miércoles, 2 de diciembre de 2015

Felipe Pérez Santiago - Mantis (2013)



De vez en cuando traemos por el blog discos con música de diversos autores a los que hemos llegado llamados por el atractivo concreto de alguno de ellos, desconociendo en buena parte otros nombres que aparecen en el disco. El método, errático en apariencia, nos ha llevado en los últimos años a descubrir la obra de artistas verdaderamente interesantes a los que difícilmente habíamos accedido por otros medios. El disco que hoy comentamos llegó a nuestro conocimiento por ese medio.

Hace un tiempo comentamos aquí un disco del violonchelista Jeffrey Zeigler movidos, principalmente, por el estreno de una pieza para ese instrumento de Philip Glass y animados por la presencia de John Zorn en el listado de compositores del CD. El “descubrimiento” que nos tenía reservado el disco de Zeigler estaba en la pista que abría el disco, obra del compositor mexicano Felipe Pérez Santiago. Formado en las mejores instituciones musicales de su país y de Europa, ha sido compositor residente de algunos de los centros de investigación musical más relevantes del viejo continente, incluyendo el Center of Musical Creation Iannis Xenakis parisino, el Center for Electronic Music de Amsterdam, la Universidad Pompeu Fabre de Barcelona, el Staatstheater de Munich o el Studio for Electro-Instrumental Music en Amsterdam. La lista de premios y becas logradas a lo largo de su trayectoria sería demasiado larga para exponerla aquí y las formaciones con las que ha trabajado se encuentran entre las más prestigiosas de la música contemporánea. Además de esto, Felipe es el fundador de Mal'Akh, formación que interpreta música de los más diversos estilos, desde el free-jazz a la electrónica, incorporando elementos de la música de cámara o el rock.

Sus primeras obras eran puramente musicales, sin relación con ningún otro formato artístico pero ya en 1999 compuso música para ballet y un año más tarde sus primeras bandas sonoras. Ambos campos han tenido un papel importante en su obra acompañados siempre de la composición independiente. No parece tener predilección por ningún tipo de formación concreta a la hora de componer ya que tiene piezas de todo tipo, desde orquestales hasta camerísticas, electrónicas e incluso para combinaciones de instrumentos poco comunes como conjuntos de flautas, grupo de gamelanes, etc.

El disco que hoy traemos aquí, lleva el título de “Mantis” y es una recopilación de trabajos creados entre 1999 y 2013 y proceden de distintas etapas de sus estancias en distintas instituciones, europeas en su mayoría. Es una producción del Centro Mexicano para la Música y las Artes Sonoras.

Felipe Pérez Santiago


“Jingle Hell!” - Abre el disco una pieza de 1999 encargada por una emisora de radio holandesa como sintonía de una serie de programas dedicados a las nuevas músicas. Es una de las cuatro obras del disco creadas en el Estudio de Música Electrónica del Conservatorio de Rotterdam. En realidad es una brevísima fanfarria adornada con efectos electrónicos que cumple perfectamente su labor como “jingle”.

“Post-War” - Como la anterior, es otra creación del periodo del músico en Holanda. En esta ocasión, del año 2001. Además de la electrónica interviene el violinista Konstantin Tchakarov. Es ese instrumento el que lleva el peso del tema ayudado por el tamiz electrónico de Felipe Pérez Santiago que transforma el sonido del instrumento y lo rodea de timbres y efectos que consiguen crear en el oyente una sensación de profundo desasosiego. El violín parece retorcerse y ser exprimido hasta obtener las notas más inalcanzables consiguiendo momentos de gran tensión. En la parte final aparece un agresivo sonido electrónico para crear un ritmo inquietante con el que concluye la composición. La pieza pertenece a “Battlefeels”, encargo de la Universidad Erasmo de Rotterdam para un festival de cine.

