miércoles, 23 de diciembre de 2015

Isabelasnacho - Invento (2006)



Musicalmente, antes de ser Sebastián Wesman, Sebastián fue Isabelasnacho. Hablamos de un mismo músico pero también de un proyecto completamente diferente. Un proyecto en el que el músico de origen argentino no se conformaba con crear música sino que buscaba vías de expresión que trascendieran el lenguaje estrictamente musical. En 2006 no era un término tan utilizado como hoy (de hecho, quizá no se había inventado) pero “Invento”, el disco que comentamos hoy, es una especie de “realidad musical aumentada” en el que su autor crea nuevos lenguajes, tanto en sentido figurado como literal ya que, de hecho, canta en un idioma inventado por él y bautizado como “lenguaje etimofónico” con el que busca expresar aquello que las palabras no pueden, acercándose de un modo fonético al origen de los sentimientos. Así, el sonido es más importante que el significado.

Es también un trabajo fuera del tiempo, un disco que mira al pasado y al futuro sin identificarse con un presente concreto. Para lo primero utiliza sonidos representativos del pasado reciente. Para lo segundo es la propia música la que actúa como un ente precognitivo aproximándonos a lo que puede ser el futuro. Una apuesta aventurada cuyo acierto sólo podremos juzgar dentro de mucho tiempo.

Isabelasnacho toca el violín y canta además de aportar todos los elementos sonoros que se cuelan en la grabación como extrañados testigos de un viaje entre dos épocas sin escalas en el presente. La grabación data del año 2006 aunque fue editada por primera vez en 2010 en el sello Luscinia Discos convirtiéndose, además, en la primera referencia de su catálogo. “El camino más largo comienza con un paso” dice la tantas veces repetida cita de Lao-Tsé. Nos permitimos añadir a la célebre sentencia una apostilla y es que cuanto más acertado es ese primer paso, más prometedor es el camino, algo que en el caso del sello granadino se cumple con exactitud.



“Don de las almas” - Suena el violín con una serie de melodías en las que Wesman muestra su categoría como intérprete. Su música tiene un cierto deje tradicional, folclórico aunque sin pertenecer a una tradición concreta. Su sonido tiene una personalidad muy fuerte como la tienen las músicas de raíz. Su voz, que repite una y otra vez el tema del título no hace sino reforzar esa idea. En un momento determinado nos parece reconocer un atisbo de una melodía que el también argentino Osvaldo Montes empleó en su banda sonora para la película “El Lado Oscuro del Corazón”.




“Zeran” - La voz de Wesman juega ahora con los efectos sonoros electrónicos, los ecos y perdidas voces infantiles para crear un pasaje intenso y de una gran belleza. Muy breve, como todos los cortes del disco, posee un sello personal muy marcado.

“Piedad” - Suena la guitarra ahora entre susurros que forman parte de conversaciones perdidas. Quizá el folclore argentino se filtra en algún momento en el imaginario del músico que nos regala una pieza sencilla pero a la que es difícil abstraerse.

“Nacimiento de un pájaro mecánico” - Volvemos al violín, exprimido al máximo por Wesman que consigue arrancarle sonidos en el límite, agónicos pero de una expresividad elevadísima.

“Zirindin” - Canción coral que recuerda a las tonadas infantiles que los niños aprenden en las escuelas. Wesman articula diferentes coros que evolucionan alrededor de unos sencillos acordes de guitarra. Una propuesta originalísima como todas las que integran el disco.

“Príncipe” - Uno de los cortes más cercanos al formato de la canción tradicional con Wesman cantando con la única compañía de una guitarra. La expresión vocal es compleja, con registros cambiantes continuamente y ese idioma inventado que tan bien encaja con la música.

“A-Z-TAN” - Regresamos al violín con el músico cantando mientras toca con ese estilo entre ancestral e improvisado marca de la casa. Virtuosismo y audacia juntos como sello de identidad de un músico alejado de las convenciones.

“R-V-danzan” - Continúa el disco con otra composición que sigue la senda marcada por la anteriormente comentada “Zirindin”, esta vez sin guitarra. Es la de Wesman una música con una característica muy atípica. Hay momentos en que creemos “reconocer” la melodía, integrarnos en la música e incluso prever cómo va a evolucionar, algo que sólo sirve para frustrarnos al comprobar como la pieza se desarrolla de un modo completamente distinto al que anticipábamos.

“La mar” - Uno de los pocos textos reconocibles, al menos en parte de sus versos, es cantado por el artista que se acompaña de guitarra y algunos coros puntuales. Las formas se acercan a las tradicionales del muchas regiones del continente sudamericano, quizá como forma de enmarcar de algún modo la procedencia de su autor.

“Príncipe II” - En una linea similar, aunque con la parte folclórica mucho más difusa, se encontraría este segundo “príncipe” del disco. De nuevo los juegos vocales son protagonistas con un aire misterioso con el que jugaban también, por ejemplo, los primeros Dead Can Dance.

“Adios a Isabelasnacho” - Guitarra y voces se juntan de nuevo en este tema con sabor a despedida (al menos eso reza el título). Sorprendentes aires barrocos interactúan con el canto imprevisible de Wesman y una serie de voces en el límite de la razón que se escuchan en segundo plano.

“Coliseo” - Cerrando el disco escuchamos una letanía a varias voces que profundiza en la linea de todo el disco: una sonoridad nueva, original, que sirve para desarrollar una propuesta estética a la que no encontramos parangón en los miles de discos que hemos escuchado en todos nuestros años como oyentes. Quizá alguno de los experimentos de Meredith Monk tendrían algún punto en común en su estilo pero las similitudes serían, en todo caso, poco evidentes.

Conocíamos la música de Wesman que apareció bajo su propio nombre y, de modo somero, parte de sus incursiones cinematográficas pero nos faltaba aventurarnos en esta etapa inicial en la que grababa bajo el apelativo de Isabelasnacho. Siendo muy diferente a su producción más cercana en el tiempo, es inmediatamente reconocible, cualidad que no todos los artistas poseen y que denota un estilo, una forma de hacer las cosas diferente a la del resto. Eso no quiere decir que su música sea mejor o peor, claro está, pero en el caso que nos ocupa, es un punto más a favor de un músico notable al que seguiremos la pista como siempre hacemos con aquellos que de un modo u otro, llegan a accionar ese resorte interno al que pocas músicas consiguen llegar. Sus discos están disponibles en la web de Luscinia Discos.

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