que fue continuación del primer volumen aparecido en 2006 que ya tuvo su espacio aquí. Sería lógico, en cualquier caso, que hablásemos de esa segunda parte antes que de la tercera que acaba de aparecer hace unas semanas pero es precisamente esa novedad la que nos aconseja saltarnos el orden cronológico en beneficio de una mayor facilidad a la hora de encontrar esta nueva colección por parte de quienes eventualmente estuvieran interesados en ella.

A pesar de ser algo más pequeña que sus dos predecesoras, la tercera parte de la colección, que consta de los volúmenes que van del XXI al XXVIII, tiene un interés especial por cuanto que nos presenta a autores que cumplen en su mayoría con dos requisitos: son pioneros del género y no son muy conocidos y aún mucho menos grabados. A diferencia de lo que ocurría en las dos cajas anteriores, la mayor parte de ésta la integra una sola obra. Una pieza de procedencia incierta que se extiende a lo largo de más de cinco horas y que podría ser, nada menos, que el origen del minimalismo como género.

Jeroen Van Veen


Si echamos un vistazo a la mayor parte de tratados musicales sobre el tema, hay cuatro nombres alrededor de los que se comienza a construir el edificio minimalista: La Monte Young, Terry Riley, Steve Reich y Philip Glass. Sin embargo, de ellos sólo Young estuvo en el origen de todo junto con otros dos compañeros de estudios en UCLA: Terry Jennings y Dennis Johnson. Es el musicólogo, profesor y compositor Kyle Gann el responsable de que hoy conozcamos la obra que monopoliza la primera mitad de la colección: “November” de Dennis Johnson. La cronología de la composición es difusa y parte de una investigación de Gann sobre la música de La Monte Young. Durante una de las charlas que mantuvieron, Young afirmó que la inspiración para su “The Well-Tuned Piano” (monumental obra considerada como una de las fundamentales en su género) provenía, en realidad de una composición de su amigo Dennis Johnson titulada “November”. Young tenía una cinta con parte de esa obra y se la cedió a Gann. En ella se fechaba la composición en 1959 y la propia grabación tres años más tarde, en 1962. El hallazgo supondría un retroceso en el calendario del  minimalismo como género y obligaría a reescribir algunas páginas del mismo. Según afirmaba Young, “November” duraba más de cinco horas aunque en la cinta apenas se llegaban a escuchar dos de ellas antes de que la grabación se interrumpiese. Pese a los esfuerzos de Kyle Gann en ese sentido, la transcripción de la obra a papel con la única ayuda de una cinta grabada con no demasiados medios era una tarea titánica que, además, quedaría incompleta aun en el supuesto de que se pudiesen “rescatar” las dos horas. Dennis Johnson, su autor, abandonó la música en 1962 por lo que su pista cuarenta años después era confusa pero gracias a la mediación de otro compositor californiano, Daniel Wolf, Gann consiguió localizar a Johnson y hablar con él. Resultó que Johnson conservaba el manuscrito original de la obra y no tuvo problema en cedérselo a nuestro investigador que, de ese modo, pudo rescatar una composición en la que se pueden hallar ya todos los elementos característicos del minimalismo: larga duración, repetición de motivos y el uso del método aditivo tan propio de la música de Glass o Reich poco tiempo después.

La partitura no era sencilla ni mucho menos. Consistía en seis páginas llenas de pequeñas melodías y diagramas que las conectaban, dos páginas más con motivos numerados unas veces con números romanos, otras con arábigos, otras desordenados o con numeraciones no consecutivas, todo ello aderezado con todo tipo de anotaciones sobre distintas alternativas en la ejecución, reglas para pasar de un motivo a otro, etc. Tiempo después, Johnson le hizo llegar a Gann nuevos manuscritos de la obra fechados en 1970, 1971 e incluso con algún pasaje en el que aparecía la fecha de diciembre de 1988. No está claro si “November” fue modificada o completada tanto tiempo después aunque todo parece indicar que esas páginas eran parte de otros intentos de transcripción de la cinta original por parte del propio Johnson. Su mala salud y memoria cuando Gann dio con él no hicieron posible que la cuestión fuera aclarada. “November” en la versión rescatada por el investigador fue grabada por el pianista R. Andrew Lee en 2013 en una rara edición de cuatro horas muy difícil de encontrar hoy en día.

