martes, 1 de noviembre de 2011

George Winston - Forest (1994)



En 1994, la carrera de George Winston pasaba por un momento delicado. Tras sus exitosos discos “Autumn” y “December” en 1980 y 1981 llegó un año después “Winter Into Spring”, notablemente más flojo que aquellos y se abrió una especie de paréntesis de nueve años sin discos nuevos. Cuando apareció “Summer” en 1991 las espectativas eran altas pero los resultados artísticos no estuvieron a la altura. No funcionó del todo mal en cuanto a ventas pero cuesta mucho encontrar en ese disco composiciones del nivel de las que poblaban sus discos de comienzos de los ochenta. Por ello, y a pesar de que la particular personalidad del pianista es ajena a las modas y al qué dirán, su siguiente disco podía marcar un punto de inflexión definitivo en su carrera relegandole a un segundo plano, incluso en el ámbito de la llamada música New Age, estilo en el cual Winston era una estrella. Este riesgo era aún mayor si tenemos en cuenta la proliferación de pianistas en el género a lo largo de toda la década, muchos de ellos pertenecientes al mismo sello, Windham Hill, en el que Winston publicaba habitualmente,

En este contexto, es comprensible que “Forest” fuera un trabajo muy esperado. A primera vista, las lineas generales del CD eran las mismas de los discos anteriores del músico, a saber, temas propios, versiones de músicos, poco conocidos en muchos casos pero muy apreciados por Winston y alguna que otra melodía tradicional.

Pasamos a tratar los temas del album uno por uno:

“Tamarack Pines” – Abre el disco una auténtica maravilla inspirada por el compositor norteamericano Steve Reich. Sorprende que un pianista tan libre e intuitivo como Winston tenga entre sus músicos favoritos a uno de los pioneros del minimalismo con todo lo que tiene el movimiento de aparente rigidez y falta de sensibilidad, tan ajenas a priori a la música de nuestro pianista. Sin embargo, en este corte, Winston consigue aprovechar lo mejor del género con una pieza repetitiva y muy rítimica realmente intensa en la que su propio estilo es perfectamente reconocible. En la sección inicial del tema, Winston pulsa directamente las cuerdas del piano a modo de introducción antes de pasar a la ejecución más “convencional”. El final del corte, con repetidos “stacatti” ascendiendo hacia las notas más altas del teclado nos parece tremendamente original. El título de la composición alude a una curiosa especie de pino de Montana, única en este tipo de arbol que pierde sus hojas (sus agujas, hablando con propiedad) en otoño.



“Forbidden Forest” – Segundo tema propio del disco. Como ocurría en el tema anterior, Winston ataca directamente las cuerdas, sin usar el teclado con una técnica que ha ido incorporando poco a poco a su ejecutoria habitual. Apenas hay algunas notas sueltas intepretadas al modo convencional. El tema, sin ser nada especialmente destacado, cumple como transición hacia el siguiente corte.

“Troubadour” – Nos encontramos con la primera versión de otro músico presente en el disco. Se trata de una composición del músico de cine John Barry que apareció en 1964 como cara B del single “Theme from Goldfinger” como parte de la banda sonora de una de las exitosas películas de James Bond a las que Barry puso música. “Troubadour” es un tema breve con cierto aire jazzy melancólico que se adapta perfectamente al estilo de Winston que es capaz como nadie de hacer suyas composiciones del todo distintas.

“The Cradle” – Larry Young es uno de los músicos favoritos de Winston, quien tiene unos gustos realmente exquisitos y originales. Una de las secciones más interesantes de su página web oficial es, precisamente, aquella en la que recomienda grabaciones de músicos que considera interesantes para que todos los aficionados podamos encontrar aquello que más le inspira. Young, organista de jazz, compuso esta pieza para su disco de 1968 titulado “Heaven on Earth” (1968).

“Cloudy this Morning” – Otra de las composiciones propias del disco y una de nuestras favoritas. Se trata de uno de esos típicos temas de Winston, ora folclóricos, ora ambientales, en los que el músico se encuentra tan cómodo.

“Last Lullaby Here” – Casi enlazado con el anterior tema, comienza “Last Lullaby Here”. Brevísimo corte de menos de un minuto de duración que funciona como una especie de coda de “Cloudy this Morning”.

“Mon Enfant” – Otro de los lugares comunes en la discografía de Winston son las versiones de temas tradicionales, ya sean villancicos o canciones de infantiles. La pieza que nos ocupa ahora, pertenece al segundo grupo y es una lenta balada que el músico ya grabó en un raro disco basado en un cuento japonés titulado “Sadako and the Thousand Paper Cranes” con la narración de Liv Ullmann. Para realizar su versión de la popular tonada, Winston se basa en otras previas a cargo de Ralph Towner o Wes Montgomery.

“Returning” – Otra brevísima composición de apenas 40 segundos que apenas sirve para transportarnos hacia el tema que originalmente cerraba la cara A del LP.

“Graceful Ghost” – Escrita por el pianista William Bolcom en 1969 y dedicada a su padre fallecido, es una canción muy popular en Estados Unidos y tiene versiones de todo tipo, incluída alguna en formato clásico. La versión de Winston se queda, en realidad con dos de los fragmentos de la composición original. El resultado es un rag-time realmente bonito y que encaja como un guante en el estilo de nuestro pianista.