“Area 17” - El disco no sigue un orden cronológico así que saltamos a 2006 y a Barcelona donde Felipe escribe esta pieza electrónica con ocasión del 250º aniversario del nacimiento de Mozart. Estamos ante una de nuestras obras favoritas del disco que toma la forma de una caja de música sacada de algún futuro post apocalíptico. Una melodía de tinte clásico ejecutada con una electrónica tremendamente distorsionada hasta conseguir un efecto verdaderamente perturbador. Mozart y Aphex Twin juntos en una improbable colaboración que fue la primera pieza de Felipe que nos impresionó cuando comenzamos a buscar obras suyas tras escuchar su participación en “Something of Life” de Jeffrey Zeigler.





“Cicatrice” - En 2008, de vuelta en Holanda (esta vez al Studio for Electroinstrumental Music de Amsterdam, el compositor escribe esta obra para cuarteto vocal y electrónica por encargo del Egidius Quartet. Comienza con una profunda introducción electrónica de gran fuerza a la que se incorporan paulatinamente las voces, primero de forma individual y más tarde interactuando entre ellas hasta crear un coro de gran belleza, siempre con un punto de tensión importante, algo que es una característica muy destacada de la música de Felipe. Hay puntos en común con algunas de las obras más inquietantes de músicos como Ligeti (pensamos en piezas corales pero también en las instrumentales como “Volumina”) y otros compositores de nuestro tiempo. La superposición de capas sonoras, los loops vocales y las texturas electrónicas, siempre evolucionando, convierten a “Cicatrice” en otra de nuestras piezas predilectas.

“Danza de Ángeles” - Una de las piezas más antiguas del disco (data de 1999) creada en la etapa del autor en Rotterdam, es este extracto de “Engelberg”, encargo electrónico para la Rotterdam Dance Academy. Distintos ritmos se combinan en el inicio, desde unos pasos hasta un latido de corazón, mezclados ambos con un un zumbido constante, para crear el fondo sonoro en el que escuchamos, muy en segundo plano, un coro angelical. Aparecen entonces loops y ritmos industriales, “samples” vocales de todo tipo, campanas casi inaudibles, etc. Un tapiz sonoro personalísimo y fascinante. Nos comenta el autor en un correo electrónico su admiración, entre muchos otros músicos, por Steven Wilson y lo cierto es que esta obra bien podría encajar en la filosofía del proyecto Bass Communion del polifacético artista británico.

“Der Nachtflug” - La última obra de este periodo incluida en el disco es esta composición que ganó el premio del Institute of Electroacoustic Music de Bourges como parte de “Ofaniel, ángel de la Luna”, instalación audiovisual de gran formato. Comienza de un modo más amable que las anteriores, aunque enseguida gira hacia los ambientes más oscuros e industriales. Aparecen entonces una serie de ritmos sintéticos que se mezclan con sirenas para crear una sensación de caos de la que es muy difícil escapar. Salvando las distancias, porque el resultado es muy distinto, hay algo del “On the Run” de Pink Floyd en el esquema de esta parte de la pieza. En el final volvemos a escuchar una serie de samples vocales formando “loops” que dan paso a la última parte de la composición, muy rítmica y experimental.

“Iftira” - Avanzamos unos cuantos años hasta llegar a las dos obras más recientes del disco, creadas ambas en México. La primera es una comisión del Centro Mexicano de Música y Arte Sonoro, escrita para quinteto de fagots y electrónica. Se estrenó en 2012 con los integrantes del Dark in the Song Quintet como intérpretes. Nos recuerda mucho a otras piezas en una linea similar de Jacob Ter Veldhuis, especialmente a sus composiciones para “boombox” o “ghettoblaster” e instrumentos de viento como “Pitch Black”. Al margen de eso, “Iftira” es una obra magnífica en la que los ritmos electrónicos se mezclan con los que crean los propios fagotistas y sirven como base para diferentes desarrollos repetitivos en la más pura tradición minimalista. Una maravilla.



“Red Antisocial” - De un año antes es esta pieza para flauta y electrónica con Alejandro Escuer como solista. El comienzo, con el instrumento sólo, nos muestra un tratamiento muy contemporáneo del mismo, algo que se mantiene durante toda la pieza aún cuando se suma la electrónica para dotarla de un entorno acústico muy diferente. Con todo, los efectos nunca llegan a eclipsar a la flauta. La segunda parte de la pieza evoluciona hacia conceptos más claros, tanto en las frases y melodías de Escuer como en los ritmos electrónicos, mucho más concretos y directos ahora, tanto que podrían encuadrarse en las corrientes más vanguardistas de la electrónica de baile actual.

