domingo, 29 de enero de 2012

Arvo Pärt - De Profundis (1997)



Las obras del compositor estonio Arvo Pärt se pueden encontrar hoy en día en el catálogo de las más importantes discográficas. Sin embargo, nuestras grabaciones favoritas se concentran en dos sellos principalmente: ECM y Harmonia Mundi. El disco que os comentamos hoy, pertenece al segundo de los sellos y cuenta con una interpretación realmente excepcional a cargo de una de las formaciones vocales más brillantes que podemos encontrar en la actualidad: el Theatre of Voices dirigido por Paul Hillier. La formación se suele centrar en un repertorio de música antigua (Josquin, Lassus, Tallis o Byrd) y, quizá por ello, sus características encajan a la perfección con el estilo de Arvo Pärt, quien mantiene una estrecha amistad con el propio Hillier, autor, a su vez, de un extraordinario ensayo sobre el compositor años atrás. El disco reúne nueve obras vocales en su mayor parte, aunque con un cierto apoyo del órgano de Christopher Bowers-Broadbent en varios momentos.

Paul Hillier


“De Profundis” – Completada en 1980, se trata de una pieza para coro, órgano y percusión (interpretada aquí por Dan Kennedy), basada en el texto del salmo 129 escrita por Pärt poco después de llegar a Berlín tras dejar su país natal. Escribe Hillier de la pieza que es una de las más apasionadas de las escritas por el músico para voces.

“Missa Sillabica” – Tuvimos otra versión de esta obra por aquí tiempo atrás pero la que contiene este CD es la primera grabación que se hizo de la última revisión misa, escrita en 1977 y remodelada por su autor en 1996 mientras preparaba la grabación mano a mano con Paul Hillier. La misa es fruto de un curioso experimento por el que la música se adapta a la forma del texto escrito mimetizandose con él hasta extremos sorprendentes. No se tratra simplemente de la división de la melodía en notas que se corresponden con las sílabas del texto sino que el propio tono está determinado por la longitud da cada palabra. Los ritmos y las pausas entre las distintas frases melódicas también se ajustan al texto respetando, incluso, los signos de puntuación de éste.

“Solfeggio” – Para muchos críticos, esta pieza de 1964 es una de las obras claves en la trayectoria de Pärt puesto que marca el comienzo de la transición entre la etapa atonal con sus “collages” musicales y el advenimiento del “tintinnabuli”. Podemos considerar su “solfeggio” como un paso, no definitivo aún, hacia el estilo que ha convertido a Pärt en uno de los músicos de referencia en la actualidad. La grabación es otro de los estrenos mundiales contenidos en el disco, lo que supone un punto añadido a favor del mismo.

“And One of the Pharisees” – Composición de 1990 escrita precisamente para el Theatre of Voices de Paul Hillier sobre un texto del Evangelio de San Lucas. Utilizando una técnica procedente del renacimiento en la que se combina la polifonía con los cantos solistas, Pärt nos deja una de las dos únicas piezas del disco cantadas en inglés. Como curiosidad, una de las voces solistas en la grabación es la del propio Paul Hillier en la tesitura de bajo.

“Cantate Domino” – Datada en 1977, es una de las composiciones más melódicas de Pärt en la que dos pares de voces desplazandose de forma paralela a una octava de distancia recitan un texto del salmo 95. Toda la breve pieza tiene un aire folklorico que quizá delata uno de los posibles orígenes de la melodía, muy marcada y rápida, cosa que no es del todo habitual en la obra del músico. La grabación es el tercer estreno mundial que nos deja el disco.

“Summa” – Seguimos en 1977, en este caso con una de nuestras obras favoritas del compositor estonio con base en el credo latino. Esta bellísima pieza ya aparecía en varios de los discos anteriormente comentados de Pärt, tanto en su versión original para coro, como la que nos ocupa, como en su versión para cuerdas.

“Seven Magnificat Antiphons” – En su momento (la pieza se escribió en 1988) se trataba de la primera composición importante de Pärt cantada en alemán. Las “antífonas” son composiciones breves inicialmente destinadas a preceder a la ejecución del “Magníficat” en cada uno de los siete días que preceden la llegada de la Navidad a razón de una por día. La obra del compositor estonio, sin embargo, está concebida como una pieza de concierto. Ya tuvimos la ocasión de hablar de la composición en otro momento ya que es habitual en los repertorios corales interesandos por la música contemporanea.