“Walking in the Air” – La segunda parte del disco arranca con tres composiciones de Howard Blake para la película de animación “The Snowman”. La primera de ellas es una melodía realmente prodigiosa a la que Winston hace justicia convirtiendola en el tema más bello del disco. Como suele hacer de vez en cuando, el pianista combina a lo largo de la pieza versiones de piezas distintas. De este modo, a mitad de la composición de Blake, el músico se enfrenta de nuevo a las cuerdas del piano sin la intermediación del teclado para introducir una parte de la pieza “Quiet Observer” del arpista suizo Andreas Vollenweider y también una melodía de su admirado Dominic Frontiere, perteneciente a la banda sonora de “The Outer Limits” (1963). Para la parte final del tema, Winston retoma la composición original de Howard Blake. Sólo por temas como el inicial “Tamarak Pines” o este “Walking in the Air”, habría merecido la pena todo el disco, pero aún nos quedan varias composiciones interesantes.



“Building the Snowman” – Segunda de las piezas de Blake incluídas por nuestro músico en su disco. Se trata en esta ocasión de un tema mucho más breve. Más ambiental que melódico, hace las veces de transición hacia el tercero y último de los adaptados a partir de la banda sonora de Blake.

“The Snowman’s Music Box Dance” – Como indica el título, estamos ante una de esas melodías clásicas de las cajitas de música de toda la vida. Resulta inevitable, por tanto, que sea una melodía juguetona y alegre de aire infantil en la que Winston se encuentra como pez en el agua. No conocemos la versión original de la pieza pero tenemos la sensación de que Winston aporta algo de su propia cosecha a la composición porque tiene todas las características habituales de su propia música.

“Love Song to a Ballerina” – Nueva versión, en esta ocasión del que era compañero de discográfica de Winston en Windham Hill en aquellos años, el famoso Mark Isham, quien ha hecho una interesante carrera en los últimos años como compositor de bandas sonoras. La pieza, también con aires de caja de música, pertenece al disco “The Steadfast Tin Soldier” (1985) del trompetista.

“Lights in the Sky” – Se trata de otra de las breves piezas del piansta que abundan en el disco. Es una veloz melodía de aires repetitivos realmente inspirada que nos recuerda a la versión más clásica de Winston de sus brillantes discos iniciales.

“Japanese Music Box” – Acercandonos al cierre del trabajo, seguimos con las cajitas de música. Con un formato que recuerda al de las citadas cajas, Winston adapta una tradicional canción de cuna japonesa con brillantes resultados.

“Night Sky” – El cierre escogido por Winston para el disco es otra composición propia, de aires reflexivos y melodía indefinida. Huye en esta ocasión el pianista del tema reconocible para poner un elegante broche a un magnífico disco.


Imagenes de los pinos Tamarack, únicos pinos caducifolios en el mundo. Son los que muestran un tono dorado.


Si tenemos que hablar de los aspectos musicales, el reto del que hablabamos unas cuantas lineas más arriba había sido superado con creces por Winston entregandonos un disco soberbio. Seguramente, todos los aficionados recordarán siempre al pianista por sus discos “estacionales”, a saber: “Autumn”, “December”, “Winter Into Spring” y “Summer” y esa es una etiqueta que no se podrá quitar por mucho que siga publicando trabajos nuevos con cierta regularidad. Nuestra opinión es que “Forest” está a la altura de los mejores discos de esa etapa y supera ampliamente los resultados de “Summer” sin ir más lejos.

Winston es una persona de personalidad difícil. A juicio de muchos de los que le han tratado, es incluso arisco en muchas ocasiones. Otros hablan de un punto autista en su trato. Indudablemente es un tipo muy particular que hace lo que le gusta sin plantearse si será o no bien acogido por su público. Le gusta disfrutar de los paisajes de su adorado Montana, tocar la guitarra y el piano y no es muy amigo de las giras, aunque con “Forest” se embarcó en una serie de conciertos por todo el mundo y visitó nuestro país por primera vez. A pesar de ser un gran improvisador y de no tocar nunca con partitura, es un firme defensor del aprendizaje musical ortodoxo y considera que conocer la teoría musical es fundamental para cualquier intérprete. En sus propias palabras, “es imprescindible conocer las reglas para romperlas de vez en cuando”. A pesar de esto, y aunque resulte chocante, delcara que jamás estudió ni interpretó música “clásica” tradicional, entendiendo por tal, la música europea de los siglos XVII, XVIII y XIX (esto resulta un poco sorprendente cuando alguunas de sus piezas más populares son versiones de Pachelbel o J.S.Bach). Su música es casi exclusivamente americana y basada en la tradición de aquel país (blues, jazz, cajun, india, algo de rock…).

Geroge Winston al piano.

 
Curiosamente, y a pesar de su fama de huraño, su página web oficial es una completísima fuente de información sobre sus gustos musicales, sus músicos favoritos (con cientos de grabaciones recomendadas), sus mayores influencias, su estilo de interpretación (al piano, a la guitarra y a la armónica). Recorrer esta web es una experiencia que puede llevar horas sumergido en un mar de datos, nombres, fechas, referencias discográficas, etc. que soprende por su exhaustividad y detalle y que no podemos dejar de recomendar a todos los interesados en Winston y en la música norteamericana en general, alejada de las corrientes principales y más conocidas.

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Os dejamos con Winston interpretando "The Cradle" y hablando de su música:

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