“Frozen” - Continuamos con dos piezas de 2003 cuya creación se hizo a caballo entre Holanda, Los Ángeles y México. Ambas forman parte de música para el ballet “Eppur Si Scende” y cuentan con Jeffrey Zeigler al violonchelo dando la réplica a la electrónica de Felipe. La primera composición se abre con un profundo sonido que se repite unas cuantas veces más antes de que aparezca Zeigler para ejecutar una melodía muy cadenciosa que se va mezclando con las capas de sonidos sintéticos del compositor. Es en esta fase inicial este un corte muy atmosférico y con momentos de gran sutileza en la relación entre ambos instrumentistas. Se produce entonces un giro y el violonchelo comienza a explorar terrenos muy diferentes creando un pasaje sonoro lleno de tensión que desemboca en el final de la pieza, oscuro y evocador como pocos.

“Phoetus” - El segundo extracto de “Eppur Si Scende” se abre también con sonidos electrónicos en forma de “drone” a los que se incorpora el violonchelo ejecutando una serie de largas notas en la misma línea. Un pulso sintético continuo aparece entonces acompañado de una serie de voces fantasmagóricas con regusto a antiguo coro de iglesia que se interrumpen abruptamente de vez en cuando, algo que también ocurre con alguna de las secuencias de violonchelo en una composición en la que la riqueza de las texturas sonoras es abrumadora siendo complejo discernir cuántas capas de sonido escuchamos en cada momento.



“Círculo” - La única obra del periodo parisino de Felipe que aparece en el disco es esta pieza electrónica de 2002 concebida para acompañar un montaje de video-ballet de Eef de Graaf titulado “Círculos Cuadrados”. Tras un comienzo cercano al ambient, una serie de percusiones pulsantes comienzan a sobrevolar la pieza a gran velocidad atrapando nuestra atención para terminar entre ritmos frenéticos que no avasalladores.

“Ladrones” - El cierre del disco lo pone una muestra de la obra del compositor para el cine, concretamente para el corto de 2003 “Ladrones” de la directora argentina Mariana Rondón. Es un broche tranquilo, una pieza pianística de breve duración que sirve para concluir un viaje fascinante como pocos.

Nuestro desconocimiento de la escena musical mexicana es casi absoluto y se limita a las obras del fallecido Jorge Reyes en los años ochenta y noventa y de Fernando Corona, alias Murcof, en la actualidad. El nombre de Felipe Pérez Santiago se incorpora sin duda alguna a nuestra lista y se convierte en una referencia a seguir a partir de ahora, especialmente sabiendo que entre sus próximos proyectos se encuentra una nueva colaboración con el Kronos Quartet con el exilio como tema central. Se prolonga así una colaboración que comenzó años atrás, cuando el compositor fue el segundo ganador de la convocatoria “Kronos Under 30”. Se trata de una especie de concurso organizado sin una periodicidad concreta por el cuarteto norteamericano. El ganador recibe el encargo de escribir una obra para el cuarteto y Felipe fue el escogido en la segunda edición en 2004 dando como fruto la obra “Camposanto”. Algo más tarde, el compositor mexicano escribió un segundo encargo para el cuarteto bajo el título de “Encandilado”.


Antes de despedirnos, queremos agradecer a Felipe su excelente disposición para aclararnos algunas dudas sobre su trabajo así como su amabilidad y cordialidad a la hora de responder nuestros correos. Estaremos muy pendientes de las próximas noticias sobre su música que tendrán siempre un hueco en el blog, habida cuenta de la la extraordinaria calidad de sus propuestas.

Como cierre, os dejamos con "Purpurascens", una de las últimas creaciones del músico interpretada en directo con su banda Mal'Akh y la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México. Una verdadera maravilla:

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