“The Beatitudes” – Una de las piezas más destacadas del disco son estas “beatitudes”, organizadas como un intenso crescendo vocal que va ganando en intensidad poco a poco hasta un final en el que las voces, de repente, se apagan, dejando al órgano en solitario en un precioso final.

“Magnificat” – Como cierre del disco, tenemos este breve “magnificat” que es, a su vez una de las piezas más bellas del trabajo y, quizá, la más interpretada por formaciones corales de todo el mundo desde su estreno en 1989. La obra pasa por ser uno de los mayores exponentes del estilo de su autor.



Al margen de la música de Arvo Pärt, si hay algo por lo que destaca sobremanera este disco es la excelsa calidad de las interpretaciones lo que le convirtió en uno de los discos más valorados por la crítica en el momento de su publicación. Por nuestra parte, cuando las obras comentadas son tan impecables como las que integran el CD, todo lo que se pueda añadir es superfluo. Al inicio de la entrada hablamos de los sellos ECM y Harmonia Mundi como los más reincidentes a la hora de publicar obras de Arvo Pärt. Otra cosa que tienen en común es la exquisita calidad de las grabaciones y el cuidado extremo del sonido que hacen de la experiencia de escuchar uno de sus discos, algo incomparable.

Aquí os sugerimos un par de sitios para adquirir el disco si os parece conveniente:


cduniverse.com

Nos despedimos por hoy con un extraño video con la música de fondo del "De Profundis" que abre el disco:

jueves, 26 de enero de 2012

Philip Glass - The Concerto Project (Vol.IV) (2011)



Llena de admiración el hecho de contemplar a un compositor como Philip Glass, a sólo unos días de cumplir los 75 años manteniendo un ritmo creativo tan alto como pocos artistas mucho más jóvenes son capaces de sostener. Estamos aún comentando lanzamientos como éste del año pasado en su propio sello Orange Mountain Music y, mientras tanto, se acaba de estrenar su novena sinfonía (la décima está en puertas) y tiene unas cuantas obras más preparadas para ver la luz.

Es igualmente admirable la labor que realiza Orange Mountain Music, un sello independiente en el que Glass va rescatando todo el fondo de armario que ha compuesto en las últimas décadas y que jamás podría publicarse en una gran discográfica, siendo éstas como son, tan celosas de los ritmos de publicación, las cifras de ventas y el miedo a saturar los mercados. Dentro de las múltiples lineas del sello, una que nos atrae particularmente es la llamada “The Concerto Project” cuyo cuarto volumen, aparecido a finales del pasado 2011 es el que nos ocupa. En esa serie de discos se pretende ir recopilando todos los conciertos escritos por Glass en estos últimos años en los que el acercamiento del músico a las formas más clásicas de composición parece ser cada vez mayor. En este orden de cosas, tenemos dos obras radicalmente distintas:

La primera de ellas es el “Doble Concierto para Violin, Cello y Orquesta”, completado en 2010. La pieza surge del encargo que el Netherlands Dans Theater le hace llegar al músico para acompañar uno de sus ballets. En principio lo que se pretendía del músico era una composición orquestal pero Glass estaba trabajando por aquel entonces con Maria Bachmann, quien apareció por aquí, precisamente con la sonata para violín del múciso, y también con la cellista Wendy Sutter con la que giró en pasadas fechas con un repertorio para piano y cello, además de haber grabado alguna obra más de Glass como integrante del ensemble Bang on a Can y junto a la Orquesta de las Américas. El compositor estaba pensando en un doble concierto para violín y cello y el encargo le pareció tremendamente apropiado para desarrollar esa obra, aunque el participante en la grabación es el violinista Tim Fain de quien Glass admiraba su espectacular versión de la música para violín de la ópera “Einstein on the Beach”. El ballet tenía un total protagonismo del británico Paul Lightfoot y la cordobesa Sol León y ambos personajes iban a tener su correspondencia musical en los dos instrumentos principales de la obra. Ya conocemos la especial querencia de Glass hacia los interludios musicales como modo de engranar las distintas partes de sus obras. Esta costumbre, que ya se vió en los llamados “Knee Plays” de óperas como Einstein on the Beach, también está siendo recuperada por el músico para sus obras más formales como recordareis que ocurría en su “Concierto No.2 para Violín y Orquesta” que ya comentamos aquí, en el que cada uno de los cuatro movimientos se veía precedido por una breve pieza instrumental. Se repite el esquema en esta ocasión de modo que antes de cada uno de los tres movimientos del concierto podemos disfrutar de los correspondientes “duetti” de cello y violín. La idea gustó tanto a los encargados del ballet que no dudaron en pedir a Glass que compusiera un último duetto para cerrar la obra que no figuraba en la partitura original. La violinista Maria Bachmann ha incorporado estas breves piezas a su repertorio habitual para sus conciertos arregladas como si de una obra independiente se tratase.