Afortunadamente Jeroen Van Veen decidió afrontar el reto de grabar esta partitura e incluirla en la caja que hoy comentamos y de la que ocupa aproximadamente la mitad de su extensión. “November” es una composición realmente reposada que va evolucionando a partir de un reducido grupo de notas al que se van sumando otras en cada repetición. La evolución de los acordes, la construcción de los intervalos, etc. es parsimoniosa pero conforme avanza la composición vamos comprobando como todo cobra sentido. Sabemos que escuchar una pieza de cinco horas de duración requiere de un esfuerzo y un compromiso por parte del oyente que no es muy común pero también creemos que el aficionado a la música minimalista habrá superado ya pruebas similares con cierta frecuencia. El reto queda lanzado.

El quinto disco de la colección está dedicado a Philip Glass. Probablemente junto con Simeon Ten Holt, el compositor más veces interpretado por Jeroen Van Veen. Escuchamos aquí tres piezas de sus primeros años que están consideradas como parte del corpus fundacional de lo que hoy conocemos como minimalismo. La primera de ellas es “Two Pages”, obra de instrumentación libre que se suele interpretar al piano y al órgano eléctrico (así la grabó el propio autor la primera vez) pero que admite versiones para grupo e incluso para guitarras como hemos tenido ocasión de escuchar en algún caso. Van Veen opta aquí por el piano y el piano eléctrico con un resultado notable. La segunda composición es “Music in Fifths”, escrita por el músico como respuesta a las estrictas normas de composición que aprendió en París con Nadia Boulanger. Básicamente se trata de hacer justo aquello que la ilustre profesora le dijo que no se debía hacer nunca. Van Veen interpreta una extensa versión de la pieza tocando con la mano izquierda el piano y con la derecha el órgano eléctrico de forma simultanea. Cerrando la serie de tres piezas escritas todas en 1969 tenemos “Music in Contrary Motion” en una rara versión para piano solo.

El siguiente autor recopilado en la caja es Tom Johnson, de quien Van Veen ya había grabado su “An Hour for Piano” como parte de la primera recopilación minimalista de la que hablamos aquí. Johnson fue un discípulo de Morton Feldman que estuvo en los orígenes de la corriente minimalista. Su formación matemática fue crucial para su carrera ya que buena parte de sus composiciones son creadas a partir de patrones numéricos y estadísticos. La versión de su “Organ and Silence” (2002) que escuchamos aquí es una transcripción para piano de 8 de los 28 movimientos de que consta la obra original. El propio autor la realizó realizó para otro pianista amigo suyo. “Block Design” juega con conceptos matemáticos utilizados en combinatoria. Tenemos una serie de 12 notas distribuidas en arpegios de 6 notas cada uno de forma que cualquier combinación de 4 notas aparece exactamente 10 veces en 10 arpegios diferentes. Otra pieza de similar complejidad es “Tilework”, de 2003, basada también en la obra de dos matemáticos que respondieron al desafío de conseguir “rellenar” un cuadrado con diferentes cuadrados, cada uno de ellos de dimensiones diferentes a los demás. Se cierra el disco dedicado a Johnson con “Tango”, composición para piano en la que escuchamos hasta 120 variaciones de una misma melodía.

Pese a su relativa juventud cuando el minimalismo americano daba sus primeros pasos (nació en 1952), Peter Garland escribió sus primeras piezas en los años de ebullición del género. “A song” (1971) consta de diez fragmentos que son ejecutados en el orden y con el ritmo que el pianista decida en cada momento. “Nostalgia for the Southern Cross” (1976) es la más moderna de la serie y fue compuesta tras el divorcio de Garland y su primera esposa. “The Days Run Away”, también de 1971, tiene un esquema similar a “A Song”. En lugar de diez fragmentos ahora son ocho que han de ser interpretados en el orden indicado en la partitura pero, una vez completados, queda a discreción del pianista cómo seguir pudiendo escoger la combinación que desee a la hora de ejecutarlos de nuevo. Garland sugiere ir del uno al ocho para luego tocar del cuatro al uno de forma descendente. Cierran el disco dos piezas breves de 1971 y 1972 respectivamente: “Two Persian Miniatures” y “The Fall of Quang Tri”.