Philip Glass y el violinista Tim Fain en un recital reciente.

En todo caso, el doble concierto reúne todas las características del Glass más reciente: un cierto romanticismo en los dúos o en las partes solistas y los habituales esquemas repetitivos en las partes orquestales. No es una obra que vaya a sorprender a nadie a estas alturas pero demuestra que el compositor sigue produciendo piezas de una gran altura con regularidad. Particularmente inspirado nos parece el segundo movimiento del concierto (o el cuarto, si consideramos como tales a los dos primeros duetti) con todo el sabor del mejor Glass de obras como Koyaanisqatsi. Acompañan en la grabación a Tim Fain y Wendy Sutter los miembros de la Filarmónica de la Haya bajo la batuta de Jurjen Hempel.




La cellista Wendy Sutter

La segunda obra que encontramos en el disco es una grabación más antigua. Se trata del “Concierto para Piano y Orquesta No.1”, también conocido como “Tirol Concerto”. La obra fue otro encargo, en esta ocasión, de la organización que promueve el turismo de la región del Tirol. La obra cuenta con la especial implicación del director y pianista Dennis Russell Davies quien es el encargado de esta grabación junto con la Stuttgart Chamber Orchestra. La relación de Davies y Glass viene de muy antiguo, ya que el director ha sido el encargado de estrenar varias óperas y sinfonías del músico además de recibir el honor de la dedicatoria de la monumental quinta sinfonía “glassiana”. El concierto se escribió en el año 2000 y, durante mucho tiempo, la única versión disponible se encontraba en un CD promocional editado por el “Tirol Turist Board”, casi imposible de encontrar. Algo más recientemente, esa misma grabación fue incluída en el disco “Dennis Russell Davies Performs Philip Glass” editado por el mismo sello Orange Mountain Music en 2004 junto con otras piezas del de Baltimore y es esa, precisamente, la grabación que acompaña al doble concierto en el CD que comentamos hoy.

Sorprenden enormemente los primeros compases del primer movimiento, aún con el piano sólo, con un aire clasicista que no deja entrever en ningún momento su autoría. Incluso cuando la música se desplaza hacia terrenos más inconfundiblemente "glassianos" podemos reconocer un esfuerzo por trascender el propio estilo digno de admirar. Con todo, la brillantez del enérgico movimiento inicial no es más que un inspirado preludio de lo que viene después con el extenso segundo movimiento. En él, Glass desarrolla de forma brillante una breve pieza de música que compuso un par de años antes para la banda sonora de la película "The Truman Show" dandole una categoría que sólo se apuntaba mínimamente en el original. La extraordinaria interpretación de Dennis Russell Davies al piano no hace sino resaltar la belleza de una pieza en la que pasamos de los momentos más intensamente emotivos a otros pasajes etereos cuasi impresionistas con una naturalidad pasmosa. Quizá sea esta segunda parte del concierto una de las mejores composiciones del Glass más reciente, al menos en nuestra opinión. El cierre del concierto lo pone un trepidante tercer movimiendo durante el que apenas hay tiempo para respirar y que se va desarrollando en un crescendo continuo hasta llegar al gran final en el que todo parece dispuesto para arrancar el aplauso entusiasta del público como en las grandes obras orquestales de antaño.

No es necesario que seais seguidores de Glass para que os guste este disco. Más bien al contrario, puede ser un buen punto de partida antes de meterse en terrenos más áridos además de una forma de comprobar por qué territorios se mueve en la actualidad uno de los más reconocidos compositores de la actualidad.