El último disco de la colección lo comparten tres autores aunque de forma desigual puesto que la mayor parte del mismo la ocupan los dos estudios para teclado escritos por Terry Riley a sugerencia de John Cage. Son dos piezas relativamente extensas que su autor concibió como ejercicio de meditación pero encierran una gran dificultad para el intérprete. Van Veen opta por utilizar dos pianos colocados en ángulo para una mayor comodidad. De forma casi testimonial aparece en la recopilación Harold Budd con su pieza de 1981 “Children on the Hill”. Su estilo ambiental y espacioso es conseguido por parte de Van Veen mediante la utilización del pedal de resonancia del piano, pulsado a fondo durante toda la interpretación. Además, el sonido es “alargado” con efectos electrónicos para emular el característico timbre de las obras de Budd. La recopilación no podía cerrarse sin la presencia de La Monte Young que aparece aquí con su “Estudio nº7 para teclado”. El resto de sus estudios consistían en descripciones de lo que el ejecutante debía hacer en el escenario. Acciones como depositar un saco con heno delante del piano y esperar a que este se lo coma y cosas por el estilo. El número siete, en cambio, sí constaba de una partitura al uso. En ella sólo aparecen dos notas: Si y Fa sostenido. Junto a ellas, la indicación de que se toquen simultáneamente y se espere hasta que el sonido se desvanezca. Van Veen hace lo indicado y alarga la duración por medios electrónicos hasta alcanzar los 4 minutos con 33 segundos en homenaje a la icónica composición de John Cage.

Como venimos diciendo desde hace mucho tiempo, la labor que Jeroen Van Veen está realizando en favor de la difusión de la música minimalista es impagable. Con esta tercera caja tenemos ya la friolera de 28 cedés entregados a esa tarea a los que hay que sumar las revisiones de la obra de artistas como el propio Philip Glass, Simeon Ten Holt, Michael Nyman, Erik Satie o de la suya propia. Todo elogio por nuestra parte se queda corto. La vastedad del campo minimalista nos hace pensar que esta caja no será la última y que quizá en un futuro podamos acceder a obras descatalogadas desde hace mucho tiempo como el propio “The Well-Tuned Piano” de La Monte Young. Eso sería algo maravillos pero mientras llega o no ese momento, disfrutemos de esta colección recién aparecida, cómo no, en el sello Brilliant Classics.


 

sábado, 3 de junio de 2017

Michael Nyman - Michael Nyman Live (1993)



Al principio de la década de los noventa, Michael Nyman se encontró con una situación muy curiosa. A lo largo de los diez años anteriores había conseguido crear un grupo como la Michael Nyman Band que poco a poco alcanzó un grado de perfección extremo. La formación sonaba como el más afinado de los motores salido de la orgullosa industria automovilística británica pero a la vez tenía la presencia, el porte y la energía de una locomotora de vapor. Al mismo tiempo, su música era cada vez más popular lo que iba aparejado a nuevos encargos de bandas sonoras para películas con una vocación comercial mayor. Inevitablemente eso tenía como consecuencia la demanda de partituras más “convencionales” y orquestaciones al uso. Esto no llevó a Nyman a prescindir de su banda, ni mucho menos, pero su presencia se iba a reducir notablemente en su obra grabada, pese a que, en ocasiones, la formación intervenía en las bandas sonoras y demás obras acompañando a la orquesta de turno.

Con todo, ese cambio de panorama tuvo varias consecuencias interesantes. Por una parte, la aparición del extraordinario disco “The Essential Michael Nyman Band” en el que la mejor versión que nunca existió de la banda revisaba y actualizaba un buen número de obras clásicas de su autor pertenecientes a su etapa como colaborador del cineasta Peter Greenaway. Era aquella una forma de mostrarnos aquella música a través de la formación más inspirada del grupo de Nyman pero aquello no podía quedar como un glorioso epílogo. La Michael Nyman Band seguía activa y en plena forma, de lo que daban buena cuenta sus actuaciones en directo, impulsadas al principio por el citado disco de 1992 y más tarde por el éxito mundial de la banda sonora de “El Piano”.

No es extraño que el músico quisiera aprovechar el momento para publicar su primer disco en directo que saldría de dos conciertos ofrecidos en Albacete y Madrid el 14 y el 15 de mayo de 1994 respectivamente. El repertorio de los mismos era una mezcla muy curiosa de obras de distinta procedencia que serían interpretadas por formaciones también muy diferentes. El disco llevaría el nada complicado nombre de “Michael Nyman Live” y sería publicado por el sello Virgin en ese mismo año.

“Michael Nyman Live” iba a tener tres partes muy diferenciadas. La primera de ellas se centraba en las obras más representativas del primer periodo del músico y estaba interpretada por la Michael Nyman Band.