El director y pianista Dennis Russell Davies en acción.
 Si os animais a dar el paso, aquí os dejamos los habituales enlaces donde comprar el disco:

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No sin antes despedimos con el magnífico segundo movimiento del "Tirol" Concerto:

domingo, 22 de enero de 2012

David Bowie - Lodger (1979)



Cerramos hoy nuestro repaso a la famosa “trilogía berlinesa” de David Bowie cuyas dos primeras partes, “Low” y “Heroes” estuvieron por estas páginas tiempo atrás. “Lodger”, aparecido en 1979 fue compuesto en su mayor parte durante la gira de “Heroes” y grabado a caballo entre Suiza y Nueva York. Aunque formalmentes suele calificarse a éste como el más comercial de los tres trabajos de la trilogía, visto con la perspectiva de los años nos parece que, en muchos sentidos, es el más experimental y arriesgado. Es probable que las ideas de Eno sobre los músicos y lo que el llamaba los no-músicos, incluyendose en la definición, estuvieran más presentes en “Lodger” que en ninguno de los otros registros de la etapa berlinesa de Bowie.

Los rasgos más experimentales del trabajo giran alrededor de la presencia del guitarrista Adrian Belew. Reclutado por Bowie tras verle actuar junto a Frank Zappa para sus recientes giras, el trabajo de Belew en el disco iba a ser realmente difícil ya que muchas de sus partes estaban superpuestas a temas enteros, ya grabados, de los que el guitarrista desconocía todo, incluso la clave en la que estaban tocados. Eso explica lo raro de muchos de los pasajes. Entre los experimentos de Bowie para el disco encontramos también el uso de canciones anteriores reproducidas a la inversa, o la presencia de músicos tocando instrumentos distintos a los que solían interpretar.


Portada desplegada del LP con un accidentado Bowie tendido en el suelo.



“Fantastic Voyage” – Escrita por Bowie y Eno, la canción que abre el disco es una amable balada con diálogos entre David y el coro que interpreta él mismo junto con Tony Visconti. Como curiosidad, no hay ninguna guitarra en una canción en la que su función la realizan tres mandolinas. El viaje del título es una especie de visión pacifista del mundo actual en la que se refleja la preocupación por el ambiente de tensión política de los últimos setenta y primeros ochenta.

“African Night Flight” – Una de las más extrañas canciones que ha escrito Bowie, de nuevo en comandita con Eno. A veces recuerda los exaltados diálogos de las comedias musicales del West End londinense pero las extrañas combinaciones de sonidos, las raras percusiones y la propia forma de cantar del artista, casi rapeando y haciendolo a gran velocidad en en muchos pasajes junto con los canticos africanos del estribillo nos dejan una pieza bizarra pero que anticipa en cierto modo la llegada de la llamada “World Music” poco después y nos parece, además, un precedente de lo que el propio Eno haría en compañía de David Byrne un par de años después en un trabajo tan inclasificable como maravillos titulado “My Life in the Bush of Ghosts”.

“Move On” – Continuamos con las canciones sobre viajes, que centran la cara A del disco con esta canción escrita en solitario por Bowie. Parte del tema está sacado de la vieja canción del músico “All the Young Dudes”, compuesta en 1972 para la banda Mott the Hoople y grabada también por el propio Bowie para su LP “Aladdin Sane”. Este fragmento, reproducido al revés para “Move On” hace un curioso efecto como si de un coro exótico se tratase y es uno de los grandes hallazgos del disco.

“Yassassin” – Siguiendo con el aire innovador del disco nos encontramos con esta rara mezcla de ritmo reggae y melodías de aire árabe. El título es una deformación de “Yasasin”, palabra turca utilizada como despedida en señal de buena voluntad (literalmente significaría “larga vida”).

“Red Sails” – Segunda canción de Bowie y Eno del disco y la primera que justifica la inclusión del mismo como parte de la trilogía berlinesa por la influencia de Neu! y de los primeros Kraftwerk. Por lo demás, es un vigoroso rock con ácidos solos de guitarra y ese metronómico ritmo del krutrock que tanto influyó al Bowie de los setenta.