“In Re Don Giovanni” - Inconfundible el estilo del músico en esta composición que surgió mientras le dio por interpretar un fragmento de la ópera Don Giovanni de Mozart al piano pero tocándolo al estilo de Jerry Lee Lewis. La banda a pleno rendimiento con Nyman y su teclado como principal elemento rítmico.




“Bird List” - Comparar a la Michael Nyman Band con una locomotora lanzada a tumba abierta es un recurso fácil cuando escuchamos piezas como esta en la que la energía que desprende la formación es difícilmente igualable. La pieza procede, al igual que la primera, del disco de 1981 titulado sencillamente “Michael Nyman”. Entre el poderoso aparato rítmico destacan algunos fraseos de saxofón en la parte final del tema que le dan un extraño aire jazzístico.

“Queen of the Night” - El piano, casi como instrumento de percusión, se convierte en protagonista principal de esta pieza extraída de la banda sonora de “El contrato del dibujante”. Recordarán los lectores del blog que toda aquella música estaba basada en distintas composiciones de Henry Purcell transformadas de forma radical en máquinas de precisión. La interpretación es extraordinaria y en ella podemos disfrutar de lo mejor de una formación en estado de gracia.

La parte del disco protagonizada por la Michael Nyman Band termina con dos de las “Water Dances”, música escrita por el compositor para un documental de Peter Greenaway sobre natación sincronizada. Parte de ella apareció en el disco “The Kiss and Other Movements” pero posteriormente Nyman amplió la partitura hasta terminar con ocho danzas que nunca han sido publicadas en su integridad.

“Dipping” - La primera de la serie de ocho era esta pieza lenta que va evolucionando poco a poco aumentando el ritmo como claro anticipo de lo que iba a llegar después. El dramatismo aumenta con la adición de nuevos instrumentos y estalla con el cambio a la segunda danza.

“Stroking” - Sin solución de continuidad, el piano comienza a marcar un ritmo solemne mientras las cuerdas y, especialmente, los metales, comienzan a dibujar arabescos en el aire a una velocidad de vértigo. Sólo podemos hacer una objeción en este punto y es que nos parecía imprescindible la inclusión en la grabación de la quinta danza de la colección, quizá la más popular y profundamente rockera de todas.

Con ocasión de los fastos de la Exposición Universal de Sevilla de 1992, Nyman recibió el encargo de componer una pieza especial que habría de ser interpretada con los miembros de la Orquesta Andalusí de Tetuan. La formación marroquí fue creada por el cantante y violinista Abdessadak Chekara a mediados del pasado S.XX para conservar el legado musical andalusí. Durante su trayectoria han participado en numerosas grabaciones de artistas flamencos profundizando en la relación entre ambas culturas. Nyman compone para ella una obra en tres movimientos titulada “The Upside-Down Violin”.
Anuncio del estreno de "The Upside Down Violin"

“Slow” - El primero de los tres es una cadenciosa pieza de inspiración árabe en la que destaca tu preciosa melodía central y la interpretación del propio Chekara al violín en el tramo central. Afirma el propio compositor en las notas del disco que buscó una aproximación más melódica de lo habitual en él por la particularidad de los miembros de la orquesta. La mayoría de sus miembros no saben solfeo por lo que toda la interpretación se basa en la escucha de la ejecución de cada parte por parte de otros músicos para su aprendizaje y en el ensayo continuo.

“Faster” - El segundo movimiento mantiene la impronta de los orígenes musicales de la orquesta pero, si conseguimos abstraernos a su propia sonoridad, eminentemente oriental, no nos es difícil apreciar el estilo del propio Nyman. En una breve sección del movimiento se incorporan algunos de los miembros de la Michael Nyman Band, justo antes de la parte cantada con la que termina la pieza.

“Faster Still” - El cierre lo pone una pegadiza melodía que tiene muchos puntos en común con la banda sonora de “El Piano” que Nyman compuso más o menos en la misma época. Se produce así una curiosa mezcolanza de estilos entre la música árabe, la escocesa que inspiraba la música de la película de Jane Campion y el del propio compositor.




La partitura de esa banda sonora no podía faltar en un disco de Michael Nyman en directo grabado en 1993. Así, la segunda parte del disco está dedicada a una suite para concierto que recoge los momentos más memorables escritos por el compositor para “El Piano”. Son ocho movimientos en los que la Michael Nyman Band se ve reforzada por una numerosa sección de cuerda (cuatro violines, dos violas y dos violonchelos) para acercar su sonido al de la grabación original interpretada por la Orquesta Filarmónica de Munich. Lo cierto es que en la mayor parte de la “suite” el protagonismo es para las cuerdas y el piano, quedando reducida la participación de los miembros de la banda a momentos concretos como “Here to There” en los que los saxos de John Harle, David Roach y Andrew Findon tienen un peso fundamental o “Lost and Found” cuyo tema central está intepretado al saxo soprano.




La Michael Nyman Band está integrada en el momento de la grabación del disco por Jonathan Carney y Bill Hawkes (violines), Kate Musker (viola), Anthony Hinnigan (violonchelo), Nigel Barr (trombón y tuba) y Martin Elliott (bajo) aparte de los tres saxofonistas citados más arriba. Nyman interpreta el piano.

No diremos que con este disco se cierra una etapa de la Michael Nyman Band porque el músico siguió componiendo piezas para ellos y ofreciendo conciertos pero sí entendemos que marca un hito por cuanto que resume buena parte de su trabajo anterior y mira hacia lo que vendrá después. El propio Nyman abandonó algo más tarde la denominación de “band” ampliándola a “Orchestra” y, de hecho, desde 2002 no nos consta que la “Michael Nyman Band” aparezca acreditada como tal en ningún disco pese a que varios de sus miembros sigan participando en las grabaciones del compositor británico hasta el día de hoy.

Por la particularidad del repertorio, que incluye una mirada al pasado, una obra nueva y una revisión de su obra más popular, creemos que este disco en directo puede ser especialmente interesante como introducción al mundo sonoro de Nyman así que, si aún no habéis dado ese paso, ahora tenéis una buena excusa para hacerlo.

jueves, 25 de mayo de 2017

King Crimson - The ProjeKcts (1999)



Años atrás hablamos aquí de los “ProjeKcts”, aquella idea que surgió en el contexto de los King Crimson de mediados de los años noventa para explorar nuevas ideas musicales. Se trataba de dividir el grupo (fractalizarlo, en palabras de Robert Fripp) creando una serie de pequeñas formaciones con diferentes combinaciones de los seis miembros activos de la banda en aquel momento.

Inicialmente hubo cuatro “ProjeKcts”. El ProjeKct One estaba integrado por Robert Fripp (guitarra), Trey Gunn (Warr guitar), Tony Levin (bajo) y Bill Bruford (batería) quienes dieron juntos una serie de conciertos en el Jazz Cafe londinense en 1997. Pese a no ser el primero en configurarse, el honor de ser el único de ellos en grabar un disco en estudio recayó en el ProjeKct Two, trío integrado por Fripp, Gunn y Adrian Belew, a la batería, en la que era su única participación en un “fractal”. Suyo es el disco “Space Groove” que ya apareció en el blog hace un tiempo. El ProjeKct Three era muy similar pero con Pat Mastelotto a la batería en lugar de Belew. Dieron varios conciertos en 1999 que fueron grabados, como casi todo lo que hace la banda de Fripp. Por último, el ProjeKct Four sumaba a los integrantes del Three el bajo de Tony Levin aunque realmente sería al revés ya que salieron antes de gira en el formato de cuarteto del “four” que en el de trío del “three”.

Como dijimos, sólo el ProjeKct Two llegó a grabar un disco en estudio pero en Japón se publicaron discos en directo de las cuatro formaciones en 1998 y 1999. Afortunadamente a finales de ese año, Fripp decidió publicar esos cuatro discos en una caja que aparecería bajo el nombre de la banda madre, King Crimson. ¿El título? No podía ser otro: “The ProjeKcts”.

Los seis músicos integrantes de los "projeKcts".


El primer volumen recoge lo mejor de las actuaciones del ProjeKct One celebradas en el Jazz Cafe entre el 1 el 4 de diciembre de 1997. Son nueve cortes en los que escuchamos al Fripp más ácido acompañado de un Bill Bruford especialmente expansivo. Trey Gunn y Tony Levin destacan en cortes como el segundo, titulado “4 ii 1” (todos los títulos están formados de forma similar). En un grupo convencional sería fácil hablar del trío de ambos y Bill Bruford como de una sección rítmica pero en King Crimson y alrededores es muy complicado distinguir en ocasiones entre lo que es rítmico y lo que es melódico ya que todo funciona como un todo de gran complejidad. En el disco aparecen también cortes de inspiración jazzística como el cuarto “4 ii 4” en el que el comienzo a dúo entre Levin y Bruford es una delicia que acompaña más tarde a los “frippertronics” a la perfección. Hay también piezas más ambientales como “2 ii 3” y “3 i 2” que casi parecen prolongación la una de la otra con protagonismo casi absoluto de Robert Fripp en ambas aunque el acompañamiento del resto de músicos en el segmento final de la segunda es glorioso. Un disco extraordinario, en suma, que hará las delicias de todo seguidor de King Crimson.




El segundo disco de la caja sale de una extensa gira de más de 30 conciertos del ProjeKct Two por norteamérica, el Reino Unido y Japón que tuvo lugar entre febrero y julio de 1998. En ella se escuchó material del disco “Space Groove” así como versiones de temas de King Crimson y algún anticipo de lo que sería el siguiente disco de la formación matriz. Todo ello con un altísimo nivel de improvisación y experimentación haciendo honor a la idea que dio lugar a los ProjeKcts. En “Heavy ConstruKction” escuchamos a un Belew muy inspirado en la batería y en muchos de los cortes se encuentran las semillas de temas futuros, algunas muy obvias como “Light ConstruKction” que es un anticipo de “The ConstruKction of Light” y otras no tanto como “X-chain-jiZ” con elementos que se volverían a escuchar en un disco aún más reciente de King Crimson. El disco concluye con una versión realmente curiosa de “21st Century Schizoid Man”, entre cósmica y psicodélica con una importante carga de electrónica ciertamente moderna. La gran paradoja del sonido de la banda es que formaciones tan diferentes como son las de los dos primeros “projekcts” pueden llegar a producir resultados de una complejidad similar.




El disco del ProjeKct Three es, en muchos sentidos, el más arriesgado de todos. Lleva el título de “Masque” y se divide en 13 partes numeradas correlativamente aunque no deben escucharse necesariamente en el orden del disco. Una de las notas del trabajo anima al oyente a reproducir el CD en modo aleatorio para continuar con la improvisación. La música no tiene concesiones y se encuadra en la linea más experimental y radical del King Crimson de los años noventa: ritmos infecciosos, guitarras hirientes... toda una experiencia apta, quizá, sólo para los más acérrimos seguidores de la banda. En nuestro caso nos parece un disco fascinante pero, desde luego, no para una escucha muy habitual. La gran diferencia con respecto a los otros trabajos de la caja radica en que aquí hay una importante reelaboración en estudio del material en directo.




Cierra la caja el disco “West Coast Live” del ProjeKct Four. La formación es prácticamente la misma del Three que sólo difiere de este en la baja de Tony Levin. En el formato de cuarteto, que fue anterior al trío pese a que la numeración de los “projekcts” podría hacer pensar lo contrario, el repertorio era igualmente arriesgado. El material se organiza alrededor de dos suites llamadas “Ghost (part 1)” y “Ghost (part 2)” que abren y cierran el disco. De por medio, otras tres piezas entre las que se incluye una revisión de “The Deception of the Thrush”, composición del ProjeKct Two.  Pese al alto grado de improvisación, escuchamos aquí piezas como “ProjeKction” que suenan tan terminadas como podría hacerlo cualquier composición de estudio. Todas las “fractalizaciones” de King Crimson incluidas en la caja tienen un gran interés pero quizá sea el ProjeKct Four el que tiene más entidad como grupo. Bruford en el ProjeKct One casi había dejado la banda y Mastelotto iba a tomar todo el protagonismo en la batería en los años siguientes. El caso de Levin, similar al de Bruford por cuanto no participaría en los próximos discos de King Crimson, no es igual ya que su particular sonido es representativo de toda una etapa del grupo y su presencia aquí le da al conjunto un empaque que cuesta imaginar sin él.

Creemos que para disfrutar de los “ProjeKcts” es condición imprescindible ser seguidor de King Crimson, afirmación que no funciona en el sentido contrario. Son auténticos laboratorios de prueba para las nuevas ideas de la banda en los que no sólo se ensayan nuevas direcciones sino que se profundiza en las relaciones entre los distintos individuos que integran King Crimson. Se nos antoja una forma genial de conocerse mejor creando nuevos sub-grupos en los que las ausencias determinan tanto como las presencias todo aquello que se puede hacer. Conviene no olvidar, en todo caso, que estamos ante discos experimentales que más tarde darán resultado en forma de trabajos firmados por la banda matriz. La rareza, quizá, es que este material salga publicado pero eso es algo de lo que todos debemos alegrarnos. Al margen de la caja, el todo este tiempo han ido apareciendo varios conciertos más de las cuatro “fractalizaciones” en forma de descargas digitales a través de la dgmlive.com.