“D.J.” – Uno de los temas en los que Carlos Alomar aparce acreditado como autor aunque, curiosamente, el sólo de guitarra más popular del tema no lo interpreta éste último sino Adrian Belew. A pesar de ser uno de los singles del disco, no nos parece que esté entre las canciones más destacadas del trabajo, aunque el trabajo de George Murray al bajo, con su aproximación en muchos momentos a la música disco pudo influir en su elección como lanzamiento en formato de 7 pulgadas.

“Look Back in Anger” – En cambio, el siguiente corte del disco nos parece uno de los mejores del mismo, lo que demuestra que nuestro criterio debió desviarse en algún momento en todos estos años ya que buena parte de la crítica lo consideró como lo peor de todo el disco (teniendo en cuenta que el propio “Lodger” no fue demasiado bien valorado, esto coloca “Look Back in Anger” como una canción no precisamente muy apreciada). Escrita por Bowie y Eno, sus escasos tres minutos de duración son una excitante sucesión de ritmos frenéticos, guitarras intensas y coros casi psicodélicos en los que encontramos la impronta del Eno de sus primeros trabajos fuera de Roxy Music.



“Boys Keep Swinging” – La canción más popular del disco combina elementos de lo más variado: desde unos coros herederos directos de los inocentes estribillos del naciente rock’n’roll de los años 50 hasta el bajo típico de aquel estilo. Las guitarras, por el contrario, suenan más duras y ajenas a aquellos años dorados. Bowie buscaba un sonido cercano al de las bandas de garage de los setenta y la manera de lograrlo que se le ocurrió fue que los músicos intercambiasen experimentos para sonar más “amateur”. Así, por ejempo, el guitarrista Carlos Alomar toca la batería en lugar de Dennis Davis, quien se ocupa del bajo. Como curiosidad, la secuencia de acordes de la canción es exactamente la misma que abre el disco en “Fantastic Voyage”. Las letras del tema, abiertamente anti-machistas y calculadamente ambiguas provocaron que el single, principal elección del disco, no fuera publicado en EE.UU. siendolo en su lugar “Look Back in Anger”.



“Repetition” – La última canción de Bowie en solitario del disco es de una actualidad sorprendente al estar centrada en denunciar la violencia machista contra las mujeres en la persona de una esposa maltratada por su marido Johnny, clásico “loser” de manual (“He could have had a Cadillac”, “He could have married Anne with the blue silk blouse”), quien paga sus fracasos personales con su pareja que lo espera en casa. Musicalmente el tema no es especialmente destacable, en parte por el intencionado tono plano de la interpretación de Bowie buscando reflejar la frialdad del agresor.

“Red Money” – Carlos Alomar firma junto a Bowie el último tema del disco, que no es más que una versión del tema “Sister Midnight” que ya apareció en el disco “The Idiot” de Iggy Pop en 1977. Las letras de Iggy son reemplazadas para la ocasión por un nuevo texto escrito íntegramente por Bowie sin ninguna relación con el original.

“Lodger” no será citado por casi ningún aficionado en la lista de los mejores trabajos de Bowie casi con toda seguridad. La crítica tampoco lo acogió demasiado bien en su momento y apenas uno de sus temas, “Boys Keep Swinging” aparece ocasionalmente en las recopilaciones de grandes éxitos del músico. Sin embargo, nosotros lo tenemos por uno de los grandes trabajos del artista. Tras “Lodger”, Bowie se reinventó por enésima vez y volvió a alcanzar grandes éxitos colocando singles en las listas y siguió siendo referencia para muchos otros músicos. Sin embargo, nosotros os recomendamos que le deis una escucha a este trabajo porque es realmente único y su influencia se puede notar en varios trabajos de distintos artistas en los años posteriores.

Los créditos completos del disco son los siguientes:

David Bowie (voz, coros, piano, guitarras, sintetizadores), Carlos Alomar (guitarra, batería), Dennis Davis (percusión, bajo), George Murray (bajo), Sean Mayes (piano), Simon House (violín, mandolina), Adrian Belew (guitarra, mandolina), Tony Visconti (coros, guitarra, mandolina, bajo), Brian Eno (sintetizadores, piano preparado, coros y todo tipo de efectos), Roger Powell (sintetizadores), Stan (saxo).

Como es costumbre del blog, os dejamos un par de enlaces para adquirir el disco:

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Os dejamos con un anuncio de la época promocionando el disco: